EL REGRESO DEL MUGGLE SABUESO

Capitulo once: Confesiones

— Puies sí que fue un duro golpe Luna — dijo Harry —. Recuerdo que estuviste llorando mucho, y que no quisiste vernos por un tiempo.

— Cierto — dijo la rubia —. Cuando volví a casa, no quería ver a nadie, quería morirme, deseé tantas cosas feas… Pero curiosamente, nunca dije ni sentí ganas de maldecir a Rocky.

— Guau. Eso es amor del bueno — dijo Ron, volteando a ver a Hermione —. Es casi igualito al nuestro, ¿verdad amor?

— En el amor no hay comparaciones Ron — contestó la castaña, acurrucándose en brazos de su esposo —, pero en este caso, podría asegurarte que tienes razón.

— ¡Ja, ja, ja! — rió Luna —. Y luego dicen que somos nosotros los que derramamos miel.

Los Weasley se sonrojaron tanto que parecía que iban a estallar, pero terminaron riendo también por la ocurrencia.

— Y tú Rocky, ¿cómo hiciste para desaparecer así? — preguntó Ginny —. Según recuerdo, no eres mago.

— Cuestión de lógica, amiga — dijo el sabueso —. Si Luna me vio salir, lo lógico era que pensara que me había ido a la calle, pero en realidad hice lo contrario. Subí por la escalera de incendios hasta la azotea, y me quedé allí hasta que ya no pude percibir ningún olor de magia de ustedes.

— Sabía que eras un hombre de recursos — dijo Hermione como un cumplido —. ¿Y qué hiciste mientras tanto.

Rocky cerró los ojos y suspiró largamente antes de contestarle a la castaña.

— Pues… lloré, y me aguanté las ganas de regresar, y abrazar y besar a Luna por la fuerza.

— ¡Oh amor! — dijo Luna enternecida —. Si hubiera sabido que estabas tan cerca, yo… yo…

— El hubiera no existe, amor — le dijo Rocky a la rubia con ternura —, y si hice lo que hice, fue siempre pensando en lo mejor para ti. En ese momento yo ya no importaba…

— Tú me importabas Rocky — le dijo Luna —, y me importas todavía. Yo era la que se sentía peor que una cucaracha, no quería que estuvieras al lado de una mujer que sería señalada siempre por haber sido viol…

— No me hubiera importado — contestó el sabueso interrumpiéndola —, porque a mí quien me interesa eres tú Luna, estando a tu lado nada más importa.

Rocky le dio un beso de amor tan cálido, que hizo que los demás se acordaran de aquel día en que se hicieron la promesa de casarse. En eso, fueron interrumpidos por fingidas expresiones de ternura.

— ¡AAAAAhhhhhh, qué romántico! — escucharon todos. Eran los hijos de Rocky, Selene y Rick; que estaban escuchando en la mesa de junto sosteniéndose la cabeza con las manos y los codos apoyados en la mesa, haciendo ojos de "enamorados". Su padre intentó reprenderlos.

— ¡Oigan ustedes dos! — les dijo fingiendo enojo — ¿Me pueden decir qué rayos hacen ahí, escuchando conversaciones de adultos? ¿Y dónde dejaron a los pequeños, no les dije que los vigilaran?

— Nos acabamos de sentar papá — dijo Selene, mientras su hermano asentía con la cabeza —, y los niños ya se cansaron, están allá, míralos.

Los adultos voltearon hacia donde señalaba la adolescente, y vieron sonrientes a Helm, James y Ray acurrucados entre sí sobre una mesa, tratando de abrigarse con el mantel. Rocky se levantó para ir por ellos, y pidió a Ron permiso para meterlos en la casa para que durmieran un rato.

— Claro Rocky, puedes acostarlos en mi habitación — contestó el pelirrojo.

— Gracias amigo. Volveré en un momento — dijo el sabueso, retirándose.

— Mamá — dijo Rick —, antes de que papá vuelva, ¿podemos quedarnos a escuchar el resto de la historia que estabas contando? Por favor.

— Ya, ya, está bien — les dijo Luna amorosamente —, pero si su padre regresa y los regaña, no me pidan que los ayude. Lo hago bajo su propio riesgo, ¿de acuerdo?

— De acuerdo mamá — contestaron los gemelos al unísono.

