Un pasado

En el trayecto a casa estuve pensando en lo arrepentida que estuve al no ir al funeral de mí padre, me sentía culpable de no haberlo hecho, pero tampoco quería que la gente que conocía a mi padre supiera que estaba viva, no quería que me hicieran sentir más culpable de lo que me sentía.

A la semana siguiente me arregle y fui al cementerio sola. Quería despedirme de mi papá como correspondía y aunque suene tonto… quería pedirle disculpas por lo que hice.

Al estar en el cementerio era como si ya hubiera vivido algo similar, pensé que fue lo que llaman un Deja vú, un sentimiento extraño se apoderó de mí, era como si la alegría ya no existiera, como si se la hubieran tragado. Me fui a un árbol cercano y me senté, saqué la carta de mi bolsillo y comencé a leerla.

"Bella.

Mi dulce y tierna hija. No sabes cuánto te echo de menos, me haces tanta falta. Sé que la debes estar pasando de maravillas con tu padre y Jacob en Forks.

Te deseo un feliz cumpleaños, después de todo, 18 años no se cumplen todos los días. Me hubiera encantado haber estado contigo. Me coordiné con tu padre para que te entregara tus obsequios. Hijita mía, eres todo lo que pude pedir, inteligente, hermosa, espontanea e independiente. Siempre quisiste hacer las cosas a tu manera y yo siempre te lo permití. Ahora que ya eres adulta puedes hacer tus locuras sin que esté yo para decirte lo que debes hacer o no.

Ya falta poco para vernos otra vez y te vengas a vivir de nuevo conmigo. Encontré un lugar hermoso y una casa con una vista que te va a encantar. Ya pronto estaremos juntas otra vez.

Le dije a tu padre que te cuidara bien, porque si no era así se las vería conmigo.

Te amo hija. Sigue pasándolo bien. Salúdame a Jacob de mi parte y a tu padre."

Después de leer la carta, me quedé estupefacta. Como en todo este tiempo no se me ocurrió en buscar a mi madre. ¿Pero quién era Jacob? ¿Sería mi hermano, hermanastro, primo o quizás un amigo? Si tan solo pudiera recordar algo todo sería mucho más fácil. Sentí como mi piel se erizó al imaginar cómo había sido mi vida antes de tratar suicidarme. Mi mente no dejaba de pensar en cómo mi padre tomó su pistola y la puso en su cabeza jalando del gatillo. Comencé a mirar el cielo y a mi alrededor y me percaté que alguien se aproximaba hacia mí. Me levanté lo más rápido posible y me fui del lugar. Escuché un grito que me llamaba por mi nombre, traté de seguir corriendo sin darme vuelta pero ya era tarde, la persona que me llamaba estaba a un metro de mí.

Jacob: ¿Bella? ¿Bella eres tú, de verdad eres tú?

Me di vuelta y lo miré. – Supongo. ¿Tú quién eres? – dije extrañada.

-¿Cómo que quien soy? Bella soy yo… Jacob. – su voz era un tanto excitante.

-¿Jacob? – ¿podría ser él la persona de la que hablaba mi madre en su carta?

-Bella… ¡Estas viva! ¡Pero como! Todos pensamos que estabas muerta incluso yo… - me dio un abraso tan fuerte que apenas pude respirar. – lo miré extrañada. Era obvio que me conocía y quizás a mi padre también. – ¿Bella que pasa? ¿No me recuerdas?

- Lo siento… es que perdí mi memoria. No recuerdo nada. – me sujeté mi cabello y lo miré a los ojos. Jacob era un hombre de mas o menos mi edad, era tal vez uno o dos años mayor que yo y de estatura como de 1.70, tez morena, ojos verdes, de pelo negro, corto y medio desordenado.

-¿Nada de nada? – me volvió a mirar de forma extrañada.

-Sí, nada. Disculpa supongo que tú eres el Jacob que habla mi madre en esta carta. Tú sabes donde esta… - me interrumpió.

-Bella, lo siento pero me tienes que contar algunas cosas. ¿Dónde estás viviendo, con quien, porque estás aquí, porque no estás viviendo en tu casa? – todas esas preguntas me hicieron olvidarme de la pregunta que le iba a ser.

