Los personajes pertenecen a Victor Hugo. Yo sólo suplico porque su fantasma no me persiga por las noches por realizar estas cosas.
Joly se pone serio.
Con la existencia de tanto trabajo por realizar en el campus, tanto hablar con los alumnos en petit comité, pues lo hacían a nivel individual, como personas aisladas y no como asociación educativa, pues técnicamente aquello estaba prohibido, además de llamar mucho la atención cosa que no deseaban pues no buscaban que los de seguridad, y los policías infiltrados, tuvieran algo que poder recriminarles, pues eran muchas las tardes que quedaban todos a comer en alguna de las facultades, o al menos todos los que podían.
Sin embargo, aquel martes sí habían coincidido, tras tirar de teléfono para poder llamar a Grantaire y Bahorel y que movieran el culo de la facultad de Derecho y se fueran a la de ingeniería, donde habían quedado aquel día.
—Espero que vuestra presencia valga la pena. En derecho había una oferta de cerveza y tapa por un euro. —Había sido el saludo que había lanzado Grantaire cuando llegaron.
—En derecho no hay menú vegano, por ahora. — Por norma general, Feuilly se llevaba un tupper de casa, pero había días en los que el tiempo se le echaba encima y tenía que elegir entre hacerse la comida o entrar en clase, cuando tenía a los docentes estrictos que no permitían que los alumnos entraran en clase después de ellos.
El menú vegano de aquella facultad había sido una victoria que Feuilly había logrado en el lugar donde estudiaba después de dos años de lucha. No era un menú con una gran variedad, en letras o en artes que llevaba implantado más tiempo sí que había más donde elegir, son embargo el de ingeniería era el más barato, algo que ya al muchacho le valía.
—Tenemos que ponernos serios para que en derecho también lo pongan. — Enjolras no era vegano, aunque no le importase comer dicha comida y hasta asegurase que pasaba más tiempo de su comida sin comer carne. Sin embargo, el muchacho se apuntaba a cualquier lucha que considerase justa.
—Antes tenemos que poner el menú normal a un buen precio. —Le recordó Courfeyrac.
Era como si en derecho se hubieran unido todos los tópicos conservadores existentes en el mundo, como podía ser también que eran los alumnos con más pasta. Por ello, sus ofertas de caña y tapa eran tan populares entre sus alumnos y sus no tan alumnos como los recién llegados.
— ¿Habéis hecho vosotros algo útil en la mañana, además de llenar las arcas de una cafetería privada?
Una vez terminado el tema del menú y el menú vegano en la facultad de derecho, Enjolras tenía más cosas de las que hablar y una de ellas era el trabajo que se había hecho aquella mañana, y en especial el trabajo que habrían hecho Bahorel y Grantaire desde la cafetería.
—Nos encontramos a uno de los profesores que da clase en políticas y le estuvimos hablando de la huelga de marzo. —Habló Bahorel tras darle un trago a la cerveza que llevaba en su mano y que se había llevado de la otra facultad, aunque estuviera prohibido sacar productos de la cafetería de derecho. —Al parecer va a hablar con los profesores del campus para proponer sumarse en bloque a la huelga.
—Eso nos podría ser de gran ayuda, en especial si mostramos una unidad entre alumnos y profesores. —Meditó Combeferre, quien ya había terminado de comer y en lugar de su bandeja tenía encima cientos de folios agrupados en distintas grapas que tenía que leer para Derecho Internacional.
— ¿Veis como también desde la cafetería se pueden hacer cosas útiles para la huelga?
El recochineo que Grantaire mostró hacia el sector de leyes, más hacia Enjolras y Combeferre, que a Courfeyrac, fue respondido con una sutil indiferencia, habitual en Combeferre, poco habitual en Enjolras, gran amante de responder esas provocaciones, pero que se ayudó con el teléfono aprovechando para responder mensajes que le habían llegado.
Aquel lapsus ocasionó la formación de pequeños grupos para hablar entre ellos sobre diversos temas que iban desde planes para aquel sábado o reproches hacia una clase, profesor o trabajo en particular hasta comentarios de las últimas noticias a nivel nacional e internacional.
