Disclaimer: Boku No Hero Academia/My Hero Academia y sus personajes pertenecen a Horikoshi Kohei, el uso de ellos es sin ánimo de lucro y con fines de entretenimiento. Lo único que me pertenece son mis OCs y la idea para la trama de este fic.


Capítulo 11

Consecuencias


She never slows down.
She doesn't know why but she knows that when she's all alone, feels like its all coming down
She won't turn around
The shadows are long and she fears if she cries that first tear, the tears will not stop raining down

Superchick-Stand in the rain


—Es una suerte que haya rampas y ascensores aquí, ¿cierto? U.A. está preparado para cualquier cosa… También, con la superficie tan grande que ocupa, sería una tortura tener que estar subiendo y bajando escaleras todo el rato.

Hayato se limpió una gota de sudor con la punta de la corbata, comprobando sus alrededores en caso de que alguien estuviese ahí para presenciar cómo rompía cualquier fachada de elegancia. Tampoco es como si pudiese serlo "conduciendo" una silla de ruedas.

—Izumi, deja de ignorarme, ¿quieres? —protestó al salir del ascensor.

Se inclinó sobre el hombro de Akira para mirarle

—¡Pero si está dormida! Será…—tras su indignación, había un toque de humor. Akira había intentado resistirse a tomar sus medicamentos, en especial los analgésicos, dado que le entumecían y quería estar lo más alerta posible mientras estuviese. Una suerte que tuviese tres personas que le hicieran entrar en razón, conociéndola, una vez volviese a casa les habría echado la culpa por dejar que se saliera con la suya.

Procedió a peinarse el tupé con una mano, suspirando, mientras con la otra aún sujetaba el asa de la silla.

—¿Qué hace un pajarito tan guapo como tú paseando por aquí?

Plantearme cómo de bien se volaría si me tiro desde un octavo piso.

Intentó contenerse, aun así, sus alas comenzaron a mecerse al ritmo suficiente como para levantar una suave brisa. Vio horrorizado cómo una pluma grisácea caía al suelo: solía pasarle cuando estaba estresado o nervioso, y seguía sin saber si era mejor o peor a ir perdiendo mechones de su pelo.

Midnight, la heroína para mayores de dieciocho, desde luego conseguía reducirlo a una masa incoherente de tartamudeos, tirando su muralla de coquetería. Con Akira tontear era fácil, porque no era en serio y era una persona más… suave, apartando sus excentricidades, frente al aspecto y amaneramiento de enfoque más agresivo de la morena. Por dios, casi consideraba a Akira una hermana, su mayor pasatiempo era molestarla. Midnight era otro tema completamente distinto.

—Pues… a mi polluelo se le rompió un ala y ahora tengo que llevarle yo a los sitios—contestó, riéndose con su propia broma antes de que la mujer pudiese procesarlo siquiera.

Ella le analizó sin discreción alguna, mostrando sin tapujos lo mucho que disfrutaba poniéndole nervioso. Su sonrisa sádica solo provocó que Hayato sudara más.

—Por el silencio, deduzco que está echándose una siesta—comentó, pasando por su lado para acercarse a su compañera. —Tiene que ser duro para ella, estar confinada en casa y sin moverse apenas, con heridas de ese calibre… Es la primera vez que le pasa algo así, ¿me equivoco?

Hayato asintió y agachó la mirada apesadumbrado, frotándose la barbilla. Cuando trabajaban juntos, incluso antes de que él abriese la agencia, siendo aún policía, Akira nunca se metió en una pelea seria y mucho menos llegó a encontrarse villanos tan peligrosos. Debía agradecer la relativa paz y seguridad que All Might construyó con los años; sin embargo, metió en una burbuja de comodidad a muchos héroes que, lo quisieran o no, estallaría en algún momento, obligándoles a enfrentarse a un problema para el que no estaban preparados, con una educación conformista y simple detrás que llenaba el sistema de supuestos profesionales ineptos en su trabajo.

Ojalá la dosis de realidad no le hubiese llegado de esta manera.

—Lleva casi dos semanas preguntando día y noche por Eraserhead—dijo él, reemprendiendo la marcha hacia la sala que habían acomodado, con Midnight siguiéndole de cerca. —Lo cual me extraña. Conozco a Aizawa, no es lo que se dice… encantador. Es la última persona a la que me imaginaría llevándose bien con Izumi.

Ella rio entre dientes, meneando la cabeza.

—Y no lo hacían, al principio. Era hasta ridículo. Aizawa huía de ella por lo ruidosa que era y Akira se escondía de él porque le intimidaba, además de que estaban picados. Eraser no le dio el más cálido de los recibimientos. Pero, experiencias de este tipo… unen a las personas. Eso o hay algo que no nos están contando, ¿no crees? —Midnight se llevó un dedo a los labios como gesto pensativo, sus ojos delatando la intención juguetona detrás. Hayato alzó una ceja.

