Cambiare o moriré en el intento ...
Antes de comenzar ... Diré la primera aclaración ... Un pedido de ustedes ... Bueno de la mayoría ... La información de que trata este fic ...
- Aunque por el principio, en cómo lo desarrolle parezca lo contrario, este fic es ... Terrific .
- Segundo: Recién estoy comenzando en esto de escribir fics. Por lo que empiece escribiendo Terrifics. Quizá me después aventure a escribir sobre otros personajes. (Tal vez cuando tenga mas experiencia en esto me sienta más segura.)
- Tercero: Una enorme disculpa si esperaban otro tipo de fic En verdad ...
- Cuarto: Debí aclarar de qué trata esto, pues así no se hará falsas ilusiones. (Por favor no me odien)
- Quinto: Gracias por su apoyo a todos ustedes . (En verdad les agradezco, pues esta es mi primera vez escribiendo fics. Gracias por los útiles consejos.)
Atentamente: Selenytineza
Capítulo 11- Mi amiga con pecas
El castaño estaba en su habitación, era de noche. Recordaba a esa niña pecosa. Le agradaba ver que lo había incluido en su lectura de sus cartas.
-Tiene muchos amigos...-decía el castaño, luego negó con la cabeza.-Pero es normal, supongo...Es muy alegre... ¿Quien no querría ser su amigo?
Aunque después recordó el nombre de Anthony. Esto por alguna razón le desagrado.
-Ni siquiera lo conozco... No tiene caso enfadarme por quien ni conozco...-decía el muchacho.
"Le gusta trepar árboles...Tengo que pensar en que apodo ponerle por eso...Chica tarzán...¡No! No me gusta...Algo más creativo...Tarzán con pecas... ¡Menos! ¡Ya se! Lo tengo...Le diré a partir de ahora Tarzan Pecosa...Jajaja...Ya me imagino la cara que pondrá..." pensó el castaño.
Luego se fue al comedor a cenar. Camino en silencio, tomó asiento en un lugar algo apartado. Luego ese día en el postre sirvieron pastel de chocolate. El castaño sonrió, pues recordaba a la niña pecosa.
-A ella le gusta el chocolate... ¿Se lo debería llevar?-se decía mirando dicho postre. No lo pensó mucho y lo guardó en su saco. Luego se rió por su travesura.
-¡Demonios! Ya me parezco a ella...-decía en voz baja el castaño. Luego escuchó a unos de sus compañeros conversar a unos asientos más de ahí.
-Se llama Candy..-decía uno de esos muchachos. Mientras soplaba su sopa.
-Si, es rubia...-el muchacho más alto de ellos.
-Dijo que era de América...-decía el tercero de esos chicos.
-¡Era muy alocada, pero parecía tierna!-decían al mismo tiempo ellos.
El castaño, que había oído parte de esa conversación. Se enfado y crispó los puños.
No le gustaba que otros anduvieran hablando de ella, pero se calmó pues no habían dicho nada ofensivo o hiriente de ella. La consideraba como alguien importante. Ella le había dado ánimos una vez.
"Pero que pienso…Ella es como si fuera mi amiga…Tal vez por eso me molesten que hablen de ella…Si, eso debe ser…Tarzán Pecosa, me pregunto que estarás haciendo ahora…De seguro también cenando…" pensaba el castaño.
Mientras que la rubia, estaba en su cuarto con Paty. Estaban sentadas en la cama, conversando…
-Toma, Paty. Son chocolates…-decía la rubia, mostrándole una caja en forma de libro abierta. La castaña sonrió. Y tomo unos dos chocolates. Ambas chicas comían con gusto esos dulces.
-Esta muy rico…-decía la castaña, después de terminarse un chocolate.
-Si, verdad…-decía la rubia, saboreando el suyo.
-¿Te los enviaron tus amigos?-decía Paty.
-Si, fueron ellos…-decía la rubia.
-Es muy amable de su parte, Candy.-decía la castaña.
-Si, están muy buenos…-decía la rubia. Más aparto unos cuatro chocolates aparte.
-¿Para más tarde?-decía la castaña, con una sonrisa.
-No, le prometí a un amigo, que le guardaría algunos…-decía la rubia, pensando en Terry.
-¡Ah! Pues de seguro los disfrutara…-decía la castaña. –Debo volver a mi cuarto, pues pasaran la guardia.-decía Paty, dirigiéndose a la puerta. Pero antes se detuvo y dijo:
-Candy, mañana tenemos misa. Deberás ir con traje oscuro. Es un vestido negro, será temprano. ¿Quieres que venga a despertarte?
-No, no te preocupes, Paty.-decía Candy.-Me levantare temprano. Gracias por avisarme, sino no sabría conque traje ir mañana, Paty. De seguro iría con traje blanco, por eso…Gracias…-decía la rubia.
