Cap. 10 ¿El "hubiera" no existe?

Bárbara estaba en el jardín. Revisaba a los animales que pertenecían a su familia, en especial los caballos, que eran su animal favorito.

- Príncipe, estoy segura que a ti te encantan los animales tanto como a mí. Por eso, cuando te vea, te reconoceré por eso.

La nana la escuchaba.

- Bárbara, será mejor que tu padre no te escuche decir eso o se molestará.

- No me importa lo que mi padre pueda decirme al respecto, nana. Él no podrá aunque quiera, obligarme a casar con alguien que no amo.

- Entonces, ¿piensas desobedecerlo?

Bárbara suspiró hondamente, mientras respondía:

- Quizás, nana...todo puede suceder...

-

Terry buscó incansablemente la carta que había escrito para Candy. Pero, por más que lo hizo, no consiguió encontrarla.

- No puede ser...¿dónde habrá quedado esa carta?

Bajó las escaleras para tratar de hablar con la señor Grant pero ya no la encontró.

- Ella seguramente debe haberla tomado o tirado por equivocación...espero que me la entregue enseguida.

Se fue a descansar. Aquel día había sido muy ajetreado. Pero, a pesar de su cansancio, pasó su tiempo pensando en Candy. En todo lo hermoso que pudieron haber vivido y que quedó truncado por aquel sacrificio injusto que ambos decidieron hacer.

- Dicen que el "hubiera" no existe, Candy- pensó- pero...si tan sólo pudiera saber qué habría pasado si no hubiera caído aquella estructura sobre las piernas de Susana...sé que es muy pronto para que puedas perdonarme pero...desde aquí quisiera que me escuchara pedirte que me perdones, que sigo esperando el momento de volver a verte. Y quizás, eso pueda darse muy pronto...

Entrecerró los ojos y tomó la armónica para tocar un poco, tal vez con la esperanza de que Candy pudiera escucharlo.

-

Al día siguiente se levantó temprano. Fue a donde la señora Grant y le preguntó:

- Señora...¿encontró de casualidad una carta que estaba sobre mi escritorio?
- ¿Una carta?- se preguntó la señora.- Ah, sí, una carta. La mandé con las otras, pude notar que la había usted olvidado...

Terry se quedó estupefacto.

- ¿Paso algo, joven?
- No, señora...nada...-se dijo.

Su corazón dio un vuelco. Pronto Candy se enteraría del contenido de la carta.

- Sé que Albert pensará que he roto el acuerdo que hicimos pero...él sabrá entender. Si la carta llega a manos de Candy, ella comprenderá mi sufrimiento.

Trató de calmarse. Entendió que el vino de nada le serviría para relajarse y decidió ir a practicar un poco más para la obra.

Cuando llegó a la compañía, permaneció solo un rato repasando algunas líneas. Entonces imaginó que Candy estaba ahí, mirándolo, escuchándolo y su mente y corazón se llenaron de inspiración.

- Este Hamlet estará lleno de vida por ti, Tarzán Pecosa- murmuró.

Y en un descanso, comenzó a recordar lo sucedido en Broadway y a imaginar lo que habría sucedido si Susana no hubiera perdido la pierna:

"Todavía en su mente vagaban las últimas palabras de Susana, cuando le confesó que lo amaba:
- Te amo, Terry, y no voy a compartirte con nadie..."

La vio salir corriendo. Por un momento se sintió mal, pero estaba seguro de sus sentimientos. Candy no había salido de su corazón y Susana debía entenderlo.

Días después había estado ensayando mucho. Susana trataba de cruzar palabra con él, pero Terry sólo podía dedicar tiempo a estudiar su papel, tratando de imaginar las reacciones de Candy en el público.

Susana se veía un tanto triste. Pero pensaba que tal vez, realizando su papel convenientemente, Terry conseguiría enamorarse de ella.

Un día, mientras ensayaban, unas luces cayeron estrepitosamente sobre el escenario. Susana apartó el cuerpo de Terry con fuerza, impidiendo que las luces cayeran sobre él. El muchacho se quedó un tanto desconcertado.

Agradeció a Susana su gesto.

- Creo que no tengo palabras para agradecerlo, Susana.
- Terry...

