Pim, pam, toma lacasitos. Uooh, eeeoooeoooooooooooooo!

Vale, ya ._.

Aquí estoy de nuevo tras ¿dos semanas?. En fin, más vale tarde que nunca, como dice cierta hermosa canción de ciertos ingleses ciertamente adorables 8) I hope you like this chapter. Y espero también no recibir más amenazas de muerte por lo que escribo... o mejor dicho, lo que no escribo (?) No me hagáis caso, no he tomado mis pastillas de colores todavía xDD

Now, let's party 8)


CAPÍTULO 10

'' No es valiente aquel que no tiene miedo, sino el que sabe conquistarlo.''

Definitivamente, lo mejor de ser testigo protegido de una investigación federal anticorrupción de carácter confidencial es que te puedes levantar a la hora que te dé la gana.

Miro el contador de mi brazo mientras me desperezo, estirándome como si quisiese bien crecer unos cuantos centímetros o bien practicar para ganar un concurso de contorsiones. Son las diez y media pasadas de la mañana. Llevo despierto un buen rato, pero da igual: se está muy a gustito en la cama.

Me enrosco en el edredón y me froto la nariz contra la almohada, con un sonrisilla adormilada en la cara. Creo que podría pasarme así el resto del día. ¿Y por qué no? Quiero decir, tenemos una reunión con Tom, pero es a las cinco de la tarde. No hay prisa.

Así que me vuelvo a quedar frito, hasta las doce y algo. Solo entonces me levanto y no porque quiera, sino porque ciertas fuerzas físicas de carácter urgente me coaccionan a ir al baño.

Voy dando saltitos impacientes por todo el pasillo del segundo piso de la casa franca, maldiciendo por la enorme distancia que parece haberse creado entre mi habitación y el baño. Pero según abro la puerta del baño se me pasan todas las ganas al ver que Danny está dentro. En la ducha. Y en las duchas no se suele meter uno con ropa.

-Weeepa.-suelto como un idiota, dando un giro de ciento ochenta grados sobre mis talones descalzos, tan rápido que casi pierdo el equilibrio.

Salgo pitando del baño, sin pararme a ver si Danny ha percibido mi fugaz y penosa entrada. Y ratificar antes de nada que no he visto nada… Casi nada... Uh...

-Hey, Bello Durmiente.-Harry me recibe en la cocina con una sonrisa, aunque frunce un poco el ceño al verme.- ¿Y esos coloretes?

¿Sobra decir que eso solo hace que enrojezca más? Todavía estoy en estado de shock… o algo que se le parezca.

-Yo… pues… oh…

Enarca las cejas. Luego me mira de arriba abajo. Y después una pequeña sonrisa se instala en sus labios. Adivino que es lo que está pensando y empiezo a agitar los brazos como un poseso.

-Eh, eh, EH. ¡Que no es lo que piensas! ¡No es eso!

Solo consigo que la sonrisa se ensanche. Y también golpearme el dedo del pie contra la mesa. Au.

-Yo no digo nada, Doug, que aquí cada uno invierte sus mañanas en lo que quiera.

-¡Pero que no! ¡Te estás equivocando! Solo fui al baño porque uno tiene sus necesidades y… Oh, joder, creo que lo estoy empeorando.

Harry suelta una carcajada y me da un ligero puñetazo en el hombro, para después pasarme el brazo por encima.

-Te estoy tomando el pelo, bobo.-me pellizca la mejilla, sin borrar la sonrisa de su cara.-A veces eres la cosa más inocente que hay, de verdad.

-Según tú, no tan inocente.-comento, lanzándole una miradita recriminatoria, mientras siento que la temperatura de mi cara comienza a bajar. Se vuelve a reír, contagiándome.

-Tienes razón. No tanto. Y no siempre.-guiña un ojo y yo suelto una risita, girándome y escabulléndome de su brazo, pero solo para quedar frente a él. Pongo las manos en las caderas y le miro con un mohín victorioso.

-Así me gusta, que me des la razón.

Él hace una exagerada reverencia, doblándose en dos y haciendo una floritura con la mano.

-Todo para tenerle contento, señor. ¿Desea algo más su Señoría?-el tono burlón no abandona su voz, lo que me hace sonreír. Me dirijo a la nevera y la abro, buscando algo que me sirva de desayuno. Me recorre un escalofrío cuando una congelada brisa colisiona contra mis piernas descubiertas.

