San Valentín de perros
Disclaimer: Todo lo que reconozcan es de Jk Rowling. Yo sólo me adjudico la trama.
Nota 1: Gracias a TedyMellark, samj, Venetrix y alissa-2012 por sus comentarios en el capítulo anterior.
Nota 2 "Lo curioso": El nombre Henry Cavil viene de un actor que se llama así. Británico para más inri. Es el que protagoniza la nueva película de Súperman. Otro de sus trabajos es en una serie llamada Los Tudors, muy buena.
Nota 3: Este capítulo tiene partes en que hay formato de diario. No hablo del diario de Tom Ryddle, aunque hay menciones a este. También hay tachaduras y borrones. Que escriben con tinta, vamos. Podría haberse eliminado con magia, pero entonces le quitaría la esencia a las páginas del diario.
Nota 4: Este capítulo tiene muchos tiempos mezclados. A veces pasado, a veces presente. Estén pendientes y atentos.
Ahora dejo de hablar y les presento el onceavo capítulo de Infierno VIP:
San Valentín de perros
"Estimado" Diario
Julio, 1997
Detesto los diarios. No es nada personal, en serio. Fue sólo una mala experiencia. Ya está superado todo. Pero eso no cambia que detesto los diarios.
Te preguntarás porque escribo en tus páginas entonces, ¿verdad? Ni yo misma lo sé. Me lo regaló mi tía Muriel. "Para que escribas tus secretos y algún día se los leas a tu hija. Aunque no estoy segura que vayas a tener hijas, la verdad es que…" Y bla bla. La tía Muriel es así: realmente irritante.
De todas formas dirás que no es razón suficiente. Y tal vez tengas razón. Pero te aseguro que no sé que más decirte.
Hasta la próxima, supongo.
-o-
Mi nada estimado diario
Agosto 1997
Harry, Ron y Hermione se han ido. Se fueron ayer en la noche. Los mortífagos los buscaban, pero ellos fueron más rápidos. Espero que estén bien. Espero que estén en dónde estén, estén bien.
Fleur está furiosa, su boda fue ligeramente arruinada por los seguidores de Voldemort. Casi me da pena, casi… Bill ha intentado calmarla por todos los medios. Hasta mamá ha puesto de su parte. Hoy al mediodía se marchan a su nueva casa. Creo que Fleur quiere poner tierra de por medio para no recordar el asunto de su boda.
Qué remedio. Adiós.
-o-
Mi poco estimado diario
Septiembre 1997
Hogwarts por fin. Aunque hay muchos cambios. Severus Snape ahora es director. Imagino que su cabeza grasienta se pega en el escritorio del antiguo director Dumbledore. Ojalá.
Tenemos dos nuevos profesores: Alecto y Aymcus Carrow. Sólo puedo decir que son desagradables y que es la última vez que los escribo aquí.
Hogwarts ha cambiado demasiado…
Nox
-o-
Mi siempre contradictorio diario
Diciembre 1997
Te he abandonado. Lo siento. Bueno, la verdad es que no.
Muchas cosas han pasado desde la última vez que escribo. Ay, Tom no sé ni que estoy haciendo.
…
…
…
Tom… ¿Por qué he escrito Tom? Tú no eres Tom, no eres él. No eres él. Y sin embargo… Y sin embargo me siento cómoda escribiendo Tom. Tengo la seguridad que las palabras no van a desaparecer. Tengo la seguridad que no estoy poseída. Tengo la curiosidad que eres un objeto completamente inanimado. Te llamaré Tom, entonces. Sí, así lo haré.
¿Por dónde estaba? Ah sí. Iba a contarte lo que me ha pasado. Bueno, ya sabes que Hogwarts no es lo mismo. No tienes forma de saber cómo era antes, pero bueno… He tachado eso, creo que es lo mejor. Ahora sí. Hogwarts no es lo mismo. Hay opresión. Afuera y adentro se vive una guerra. Y nosotros no vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras la guerra transcurre. Somos el Ejército de Dumbledore. Ya te contaré que es eso.