EL MOMENTO DE LA VERDAD

Durante un tiempo, estuve muy deprimida para pensar en hacer algo. Sentía mi corazón tan roto que a veces hasta se me figuraba que me dolía el pecho, y en esos momentos quería llorar, quería gritar, quería desahogarme de tanta pena que llevaba por dentro. Nada me consolaba, y ustedes amigos se desvivieron por reconfortarme, cosa por la que les estoy muy agradecida. Empecé a sentir desgano, ya no quería nada de esta vida, y comencé a desear no vivir más, pues no tenía caso estar así, sin sentir al amor en mi corazón…

Ustedes amigos se dieron cuenta de esto a tiempo, antes de que pudiera cometer una estupidez; y me acompañaron en el viaje a casa. Recuerdo el momento en que nos despedimos de los hermanos de Rocky, y cómo nos desearon buen viaje, Donna me abrazó tan fuerte que hasta me sacó el aire, estaba muy triste por como habían terminado las cosas. Los gemelos me dijeron que hablarían con Rocky para tratar de convencerlo de que volviera, pero lo difícil iba a ser encontrarlo, pues por su trabajo era muy bueno ocultándose. Durante el viaje no quise hablar de nada, no quería llorar por el recuerdo.

Ya instalada en casa, decidí no contarle nada a papá sobre lo que pasó en Nueva York, al menos por el momento, mientras se me pasaba la depresión. Pero ésta parecía no querer abandonarme, pues todo me recordaba a Rocky. Pero me encontré una sorpresita que papá me tenía preparada: Construyó una especie de lago artificial pequeño, a semejanza del de Hogwarts; en homenaje póstumo a Rocky, a quien aún creía muerto. El lago tenía algún tiempo de contruído, y empezaban a habitarlo insectos y algunas pequeñas ranas y peces. Le dí las gracias a papá, y casi sin querer comencé a pasar las tardes a la orilla de ese lago, sin hacer otra cosa que pensar y soñar con Rocky.

Así, pasó alrededor de una semana, y una tarde que estaba reflexionando en el lago me quedé mirando el agua, y luego mis manos. En ellas llevaba un sobre cerrado con los resultados de un análisis de embarazo, que Ginny me aconsejó hacerme sólo por si acaso. Cuando me lo entregaron, me dio mucho miedo abrirlo, y me lo llevé así a casa, y ahora estaba allí; pensando en que era eso lo que me tenía en ese estado de angustia, de incertidumbre, deseando morirme. Me quedé mirando el sobre, y luego reparé en que aún traía puesto el anillo de compromiso de Rocky. Y entonces me dí valor, y abrí el sobre, para leer muchas veces el contenido: Posibilidad de embarazo, CERO. Resultado, NEGATIVO.

En ese momento solté el llanto. Y pensé "Rocky me lo dijo, y no lo escuché, todo por ese maldito mortífago, si le hubiera dado oportunidad a Rocky. Mi amor, ¿dónde estás? Te necesito tanto…" Pero yo sabía que de nada valía ya que llorara, eso no me devolvería al amor de mi vida, así que me quité el anillo y lo puse en el sobre, lo cerré y estiré la mano para dejarlo caer en el lago, pero algo me hacía dudar, y no me decidía a soltarlo. En un momento dado, cerré los ojos y, cuando ya el sobre resbalaba de mis dedos, sucedió algo fantástico. Una linda rana color verde esmeralda salió del lago, saltando a mi mano y con su boca me arrebató el sobre, quedándose quieta mientras lo sostenía con firmeza. De inmediato dejé de llorar, y automáticamente le empecé a hablar al animalito.

— ¿R-Rocky? ¿E-eres tú? — le dije titubeante. La ranita sólo me veía sin moverse.

— Si eres tú, déjame decirte algo — comencé a decirle, al ver que se quedaba en mi mano —. Yo-yo quisiera decir que… que siento mucho lo que pasó en Nueva York… Yo en realidad no quise… no quería que… que te fueras… Yo no sabía qué sentías, y fui una egoísta, una malvada, me tengo merecido el que te hayas ido. Pe-pero ahora, quisiera pedirte… pedirte perdón… quiero que vuelvas, que estemos juntos, yo ya no puedo seguir así, no puedo vivir sin ti…

La rana se limitaba a mirarme, y cuando dejé de hablar para enjugarme una lágrima, empezó a croar. Dejó caer el sobre al suelo, y volteándose saltó al agua, para volver a salir a posarse en una hoja de lirio acuático a unos pasos de donde estaba, ya dentro del agua.