-De momento, no. Puedes retirarte hasta nueva orden.-digo, cogiendo el cartón de leche y llevándomelo a los labios. En seguida escucho un 'No seas cerdo y coge un vaso' de Harry, pero me limito a sacarle la lengua y continuar con mi propósito. Cual es mi sorpresa cuando, sin haber dado ni dos tragos, el cartón se inclina demasiado y se me cae medio contenido encima.

-Serás hijo de…-farfullo, pasándome la mano por la barbilla y por el cuello, encogiéndome al notar la frialdad del líquido en mi camiseta y en mis piernas.

-Te dije que cogieses un vaso.-Harry agita el dedo con el que ha inclinado el cartón en el aire.-Ahora sí que parece que has estado haciendo cosas indecentes.- Encima con cachondeos. Se va a enterar…

Agarro el rodillo de cocina que tengo a mano y lo giro, preparado para utilizarlo como mortal látigo. Empiezo a perseguirle por la cocina, sin dejar de soltar amenazas entremezcladas con risas, y sin dejar de darle con el trapo. Pero mi ventaja no dura mucho, porque Harry se hace con otro rodillo.

-Eh, eso no vale. ¡La idea era mía! ¡Cógete otra cosa!-me quejo, echando a correr en dirección a la puerta, ya que sé que no tengo ninguna posibilidad contra él. ¿No decían que una retirada a tiempo era una victoria?

-¿Quién dijo que no valía? Vamos, Poynter, no seas cobarde.

-¡No es cobardía! ¡Se llama inteligencia!-grito, mientras correteo por el pasillo hasta las escaleras, sabiendo que Harry me pisa los talones. Según llego arriba, miro hacia atrás, mordiéndome el labio para contener la risa. Y, claro, luego pasa lo que pasa, porque a todo uno no puede estar.

Me choco con un Danny recién duchado y a medio vestir y, como no podía ser de otra manera más hollywoodiana, terminamos cayendo estrepitosamente uno encima del otro.

-¡Ay!-suelta él, cuando su bonito culo impacta contra el suelo, yo agitando los brazos a su alrededor en un vano propósito de no dejar los dientes en su hombro.

No hay cosa más oportuna que caerte encima de la persona con la que estás muy enfadado pero hacia la cual no puedes dejar de sentirte tremendamente atraído estando los dos bastante ligeritos de ropa.

La cara de Danny adquiere un color así como de tomate maduro con pecas. Yo intento disimular mi propio bochorno y me acelero todo intentando levantarme y separarme de él antes de que haga algo de lo que después me arrepienta (ejemplo: violarlo… vale, no, estaba intentando hacer la tontería… no os lo toméis en serio, oye…). No lo consigo, claro, porque mis piernas se empeñan en hacerse un lío con las de él. Tampoco es que ayude mucho que Harry aparezca y me dé con el trapo en toda la espalda.

-¡Harry! ¡Esa me ha dolido!-grito, estirando la espalda ante el escozor, todavía en el regazo de Danny.

-Esa era la intención. ¿Te rindes?-agita el rodillo en el aire, amenazante, yo levanto las manos en son de paz y asiento vigorosamente. Él sonríe y me tiende una mano para ayudar a levantarme. Después vuelve a bajar las escaleras dirección a la cocina, con una sonrisa triunfal. Como le gustaba a aquel hombre ganar…

Estoy a punto de dejar a Danny en el suelo, sin ni siquiera mirarle. No sabéis el daño que me ha hecho. Hacía dos semanas que habíamos llegado a Londres. Y casi dos semanas de su flagrante rechazo. Y no me refiero al de la callejuela, cuando me dijo que no le volviera a besar. Ese me dolió, pero no tanto. Lo más doloroso vino tres días después, cuando, incapaz de aguantar más su repentino cambio de sentimientos, me armé de valor para ir a preguntarle directamente el motivo por el cual había perdido interés en mí.

Cojo aire y golpeo los nudillos contra la puerta. Estoy tan estúpidamente nervioso que mis rodillas no dejan de colisionar una contra otra, como si fueran castañuelas.

Escucho unos pasos vacilantes tras la madera y, después de un par de segundos de silencio en los que mis pulmones dejan de recibir aire, se abre y Danny asoma la cabeza.

-Oh, Dougie…

Hola, voz, ¿dónde te has metido?

-Ah… Uh, hola… Esto… ¿Te importaría que hablásemos un momento?-pregunto, observando con detenimiento y exhaustividad la punta de mis zapatos.

Duda, mira dentro de la habitación, y después me vuelve a enfocar.