Sin embargo, Joly pronto estaba llamando la atención de nuevo de los presentes cuando vio que quedaba poco para que la comida terminase y que, por tanto, pronto cada uno tomaría un camino diferente.
—Chicos, este jueves hay convocada una manifestación a favor de una sanidad pública de verdad y de calidad. —Joly se movía, como buen estudiante de medicina movilizado, en los ambientes que buscaban una mejora en la calidad de la sanidad, y se enteraba de todas esas cosas. —Sé que algunos tenéis clases o tenéis que trabajar, pero estaría bien que los que podamos vayamos.
Gestos de aprobación por parte de aquellos que tenían libre y de disculpas por lo que les era imposible ir se mezclaron en la mesa mientras preguntaban por más datos.
—A Joly le ha poseído el espíritu de Enjolras, que alguien le tire a la cabeza el libro de Hitler a ver si logramos salvarle.
—Grantaire, ¿nadie te ha dicho que cada vez tienes menos gracia? — El rubio habló, esta vez no pudiendo aguantarse como en la vez anterior.
Tampoco iba a aguantarse porque su paciencia, su corta paciencia, tenía mecha muy corta.
—Proviniendo de la persona con menos sentido del humor me lo tomaré como un cumplido y lo apuntaré en mi libreta de cosas que no me importan nada. —Y para colmo Grantaire hizo que tomaba nota.
Algún día Enjolras comprendería el porqué le aguantaba. Aunque cada vez veía ese día más y más lejos.
—A ver, volvamos a lo importante. — Y fue Feuilly al que le tocó aquella vez recuperar la cordura y lo importante de la conversación. — Quien pueda ir a la manifestación: Se queda el jueves a las cuatro y media en el Musain.
Pegada de carteles entre estrellas.
Aquella noche les había tocado a Courfeyrac y a Combeferre ir a pegar carteles por la facultad. Debido a que la vez anterior había acabado con la visita indeseada de la policía, habían acabado decidiendo ir en grupos de dos personas para no tener oportunidad de ser pillados.
Enjolras por su parte había tenido que ir a una reunión del partido, sino también se hubiera apuntado a acompañarles, aunque sólo fuera para no quedarse en el piso que compartían sólo.
Tenían sólo que pegar por las dos grandes facultades, por lo que no esperaban tardar demasiado en terminar aquella tarea. De todas formas, tampoco es que les hubieran dado carteles para más lugares, porque los tenía Feuilly, en aquellos meses estaba trabajando en una copistería y tenía la suerte de que le hacían descuento en esas cosas; sin embargo al muchacho no le había tiempo a llevarles los nuevos carteles.
Pese a lo que opinasen la mayoría de sus compañeros, ellos, junto a Enjolras, no se rendían en trabajar en Derecho para promover la huelga de marzo, vislumbrando un futuro en el que los alumnos de esa facultad se movilizaran y pensaran en algo más que no fueran en sus prometedoras carreras trabajando en los grandes buffetes de abogados que defendían a personalidades públicas de dudosa reputación.
Y si deseaban que ese futuro llegase no podían estar discriminando a esos alumnos ignorando que aquella existiese, más bien lo contrario; el resto de compañeros ya sabían lo que tenían que hacer, por lo que no era necesario emplear mucho tiempo, mucho dinero, es más, el boca a boca resultaba con ellos, estaban concienciados. Allí había que hacer más, había que recordarles casi como si fueran críos que fuera de aquellas cuatro paredes había una lucha que se estaba llevando a cabo en París y que necesitaban de su ayuda para que pudiera darse a cabo. Les necesitaban a ellos como necesitaban a todos los alumnos de la universidad.
— ¿Crees que los carteles van a durar mucho? —Le preguntó Courfeyrac mientras observaba como los carteles habían quedado sobre la fachada delantera de la universidad. Combeferre estaba recogiendo el resto de cosas que se habían llevado, mientras el muchacho de los rizos morenos enviaba al grupo fotos para que vieran el buen trabajo que estaban haciendo, aunque no les llegaría hasta que no salieran del campus. Los inhibidores seguían activados.