—Hmmm, no te montes historias, Midnight—la voz somnolienta de Akira tomó por sorpresa al héroe alado, quien redujo la velocidad. — Y tú, me haces sonar como una acosadora. Me estáis dando dolor de cabeza.

—Perdone, Lady Izumi, por perturbar su sueño sagrado—contestó Hayato. Puso una voz exagerada, alzando la vista al techo como alguien que llevaba años lidiando con ella.

—Sois un impertinente, Sir Daigo. Si no fueseis tan guapo, os habría cortado la cabeza hace tiempo.

—Me tomaré eso como un halago.

Midnight puso una mano sobre su cadera, riéndose con la teatral conversación entre los dos viejos amigos. Le recordó a tiempos más tranquilos, a sus años de estudiante cuando Yamada fingía ser presentador y Aizawa le seguía la corriente. Por supuesto, ambos iban alternando los papeles, y otras veces él era la estrella y ella la que entrevistaba, o quien retransmitía un evento importante.

Y ahora lleva años siendo un reconocido DJ y locutor en su propio programa de radio. Ella salía en portadas de revistas, era el rostro de varias marcas, e incluso era anfitriona del Festival Deportivo, mientras Aizawa… Bueno, seguía odiando los medios.

—Ahí lo tienes, querida.


Akira alzó la cara hacia ella, su ceño fruncido y la mirada dictando una clara amenaza. Midnight se limitó a guiñarle un ojo, siguiendo pasillo abajo. Se despidió agitando una mano en el aire.

En efecto, Aizawa estaba allí, apoyado junto a la puerta. Tenía la cabeza gacha, la barbilla tocando su pecho. El pelo caía rebelde a los lados, ocultando parte del pesado vendaje que le tapaba por completo el rostro. Sus brazos estaban sujetos por la tela que iba desde los hombros hasta las escayolas, manteniéndolos naturalmente el uno sobre el otro.

Se tragó la lástima, la rabia y el odio, para centrarse en lo que más importaba: estaban vivos.

—¿Qué demonios haces ahí? Deberías estar descansando hasta que te recuperes por completo.

Su temple duró poco, por supuesto. Aizawa gruñó, separando su pie de la pared y enderezándose de mala gana.

—No soy yo el que va en silla de ruedas, ni parezco que voy a desvanecerme en cualquier momento—replicó él, ronco. Separó los párpados lentamente, revelando el blanco inyectado en sangre y el tono oscuro casi diluido por el cansancio.

Hayato estuvo a punto de saltar en su defensa, disgustado por su tono cortante y poco tacto, mas Akira esbozó una pequeña sonrisita que hizo que se contuviera.

—Al menos no voy disfrazada de momia.

—Felicidades. Deberían darte el premio a la originalidad.

—Hago lo que puedo, Aizawa—Akira se encogió de hombros, apartando el flequillo de su campo de visión.

Hubo un silencio, demasiado prolongado para el gusto de Hayato, donde ninguno de los tres supo qué decirse. O quizás era él, que se sentía extraño con esa repentina complicidad, la forma en que los dos se observaron largo y tendido…

Tras lo que pareció una eternidad, Aizawa habló al fin.

—No debiste hacerlo. Si me hubieses obedecido—

—Es ilógico pararse a pensar en los "y si" ahora, ¿no crees? Lo hecho, hecho está.

Él cambió su peso de un pie a otro, gruñendo al sentir la tirantez del amago de sonrisa. Por supuesto, ninguno de los dos pudo verla.

—Si tú has empezado a usar la razón, debiste golpearte la cabeza al caer más fuerte de lo que se creía.

Hayato tensó los puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos; sus ojos ámbar perforaron al profesor, quien tardó en captar la advertencia hostil de que se callara y no siguiera por ese camino.

—No fue por la caída—murmuró ella, alzando la mano izquierda para tocarse la frente, apartándola por puro instinto nada más rozar la línea de nacimiento del cabello. Suelto le llegaba casi hasta la cintura, y el mero hecho de no tenerlo recogido ya extrañó a Aizawa.

Ciertamente, el instante en el que el Noumu le abandonó para ir a por Akira, él tenía la cara hundida en el suelo y el cráneo fracturado. Le recordó chillando. El horrible sonido de huesos rompiéndose y algo impactando con fuerza contra el pavimento.

Le empezaron a escocer los ojos; dio un paso atrás, ocultando la flaqueza en sus piernas como buenamente pudo.

—Disculpa, Izumi.

Akira parpadeó, sorprendida al verle hacer una reverencia dedicada a ella. Sabía que no había hecho ese comentario con mala intención, y que había sido en clave de humor, un poco retorcido, pero lo era. Como psicóloga, sabía perfectamente que el hacer bromas o convertir las desgracias y problemas en algo de lo que reírse era una forma muy común de sobrellevarlos.

—Está… está bien, Aizawa. De verdad—musitó, agachando la vista hasta fijarla en el morado de la manta que cubría sus piernas.

