.
Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
INEXPLICABLE
.
Asumiendo errores
.
-¡Ey, ey, ey!- Exclamé cuando sentí sus labios sobre mi cuello y sus manos alrededor de mi cintura. De manera inmediata dejé el vaso medio vacío en el fregadero.
-¿Qué sucede?- Susurró en mi oído provocando que la piel se me erizara.
-Casi me ahogo por tu culpa. - Dije girándome para observarlo a los ojos.
-Te hubiese hecho el boca a boca… - Bromeó sin dejar de mirarme.
Reí retirando mi mirada de la suya y haciendo un gran esfuerzo, me separé de su lado. Ese mismo día Angela volvía y aunque mi decisión era no perder a Edward, no podía evitar sentirme algo extraña. Sentía haber decepcionado a Angela. ¿Cómo iba a tomar todo esto? ¿ Se enfadaría demasiado? Había tratado todos estos días desesperadamente ignorar todo lo relacionado con la vuelta de Angela, pero no podía engañarme, no era un trabajo fácil y lamentablemente cada día que pasaba era peor para mi.
Escuché el suspiro de Edward detrás de mi mientras yo me sentaba en el sofá. No podía dejar de pensar en Angela, ahora sí que el tiempo se había acabado, ahora era tiempo de enfrentar las consecuencias de mis actos, era hora de aclararlo todo y que alguien saliera sufriendo, porque seguramente lo que Angela sentiría la haría sentirse muy mal, me odiaría.
-Vas a hacerte daño. - Murmuró Edward con el rostro serio, posando una de sus manos sobre una de las mías que descansaban en mis rodillas, casi desgarrándolas. Fui consciente entonces también del dolor que le estaba causando a mi labio inferior.
-Lo siento.- Me disculpé. Edward volvió a suspirar, y retiró su contacto del mío.
-Esto va a ser difícil, pero voy a estar contigo.
-¿Por qué confías tanto en mi? Después de lo que le he hecho a ella… no deberías… - No me dejó continuar, pues dos de sus dedos sellaron mis labios.
-Confío en ti y en tu amor.- Lo miré sorprendida. - No puedes engañarme, no lo vas a conseguir aunque te hayas empeñado estos días en alejarte de mi. - Acarició mi mejilla. - Si estamos separados vamos a ser infelices, no puedes negarlo. - Suspiré y agaché la mirada.
En esos momentos no podía pensar con claridad y en lo único que podía pensar era en las posibles reacciones de Angie. ¡Cielos! Si tan solo hubiese hecho las cosas bien… Ahora no estaría atormentándome de esta manera.
-Mírame. - Ordenó. Tardé unos segundos en hacerlo pero enfrenté su mirada esmeraldina, aquella que tenía el poder de hacerme perder la razón y en la que podía ver reflejado el amor que sentía por mi. Edward merecía la pena y no debía dudar de ello. - Tranquila, Bella, todo va a salir bien. - Dijo abrazándome, hundí mi cabeza en su pecho aguantándome el llanto.
Me sentía el ser más despreciable que pisaba la Tierra. Hubiese dado todo lo que tenía para desaparecer en cualquier momento como los cobardes, por no enfrentarme a esta situación tan difícil, sin embargo tenía que hacerlo por algo mucho más fuerte que me lo ordenaba: mi amor hacia él.
Me separé y besé su hombro antes de mirar el reloj de mi muñeca.
-Creo que es hora de que vaya al aeropuerto. ¿Por qué Alice no ha llegado aun? - Pregunté levantándome, caminando de arriba a abajo de manera ansiosa.
-Tranquila, seguro que no tarda en llegar. - Al ver que no paraba quieta volvió a suspirar, se acercó a mi y me detuvo. - ¿Quieres tranquilizarte, por favor? Yo estoy haciendo un esfuerzo enorme por lo mismo. - Negué con la cabeza.
-No tienes idea de lo que siento.
-Bella… - Susurró posando sus manos en mis hombros, pero en seguida me alejé.
-Por favor, no. A medida que pasa el tiempo me siento más culpable, no me lo hagas más difícil. - Confundido bufó y desapareció de mi vista.
Perfecto, pensé. Ahora me sentía despreciable por partida doble. ¿Por qué todo había sido tan complicado para mi desde un principio? Me sentí más nerviosa cuando escuché a Alice abrir la puerta del apartamento, ahora sí que debíamos salir.