-Ok. De una pregunta y responderé lo que más pueda. – quería hacerlo pero también quería que el respondiera las mías.

-¿Qué fue lo que te pasó Bella, por qué desapareciste?

- Con exactitud no sabría decir que fue lo que me pasó. O sea sé que salté de un acantilado y que estuve a punto de morir, pero una familia me encontró y desde entonces me estoy quedando con ellos. Y la razón por la que desaparecí fue porque no quería que la gente que conocía a mi padre o a mí me echara la culpa de lo que pasó, no quería sentir más culpabilidad de la que sentía. No recuerdo como era mi padre, no recuerdo a mi madre, no recuerdo la razón del porqué hice lo que hice, no recuerdo nada. Quisiera poder recobrar mi memoria pero se me ha hecho difícil, es un dilema para mí tener que armar los pedazos de mi vida… una vida que no recuerdo. Si tú me conoces lo suficiente te quiero pedir un favor. Responde todas mis preguntas sin pensar en cómo voy a reaccionar. Necesito ayuda.

Me observó de manera triste. – No puedo hacer eso. Bella, no es por ser mala persona, pero no puedo.

-Por favor Jacob. Te lo suplico. Me he enterado de cosas horribles, pero mírame aquí estoy.

-¿Qué cosas sabes? – Suspiró. – ¿Sabes lo de Charlie?

- Sí. Sé que se suicidó al no encontrar mi cuerpo y al pensar que estaba muerta.

-¿Sabes cómo?

Asentí con la cabeza. – Disparándose. – al decir eso lo miré a sus ojos y él quedó un poco preocupado por la forma en que lo dije.

-Eso es todo lo que necesitas saber Bella. No es necesario que sepas más.

-¿Jacob… que hay de mi madre? ¿Tú la conoces? ¿Sabes dónde está?

-Bella, no quieres saber eso. – lo miré extrañado. ¿Cómo no iba a querer saber eso?, si era mi madre y ahora podría estar con ella como lo decía en la carta.

-¿Cómo que no quiero? Claro que quiero saber mira. – le enseñé la carta. – aquí dice que estaríamos juntas otra vez. Por favor dime.

-No puedo Bella.

Miré el cielo, ya estaba nevando, miré a Jacob enojada, me levanté y me fui.

-Gracias… por nada. – le dije en un tono sarcástico.

Jacob se levantó y fue a buscarme. –Bella por favor no te vayas…

-¡Para que quieres que me quede aquí si no responderás a ninguna pregunta sobre mi madre! ¡No me sirves de nada! ¡Ni siquiera te conozco, no sé porque confié en ti!

-¡Porque ella fue la causa de todo! – quedé pasmada. ¿Cómo pudo haber dicho eso? Me quedé quieta, casi sin moverme. Jacob se puso al frente mío. - Bella, tu madre fue la razón de todo. Por eso tú saltaste del acantilado.

-¿Por qué dices eso Jacob? – mi vista comenzó a nublarse y mi voz era temblorosa.

-Por qué ella tuvo un accidente de auto hace 8 meses atrás y tú estabas muy deprimida. Por eso saltaste Bella, porque no lo soportaste, no soportabas el dolor, no querías nada. Durante 2 meses estuve visitándote para saber si estabas bien. Iba todos los santos días a verte, aunque tú no quería salir de tu cuarto. Traté de estar a tú lado siempre, pero me alejabas todo el tiempo y cuando me enteré que habías desaparecido, que encontraron tu auto en el acantilado y que habías saltado, yo no lo podía creer, había perdido a la persona más importante en mi vida, no dejé de buscarte en el mar, siempre tenía la esperanza de por lo menos encontrar tu cuerpo… pero ahora estás aquí Bella, estas viva, estas… radiante como nunca te vi. No quiero perderte una vez más, prefiero morir que perderte de nuevo.

Traté de contener mis lágrimas pero me fue imposible. Solo miraba el suelo y no dejaba de sollozar. Sentí como sus brazos me rodearon quedando mi cabeza su pecho. Lo abracé también. Sentí que moriría, ¿porque mi vida era tan trágica?