— ¿Rocky? Rocky, por favor, no te vayas de nuevo. Quiero oír tu voz, quiero escuchar que me perdonas, por favor… — comencé a suplicarle a la rana, y sin ver lo que hacía me introduje en el lago, hasta que tuve las piernas cubiertas por el agua. De repente, escuché una voz.

— Bésame.

Lo escuché fuerte y claro, y se me hizo una voz muy conocida. Creí que era la rana quien me estaba contestando al fin, y que Rocky, en forma de rana, me había perdonado ya.

— ¿Qué dijiste? — pregunté alzando un poco la voz.

— Bésame — repitió la voz, la cual me parecía que provenía de la rana, aunque no había visto que moviera la boca.

— Espera, espérame Rocky, allá voy — le dije a la rana, metiéndome al lago con tanta rapidez como pude. El agua ya me cubría hasta la cintura, pero no me importó. Me acercaba ya con cuidado al animalito, preparando mis labios para darle un beso; cuando escuché la misma voz, solo que ahora provenía de detrás de mí.

— Je, je, je. Caíste, tontita.

Me quedé quieta un segundo, y al siguiente giré para ver al bromista, llevándome la mayor de las sorpresas. Ahí, a la orilla del lago, sentado en cuclillas estaba Rocky, el amor de mi vida, que sonreía mirando mis esfuerzos por besar a un batracio desconocido.

— ¿Pe-pero, q-qué haces allí? — le dije, pues fue lo primero que se me ocurrió.

— Pues… nada. Sólo te miraba — me dijo sin dejar de sonreír.

— Bueno, pues no te quedes ahí. Ayúdame a salir.

Yo me alegré, y luego me enojé, pues se estaba burlando de mí. Me tendió la mano para ayudarme a salir del lago, y aproveché para jalarlo, haciendo que perdiera el equilibrio y cayó de lleno al lago.

— ¡Ja, ja, ja! ¿Ahora quién es el tontito? — le dije burlándome, mientras se enderezaba.

— Je, je. Pues creo que yo — me dijo levantándose para sacudirse el agua. Entonces vi lo que había hecho. En la frente de Rocky brotaba sangre, de un considerable chichón que empezaba a hincharse.

— ¡Mi amor, qué hice! — dije asustada —. Perdóname, n-no quería hacer eso, yo…

— Ya, ya, no te preocupes, no pasa nada — me dijo para calmarme, y al hacerlo quiso caminar, pero daba los pasos como si caminara en la cuerda floja, lo que me anunció que se había mareado por el golpe. Entonces, por reacción lo abracé, y lo guié hasta la orilla del lago, donde nos sentamos a sacudirnos el agua, y yo le daba masajes en el chichón, tratando de que no siguiera hinchándose.

— Perdóname Rocky, por favor, perdóname — le repetía constantemente.

— Ya pasó linda, no te preocupes — me decía él, tratando de levantarse, pero yo no lo dejaba —. Tal vez mi hermanita Jean tenga algo…

— ¿Eh? ¿Jean está aquí? — le dije incrédula.

— Bueno, no aquí, pero sí en mi casa de Hogsmeade. También están Dean y Donna.

— ¿Y qué hacen todos aquí? Pero principalmente, ¿qué haces tú aquí?

— Yo… vine por ti Luna.

Al oír aquello, mi corazón dio un vuelco. Me pareció que los pedazos en que se había roto estaban reuniéndose de nuevo.

— ¿En serio?

— Sí. Perdóname por haberme ido así de tu lado, pensaba que era lo mejor, que era lo que deseabas, pero mi corazón no soportó estar sin ti.

— Bueno… gracias por haber venido. ¿Qué tanto escuchaste hace un rato?

— Todo. He estado aquí desde que llegaste con ese sobre.

— Oh sí, el sobre. Aquí dice que…

— Que no estás embarazada. No hace falta que lo leas, yo ya lo sabía.

— ¿Cómo es que tú supiste…?

— ¿Sobre eso? Bueno, luego de que me fui dejándote, interrogué de nuevo al mortífago, pero con métodos… digamos que un poquito menos gentiles. Me dijo todo lo que necesitaba saber, y sobre todo me confirmó lo que sospeché; que cuando te dijo que estabas embarazada estaba mintiendo, y algo más. Él nunca te mancilló Luna, nunca te violó.