Yo tampoco soy la misma y todo por Draco Malfoy. Draco Lucius Malfoy… Vamos, quién le pone esa clase de nombre a su hijo. Pobre… No, borra eso. No, no puedo pensar en Malfoy como alguien pobre. Nunca. Jamás. Malfoy es en absoluto pobre. Debo estar perdiendo la cabeza. Borra eso también. Malfoy es un problema. Listo ya lo he dicho. Es un problema completo. Y lo peor de todo el caso es que es mi problema. Borra eso también.
Draco… No, olvídalo. Me rehúso a llamarlo por su nombre de pila. No lo escribiré para ti, Tom. Entre nosotros es sólo Malfoy. ¿Por dónde iba? Malfoy es un arrogante. Y un idiota. Le gusta provocarme. Hacerme la vida de cuadritos. Molestarme. No lo soporto. Bueno, la verdad es que No, no lo soporto y listo. Tom, en serio que Malfoy me saca de mis casillas. Agradezco que sea Navidad, en serio. Aunque hay mucha tristeza. Hay muchos que faltan. Ron, Harry, Hermione, Percy Olvida el último nombre, por favor. Lo voy a tachar para no tener que verlo. ¡Listo! Ya lo hice. Me quito un peso de encima.
No puedo dejar de pensar en él, Tom. A pesar de que sé que tengo que hacerlo. A pesar que… Olvídalo, ya estoy divagando. Siempre te parece gracioso que divagara, ¿no? ¿O te pareció cargante? Seguro que te pareció irritante. Se me va la olla Hay que tachar eso también. Ya lo hice.
Tengo que irme, mamá me llama.
Nox
(¿Te molesta que cierre con "Nox"…? Olvídalo. Olvidaba que no me podías contestar).
-o-
Mi poco estimado diario
Noviembre 1997
Malfoy es un idiota, Tom. Cree que puede perturbarme. Será listo. No le tengo miedo. Hoy me llevó a la enfermería. ¿Qué se cree? ¿Un héroe? No es un héroe. No lo es. Y yo no soy una damisela en apuros.
Debo concentrarme más. Un descuido como el de hoy y puedo despedirme del mundo. Taché eso. No va a pasar nada porque me voy a concentrar y… El caso es que debo concentrarme. No olvidar que es con Malfoy con quien lucho. No olvidarme que es una serpiente rastrera. No puedo olvidarme de ello por mucho que el tipo sepa besar como los dioses Tacha eso también. O mejor, yo lo tacho…
Ojalá Malfoy fuera tan fácil de tachar como estas palabras… ¿No lo crees, Tom?
Olvídalo. Estoy volviéndome loca. Adiós.
Diciembre 1997
Acabo de ver está página. Supongo que salté la anterior cuando escribí. Es un problema que no me pasaba antes, Tom. Tú no me dejabas.
Nox
Posdata: Me gusta esa palabra.
Posdata 2: Y ni siquiera sé por qué.
Posdata 3: Ya acabo. Nox.
-o-
Querido Diario
(Te das cuenta que te dije "Querido, ¿no? No te acostumbres, ¿ok? Cualquier día de estoy puedo volver a los "poco estimado")
Detesto a Draco Malfoy. No, no es verdad. O bueno sí. O tal vez. No sé. Ya no sé. Ni siquiera sé cómo poner en palabras lo que siento. Este es el momento en que las palabras no me bastan. Porque es tanto y demasiado… No, no… no es eso. No sé. Ya no sé nada. Supongo que es mejor que intente poetizarlo. Sí, tal vez eso sería lo mejor…
Sólo existe el silencio.
Sólo existe esa niebla oscura y fría.
Sólo existe esta opresión que me atrapa y me paraliza.
Y en centro de todo…
En el centro de todo está él.
Tan fuerte. Tan arrogante. Tan él.
Él está en todas partes. Llena todos los espacios.
Parece pegado a mi piel.
¿Pero por qué? ¿Por qué esto? ¿Por qué así? ¿Por qué ahora?
No lo entiendo. Y quiero hacerlo. Y no puedo.
Y sólo puedo imaginar.
Quedarme quieta mientras miro a lo alto del abismo en el que voy cayendo cada vez más.
Sí, supongo que así es como me siento. No se entiende, claro, pero… Bueno, supongo que si hacen el esfuerzo. No, ni siquiera eso.
Lo siento, mi cabeza ya no da para más.