-¿Y mi hermano?- Preguntó, me encogí de hombros.
-Se ha encerrado en su habitación. - Mi amiga negó con la cabeza.
-Espero que a partir de hoy todo sea más fácil, de verdad.
No dije nada, simplemente salí de allí. El viaje fue silencioso, las ganas de hablar me faltaban, durante tanto tiempo había deseado tanto este momento y en tan solo diez días había cambiado tan repentinamente… Me sentí aun peor cuando otras dudas comenzaron a bombardear mi cabeza.
¿Y si en realidad lo de Edward solo había sido una especie de espejismo? ¿Cómo había podido perder las ganas de ver a Angela en tan solo diez días? Mierda, mierda, mierda. ¿Por qué tenía que pasarme esto? ¿Por qué no había mantenido mi mente fría aquella noche? ¿Por qué?
Intentaba mantener el paso ligero de Alice, pero en realidad deseaba con toda mi alma relentizarlo. Miré la pantalla, el avión ya había aterrizado e informaba por cual puerta deberíamos recibirla. La gente te acumuló rápidamente en la entrada y yo deseaba simplemente que ella se hubiese quedado en aquel lugar alejado, no me sentía preparada para enfrentar aquella situación.
La mano de Alice presionó la mía y supe que la había visto.
-Quiere que te avise, Bella. Salúdala al menos.
Giré mi cabeza hacia la puerta, a lo lejos se veía una gran multitud de gente saludando a todos sus familiares, pero entre todos pude identificarla. Llevaba unos pantalones vaqueros y una camisa púrpura, su cabello liso enmarcaba su hermoso rostro de piel morena, tan diferente al de Edward… Lo que más me dolió fue distinguir su enorme sonrisa, quería verme, no había otra explicación. Me sentí aun peor.
-No puedo, Alice. Te juro que no puedo. - Hablé mientras bajaba el brazo. Ella volvió a presionar mi mano en un gesto claro de apoyo.
-Podrás, sé que podrás.
Sentía que el tiempo estaba pasando demasiado rápido. Angela ya había recogido sus pertenencias y ahora estaba caminando hacia nosotras con una enorme sonrisa, se me partió el alma. Casi corriendo se acercó hacia nosotras, saludó a Alice con un fuerte y rápido abrazo y se quedó observándome, igual que yo.
La miré a los ojos, aquellos ojos oscuros que siempre me habían fascinado y que habían sido reemplazados por otros color esmeralda, aquellos labios gruesos y carnosos que había deseado hasta la saciedad ahora no me resultaban tan apetecibles, sin embargo… Sin embargo tampoco los había olvidado. Tragué saliva y respondí levemente a su sonrisa para abrazarle.
El calor de su cuerpo me recibió y aspiré aquel dulce aroma de mujer por el que había rogado tanto tiempo, su mano acarició mi espalda y la presión que ejercían sus brazos a mi alrededor se negaba a desaparecer. Por un segundo me sentí en casa, por un mísero segundo. Se separó lentamente de mi y acunó mi rostro acercándose con la clara intención de besarme en los labios, pero no pude hacer otra cosa más que retirar la cara para que besara mi mejilla.
-Ya sabes lo que pienso de las demostraciones en público.- Murmuré en su oído, se separó frunciendo el ceño.
-Pensaba que esa fase ya había pasado.- apreté los labios en un claro "lo siento" pero ella solo sonrió haciéndome sentir otra vez mal.- Déjame entonces abrazarte.- Comentó haciéndolo.- Te he echado muchísimo de menos, Bella, no sabes cuánto.
Me había quedado sin saber qué decir, el lenguaje se había quedado en un lugar muy lejano de mi cerebro y era capaz de continuar una conversación.
-¿Te encuentras bien?- Preguntó preocupada examinando mi rostro con una mano sobre mi mejilla.
-Solo está un poco mareada.- Intervino Alice.
-¿Por qué? - Alice y yo nos miramos sin saber qué decir. - No has dormido por los nervios, ¿a que no?- Preguntó riendo, pero dejó de hacerlo al notar mi estado de ánimo. - Cariño, me tienes preocupada, ¿Qué es lo que pasa?
-Creo que no es el mejor momento para hablar, ¿no? - Dijo Alice con una sonrisa rompiendo un poco la tensión que se respiraba. - Tendréis tiempo, supongo que estás deseando instalarte.