— Bueno, al menos nos hemos asegurado de que no se puedan quitar con mucha facilidad. —Murmuró Combeferre mientras miraba a los lados, colocándose las gafas tras haber recogido todo.
Quedaba todavía la otra facultad, y habían estado viendo luces de coches en todo momento desde que habían llegado al campus. No consideraban que hubieran policías a aquellas horas en el campus, pero lo mismo habían pensado en la noche anterior y habían tenido que salir por patas. Desde luego, la presencia de la policía en el lugar era simplemente para joder. Y Combeferre no era de los que les gustase pensar de esa manera.
—En eso tienes razón. Vamos, tenemos que dar la vuelta para llegar a letras.
Realmente letras estaba más cerca de lo que lo hacían ver. Sólo tenían que cruzar la plaza que les separaba, pasar por delante de aquellas dos estatuas de grandes personalidades de las que Courfeyrac nunca había oído hablar, a pesar de que Combeferre le cuenta quienes son cada vez que habían pasado por delante, y cruzar una calle para llegar. Sin embargo no podían ir por el camino fácil debido a la luz había, numerosas farolas alumbraban aquel camino. Irónicamente había muchas mañanas en las que, a pesar de que estaba todavía oscura la calle, esas farolas se encontraban apagadas. Ahora tenían que esconderse en las sombras, las muy capullas estaban encendidas.
—Esto es agotador. — Murmuró por décima vez en aquella noche cuando vieron nuevas luces de coches pasar cerca de ellos y tuvieron que esconderse. Nunca veían si se trataba de un coche policía o era un simple vehículo, sin embargo no tenían pensado arriesgarse a comprobarlo. Estaban a un par de metros de la facultad.
—Y todavía tenemos que salir de la universidad. —Le recordó Combeferre mientras salía de las sombras una vez las luces se habían alejado. Sacó el móvil del bolsillo para comprobar la hora. Apenas había pasado la una de la mañana y todavía tenían que llegar a casa. Menos mal que vivían cerca del lugar.
—Me siento como en el instituto, cuando nos escapábamos de las clases para reunirnos con alumnos mayores que tenían problemas con esos ciclos que se realizaban para organizarnos.
Courfeyrac dejó la bolsa con los carteles en el suelo, observando como el resto de carteles de jornadas anteriores quedaba ahí, entre todos los que había podría formarse un cartel completo.
—Démonos prisa. Si nos pillan con cola y los pinceles podemos inventar cualquier excusa, pero los justificar los carteles es mucho más complicado.
—Sí, capitán. — Acompañado a las palabras, Combeferre realizó un saludó militar antes de coger uno de los carteles y sujetarlo en la pared para que su amigo pudiera pegarlo con celo antes de echarle la cola.
Varios carteles después pegados por toda la fachada, derecho estaba perfecta para recibir a los alumnos a la mañana siguiente, al menos a los más madrugadores, porque no confiaban en que ellos, que entraban a segunda hora, pudieran encontrarse con ellos.
Nuevas fotos fueron tomadas por Courfeyrac quien añadió el comentario de "aprovechad mientras podáis verlas. Estos carteles son como estrellas fugaces, si los ves mejor pide un deseo", que tampoco se envió. Sólo esperaba que una vez salieran de aquella zona el móvil no se le quedara bloqueado con la cantidad de mensajes que se podía recibir en apenas unas horas.
—Deja de tomar fotos, y ayúdame. Coge los pinceles, yo llevo el bote de cola. — Dijo mientras le señalaba las brochas que se habían quedado apoyadas en la pared.
Con reticencia, Courfeyrac obedeció antes de echar a caminar por la calle, planeando una excusa más sacada de una comedia americana por si la policía les paraba. Ante la mirada del otro muchacho que simplemente le miraba con cara de no saber qué estaba hablando, pues esta tenía que ver con trabajos para una asignatura en la que tenían que exponer un cartel sobre los derechos humanos.
— ¿Y es un cártel de tres metros? Porque para usar estos pinceles no me puedo imaginar otra forma...
—Calla, yo al menos doy ideas.