Nox.
Esta vez vuelas sola.
Sin un Draco Malfoy que te perturbe.
Sin un rubio que te lleve a los límites.
Sin un sangre pura que te invite a volar cuando está pensando en otra cosa con esa sonrisa torcida y esa cabeza llena de malos pensamientos.
No, esta vez vuelas sola. Te pegas al palo de tu escoba. Tus cabellos son mecidos por la brisa. Y tus labios tiemblan por el frío.
Febrero es aún más frío que Enero. Es una locura salir con ese tiempo. Pero a ti nunca te ha importado hacer locuras. Nunca te ha importado tomar riesgos. ¿No es por eso porque estás aquí? Tomaste un riesgo. Te dejaste enredar por el diablo. El diablo que tiene cabello rubio y ojos grises. Te dejaste simpatizar por un diablo rubio. Ay, cómo te reprochas haber hecho eso. Como te lo reprochas.
Vuelas cada vez más alto. Confundiéndote con las nubes. Arriesgando el cuello. Y sólo piensas en él. En Draco Malfoy. En su sonrisa cínica. En sus promesas llenas de mentiras. Cierras los ojos. Y te dejas caer.
Te dejas llevar. Te dejar llevar por los brazos de la inconsciencia. Olvidas todo. Olvidas la guerra. Olvidas a Draco. A Tom. A Harry. A tu familia. A tus amigos. Te olvidas de todo. Y agarras tu escoba un segundo antes de que te estrelles en el suelo.
Llueve. Las gotas de lluvia mojan tu cara. Sonríes. Sonríes de nostalgia, de tristeza. El cielo parece llorar contigo. Abres los ojos. Hay una figura que te observa. Entrecierras los ojos para verla mejor. Gruñes. Pones los pies en el suelo y diriges a los vestuarios.
- Hola, Ginny.
- Hola, Cavil - dices con desgana.
- Volaste muy bien, ¿sabes?
- Gracias supongo…
Él sonríe.
- Ahora entiendo porque le caes mal a Zach. Lo pones siempre en ridículo.
- Ya…
A tu mente llega la imagen poco clara de Zacharias Smith. Y la desechas de inmediato.
- Deberíamos volar alguna vez. De hecho, podemos volar ahorita. Traigo mi escoba y…
- Cavil - lo interrumpes -, no tengo ganas.
- Ah, claro… Yo entiendo. Bueno, pero otro día puede ser, ¿no? Tal vez si…
- Cavil, voy a cambiarme.
Le das con la puerta en las narices. Te quitas el uniforme. Lo lanzas al piso sería lo más adecuado de decir. Y lo miras con disgusto. Está sucio y lleno de barro. Tan lleno de barro como las esperanzas de ganar la copa para Gryffindor. No es importante. El quiddicth ha dejado de ser algo primordial en tu vida. De hecho crees que ha dejado de ser algo importante en la vida de todos.
Te metes a la ducha. El agua caliente te hace suspirar. Cierras los ojos y disfrutas de estar allí. Disfrutas del agua. Del baño que relaja tus músculos. De las lágrimas que botan tus ojos. Del ambiente de limpieza. Suspiras nuevamente. Sales del baño. Te vistes con lo que encuentras en tu mochila. Sacas tu varita. No volverás a mojarte.
Abres la puerta de los vestuarios y te sorprendes. Cavil sigue allí. Sigue mojándose. Sigue temblado de frío o de lo que sea. Lanzas un gemido.
- ¿Qué se supone qué quieres, Cavil?
- Eh… hablar.
- Pero si no quiero hablar.
- Pues entonces hablaré yo.
Debe ser una broma, piensas. Tiene que ser una broma. En algún momento Fred y George saldrán de algún arbusto o de alguna puerta y te dirán que sólo te están tomando el pelo. Pero nadie sale. Cavil sigue allí, en frente de ti.
Resoplas. Haces un hechizo de paragua y te das media vuelta para dirigirte al castillo. Cavil te sigue.
- ¿De qué quieres hablar? - preguntas, pensado que mientras más pronto hable, más pronto te dejará en paz.
- Me gustas, Ginny.
