Capítulo 1.05 Fin de los 1000 Años II
"Alayashiki".
La palabra sale de los labios de Arcueid con rencor.
"Las fuerzas de este planeta reaccionan de manera distinta. Sus caminos cada vez se alejan más. ¿Entonces, no hay en esta era manera de detenerme? Has sido enviada a asesinar a alguien que no posee muerte, incluso si esa ha sido una decisión emocional, no puedo evitar reírme."
"Seguro, y ¿Por qué no? Estoy de un humor apropiado para ti, monstruo. Sintiéndome así, quizás incluso yo sea capaz de entenderlo."
Las voces de ambas mujeres son muy similares. Ambas son frías y vacías
"Que hermoso, ven a por mi con todo lo que tengas, pues, esclava. Veamos si puedes detener mi risa con tu "muerte".
"Hmph, no te arrepientas de decir eso, vampiro. Da igual que demonios seas, no importa cuantas miles o millones vidas tengas, mientras estén vivos yo destruiré incluso a los astros."
El combate solo dura un instante.
La chica del kimono rosado tensa su cuerpo, cambia la sujeción de la katana y la sujeta por el extremo, flexionando su brazo lo más posible. Entonces, lanza todo su cuerpo hacia delante, como si fuera una flecha disparada a una velocidad imposible de seguir con la vista.
Mientras tanto, Arcueid es rodeada por vientos veloces que hacen mover la larga melena. Sus manos brillan con energía concentrada y el espacio alrededor de sus manos se hace extraño y caótico
Una gigantesca columna de aire se forma en el cielo, iluminada por la luz de la luna roja, la columna desciende hasta ras de suelo como si fuera el dedo de un dios iracundo.
El pilar de aire choca contra el suelo, liberando una lluvia de arena y rocas que llega hasta donde estoy. El sonido del viento es ensordecedor.
Los vientos cortan salvajemente kimono y carne, y beben agradecidos su sangre. Pero ni siquiera así se detiene el avance de la mujer del kimono. Su katana baila con el viento y no encuentra ninguna oposición. El movimiento de la flecha blanca y rosada no se detiene hasta que logra hacer un tajo profundo en el hombro de su rival.
"Agh, tengo la cabeza nublada ¿Qué clase de final es este para un sueño? Ni siquiera pudo matar a nadie…"
Sin energías y con un movimiento casi grácil, se derrumba en el suelo. Con la herida del hombro sangrando ligeramente, Arcueid se acerca a la chica.
"Parece que una vez más he vuelto a subestimar la capacidad de los humanos. La muerte más allá de toda regla en un cuerpo tan frágil…Esta vez la Muerte no me detendrá. Has fracasado, esclava de Alaya."
Arcueid forma una garra con su mano, y se dispone a acabar con su enemigo, con completa naturalidad.
"¡Detente, Arcueid!"
Sorprendida, Arcueid se detiene, pero su mano aun sigue en el cuello de la chica del kimono rosado.
"¿Qué crees que estas haciendo, pedazo de idiota? No puedes dedicarte a matar a la gente mientras duerme. Si haces eso no eres mejor que una vulgar asesina."
Arcueid me mira con ojos tranquilos. Su pelo largo es extraño y su vestido es aun más extraño.
"¿A… Arcueid?"
Como si estuviera impresionada, mueve sus labios.
"Correcto. Mi nombre es Brunestud. Pensaba que no tenías valor alguno, pero parece que tenemos algo en común."
Con eso, incluso alguien tan denso como yo lo entiende. La Arcueid que esta delante de mí no es la Arcueid que conozco.
"¿Tú… Quién eres tú?"
"Te lo he dicho. Mi nombre es Brunestud. Soy el temor de aquella que conoces, e incluso si su existencia es dual, ella no teme al pasado ni al futuro."
"¿Eh?"
Arcueid… Ella no es Arcueid. Pero esta persona que se parece a Arcueid habla de manera incomprensible. Su voz carece de sentimiento, pero los movimientos de sus manos revelan su agitación.
"No lo entiendo del todo, pero tú no eres la Arcueid que yo conozco ¿Verdad?"