La castaña salió de la habitación de la rubia. Quien se levanto de su cama, y se puso a redactar sus cartas, escribía las respuestas. Sonreía recordando lo que escribía.
-Debería poner que me está yendo bien…Que me estoy esforzando mucho, que estoy aprendiendo bastante…Si, eso esta bien… ¡Ah! Me olvidaba…Debo escribirle también a Sam… De hecho es el único que si esta aquí en Londres….-decía la rubia.-…Bueno, eso estaría bien….Me iré a dormir…-decía la rubia, guardando sus hojas en su escritorio.
-Mañana debemos madrugar, Clint… ¡Clint! ¡Cielos! Aun no vuelve Clint…Debo buscarlo…-decía la rubia, mientras se colocaba su saco y su bufanda. Salió al bosque, pero ya era de noche.
-¿Se habrá perdido Clint? ¡Clint! ¡Clint! ¿Dónde estas, Clint?-decía la rubia, caminando por el camino del bosque, luego se adentro por los arboles. Candy lo llamaba, pero nada. No aparecía, se preocupo.
-¿Y si esos chicos lo atraparon?-se decía en voz baja.-No, no…Eso no paso…-se decía temblando por el frío. –El aparecerá…Solo salió a explorar…Solo salió a pasear por ahí…. ¡Clint! ¡Clint!-decía la rubia.
Pero de pronto escucho un sonido de un relámpago, que le hizo saltar asustada.
-No me iré sin ti…Clint…-decía ella, mientras seguía buscando. Miro el cielo oscuro y negro. Sentía el frío, del viento que le golpeaba la cara. Sus risos se movían con el aire.
-Clint…-decía la rubia, quien trataba de mantener la calma. Paso por un árbol grande, y se detuvo a pensar en donde podría estar. Negaba con la cabeza.
-De seguro fueron esos chicos…-decía Candy, quien apretaba los puños molesta.-…Pero, me vana a conocer…-decía ella caminando en dirección del cuarto de los varones.
Olvidando la restricción de no acercarse ahí. Pero mayor era su preocupación por Clint, como para detenerse a pensar en eso. Llego a un pasillo, y se quedo esperando recostada en una columna, en silencio. Luego escucho unas voces riéndose, identifico las voces de los chicos que le habían molestado por ser americana, esa vez. Por lo que se planto en frente de ellos, evidentemente molesta. La miraron sorprendidos, ella tenía una expresión furiosa, como si se estuviera conteniendo de algo.
-¿Qué haces aquí, niña?-decía un muchacho, mirándola con burla.
-¿Acaso te perdiste, americana?-decía otro muchacho, quien estaba atento de las reacciones de la niña. Quien suspiro rápidamente.
-¿Dónde lo escondieron?-decía la rubia, irritada. La miraron con burla. Negaron con la cabeza.
-¿De que hablas, americana estúpida?-decía el mismo que la había lanzado esa vez.
-¡De Clint! Se que lo escondieron….Díganme donde esta…-decía seria la rubia.
-¿Quién? ¿El mapache?-decía otro muchacho, con burla.
-No sabemos…-decía el muchacho, que la había agredido, la vez que la ayudo Terry.- ¡Ah! El cuatí…Si lo vimos… ¡Pobrecito! Debe estar muy solo en el establo…-decía con sarcasmo.
-¡Clint! Son muy malos. Solo es un animalito inocente…-decía la rubia, alejándose y yendo en dirección de los establos.
-Clint, espérame…Ya voy, Clint…-decía corriendo la rubia.
Candy llego al establo, y entro. Busco al cuatí, y en efecto lo hallo amarrado en un poste. Corrió a desatarlo. El cuatí le lamio la mejilla. Se veía cansado, de seguro por tratar inútilmente de huir de ahí.
La rubia lo cargo, y lo abrazó. Suspiro aliviada.
-Esos chicos son muy malos…Hacerte esto es demasiado…-decía la rubia, quien aun seguía en el establo. Luego escucho el ruido de unos pasos hacia ella. Eran esos chicos.
-Veo que lo encontraste, americana…-decía el muchacho, que la había molestado la otra vez.
-Deberías disculparte….No le gusta estar amarrado…-decía la rubia, mirándolos seria.
-¿Con el o contigo? Da igual, no me disculpare con nadie… ¿Sabes? ¿Les temes a las ratas?-decía ese muchacho, quien estaba acompañado.
-¿Qué? ¿Las ratas? ¿Qué tiene que ver esto?-decía la rubia, sin entender bien a que se referían.
-Eres valiente.., americana…Veamos hasta donde te dura tu valentía…¡Hasta mañana, niña! ¡Dulces sueños, americana!-decía el muchacho, antes de cerrar la puerta por fuera. Se escuchaba sus risas.