-Por favor…-murmuro, al ver que vacila demasiado.

Sin decir una palabra termina de abrir la puerta de su cuarto y se hace a un lado para que pase. Titubeo un poco, y al entrar casi se me escapa una sonrisa al percibir la fragancia a vainilla que hay en el ambiente. Resisto la tentación de relamerme y me dirijo a su cama, en la cual me siento tras que me dé su permiso. Él hace lo mismo, pero justo en la otra esquina, lo más lejos posible de mí. El primer pinchazo en el pecho y el escozor en los ojos no se hacen esperar demasiado.

-Eh… ¿qué tal estás?-comento, para romper el hielo. Se encoje de hombros, mientras juguetea con el borde de la venda que todavía recubre una de sus manos. No me ha querido contar qué es exactamente lo que le pasó en aquel aparcamiento, aunque algo se le escapó a Tom sobre 'los métodos de persuasión' de los Minutarios… Trago saliva, sin querer ni siquiera imaginármelo.

-Bueno, mejor. Sigo teniendo la sensación de que me ha pasado un camión por encima… Casi es como si me hubiera estallado algo cerca, fíjate lo que te digo.-bromea, y a mí se me escapa un tonta risita. Luego nos volvemos a poner serios y a quedarnos en silencio.

-Danny, no sabes lo mucho que me alegro de que estés sano y salvo.-digo tras un rato, moviéndome en la cama para ponerme a su lado. Parece incómodo, pero no se aparta. Yo deslizo lentamente mi mano sobre los centímetros de colcha que nos separan, mientras sigo hablando.-De verdad, lo pasé muy mal cuando no llegaste a la estación. Y después me dijeron lo de la explosión y… Pero cuando vi la moneda… No te puedes ni imaginar la alegría que me dio… Nada comparado cuando apareciste y comprobé que sí, que no estaba soñando y que estabas vivo de verdad…-mi mano ya ha llegado a su pierna y tantea, subiendo por ella vacilante hasta casi alcanzar su propia mano.-Creo que fue en ese momento en el que me di cuenta de lo mucho que significas para mí…

-Para, no sigas, por favor, Dougie.-se levanta de sopetón, sin que haya llegado a cogerle la mano. Contengo un mohín y le observo de espaldas a mí, pasándose los dedos por el pelo.

-Sí, sí que sigo. ¿Qué ha pasado, Dan? Quiero decir… Cuando te besé… Me dijiste que no lo volviera a hacer. Tú, que me habías pagado dos semanas para que hiciese precisamente eso… ¿Por qué? Quiero saberlo. Exijo saberlo.-mi tono de voz ha ido aumentando, alimentado por la rabia y por el dolor.

-Créeme, no quieres saberlo. Es mejor que lo dejemos así. Olvídate y…

-¿¡Qué lo olvide? ¿¡Me estás pidiendo que lo olvide!-me levanto de la cama, con las manos apretadas en puños y las lágrimas al borde de los ojos. Parece que se asusta con mi reacción, que no la esperaba.- ¡Primero me pagas para que te bese, pones en peligro toda tu tapadera por protegerme, me dices que quieres ser mi ángel de la guarda, que te has enamorado de mí, y ¿ahora me pides que lo olvide? ¡Descolocas todo mi mundo y me pides que lo olvide, que lo deje pasar! Joder, no puedo actuar como si no hubiera pasado nada, Danny. ¿Qué ha pasado con todas esas cosas bonitas que me dijiste? ¿Por qué ya no me quieres? Necesito una explicación…

Pone una mueca. Luego baja los ojos, como si fuese a decir algo doloroso. Algo que me va a hacer mucho daño.

-Solo era una forma de distraerme…

Al principio no entiendo lo que quiere decir. Por eso me quedo mirándole con cara de no entender nada. Él se rasca la nuca, como si no quisiese continuar. Pero lo hace. Y juro que cada palabra es como una puñalada en el corazón.

-Estaba muy estresado por el tema de espiar a los Minutarios. Vivía con la tensión constante de que me descubriesen. Así que decidí buscar algo con lo que distraerme. No sabía el qué, hasta que te chocaste conmigo en la discoteca. No sé, de repente se me ocurrió que quizás podía jugar un poco, ya sabes, solo algo de flirteo inocente. Pero cuando empecé a hablar contigo… Se me ocurrió llevarlo más allá… Ver hasta dónde podía llegar… Por eso te pedía besos a cambio de tiempo. Y luego jugaba el papel de tortolito enamorado. Pero ahora todo se ha acabado, o está a punto de hacerlo. Así que no veo por qué el juego tiene que continuar…

Juego. ¿Ha dicho juego? ¿Eso es todo lo que era? ¿Un puto juego? Cierro los ojos. De repente estoy muy mareado. Un juego. Ingenuo de mí. ¿Consigue engañar a una mafia entera y no va a conseguir engañarme a mí? Desde luego, es un buen actor.

