Arrepticio.

Capitulo X.

"¿Qué más da si ves la parte más oscura de mi?"

Oscuridad.

La penumbra estaba sobre mí inundando mis sentidos que se adormecían mientras ella recorría cada poro de mi cuerpo, adueñándose de él. El letargo me susurraba una sola palabra que no llegaba a mi cerebro entumecido. La calma era demasiada y estaba empezando a asustarme, pero no podía mover músculo alguno.

El grito irrumpió en medio de la nada mandando un escalofrió hasta el más recóndito pedazo de mi piel mientras otro más se le unía creando una sinfonía de muerte que me rodeaba. Una sensación de frio empezó a acariciar mi mejilla lentamente causándome añoranza, pero los gritos subían de nivel haciendo que él titubeara a mí alrededor.

«No te detengas», pedí en mi interior al no poder emitir sonido alguno. No tuve éxito, la caricia se detuvo y el frio se alejaba cada vez más de mí, dejándome en la inmensa oscuridad, en su lugar el calor se extendía rápidamente haciéndome lanzar gritos silenciosos mientras intentaba moverme.

Una mano salió de la nada y oprimió mis hombros con fuerza mientras una voz recitaba extrañas palabras para mis sentidos.

—Despierta Bill. —Entre la nube de oscuridad la voz de Tom me golpeó como un faro durante una tormenta, parpadee intentando enfocarlo manteniendo sus muñecas presas —, ¿una pesadilla?

La garganta me ardía como para hablar pero mi hermano entendió asintiendo para sí.

—Estabas gritando mucho —habló después de un momento, ahora entendía el dolor que sentía. Desvié la mirada a la rosa que mantenía aferrada con fuerza y la alarma se disparó en sus facciones —. Estas sangrando.

—No es nada— dije acercando la rosa a mi rostro, la parte que estaba cerca al tallo empezaba a tener un dulce tono rosado —, ¿bajamos a desayunar?

—Claro, vamos. —Tom no se inmutó por mi actitud aunque no dejaba de verme las manos o mejor dicho lo que tenía entre ellas.

—Es bonita —dije sencillamente colocándola en mi buro.

—Ajá —musitó distraídamente, empezó a caminar hacia el pasillo.

Suspiré siguiéndolo, pensando en cómo hacerlo sentir mejor, pero sin duda Tom era más rápido. Me empujó provocando que chocara con la pared y sus dedos pasearon con fuerza por mis costillas dándome un ataque de risa.

—¡Suelta! — grité entre risas intentando defenderme con un inútil manoteo que solo lo divertía sin hacerlo parar—.Tom no seas niño. —Le reñí sin fuerza intentando separarlo de mí.

—El desayuno está servido —dijo echando a correr con dirección a la cocina, me reí de su actitud tan infantil pero lo seguí esperanzado por la promesa de comida. Algo que murió en cuanto mire el "menú" del que hacia alarde mi hermano. —¿Un experimento de la NASA?

—Ja-ja, muy gracioso señor gorrón.— Tom me miró con mala cara tomando su plato de la extraña cosa que se hacía llamar comida, el recelo acompaño cada uno de mis movimientos mientras tomaba una chuchara y escarbaba en mi plato.

Intenté controlar mi mueca de asco, mi hermano se había esforzado en preparar el desayuno algo que muy rara vez hacia, entreabrí los labios no dejando que el apestoso aroma me mareara o produjera alguna arcada.

En cuanto el sabor conectó cada una de mis terminaciones nerviosas escupí escuchando las risas de Tom que por poco cae de su silla.

—¡Hijo de…! —me corté a mitad de la frase recordando que aquel estúpido homo sapiens era producto de la misma madre que yo, me apresuré al lavabo donde me enjuague con prisa la boca intentando huir del sabor de lo que acababa de ingerir.

Taladré al cabrón que debía llamar hermano a lo que él, con una sonrisa de suficiencia en el rostro, bajó su plato con comida para perro al suelo donde la manada rápidamente se reunió.