-La verdad, es que sí. El viaje ha sido realmente largo. Mis padres querían que me quedara en Londres , pero ya iré a verlos mañana, no podía esperar a ver a Bella, tenía tantas ganas de regresar que…
Dejé de escuchar, una parte de mi se había ausentado inconscientemente mientras andábamos de camino al parking del aeropuerto. La mano de Angela se había enroscado en uno de mis brazos y yo era incapaz de retirarla a pesar de sentirme incómoda, no por su cercanía si no por mis hechos, por haberla engañado, por sentirme tan culpable.
El viaje dentro del coche de Alice fue algo mejor, pues me senté en el asiento del copiloto y Angela viajaba sola atrás, aunque a veces tenía que responder a algunas preguntas. Me había preguntado varias veces qué era lo que me pasaba y yo le había respondido con un simple nada.
Su cercanía me había vuelto a confundir, era cierto que ya no provocaba lo mismo en mi, era cierto que todo se había intensificado mucho más ahora con Edward, ¿Pero qué haría después de confesarle a Angela lo que le había hecho? ¿Necesitaría tiempo para recapacitar? ¿Me perdonaría algún día?
-Parecía que no se lo hubiese advertido. Tendríais que haberle visto la cara cuando le tiré la cerveza en la cara, pobrecito, después me dio pena, sobretodo cuando le dije que era lesbiana, ahí sí que creo que casi le da un infarto de miocardio. - Pausó su monólogo cuando entró al apartamento. - Vaya, es grande.
-Sí, la verdad es que estamos muy cómodos viviendo aquí.
-Ah, es cierto, tu hermano vive aquí también. - Me tensé al escuchar salir esa frase de sus labios. - ¿Es él?
Ni siquiera me había dado cuenta de que Edward había salido hacia el comedor, pues había entrado con la mirada gacha, deseando soltar el bolso que le había subido a Angela. Sentí que toda la sangre me baja a los pies, sentí que todo el pulso se me detenía, estaba demasiado avergonzada viéndolos a los dos en una misma habitación.
-Soy Angela.- Se presentó, sonriendo.
-Encantado.- Dijo Edward, en un tono de voz bastante reservado. No avanzó ni un paso.
-Es muy guapo Alice… - Bromeó dándole un codazo a mi amiga, quien sonrió intentando en todo momento darle más naturalidad a nuestro reencuentro, después se giró hacia mi y me miró de nuevo preocupada. - Bella, en serio que estás muy rara. - Relajó los músculos faciales.- Oye, enséñame tu habitación, lo poco que pude ver fue desde la Web Cam.
-Sí, será… será mejor que hablemos. - Me atreví a decir.
-¿Hablar?- Inquirió confusa, yo solo asentí.
-Será mejor que salga un rato, ¿vienes Alice? - Preguntó Edward con la voz distorsionada, era raro escucharle hablar en ese tono de voz tan nervioso.
-Sí, claro.
Edward avanzó hasta el recibidor, cruzándose conmigo y mirándome intensamente, mostrando aquella preocupación y aquella fuerza a la vez, que necesitaba para enfrentarme a Angela.
Respiré lo más profundamente que pude cuando escuché y vi la puerta de la entrada cerrarse, intentando reunir con ese simple gesto un valor que sabía que no tenía. Giré mi cuello para toparme con lo que había intentado evitar en todo momento, hablar con ella a solas.
Quería desaparecer en aquel preciso momento, que me tragara la tierra, quería no haber existido nunca, así habría ahorrado mucho dolor, incluido el mío. Quería salir corriendo y huir, lamentablemente sabía que eso solo haría las cosas más difíciles. Sabía que me había comportado en todo momento como una cobarde, tanto con Edward como con Angela, pero había habido un momento en el que sentí que los quería a los dos y era demasiado difícil elegir.
-¿Piensas moverte? No has pestañeado desde hace bastante tiempo, ¿estás bien?- Preguntó Angela, haciendo que por fin pestañeara y enfocara su rostro.
-Estoy bien… ¿Te parece que nos sentemos en el sofá.
Estaba siendo demasiado rebuscada y lo sabía, estaba haciendo todo lo posible por retrasar el momento, por retrasar lo inevitable, pero en realidad estaba muerta de miedo, no sabía que esperar de esto. Ella se limitó a asentir y se sentó, pidiéndome únicamente un vaso de agua.
