"Meg & Dia - Roses."
SLAP!
El duro sonido había hecho un eco bastante perceptible en medio del silencio de la noche.
Había logrado golpearle en el rostro. Maldición, le había incluso volteado la cara con la fuerza del golpe. Pero no era eso realmente lo que era de admirar. Sino la fuerza de su presión espiritual concentrada en su mano, al haber propinado tremenda bofetada; pues la máscara se había desbaratado de allí donde le había tocado.
Tenía los ojos abiertos en sorpresa, aunque lo cierto era que no estaba sorprendido. No. En realidad, aquello había tardado demasiado a su parecer.
Lucía le miraba furiosa, a pesar de que el miedo todavía se transparentaba en el brillo vacilante de sus ojos. Estaba aterrada. Pero era verdaderamente valiente si estaba desafiando aquello.
Ichigo se recompuso, girando de nuevo su rostro hacia ella. Y el amarillo en sus orbes se hizo más fiero. Hichigo. Estaba furioso también. Y quizá hasta excitado...
¿Por qué le había golpeado? ¿Acaso no había estado disfrutando su pequeño encuentro al igual que él? ¿No fueron sus manos las que se enredaron en su pelo? ¿No fue su boca la que le reclamó abierta, al igual que su corazón? ¿No fue su cuerpo el que se encajó en el de él?
Sí. Si, sí y sí. ¿Y entonces?
-Ni siquiera te conozco. -Su voz había salido vacilante, estaba claro que le faltaba poco para quebrar el llanto. -¿Cómo te atreves a reclamarme?
Ah. Así que ése había sido el problema. Ella no estaba del todo consciente. El shinigami maldijo interiormente, sin saber si debía o no empezar con las introducciones, dado al menos el estado de ella, no creía que eso fuera lo más conveniente. Después de casi veinte años, había aprendido que por mucho que una mujer exija algo bajo un estado de desesperación, no necesariamente significaba que una vez lo tuviera las cosas mejorarían. No. Si acaso podrían empeorar, pero nunca mejorar.
Así que lo más apropiado era guardar silencio y esperar.
BANG!
-¡Joder, ¿por qué demonios me golpeaste?!
-¡Así que sí hablas!
-¡Por supuesto que hablo, tengo una boca, ¿qué no es obvio?!
-¡Tienes una máscara! por todo lo que sé podrías ser uno de esos hollows sin rostro!
"¿Qué demonios?", bueno, tenía un punto después de todo.
-Argh!
Ichigo dejó salir el aire en un suspiro que parecía más bien un gruñido. Se sentía fastidiado y frustrado hasta la médula. El descaro de la enana. Aunque debió de haber previsto que ella jamás había sido y por tanto jamás sería como el resto de las mujeres, que tras soltar toda su frustración en un monólogo paranoico se calmaría. No. Rukia trataría de obtener las respuestas por la fuerza, golpeando como siempre sobre su espinilla. Y él había estado con la guardia baja todo el tiempo. Constantemente se le olvidaba que Lucía no tenía los recuerdos de su vida como Rukia; aunque vaya que actuaba igual que ésta.
Volvió a mirarla con enfado, ella dio un brinquito en respuesta. De modo que todavía le tenía miedo, dedujo el chico. Sacar o no sacar ventaja de aquello...
La sonrisa se le extendió tanto por las comisuras, que sin duda el guasón se sentiría orgulloso. No así, Lucía, a cuyo cuerpo lo recorrió una oleada de frío nerviosismo.
CLAP
Ok. Pegarle dos veces no era tan efectivo si lograban bloquearte el golpe. ¿En qué estaba pensando? No estaba en condiciones de pelear, además de estar plenamente consciente de que la diferencia de poder era devastadora. Lo había aprendido en la batalla compartida contra los hollows la noche del bar. Y lo volvía a comprobar tras tener la mano cautiva por la de su compañero.
-Un poco salvaje para una niña de colegio católico, ¿no te parece? -se burló él, acercando su rostro al de ella al hacerlo.
-No soy una mojigata. -Refutó logrando sonar desafiante, a pesar de que el cuerpo entero le temblaba. -Te puedo dar una buena pelea. No soy como todas las débiles mujeres que estás acostumbrado a poseer.
Aquello sin embargo, acabó por romper la tensión del encuentro. Ichigo se quedó perplejo.
-"Todas las débiles mujeres que estoy acostumbrado a poseer?" -repitió incrédulo. -¿De qué demonios hablas? -le cuestionó zarandeándola.
-No intentes negarlo. -Respondió ésta, logrando al fin soltarse del agarre del chico. -Me pusiste bajo un hechizo.
-¿Que hice qué? -Aquello estaba comenzando a fastidiarlo. ¿De dónde sacaba todas esas tonterías? -Oye si hay alguien aquí bajo un influjo tendría que ser yo, no al revés. -Recalcó, señalándose a sí mismo. Si bien sabía que había sido su reiatsu el que la había estado llamando, no era algo que admitiría en voz alta; era una cuestión de ego más que nada, de ningún modo podía quedar como el desesperado de la película, se dijo.
Lucía bufó molesta.
-Yo no haría tal cosa, ni siquiera sé cómo hacerlo.
Él levantó las cejas con admiración.
-De modo que lo harías si supieras. -Dijo, intentando provocarla.
-¡No dije eso! -Y consiguiéndolo en el acto. -Como sea, tú eres el de los embrujos aquí. Fuiste tú el que me usurpó la conciencia, ¿de qué otro modo explicas el que haya venido directamente contigo si ni siquiera te conozco? ¿Sin saber cómo encontrarte?
-Oye, oye. No intentes culparme de algo que tú misma provocaste. -Respondió con el mismo enojo. -Yo estaba muy tranquilo combatiendo hollows aquí, cuando de repente apareciste, toda mojada he de hacer notar, con nada más que eso encima y caminando hacia mí con los brazos abiertos. ¿Qué suponías que hiciera si me mirabas con deseo?! -Exigió. Admirándose de que sólo hasta haberle dicho aquello ella parecía darse verdadera cuenta al fin, de lo que traía puesto; inútilmente cubriéndose con los brazos, mientras el rostro le ardía. -¿Qué no te han enseñado a no desafiar a quien sí responde el reto?
-Bien pudiste -intentó decir ella. Pero él le cortó al instante.
-¿Qué?, ¿Dejarte caer? ¿Abandonarte a tu suerte? -cuestionó, había un claro sarcasmo en sus palabras. -¿Por quién me tomas? No iba a hacer eso y mucho menos después de ver que tienes por costumbre el desmayarte. Es bastante molesto, ¿sabes?
¡Oh, al decir aquello había reconocido haber hecho lo impensable hacía un día! Los ojos de Lucía se abrieron en realización. Delante de sí, estaba el causante sin duda de que su cuerpo cayera en la tentación de un sueño húmedo. Había sido él. Él la había tocado. Él la había intoxicado.
-Aquella noche. Tú fuiste el que me cambió de ropa.
-¿Lo dedujiste tú sola? -Refutó cínico, sin intención de acobardarse ante sus reclamos, cruzándose de brazos.
El corazón de ella se saltó un latido.
-¡¿Me viste?!
-¿Y qué si lo hice? -Contestó con fastidio. Agradeciendo la intensidad de su irritación, pues de otro modo ya estaría igual de rojo que ella para esas alturas.
Lástima que el remolino de emociones en el corazón de Lucía estuviese moviéndose en una dirección totalmente opuesta.
-¡Me besaste!
-Sólo porque me lo pediste.
Y así de rápido la tormenta terminó. Cambiando a una tempestuosa furia.
-No hice tal cosa.
-Dijiste mi nombre en sueños.
-Eso no significa que pidiera que me besaras. -Reclamó ofendida.
Pero él no pareció haberse dado cuenta de ello. De lo contrario habría sido capaz de detenerse en ese momento.
-Oh, no. Desde luego que no. -En lugar de reírse con sorna como había hecho. -Pedías mucho más que eso, créeme.
-¡No es cierto! -Gritó ya.
Pero él no se detuvo.