—Tendría que haber tomado una foto —se mofó tomando su Iphone, lo balanceó por la mesa con cierto aire pensativo —, ¿cuál será el mejor nombre para esto?

—Cabrón casi envenena a su hermano —gruñí levantándole el dedo medio produciéndole una sonora carcajada que distrajo a los perros momentáneamente de su comida.

—Fue una broma —contestó e inmediatamente frunció el ceño, como si temiera agregar algo más haciéndome sentir mal. No es que lo culpara realmente por ser así, me había convertido en algo demoniaco que difícilmente podría considerársele un hermano y él quería aparentar que nada había cambiado de una manera sencilla—, te debo una disculpa.

—Soy yo quien debería disculparse, después de todo te metí en esto. —Lo corté antes de que dijera cualquier cosa que me hiciera sentir peor—, no tenía el derecho y si de algo sirve me siento mal por ello.

—¿Por eso estabas tan callado? —la sorpresa en el rostro de Tom me dejó perplejo, asentí lentamente.

—¿Por qué más sería? —inquirí pestañeando repetidas veces. Una sonrisa nerviosa asomó en las comisuras de sus labios haciéndome sospechar inmediatamente de él —¿Tom?

No me contestó, en su lugar siguió jugueteando con su teléfono como si eso fuera lo más divertido desde que se inventó. Tamborilee los dedos por la lustrosa mesa esperando, pero él no levantaba la mirada.

—No juegues conmigo— gruñí de mala manera, la paciencia agotándose a pasos agigantados.

—El de los juegos eres tú —sus ojos marrones sostuvieron los míos.

«Grítalo», pensé en mi fuero interno «¡Asesino!" ».

Con un suspiro se levantó saliendo de la cocina, dejándome completamente solo con la miseria y la furia que empezaban a ser mis inseparables compañeros. Me obligué a ir en busca de algo comestible que me ayudara a tragar el nudo en mi garganta, pero ni siquiera el sabor característico del jugo de naranja pudo aligerarlo, ni calmar la resequedad de mi garganta.

—Jane Strasser, 19 años… —Tom regreso con un folder del estudio mientras leía como si de un discurso se tratara—, dueña de un teatro, estudiante… ¿debo seguir?

—Eso ya lo sabía —dije con suficiencia, pero demasiada curiosidad para considerarse sano. Volteó la carpeta solo un segundo para que me dejara completamente petrificado—,¿de dónde sacaste eso?

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó con esa sonrisa burlona. —La seguí, por supuesto.

—¿Por qué?

No podía definir como me sentía en ese preciso momento, una parte de mi quería propinarle una tremenda paliza a mi hermano por tal atrevimiento, pero la otra, que era la mayor parte, estaba encantada con la idea de perseguir a la chica. Me divertía demasiado la mirada de Jane cuando se enojaba, era realmente agradable poder verla fruncir el entrecejo y como sus ojos me taladraban como si quisieran apuñalarme.

Un pequeño cojín me golpeó de lleno en la cara haciéndome fruncir el ceño.

—Tom…

—Ve a esta dirección. No te arrepentirás.

Y por su sonrisa, sabía que no lo haría.

Había una delgada línea que nunca era sana cruzar entre sentir fascinación por alguien y llegar a acosar, conscientemente antes no me hubiera pasado siquiera por la cabeza el llegar a perseguir a alguien pero dentro de mi había una imperiosa necesidad de ver a Jane, así que no evite tomar el papel con la dirección de una casa.

Mi llegada a la residencia de la víctima me sirvió para verla emprendiendo una caminata, la curiosidad picó haciéndome seguir sus pasos hasta llegar a un pequeño café. Estacione el auto lo más cerca posible a la ventana donde Jane se situó, sonreí un poco y de manera lenta al verla sostener un libro como si este se tratara de un escudo.

Sonrisa que murió al ver como el mesero la estaba mirando, el gruñido que solté salió más animal de lo que esperaba y de haber tenido un buen pretexto el sujeto ya tendría dos dedos rotos por osar mirarla de esa manera.