Ya a solas, ella le dijo.

- Te salvé porque te amo...¿no te demuestra eso lo mucho que te quiero?
- Susana...yo...
- No digas más...yo sólo te salvé, pero no soy nadie para esperar nada de ti...

De nuevo, Terry sintió que su ser se contristaba.

- Susana...mi corazón ya pertenece a alguien más...no puedes competir con eso.

Por fin, la fecha del estreno de Romeo y Julieta llegó. El día anterior iría a recibir a Candy a la estación.

Terry estaba sumamente nervioso. Pero trataba de calmarse.

Llegó a la estación con una hora de anticipación. De pronto, el tren arribó y de él descendió la pecosa a quien él tanto quería.

- ¡Candy!- gritó enamorado.

Corrió hacia ella y apenas pudiendo contenerse, la abrazó con fuerza. Candy lloró por la emoción. Terry apenas podía creer que Candy estaba ahí, frente a él.

- Candy...te ves tan linda...
- Tú estás muy alto y muy guapo.

Terry estaba ansioso por besar de nueva cuenta a la muchacha pero no se atrevía del todo.

Fueron a tomar un café. Ella no se cansaba de mirarlo.

- Apenas puedo creer que estés aquí...

Terry tampoco dejaba de mirarla.

- Yo menos...tengo tantas cosas que preguntarte pero no sé por dónde empezar, Candy. Quisiera tener todo el tiempo del mundo.

Candy sonreía al escucharlo. Terry le reveló parte de la travesura.

- ¿Sabes por qué te envié sólo un pasaje de venida?

Candy dudó.

- Eso es algo que me vengo preguntando todo el día...

Terry reveló:

- Es que...quiero que te quedes conmigo...

Candy se sonrojó. Eso implicaba quizás algo más respecto a sus vidas. ¿Qué tendría pensado hacer Terry al respecto?

- Eso quiere decir que piensas no dejarme volver al hospital.
- Exacto. Te voy a secuestrar- guiñó el ojo y dijo en tono maquiavélico.

Candy lejos de enojarse se sonrojò vivamente. Terry lo percibió y sonrió diciendo.

- Antes que eso, Candy, cuéntame...¿cómo estuvo tu viaje?

- Aunque te lo contara, no lo creerías- dijo Candy.- Apenas pude tener tiempo para abordar el tren.

- ¿Por qué? ¿Te paso algo malo?

- No, afortunadamente no.

Entonces comenzó a contar cómo incluso tuvo que buscar a un médico para atender a una chica que tenía apendicitis. Y cómo tuvo que llevar unos documentos a casa del doctor Klays.

- ¿Conociste al tío de Karen?- preguntó Terry.
- Sí, y conocí a Karen. Es una chica un poco difícil, pero tiene buen corazón.
- Quizás pero muy en el fondo- anexó Terry sonriendo.- Está resentida porque no fue ella quien quedó en la prueba para ser Julieta.

Candy se quedó seria.

- Entonces...es Susana.
- Así es.

Candy bajó ligeramente la cabeza.

- No pongas esa cara, Tarzán Pecosa- dijo Terry.- No debes ponerte así. Tú eres mi novia...¿o acaso ya lo olvidate?

Candy sonrió entre lágrimas.

- Soy una tonta. Gracias, Terry.

El joven actor le dio su pañuelo y le secó las lágrimas.

- Ven, vamos a otro lugar. Si quieres podemos ir a tu hotel.

- Primero vamos a tu departamento. Quiero conocerlo.

Terry asintió.

Subieron al auto. Candy preguntó.

- ¿Es tuyo? ¿Y funciona?
- Claro que funciona- dijo Terry en tono de broma.- No es como los que construía ese inventor vocacional. Y dime, ¿cómo están? El elegante, la tímida...ah, y la gordita.

- Stear, Archie, Annie y Patty. Llámalos por sus nombres- dijo Candy con seriedad.

Terry rió.

- Nunca cambiarás, pequeña pecosa- añadió.

Conversaban respecto a Albert, respecto a su trabajo y a las dificultades del mismo.

- Hay en el hospital donde trabajas una enfermera que parece general mal pagado.