—Pasas demasiado tiempo con Grantaire...
Y quizás Combeferre tenía razón.
Por lo pelos
El temor de Courfeyrac porque su móvil explotara en cuanto salieran de la zona vigilada por la policía se cumplió, pues fue fácil saber en qué punto habían cruzado el límite, justo cuando cruzaron aquella tienda de alimentación que tantas veces les había salvado la vida, pues abrían la veinticuatro horas, y a veces a Enjolras se le pasaba por la cabeza preparar la cena. Siempre terminaba en desastre.
— Veo que estás bastante solicitado.
Sin embargo, para extrañeza de Combeferre, el suyo también empezó a recibir la misma cantidad de mensajes que se traducían en numerosas vibraciones. Con recelo, por lo que pudiera estar pasando, ambos muchachos echaron un vistazo al móvil, comprobando primero las numerosas llamadas que tenían de sus amigos, y posteriormente los mensajes.
Al parecer, mientras ellos se encontraban pegando carteles, la policía había acudido al local de una de las asociaciones más politizadas que trabajaban cerca de la universidad, colaborando con el grupo en ocasiones, y les habían requisado todo lo que tenían preparado para la huelga que se iba a llevar a cabo.
Los mensajes se sucedían, aportando en cada uno, o en su mayoría, nueva información que pronto se desmentía o se corroboraba, como supuestas detenciones, que luego Bahorel negó, pues él era buen amigo de la asociación, junto a Grantaire, debido a las fiestas que realizaban en casi todas las semanas para poder costear todo lo que necesitaban; otras de las bulas que había corrido por la noche era que primero el local había sido atacado por grupos de derecha, y posteriormente la policía había acudido, mentira que también había sido desmentida.
Los últimos mensajes que estaban en el grupo, casi la mitad de los que se habían perdido, eran dirigidos a ellos. Nadie sabía dónde estaban, no podían contactar con ellos, y pese a que lo sabían no habían dejado de llamarlos, y temían por la integridad de ellos, por si habían sido detenidos.
Una vez leyeron los numerosos mensajes, ambos decidieron enviar una nota de voz por el grupo, sería mucho más rápido que ir devolviendo las llamadas a todo el grupo para asegurar la integridad, y les parecía muy seco enviar un simple mensaje, bueno, a Courfeyrac le parecía muy seco, pues era lo que Combeferre había propuesto, poco dado a las notas de voz.
— Buenas noches. —Empezó Courfeyrac tras dejar correr varios segundos, pues siempre ya le había pasado que empezaba a hablar antes de que el micrófono se pusiera en funcionamiento y enviaba los audios a la mitad. — Acabamos de leer todos los mensajes, no nos habíamos enterado de nada.
— Por donde estábamos no hemos visto ningún coche, supongo que habrán ido por las callejuelas para evitar llamar demasiado la atención. —Continuó Combeferre intentando seguir el paso de Courfeyrac, pues cuando este se ponía a hablar por la calle solía ir más rápido, acompañando al ritmo de su voz.
—Cobardes. — Murmuró mientras movía el brazo en el que llevaba el teléfono al ritmo de aquella palabra. —Pero no han conseguido lo que buscaban.
—Hemos pegado todos los carteles por los sitios acordados, y creo que como han dado ya su ronda por aquí no volverán a pasar y mañana tardarán más en quitárnoslos.
Mientras Courfeyrac ponía la parte sentimental del audio con sus mensajes que desaprobaban lo que la policia estaba haciendo entrometiéndose en asociaciones que hasta la fecha no habían ocasionado ningún problema, Combeferre ponía la parte racional, explicando todo aquello que habían estado haciendo durante la noche, para tranquilizar a sus amigos, que el trabajo estaba bien hecho.
Tras varios minutos en los que siguieron hablando sobre el tema y otros planes, Courfeyrac terminó por mandar el audio. Mayormente porque vieron que el autobús nocturno estaba en la parada e iban a aprovechar la ocasión, aunque lo cierto es que podrían haber llegado perfectamente andando al piso donde vivían. De no ser por eso, el moreno hubiera seguido hablando hasta que llegaran a casa.