—Calma Bill, no pasa nada — me dije a mi mismo en voz alta esperando que eso lograra calmarme hasta qué vi a Jane, quien miraba en todas direcciones en su búsqueda.

Salí del auto olvidándome de mi papel de acosador al margen, era un impulso que me arrastraba hasta ese lugar y plantarme ahí como...¿cómo qué? Volví a meterme al Audi golpeando el volante con frustración.

No podía sólo irrumpir en su coqueteo descarado con un mesero que no hacía más que mirarla como si fuera un trofeo, no tenía derecho alguno.

Lo vi atender otra mesa pero sus ojos no dejaban de verla. La sangre hirvió en mis venas y eso me empujo a salir de nueva cuenta, mis pies caminaron rudamente hasta que la puerta se interpuso en mi camino. Jane seguía sentada donde mismo solo que esta vez sus mejillas estaban de un color rojo que difícilmente se podía ocultar.

—Es muy guapa Bruno, ¿no lo crees? —fue la primera oración que capte de la pequeña barra al entrar donde el mesero confianzudo de Jane se encontraba entablando una conversación con otro chico que presumía era asistente en la cocina.
—Y que lo digas, diez dólares a que consigo su teléfono.—El tono de suficiencia con el que lo hizo me dio ganas de golpearlo, pero sólo le dirigí una mirada gélida cuando sus ojos se encontraron con los míos.—Desea algo...¿señor? —su tono me había dejado claro sus pensamientos: Bicho raro.
—No. —Contesté rudamente.

Me costó toda mi fuerza de voluntad alejarme de esos dos, quería defender a Jane de ese ser estúpido, pero mis manos empezaban a hormiguear. Camine en dirección a los baños intentando dar un rodeo para que ella no me mirara, tenía que cuidarla al menos ahora que el tipo las usaba como entretenimiento. Esperaba encontrar una mesa cercana donde podría verla sin ser visto.

El mesero volvió a acercarse a ella con una sonrisa de suficiencia en su cara, deseaba borrársela a golpes ahora mismo y llevarme a Jane a otro lugar lejos de él. Ella se sobresaltó cuando le preguntó algo sonrojándose más aún, si es que eso era posible. Se arregló el cabello con manos temblorosas, gruñí.

Sabía que había perdido la batalla, me acerque a ellos alcanzando a escuchar cuando él al parecer repetía su pregunta.

—¿Puedo traerte algo más?
—Eh, claro, yo...quiero —Los ojos grises se desviaron al menú de manera rápida, casi podía sentir su respiración acelerada en mi cara. Los celos me golpearon mandando un sabor amargo que inundo toda mi boca.
—Un café negro por favor.

Sonreí internamente cuándo ambos dieron un respingo y me miraron, la suficiencia corrió por mi piel calmando mis demonios que exigían aún la sangre de este tipo, aunque no literalmente. Qué asco, dudaba que tuviera algo bueno en él.

—¿Disculpe? —preguntó desconcertado. ¿No te lo esperabas? Quise decir y reír en su cara, en su lugar volví a repetir mi pedido.
—Un-café-negro —deletree saboreando la satisfacción que me embargó.
—Enseguida. —dijo mientras se volteaba, pero no lo suficientemente rápido como para que no notara su ceño fruncido.

Por ridículo que pareciera, me sentía como un caballero cuidando de su doncella en apuros. Pero, había dos cosas importantes a tener en cuenta, la primera era que yo estaba muy lejos de ser un caballero, en su lugar era la bestia que debía ser cazada y Jane sin lugar a dudas no era una doncella en apuros.