La rubia, corrió a la puerta, pero no podía abrirla. Tocaba con fuerza.
-¡No es gracioso! ¡Abran! ¿Me escucharon? Abran, sino quieren tener problemas…-decía Candy, golpeando la puerta del establo.
-No te esfuerces, americanita. Esta cerrada por fuera…-decía la voz de ese tipo odioso, mientras se alejaba de ahí, con sus cómplices. Quienes se reían.-Para que se te quiete lo de niña "valiente". Diviértete ahuyentado las ratas... Si es que sales sana y salva…. ¿Sabes? A la media noche dicen que deambula un fantasma…Bueno, ya lo descubrirá si es verdad o no…. Nos cuentas mañana, americanita….
Candy golpeaba la puerta con fuerza. La habían dejado encerada. Miro a su alrededor, no había otra salida.
-Parece que nos dejaron acá…Toda la noche…Nadie pasa por acá…Mañana cuando alimenten a los caballos nos encontraran…-decía la rubia, tratando de no llorar. No les daría ese gusto a esos tipos. Aunque no la vieran. Decidió no llorar, miraba el techo del establo.
Suspiro frustrada. Se sentó en la paja. Un caballo relincho fuerte. La rubia se levanto, y se acerco al caballo.
-Tranquilo, no te haré daño….Solo me quedare a dormir aquí, al parecer. Por esta noche…-decía la rubia, analizando sus posibilidades.
Acaricio la cabeza del caballo, levantándose en puntitas. El cual se clamo. Luego acomodo algo de paja y se echo ahí. En un montículo de paja limpia. Se quito su saco y lo extendió. Lo pensaba usar para cubrirse. Clint se acomodo a su lado. El frío era fuerte, ambos temblaban. Pero trataban de quedarse quietos para entrar en calor.
La rubia, tenía algo de miedo. Pero trataba de no darle demasiada importancia.
-Creo que ya estamos cómodos, Clint.-decía la rubia, tratando de ser optimista.-Parece que después de todo si llegare tarde mañana a misa….-decía la rubia, aunque no derramaba lagrimas, le brillaban los ojos.
Cerró los ojos, y trato de recordar una canción de cuna. Abrazo a su mascota. Quien se acurruco a su lado. Entrecerraba los ojos, presentía que acabaría con un resfriado, o con enfriamiento. Por la noche fría. Cerró con fuerza los ojos.
-En mi ventana veo brillar las estrellas muy cerca de mí….-iba cantando Candy, aunque por ratos se callaba y cerraba los ojos. El frio era insoportable. Se dio la vuelta, trataba de acomodarse lo mejor que podía.
-Parece que volveremos a dormir en un establo, después de todo…. –decía la rubia, recordando su estadía en casa de los Legan.
"Un lugar muy digno de una dama de establo…." Imaginaba que algo así le habría dicho la pelirroja, con burla.
-No tengo miedo, estoy acostumbrada...-decía Candy, dándose ánimos.
Mientras que el castaño en su habitación estaba echado en su cama. Miraba el techo, cerraba los ojos. Pero no podía dormir. Estaba meditando en sus padres, en porque estos eran distantes con el. Sospechaba que no había sido esperado, que tal vez era un accidente o simplemente un error.
-¡Si es así! ¡Me importa un comino! ¡Váyanse todos al demonio!-decía furioso, se levanto de su cama.
Se coloco su saco, se puso sus botas. Estaba disgustado, lo único que le permitía despejarse era cabalgar. Camino fuera de su cuarto, y salió por la puerta principal del cuarto de los varones.
"Eres un desastre, Terrence…" –así le solía decir su madre. Lo recordaba, con pesar.
"Claudinne no te aguanta, Terrence… Por eso estas aquí…"-le dijo su padre. Su madre no lo aguantaba, no le tenía paciencia, no le quería y menos se podía decir que le amara.
"Tal vez puedas salir con tus hermanos el quinto domingo….Tal vez…"-algo así le había dicho su padre. Indicando que le importaba poco lo que el sentía.
"No eres el único a quien le exige bastante…." –otra vez lo que decía su padre, hacia eco en su mente. Esto lo empezaba a cansar y enfadar.
-¡Cállense! ¡Cállense todos! –decía el castaño, molesto e indignado. -…Cállense…. No saben nada…Nada…Yo…Yo... ¡No soy un desastre! ¿Quieren ver un verdadero desastre? ¡Ya verán que es un desastre! Ya verán….-decía caminando rápido. Escucho un relámpago, pero no se asusto. Estaba tan enojado, que nada le podía perturbar los nervios.