Tenía la sensación de haberse desinflado. Realmente había ido a la escuela por voluntad propia, ansiosa por ver cómo estaba la Clase 1-A y asegurarse de que su salud mental no había quedado perjudicada en el ataque. Eso incluía Aizawa, por supuesto. Ver el alcance del daño físico en él ya estaba siendo un shock, y comprobar que iba más allá… Se lo había notado. Era incapaz de adivinar qué pasó exactamente por su cabeza, pero tuvo que ser lo suficientemente malo como para causarle un malestar perceptible para ella.

Aizawa se enderezó, asintiendo una sola vez antes de darse media vuelta y abrir la puerta de la sala de un puntapié.

Ella frunció el ceño, ajena al enfado convertido en lástima en Hayato. Se sobresaltó al sentir su tacto cálido en el cuello, molestándose en agrupar sus mechones rebeldes y echar todo su pelo en el hombro contrario.

Lo que era un gesto inofensivo, casi de afecto, se había convertido en un detonante.

—¿Podríamos entrar de una vez, por favor? Lo último que quiero es retener a nadie más de la cuenta, y la mañana no es eterna…—la súplica escapó de sus labios con más agresividad que la pretendida, pillando desprevenido a Hayato.


La sala era tan exageradamente grande como las demás, sus paredes azules desnudas a excepción de un par de armarios y casilleros probablemente vacíos. En el centro se encontraban un sofá de dos plazas negro y una mesilla de café metálica. Akira se sorprendió al ver una tetera humeante rodeada de vasos sobre ella.

—¿El director, supongo? —preguntó, carraspeando antes de entrelazar los dedos sobre su regazo.

Hayato la dejó frente a la mesa, agachándose para ponerle el freno a la silla de ruedas. El espacio entre ella y el mueble era ocupado por su pierna, aun escayolada y alzada por una vara de hierro con sujeción.

—Sí, ya sabes cómo es. Dice que se habla mejor con un buen té de por medio—contestó Aizawa, mirando desinteresado la vajilla. —¿Estás lista?

—¿Hm? —Akira enfocó de nuevo su vista y se puso en contacto con la realidad para fijarse en él. —Por supuesto. Puedes ir llamándoles.

Aizawa emitió un gruñido afirmativo, saliendo de la habitación. Una vez volvieron a estar solos, el ambiente se volvió pesado.

—Creo… que debería marcharme ya. Tengo asuntos que atender en la agencia. Si necesitas cualquier cosa, llámame, o a Meiko—Hayato se rascó el cuello, incómodo.

Akira jugueteaba con la espiral de un cuaderno viejo, y tan solo formuló un "hasta luego" desganado.

—Izumi—le llamó, deteniéndose en el marco de la puerta. Le daba la espalda, por lo que no alcanzó a ver su expresión curiosa. Acabó exhalando, derrotado. —En la mochila tienes algunos de los dulces que te mandó Toyomitsu, come eso al menos, ¿quieres? Matarte de hambre no te aportará absolutamente nada.

Obviamente, eso no era lo que quería decirle. Akira tampoco insistió.


—Sentaos, chicos. ¿Un poco de té?

—Paso—contestó Bakugou.

Kirishima declinó la oferta con más educación, evitando a toda costa no observar más de la cuenta a la psicóloga. Bakugou ni siquiera le daba la cara, volteada hacia la ventana, aunque sí le miró de reojo con muy poca discreción.

Akira hizo una nota rápida en su libreta sobre la postura del joven rubio, su bota apoyada en el filo de la mesilla y las piernas tan separadas que casi tenía arrinconado a Kirishima.

Muestra abierta falta de implicación e interés sobre el tema. Sabe por qué está aquí. Como siempre, tiene levantada la cabeza y proyecta la barbilla hacia delante, un gesto agresivo y que trata de transmitir poder. Su actitud provocativa suele usarse para infundir temor o intimidar a quienes le rodean.

—¿Cómo vais en clase? He oído que Snipe ha estado sustituyendo a vuestro tutor estas semanas.

La clave era empezar suave, no ir demasiado directa e ir preparando el terreno paulatinamente hasta que estuvieran lo suficiente cómodos para abordar el incidente. Mantenerse casual, sonreírles, no hacer notar que aquello era una evaluación psicológica.

Los ojos de Kirishima brillaron y se enderezó aún más en el asiento.

—¡El profesor Snipe es realmente genial! Suele llegar tarde, eso sí, y a veces hace chistes un tanto… escabrosos.

Akira despegó la vista del papel, alzando una ceja e instándole a explicarse.

Antes de que el pelirrojo pudiese contestar, Bakugou intervino al fin.

—No tiene una mierda de gracia. Se pasea como si fuese un sheriff o una chorrada del estilo. Ahora, ¿podría ir al grano?

Kirishima trató de regañarle, dándole un codazo suave.

—Está bien. Si os sentís lo suficientemente cómodos…


—¿En algún momento sentisteis que vuestra vida estaba en un peligro potencial?