-Lo siento, de verdad, nunca pensé que podrías corresponderme… Juro que nunca pensé que esto pudiera acabar así. Solo era un jue…

-Un juego, ya.-le corto, con los párpados todavía bajados. No quiero oír cómo se disculpa. No quiero oír su voz, ni verle, ni olerle, ni sentirle, ni saber que existe. Quiero que desaparezca de mi vida. Que nunca haya sido parte de ella. Pero, desgraciadamente, no hay ninguna goma mágica que pueda hacer eso.- ¿Para qué pensar en los demás? ¿Para qué molestarse por sus sentimientos? ¡Vamos a jugar con Dougie! ¡Vamos a hacer que su corazón se haga pedazos para después pisotearlos hasta que no sea más que polvo! ¡Bien! ¡Qué divertido! Dime, ¿era algo cierto de todo lo que me dijiste? ¿Llegaste a sentir si quiera el menor aprecio por mí?

-Te tengo cariño, Dougie, eso no puedo negarlo. Pero… todos los demás sentimientos… el amor… nunca existió…

Y ahí está. La peor frase de todas. El amor nunca existió. Yo arriesgando todo lo que tenía, incluso mi relación con la única persona cercana que me quedaba, por algo que nunca existió. Duele. Duele tanto que siento la imperiosa necesidad de sacarlo fuera. No es justo que sea yo el único que sufra.

Abro los ojos lentamente, mirando a Danny, que no quita los ojos de los míos, en ellos un perpetuo brillo de disculpa que ya nada puede hacer. Cojo aire, me balanceo ligeramente sobre los talones y después hago que mi puño impacte contra su cara. Espero haberle hecho daño, aunque solo sea la mínima parte de lo que me duele a mí. Sin embargo, ni siquiera me quedo para comprobarlo.

Ahora Danny me observa desde el suelo, con los ojos tintados de disculpa y de arrepentimiento… y de quizás algo más.

Durante la primera semana después de aquella maldita conversación, no le había hablado, ni si quiera cuando él me hablaba a mí. Sin embargo, una de las noches en las que no conseguía dormir ni mucho menos quitármelo de la cabeza, empecé a darle vueltas a sus palabras. Si te parabas con detenimiento a pensar… ¿no era demasiado rebuscado todo aquello? Quiero decir, puede que estuviese estresado y eso por lo de hacer de espía entre una banda corrupta y mafiosa con sofisticados 'métodos de persuasión', como se le había escapado a Tom, pero ¿pasarte a flirtear con un completo desconocido llegando al extremo de darle tiempo a cambio de besos? No es que sea un experto, pero diría que eso no es muy… coherente. ¿Y si me había mentido? ¿Y si en realidad sí que sentía algo por mí pero no quería demostrarlo? No se me ocurría ninguna razón para que quisiese ocultarlo, teniendo en cuenta que no parecía importarle besarme en público (bueno, al menos no le importó darme un piquito en el jardín del hospital). ¿Entonces? ¿Cuál podía ser la razón para que me mintiera y me dijera que nunca había sentido nada por mí? A lo mejor me lo estaba imaginando todo porque me sentía tremendamente herido y quería buscar algo a lo que aferrarme, saber que no todo había sido una mentira.

Y aquí viene el pero.

Podía ser que me hubiera puesto a elucubrar buscando respuestas que curasen mis maltrechos sentimientos, pero estaban sus reacciones. Me explico: desde aquella semana me empecé a fijar en que Danny seguía mirándome de reojo, se ponía colorado cuando le tocaba por accidente y toda esa parafernalia. Si no sentía nada por mí, ¿a qué venía tanto nerviosismo?

Sí, también pensé que me estaba imaginando todo. Ya veis, desprendo confianza en mí mismo hasta por los poros de la piel. Nótese ironía.