-Estabas implorando porque no me fuera. Pero tenía que hacerlo. Así que te besé para dejarte tranquila, bajo la promesa de volver. -Explicó, todavía con algo de burla -Y funcionó.
-Mientes. -Gruñó casi en un suspiro.
-¿Qué ganaría con hacerlo?
-¿Qué voy a saber yo? Tú eres el hollow aquí.
Ichigo entrecerró los ojos al oír aquello. La burla completamente olvidada.
-En eso te equivocas. -Le dijo serio. Con la marca de una amenaza en la superficie de sus palabras. -¿Quién te dijo semejante idiotez?
Lucía se detuvo de pronto. Sin saber muy bien qué responder. Ni siquiera ella misma se había creído la historia que le habían contado. Pero la manera en la que él había descrito lo pasado entre ellos, con tanta simpleza, como si sólo hubiese sido una broma de parte de él, la había herido. Lo cual era ridículo. Él no debería de importarle a ella de aquella manera. Pero lo hacía.
Y eso le aterraba. Porque entonces, lo que le habían dicho, no era totalmente al menos, una mentira. Y sin embargo, tras aquella amenaza de "Ten cuidado con lo que digas o verás...", no era capaz de confesar que se había creído el cuento de alguien más. Así que sólo podía refugiarse en lo obvio.
-Pero llevas una máscara de hollow -señaló.
-¿Y por eso asumes lo peor? -Contestó él, sonando algo decepcionado, lo cual era aún más absurdo. ¿Por qué tendría que importarle lo que ella pensara o no de él? ¿No había inquirido él mismo, que sólo le había estado siguiendo el juego? -¿Te gustaría ver qué hay debajo? -Preguntó de pronto.
Dio los dos pasos de distancia que los separaban en un segundo y usando su alta estatura, la intimidó hasta dejarla helada. Clavó sus ojos en los de ella y le acarició el rostro con el dorso de su mano. Lucía se estremeció en respuesta. Casi como añorando aquella caricia, había terminado cerrando los ojos. Él aceptó la invitación de buena manera, acercando su boca al oído de ella.
-Es una lástima que esta vista no sea para las hipócritas. -Concluyó.
Lucy abrió los ojos al instante. Sintiendo cómo el corazón se le había partido en pedazos. Aquello había sido una burla.
SLAP!
Le había vuelto a pegar... Pero no con la misma fuerza. A penas y había logrado apartarlo de ella.
Porque ya no tenía fuerzas.
¿Qué había estado esperando?, se cuestionó a sí misma. ¿Un cuento de hadas? El príncipe que viene a rescatar a la princesa de su largo sueño. Se había estado sintiendo como la misma bella durmiente, que constantemente soñaba por el que la sacaría de su letargo. Y el encuentro con él había servido justamente para eso, para despertarla a un mundo en el que finalmente se sentía de verdad viva.
Pero era evidente que se había estado engañando a sí misma.
-No vuelvas a tocarme. -Le ordenó. Obligándose a mantener las lágrimas en el interior de sus ojos, soportando el ardor en los mismos que venía al no dejarlas salir. Ichigo lo notó. Quizá demasiado tarde. Aquella rabia para nada contenida. La había herido como de costumbre.-¡Jamás!
Y se dio la vuelta corriendo. Él la alcanzó tan pronto como hizo afán de alejarse de él.
-Oye, no hemos terminado todavía.
Su voz ya no sonaba peligrosa, sino más bien contrita.
-¡Suéltame! -Pero ella estaba envuelta ya en su propio dolor como para escucharle. -No quiero tener nada que ver contigo. -Forcejeó con él, que no estaba dispuesto a dejarla marchar así. -¡Me aterras!
Al menos, hasta que ella hubo gritado aquello. El tiempo pareció haberse detenido un segundo.
-Ah... pero claro. -se dijo, sonriendo sin diversión. Aunque ella no podía mirarle. Sólo sentir cómo poco a poco su agarre en ella se iba volviendo cada vez más débil, hasta acabar por soltarle. -Eres igual que el resto.
Ella parpadeó.
Y él ya no estaba allí.
De eso ya hacía más de ocho semanas. No que las hubiera estado contando... se contaban solas, en realidad.
Los primeros días, habían sido quizá los más tranquilos. La furira que sentía le impedía ver algo más allá fuera de sí misma. Incluso la reprensión que tuvo por parte de los directivos le pasó desapercibida. En aquella ocasión, como era de esperarse, Riruka le había ayudado a ocultar su pequeño encuentro. Había sido ella además la que se había percatado de su ausencia cuando la hermana de ésta, Luisana, le había dicho que se había refugiado en la torre de la iglesia. Aquello de por sí ya era raro, pero fue capaz de seguir su rastro hasta el río, en donde encontró el uniforme de la misma. Y rezo internamente porque aquellos dos tórtolos no estuviesen haciendo algo indebido. Para su fortuna, la misma Lucía ya iba de regreso por el camino en el que vino y si bien llevaba sólo los interiores puestos, al menos no iba desnuda.
No preguntó nada. Estaba claro que igual ella no respondería. Y el único regaño que tuvo que enfrentar fue el de desaparecer en medio de la tarde sin avisar, cuando tenía prohibido salir del colegio.
Después de eso, su ánimo fue decayendo.
Turn around there's those eyes again.
Turn around fake indifference and I.
Watch their cold, dark silhouettes disappear.
No era que quisiera volverse huraña. Pero no tenía otra forma de enfrentar lo que estaba sintiendo.
Las noches siguientes al subsidio de su enojo, estuvieron llenas de pesadillas. Aquél sueño era cada vez más claro y la desesperación que sentía por perder a aquél muchacho iba subiendo de intensidad al grado de sentir que se ahogaba.
Y luego, cuando despertaba...
Él siempre estaba ahí. Delante de ella. En medio de la oscuridad. Dirigiéndole la misma mirada fiera a través de aquella máscara.
Parecía como una especie de reto, una pelea de miradas y orgullo. Ella sentada en la cama, con el pulso acelerado y la duda plantada en su alma. Él de pie frente a la cama, con la sangre palpitando en fastidio.
Pero siempre era ella quien apartaba la vista primero. Arrebujándose en la cama, cerrando los ojos con fuerza. Ignorándolo con cada fibra de su ser. Incluso si este mismo ser se negaba a hacerlo. Y poco a poco aquella presencia se difuminaba hasta desaparecer.
Nunca supo si aquello era real o fantasía.
Pero para la cuarta semana, cuando aquello dejó de ocurrir, fuera falso o verdadero. La cierto era que lo extrañaba.
¿Había hecho algo mal?
...
A hundred bodies fill this room.
And all their faces overdone.
Pain is foreign, foreign to us.
-Buen día Lucía.
-Señorita Orihime.
El tiempo pasaba tan aprisa, a pesar de que en ocasiones su avance se sentía dolorosamente lento, que para Lucía todavía era algo confusa la presencia de aquella mujer en el Colegio.
Tras la repentina confrontación entre el shinigami y ella misma, Orihime se había instalado en el colegio, he incluso daba algunas clases dentro del mismo. Tenía un par con Lucía y estaba claro que desde que se conocieran no le había quitado el ojo de encima. Eso a Lucía le molestaba bastante, al grado de que ya no se preocupaba de seguir con su fachada de niña perfecta delante de la pelirroja.
Pero ésa no era la única razón de su incomodidad.
-Sigues de mal humor -Señaló la de ojos grises, con aquella amable sonrisa en su rostro.
La morena casi juntó las cejas en un gesto enfadado.
-Estar encerrada tanto tiempo me afecta, es todo. -Refutó.
La segunda razón era que había sido precisamente Orihime la que había ordenado el que no le dejaran salir bajo ninguna razón, o al menos sin compañía. Era ella, la que seguía insistiendo en que no le permitieran volver a ser una doncella. Ella, tan agradable y buena, que no podía realmente enojarse con ella. Parecía verdaderamente preocupada porque algo malo pudiera pasarle si volvía a encontrarse con el shinigami. Y, tras su discusión con el mismo, lo cierto era que hasta cierto punto congeniaba con ella.
-Espero que con la fiesta de la gratitud las cosas cambien un poco.