Empezó con una risa suave, casi para sí mismo. Kaminari alternó la mirada entre Jirou y Yaoyorozu, alcanzando el nivel de carcajadas descontroladas hasta darse una palmada en una rodilla. Jirou se dio una palmada en la frente completamente exasperada a la par que Momo se colocaba una mano en el pecho, dedicándole un vistazo incrédulo al rubio.

—Está de coña, ¿verdad?

—Ya lo pillo, Kaminari. Sé que fue una situación peliaguda. Me refería a si hubo un instante concreto donde pensasteis… que era el final. Si perdisteis la esperanza, o visteis vuestra vida pasar, como suele decirse.

—Tuvimos la mala suerte de estar en una zona con bastantes villanos—concedió Jirou, enredando el cable que salía de su lóbulo en su dedo índice. —Aun así, luchamos hasta el final.

—Creo que hicimos un buen trabajo entre los tres. Si llegamos a caer solos…—Momo agachó la vista, afligida. El solo imaginarse qué habría sido de ellos en esa situación le provocaba náuseas.

Akira intentó inclinarse para darle unas palmaditas reconfortantes a Yaoyorozu, sin embargo, en cuanto amagó moverse, su costado le recordó demasiado bien cómo había sido su propio caso. Ocultó el dolor con una sonrisa tensa.

—Bueno, sí, conmigo a vuestro lado no teníais nada que temer—dijo Kaminari, resoplando.

Jirou se detuvo. Momo suspiró.

—¿Tú eres tonto o qué?


—¡Señorita Izumi! ¡Lleva puesta nuestra pulsera!

Hagakure se acercó a ella, señalando el accesorio en su muñeca. Akira estiró el brazo para que ella pudiese verla más de cerca, esbozando una mueca de ternura.

—Aoyama tenía razón, ese era el morado correcto, como el de sus ojos—comentó, satisfecha con la pequeña artesanía.

Todoroki le dio un breve sorbo a su taza de té, su semblante tranquilo y postura relajada contrastando con la hiperactividad de Hagakure.

Tan enigmático como siempre.

Los orbes lila de Akira pasearon entre los dos jóvenes, radicalmente distintos entre sí. Ahora, podían decir que tenían algunas cosas en común: compartían un secreto, y les debía un gran favor.

—Sé por qué está aquí.

Akira se quedó callada, esperando a que el chico abandonase su bebida y continuara.

—Puede estar tranquila, nadie conoce lo de—

—Soy consciente de ello: confiaba en que hablaríais conmigo antes de hacer nada, y que tendríais preguntas. No obstante, me temo que te has equivocado—le frenó Akira. Hagakure ladeó la cabeza con curiosidad. —Estoy un poco ofendida, incluso. ¿En serio crees que he venido para asegurarme de vuestro silencio?

Parece tener tendencia a no esperar demasiado de otros, por no decir nada. No socializa apenas y a primera vista cualquiera diría que mira a sus compañeros por encima del hombro, y a veces, hasta a los adultos.

Él parpadeó.

En ese momento de asombro, bajo la revisión analítica de Akira, fue incapaz de mantener sus defensas en alto. Sus reminiscencias de desesperación, puro pánico y odio, que encontró reflejadas en las lágrimas de una adulta convertida por un segundo en niña a raíz del miedo. Desconocía sus motivos, y tras darle muchas vueltas llegando a plantearse los peores escenarios, concluyó que no los necesitaba; que era una réplica de la incógnita que él suponía para sus compañeros.

Ella de verdad parecía disgustada, ocultándose detrás del pelo -ligeramente revuelto- y mordiéndose el labio inferior.

—Solo… quería daros las gracias por vuestra ayuda ese día. Fuisteis auténticos héroes—enunció Akira, estableciendo de nuevo contacto visual.

Callaba la pequeña y muy presente culpabilidad: había oído que Todoroki salvó a All Might de una muerte casi segura. Era una hipocresía, teniendo en cuenta lo que le había dicho a Aizawa una hora atrás, mas se torturaba con la posibilidad que de no haber hecho que el joven la moviera, él habría llegado antes y quizás…

Quizás All Might no habría tenido que soportar la garra clavándose en sus entrañas, manipulando las manecillas del reloj para robarle su tiempo y reducirle a diez míseros minutos.

—Profesora, si me permite…

—Adelante, Hagakure.

—¿Cómo hace eso? ¿Tiene que ver con su segundo Quirk? Por cierto, ¿qué es exactamente?

Akira abrió la boca, juntando sus cejas confundida sin tener la más remota idea de qué hablaba.

Sus dedos pusieron un alto al bolígrafo en un reflejo involuntario, como si el gesto a modo de señal de la chiquilla y la observación meticulosa de Todoroki rompieran un hechizo. Se fijó en la hoja, sumamente extrañada.

El color abandonó su piel al ver los nombres escritos, los tachones y trazos incoherentes ocupando media página.

Hagakure emitió un pequeño grito de asombro cunado el objeto de plástico que Akira sostenía reventó, llenando la libreta y la manta de tinta azul.