Me senté cuando regresé hundiendo mis dedos en las rodillas, sentía como las palmas de las manos me sudaban intensamente. Estaba tan desesperada, me sentía tan culpable que quería rasgarme el rostro con mis propias uñas.
-¿Y bien? - Carraspeé.
-¿Te va todo bien por allí?
-Sí… Bella.- Me llamó acercándose más a mi haciendo contacto con mi cuerpo. - Realmente te noto extraña, además estás pálida, ¿Quieres que vayamos al médico, amor? - Su mano acarició mi mejilla tiernamente, su piel era cálida y suave pero no sentía las sensaciones que Edward me brindaba. Con la mayor de las delicadezas rodeé su mano y la retiré de mi rostro, pero no la solté.
-Yo… quería hablar contigo.
-¿Estas nerviosa?
-¿Yo?- Pregunté sorprendida.
-Bueno, siempre que te muerdes el labio es porque te pones nerviosa.
Dejé de hacerlo involuntariamente y ella rió. Me sentía fatal, dos años junto a ella no habían sido precisamente nada y me dolía demasiado tener que romperle el corazón de esta manera. Sentí su aliento muy cerca de mi rostro y me retiré de inmediato en un acto reflejo.
-Bella… estamos solas. - Murmuró pasando su mano libre por mi muslo provocando que me pusiera mucho más nerviosa. ¿Qué tenía que hacer para detenerla sin que se sintiera rechazada? Su toque reafirmaba una vez más que ni tan solo la deseaba. ¿Cómo había pasado de TODO a NADA?
-Espera… - Ella frunció el ceño. - Quiero que hablemos. - Si escuchó mis palabras no hizo caso, ya que su cuello se estiró para intentar besar mis labios, pero no pude corresponderle.
-¿Qué es lo que pasa? - Preguntó desconcertada.
-Yo… tengo que contarte algo, pero no sé como empezar.
-¿Por el principio?
Asentí no muy convencida y volví a respirar hondo, ella me miraba con expresión ansiosa, esperando a que comenzara a hablar.
-No quería hacerte daño, sabes cuanto te he querido y…
-¿Te he querido? - En seguida me di cuenta de mi falta, tenía que haber empezado de otro modo más sutil. ¡Mierda! - ¿¡Te he querido!- Volvió a repetir, exigiendo con su tono una explicación.
-Lo siento… yo…
-¿Has dejado de quererme? - Preguntó en un hilo de voz…- ¿Y me lo dices así?
-Angela, de verdad que no quería hacerte daño yo…
-¿Estás con otra? - A estas alturas era muy difícil entendernos puesto que el llanto se había apoderado de nuestra voz. Guardé silencio. - Quiero saberlo todo, Bella, no te calles ahora, habla, ¿no querías hablar? ¡Hazlo! - Exigió levantándose y llevándose las manos a su rostro, intentando en un falso intento limpiarse las lágrimas. Verla así me hizo sentir el peor monstruo del planeta y sentí deseos de querer reconfortarla, pero no era momento para abrazarla… - ¡Habla! - Repitió.
-Yo… no lo tenía planeado… solo… surgió.
-¿Por qué no me lo dijiste antes? - Suspiré.
No quería hacerle daño, pero ya estaba bien de tanta mentira, de ocultar tanta información. Tenía que ser honesta con ella y tenía que decirle la verdad, por mucho que le doliera a ella y por mucho que me doliera a mi. Me levanté y caminé unos pasos, quedando de espaldas a ella.
-Fue impensable, ni yo misma podía creerlo, por eso no te dije nada, porque simplemente pensaba que era algún tipo de ilusión, creí verte a ti en esa persona… pero era imposible.
-¿Verme a mi en ella? - Me giré haciendo acopio de la poca fuerza que me quedaba en mi interior y la miré, clavando mis ojos en los suyos y armándome de valor.
-En… en él. - Nos quedamos unos segundos en silencio. Yo esperando su reacción, ella ausente, sin asimilar lo que le había dicho, hasta que con pasos firmes se acercó hasta mi, levantó su mano, y aunque si hubiese querido podría haberla detenido, dejé que me pegara con toda la ira que ella sentía en aquel momento.
-Eres… eres…
-Despreciable.- Murmuré notando como mi mejilla picaba.
-¿Pero como puede ser, Bella? ¿Es que a ti… no te gustaban las mujeres? ¡Bella! - Volvió a llamarme zarandeándome por los hombros.