—¿Qué haces aquí? —la ira en su voz me envolvió como un remolino dándome un punto por mi observación: doncella si, en apuros no, que ella supiera.
—¿Estabas ligando con ese sujeto? —pregunte escondiendo la diversión que me causaban esos ojos grises llenos de furia. Se desviaron ligeramente a las cadenas de mi cuello como si quisiera que se fundieran en mi carne, tal vez debería usar menos collares a su lado bien podría lastimarse con ellas antes de que tuviera la oportunidad de dañarme a mí como parecía querer hacer.
—¿Y eso a ti que te importa? — me retó.

Casi suspire ante sus palabras, me importaba aunque no tendría que hacerlo. Ya era bastante malo que la acosara como para agregar que me importaba con quien coqueteaba.

Patético de mi parte.

—No creo que sea apropiado para ti, Jane — hable sentándome frente a ella, hasta el momento no había dado señales de gritarme que me largara así que aprovecharía eso.

Su mandíbula se desencajó con asombro, conté cinco segundos mentalmente y seguí sin obtener respuesta mientras ella seguía igual.

—Tú no sabes nada de mí —habló al fin aunque casi parecía un siseo, mi mente viajo al informe que Tom me había dado esa mañana y repetí mentalmente su contenido dándole una muda negación ante su afirmación, de todos modos no era algo que ella necesitaba saber justo ahora—. Y podrías decirme, ¿quién te invitó a sentarte?
—Solo digo que parece todo un chico malo, de seguro apuesta y pelea en bares, además debe de conducir una motocicleta —está bien, tal vez había agregado más de lo que sabía sobre el mesero pero, ¿que importaba realmente? No le diría a Jane que le había puesto un precio de diez dólares a su compañía, a diferencia de ese patán yo si sabía apreciar su...corte de golpe mis pensamientos antes de que estos se reflejaran en mis ojos, en su lugar la miré triunfante—, no es para ti Jane. —debería aprender a no sonreír cada que la ira brillaba en su mirada.
—Me gustan los chicos malos.

¿Cuantos conoces, aparte de mí?

—¡Oh! ¿De verdad? —bien podía ser arrogante ante eso, dudaba mucho que conociera realmente a solo un chico malo.
—De verdad.

Sus brazos inmediatamente se cruzaron en su pecho mandándome inconscientemente una señal de defensa.

—¿Dime con cuantos chicos malos has salido? — la pregunta salió de mis labios de manera rápida, debía distraerme o más bien divertirme a su costa.

—No te importa — cortante y sin ninguna anestesia me mandó al demonio acrecentando lo que sentía, provocando que riera ante su obvio rechazo.

—Me lo imaginaba — contesté esperando acallar mis carcajadas que solo la molestaban más. Sus ojos grises eran pequeños dragones a punto de lanzarse a mi garganta y masticar sin contemplaciones.

—¿Me dejas comer tranquila por favor? —desvió la vista a su plato e inmediatamente añoré ser capaz de ver esas pequeñas tormentas que eran sus orbes.

—Yo sólo te decía la verdad Jane.

—No necesito tu opinión, ¿no has escuchado la expresión no juzgues a un libro por su portada? —blandeo la cuchara en mi dirección de manera acusadora, retándome a negarme ante su pregunta.

—Sí

Sentí mi propia sonrisa apagarse, ¿quién me daba el derecho de juzgar a los demás? Mis crímenes eran imperdonables a comparación de cualquiera, no era merecedor de que al menos me dirigieran la mirada.

—Entonces déjame en paz. —Su voz se perdió cuando bajo la mirada de nuevo.

—¿Enserio te gusta, Jane?, ¿alguien como él? — era patético escuchar la casi suplica en mi voz, esperaba que ella no lo notara.

—No lo sé, quizá sí — al verme para dar su respuesta su voz se convirtió en un balbuceo que me hizo sentir frustrado. Eso no era una respuesta segura como las anteriores.

La miré seriamente intentando deducir por su lenguaje corporal que era lo que pasaba por su mente.

—Su café.

Perfecto, justo lo que necesitaba en este momento que el idiota del mesero regresara interrumpiendo y robándome la atención de Jane.

—Gracias — contesté secamente.