Sin embargo, uno de los días en las oficinas de los Guardianes, Giovanna me había llevado a parte en uno de los descansos (sí, seguíamos testificando y arreglando declaraciones de cara al juicio que esperábamos que nos concedieran) y me había preguntado si había arreglado las cosas con Danny. Me sorprendió, ya de entrada, que supiese que entre él y yo había algo sin ni siquiera habérselo dicho. Pero, bueno, supongo que es uno de los súper poderes de los psicólogos… De forma que le había dejado caer de forma escueta que no había 'él y yo' porque no estaba interesado en mí. Fue entonces cuando ella ladeo la cabeza con desconcierto y soltó un "pero si se ve que está coladito por ti" que me hizo confirmar mis sospechas. Oh, y también ponerme rojo como un semáforo. Y tirarme media botella de agua por encima, sí.

Decir que creer que le seguía gustando pero que por alguna condenada razón no quería contarme porque ya no quería demostrarlo solo hizo que me enfadase aún más.

Y así es como tampoco le había dirigido la palabra hasta el día de hoy.

Y, ahora, mientras él sigue en el suelo y yo sigo de pie frente a él, me pregunto si es hora de intentar averiguar la razón de tan estúpida conducta por su parte. ¿El problema? Que tengo miedo que diga algo que me haga daño. Ya he sufrido bastante, ¿no creéis? Quizás sea mejor dejar las cosas así. Porque si estaba en lo cierto, tenía que ser él el que viniese a explicármelo, no yo el que fuese a preguntar…

Pero, ay, es que se me hace tan difícil ignorarle. Le odiaba y a la vez, me atraía. Mucho. Puff. Más de lo que debería. Y le odiaba más por hacer que me sintiese así. Y entonces es cuando me gustaba todavía más… ¡Todo un puñetero comportamiento de lo más bipolar, lo sé! Me entraban ganas de agarrarle de la pechera, zarandearle, abrazarle, besarle y enseñarle a mi manera que no se cuentan mentiras. Todo sin compasión ninguna.

En fin, bajemos a la Tierra y volvamos a ponernos en onda, que llevamos como cinco minutos en las mismas posiciones.

Cojo aire, armándome de valor, y después extiendo la mano hacia Danny. Vamos a intentarlo. Porque como siga mucho tiempo en esta situación de incertidumbre voy a perder la razón… Si es que no lo he hecho ya.

-¿Estás bien?-le pregunto, poniendo mi voz más amable y apaciguadora. Gira la cabeza, mirando hacia los lados como si no se creyese que le estaba hablando a él. Dibujo una pequeña sonrisa en mis labios.

-¿Me dices a mí?-se señala con el dedo, con esos ojos de muñequito que tiene abiertos de par en par debido a la incredulidad. ¿No es adora… ¡Poynter, céntrese! Ya se me iba otra vez la cabeza a cosas que no tenían por qué irse…

-No, al fantasma que tienes detrás.-bromeo rápidamente para que no adivine los derroteros por los que se ha ido mi privilegiada mente.-Claro que te digo a ti, tonto.

Se pone colorado y acepta la mano. Después mueve los ojos nerviosamente, murmura un ''gracias'' casi inaudible y se dispone a marcharse a su habitación. Pero yo le cojo de la muñeca antes de que se aleje demasiado, impidiendo su huida.

-Danny…

-¿Sí?

Trago saliva. ¿Y ahora? Me he quedado en blanco, genial. ¡Un aplauso para mí! Le miro y veo como empieza a cambiar el peso de una pierna a otra, impaciente. Mi mano sigue cerrada suavemente en torno a su muñeca, y casi puedo sentir el pulso acelerado de sus venas a través de la piel. Clavo mi ojos en los suyos, intentando trasmitirle lo que no soy capaz de decirle. ¿Por qué? Danny, ¿por qué? ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué te lo haces a ti? Podríamos ser felices. Podríamos intentarlo. Yo creo en nosotros. Creo que podría funcionar. ¿Por qué ya no quieres estar conmigo? La verdad, no quiero más mentiras. ¿Por qué? … No le digo nada, por supuesto. Ahora sé qué decir, pero he perdido el valor para decirlo. Aquí vuelve mi amigo el miedo. Otra vez me dejo vencer, dejo que me domine.

-Uh… nada.-murmuro, enfadado conmigo mismo y con él. Le suelto y medio corro en dirección a mi habitación, dejándole solo en el pasillo.

Solo una vez que estoy con la espalda apoyada en la puerta cerrada de mi cuarto, dispuesto a no volver a salir a no ser que sea estrictamente necesario, me doy cuenta de que todavía no he ido al baño y que hay cierta urgencia que debo atender.

Mierda.

-¿De verdad?-vuelve a preguntar Danny por enésima vez.