-¡Sí, sí! - Ella dejó de moverme y nos quedamos observando. - Pero alguien una vez me dijo que no te enamoras de un sexo determinado, te enamoras de una persona en concreto, da igual si es hombre o mujer, solo tiene que importarte lo que te aporta, lo que te hace sentir… - Angela se alejó de mi unos pasos y volví a sentirme peor todavía. La estaba destrozando, cada vez más.
-¿Por qué… por qué! - Preguntaba sollozando, me acerqué a ella.
-Yo te he querido mucho… pero no puedo seguir haciéndolo porque por muy inexplicable que lo encuentres ya no lo hago. No quiero seguir engañándote, me he sentido como la peor persona de este mundo ocultándote todo esto.
- Por eso últimamente no me llamabas tan a menudo, por eso estabas tan rara por teléfono. ¿Es alguien de la universidad?
-No importa quien sea…
-Quiero saberlo.
-No quiero hacerte más daño, déjalo estar Angela, es mejor así.
-Dímelo, por favor, le conozco, ¿verdad? Por eso no quieres decírmelo. Le conozco…
-Angela… - Insistí.
-Será lo último que te pida…
Me había sentido tan mal, que no quería causarle más daño. Pero al verla así, pidiéndomelo con esa intensidad en la mirada, con esa desesperación en su voz… Decidí que se lo debía que por muy mal que me hubiese portado con ella y por mucho dolor que toda esta conversación le estuviese infligiendo, ella se merecía todas las respuestas, por muy dolorosas que fueran.
-Edward. - Murmuré casi en un hilo de voz.
-¿El… hermano… de Alice?- Preguntó con dificultad después de unos segundos.
Prreferí no responder su pregunta, mi silencio era más que suficiente. Podía sentir en su mirada el rencor y la ira que desprendía hacia mi, una mirada que jamás había visto en la vida y que no pudo evitar que el vello se me erizara. Cerré los ojos cuando noté como ella se dirigía a la puerta, escuché como cogía desesperadamente todo su equipaje y cerró la puerta de entrada con un sonoro portazo.
Me dejé caer de rodillas superada por la tensión, el dolor y la culpabilidad. Había sido una egoísta y una cobarde por no haber asumido antes lo que sentía, por querer abarcarlo todo. Tenía que haber sido valiente desde el principio, asumir lo que Edward y yo habíamos sentido y avisar a Angela, pero quise poder con todo, desee con todo mi corazón no pertenecer a él, por miedo a que fuese una simple distracción para mi, pero no lo fue.
Desde un principio fue mucho más fuerte de lo que jamás pensé y deseé, más incluso que aquella atracción sexual que nos embargaba cada vez que estábamos cerca. Era una conexión inexplicable pero certera, una conexión irremediable. Lo que Edward y yo sentíamos iba mucho más allá de lo físico y del corazón.
No sabía cuanto tiempo había pasado, estaba desorientada, pero sentí unas manos acariciarme la espalda, hasta ese momento no me había dado cuenta que había permanecido aovillada en el suelo, en el mismo lugar donde me había derrumbado. El toque de la mano siguiente fue mucho más reconfortante, acompañado de aquella extraña sensación eléctrica que recorría mis fibras cada vez que contactaba con mi piel.
Levanté el rostro lentamente aun lleno de lágrimas. Alice fue la primera en abrazarme, haciéndome saber que su apoyo incondicional seguía ahí, como siempre. Hundí mi rostro en su cuello y rodeé su estrecha cintura presionando su pequeño cuerpo más contra el mío.
Pronto sentí el duro pecho de Edward en mi espalda, y sus brazos rodear mi cintura, escondiendo su rostro en el hueco de mi cuello.
-Llora mi vida, llora y desahógate, no vas a estar sola. - Susurró.
Y en cuanto escuché su voz, me di cuenta realmente de lo que tenía que hacer con Edward, no iba a ser fácil, pero era necesario, tanto para el, como para mi.
Bueno, aquí os dejo con el corazón roto de Angela... pero tenía que pasar, tarde o temprano!. Informo que a este fic le quedan pocos capítulos.
sophia18, yomisma, E. Cullen Vigo, Ally Pattinson, Fran Cullen Masen, Lynn, Jos WeasleyC, Laliita, Marylouu, tlebd, GRACIAS! :)
Hasta el próximoo!