Una vez sentados al fondo del medio de transporte, volvieron a mirar la conversación. El audio había durado cerca de ocho minutos, a lo tonto, y sin embargo, un minuto después de ser enviado Grantaire había enviado un mensaje. Un simple gesto de pulgar hacia arriba. No les hizo falta pensar demasiado para saber que Grantaire simplemente había escuchado el mensaje hasta el momento en el que ambos confirmaban que estaban bien y lo había detenido.
Quizás hasta solo lo había hecho porque se le había olvidado poner el móvil en silencio y el ruido del mensaje le había despertado.
Afortunadamente el resto del grupo, en diversos momentos de la noche, se mostraron más expresivos ante el mensaje que les había enviado.
Nada para la sanidad privada.
Enjolras estaba nervioso. Y cuando Enjolras estaba nervioso mejor era dejarle dar vueltas, cosa que era lo que estaba haciendo. Bossuet había perdido la cuenta de cuántas veces el rubio había recorrido toda la manifestación desde una punta hasta la otra, pero sabía que dedos tenía en una mano.
El nerviosismo de Enjolras se debía a una cosa que Feuilly le criticaba demasiado. Le gustaba apropiarse de luchas que no eran suyas. Y quizás, en parte, tenía razón. Pero es que se sentía en una posición tan poco activa que sino daba vueltas terminaría quitándole el megáfono a uno de los que estaban en la cabeza.
De vez en cuando buscaba a sus amigos, solo para asegurarse de que estuvieran donde siempre, cerca de la pancarta de los chicos de la facultad de medicina donde estaban acompañando a Joly y donde apenas se escuchaba el megáfono; realmente se escuchaba, pero Enjolras no estaba acostumbrado a escucharlo tan lejos.
En cierto modo agradecía que Feuilly estuviera trabajando, aunque al muchacho le gustase casi tanto, o igual que a él, el meterse en una manifestación, fuese para la causa que fuera, pues lo importante era apoyar. Sin embargo sabía cómo se tomaría tantas vueltas que estaba dando. Eran los presentes, Joly, Combeferre, Courfeyrac, Bossuet y Grantaire, y podía jurar que les escuchaba reírse cada vez que se alejaba… Y eso que el último sólo estaba allí porque se lo habían encontrado en el metro cuando se iba a su casa después de terminar sus clases.
¿Acaso empezaba era adicto a la adrenalina que sentía cuando estaba a la cabecera y era él quien llevaba la voz cantante? Casi podía sentirse como R cuando no tenía una cerveza en la mano… Bueno, quizás eso era exagerar.
Encima tenía otros motivos para estar intranquilo. La falta de desobediencia que iban a tener. ¿Cómo se podía terminar una manifestación con la lectura de un panfleto y luego cada uno a sus casas? Y luego lo llamarían lucha activa. No. Enjolras no estaba feliz si no lanzaba una bengala al final de la manifestación y corría delante de la policía
Cuando se acercó de nuevo a su grupo de amigos escuchó a Combeferre hablando acerca de la huelga de marzo y la repercusión que iba a tener la reacción de la policía con las diversas asociaciones que rodeaban la universidad, pues después de lo ocurrido con la asociación amiga de Bahorel, la policía había participado en nuevas operaciones.
Lo que el muchacho de las gafas estaba contando, Enjolras ya lo sabía, pues había sido él quien le había enseñado el mensaje en el que se hablaba de aquello, mas se quedó por si tenía que completar alguna información que daba. A fin de cuenta, era mejor eso que el volver a pasearse por todo el bloque; algunos guardas ya empezaban a mirarle como si estuviera preparando algo, y encima el rubio era bien conocido.
—Al parecer, toda esta actividad policial va a ser denunciada durante la huelga educativa. La mayoría de las asociaciones son como nosotros. —Quizás, hubiera añadido Enjolras, lo único que les separaba era que mientras esas asociaciones sí estaban vinculadas a determinados partidos, la suya no, aunque algunos miembros sí lo estuvieran, pero se cayó. — Temen que primero vayan por panfletos, carteles, cosas materiales, pero el próximo paso que den sean detenciones.