La serenidad en los pasillos, la luz cegadora atravesando los ventanales y el ambiente cálido le conferían a la escuela un aspecto casi de ensueño, un edificio fantasma perturbado solo por el sol y la luna.

Así estuvo, hasta que su vista no aguantó más, contemplando el paisaje; o eso podía parecer. Su cuerpo estaba allí inmóvil, dominado por su quietud, mientras su mente vagaba por un lugar muy lejano.

De fondo, podía escucharse el rumor de los estudiantes en la cafetería.

El sueño fue dominándola cayendo sobre ella pesadamente. Conseguir conducir su propia silla de ruedas había sido un suplicio, cansándola hasta el punto de limitarse a estar en la mitad del corredor, incapaz de continuar hasta la sala de profesores.

A las voces lejanas se sumaron pasos, más nítidos y contundentes: alguien se acercaba.

—¿Qué hace usted aquí?

Akira se cubrió la boca al bostezar, sonriéndole después amplia y perezosamente al joven.

—¡Vaya, si es mi estudiante de Generales favorito! Hola a ti también, Shinsou.

Él paró, a unos metros, las manos aún metidas en los bolsillos. En sus párpados oscurecidos se adivinaba que, como ella, mataría por unas buenas horas de sueño. Tras unos segundos de examen cauteloso, terminó acercándose arrastrando los pies.

—Estoy seguro de que le dice eso a todos—fue su respuesta, en un tono apenas distinto a su monotonía usual, aunque supuestamente fuese juguetón.

—Solo a los chicos de pelo morado—replicó ella, dedicándole un guiño mientras comenzaba un intento de trenza.

Shinsou se quedó callado, contemplándola sin más. Reflexionaba sobre si debería sacar el tema tabú o seguir de largo; puede que ni siquiera hubiese debido parar.

Desde que ella llegó, los departamentos ajenos al tema heroico la recibieron con cierto escepticismo. Muchos creían que poco tendría ella que ver allí, por si Akira no tuviese suficiente con el escaso entusiasmo que las otras clases profesaban por sus lecciones.

"La psicología, ética y moral no se limita a un solo campo. La educación no tiene, no debería, conocer distinciones tampoco. Así que sí, vais a tener que aguantar esta asignatura".

Creyeron que su clase iba a ser un infierno: resultó que ese día venía de mal humor porque alguien de segundo año había hablado mal de su profesión y la materia. Fueron descubriendo que Akira Izumi distaba de ser una persona dura y estricta, al contrario, pero era preferible no hacerla enfadar.

La verdad, ninguno supo que ella misma era una heroína hasta que lo confirmaron. Descubrieron su Quirk investigando en periódicos recónditos, habiendo hecho previamente una apuesta de qué podría ser: "vomitar arcoíris", "mandar trabajos" y "ser aburrida" quedaron obviamente descartados, y los graciosillos de turno se sabotearon a sí mismos. Ninguno acertó.

Shinsou no se esforzaba con ella más que en el resto de clases, apuntaba alto en cuanto a notas de cara a una posible transferencia al curso de héroes. La temática era interesante, y sería hipócrita por su parte no darle importancia a la salud mental, quitando que pudiese llegar a hacer cosas poco éticas muy de vez en cuando… Como ser amistoso con ella por tenerla de su parte, no sabía en qué momento podría necesitar que un profesor le apoyara.

Hasta que surgió lo de su Quirk. Y ella se lo contó, lo difícil que había sido hacerse heroína sin un poder físico, cómo la gente creía que por lo que era capaz de hacer, manipularía las emociones de los demás a su gusto y haría un uso egoísta, propio de un villano, de ellas. Cómo sus propios compañeros la miraban por encima del hombro, lo inútil que se llegaba a sentir. Y ella le dedicó una de las sonrisas más sinceras y amplias que había visto, y se lo dijo: "No estás solo en esto, creo firmemente en que te convertirás en un gran héroe".

Entonces el acto se convirtió en verdad. Si ella le apoyaba, no sería por sus juegos mentales.

—¿No vas a almorzar, Shinsou? —inquirió Akira, sacándole de su ensimismamiento. Sus manos cayeron de regreso a la manta, y por primera vez divisó los manchurrones azules.

—Se me había olvidado la cartera en clase—fue su explicación, frotándose la parte posterior del cuello. —¿Se encuentra bien?

Akira alisó una arruga de la manta, asintiendo.

—He escuchado que el Festival Deportivo está a la vuelta de la esquina.

De acuerdo, no quiere hablar de ella, tampoco le presionaré.

—Aun no lo han anunciado de forma oficial, pero sí, suele celebrarse por estas fechas. Espero verla entre el público.

—Le robaré el asiento a All Might si hace falta.


Aoyama fue el primero en llegar, ya que traía su propia comida y se quedaba en clase, se presentó antes que la propia Akira. Ella le miró, alzando una ceja al verle ya sentado con una postura elegante, propia de alguien de la realeza.

Bon soir, madame. Es un placer volver a verla.

Akira terminó de situarse frente a él, sin aliento.