Candy rió a carcajada abierta.

- Flammy- dijo Candy.- Flammy Hamilton.
- Esa misma. Creo que asi se llama. Y dime, ¿por qué es así? Casi me golpea el día que pregunté por ti.
- Ha tenido una vida muy difícil. De hecho, se marchó a la guerra, como enfermera militar.

Terry se puso triste.

- Enfermera militar...con razón. Pero...Candy, por favor, no te vayas tú al frente...te lo suplico.

- De hecho, fue por ti que no me marché. Pidieron voluntarias y me negué...porque no quería perderte.

- Hiciste bien...me moriría si supiera que te marchaste a la guerra.

- ¿Hablas en serio?
- Yo no bromeo con eso, pecosa- dijo apretando ligeramente su respingada nariz para robarle un suave beso.

Llegaron por fin a su departamento. Terry bajó su maleta y dijo a Candy.

- Ponte cómoda. Voy a preparar té.

- Gracias- dijo Candy.

Miró el afiche que estaba en la pared y dijo:

- Aquí no te pareces.
- Es un poster solamente.
- Creo que voy a cambiar el nombre de ella por el de Candy White. Puedo ser Julieta aunque sea en el poster, ¿no crees?
- ¿En serio? Si haces eso, en lugar de ser una tragedia, sería una auténtica comedia.
- ¡Terry!- dijo ella yéndosele encima.

Candy cayó sobre él. Terry sintió su pequeño y delicado cuerpo sobre el de él. No pudo reprimir lo que sentía y la tomó por la cintura, tratando de sostenerla para que no se lastimara. Pero al hacerlo, la acercó más a él, quedando ella sobre Terry.

- Terry...espera.

- No, Candy...ven...-dijo apenas y la besó profundamente.

Candy se incorporó apenada. Terry la sostuvo por la cintura espaldas a él y le dijo cerca de la nuca.

- Candy...perdóname pero...ha sido tanto tiempo sin ti...te extrañé tanto...creí que moriría si no volvía a verte.

Candy se volvió frente a él. Ella también lo había extrañado mucho.

- Terry...soy tan feliz pero...no sé si sea propio. Estamos en tu departamento.

- No te preocupes, eres mi novia y pronto seremos algo más. Quiero que vivamos juntos..."

Terry abandonó aquella imaginación diciendo:

- Ay, Candy, ¡cómo me hubiera gustado ver tu reacción! Quizás habrías aceptado...quizás no. Pero eso era lo que quería...que vivieras conmigo para siempre. Y cuando vuelva a verte...volveré a pedírtelo.

-

Mientras tanto, Candy detenía el tiempo recordando detalles con Terry e imaginando lo que habría sucedido si no hubiera sido expulsada del colegio San Pablo:

"Habían vuelto de Escocia. La rutina comenzaba de nueva cuenta. Candy estaba un poco apesadumbrada pero a la vez, enamorada, sin darse total cuenta de lo que había sucedido. No podía borrar a Terry de su mente. El recuerdo de aquel beso intenso en Escocia era perenne.

Patty la llamó.

- Candy, ¿qué pasa? Te noto muy extraña desde que regresamos de Escocia.
- No es nada, Patty. Es sólo que estaba tan bien allá que me parece que el colegio es más sombrió ahora.

Patty comentó.

- No te preocupes. Poco a poco volverá todo a la normalidad.
- No lo creo...
- Por cierto, si necesitas ayuda con algo, no dudes en pedírmela. Voy a enviar unas cartas.
- Ah, ya veo...a Stear, ¿no?
- Candy- se abochornó Patty.

Candy sonrió solamente. Pero luego recordó a Terry de nueva cuenta.

Al poco rato llegó la hermana Margaret con carta para Candy. Era de Albert.

"Candy, estoy en África. Es un muy buen lugar. Puedo ayudar a mucha gente. Convivo con la naturaleza, libremente...como vives tú también.

Manda mis saludos a Terry, que también vive así. Cuídense y pronto les contaré más de lo que hago en este hermoso lugar."

- Albert...qué lindo, África...

Terminó de leer la carta. Luego pensó que debía decirle a Terry, pues lo mencionaba.