— Entonces ya tenemos claro que va a ser una manifestación con violencia. — Resolvió Grantaire una vez escuchó a Combeferre.
—Deberíamos avisar a la gente que venga. — Comentó Bossuet, pues temía que mucho de los apoyos que habían conseguido en aquellos días se esfumase solo por que se sintieran utilizados para generar una violencia que no deseaban emplear ante las autoridades.
—No va a ser distinta de otras ocasiones, quizás en la parte donde vayan estas asociaciones sí se respire más esta violencia, pero nosotros nos mantendremos en lo que hemos decidido en asamblea. Al menos durante la manifestación, y esto es algo que saben. —La voz esta vez provino de Enjolras, con las manos en la cintura, mirando al frente, pues se habían detenido. ¿Acaso ya habían llegado al final de la manifestación?
Por como la gente comenzó a mandar a callarse los unos a los otros parecía que sí, pues pronto el portavoz de los que habían convocado aquella manifestación comenzó a hablar, exponiendo los problemas que sufría la sanidad francesa, al tiempo que daba las gracias a los participantes y les recordaba que aquello sólo era un paso. Al menos, pese a la pasividad que parecían mostrar, eran consciente de que necesitaban una enorme lucha para conseguir que se les hiciera caso, algo que dejó más tranquilo a Enjolras. No estaba todo perdido.
Una vez que Joly se despidió de sus compañeros de medicina, y de algunos de los profesionales del sector que había tenido la oportunidad de conocer al entrar a aquella parte de la lucha social, volvió con el grupo que seguían hablando sobre los preparativos para marzo, aunque con la intervenciones de tanto en tanto de dónde irían a cenar, pues era algo tarde.
No fue extraño que terminaran yendo a cenar a casa de Grantaire, pues era el que más cerca vivía del lugar donde estaban, y ni Joly ni Bossuet se habían llevado demasiado dinero.
Feuilly se les sumo tras enterarse por medio del grupo de que la manifestación había terminado y los planes que tenían. Enjolras sabía que una parte del muchacho se acercó para saber cómo estaba tras pasar una manifestación que no era su lucha, y era un simple aliado.
Y cuando Grantaire le gritó desde el final de la calle que había sido un culo inquieto, con esas mismas palabras y provocando que varios transeuntes le miraran de extraña manera, lo confirmó.
Para su suerte, Combeferre volvió a tomar la voz dominante para seguir hablando del tema de la huelga, ahorrando volviendo a explicar lo que las otras asociaciones tenían pensado, pues Feuilly también había recibido el mismo comunicado que Enjolras, aunque por otros medios diferentes. Cosas de moverse por los mismo ámbitos, y a la vez tomando partidos de diferentes maneras.
—Entonces tenemos… —Empezó a enumerar Feuilly una vez que escuchó todo. — La policía amenazándonos a nosotros, pero entrando a registrar otros locales de asociaciones.
—Por que nosotros tenemos el Musain y no es tan fácil entrar como en un simple local. —Aclaró Enjolras. — Sin embargo, nosotros tenemos delitos y somos los que estamos bajo la mirada de los agentes. — Y no pudo evitar recordar que la policía le miraba en la manifestación de la que acaban de salir como si en cualquier momento fuera a hacer una de las suyas.
— Sin embargo, nosotros somos los que pegamos carteles que nos quitan, los que casi ni podemos repartir panfletos y a los que nos registran las mochilas. Y ahora vamos a tener que ir con cuidado para la huelga de marzo, porque igual las asociaciones la lían de tal manera que Enjolras y Marius terminan en juicio.
—No somos tan novatos como para que eso nos pase. —Suspiró Enjolras.
— En absoluto. Sólo la policía os tiene mucha ganas. Creo que practican con una diana en la que tienen vuestras fotos. ¿Os imagináis que Enjolras y Marius tienen sus propios carteles de Se Buscan? "Líder de la revolución y su acompañante igual de inconsciente".
En las palabras de Grantaire, pese a la ironía y el sarcarsmo que destilaban, se notaba que no deseaba que fueran detenidos. No estaba del todo seguro que ambos muchachos pudieran aguantar una estancia en una prisión de verdad.