-Ultimamente no tengo muchas cosas por agradecer.
Aquél intento de la mujer por menguar las cosas, sólo sirvió para alimentar la irritación de la morena.
Eran finales de noviembre. Y a pesar de que la fiesta de la gratitud se celebraba normalmente en febrero, se había decidido adelantar la fecha tras la noticia de que la actual directora, abandonaría su cargo en diciembre. Aquella fiesta era una muy esperada por las alumnas, debido a todas las preparaciones del evento, era casi tan valiosa como la navidad, salvo que ésta tenían la oportunidad de festejarla en el colegio.
En particular a Lucía le gustaba mucho. Tenía muchas cosas que a través de los años seguía agradeciendo. Pero en aquél momento se sentía tan a la deriva que no lograba hallar puerto que le refugiara.
Orihime suspiró, deseando de pronto no estar en medio del pasillo y agradeciendo que sólo estuviesen ellas dos de momento en éste.
-Sé que estás molesta, pero te aseguro que esto es lo mejor.
-Con el debido respeto, pero no se me ha dicho porqué es precisamente lo mejor. -Inquirió con el enojo contenido en sus orbes violetas.
Orihime le miró algo confundida.
-Creía que habías hablado con la madre superiora
-Oh sí, lo hice. -Le cortó. -Pero sólo me soltó una sarta de mentiras.
La pelirroja abrió los ojos en verdadera perplejidad.
-¿Por qué piensas así?
¿De verdad le estaba preguntando aquello? ¿Podía tener tan poca vergüenza? Le habían pintado la imagen de un verdadero demonio y lo que ella desveló de verdad fue un sujeto demasiado humano. Salvo quizá por su apariencia. ¿Dónde estaba aquél supuesto ser que la había marcado para reclamarla después? ¿El que le robaría la fuerza de su presión espiritual?
-Han pasado dos meses y él no ha vuelto a aparecer.
Orihime inclinó la cabeza, analizándola de verdad.
-¿Eso te molesta?
Lucía parpadeó sintiéndose por un un segundo atacada en curva.
-¡No! -Se apresuró a contestar alarmada, al darse cuenta de que se había quedado sin habla por más tiempo del necesario. -Lo que me molesta es que todo lo que suponía me dijeron que él haría, no ha ocurrido en lo absoluto.-Se explicó.
A sabiendas de que aquello era mentira. O bueno, no totalmente cierto al menos.
Sí. Estaba furiosa de que la razón por la que la tenían encerrada no se había hecho presente. Pero más allá de eso se sentía abatida. Casi decepcionada, de que su pequeño acechador hubiese desistido de su empresa. Admitiendo también que había sido ella quien se lo había exigido, pero aún así. Ella esperaba más de él, sin estar segura de qué precisamente.
-Eso es porque hemos logrado protegerte. -Respondió la pelirroja, atrayendo su atención de nuevo.
-No es por eso. -Volvió a cortarle, sacudiendo la cabeza al hacerlo. El aire había comenzado a faltarle otra vez. -Los ataques de los hollow no tienen que ver con él.
Y de eso estaba más que segura. Si bien habían seguido atacando los dos últimos meses, entendía que no era él el que los llamara y les ordenara atacar. No. Ellos se movían solos. Y él se dedicaba a combatirlos, casi como si estuviese protegiéndola.
Sentía, ya en ese punto, que él no había estado haciendo otra cosa que protegerla. Y quizá era eso lo que realmente estaba sintiendo.
Culpa.
Por fin la fachada de ambas se cayó. Lucy había bajado el rostro y había terminado abrazándose a sí misma mientras el cuerpo le temblaba, sumiéndose en la perspectiva de comenzar a defender al chico y lo que eso implicaba. Orihime por su parte, había perdido la sonrisa y le miraba contrita.
-Sé cómo te sientes y desde ya te digo que es mejor que lo olvides. -Le dijo.
Los ojos de Lucy se abrieron como platos.
-¿Cómo podría saber lo que siento? -Reclamó, sintiéndose ofendida. -Usted no ha sido marcada por un hollow, ni mucho menos acusada de posible posesión.
-He sido marcada por la misma persona que te marcó a tí. -Le dijo interrumpiéndola. Su voz había sido clara y dominante, al igual que el brillo en sus ojos grises. -¿De dónde crees que provienen mis poderes?
Lucy se sintió desfallecer.
Aquello no podía ser cierto. No cuando el mismo shinigami había negado haber estado detrás de alguien más que no fuera ella misma. ¿Entonces qué era esta historia repetida en los labios de aquella mujer? ¿Otra mentira?
Contrario a la expresión de la madre superiora, no había duda ni tambaleos en Orihime. Incluso hasta lucía imponente. Y el hecho de ser incapaz de gritarle que mentía, le estaba aplastando el corazón.
-Era un poco más joven que tú en aquél entonces. Tenía tan sólo 15 años. -Confesó. No había una añoranza en sus ojos, ni tampoco algo parecido a la tristeza o al arrepentimiento, y aquello sólo hizo más pesado el aire para la morena. -Es muy fácil confundirse Lucía. Y no quiero que te pase lo mismo que a mí. -Le dijo y no se podía negar la sincera preocupación que había en ella, reverberando incluso en sus palabras. -Sé lo magnífico y atractivo que puede ser él. Es como un sol, excepto que no es precisamente uno que da luz.
Hubiera querido decirle que se callara. Pero la agonía que estaba sintiendo le impedía sacar las palabras de su pecho. ¿Qué derecho tenía aquella mujer de compararse con ella? ¿Y cómo era que podían haber sido atraídas por la misma persona? Incluso si eso explicaba su obsesión con controlarla, no aclaraba su relación con el shinigami.
¿Cómo pedirle que se callara cuando lucía tan perdida en sus recuerdos? Ya ni siquiera le miraba a ella.
-Es negro. Tan oscuro como la misma noche. -Siguió y luego le tomó el rostro con ambas manos -Y tú eres alguien tan brillante, pero tan sublime... -La soltó y caminó hasta pasar de ella mientras le advertía -...Que fácilmente podría opacarte. No lo permitas.
...
Las rodillas le falsearon, doblándole las piernas hasta hacerla caer sobre el suelo, todavía abrazándose a sí misma.
Y no fue capaz de evitar el que las lágrimas cayeran.
I don't even know you.
You won't even know I'm gone.
Was it something I did wrong?
"¿Por qué siento que tengo el corazón roto?", se cuestionó.
Aquello no podía ser cierto. El corazón le dolía tanto, como si le hubiesen engañado. Lo cual era absurdo. Y sin embargo, tuvo que aceptar que aquél shinigami por peligroso e inadecuado que fuera para ella, la había hecho sentir especial, sentirse única al haber sido de algún modo, elegida por él.
Pero era obvio que no había sido tan especial ni tan única al final. Sintiéndose obligada a compararse con aquella hermosa mujer, no podía evitar sentirse despechada...
Al grado de sentirse celosa.
¡Qué ridículo! Ni siquiera le conocía...
Roses, roses cold.
Roses, roses sold out.
Tenía que agradecer que en ese momento casi todo el colegio estaba ocupado en las preparaciones del festival, ni siquiera tenían clases esos días. Lucy se había obligado a recomponerse, para evitar el que alguien más la viera. Por mucho daño que aquello le ocasionara, decidió tragarse todas y cada una de sus emociones. Pero la irritación de no poder controlar lo que había empezado a sentir por el shinigami, era una emoción latente. Se sentía decepcionada de sí misma de caer de aquella manera.
Si tan sólo...
-¡Ah!
-¡Luisana!
Claro que siempre podía confiar en su hermana para sacarla bruscamente de sus pensamientos.
-Ten cuidado -le dijo, elevando un poco la voz, a penas y había logrado atraparla cuando ésta resbaló los últimos escalones de la escalera. Siendo una suerte el que ella hubiese estado ahí, caminando rumbo a la biblioteca donde estaba trabajando su grupo.
La aludida sonrió apenada, aunque quedaba claro que un halo de felicidad la envolvía. Aquello logró entibiarle el corazón a Lucy.