-Yo no soy un desastre…Aun…NO soy un completo desastre…. ¿Quieren ver un desastre, padres? Lo verán…Puedo hacer que vean en mi un verdadero desastre…-dijo Terry.
Se acercaba al establo, encontró la puerta cerrada. Saco una llave de su saco. Había conseguido una copia, no diría como. Pues casi se la había robado, un día que había estado castigado en la oficina.
Casi porque se la pidió a la seora de limpieza, con la excusa de que era malo en equitación y deseaba practicar en sus ratos libres. La señora no tuvo ningún problema y le entrego la copia, pero le recomendó ser discreto.
Introdujo la llave en el seguro y la abrió rápido. Justo cuando la abrió sonó un relámpago. La rubia se asusto por el fuerte ruido que salto en su sitio. Sacando al castaño de sus reflexiones. La observó, aunque no muy bien.
La rubia temblaba, de frío, de miedo. Pensaba que el castaño, era dicho "fantasma" de la media noche. Se cubrió la cabeza con su saco. Clint también se asunto y estaba al lado de su dueña.
-¿Quién esta ahí?-decía el castaño, tratando de ver mejor que era.
-Nadie…nadie…-decía la rubia asustada, en voz baja. Estaba tapada con su saco, su cabeza y parte de su cuerpo.
-No lo creo…Sino no me contestarían…-decía el castaño, acercándose rápido y quitando el saco. Le apunto con una lámpara, que ilumino a la rubia. Quien estaba cegada por la luz en sus ojos. Solo veía una luz potente en sus ojos. Se abrazó de Clint.
-No nos hagas daño… Yo estoy aquí por un accidente…-decía la rubia, cerrando fuerte los ojos.
-¿Pecas? ¿Qué estas haciendo aquí?-decía el castaño sorprendido, dejando a un lado del suelo la lámpara.
-¿Terry? ¿Eres tu?-decía la rubia, mirando al castaño. Quien la analizaba con la mirada.
-No deberías estar aquí, Candy… ¿Cómo llegaste aquí?-decía el castaño a la rubia.
Quien al ver que era su amigo, y no un "fantasma". Solo se levanto rápido, saltó a su cuello y lo abrazo. El castaño se sorprendió por ese contacto, pero por instinto solo cerro los brazos. Cubriendo su pequeño cuerpo. La rubia, lloraba en sus brazos.
-Gracias…-decía la rubia, sin soltar al castaño. Quien no entendió como había llegado ahí la niña. Pero eso no era prioridad. Al abrazarla había sentido frio su cuerpo. Eso le hizo reaccionar rápido. Ella necesitaba calor.
-Te llevare a tu cuarto, Candy.-decía el castaño, sin soltarla. La cargo en sus brazos. La rubia se tranquilizo, después de un rato. Le indico donde estaba su cuarto.
El castaño la llevo a su habitación rápido y ágilmente, cual gato sigiloso. La acostó en su cama. Abrió en el ropero de la rubia, y busco otros sacos que parecían abrigar bien. Le entrego unos sacos y le la cubrió con una manta a la rubia.
Quien veía lo rápido que había conseguido devolverle el calor. Incluso se había acostado a un lado de su cama de ella. Para que ella se calentara. No quería que se enfermara por haber estado ahí. No le pregunto nada. Sabía que no era nada bueno, lo averiguaría después.
-¿Sabes? Salía a cabalgar…Si no lo hacia tu…Tu te habrías congelado de frío…-decía el castaño, acomodado a un lado suyo.-Pero no me digas nada ahora…Ahora solo debes recuperar calor…No es bueno que estés tan fría…
-Gracias…Terry….-decía la rubia, quien estaba echada en su cama.-Gracias por encontrarme….
-Descansa, Pecosa. Descansa….-decía el castaño. Observo como su rubia miaga dormía.-Mañana averiguare como demonios acabaste ahí….-decía el castaño, mientras tocaba la frente de la rubia. Se alegro de sentir que ya no estaba tan fría, como la encontró. La observaba dormir, era tan pequeña, tan frágil, tan ingenua, tan pecosa, tan ella. Sonrió de lado al sentir que en sueños ella le agarraba la mano.
-Al menos tu no eres hipócrita como el resto, Pecas…-decía Terry, acariciando su cabeza. Sentía que sus dedos se enredaban en sus rizos. Observo que ella sonreía en sus sueños. Entonces descubrió algo esa noche, descubrió que se preocupaba por que estuviera bien.
-Claro que me preocupa…Es MI amiga…-decía el castaño, mirando a Candy, quien dormía tranquila a su lado.-Mi amiga…Mi amiga con pecas…
Continuará…
- Si, es Terrific...Aunque por el principio pudiera parecer que no...Lo es.
- ¡Saludos!