Así nada más. Sin aviso, sin protesta, sin una señal que te indicara que iba a decir exactamente… eso. Parpadeas sorprendida. Te detienes. Y lo miras. Todavía te aferras a que todo es una broma. O que es producto de tu imaginación. Tu pesadilla debería acabarse en ese momento. Pronto estarás en tu cama y despertarás del mal sueño. Pero nada ocurre. Cavil sigue allí, tú sigues allí, y las palabras siguen en el aire.
- ¿Cómo has dicho?
Cavil cierra los ojos. Suspira y te dice solemnemente:
- Me gustas.
Sí, definitivamente no es producto de tu imaginación. Aunque casi lo preferirías. ¿Qué se dice cuando el chico que no quieres te dice que le gustas?
- Me gustas - repite Cavil -. Quería que lo supieras porque para mí es importante. Tú seguramente me considerarás un idiota… La verdad es que soy más seguro, en serio… Pero cuando hablo contigo… pues digo muchas incoherencias. Ya lo habrás notado, ¿no? Sí, supongo que sí - Henry respiró profundamente -. El caso es que me gustas, Ginny. Mucho. No te estoy exigiendo nada, de veras. Yo… No tienes que responder nada si no quieres. Ya sabes… ya sabes que me gustas. Eso es suficiente para mí. Al menos por ahora. Yo… No tienes que salir conmigo el día de San Valentín, ni siquiera tienes que acordarte de mí… Yo sí lo haré. Compararé tus cabellos con el color de una rosa roja, tus ojos con el chocolate de mis mañanas, y tu piel de porcelana con la sábana de mi cama…
- ¿Con tu cama? - preguntaste.
No habías escuchado bien. No habías escuchado bien. Era evidente que no lo habías hecho. No es posible que Cavil compara tu piel con su cama, ¿verdad?
Cavil enrojeció.
- Pues sí… Tu piel es muy suave y mi cama…
- ¿Cómo sabes que mi piel es suave?
- Pues… yo… yo pensé que lo era. ¿Lo es?
Lo fulminaste con la mirada. Hasta ese momento no creíste que hubiera alguien capaz de decir tantas estupideces en cinco minutos. Empezaste a caminar.
- Yo… ¿Pensarás en lo que dije? ¿Pensarás que…?
- Cavil - lo interrumpiste. Cerraste los ojos y te masajeaste la sien derecha -. Cavil, lo que deberías hacer es…
- Ey, espera - te interrumpió -. Yo sé que no soy tan… tan asombroso como tus ex…
- ¿De qué hablas?
- Tus ex. Corner, Thomas, Potter… Yo sé que no soy tan… tan asombroso como ellos pero yo… Yo puedo esforzarme… Puedo…
Lo miraste. Francamente lo que te daba era pena. Pena, compresión, compasión… Cavil estaba tan poco preparado para la vida, para el amor. Al menos Colin podía defenderse, Colin, Dennis que eran lo que más conocías, pero Henry… Henry necesitaría mucha ayuda si es que quería salir con alguien.
- Henry…
- ¿Sí?
Esperanzado. Anhelante. Como un niño de cinco años en la mañana de navidad. Como un niño que seguía creyendo en Santa Claus, diría Hermione. Suspiraste. No, no podías ser tan dulce y comprensiva.
- Ve a tu casa, en serio. Antes que los Carrow te atrapen. Ve y… Yo también me iré a mi casa. Ve antes de que… antes de que puedan atraparte.
Él asintió. Dio media vuelta y se marchó. Ni siquiera tuviste que decírselo dos veces. Te dio la impresión que lo que sea que le ordenaras, él lo haría, lo haría hasta con gusto. Casi podrías saborear el poder. Casi… si no se tratara de un niño como Henry Cavil. No puedes soportar a las personas así. A las que debes arrastrar. A las que no presentan resistencia. No puedes estar con alguien así. No podrías ser su novia.
Aunque te molestó en su momento, por dentro te alegraste cuando Michael no se alegró porque Gryffindor haya ganado contra Ravenclaw. Sabes que si se hubiera alegrado sólo lo haría por ti. Pero no se había contentado. Y le alegraste en el fondo. Porque eso significaba que tenía ideas propias. Que podía llevarte la contraria. Y que no se sentiría culpable por ello. Te alegraste, aunque luego lo plantaras y le cortaras. Pero eso había sido causal. Hace tiempo que la relación presentaba aguas. Tú sólo buscaste una excusa para terminarla.
