– Quiero hablar contigo – me dijo Nanami apareciendo en la hora de la salida.

– ¿Eh? Claro – acepté asombrado de que Nanami me hubiera venido a buscar hasta mi grado.

– Ya sales ¿verdad? Vamos hasta tu casa mientras hablamos… – dijo seriamente, buscando un no sé qué en su bolso.

– Cla-claro… – llegué a asentir. Tomé mi mochila y la seguí, dejando a Goenji medio plantado en el salón de clases.

Salimos de la preparatoria y caminamos hacía su casa. Insistí en ello ya que prefería dejarla en su casa y luego irme a mi casa que quedaba unas cuadras más lejos.

La notaba seria, completamente centrada en su mente, pensando en algo que, seguramente, tenía que ver conmigo.

– ¿Qué pasó ayer? Mamoru llegó en la tarde completamente enojado – dijo – Por la noche, escuché como le gritaba a su celular… y cuando tú lo llamabas por teléfono, me pedía que te dijera que no estaba. Por eso creo que tú sabes la razón de porqué anda de mal humor.

– Tu hermano… tu hermano es más imbécil que yo… – dije mirando el suelo, apretando mis puños con bastante enojo.

– ¿Por qué dices eso…? – me preguntó sorprendida.

– Porque es la verdad. Ayer salió de la casa de Goenji en un estado de nerviosismo total. – Dije deteniendo mi paso – salí a buscarlo inmediatamente y traté de tranquilizarlo. Lo único que logré fue que me gritara…

Nanami me miró como asombrada de escuchar ese comentario sobre su hermano. Suspiró y se pasó la mano por frente. – Pensé que solo se comportaba así con mi papá en casa.

– Pues es lo que pasó. Nunca pensé que fuera capaz de pegarme – dije tocándome la comisura del labio, recordando aquella piña que me pegado.

– ¿Y tú qué hiciste para que reaccionara así? – me preguntó desconfiada.

– Se enteró de que yo estaba saliendo con Kidou, además nos vio besándonos – dije sintiéndome un tonto sabiendo que lastimé a Endo con aquel estúpido beso.

– Pe-pero… ¿Por qué rayos le molestó a mi hermano eso? – dijo confundida, levantando algo la voz.

– Nanami, no te hagas… ¡Tu hermano estaba celoso! ¡Y ahora está enojado! ¡Y yo soy un tarado! ¡Y de seguro no me volverá a hablar! – dije en voz alta, pero para mí, para darme cuenta de las cosas y como estaba nuestra situación.

– ¡Mi hermano no es…! – y Nanami se frenó. Parecía no poder pronunciar esa palabra, como le había pasado a mi hermano.

– ¡Sí lo es! – le aclaré.

– ¡No! ¡No lo es! – dijo enojada.

– ¡Que sí! ¡Endo es tan homosexual como Kidou y como yo! – le dije exasperado, volviendo a caminar, aunque más rápido.

– No lo creo – murmuró siguiéndome.

– Pues créelo – murmuré del mismo modo. – Yo estoy enamorado de tu hermano, él está enamorado de mí… No sé si entiendes la situación en la que estoy… – dije tranquilizándome.

– Y entonces… ¿Por qué demonios te mandó al diablo? – me preguntó tocándome el hombro con su dedo.

– ¿Es que eres sorda? Yo estaba SALIENDO con Kidou – le recordé de mal humor.

– Ay, son peores que una novela dramática – me dijo suspirando.

– Ok, gracias… – dije irónicamente.

– ¿Qué? Lo siento… Pero es la verdad ¿o no? Sales con uno, amas al otro, celos amigos y enojos. No me niegues que parece una novela BL. – dijo levantándose de hombros.

Levanté la vista, me di cuenta de que ya estábamos frente a su casa. Suspiré. – Va a ser mejor que entres, yo me largo a mi casa… – dije cansado de aquella plática que no iba a ningún lado.

– Tienes… – Nanami intentó hablar, pero justo llegó Endo.

– ¿Hola? – Dijo Endo indiferente – ¿Les molestaría moverse de la puerta de mi casa para poder entrar?

– Claro – dije dando un paso hacia atrás, dejando que pasara.

Escuché un bufido de Nanami. – Fudo se queda, dijo que me iba a ayudar con unos temas de trigonometría que no entiendo. – dijo la muchacha. – Así que entramos los tres.

Endo me miró con enojo y yo tan solo atiné a seguir a Nanami dentro de la casa. El castaño se dirigió inmediatamente hacía su cuarto y, Nanami y yo, nos quedamos en la sala.

– ¿Por qué dijiste eso? – pregunté sentándome en uno de los sillones.