—Ah, lo mismo digo, Aoyama. Ando corta de tiempo así que seré directa.

El rubio se tensó, descruzando las piernas una y otra vez hasta que Akira le aseguró que no debía preocuparse.

—Solo quería saber dónde estuviste en la USJ. Nadie te vio, no reportaste nada… No estabas herido, por suerte, pero quiero asegurarme de qué sucedió.

Aoyama tragó saliva. Relajó sus hombros, evitando la insistencia en los ojos de su profesora. Soltó el aire que llevaba reteniendo desde hacía saber cuánto, analizando sus propias manos; a ella no podía responderle con secretismo ni hacerse el dramático.

—En la zona de incendios—respondió.

—¿Con Arashi y Ojiro? Ni ellos ni Power Loader te—

—No, no me vieron, porque estuve escondido. Yo… me defendí de un par de villanos, y fui incapaz de seguir peleando. Habría sido una carga para ellos. Además, me llené de hollín así que en cuanto supe que habían llegado los profesionales me escabullí, ¡no iba a dejar que me vieran así! —añadió finalmente, haciendo una floritura indignada.

Tras la falsa vanidad, sabía que se escondía la vergüenza, el miedo y el sentimiento de inutilidad.

—De acuerdo, Aoyama. No puedes controlar, al menos por ahora, los efectos secundarios de tu Quirk, por lo que no es culpa tuya. Hiciste lo que estuvo en tus manos, y ocultándote te mantuviste a salvo—le reconfortó. —Si ya brillas… ¡Imagínate lo deslumbrante que serás en el futuro! ¿Para qué crees que estamos aquí?

Aoyama se puso en pie de repente, inclinándose hacia ella y sorprendiéndola al tomar sus manos entre las suyas. Casi podía ver estrellas en los ojos del joven, sonriendo de oreja a oreja.

—Gracias por ser tan comprensiva. Dígame, madame, ¿le gusta el queso?

Akira no pudo contener su risita ante el entusiasmo de Aoyama, uno de sus alumnos más excéntricos, pero como estaba viendo, de muy buen corazón.


—Me tocó inapropiadamente.

—¿¡Qué!? ¿¡Cuándo hice yo eso!?

¿Podría ser despedida por querer lanzar a un menor de edad por la ventana? Probablemente sí. Menos mal que solo eran ideas locas y fugaces. Ja. Sí.

—Mineta. Cállate.

La severidad en la mirada de Akira, y su tono alarmante consiguieron intimidar al muchacho.

—Se-señorita, déjeme explicarle…—sus titubeos no sirvieron de nada con su profesora, cuya expresión amenazadora solo se agravó.

—Me da igual. Sé lo que vas a decir. "Oh, fue un despiste, se me fue la mano".

Midoriya había enterrado su rostro entre sus antebrazos hacia rato, sudando completamente colorado. En verdad se sentía culpable, ¿cómo no se había dado cuenta?

—Y como se te ocurra sacar la excusa de "estábamos todos estresados y perdí el control de mi mismo", te prometo que me enfadaré. Mucho. ¿Sabes qué es accidental? Torcerte un tobillo. Resbalarte. ¿Y qué no lo es?

—Agarrarme un pecho—completó Tsuyu. Midoriya se hundió aun más en la esquina del sofá.

Akira contó mentalmente hasta diez, aun frotándose la frente.

—Sé que vosotros tres presenciasteis la peor parte… Y por cómo transcurrieron las cosas, lo dejaré ir de momento. Pero si vuelvo a enterarme de que se repite, me aseguraré de que sean aplicadas las medidas correctivas necesarias. Te estaré vigilando, Mineta, y cuando regrese tendremos una larga charla. Y por favor, Tsuyu, no dudes en acudir a mí o a cualquier otro profesor si sucede de nuevo, a ti o a cualquiera de las demás chicas.

—Descuide sensei, yo también me haré cargo de él, ribbit.

Se pasaron diez minutos más hablando sobre cómo se desempeñaron por su cuenta, Tsuyu alabó la habilidad estratégica de Midoriya y Mineta siguió lívido, sin hablar. Cuando Midoriya fue a mencionarles, a ella y Aizawa, la voz se le atascó en la garganta. Se pasó el antebrazo por el rostro, no supo si limpiando lágrimas o para evitar moquear, pero definitivamente le afectó. Tsuyu le dio unas palmaditas en la espalda, tan apenada como él.

—Midoriya—le llamó, cuando el grupo se marchaba. Él se detuvo a medio camino de la puerta, diciéndole a los demás que siguieran sin él. —Soy consciente de lo muchísimo que admiras a All Might, has de tenerle un gran aprecio, no obstante…

A Izuku se le encogió el corazón al escuchar su nombre. Y Akira lo notó.

—Arriesgaste tu vida más de una vez para intervenir en una pelea en la que claramente no podías ganar. Tus heridas fueron muy graves, podrías—

—Señorita Izumi, ¿por qué dio media vuelta, al ver a Eraserhead saltar? ¿Por qué no fue a la salida? —replicó Midoriya, en un susurro. Jamás le llevaba la contraria a los profesores, su timidez muchas veces le podía; por eso lo dijo sin despegar la vista del suelo.