- Jacob… hazme un favor ¿quieres?

-Lo que sea.

-Aléjate de mí… todos al mi alrededor mueren.

Sentí como se reía. – Bella no me alejaré de ti, no ahora que te tengo con vida y en mis brazos. Tenemos mucho de qué hablar. Ayer para todo el mundo estabas muerta y hoy estas aquí conmigo. Han pasado 2 meses que no sé nada de ti, 2 meses en los cuales yo aún buscaba tu cuerpo en el mar pensando que estabas muerta. Pero hay que salir de la nieve o te vas a resfriar. Ven.

Fuimos al pueblo y pasamos a un café exprés que estaba cerca del cementerio. Estaba pensando en Edward, quizás estaría preocupado por no saber mi paradero, además he estado todo el día fuera de la casa. Al entrar al café con Jacob de alguna forma me sentía tranquila de lo que estaba haciendo, aparte no estaba haciendo nada malo como para que Edward se enojara conmigo.

Bella – miré a Jacob con cara de duda. – Cuéntame que has hecho estos meses que has estado desaparecida. – al decirme eso quería decirle lo bien que lo he pasado y lo feliz que he estado, quería decirle que la fantasía si era realidad, que si existían los seres mitológicos, pero no podía, no podía poner en riesgo a la familia que me acogió con los brazos abiertos en su casa y sobre todo no podía hacerle eso a Edward.

Bueno Jacob… no hay mucho que contar. A pesar de todo lo que he pasado, me he sentido bien, prácticamente feliz, he conocido gente maravillosa que me acogió y me abrió las puertas de su casa como si yo fuera alguien más de la familia. Me siento tranquila y plena, quizás muy distinta a como me recuerdas. – Jacob me miró y sonrió. No me había percatado lo hermosa que era su sonrisa.

-De hecho sí. Te veo muy distinta a como estabas la última vez que te vi. Te ves… serena y atractiva, el recuerdo que tengo de ti… bueno… estabas flaca, pálida y fea. – dio una sonrisa moviendo su cabeza, y dio un suspiro. – Además estás más elegante, nunca te vi con ese estilo de ropa que llevas ahora, solías llevar camisa a cuadros, jeans y zapatillas de lona. Creo que ese golpe en tu cabeza te hizo cambiar definitivamente todo en ti y no es que me alegre… bueno en parte sí, porque hace mucho tiempo no te veía tan alegre, ya sabes, la Bella de siempre, pero igual me entristece que no recuerdes nada.

-Creo que si saque algo bueno de todo esto. – sonreí. Cambié y creo que fue para mejor. – Oye Jake. – suspiré. – ¿crees que sea posible que nos juntemos otra vez? – me dio una sonrisa prácticamente de oreja a oreja. No sé por qué sentía un poco de atracción hacia él si yo quería a Edward. No sé por qué me sentía tan nerviosa al estar frente a Jacob pero cada vez que me miraba fijamente a los ojos con esos ojos verdes y grandes sentía escalofríos.

Claro, me encantaría. - Jacob sonrió un poco nervioso, pero a la vez un tanto entusiasmado. - ¿Bella por qué no estás viviendo en tu casa? ¿Sabes dónde está tu casa, cierto?

Moví mi cabeza asintiendo. – Se donde vivo y entré a ver, pero no puedo vivir ahí, me da nostalgia. – no podía vivir en esa casa yo sola, me daba cosa de tan solo pensarlo. Además ya estaba acostumbrada a convivir con gente y no quería estar lejos de Edward.

-¿Bella, te pudo hacer una última pregunta? ¿Tienes novio?

No quería decirle pero era lo correcto. – Si, Jacob, si tengo novio. – me miró con una cara de decepción que no podía ocultar, era evidente que él se había enojado y entristecido por mi respuesta. No quise torturarlo más además vi mi reloj y ya era tarde, la hora se me fue volando. –Mm Jacob lo siento pero tengo que irme, deben estar preocupados por mí.

-¿Quién tu novio? – me dijo sarcásticamente.

-Sí, ¿algún problema?

-No…

-Adiós Jacob. Gracias por todo. – le sonreí.

-De nada.