Paul se encontraba en mi piano, tocando una melodía hermosa, la que siempre me dedicaba. No podía creerlo, era él. Su cabello oscuro era inconfundible para mí y cuando me sintió se dio la vuelta para quedar en frente mío hipnotizándome con esos ojos verdes suyos, tan profundos, tan hermosos, tan míos también. En seguida una sonrisa enorme se hizo más que notable en su cara, permitiendo que sus dientes brillaran blancos y pulcros entre sus finos y sonrosados labios. Me derritió, completamente quedé impregnada de él. Un recuerdo muy vivo se formó en mi mente. La primera vez que cantamos juntos. Apenas hacía unos días que nos conocíamos…
El bar estaba repleto de gente. No podía entrar nadie más, no había espacio suficiente. Paul estaba recostado contra una columna lejana cuando me vio. Se acercaba despacio, como esperando respuestas de mi parte. Sentía como lo invitaba a venir a mí sin palabras, solo mirándolo. Me agarró de la cintura y me cantó al oído: "Is this love, is this love that I'm felling now". Al unísono nos complementábamos tan bien. Nuestras voces parecían una sola y se perdía en nuestros oídos.
Otra imagen vino a mi mente, cuando el cantó mi canción preferida bajo el murmullo del mar. Sentados en la playa uno abrazado al otro. Era nuestra canción. Recordaba sus brazos alrededor mío tan suaves, tan cómodos. No había duda de que lo amaba.
Mis brazos empezaron a picar, necesitaba repetir la experiencia, abrazarlo fuerte. Él se levantó de la silla y me tire sobre sus hombros. Lo sentía cálido, amable, cariñoso. Pero los brazos me seguían picando. No había otros brazos que reclamar, siempre habían sido los de Paul, pero algo en su abrazo me trajo una sombra del día anterior. Cuando murmuró: "Te extrañé. Extrañé tu piel, tus labios, tu aroma. Sos todo" en mi oído mientras rozaba su boca contra mi cuello todo se fue al traste. No pude pensar, mucho menos respirar. Todo en mi mente era ahora ocupado por él, todo lo que sentía estaba nublado por su sedocidad bajo mis manos y su aliento.
Charlie carraspeó y me trajo de nuevo a la realidad. El cuarto estaba repleto. Mike, Charlotte, Peter… ¡Lucy! No podía creerlo, todos estaban ahí, conmigo. Me faltaban brazos, cabeza y corazón para soportar tanta alegría junta. Lo que menos me esperaba era tenerlos a todos reunidos por mí y para mí. Juntos celebrando una fiesta después de semanas sin contacto y sin una buena charla. Los abrasé torpemente a todos, nublada por la emoción y el éxtasis. Mis ojos viajaban de uno en uno. Sonreíamos por nuestra suerte, sobre todo por la mía, el mejor regalo que jamás me pudieron haber dado. Me daba cuenta de que no había persona a la que pudiera querer más que a ellos, en quien confiar que no fuesen ellos y el amor que sentía en mi pecho hacía que el corazón latiera desbocado. Tenía ansias de Paul, de besarlo, de acariciarlo, se entrelazar mis manos en su pelo, de sentir su aliento. Es como si una bocanada de aire hubiese inflado mis pulmones. Pero algo me faltaba. No me sentía completa, tenía a todos mis amigos más cercanos pero sin embargo mi corazón indicaba que algo no funcionaba. Los extrañaba, a los chicos del equipo, a mis compañeras a los Hale a los Cullen. Se habían vuelto indispensables para mi vida. Solo fue un minuto, me compuse y al fin pude articular palabra.
-- Chicos que hacen acá? No saben lo feliz que me hacen, ni se lo imaginan.
-- Pensaste que podríamos soportar mucho más tiempo sin tu presencia?- dijo Lucy abrazándome.
-- Los quiero tanto!- les dije. Paul me miraba, emocionado, contento, ansioso. Feliz. Casi tan feliz como yo. Entonces me acordé de algo.- y sus familias? Como les permitieron viajar? Díganme la verdad, de quien fue la idea.
-- No te sulfures pequeña- dijo Peter-
-- Que tal si nos sentamos y te contamos todo Bella?- intervino Charlotte.
-- Creo que es una muy buena idea.- alegué y los invité a sentarse en los sillones.- aunque creo que me podrían esperar un ratito. Necesito asearme un poco.- Corrí al baño, no quería perder ni un minuto de tiempo. Cuando salí me sentía mucho mejor. La ducha me había sentado del todo bien.
Cuando volví a la sala los chicos se encontraban conversando y ya tenían servidos algunos refrigerios. Por fin, ya más relajada los pude ver con claridad. Se veían graciosos enfundados en tanto abrigo, nunca los había visto de otra manera que no fuese shorts y musculosas. Me reí. En ese momento Paul notó mi presencia y comenzó a mirarme de una manera que me traspasaba, me sentía en una mezcla de cohibimiento y desenfreno. Estaba roja de la vergüenza pero tenía todas las ganas de correr y saltar a su regazo. Me acerqué despacito al sillón en el que se encontraba. Extendió sus brazos y no lo pude resistir, salte encima de él. Desde nuestra posición se podía apreciar a la perfección el enorme ventanal que nos daba una vista maravillosa del jardín blanco por la nieva y el techo con vidrios mostraba la oscuridad del cielo, lleno de nubes de nieve.