-Perdona Lu, es que estoy emocionada. -Se disculpó, volviendo a erguirse. -Falta poco para la fiesta de la gratitud y para que las dos escuelas se junten.
Ante esto último los ojos se le llenaron de estrellas. A su hermana le sudó la frente.
-¿Tantas ganas tienes de ver pantalones? -le cuestionó enarcando una ceja.
Durante aquella fiesta ambas escuelas, la de señoritas y la de hombres, unían esfuerzos en aquella celebración. Las chicas prestaban el salón de la escuela al ser el más grande y hacían el material de decoración junto con los postres. El resto de la comida y la música corría por cuenta de los chicos. Después de todo la orden religiosa era la misma. Y como bajo el pretexto del trabajo de equipo por varias escuelas, las salidas fuera de ésta estaban permitidas. No era de sorprenderse el que muchas parejas se formaran durante aquellas fechas.
-Oh vamos, será divertido. -Intentó defender Lui, sin perder el brillo ilusionado en sus orbes violáceas. -Además siempre me dices que debo de tener los ojos abiertos para cuando empiece mi cuento de hadas. Quiero ver qué tipo de heroína seré.
Lucy sintió una punzada en el pecho.
-Tal vez no debí de haberte dado ese tipo de consejos.
-No es tan malo. -Dijo Lui levantando los hombros en un gesto desentendido. Y luego la miró con cariño y algo de preocupación. -Sé que últimamente estás algo decepcionada, aunque no sé el verdadero motivo del porqué. Pero confío en que pronto hallarás la respuesta que estás buscando.
Su hermana se obligó a responder con la misma sonrisa.
-Gracias, creo.
Antes de que pudiera decir algo más, las compañeras de Lui comenzaron a llamarle y ésta se apresuró a irse, con las manos llenas de las latas de pintura que había estado cargando.
-Nos vemos después. -Se despidió.
La culpa que Lucy sentía se hizo más amplia. No había querido hacerlo y sin embargo se había alejado de su hermana tras su encuentro con aquél shinigami. Vaya hermana mayor que había resultado ser.
Turn around reds and whites again.
I'd sell my kicks for one more low tar.
Fevers hand in hand with shoelace bracelets.
Casi toda el área que ocuparía la fiesta de la gratitud, desde la Iglesia hasta el salón de fiesta junto con la explanada, relucían de tonos rojos y blancos. La elegancia de aquella fiesta saltaba a la vista al ver la cantidad de rosas blancas que se habían cosechado tan sólo para esa fecha.
Todo parecía sacado de un cuento de hadas. Y Lucía quizá se habría perdido en ensoñaciones de dragones y princesas si no se sintiera tan destrozada. Llevaban toda la mañana trabajando en hacer los adornos centrales, que constituían además la corona de entrada. Hecha de pequeñas, medianas y grandes rosas blancas, con un par de noche buenas en el centro.
Debían hacerlo a detalle y con cuidado de no trabajar demasiado las flores para evitar que éstas se marchitaran. Pero aquél trabajo resultaba bastante fácil con la correcta compañía y la suma cantidad de cotilleos.
-Y adivinen quién ya llegó a segunda base.
-¡Homura!
Lucía se había sentado a la mesa de trabajo de Homura y Riruka y otras cinco chicas más. En ese momento la rubia había cambiado el rumbo de los chismes hacia las cuestiones románticas. Claramente provocando a una de sus compañeras. Una chica de ojos azul celestes y cabellos color miel, la cual se había ruborizado sobre manera cuando Homura se le había pegado al rostro con aire de burla.
-Clara, ¿es cierto? -cuestionó otra de las chicas, de melena larga y negra.
Riruka sonrió de medio lado, aquél tipo de pláticas le gustaban bastante.
-Te vimos salir con Benjamín, dinos ¿fue algo serio? -inquirió levantando las cejas varias veces tratando de insinuar algo más...
La aludida se sonrojó aún más. Y respondió en voz queda.
-Bueno, oficialmente somos pareja.
El conjunto de grititos y silbidos que siguió después provocó que a Lucy también se le subieran los colores.
Aunque en su caso de rabia.
-Quisiera tener con quién salir. -Murmuró una de las chicas.
Homura, por su parte, le golpeó ligeramente con el codo a la susodicha afortunada.
-Ah, pero eso no fue todo, ¿verdad?
Más grititos y una pequeña confesión por parte de Clara, aceptando que había intimado un poco con el tal Benjamín. Estaban todas tan concentradas en escuchar el relato y aportar sus propios comentarios, que a Lucía le estaban dando ganas de vomitar.
¿Cómo podían ser tan ingenuas?, se cuestionó internamente. Ningún hombre perseguiría a una mujer si no tuviese una segunda intención oculta. Ahora lo sabía.
Lo sabía porque él la había abandonado. Sólo porque no le había dado lo que él quería. E incluso si hubiese estado dispuesta a ceder en algún momento, él había decidido que la persecusión no valía la pena.
Y lo detestaba por eso.
Why are some girls so naive?
He didn't unbutton your blouse to see.
A better view of your heart.
Oh yeah, can't blame you for trying.
Riruka fue la que se percató de que Lucía había murmurado algo. Parpadeando para desprenderse de la magia de aquél relato, giró hacia su compañera.
-¿Dijiste algo Lu?
Cuando realmente la miró el corazón se le detuvo. Homura también la observó.
La rosa que estaba en las manos de Lucy había sido destrozada por la misma joven.
-¡Dije que cómo pueden ser tan ingenuas! -Estaba clara la molestia y la burla en el tono de su voz y los gestos que hacía. Pero había algo más bajo la superficie, se dijo Riruka, incapaz sin embargo de darse cuenta a tiempo. -Es obvio que lo único que quería era permiso para entrar en tus pantalones
-¡Lucía! -Le reprendió tarde.
A todas se les había salido un gritito en modo de jadeo, con los ojos abiertos como platos y confusas al escuchar aquello en palabras de la perfecta Lucía. Quien les miró cínica.
-¿Qué? ¿No me van a decir que se creen esas patrañas?
-¿No será que tienes celos? -Trató de defender una del grupo.
-Ay por favor. -Se burló, verdaderamente divertida por la ingenuidad de ellas. -Yo no tengo la necesidad de un hombre, al grado de tener que abrirme la blusa.
De nuevo las exclamaciones.
-Homura -le llamó Riruka, la aludida asintió y entre ambas se llevaron a Lucía fuera de la habitación.
La morena no puso resistencia, a pesar de que estaba claro lo mucho que le molestaba aquello. Una vez fuera, sus amigas la soltaron. Riruka fue la primera en reprenderla.
-¡¿Cómo pudiste decir algo tan cruel?
Lucy desvió la vista de ella, todo indicio de burla se había desvanecido de su rostro.
-Sólo estaba diciendo la verdad. Ahorrándole la pena de que le rompan el corazón una vez abra las piernas.
Ambas contuvieron el aliento. Homura se había llevado las manos a la boca, sobrecogida al ver cómo Riruka le había abofeteado.
Aquél comentario había sido el colmo.
-No te conozco. -Dijo Riruka tras un instante de silencio. El mismo en el que ambas habían intentado entenderla, entender qué era lo que la tenía así. Pero ninguna dio con la respuesta. -He sido demasiado paciente estos últimos meses, porque en cierta forma comparto tu secreto. Sé lo que te ocurrió pero eso no justifica tu mal comportamiento. Te desconozco Lucía, y por tu bien espero que recapacites.
La aludida no se molestó en recomponerse, dejó la cabeza gacha, en la dirección en la que le habían golpeado.
-No sé qué fue lo que te hizo amargarte tanto, pero ésta no eres tú. -Continuó, dándose la vuelta para darle la espalda. -Quizá deberías de empezar a ser honesta, antes de que te quedes sola. -Advirtió.
No esperó a que ella le respondiera. Se dio la vuelta tan pronto terminó de hablarle y regresó dentro de la sala. Homura por su parte, titubeó un instante, sin saber qué hacer.
-Lucía... Realmente no sé qué decirte. -Le dijo al fin, acercándose a ella y dejando caer su mano sobre el brazo de ésta, casi con miedo. -Espero que pronto te sientas mejor.