– Mmm… una cosa es que yo no quiera decir "Mamoru es homosexual" y otra cosa es que yo quiera ver a mi hermano con esa cara de tristeza extrema… – me dijo quitándose la chaqueta del instituto. – Supongo que sabes cuál es la habitación de mi hermano. Debo ir a comprar. Nos vemos…

Y así Nanami me dejó en la casa. Ella se fue y yo me quedé ahí sentado en el sillón. Claramente entendí que me pedí que fuera a hablar con Mamoru. Bufé y me paré del sillón. Dejé mi mochila sobre la mesa ratona que había en la sala y me dirigí hacía el cuarto de Endo con paso bien lento. Podría haber escapado por la puerta, pero ¿de qué me serviría? Ya estaba un poco harto de escapar de Endo.

– No se te ocurra entrar, tiene seguro – me dijo apenas toqué la puerta.

– Sabes perfectamente que soy capaz de falsear el seguro. – le dije.

– Pero también sé que no lo harás. Así que no finjas el papel del chico rudo. – dijo. Escuché el seguro de la puerta e inmediatamente Endo me abrió. – Rectifico lo de ayer, eres un completo imbécil.

– ¿Podemos hablar como personas civilizadas? – le pregunté seriamente.

– Contigo es casi imposible, pero hagamos el intento. – dijo moviéndose a un lado.

Pasé y nos quedamos en absoluto silencio.

Silencio…

Silencio…

Silencio…

Más silencio…

– ¿Estás saliendo con Kidou? – me preguntó.

– Técnicamente, sí… – yo no había cortado aún con él.

–Sabes que te quiere mucho ¿Verdad? – dijo nuevamente bajando la mirada.

– S-sí.

– Y sabes que hace mucho que está enamorado de ti ¿No? – dijo rascándose la nuca, pero sin levantar la mirada.

– Sí, eso también lo sé… – admití.

– Bien… Te dejaré algo en claro, Kidou está enamorado de ti desde que te conoció ¿Bien? Y yo no soy quién para impedir eso. Hace unos meses atrás, mientras yo salía con Fuyuka, admitió tenerme envidia, dijo que tú estabas enamorado de mí. Yo simplemente no le llevé el apunte. Y ahora creo que fue verdad. El punto aquí es que… Yo no soy absolutamente nadie para impedir que salgas con Kidou, lo del beso de ayer fue una simple equivocación ¿Bien? Tú seguirás siendo la pareja de Kidou, y yo seguiré con mi vida. Creo que es lo mejor… – dijo con una falsa sonrisa.

– ¿Mejor para quién? Si tienes vergüenza de lo que eres, dímelo antes. Si te da vergüenza admitir que estás enamorado de mí, simplemente avísamelo y no seré tan idiota de besarte en medio de la calle – dije enojado. ¿Mejor para quién? ¡Yo no quiero seguir con Kidou! ¿Endo era idiota?

– Nadie dijo que yo te amo… no confundas las cosas. El beso… yo simplemente me dejé llevar ¿Bien? ¿Comprendes? Yo no te amo, deberías olvidarme – me respondió con voz pausada.

– ¡No me mientas! – grité exasperado.

– Yo no miento… – me dijo dándose la vuelta, ví como se llevaba una mano a la cara. Quise acercarme, pero inmediatamente me frenó con sus palabras. – Simplemente Kidou merece ser feliz ¿No te parece? Hace mucho viene aguantando el hecho de no ser correspondido, y no se vale que por mi culpa la vuelva a pasar mal. Más que por mí culpa, sería por la tuya, porque eres tú el único que confunde las cosas aquí. Así de simple, yo no te amo.

– ¿Por qué te pusiste así ayer? – retruqué.

– Me pareció que jugabas con Kidou. Aparte tengo muchos problemas, solo necesitaba un detonante para explotar. Perdón por haberte confundido. – dijo abriendo la puerta. – Pero quiero que te quede claro que no siento nada por ti.

Suspiré. Caminé hacía él. Cuando estuve frente a él, le tomé del mentón, obligándolo a mirarme a los ojos.

– Puedes mentir siempre y cuando no mires a la gente a los ojos ¿No? – dije con la voz apagada. Suspiré nuevamente y continué. – Si quieres que me olvide de ti, lo intentaré… ¿Bien? Lo intentaré. Pero luego no me culpes si tú pagas las consecuencias de ello. Endo, tienes 17 años y no puedes escapar de los problemas tan fácilmente. ¡Y tampoco debes renunciar a algo que te hace feliz por una simple amistad!

– Yo no escapo a nada – me respondió sin querer mirarme.

– Pues yo tampoco… – dije tomando con más fuerza su mentón. Le obligué a mirarme. – Yo te amo, sé que tú también a mí… Pero si quieres que te olvide, lo haré, no te preocupes… – completé. Con mi otra mano le acaricié la mejilla y sin más le di un corto beso en los labios.

Me fui de su cuarto y de su casa. Lo que yo quería decir ya estaba dicho. No le iba a rogar que aceptara ser mi amigo, demasiada cobardía me acababa de demostrar.

¿Qué más podía hacer? Endo no quería estar conmigo, yo no podía obligarlo a nada. Sabía que me amaba, pero si él mismo no lo decía, yo no podía obligarlo también a eso.

Así quedamos en la nada…