Avanzó lentamente por uno de los árboles cercanos. Se mantuvo a distancia. Pero Terry la vio.

- Hola, Candy- dijo.

Candy sintió que se le salía el alma del cuerpo.

- Hola...debes saber que aún no te he perdonado...
- Yo no estoy arrepentido...

Candy se acercó.

- Recibí carta...toma...es de Albert. Consideré justo que la leyeras, ya que te menciona.

- Gracias, Candy- dijo Terry tomando la carta.

Candy permaneció a su lado, mientras lo miraba leer.

- Lástima...me hubiera gustado hablar con él antes de que se fuera.
- ¿Querías que fuera tu segundo en tus peleas?
- No...quería que me consiguiera trabajo, ahora que van a echarme de casa.

Candy se preocupó.

- ¿Cómo? ¿Eso tiene que ver con la visita de tu padre?

Terry se volvió para mirarla y le dio un leve golpecito en la cabeza.

- Dime, ¿por qué no eres tan brillante en clase, eh?

Candy lo empujó levemente.
- Espera, Candy, déjame leer, por favor...

Terry estaba más tranquilo y tierno que nunca. Cuando terminó de leer devolvió la carta a Candy y le dijo.

- Gracias por tomarme en cuenta. Ahora dime, ¿cómo va todo ahora que volvimos a Escocia?

- Pues...no del todo bien...apenas estoy empezando a recuperarme. Hay cosas que no entiendo.
- Es difícil concentrarse cuando se tienen cosas en la cabeza...-dijo él tristemente.

Candy lo invitó.

- Ven...vamos a la colina, ¿quieres?

Terry aceptó y fueron de la mano hasta allá.

Estando en la colina, Candy se colocó frente a la corriente del viento y dijo.

- El viento despeja mis pensamientos.

Terry se colocó tras ella y dijo.

- Tienes razón, Candy. El viento despeja los pensamientos y ayuda a pensar con claridad.
- Dime...¿a dónde irías si te echan de casa?
- No lo sé, Candy. Pero...no quiero dejarte aquí. Dime...¿vendrías conmigo si me voy del colegio?
- ¿Así, nada más?
- Sé que sería difícil pero, tengo el apoyo de mi madre. Te llevaría de vuelta a América y con su ayuda, podríamos empezar una nueva vida, ¿te gustaría, Candy?

Ella respondió.

- Terry...no sé qué contestar...me gustaría volver a América pero...no sé cómo lo tomaría el señor William...

- Aún no sé si me echen, Candy. Pero si mi padre lo hace, no te desampararé. No quiero pasar mi vida lejos de ti, pequeña pecosa.

Avanzó un par de pasos y la repegó espaldas al gran árbol y ahí volvió a besarla, tan dulcemente que esta vez Candy ya no tuvo energías para rechazar el beso ni para darle ninguna bofetada.

- Con este beso...¿podrías perdonarme por el primero?

Candy respondió.
- Quizás...pero creo que no es suficiente.

Entonces Terry la volvió a tomar por la cintura y la besó de nuevo con un poco de mayor intensidad. Candy lo apartó tras un hondo suspiro.

- Espera...podría vernos alguien.
- ¿Desde cuánto te importa que te descubran, Tarzán Pecosa?
- Desde que te conocí a ti, Terry Grandchester.

Él sonrió y soltó una carcajada sonora y hermosa.

- Está bien, no quiero que tengas problemas por mi culpa. Pero antes, quiero cabalgar un momento contigo. Espérame aquí. Voy por Teodora y vuelvo.

Bajó por la yegua y volvió un rato más a donde estaba Candy.

Mientras cabalgaban, Terry dijo a Candy.

- Cuando venía para acá, me encontré con Elisa.
- Elisa...¿qué te dijo?
- Ah...entre otras cosas, que si me sigo juntando contigo, mancharé el buen nombre de los Grandchester.
- ¿Y tú qué le dijiste?
- Que te dijera que soy un delicuente, que bebo, que fumo aunque soy menor, que rompo las reglas una y mil veces y que si te sigues juntando conmigo mancharás el nombre de los Andley. Ah, y que mirara su cara en el espejo.