Aquella sonrisa, tan apenada y preocupada, logró taladrar en la conciencia de la pelinegra. Que tras el marchar de sus amigas, se había quedando mirando los pétalos destrozados todavía en sus manos, cerradas en puño.
I don't even know you
You won't even know I'm gone...
El corazón se le estrujo y por una vez no le importó lo que pensaran de ella.
Salió corriendo hacia su habitación. Y una vez dentro, dejándose resbalar sobre la superficie de la puerta.
Se soltó a llorar con todas sus fuerzas.
¿Dónde estaba él?
¿Por qué de repente le había abandonado?
¿Por qué le dolía tanto?
¿Por qué?
A las seis de la tarde se celebró la misa de Agradecimiento, señalando el inicio de la Fiesta de la Gratitud. Duró cerca de una hora y había sido hasta cierto punto sublime. Casi tanto como una boda. Ambas escuelas habían llenado hasta el último asiento de la Iglesia. Y ahora marchaban con calma pero con emoción, hacia el salón a través de la enorme explanada en donde una pequeña feria se había instalado.
-Uryuu
El de gafas giró al instante, encontrándose con la encantadora vista de su amiga de la adolescencia. Dolía decir que todavía se sintiera atraído por ésta, apesar de su estatus social.
-Orihime -le saludó con una reverencia -Te ves hermosa.
Y no mentía. Envuelta en un sencillo vestido azul de noche, sus curvas hacían el trabajo de hacerla parecer toda una princesa. Los largos guantes blancos y el abrigo del mismo tono, servían para hacerla lucir elegante.
-Gracias. También te ves espléndido. -Sonreía bastante tranquila, y luego miró hacia la explanada donde, los chicos convivían -Parece que tendremos una excelente noche.
-Sin duda. -Asintió él, compartiendo la misma sonrisa. Pero al final, se dijo, uno no puede estar tranquilo sino hasta después de aclarar todas sus dudas. -No vi a Lucía durante la misa. -le dijo, atrayendo la atención de la mujer, incluso si ésta no le miraba. -Es de notar su ausencia dado que forma parte importante en el coro. Pero no se presentó ni siquiera bajo la excusa de la impuntualidad.
Orihime suspiró sonriendo algo apenada.
-Tuvimos una pequeña discusión por la mañana. Dale un respiro.
-¿Y esto me lo dices tú? -inquirió burlón.
-Lo sé. Lo siento. -Aceptó ella de buena gana. Uryuu tenía razón después de todo, ella había sido particularmente un mar de nervios desde que Ichigo reapareciera y no era capaz de despegar la vista de Lucía. -Es sólo que estoy preocupada, no ha sido ella misma ultimamente y me vi en la necesidad de provocarla. -Confesó orgullosa.
El hombre enarcó una ceja.
-Sobre Kurosaki -inquirió.
Ella se rió un poco antes de responder.
-Sí. No mentí exactamente, pero bueno. -Suspiró elevando los hombros. -Ella hizo lo mismo conmigo la primera vez, digamos que sólo le regreso la moneda.
-¿Y pescó el anzuelo?
-Oh, sí. -Volvió a reír divertida. -Su reiatsu comenzó a estirarse hacia él. No me sorprendería que Kurosaki se animara a darse una vuelta el día de hoy.
Uryuu bufó divertido.
Entendía el porqué del cambio en su compañera. No había sido que quisiese separarlos, simplemente quería asegurarse de que las cosas no volvieran a terminar en tragedia. Además, estaba claro que algo había pasado entre aquellos dos si no había vuelto haber interacción entre los mismos durante tanto tiempo. Lo suficiente como para preocuparse al grado de intervenir.
-Quizá. -Asintió. -Cierto es que por muy orgulloso que sea, las cosas cambian cuando se trata de Rukia. Él no dará el primer paso, pero no le rechazará si ésta se anima a intentar alcanzarlo.
Orihime sonrió conmovida. Ya no tenía quince años y en definitiva ya no era una inmadura. Pero había una parte de sí que todavía seguía siendo infantil. Una genuina ingenuidad de que quizá había un cuento de hadas para todos.
-Por otro lado Orihime, ¿quieres explicarme por qué trajiste a Kon?
La aludida saltó un poco asustada al sentirse descubierta. El alma artificial estaba dentro de otro gigai, bajo el estricto cuidado de Riruka, pero aún así...
-No es obvio? El pobrecillo estaba solo. -Dijo ella con pena. -Además, así le obligaremos a dejar la máscara por un rato. -Le dijo, el de gafas entendió a quién se refería y suspiró resignado al final.
-Al menos hasta que lo encuentre.
-Al menos. -Asintió sonriente.
Roses, roses cold.
Roses, roses sold out.
El uniforme yacía olvidado en el suelo frente a la puerta del baño, al igual que el resto de las ropas que había llevado puestas por la mañana.
Tras secarse las lágrimas, se había dado un baño en tina. Sin verdadera intención en sus actos, se había consentido con un baño burbujeante, aunque quizá ahora el motivo fuera algo deprimente, todavía parecía el que se estuviese preparando para una cita importante. Incluso se había perfumado el cuerpo.
No había querido decir lo que había dicho horas atrás, ni mucho menos ser tan hiriente. Y no había sido sino hasta que había aceptado sus verdaderos sentimientos, que había sido capaz de desprenderse de aquella capa defensiva en la que todos eran sus enemigos. Pero también aquello había servido para hacerla sentir más débil e indefensa.
Sin importar lo humillante que fuera, había aceptado estar enamorada del shinigami. O al menos, de sentir una atracción tan fuerte que sentía que el aire se le acabaría si no volvía juntar la boca de éste con la suya.
Y ahora estaba allí, en medio de las penumbras y las sombras que la tenue luz de la lámpara creaba sobre las paredes. Con nada más que una toalla rodeando su cuerpo todavía húmedo, mirando su reflejo en el espejo del tocador. Había un tocado de flores beige sobre éste. Lo sostuvo entre sus manos.
Suspiró.
Hacía un par de meses atrás estaría más que contenta de que ése día llegase. Pero tras la desilusión que había vivido, cualquier agradecimiento que saliera de ella sin duda sería en sentido sarcástico.
-Así que aquí estás.
Lucy parpadeó sorprendida, cuando la puerta se abrió de golpe.
-Luisana.
Su hermana entró en la habitación caminando hacia ella. Lucía hermosa, luciendo un vestido rosa pálido, corto por encima de las rodillas y con vuelo. Sus orbes se veían más púrpuras al hacer el contraste, las cortas mangas bombachas sobre los hombros le daban un estilo coqueto.
-¿Pero qué haces? Todavía no te has cambiado hermana. -Su expresión era de puro terror. Y Lucy tuvo que reprimir una risilla -¿Y tu vestido?
-En el armario.
Lui corrió apurada hacia el mueble, hurgando entre las ropas sacó lo que estaba buscando.
Era una fina pieza. Un vestido corto y abombado en la parte baja, de tono color crema. Tenía un escote bajo en la espalda y cintas rojas decoradas con encaje del mismo tono, bajando cruzadas por las mangas largas. Un listón de encaje beige enmarcaba el cuello en V, dispuesto para resaltar el busto.
-Y tanto que habías esperado para poder usarlo. -Dijo haciendo un puchero y llevándolo hacia su hermana.
-No es para tanto. -Se quejó ésta.
-Hermana, ¿te escuchas acaso? -Lui le miró horrorizada de nuevo. -Entiendo que el ya no ser doncella te tenga tan frustrada, pero no puedes permitir que eso te deprima. Te ves patética.
-Ouch. -Exclamó, sintiendo que realmente le había golpeado. Pero sonriendo por las comisuras de los labios.
-Es en serio. -Gruñó Lui -Ésta no es la hermana que yo quiero. Anda vístete. -Le ordenó, lanzándole el vestido. Lucy lo atrapó al instante. Y Lui volvió a reír entusiasmada. -Hay un montón de chicos guapos además. Los pude ver a todos durante la misa. Gracias por cederme tu lugar en el coro, por cierto.