No me perdí el intercambio de miradas que hubo entre ambos, apreté los puños bajo la mesa ante eso. Odiaba sentirme así, y sin embargo no podía hacer nada para evitarlo.

El silencio que reino entre Jane y yo no se veía afectado por el coro de voces de los demás clientes. Necesitaba urgentemente borrarlo, con cualquier cosa. Las letras doradas sobre el libro color plata me dio la escusa perfecta para volver a hablar.

—¿Es bueno?

Jane siguió mi mirada y contestó:

—Sí lo es, ¿Qué haces aquí?

Me relajé en el sofá ante su pregunta, el silencio a veces no era mi mejor compañero.

—¿Directo al grano, ah? Me gusta.

—¿Sabes que puedo demandarte por acoso? — intenté imaginarme lo que planteaba y sin quererlo sonreí más ampliamente por la idea de su demanda. Aun si fuera cierto, ¿quién, en su sano juicio, creería tal cosa? Jane era hermosa, no había duda de ello pero no era…No era para —. Ya firmé el contrato ¿Qué más quieres? —escuché la desesperación en su voz y me vi regocijándome por ello.

A ti, te quiero a ti.

—Somos socios ahora, tenemos que pasar tiempo… juntos, señorita Strasser. — casi podía escuchar mi voz sonar como un ronroneo seductor invitándola a seguirme.

—No gracias.

¿Acaso Jane había notado la cercanía entre ambos?, ¿el cómo deseaba separar la distancia que quedaba para tomar sus labios y reclamar la dulzura de la que era dueña?

—A veces puedes resultar tan áspera Jane —me recliné en el sofá alejándome de ella, mirando como la furia bullía en una mirada de tormenta que hasta el mismísimo Thor hubiera envidiado. Exquisita.

—A veces puedes resultar tan irritable Bill— mi nombre se deslizó de sus labios con total familiaridad que sentí una vibrante sensación por mi cuerpo.

A veces puede resultar tan irritable, caballero.

—Dime algo que no sepa Jane.

—Será difícil, te han dicho prácticamente de todo. —Jane alzó la barbilla orgullosa y segura de sí misma.

—Sin duda, pero confió en tu imaginación —tomé mi café que para ese momento parecía que una familia entera de icebergs había ido a vivir ahí. —, sin duda me sorprenderás.

Confiaba en ella para eso, aun si no se lo dijera: lo hacía.

—Tal vez lo haga.

No pude no sonreír más ampliamente en contestación del tono que había usado, ¿estaba coqueteando conmigo? Eso me gustaba.

—Dime qué haces aquí.

—Como quieras —me encogí de hombros tratando de restarle importancia al asunto y a mi diversión por verla tan… alentadora a mi coqueteo. —, saldré de viaje por algunas semanas, las pequeñas reparaciones al teatro ya se están llevando a cabo, pero necesito que me prometas que estarás ahí, vigilándolos.

—Sí, claro, pero eso podías decírselo a mi abogado —¿qué de divertido habría en eso? Aunque, debía admitirme a mí mismo que el señor Strasser era divertido para alguien de su edad.

—Ah tu padre, un gran hombre, me agrada.

—De hecho Bill, ¿cómo sabias que estaría aquí? — preguntó, como si todas las piezas apenas hubieran encajado en su cerebro.

—Eso, Jane, es un secreto— ¿por qué me divertía tanto con ella? O a su costa, daba lo mismo.

—Eres un psicópata. —Jane parpadeo sin dejar de verme.

—No creo que eso sea capaz de asustarte— dije sin más, luchando por que los recuerdos no llegaran ahora. Estaba bien sin ellos, lo único que deseaba en este preciso momento era la compañía de ella.

—A veces no te entiendo.

Señor, es incomprensible para mí. A veces no lo entiendo, ¿por qué se comporta así?, ¿quisiera usted que me apartara de su lado?

Elizabeth, ¿me atormentarías con tu ausencia? ¿Aun cuando nuestro amor había trascendido el tiempo desde que fuiste arrebatada de mis brazos?, ¿aun sin importar qué no podría tenerte?