Akira entendió al instante a dónde pretendía llegar.

—Yo soy una adulta, además de profesional. Tú aun eres muy joven, sin experiencia apenas y un corazón demasiado grande.

—Me refería a que… No pudo evitarlo, ¿es así? Supo que él estaba en peligro, que los dos quizás podrían morir y aun así acudió a su lado. Dentro de usted, por descabellado que fuera…—Midoriya alzó la cabeza y le miró directo a los ojos, esbozando una sonrisa débil. —Sentía que era lo correcto.

Por mucho que abrió y cerró la boca, fue incapaz de articular una respuesta coherente. Tenía razón.


—¿Y Ojiro?

—Dijo que estaba enfermo, así que supongo que en su casa.

La tarde fue oscureciendo el cielo, convirtiendo el azul en un naranja suave. Aun faltaba para el anochecer, la academia se fue vaciando tras las clases de la tarde ahondando la impresión de que eran solo ellas dos, Akira Izumi y Sana Arashi. Ella se había quitado la chaqueta, mostrando la camisa blanca y la manga vacía, hecha un nudo.

—No hace falta que se moleste en interrogarme—soltó Sana. —Hacía un calor de mil demonios, caímos con un montón de villanos y les pateamos el culo. Fin de la historia.

Dedujo de dónde venía esa mordacidad, la que sacaba a pasear cada vez que intercambiaban más de una frase: era psicóloga, y dada su historia, tendría que haber lidiado con muchos. Era consciente de la alarmante cantidad de ineptos colgándose ese título y que ensuciaban el nombre de la profesión. Por ello, quería marcar una diferencia.

—Arashi, no tan rápido. Sé que quieres irte, pero me gustaría charlar contigo un poco más, independiente a la USJ—trató de convencerla.

Sana resopló, cayendo con fuerza de regreso al cojín.

—Quería decirte que… admiro tu fuerza, Sana. Después de todo por lo que has pasado, aquí estás, de camino a convertirte en una gran heroína, como lo fue tu padre.

En ese instante, algo hizo clic dentro de Sana.

—Lamento lo que les sucedió a tus padres. Fue una—

—Una tragedia, sí. Me lo va a decir a mí—interrumpió Sana, casi escupiendo sus palabras. Había odio, impulsado por malos recuerdos y, ante todo, hartazgo; de disculpas vacías, lágrimas falsas y charlas frívolas, en un bucle constante que terminaba por sacarla de sus casillas.

Akira entrecerró los ojos, captando la nube negra que se cernía sobre Sana.

—Solo quiero ayudarte. Estoy aquí para lo que necesites, te escucharé en cualquier momento—

Sana se incorporó de golpe para volver a cortarle, apretando su puño.

—No me haga perder el tiempo—siseó, tensando la mandíbula. —¿Me toma por estúpida? Todos y cada uno de vosotros, decís siempre lo mismo—dio dos pasos hacia Akira, el brazo en alto para señalarle—Y no es verdad. Ni-una-sola-vez.

Remarcó cada palabra, sin dejar de apuntarle en tono acusatorio.

Akira, por su parte, seguía sin terminar de procesar que eso estaba pasando. Un silencio incómodo y pegajoso se instaló en la habitación, remarcando la cada vez más agitada respiración de Sana.

—Dame una oportunidad, Arashi.

¿Por qué no estaba enfadándose con ella? ¿Por qué no le mandaba a callar, y pedía respeto? En cambio, seguía apelando a un corazón demasiado protegido y dejando el suyo en una bandeja de plata, listo para ser apuñalado.

—Su ego es tan grande que asume que puede solucionar todo, mete sus manos en cualquier cosa porque no ve más allá de sí misma y lo bien que se siente cuando "ayuda" a alguien—bramó, viendo como la tristeza se apoderaba de las facciones de Akira. — ¿Oportunidad para qué? ¿Para arreglarme? Me ve como una cría débil, como un cachorrito indefenso que…

Esa era la cuestión: creía que pedir ayuda, o el mero hecho de recibirla, era síntoma de debilidad.

Conocía demasiado bien el miedo a bajar los escudos y permitir que otros echasen un vistazo en el interior, el temor a que cuando empezase a hablar, cuando surgiese el llanto, fuese incapaz de parar.

Sana apretó los dientes, bajó el brazo y giró sobre sus talones para marcharse sin dedicarle un segundo vistazo.

—¡Arashi, espera! —Akira quitó el freno, maniobrando torpemente con la silla de ruedas. —Hablar conmigo no significa que seas frágil. Al contrario, reunir el valor para abrirte es un gran paso, y hay que tener entereza para hacerlo. Comprendo por lo que has pasado, yo—

—¿Qué? —Sana paró, clavándose las uñas en la palma de la mano. —Usted…—fue volviéndose hacia la profesora; Akira, ilusa de ella, imaginó por lo menos se quedaría a escucharle. —¡Usted no sabe una mierda!