Jehan vs el mundo.
Había pocas cosas que pudieran molestar a Jehan. Que Donald Trump negara el cambio climático era una de ellas, pues si el segundo país en el mundo que más contaminaba no se preocupaba de las repercusiones que sus acciones tenían al medio ambiente, todo el único que perdía era el planeta.
Sin embargo esa mañana Donald Trump no había dicho nada, o al menos no había dicho nada significativo pues seguro que había dicho algo, ese hombre siempre estaba diciendo cosas. No. Lo que encendió la ira de Jehan aquel día había sido sus compañeros de clase.
Todas las mañanas cuando Jehan llegaba a la facultad a primera hora se dirigía a la cafetería para comprarse un café con el que aguantar aquella clase que siempre le dejaba medio dormido, aquel día, mientras esperaba, podía escuchar como varios compañeros de otra carrera que estaban sentados en una mesa comentaban que iban a hacer huelga e ir a la manifestación convocada, cosa que le complació escucha y gracias a la cual se fue a la clase ya no sólo con un café con leche y dos de azúcar, sino también con una amplia sonrisa.
Sin embargo, mientras entraba a su clase la sonrisa se le borró, pues a diferencia de aquellos muchachos, el grupito de su clase que se encontraba hablando fuera del aula no tenía la misma opinión, y sólo hablaban de los vagos que siempre estaban con lo mismo.
Jehan entró en el aula con el ceño fruncido y caminó por entre medio de las mesas hasta llegar a su habitual sitio, donde dejó la mochila, el café y el abrigo. Trezándose el pelo se dirigió a la puerta para cerrarla y colocándose la goma se situó en el centro del aula. Como sospechaba, al momento se abrió la puerta y aquellos compañeros que estaban fuera se asomaron para ver como en lugar del profesor era Jehan quien se había ganado todas las miradas.
—Pasad, pasad. Me gustaría comentaros algo a todos. — Les dijo mientras con la mano les hacía un gesto para que entraran.
Al tiempo que todos tomaban asiento, escribió en la pizarra el día de la huelga y dónde se iba a hacer la manifestación junto con la hora. Sólo con eso ya podía ver caras hastiadas pues ya sabían lo que les esperaba.
—Como muchos ya sabréis hay planeada una huelga para comienzo de marzo, exactamente el día que está ahí en la pizarra. Sin embargo no creo que muchos sepáis a qué se debe...
—A lo mismo de siempre, todas son iguales. —La voz provino de la tercera fila, una compañera había alzado la barbilla para hablar.
—Puede. Pero por eso precisamente cada vez tenemos que sumarnos con más ganas.
—Ya lo habéis intentado, y ¿qué habéis logrado? —Una nueva voz, esta vez de un chico que se solía sentar al fondo.
—Ese es el problema. Que hemos estado separado. Mientras nosotros estábamos luchando por vosotros, vosotros simplemente nos habéis estado viendo. Sin embargo ya es hora de que nos unamos. — Se medio sentó en la mesa, apoyando la rodilla sobre la superficie, gesticulando con las manos intentando mirar a todos, y sin mirar en concreto a nadie, para que nadie se sintiera acusado de algo.
A fin de cuenta, la actitud que sus compañeros tenían era la mayoritaria por aquellos lares y no podía culparlos de nada, salvo de seguir la corriente.
—No hay, aquí, un vosotros y un nosotros. Estamos todos en el mismo barco. Nuestras victorias, son las victorias de todos. Nuestra lucha es la lucha de todos. De los que estamos aquí y de los que vendrán.
Quizás el discurso de Jehan no era tan profesional ni con tantos datos como los que hacía Enjolras, y ni siquiera creía que usara el tono adecuado, pues Jehan cuando se frustraba tenía la desgracia de sonar como si en cualquier momento esa frustración hiciera que se fuera a poner a llorar. Sin embargo tenía la poética que tanto le faltaba a Enjolras, esa habilidad para que mientras las frases de Enjolras quedaran marcadas en las mentes, las de Jehan quedaran marcadas en la historia.