-De nada. -Respondió aburrida, dejando el vestido sobre el banco del tocador, acariciándolo inconscientemente. Aquél vestido lo había hecho ella misma.
-Y ahí fue mi primer agradecimiento. -Siguió Lui, emocionada por la festividad, pero al notar el humor de su hermana se detuvo de inmediato. -¿hum?
-¡Ah! -Lucy saltó al frente sobándose la nalga -¿por qué me pellizcas?!
-Ya te dije que no te quiero ver con esa cara. -Refutó Luisana con ambas manos en las caderas. Por un instante hubo una lucha de miradas, hasta que la campanilla del reloj sonó indicando que ya era las 7:30 -Oh, rayos, ya tengo que irme. Más te vale que te arregles como toda una reina, ¿me oíste? O tendré que negar nuestro parentesco y créeme, eso no te va a gustar.
La puerta se cerró de un fuerte golpe. Dejándola sola otra vez.
Sing it soft.
Make it slow.
Y quizá tenía razón. Se veía sin duda patética.
Suspiró con pesadez. Y luego se palmeó ambas mejillas con fuerza.
Ella nunca sería del tipo que ruega. Y lo cierto era que sin saberlo a ciencia cierta, había estado haciendo justo aquello; mientras al tiempo lo negaba inútilmente con palabras. El habían ordenado que dejara de ser una doncella, pero no se puede dejar de ser algo que es. De modo que era una luchadora y como tal lucharía. Lucharía incluso contra la belleza de Orihime. Si bien resultaba ser cierto que ambas compartían la misma situación con respecto al shinigami, se había decidido a que dónde ésta había fallado, ella triunfaría.
Así que se puso maquillaje en el rostro. Pintando únicamente sus ojos. El delineador, el rímel y las sombras blancas y beiges. Un poco de corrector y un brillo transparente para los labios. Porque su belleza debía seguir siendo lo más natural posible. Mas quería seguir hechizando a aquél hombre con la fuerza de su mirada. Él mismo había admitido sentirse bajo un influjo y si había sido ella, incluso si no sabía cómo lo había hecho, al menos se daría una pequeña ayudada a sus encantos.
Se secó el cabello y en un acto abrumadoramente valiente y desesperado, tomó las tijeras del cajón de su tocador y se recortó los mechones negros hasta dejarlos en la forma de una melena. Lo llevaría suelto, decidió y luego colocó el tocado en el lado izquierdo de su cabeza, sosteniendo un par de mechones.
Por último se puso los altos tacones rojos y se puso el vestido.
Le quedaba perfecto. Resaltando sus pequeños atributos. Y debía admitirlo que el aire de grandeza se lo daba su pura confianza en sí misma, su gesto altivo, igual al de una reina.
Sonrió por primera vez en más de dos meses. Sonrió de verdad.
Pidiendo en silencio porque él se presentara.
Apples parachute the boys back down.
El salón parecía el interior de un verdadero castillo. La música era sublime, con la voz una vocalista joven que daba la talla en cuanto a notas altas y bajas. Haciendo covers de canciones famosas y sin dejar espacio a malas críticas. La iluminación era perfecta e incluso los aromas eran embriagadores.
Lucía se abrió paso entre la multitud, sin estar segura de si debería estar buscando a alguien en específico o de si quizá fuera mejor quedarse en las orillas, a la espera de que alguien la sacara a bailar. No tuvo que decidir, sin embargo, pues una presencia a sus espaldas le ahorró el mal trago.
-Te ves como toda una hermosa reina, Lucía
-¡Shizuku! -Reconociendo la voz al instante, se giró para ver a su amigo. Y tuvo que parpadear dos veces para absorber aquella vista. -Wow, nada mal. -Sonrió igual que él.
Vestía un traje azul marino oscuro, con el saco de corte en V. Llevaba la melena peinada hacia atrás y ella tuvo que reconocer lo guapo que se veía.
-Gracias, aunque la mayor parte la cumple el traje solo. -Confesó, modelando dicha prenda al momento.
Ella rodó los ojos.
-Sí claro.
La sonrisa se desdibujó un momento en el rostro de él para ser reemplazada por una mirada preocupada.
-¿Cómo estás? Homura me dijo que no te habías estado sintiendo bien.
Lucy se removió en su sitio algo incómoda.
-Estaba pasando por un momento estresante, nada grave.
-¿Pero ya estás mejor?
-Lo estoy. -Asintió.
Lo estaba. En cierta forma al menos.
-Bien. Me da gusto. -Volvió a sonreír y luego le extendió el brazo -¿Bailamos'?
Ella sonrió de nueva cuenta.
-¿Por qué no?
Fill it up.
Overflow.
A new, improved modern way to feel.
Le concedió tres piezas. En todas conversaron y rieron entre anécdotas. Lucía volvía a sentirse aliviada y contenta. Sin poder ubicar porqué se había estado lamentando. Ajena a ella, Riruka, Homura y Kon dentro de su gigai, le miraban satisfechos. Quizá aún no estaba recuperada del todo, pero ya era un avance. Los tres se incluyeron al duo cuando estos dejaron de bailar. Shizuka presentó a Kon como un compañero de clase, y el aludido a penas y fue capaz de contener las ganas de avalanzarse sobre su nee san.
Conforme la fiesta avanzó, más se unieron al grupo. Y pronto Lucía volvió a pasar desapercibida.
Eran ya las once de la noche, algunos todavía estaban terminando de cenar. Otros estaban en los juegos que había sobre la explanada y otros más todavía bailaban. Ella se escondió en la terraza que daba al jardín trasero, el que llevaba hacia los dormitorios.
El aire frío le caló el rostro, enrojecido un poco por la sidra que había tomado. Los vellos del cuello se le levantaron cuando el aire volvió a soplar con fuerza, helandole la descubierta espalda. Nadie podía negar que eran mediados de otoño. Las hojas de los árboles habían comenzado a oscurecerse en tonalidades rojas, amarillas y marrones.
Se quedó de pie mirando el jardín, dejando que el ruido detrás de las puertas de cristal se perdiera dentro del salón, lejos de sus oídos.
Se sentía nostálgica. y con el deseo ferviente de que su espera no fuera en vano, de que pasara antes de que la noche terminara aplastando con ello sus sueños.
"Si tan sólo"..., pensó.
...
El aire se tornó más helado y rugió con más fuerza alborotándole el vestido y la negra melena. Se talló los ojos, para desprenderse del polvo que se había elevado hasta nublarle la vista.
Cuando volvió a abrirlos, sin embargo, no sintió otra cosa que no fuera asombro. Y una temblorosa esperanza...
Era justo como en su sueño. Él de pie a la distancia. Con ese semblante agónico en sus ojos. Se daba la vuelta y luego...
I don't even know you.
You won't even know I'm gone.
-¡Espera!
Corrió escaleras abajo, saltando hacia la hierba con el corazón palpitando desbocado.
-¡Detente, por favor!
No podía permitir que se fuera, no ahora. No sabía lo que haría una vez le alcanzara, sólo tenía la certeza de que debía evitar que se alejara. Apretó más el paso, gritándo con fuerza.
-¡Por favor no te vayas!
...
Su súplica debió de haber sonado más fuerte de lo que se había imaginado. Si él había sido capaz de escucharla. Se había detenido casi al instante, mirando por encima de su hombro la observó por primera vez aquella noche.
Con el rostro enrojecido por la carrera, la melena enmarañada, bailando en el viento. Y vestida tan arrebatadoramente sublime...
Se olvidó por completo del porqué estaba molesto con ella. Su propio lazo había vuelto a estirarse y le estaba estrujando el corazón. Agonizaba al tenerla delante de él, tan cerca y tan inalcanzable al mismo tiempo. Se volvió hacia ella por completo, frunciendo el seño.
Pero parecía que sus intentos por atemorizarla no surtirían efecto. Ella seguía mirándolo con aquella súplica en sus ojos que poco le faltó para abalanzarse sobre ella hasta fundir sus bocas.
-Lo siento. -le dijo, casi como un suspiro. Los ojos de él se abrieron con genuina sorpresa.
No se había esperado algo como aquello. Ella avanzó hacia él y éste se había quedado clavado al suelo.