Y Tom asiente con una sonrisa por enésima vez también.

-Sí. Al final el consejo ha aprobado el juicio contra los Minutarios. Creo que esta vez podemos ganar, no como la última vez. Tenemos toda la información que nos habéis dado y el juez está de acuerdo con que se incluya como prueba. Es posible que tengáis que testificar ante el fiscal y ante los abogados de Charlie, pero-da un pequeño saltito en el sitio que jamás podrías imaginar que diera una persona con su cargo.-estoy seguro de que ganaremos y encerraremos a esos mafiosos de una vez por todas.

La cara de Tom, así como la de toda la Unidad de Crimen Organizado, es de pura felicidad. Y no me extraña. Llevan años (y no exagero) intentando reunir pruebas suficientes para encarcelar a Charlie, pero los dos anteriores juicios que habían hecho en contra de él habían resultado infructuosos debido a la falta de pruebas concluyentes y a la eficacia de los carísimos abogados que susodicho personaje había contratado para defenderle.

Dirijo mi mirada hacia Harry, que también sonríe. Parece que el final está próximo… Genial. Pronto me descubro sonriendo como un idiota. Falta tan poco para que todo esto se acabe, para que podamos volver a nuestra tranquila rutina sin sobresaltos, sin maniacos ojiverdes que nos persigan para torturarnos, sin preocupaciones más allá de ganar honradamente nuestro tiempo… Espera… ¿Seguro que volverá a ser todo como antes? Harry y yo ya no estamos juntos, aunque hay que admitir que en las últimas semanas nuestra relación había mejorado bastante. Era mejor incluso que cuando éramos pareja. ¿Quizás es que funcionamos mejor siendo solo amigos? Por otra parte, no sé si quiero volver a la vida ajetreada y casi sin respiros de hace menos de un mes. Además, ni siquiera sé si sigo teniendo trabajo, ya que en la discoteca no volvieron a saber de mí desde que empezó todo este embrollo. Y, por último, queda una cuestión muy importante. O quizás, la cuestión…

Me doy cuenta de que la mayoría de los que estamos en la sala se han levantado y de que alguien ha abierto un par de botellas de champán para celebrar la noticia del juicio. Además han sacado algo de comer. Luego dicen que los federales son unos setas…

Después de varias/algunas/cuatro o cinco copas, estoy que me subo por las paredes. Tengo que admitir que es posible que...se me haya subido un poquitín de nada el alcohol a la cabeza… Hacía mucho que no bebía y me está afectando, solo es eso, ¿vale?

Me aparto de la mesa sobre la que estaba apoyado y voy a por algo para llenarme el estómago antes de que me ponga a hacer algo de lo que me avergüence. Ya sabéis que la bebida te aporta mucha confianza y eso…

En mi camino hacia la mesa de las provisiones, me tropiezo con, ¿a qué no adivináis quién?, ¡sí!, con ese pecoso de vainilla que tanto adoro.

-¿Por qué siempre estamos tropezando el uno con el otro?-comento, balanceándome sobre los talones tras recuperar el equilibrio, con una sonrisa bobalicona en la cara. Probablemente no le habría hablado en condiciones normales, pero ya he mencionado que estaba lleno de confianza en mí mismo.

-No lo sé, será cosa de la física…-dice él, sonriendo un poquitín. ¿Por qué no parece tan contento como debería? Quiero decir, acaba de saber que por fin sus esfuerzos se verán recompensados. Debería estar bailando hasta la Macarena sobre la mesa.

Me muerdo los labios para no completar la frase sobre la física. Física la que yo te dijera, amigo mío. ¡Ja! Vale, ya…

-Um…creo que voy a salir un poco fuera, me estoy agobiando un poco…-murmura, y yo apresuro a soltar un 'te acompaño'. No voy a desaprovechar la oportunidad que se me brinda: estar a solas con Danny, sin ningún lugar al que pueda huir, sin que nadie que nos interrumpa y con la valentía renovada que me da mi estado ligeramente intoxicado.

Salimos al pasillo desértico de las oficinas del edificio de los Guardianes, y noto como suelta el aire una vez fuera del barullo.

-¿Estás bien?-le pregunto, mirándole de lado. Sonríe débilmente y asiente, echando a andar. Me apresuro a seguirle, por lo que tengo que dar un par de zancadas.- ¿Qué te pasa?

No me contesta al principio, pero termina abriendo la boca tras lanzarme una mirada de reojo, con las manos en los bolsillos del pantalón.