Con mis brazos lo tomé por el cuello y ya que nos encontrábamos relativamente solos (sn papá ni abuelos) me permití rozar sus labios con los míos. Al comienzo apenas si presionamos nuestras bocas, pero de repente el ardor corrió bajo mis labios. Lo había extrañado tanto, esta sensación… Mis labios y los suyos se pusieron más ansiosos y la poca estabilidad que tenía desapareció. Me perdí en su boca, saboreando sus labios, su aroma, acariciando sus cabellos. El ardor se convirtió en una sombra profunda. Odiaba a la maldita polera que no permitía que sus labios fueran recorriendo mi piel. De igual forma nos separamos y el besó mis muñecas, mis manos, mi cara. Todo lo que estuvo a su alcance fue probado con su boca. Era tan feliz. Mi aliento se había muerto en la garganta, entonces paramos de besarnos y me concentré en sus ojos.
Te amo- me dijo.
Te amo- le respondí. No podía creer, todo lo que le había hecho y él me amaba. Aunque en cierto punto no estaba mal, yo necesitaba a alguien, asique si él lo hubiese hecho no me tendría que haber enojado con él tampoco debería enojarse. Además ni si quiera que hubiese besado a Edward. Lo que si me dolía era que parte de mis pensamientos estaban acá con él y otros en Nueva York, con Eddie. Eso me daba una punzada de pena. Una cosa hubiese sido un beso y nada más, pero me había confundido mucho el pequeño acercamiento con él. Pero de verdad me tranquilizaba mucho el saber que sentía exactamente lo mismo que siempre por Paul. Lo amaba irremediablemente.
Bueno ahora sí quiero saber TODO.
Quien empieza- preguntó tímidamente Charlotte.
Yo!- gritó enseguida Lucy- Bien empiezo por el principio. La cosa fue así, recibí una llamada de un número desconocido. Así de la nada, me dijo que era Alice, tu amiga y que quería hablar conmigo. Yo la verdad no entendía nada.
Imaginate lo pesada que estaba- comentó por lo bajo Mike
Puedo seguir?- dijo Lucy con recelo en la mirada, enseguida se relajó y volvió a la carga- Bueno como te decía yo no entendía nada, entonces me dio la idea de venir a verte estas fiestas. Yo le dije que no teníamos suficiente plata para el viaje y ella me dijo que no nos hiciésemos problema por eso, que solo le contestáramos si podríamos o no pasar estas Navidades acá en Bebrly Hills. Enseguida le dije que sí.
Luego nos pusimos en contacto con Charlie y ultimamos los detalles- continuó Carlotte- Como queríamos que fuese una sorpresa nos mantuvimos en contacto con tus nuevas amigas que, a decir verdad, me caen bastante bien y parecen bien intencionadas y no llamamos tan seguido, para que no pudieses darte cuenta.- una sonrisa resplandeció en su cara.
Estaba tan feliz. Nos pasamos la tarde entera hablando, sobre mi vida, mis amigas, mis amigos…
Edward? Quién es ese?- soltó Paul. Sobre los acontecimientos recientemente ocurridos solo Lucy y Charlotte tenían conocimiento, siquiera Alice o Rose lo sabían. Mis amigas se pusieron tensas.
Un muy buen amigo, solo eso- contesté en un tono sorprendentemente tranquilo.
Ah- dijo él-
La noche empezó a caer y yo me fui a preparar para la cena. Por supuesto que iba a elegir uno de los vestidos que me había regalado Alice. Estaba tan emocionada. No pensaba con claridad. El vestido que Alice me había regalado era hermoso. Violeta y escotado. Dejaba mis hombros al descubierto. Cuando me lo fui a poner me di cuenta de algo, un moretón asomaba en mi cuello. Pero exactamente no me lo había producido un golpea y oscurecía por ser su segundo día de progreso.
El pánico recorría mi piel. Estaba oscuro y era notable la mordida que Edward me había propiciado. Que nada me impidiese hacerlo, más allá de mi relación con Paul, no significaba que le refregara en su cara que otro chico estaba bastante interesado en mí. En ese estado de duda y desconcierto me encontraron Lucy y Charlotte al entrar a mi cuarto. Estaba frente al espejo con las manos puestas sobe el moretón. Las ropas de invierno habían impedido que fuera visible, pero con este vestido era más que notorio y resaltaba sobre mi blanca piel.
Me paralicé frente al espejo, me sentía un monstruo. Qué es lo que estaba haciendo? Por un lado, una punzada de dolor recorrió mi cuerpo, pero por el otro… Edward. No podía sacarlo de mi cabeza. No podía dirimir que era correcto y que no. No sabía ni lo que mi corazón sentía, porque al verlo a Paul mi mundo se paralizaba, pero al pensar en Edward todo daba vueltas. Entonces qué? Amaba a Paul, pero deseaba a Edward? Mi cabeza giraba en torno a mis propios sentimientos, en tratar de aclarar que era lo que de verdad me pasaba, porque sentía que nada era coherente en mí. Mis manos tocaron el moretón y un gemido de angustia salió de mis labios. Charlotte y Lucy en seguida se pusieron a colocarme cremas y polvos, base y brillo. La verdad lo habían cubierto bastante bien, pero esto demostraba lo deplorable que era. Estaba jugando con los sentimientos de dos personas a las cuales quería mucho. No era justo para nadie, ni siquiera para mí. Lucy me dijo que no me hiciera tanto problema, que ni siquiera lo había besado, pero creo que hubiese sido mil veces mejor besarlo sin sentir nada que tener esta mezcla en la cabeza que me volvía loca.
Bajé las escaleras y a los pies de estas se encontraba él, que me miraba con un brillo especial en los ojos, parecía embelesado. Verlo me quitó la respiración. Enfundado en su esmoquin de etiqueta parecía un ángel. Sus ojos verdes me llamaban y una emoción nueva recorrió mi estómago. Pensé que lo que sentía por Paul nunca podría ser más fuerte de lo que ya era, pero me equivocaba, era miles de veces más poderosa. Me perdí en sus ojos que me atraían con una fuerza inexplicablemente poderosa.