Lo mismo pasó con Dean. Dean no se impresionó por tu intento de poema. Y cuando trató de elogiarte por lo que escribías, le cortaste en sano y le exigiste la verdad. Al menos eso se lo agradeciste. La verdad. No le agradeciste que fuera sobreprotector contigo. Ya tienes seis hermanos sobreprotectores, y no te hace falta otro.
Harry ni quiera intentó caerte bien. Ni siquiera intentó elogiarte por algo que sabías que no estaba bien (tus poemas). Ustedes eran felices volando juntos, o sentados bajo la sombra del haya que está cerca del lago, o sentados en la sala común mirándose tan solo. Era dulce. Era muy bonito. Y también tenían sus conflictos. Conflictos callados, de los que nadie se enteraba. Por eso los llamaron pareja perfecta, porque creían que nunca peleaban. Pero sí que lo hacían. "Peleamos como leones, y luego nos reconciliamos como gatitos", decía Harry con una sonrisa. Y tú sonreías.
Con Draco no hay momentos dulces. No hay momentos bonitos. No hay momentos silenciosos. Todo el tiempo es una lucha. Lucha de bocas. Lucha de lenguas. Lucha de hechizos. Jamás se quedan callados. Jamás disfrutan el uno del otro. Todo el tiempo es poder, someter al otro, sacar de las casillas al otro. Una relación no se basa en eso, te dices. Una relación se basa en el mutuo disfrute, en la mutua confianza… Y ustedes no confían el otro. Es por eso los celos.
El monstruo de los celos cuando hablas con Colin, con Neville, con Ernie. Draco frunce el ceño y ese día ni siquiera acude a la cita. El monstruo de los celos cuando él habla con Parkinson, con Greengrass, con Davies. Tú frunces el ceño, acudes a la cita y lo besas con saña, con molestia. Pero nada se compara al momento en que la más pequeña de las Greengrass consiguió su atención por medio de su maldita mascota. Nada. ¿Por qué? Porque sospechaste que esta vez no es sólo un juego. Sospechaste que a ella realmente le gusta Draco, realmente le importa.
-¿Palabra? - preguntó la Señora Gorda. Está tomando whisky de fuego con su amiga Violetta.
- Valentín.
- Como el día - te sonrió.
Ese fue el momento en que te diste cuenta que hoy era 14 de Febrero.
-o-
Tenías once. Ese año cumplías los doce años. Estabas en un pasillo lleno de gente. Ibas a clase. Un enano de Lockart acaba de decir la rima que escribiste. La horrible rima que le escribiste a Harry. Enrojeces de vergüenza. Ambos lo hacen. Malfoy se ríe, se burla. Coge el diario de Tom. Lo tiene Harry. Y lo único que piensas es que debes quitárselo.
- Creo a Potter no le gustó tu canción - te grita un despechado Malfoy.
-o-
Tenías doce años. Pensabas en la inmortalidad del cangrejo mientras mirabas por la ventana de tu cuarto. Tus compañeras se disponían a robar besos, mientras tú te disponías ignorarlas.
-o-
Tenías trece años. Michael Corner te daba tu primer beso y decía que hacía tiempo que quería hacer eso. Tú sonríes y le devuelves el beso. Entran al salón de té de Madame Pudipie. Te entra una risa cuando ves los confetis rojos. Michael también se ríe. Madame Pudipie los amenaza con la mirada y ustedes deciden correr.
- No sé por qué a las chicas les gusta ese sitio.
- Ea, que yo también soy chica.
- Sí, pero a ti no te gusta. Contéstame.
- Porque es romántico.
- ¿Y por qué a ti no te gusta?
- Porque yo soy otro tipo de romántica, no las empalagosas - le replicas y te largas a reír. Él también te sigue.
-o-
Tenías catorce años. Chorreabas barro. Estabas cansada y tenías hambre. Llegaste al Gran Comedor y alcanzaste lo que había y lo que no había. Tu ánimo estaba por los suelos. Y supuestamente Michael te tenía una sorpresa. Gemiste de frustración.