"Correcto. Si fueras a darme un nombre ese sería Luna Carmesí. Soy la semilla eclosionada que había sido depositada en todos los Ancestros Verdaderos."
"Entonces… ¿Está dentro de ti la Arcueid que conozco?"
"Quizás, se podría decir que sí. Alguien como tú diría que ella duerme dentro de mi como un yo alternativo dentro de mi persona. Finalmente se dejo llevar por sus emociones y yo asumí control del cuerpo."
Entonces Arcueid aun esta dentro de ella en alguna parte. No esta todo perdido por ahora.
"Buff, me he llevado un susto tremendo por un momento. Si así están las cosas no hay ningún problema."
El estoico rey esta totalmente sorprendido. Su cara digna ahora incluso tiene la boca abierta.
"¿Quieres decir que confías en tus posibilidades de rescatarla? Sea por valor o estupidez, no hay duda de que eres un humano excepcional."
"Ninguna de las dos supongo. Simplemente pienso que mientras Arcueid este dentro de ti, tú serás Arcueid."
La cara de Arcueid se relaja en algo que casi parece una sonrisa.
"Así que eres este tipo de persona. Si, ella nunca habría elegido a alguien débil o retorcido. Eres peligroso… Shiki. Fuiste capaz de hacer que ella sonriera. Y ella te amó tanto que incluso la parte de ella que hay en mí, te amó."
Durante un largo tiempo, sólo se escucha el sonido del viento. Entonces ella suelta un largo suspiro.
"Y es por eso que debes morir."
Arcueid levanta su brazo, y los vientos vuelven a mecer lentamente su pelo. Su cara ya no refleja ninguna calidez.
"Y es por eso que debe vivir."
La voz ronca suena desde un lugar donde hace un instante no había nadie. El viejo parece encajar perfectamente en el escenario. Con su pelo y su barba canas, un traje oscuro con una capa de medio cuerpo y un bastón con gemas en una mano. Sus ojos son tan rojos como la luna, y su cara dura y arrugada.
Un hechicero salido de otro tiempo.
A su lado una joven que debe tener más o menos mi edad. Es una autentica belleza su pelo es negro, largo y suelto y su piel de un pálido fino. Lleva una camisa de encaje roja y una falda larga. Su cara es tan severa como la de su maestro, y su puño cerrado brilla con luz azul.
La atención de Arcueid se distrae hacia ellos.
"¿Ahora tú, anciano? Alaya se ha tomado muchas molestias para interrumpirme esta noche, pero si te ha traído aquí para que caigas a mis pies, no tengo queja alguna."
El viejo susurra unas palabras a su aprendiz y luego se vuelve a encarar con Arcueid.
"No pensé que tuviera que volver al campo de batalla, planeaba dejar esta era para los jóvenes y sólo moverme desde las sombras. Pero si es por ti, no me queda más remedio que mover mis viejos huesos. Matémonos de nuevo, Brunestud de la Luna Carmesí."
"No sé a quien te crees que estas salvando, Kishua. Ahora que yo he despertado también lo ha hecho mi castillo, nadie saldrá vivo de aquí esta noche."
Noto un aliento en mi nuca y allí esta la aprendiza del anciano. Acercándose a mi oreja susurra unas palabras.
"Si tienes algo que salvar, ahora es el momento de huir. Carga con la chica y ven conmigo."
Miro una vez más a Arcueid, ahora tiene la atención fija en el viejo. Su espalda parece terriblemente distante y distante es tan sólo otra palabra para solitario. La espalda de Arcueid parece muy frágil.
"Ni se te ocurra morir antes de que yo vuelva ¿Me oyes Arcueid? Volveré y haremos más, muchas cosas más estúpidas y sin ningún significado. ¡Así que ni se te ocurra irte a ninguna parte!"
Y con suerte esta será la primera promesa que cumpla en mi vida.
Puede que fuese una ilusión, pero mientras le daba la espalda me pareció que Arcueid me sonreía.
Sigo la rápida carrera de una hechicera de la que no conozco el nombre mientras cargo a mi espalda a la frágil espadachina de la que tampoco conozco el nombre.
Y no puedo evitar pensar en que quizás mi historia hasta ahora sólo ha sido un prólogo de algo aun más demencial.