— ¡¿EEEEHHHH, CÓMO DICES?!

— Lo que escuchaste Luna, él nunca te hizo nada más que manosearte, porque sólo quería usarte como carnada para atraerme a sus trampas. Estaba tan cegado por el deseo de venganza, que nunca hubo otra intención en su cabeza que hacerme mucho daño, y qué mejor manera de hacerlo que haciéndome creer que había abusado de quien yo más he amado, de ti Luna.

Me quedé helada. Era una revelación que me devolvió la esperanza, y sabía que Rocky no mentía.

— E-entonces, entonces yo-yo no estoy…

— Así es Luna, no esperas un bebé mortífago. La única persona que te ha tocado he sido yo.

— Pe-pero, ¿por qué no lo dijiste antes?

— Porque no estaba muy seguro todavía, me guiaba por mis instintos de sabueso, así que tenía que confirmarlo primero. Pero de todas formas, te lo dije creyendo que así me comprenderías, pero como no querías tenerme cerca…

— Estaba muy confundida. No sabía cómo tomarías el hecho de que estuviera embarazada, y más por una violación. No quería que me rechazaras, no iba a poder soportarlo, tenía miedo Rocky, mucho miedo… Por eso no quería que me tocaras, para que poco a poco te separaras de mí, porque yo ya no me sentía que te mereciera.

— Sabes que siempre cuentas conmigo, ¿o ya se te olvidó que la palabra de amistad de un sabueso es para toda la vida? Ahora imagínate hasta dónde llega un sabueso que siente amor.

— Tienes razón cariño. Te amo, te sigo amando mucho, eres el dueño de mi corazón.

— Y tú del mío Luna, yo también te amo…

Y entonces, nos miramos a los ojos, y nos acercamos lentamente el uno al otro, y nuestras bocas se fundieron en un beso, lleno de toda la pasión que habíamos encerrado dentro de nuestras almas, y que ahora salía por cada poro de nuestra piel. Estábamos en lo mejor del beso cuando una voz nos regresó de las nubes a la tierra.

— ¡Guaaaaaauuuuu, qué romántico!

Abrí los ojos, y miré a todas partes sin descubrir a nadie, luego miré a Rocky, quien estaba tan sorprendido como yo. De pronto, sin saber cómo, supimos de dónde venía la voz, y giramos la cabeza al mismo tiempo hacia el mismo lugar. En la copa de uno de los árboles del jardín vimos colgar un par de pies muy conocidos; eran de Donna, la hermana de Rocky, quien al bajar del árbol noté que traía una cámara de vídeo y no dejaba de grabarnos con ella.

— ¿Donna? — dijo Rocky con sorpresa — ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste?

— Una pregunta a la vez hermanito. Sí, soy Donna, estoy grabando recuerdos para ustedes, y te seguí el rastro. También soy sabueso, ¿o ya se te olvidó?

Rocky iba a replicar, pero otra voz cercana lo interrumpió.

— No todo eso es cierto Rocky. Nosotros los trajimos.

La voz era la de Harry Potter, y venía acompañado por Ginny, Hermione y Ron, quienes llegaron desde mi casa, al parecer habían aparecido por polvos flu. Mi padre los veía desde lejos, en la puerta del jardín.

— Un momento — dije a los recién llegados — ¿Los trajeron? ¿A quiénes más?

— A nosotros también — dijeron Dean y Jean, bajando de otro árbol. Al parecer estábamos todos, pero me esperaba otra sorpresa más. Cuando Donna bajó, vi que le hacía señas al árbol donde estaba, y la copa se movió ruidosamente, hasta que un bulto cayó, y vi con sorpresa que se trataba ni más ni menos que de Goyle, quien estaba muy cambiado. Ahora se veía fornido, no gordo, y mucho mejor vestido que antes. Ante la sorpresa, Donna nos explicó muy a su manera.

— Amigos y familia, tengo el honor y orgullo de presentarles a mi novio, el bonachón Goyle.

Ahora sí que estábamos sorprendidos. Rocky y sus hermanos, porque nunca le habían conocido un novio formal a Donna; y nosotros, porque nunca nos pudimos imaginar a Goyle como novio de alguien. Realmente había mucho qué contar.