-o-
Tenías quince años. Mirabas a tu nuevo capitán. Imaginando que no eran sólo miembros del equipo. Imaginando que entraban y salían de los entrenamientos juntos. Pero Dean te tomaba de la mano y olvidabas tu fantasía. Olvidabas a Harry.
-o-
Te dispusiste a acostarte en tu cama. Tus compañeras de cuarto no estaban. Te encontrabas sola. La puerta de la ventana se abrió. Volteaste. Era Draco Malfoy. Te sonrió. Cínicamente. Arrogantemente.
- ¿Me esperabas?
- No.
Él sonrió de forma torcida.
- ¿Qué haces en mi cuarto?
- Volé hasta la torre - te contestó mientras te muestra su escoba.
- ¿Alguien te vio?
- No. ¿Estamos solos, no?
- Sí.
- Bien.
Se acercó acerca a ti y te besó. Te devoró. Te besó como si no hubiera un mañana. Tuviste la impresión que podrías ser cualquier chica y él te besaría igual. Aquel pensamiento hizo que dejaras de corresponderle. Él lo notó porque paró y te miró fijamente.
- ¿Qué sucede? - preguntó.
- ¿Piensas en mí en este momento?
- ¿Qué?
Negaste con la cabeza. Le pusiste las manos sobre los hombros.
- ¿Piensas en mí? ¿Sabes quién soy?
- ¡Claro que sé quién eres! ¿A qué viene esa pregunta?
- No lo sé… - admites -. Supongo que… Supongo que me preguntó si… si no fuera yo… si no fuera Ginny…
- Ginevra - te interrumpe. - Eres Ginevra para mí.
- Si no fuera yo, ¿me besarías?
- ¿De qué estás hablando?
Suspiras. Por un momento sentiste que cambiaron los papeles. ¿En qué momento te convertiste en Henry? ¿En qué momento Draco se convirtió en ti? ¿Por qué sientes que estás diciendo algo…?
- No es estúpido, Draco. Piénsalo. Si no fuera yo, si fuera cualquier otra, ¿me besarías?
Draco se apartó de ti. Con molestia. Con disgusto.
- Si por lo menos fuera Astoria Greengrass…
- ¿También tú? - te interrumpió.
Lo miras. Sus ojos parecen salirse de sus cuencas. Está molesto. Airado. Pero sigue en frente de ti.
- ¿También yo qué? - preguntaste con toda la calma que pudiste reunir.
- ¡También tú piensas que tengo algo con Greengrass! - exclamó apuntándote con el dedo. - ¿Por qué todos piensan eso? Pansy lo piensa. Nott… ¡Incluso Daphne! ¿Qué es lo que tienen todos en su cabeza que…?
- ¿También Parkinson lo piensa?
- ¡Sí! ¡Y no entiendo por qué! ¿Qué le hace pensar tal estupidez? - Draco empuñó las manos -. ¿Y ahora está celosa? ¿Ahora está celosa de esa chiquilla? ¿Es en serio? ¿Pero por qué todos piensan que tengo algo con Astoria? No tengo nada con…
- ¿Y Daphne también lo cree así?
- ¡Qué sí! ¿No me escuchas lo que te estoy diciendo, Weasley? ¿No escuchas que…?
- Me llamaste Weasley.
- Sí, claro. ¿Es tu apellido, no? ¿Prefieres acaso que te diga…?
- ¿Qué pasó con "Eres Ginevra para mí"?
- Eres Ginevra para… - Draco se quedó callado - Es igual, ¿sabes? - dijo lentamente. - Es igual. Tu apellido a tu nombre. Es cómo te llamas, ¿no? ¿Qué tiene de raro que…?
- Nada.
- ¿A qué quieres llegar?
- A nada.
- Weasley - advirtió.
Frunciste el ceño. Esta vez no. No te dejarías amilanar. No te someterías a él. Eso se acabó.
- Ya te dije, Malfoy, no quiero llegar a na-da.
Separaste deliberadamente la última palabra en sílabas. Draco frunció el ceño.
- ¿Qué te pasa, Weas-ley?
- ¿A mí? Nada. - Te encogiste de hombros -. Sólo pensaba que apenas nos conocemos. Apenas sabemos el uno del otro.