- ¡Terry!- dijo Candy.- La harás enojar.
- Se molestó pero no me importa. Ven, vamos a cabalgar.

Llevaba entre sus brazos a Candy al trote y luego al galope, sosteniéndola con fuerza.

- Candy...mi pequeña pecosa...siento que puedo volar junto contigo.
- Terry...me sostengo fuerte para no caer, pero siento que contigo nada me pasará.

Y tras correr, volvieron al trote hasta el establo. Ahí Terry la ayudó a bajar de la yegua y la miró dulcemente.

- Candy...te amo...

Un beso delicado repleto de elegancia inundó los labios de la pecosa haciéndola llorar de emoción.

La chica volvió a su cuarto con el corazón a mil por hora.

Cuando se tranquilizó un poco, Annie la visitó en su cuarto.

- ¿Qué te pasa, Candy? ¿Te sientes bien?

- Annie...¿tú ya te...besaste con Archie?
- Candy...qué pregunta- dijo Annie sonrojada.
- Sé que Archie es muy caballeroso pero...
- Candy...tú te traes algo...dime, ¿Terry te besó, verdad?

Candy se sobresaltó y luego respondió.

- Bueno...sí...

Annie le tomó las manos con ternura.

- Candy...Terry está enamorado de ti. Eso lo notamos ya Patty y yo pero queríamos estar seguras.

- ¿Seguras de qué?
- De que tú también lo estabas...y ahora ya lo estamos.

Candy se sonrojó de nuevo.

- Annie, no sé lo que siento pero con él me parece que el tiempo se detiene. Me gusta mucho...me siento muy bien a su lado.
- Estás enamorada, Candy. Admítelo.

y lo mejor de todo es que Terry también está enamorado de ti.

Candy sonrió levemente y guardó silencio.

Al día siguiente, fue a la segunda colina. Terry estaba arriba de un árbol, tocando la armónica.

Bajó enseguida y se acercó a ella sonriendo y suspirando levemente.

- ¿Cómo amaneciste? - preguntó Terry.
- Bien...-dijo ella tratando de permanecer serena.
- ¿Te ha dicho algo Elisa?
- No, no te preocupes. No permitiré que me dañe.
- Qué bien...de igual modo, trataré de verte cuando ella no esté cerca o Neil esté lejos.

Candy asintió.

- ¿Y cómo sabré que podemos vernos?
- Podría enviarte una carta con Stear o Archie.
- Buena idea.

La hora de volver a clases llegó. Terry le dio un beso en la frente y le dijo:
- Vete a clases...yo te envío la nota.

Días después, Patty le mostró algo a Candy.

- Mira...

Candy sonrió.

- ¿Qué es...un buzón?
- Sí..-dijo Patty en voz baja- es un buzón secreto. Sólo Stear y yo lo usamos.
- Oye, Patty, ¿podrías decirle a Stear que le diga a Terry del buzón? Quizás...Terry pueda enviarme sus cartas por ahí.

- Le diré a Stear, Candy, te lo prometo.

Y por fin, una mañana llegó un sobre distinto.

- Candy...este sobre es distinto...pero es carta para ti...

La rubia pecosa se sorprendió. Pensó que la nota era de Terry.

Pero al leerla, se dio cuenta de que Terry jamás la citaría de noche y menos en el establo.

- Quizás esto es obra de Elisa...será mejor que guarde la carta como evidencia...

Días después, Terry le comentó lo mismo.

- Tengo una nota que pasaron por mi puerta...dudé de si era tuya...te conozco y sé que no la enviarías...

- Gracias por pensarlo, Terry. Por cierto, sé quien la envió. Fue Elisa. La castigaron por mentir, tratando de ponernos en evidencia. Pero quedó como una sucia tramposa.

- Me alegro. Eso le enseñará a no calumniar ni espiar a nadie...

Candy pensó que no tenía sentido pensar más al respecto.

- Lo siento...¡cómo me hubiera gustado saber qué habría pasado después de eso! Terry...tus recuerdos se funden con mis sueños. Tan buenos momentos en el San Pablo, sirven de marco para imaginar que tú y yo hubiéramos podido estar juntos...

Pero el tiempo aún no había realizado su mejor obra.