Dio un giro brusco, yendo a por Akira como un tornado imparable. El grito de Sana dejó a Akira perpleja, sin tiempo apenas para reaccionar.

—¿¡Qué va a saber!? ¿Se despertaba con diez años, sola y completamente aterrorizada, llorando por los padres a los que jamás volverás a ver? Tiene idea de lo que es… Que me recuerden CADA PUTA VEZ lo que pasó y quiénes eran mis padres.

Había cruzado la línea.

El color abandonó la cara de Akira. Su labio inferior temblaba, y notaba una quemazón deshaciéndole por dentro, arrebatándole sus fuerzas y la voz autoritaria que no llegó a sacar. Se le escapó su nombre en un susurro casi fantasmal, una auténtica súplica de que parara.

—¡Míreme! —exclamó, a escasa distancia de ella. Movió el hombro, provocando que el nudo se agitase. Akira observó de cerca ese espacio vacío donde debería estar su brazo izquierdo. —No tiene la más mínima idea de cómo es esto. Míreme a los ojos y repita eso de que comprende mi situación. Usted, con sus dos brazos, y sus dos piernas, ¿sabe lo que es sentirse incompleta? ¿Pensar que pase lo que pase, ya nada volverá a ser igual ni podrá hacer lo que quiera?

Varios chispazos fueron surgiendo en su cuerpo, arrinconando aun más a la psicóloga y llegando a asustarle.

—Métase su estúpido libro de psicología por donde le—

Akira rodeó la muñeca de Sana con sus dedos. La morena se apartó, contrariada, sin lograr soltarse de ella. Sintió una repentina calma, una sensación cálida y hormigueante recorriéndole de pies a cabeza. Su Quirk se fue apagando, y cuando la última chispa desapareció, Akira dejó de agarrarle.

—¡Arashi!

Aizawa irrumpió en la sala, con Mic pisándole los talones.

Sana retrocedió, la vista clavada en su profesora. Antes de que nadie pudiese decir nada, Sana echó a correr, pasando por el lado de Mic.

—Voy a por ella.

—No. Dejadla marcharse, por hoy ha sido suficiente.

Present Mic y Aizawa intercambiaron una mirada. Él gruñó, mientras que el rubio hundió los hombros, suspirando. Los gritos se habían escuchado en todo el pasillo, coincidiendo con que ambos iban hacia allí para saber si habían terminado.

—¿Por qué se lo has permitido?

La demanda de Aizawa acompañó el primero de sus gimoteos, al cual le seguirían un torrente de lágrimas que llevaba demasiado conteniendo. Ninguno fue capaz de sacarle una respuesta coherente, y el tutor de la chica tuvo que resignarse a esperar que se tranquilizara, esa tarde o al día siguiente. Él distaba de ser un experto en consolar a nadie, y tampoco se sentía en condiciones de ayudar; así que se sentó en la orilla de la mesa mientras veía a Yamada hacer su magia.

Acuclillado junto a ella, posó una mano en su rodilla sana y la otra en su hombro. Hizashi le habló en su tono de voz más dulce, un bajo que no le conocía, limpiándole con el pulgar las lágrimas que resbalaban por su mandíbula. Akira se aclaró la garganta, diciendo, entre hipidos, que no era solo por lo que acababa de suceder; que habían pasado ciertas cosas, y recordó aquello que no quería, que estaba exhausta y el dolor la carcomía.

—Es muy estúpido de tu parte, desvivirte por la salud de los demás y descuidar la tuya propia.

—¿Deberíamos contratar un psicólogo para la psicóloga? —murmuró Mic, siguiendo la conversación.

—Dicho así suena muy estúpido—comentó Akira, riendo. —Aun así, ya tengo uno.


So stand in the rain
Stand your ground
Stand up when it's all crashing down
You stand through the pain
You won't drown
And one day, whats lost can be found
You stand in the rain


Han pasado ochenta años...

Nah, han sido un par de semanitas (puede que más, yo tengo perdido el sentido del espacio-tiempo), pero de nuevo, espero que la longitud del cap lo compense. Sí, de nuevo, se me fue la pinza. He perdido mi autocontrol.

Es un cap de transición, aun así, es intensito. Taishiro Toyomitsu es el nombre real de Fatgum, personaje que aparece en el manga y espero que en un futuro lo veamos animado :D

No he mencionado apenas qué pasó con Sana en la zona de fuego porque, de nuevo, no me corresponde a mi contarlo y es spoiler del maravilloso fic "Legacy". Esta vez he aportado mi versión de la discusión entre Sana y Akira que podéis ver también ahí.

Es demasiado tarde como para enrollarme hablando, así que me limitaré a daros las gracias de todo corazón, como siempre, por leer y comentar. No me puedo creer que ya casi lleguemos a las 500 lecturas :'DD

Un abrazo enorme, y hasta el próximo cap.