-No sé lo que hice. Pero lo siento.
Was it something I did wrong?
"My Darkest Days - Without you."
Ichigo parpadeo para intentar deshacer el hechizo en el que había caído.
If I had my way,
I'd spend every day right by your side
And if I could stop time,
Believe me I'd try for you and I
-¿Qué dijiste? -cuestionó tan pronto le hubo regresado la voz.
Ella pasó saliva con dificultad. Como si estuviese tomando valor.
-Dije, que si dije algo malo, la última vez que nos vimos...Lo lamento.
Algo dentro de sí mismo se rompió. Algo frío que había comenzado a derretirse. Lo sentía cosquilleándole en las yemas de los dedos. Saltaría de alegría si tan sólo las piernas le respondieran.
-Tienes que estar bromeando. -Bufó, aunque no había rastro alguno de burla en su expresión, sino pura incredulidad.
-No. No lo estoy -Se apresuró a responder ella, dando otro paso hacia él. -Te juro que no lo estoy. Por favor créeme.
And each moment you're gone,
Is a moment to long in my life
Aquella súplica lo destanteó. El recuerdo de su última discusión todavía hacia eco en su memoria. La desconfianza volvía a instalarse en su ser.
-Dijiste que no volviera a tocarte jamás.
-Lo dije. Pero me retracto. -Contestó al instante sin pararse a meditar lo que decía.
Ichigo no pudo evitar sonreír de medio lado, picando un anzuelo que se había lanzado sin conocimiento.
-¿Osea que quieres que te toqué? -inquirió levantando las cejas.
-Sí. Es decir no. Quiero decir... -Ella se atropelló con las palabras, cayendo en cuenta al fin de cómo habían sonado éstas -Argh! -se quejó, -¿por qué tienes que ser tan imbécil?
Él torció el gesto.
-Oye, oye, ¿es esa una forma de pedir disculpas?
Y ella imitó el gesto.
-Tú también fuiste bastante hiriente, ¿sabes? Tú también deberías disculparte. -Exigió.
Dejándolo un momento sin palabras.
Ichigo apretó las manos en puños, ahora era su turno de tomar valor y tragarse el orgullo aunque fuera por una vez.
-Odio admitirlo, pero tienes razón. -Aceptó, los ojos de Lucy se abrieron incrédulos -Lo siento. -Le dijo, admirando las expresiones de confusión y ternura que pasaban por el rostro de ella. -¿Empezamos de nuevo?
Ella extendió su mano.
-Lucía. -Se presentó.
Ichigo dudó un segundo y luego estrechó la mano que le ofrecía con la suya propia.
-Zanguetsu -había dicho al final.
No era que quisiera mentirle, tampoco le estaba mintiendo como tal. Ni mucho menos fuera que sintiera que no podía confíar en ella. Era en él mismo en quien no confiaba. Tenía demasiado miedo de perderla y de momento creyó que sería mejor decir las cosas a su ritmo. Poco a poco y ver cómo ella iba reaccionando.
Lo que menos quería era volver a asustarla.
So stay right here, right now
-Entonces, ¿te quedarás? -cuestionó ella dudosa, todavía sosteniendo su mano.
Él sonrió complacido.
-Mientras quieras que lo haga.
Lucy suspiró con alivio.
-Lo haré.
Cerraron el pacto aquella noche. Bajo el manto de miles estrellas, danzaron uno al lado del otro, en el baila ya conocido baile que compartieran desde una vida atrás. Ningún momento fue incómodo, era como volver a encontrarse con un viejo amigo y en cierta forma así era.
Hablaron de ellos mismos, lo necesario al menos.
Y se escondieron cuando las luces de la fiesta comenzaron a extinguirse. Riendo en complicidad, corriendo entre los árboles. En algún punto el la tomó por la cintura y la atrajo hasta sí.
Huyeron volando de aquella escena. Ella reía con fuerza y se aferraba a la tela de su shikashou. Terminaron en el techo de la iglesia. Lucía abandonó sus tacones y bailó descalza sobre la húmeda y fría piedra.
Él bailó con ella. Acariciándole la expuesta espalda con las yemas de los dedos, su roce enviando descargas eléctricas por las venas de ella.
Quería besarlo.
¡Dios, cuántas ganas tenía de besarlo!
...
Pero se contuvo.
Él la llevó de regreso a su habitación.
Y ella se deshizo del vestido delante de él... Con toda la intención de provocarlo.
Ichigo se mordió el labio inferior hasta sangrar. ¡El descaro de ella! Le sonrió por encima del hombro antes de echarse a andar hacia el clóset. En realidad no le había dejado ver mucho, erótico había estado en la sensualidad del acto en sí. Se había parado de espaldas a él y con un ágil movimiento de sus manos se desprendió del vestido, dejando que le resbalara hasta caer en el suelo. Fuera de la visión de su nívea piel y la braguita que le cubría las nalgas, no le había permitido ver nada más.
Y ahora ya estaba envuelta en aquél camisón, el mismo que él pusiera meses atrás, en la primera noche en que había estado con ella.
Se metió en la cama, mientras lo veía de pie frente a ésta. La expresión era distinta, la pelea de miradas por tanto también había cambiado.
Era como si el aire tuviese electricidad en cada una de sus ondas. El corazón latía emocionado, anticipando...
Sonrió y luego se dejó caer de espaldas a la cama.
Le sintió marcharse, pero esta vez, no había dolor en su pecho. Sólo la esperanza de que tendrían un próximo encuentro.
Porque su cuento de hadas acababa de empezar.
If the world ceased to spin,
You could start it again with just one smile
If the seas turn to sand
With the wave of your hand it would rain for miles
But the thought of you gone,
Makes everything wrong in my life
So stay right here, right now
Y los capítulos seguían viniendo uno tras otro.
-Wah! ¡Lo hice, lo hice! -Lucía gritaba emocionada mirando la energía azul en forma de esfera, flotar sobre su mano.
Estaban en una de las clásicas mansiones abandonadas del pueblo, en medio de lo que parecía haber sido un patio trasero, con una fuente en el medio. Pasaban de las 10 de la noche. Era fácil escapar del colegio si tenías un compañero que contaba con un instrumento para poder volar.
-¿Esto es kido? Es fantás-
Sus palabras se vieron interrumpidas cuando la energía se le escapó viva de la mano y salió disparada contra la figura de mármol que aún quedaba de pie sobre la pila. Quedaba, dado que la energía le había golpeado de lleno hasta hacerla añicos.
El shinigami dejó salir una risa burlona.
-Menos mal que no tendrás que pagar por eso.
Lucy sonrió las cejas mientras sonreía sin verdadera vergüenza.
-Lo siento?
Él rió con más fuerza antes de atraer su rostro al suyo, y depositarle un beso en la frente. Ella rió con él, ligeramente sonrojada.
Llevaban cerca de diez días viéndose a escondidas. Para ése entonces, la máscara de Ichigo estaba a la mitad, dejándole descubiertos los labios (por obvias razones). A pesar de no haberse vuelto a besar desde la vez que pelearan. Él besaba la frente en abrazos como ése, la mano cuando caminaban por la hierba justo antes de atraerla hacia sí. El hombre cuando ella salía de bañarse y se secaba el pelo frente al espejo. Pero nunca la boca.
Lucía se dijo que él hacía aquello porque quería demostrarle que no estaba controlándola. Lo cual lo consideraba ya innecesario, pero que al mismo tiempo agradecía.
Él estaba esperando por ella.
-Ya tengo que irme.
Y sin embargo, siempre ocurría lo mismo cuando llegaba la hora de separarse.
Él la detenía por la muñeca, obligándola a mirarle por la fuerza que ejercía sobre ésta. Y cuando sus miradas se cruzaban, ella era capaz de ver la súplica en aquellas orbes amarillas, esa dolorosa plegaria de que no lo abandonara.
-hey, voy a volver, ¿está bien? -le dijo con voz tenue, tomando su rostro entre sus manos -Sólo serán unas horas.
El suspiró casi como un jadeo. Aquello quedaba claro que le dolía, sino bien no lo aceptaba.