- Eso no es cierto. Nosotros…
- ¿Qué sabemos aparte de que somos un Malfoy y una Weasley? ¿Qué sabemos aparte de nuestras familias y el odio que se han profesado por siglos?
- Eso no es mi culpa es…
- Ya lo sé.
Se miraron. Fijamente. Analíticamente. Tú viste sus cabellos rubios recogidos elegantemente en una coleta baja; esos cabellos rubios que has sujetado para no caerte al abismo del placer. Sus ojos grises presagiando tormenta. Aquella porción de piel que asoma por su camina entreabierta; esa piel que has arañado con tus uñas; que has mordido con tus dientes; que has presionado con las plantas de tus pies…
Draco suspiró y metió las manos en sus bolsillos.
- ¿Qué quieres de mí, Weasley?
- Nada. Ese es el problema, Malfoy, que no quiero nada.
Draco se acercó a ti. Pegó su boca contra la tuya y la besó. Esta vez no lo detuviste. Le correspondiste el beso con furia. Casi con maldad. Y él a su vez hizo lo mismo. Se separaron por falta de aire.
- Eso está bien - dice casi sin aliento -. Porque yo tampoco espero nada de ti.
Lo callaste con un beso más furioso que el anterior. Cayeron sobre tu cama. Él sobre ti. Te tomó de los brazos y te los subió por detrás de tu cabeza. Lo miraste retadora. Desafiante. Él te sujetó los brazos a la cama con su corbata. Probaste la atadura, no pudiste soltarte. Forcejeaste. Intestaste soltarte. Él se rió. Intentaste golpearlo con tu pierna allí donde está su miembro masculino. Él te detuvo. Te ató los tobillos con la sábana de tu cama.
La sábana de tu cama… Te acordaste de Cavil y la comparación que hizo de tu piel con la sábana de su cama. No pudiste evitarlo. Te reíste. Te reíste con fuerza. Draco te ignoró. Subió tu falda y miró tus bragas con mucho interés.
- Azules, ¿eh?
Por alguna razón, aquello te dio más risa. ¿Acaso estaba interesado en tus bragas? ¿Qué clase de persona hace eso? Draco frunció el ceño, al parecer tu risa le molestaba. Te reíste de su cara. Y luego te reíste de la situación. De él sobre ti, de tú amarrada a tu cama, de tus bragas azules. La risa ni siquiera te dejaba respirar. Jadeaste en busca de aire. Y te esforzaste por dejar de reír. Pero era difícil cuando Malfoy intentaba prometerte una muerte larga y agonizante, con la cara de haberse tragado el jugo de un limón.
- Dime qué putas te da tanta risa.
- Tu… c… cc… cara - lograste decir entre resoplidos de risa.
- ¿Te parece graciosa, Weasley?
- Sssí… mmmm… much… mucho.
- A mí también me parece graciosa la posición en la que estás.
Dicho esto, se levantó. Se alejó de ti.
- ¿Qué? Eh… -. La risa se te fue de golpe -. No vas a dejarme así, ¿verdad? -. El rubio se encogió de hombros. Tomó su escoba. -. ¿Qué? No… ¡Espera! No puedes hacer eso. No puedes… No puedes dejarme así.
- ¿Por qué no?
- Porque… ¡Malfoy! -. Malfoy se montó en su Nimbus 2001 -. No… espera. ¡Espera, maldición!
- Adiós, Weasley.
- No… No… ¡Draco! No… No, no te vayas, ¡por favor! ¡Arrggg!
Pero él no te escuchó. O más bien no quiso escucharte.
Lo odiabas. Definitiva y firmemente odiabas a Draco Malfoy.
Notas finales
Primero: este capítulo es más largo que los anteriores. Casi doce páginas en Word. Espero que no se les haga pesado.
Segundo: capítulo escrito y reescrito varias veces y todavía no estoy muy conforme con el resultado. Comenzado porque el capítulo iba a llamarse "Henry Cavil" pero entonces no hubiera metido a Draco. En otro borrador también había menciones a Neville y a otros más del ED, pero no terminaba de convencerme. Esto es lo que salió luego de tantas vueltas. Espero en serio que les guste.
Tercero: ¿Reviews?