-Es solo que… no sé. No me acabo de creer que pueda ser posible que todo esto se vaya a acabar. Me alegro, no me malinterpretes… Pero… Llevo meses siendo el espía de los Guardianes. Y años formando parte de los Minutarios. Y pensar en que todo eso se acabará… No sé… Supongo que solo tengo un poco miedo al cambio.-suelta una risita y yo me enternezco. Me entran ganas de achucharlo hasta que se le salgan los ojos… Metafóricamente hablando.

-¿Qué vas a hacer?-pregunto, sin apartarme de su lado y sin dejar de mirarle. Esta era la cuestión que tanto me preocupaba hacía un rato.-Cuando todo acabe, ¿qué vas a hacer?

Pone una mueca que bien podría interpretarse como de dolor.

-Puff… No tengo ni la menor idea. Yo… no sé, de verdad que no lo sé… No tengo a ningún sitio al que ir… Todo lo que he conocido va a desaparecer… No lo sé…

Me muerdo de nuevo el labio. Nos hemos detenido en medio de un ancho pasillo con puertas que comunican a oficinas privadas. No parece haber nadie, bien porque son casi las ocho de la tarde bien porque están todos en la improvisada y pequeña fiesta.

¿Lo digo o no lo digo?

-Uh… Danny, yo no voy a desaparecer.-ya está, lo he dicho. Es hora de empezar a buscar respuestas…

Suspira y se pasa la mano por la cara, frotándose los ojos.

-Doug, ya hemos hablado de esto…

Pongo un mohín. Después me cruzo de brazos y me enfurruño como si fuese un niño de cinco años. Y de repente, se me ocurre una cosa. Una cosa que no haría ni loco si estuviese lo suficientemente sobrio. Pero como no lo estoy, se siente.

Me giro rápidamente, tirándome contra Danny y empujándole hacia una de las oficinas vacías, cuya puerta, por suerte, está abierta. Le he pillado tan de sorpresa que no reacciona a tiempo y cuando le da por hacerme la pregunta del millón (osease, qué coño hago) yo ya he cerrado la puerta y la he trancado con el pestillo.

-Shhh.-le digo, intentando ponerme serio, aunque se me escapa la risa un par de veces. Aquí está de nuevo el Dougie al que le gusta llevar las riendas, ese que solo Danny es capaz de hacer salir. Me voy acercando, mientras él retrocede, con los ojos abiertos de par en par. Hasta que se tropieza con la silla giratoria del escritorio y casi se me abre la cabeza. Pero no, milagrosamente queda sentadito en la silla. Perfecto. Antes de que pueda escapar, le agarro las muñecas y se las sujeto contra los reposabrazos.-Aquí las preguntas las hago yo, que para eso es un interrogatorio.

Su cara de flipado no tiene precio, os lo juro.

-Se puede sab…

-¡Shh! No te he dado permiso para hablar, Daniel…-su nuez se mueve arriba y abajo nerviosamente al tragar saliva, y su cara se tiñe de un intenso color rojizo. Y luego tiene el morro de decir que no siente nada por mí… ¡Psé!-Ay, ay, ay… Yo me sé de uno que es un pequeño mentirosillo…

-No-no sé de lo que me estás hablando.

Acerco mi cara a la suya, con las cejas enarcadas. Él se echa para atrás, intentando aumentar la distancia, pero el respaldo no da más de sí. Estoy tan cerca que puedo ver como un par de gotitas de sudor empiezan a formarse en su frente.

-Todo fue un juego, Dougie. Solo buscaba distraerme, Dougie. No siento nada por ti, Dougie. El amor nunca existió, Dougie. ¿Te suena ahora?-no contesta, claramente. Y yo sonrío, tras chasquear la lengua contra el paladar.-Tengo que admitir que los primeros días me lo creí. Creí de verdad que me habías engañado completamente y que había caído como un idiota en tu jueguecito. Pero, ¡ay!, ¿no se te ocurrió pensar que toda esa excusa era un poco estúpida?

-Dougie, en serio, no sé de lo que me hablas. Te dije la verdad. No siento nada por ti. Todo era un… aah…-se corta cuando me subo de un salto a su regazo, sin soltarle aún las muñecas. Me acomodo mejor, dejando que mis piernas cuelguen a ambos lados de su cadera, mientras la silla gira y avanza bruscamente debido a mi movimiento anterior.