La chica frente a mi podría ser poseedora de unos ojos como los tuyos, pero solo eso. Nunca sería mi dulce Elizabeth, nunca sería tú.

Los ojos grises leyeron algo en mi a lo que Jane abrió la boca para decir algo, pero mi celular cortó el momento, lo agradecía, si ella hablaba lo único que haría era recordarme lo que había perdido.

—Dame un segundo —dije mientras pulsaba el botón de recibir llamadas levantándome en el proceso, necesitaba distraerme. Caminé hasta la esquina donde en un inicio había pensado quedarme a espiar—, ¿diga?

—Te escuchas deprimido, cariño —susurró la voz de Padme al teléfono.

—No estoy de humor —gruñí masajeando mis sienes —, se breve. Estoy ocupado.

—Con la chiquilla esa, lo entiendo —su tono se volvió afilado y glaciar, le reste importancia—, no sé que le ves. No es realmente bonita o algo que pueda apreciarse por más de cinco minutos.

—¿Y? —bufé con impaciencia

—Estoy esperándote.

—Bien.

Colgué sin más, esperando que mi furia se controlara. Jane tenía suficiente con mis arrebatos de melancolía para ahora sumarle mis ansias de matar a alguien a golpes. Volví lo suficientemente rápido como para verla entregarle un papel al mesero.

Alguien había ganado diez dólares.

Eso me molestó aun más que cualquier estupidez que Padme dijera.

—Debo irme.

«No descuides tu espalda, podrías encontrarte una sorpresa cuando menos lo esperes », pensé al ver esos ojos azules retándome con la mirada.

—Ya les traigo la cuenta.

Ni me molesté siquiera en ver sus movimientos, saqué un billete lo suficientemente grande como para dejarle bien en claro con quien trataba y que tuviera cuidado, sobre todo eso.

—Quédate con el cambio— dije retirando los ojos de su estúpida cara—. ¿Jane?

—Claro, te acompaño. —Ella contestó mandando algo de calma a mis ya sobreexcitados sentidos.

—Vamos— tomé su mano para guiarla a la salida, fijando la mirada sólo un segundo para notar cómo se erizaba su piel.

¿Intentando huir del asesino?

La miré despedirse del mesero de cuarta con una minúscula sonrisa, apreté el puño de mi mano libre con furia intentando recordarme el porqué era bueno no borrarle esa cara de satisfacción a base de sangre y dolor.

Estaba por decirle a Jane si podría llevarla a su casa cuando divisé una figura dentro de mi Audi, me tensé rápidamente mientras mi "chofer" se bajaba a abrirme la puerta con demasiado apuro.

—Te veré en unas semanas, no descuides el teatro Jane.

«Ten cuidado, no podré estar cerca…»

Le prometo cuidarme mi Lord, después de todo, mi vida es para usted.

—No lo haré. —nuestras miradas se encontraron e irremediablemente me encontré preso bajo el fuerte hechizo de sus ojos tormenta.

«Bésala, es lo que deseas. Hazlo»

Joven Ethan, mi Lord…

—Bien… cuídate.

Me subí al auto cerrando la puerta, esperando que el chofer arrancara y me alejara de ahí.

—Eres un malcriado, Bill. —La voz acusadora de Padme sonaba cantarina, como si de una niña pequeña se tratara—, ¿por eso me colgaste?

—Guarda silencio —resoplé entendiendo que se refería a Jane, masajee mis sienes, odiaba que los recuerdos me debilitaran tanto.

—No vuelvas a hablarme así, sabes lo que pasará si no cumples mis órdenes. —Sus ojos negros mantuvieron mi mirada con cinismo, retándome a desobedecerla.

Pero no lo haría, de hacerlo Tom moriría. Y con él, yo también.

Aunque las heridas ocultas están comiéndose mi corazón.

Aun ahora, mientras permanezco en la oscuridad.

No puedo dejar de pensar en ti.