Lucy sonrió conmovida.
-Lo prometo.
Y sólo después de aquello, él la dejaba ir.
My heart breaks with every beat,
I can't explain what you do to me
So just say you'll promise me,
Please, take me if you ever leave
Los días se volvieron semanas y siempre que ella tenía tiempo para él, lo veía.
Y cuando aquello no era posible, normalmente era él el que la seguía. Parecía un cachorro siguiendo a su madre. Pero poco le importaba. A esa distancia, nadie más se daría cuenta de su presencia.
En ese momento Lucía estaba con Riruka y Homura, tras haber hablado con otras compañeras que él no lograba identificar.
-Me da gusto que hayan hecho las paces. -Dijo la rubia con una amplia sonrisa mientras avanzaban por el pasillo.
-Tenían razón, me estaba comportando como una tonta.
-¿Qué te hizo darte cuenta?
-Riruka! -le regañó la rubia.
-Aw, descuida, ella lo soporta
-Es cierto Homura, estoy bien. -Admitió Lucy, cuando se percató de que la aludida había estado cerca de enfrascarse en una discusión. Y luego miró a la pelirroja -Gracias por el golpe.
Era sincero aquél agradecimiento, al grado de que había tomado por sorpresa a Riruka. Cuando se recompuso sonrió con sorna.
-Hay más de dónde vino si vuelves a comportarte como una tonta.
-No lo haré. -Aseguró la morena, levantando las manos para defenderse de un invisible ataque de su compañera.
-Y bien, Lucy conoció a alguien en la fiesta si su humor cambió tan de repente no? -inquirió burlona la rubia.
-Homura!
-Contesta la pregunta Lu -Insistió Riruka con el mismo interés que su amiga.
La chica forcejeó un instante, antes de confesar.
-Sí, lo hice. -Sonrió picaronamente y luego se echó a correr.
-Aaahh!
Emocionadas, sus dos amigas corrieron tras ella con la intención de seguir echándole carreta.
Ichigo sonrió satisfecho al sobre escuchar aquello, divertido y feliz de haberse conseguido ya un lugar en el corazón de su Rukia.
"Estás comportándote como un adolescente." -En su cabeza escuchó al Ojisan reprocharle.
-Tal vez -pero el pelinaranja sólo ensanchó su sonrisa.
But the thought of you gone
Makes everything wrong in my life
So stay right here, right now
Las semanas se sumaron hasta poder contarse como meses, dado dónde empezó la cuenta, apenas era mediados de diciembre.
Y como era costumbre ella ya se había instalado entre las cobijas de la cama, él estaba frente a ella.
-Oye -Pero de repente ella había cambiado la rutina. -Ven. -Le ofreció, estirando su brazo en su dirección.
El shinigami saltó en sorpresa.
-No creo que sea conveniente. -Dijo con voz firme, aunque su resolución era demasiado frágil.
Ella como siempre, se dio cuenta.
-¿Por qué no? -Le sonrió, recorriéndose a un lado -Es lo mismo que si me miras, sólo que ahora no te verás como un completo degenerado. -Se burló.
-¡Oye!
Lucía dejó salir una risa cantarina, quebrando casi por completo la poca fuerza de voluntad del chico.
-Anda, antes de que me arrepienta. -Volvió a decirle, él seguía dudando. -Por favor.
Y aquella imagen había sido suficiente.
¿Cómo podría ser capaz de rechazarle?
Clavó las espadas al suelo, al pie de la cama. Y avanzó hasta ella. Ella que seguía sonriéndole. Conocía esa sonrisa, se dijo, la misma que lo había llevado a poseerla.
Ella le dejó el espacio justo para acostarse a su lado.
Y de pronto la electricidad en el ambiente se hizo más palpable. Y ya no era sólo él el que temblaba.
-Está bien... está bien si... -trató de decirle, pero la voz se le apagó casi al instante. "Después de todo no puedo decirlo." Pensó para sí, mientras agachaba la cabeza avergonzada.
'Está bien si me tocas', había querido decirle.
Y como era de esperarse, él siempre la entendería.
Sonrió mientras bufaba entre una mezcla de ternura y diversión.
-Ya duérmete tonta. -Le dijo abrazándola.
Lucía inhaló el aroma del shinigami. Cerró los ojos y se abrazó a él con fuerza.
Ichigo hizo lo mismo.
'Cause without you I'm a disaster
(the moment you go)
And you're my ever after
(Just thought you should know)
Ella se durmió mucho antes de que él lo hiciera. Se quedó despierto recordando cada uno de losmomentos que habían compartido hasta ahora. Y sí, el Ojisan tenía razón, se sentía por primera vez en su vida como un maldito adolescente. Enajenado por completo en ella al grado de olvidarse, la mayor parte del tiempo, de regresar a su cuerpo humano. Kon ya tenía su propio gigai y aquello ya le representaba un problema. Sabía que Orihime estaba detrás de aquello, pero aún con la presión no quería tener que renunciar a vivir el cuento que estaba escribiendo.
"Lamento no ser completamente honesto", pensó para sí mismo, mientras miraba la figura durmiente de la que fuera ahora su novia, incluso si dicho dato iba implícito en el silencio de las palabras no dichas. "Dame tiempo Rukia, prometo decirte la verdad." -Aseguró abrazándola con más fuerza.
Tiempo. Tan sólo necesitaba tiempo...
'Cause I need to know your answer
(Just say you'll stay with me)
I want you to say you're gonna stay with me
(Just say you'll stay with me)
I die every day that you're away from me
-¿Algún día podré ver lo que hay debajo de la máscara'?
Estaban de picnic nocturno cuando ella había soltado la pregunta.
Ichigo ignoró la alarma que retumbó en su pecho, evitando que ella le viera tambalearse.
-¿Tan rápido te enfadó? -inquirió con sorna.
-No. Me da curiosidad. -Confesó ella, todavía preocupada por volver a ofenderle. Lo que menos quería era que él saliera huyendo de nuevo en la dirección contraria. -No te burles pero a veces me siento como la bella
Él casi se atraganta con su propia saliva.
-¿Quién? -cuestionó confundido, con la ceja enarcada.
-La Bella y la Bestia, el cuento infantil -le dijo, casi como diciendo ¿"no es obvio?"
Obviamente para él no.
-¿Y eso?
Ella le miró curiosa.
-¿No te molesta?
-¿Por qué debería? Me comparas con alguien que tiene una maldición. -Exclamó cínico.
Y ella sintió una punzada en el pecho.
-Bueno sí pero... Olvídalo. -Negó molesta, cruzándose de brazos.
Él comenzó a reír al instante. Y le giró el rostro tomándoselo por la barbilla, para obligarla a mirarle.
-Si tuviera una maldición, tú serías sin duda la cura.
El corazón se le saltó un latido. Juraría que sus ojos se habían tornado marrones. y un sin fin de sensaciones se repartieron por su cuerpo.
Esta vez no hubo necesidad de preguntar nada.
Fue ella quien dio el primer paso. Cortó la distancia y fusionó su ser al de él, con un sólo beso.
Se aferró con fuerza, igual que él en ella.
Sí. Ya no era Aurora, ahora era Bella...
Y pronto acabaría con el hechizo, se dijo.
So just say you'll promise me,
Please, take me if you ever leave
My heart breaks with every beat,
I die everyday that you're away from me
Sin embargo, aquél pequeño mundo tenía la desventaja de cegarse a lo que estaba por fuera. Homura y Riruka estaban al tanto de la situación y sospechaban que tanto Uryuu como Orihime tenían una idea de lo que estaba ocurriendo. El cambio en Lucía había sido demasiado repentino, además.
-¿Cuánto crees que dure? -cuestionó Homura, mirando igual que su compañera a través del ventanal a la feliz pareja.
El semblante de pesar era el mismo que el de ella cuando le contestó.
-No mucho. Ya se dió cuenta.
A/N: Ok, so, esto es más como un preludio. Lo admito. Pero estaba desesperada por actualizar xD
Por cierto, alguien puede decirme en qué capítulo del manga Ichigo pelea con Hichigo?' Y que me recomienden una buena página para leerlo.