-¿Decías?-pregunto, con voz inocente. Balbucea sin llegar a decir nada coherente, lo que me hace reír. Es tan adorable… Me lo comía a besos (inserte carita babeante con chiribitas en los ojos).-Porque si quieres puedo seguir yo. Dime, Danny, si no sientes nada por mí, ¿por qué te altera tanto que esté cerca de ti? ¿Eh? Puedes apartarme. Sabes que puedes, eres más fuerte que yo. En menos de nada podrías y puedes quitarme de encima de ti. Y, mira por dónde, no lo has hecho. No pretenderás ahora que me crea que no te has parado a pensarlo, ¿verdad? Porque no lo voy a hacer.

Acaricio su nariz con la mía mientras hablo, abandonando cualquier tipo de risa o de gracia. Ahora es serio. Es la hora de la verdad, de las explicaciones.

Danny se queda callado unos segundos, pero al final traga saliva de nuevo y vuelve a hablar:

-No quiero hacerte daño. Esto es lo mejor para ti, créeme. No-no quiero esto…-en vez de una afirmación parece una súplica. Y no estoy seguro que de se corresponda con sus palabras. Casi es como si una parte de él me estuviese pidiendo ayuda. Y no es ningún efecto del alcohol ni nada por el estilo. Todo el efecto de la bebida se me ha pasado.

Me acerco un poco más a él, si es que es posible, y me dejo sumergir en el azul de sus ojos. Más de lo mismo.

-Tus labios dicen una cosa, Danny. Pero tus ojos dicen otra muy distinta. ¿A cuál tengo que hacer caso?-apoyo los labios en su mejilla y luego los voy deslizando hasta su oreja, en un camino de cortos besos.- Dime por qué. Solo quiero una explicación. Pero una de verdad. No me mientas. Dame una explicación coherente de porqué ya no quieres estar conmigo y te dejaré en paz, te lo prometo.-le suelto las manos y dejo que las mías vayan hasta su pecho. Puedo notar en la palma de mí mano la gran velocidad a la que va su corazón, cómo tiembla bajo mi tacto, cómo su garganta se contrae al tragar saliva, el aire entrando entrecortado por su nariz. Me separo de su oreja para mirarle a los ojos. Se muerde los labios, e, inconscientemente, yo hago lo mismo. Parece que está a punto de ceder, aunque vacila. Necesita un pequeño empujoncito. Bien, estoy dispuesto a dárselo.

Suelta un jadeo ahogado cuando presiono mis labios con los suyos y da un pequeño saltito sobresaltado en la silla. Sin apartar mis ojos de sus pupilas, comienzo a mover lentamente los labios en un beso que intenta persuadirle. Veo cómo su mirada comienza a nublarse y cómo sus manos se han convertido en puños en los reposabrazos del sillón. ¿Intenta resistirse? No sabe de lo que soy capaz. Yo también tengo mis 'métodos de persuasión'.

Me separo un poquito, pero solo para poder capturar su labio inferior entre mis dientes. Escucho con satisfacción su pequeño resuello y sonrió, sin dejar que se escape. Sabe que sé que me sigue deseando. Sus reacciones no dejan lugar a dudas. Suelto el labio y vuelvo a besarle, esta vez un poco más fuerte. Tiembla, se tensa; sigue negándose a corresponderme, pero estoy seguro de que lo terminará haciendo. Le falta muy poco para que sobrepase su límite…

Y supongo que cruza esa línea cuando mi lengua recorre el perfil de su boca. Emite un gruñido extraño y grave y sus brazos rodean de forma tan repentina mi figura que casi caemos de la silla.

-A la mierda todo… Si vamos a morir, al menos hacerlo después de haber hecho algo que merezca la pena.-escucho como murmura antes de buscar mis labios.

Y debo decir que para no tener mucha experiencia en aquel tipo de cosas, como él me había dicho tiempo atrás, no lo hacía nada, nada mal cuando se ponía en serio. Casi siento como me derrito cuando entreabre sin vacilar los labios, concediéndome un permiso que ni siquiera había pedido todavía. No digamos nada cuando entran en contacto ciertos apéndices con afán explorador…

Caigo en la cuenta de que todavía no me ha dado una explicación de todo ese comportamiento que había tenido, de esa mentira que buscaba alejarme de su lado. Pero, ¿sabéis qué?

Ya habría tiempo para eso en otro momento.


Y esto es todo por ahora :) Espero que ahora ya no me matéis por haber roto el Pones y blos, blos, blos. Love you.

Y muchas gracias por todos los comentarios que me habéis dejado, really *O*

*se aleja haciendo la croqueta*