DISCLAIMER: Inuyasha (a) Takahashi Rumiko
Stage 11
SENTIMIENTOS ENCONTRADOS
Cuando volví a abrir los ojos me encontraba sobre el regazo de Kagome. Me levanté para sentarme y me dí cuenta que ya estaba vestida. Al parecer, Kagome había sacado de mi mochila una de las pijamas y me habían vestido. Le sonreí.
- ¿Ya te sientes mejor? – Me preguntó. Aunque no me dijo nada, pude notar el cansancio en su mirada. Por el frío y el color del cielo faltaba poco para el amanecer. Era evidente que no había dormido por cuidarme.
- Sí prima… Gracias.- Le dije, tocándome el vendaje de la cabeza. Sonreí recordando cómo me había golpeado. Lo último que escuché dentro de mi cabeza, antes del golpe contra la roca, fue el grito de horror de Colibrí. Entonces me volví a verlo.
Estaba vestido con uno de mis trajes deportivos… y descalzo. Descansaba la cabeza sobre el regazo de Sango, quien dormía plácidamente, a pesar de la posición sentada, apoyada en una pared de la caverna. Miroku lo observaba desde la fogata, con desconfianza… y odio. Inuyasha se encontraba en la entrada de la caverna, dándonos la espalda, pero era evidente que también estaba molesto.
Intuyendo a qué se debía el enojo del cachorro me volví hacia Kagome.
- Creo que hay alguien esperándote… - Le dije, guiñándole y señalándole la espalda del joven de rojo. Al momento, el cansancio desapareció para dar paso a un rubor intenso y a una mirada pícara. Sonrió levemente mientras se levantaba.
- Te dejamos algo para que cenes… Ahora vuelvo.- Me dijo, dándome la espalda dirigiéndose hacia Inuyasha, quien se sorprendió al sentirla a su espalda y la recibió con un suave beso. Se giró a verme y algo le susurró a Kag, por lo que ella asintió y los dos se fueron… tomados de la mano."Ni me pregunten adónde, porque no los seguí".
Me volví hacia la fogata. La mirada de Miroku era triste y melancólica.
- ¿Sucede algo, Excelencia? – Le pregunté, recordando cómo Sango solía tratarlo, pero por su mirada creo que no le causó gracia.
- A mi ni siquiera me deja acercarme… y a él, que apenas lo vió, le ha permitido descansar en su regazo… - Dijo, evidentemente triste.
- Creo que le tiene compasión… - Le dije, tratando de consolarlo:- Cualquiera que me oye cantar es digno de lástima…
Miroku alzó la vista y me sonrió, divertido. Me alegré interiormente por haberle sacado esa sonrisa "Tiene una sonrisa seductora" Luego, me volví hacia el bote con sopa y empecé a comer.
- Lo que sí me sorprende es que haya descubierto la forma de expulsarlo… ¿Cómo lo supo? – Me preguntó, intrigado.
- Creo que últimamente me he estado dejando llevar por mis impulsos… - Le dije, recordando lo más reciente:- Noté que disfrutó mucho al escuchar a Sango y a Kagome cantar, así que no dudé en lanzar alaridos. Seguramente lo iba a asustar, pero no imaginé que iba a expulsarlo. – Le dije, sonriendo.
- Pero… ¿En verdad canta usted así de mal? – Me volvió a preguntar. Al parecer no concebía tanto horror junto.
Le sonreí:- En realidad… soy muy tímida. Generalmente canto cuando me siento completamente sola. Y al no haber nadie que me juzgue, pues, en realidad no sé si canto bien o mal. – Concluí, sirviéndome un poco de café que Kagome me había dejado preparado. Miroku volvió a ver a Sango y decidió irse al otro rincón de la caverna. Se despidió de mí y le deseé un buen descanso.
A los pocos minutos, escuché que Inuyasha y mi prima la estaban pasando bien, pues los jadeos y gruñidos no cesaban. Luego, noté que Miroku se acercaba a Sango y lentamente la jaló hacia sus piernas, para que ella descansara en las suyas, lo que me hizo pensar que Miroku en realidad sí la amaba.
Busqué a Shippo y lo encontré con Kirara, bien dormido. Como no tenía sueño decidí salir a caminar. Tomé un suéter de la mochila y me lo puse, desabrochado. Me calcé unos tenis suaves y salí de la caverna.
Ni me dí cuenta hacia dónde iba, cuando lo ví. La luz de la luna se derramaba sobre él, dándole un brillo especial a su aura, volviéndolo casi un ser etéreo. Su mirada de sol retaba la palidez de la luna quien le respondía el desafío bañándolo en plata pura, mientras el viento mecía suavemente sus cabellos… Una hermosa imagen, celestial diría yo… para un ser maligno.
Sintiéndome ajena a tan hermosa visión "¿Y yo qué diablos tengo que ver con él?" Me dí la vuelta, con mucho cuidado para no hacer ruido; cuando sentí, con el ya conocido estremecimiento, que estaba detrás de mí.
- ¿Acaso me buscabas, humana?
Me sonreí… creo que me divertía el alto grado de egolatría de este Sesshoumaru… "¿Yo, buscándolo?"
- En tus sueños, costeño…- Le dije, sonriendo sin verlo:- Sólo vine a ver si ya puso la marrana, y como aún no, pues me pinto…
Un rugido desde la espesura me alarmó. Instintivamente me dí la vuelta y lo abracé, cerrando los ojos, asustada. Ahora que no "sentía" a Colibrí dentro de mí, me sentía débil e indefensa.
Pude sentir su mirada en mí, pero no pude definir si era curiosidad, enfado o simplemente le divertía verme asustada. Me asombré al notar que su brazo se alargaba sobre mi espalda. Creí que iba a abrazarme, pero lo que hizo fue alcanzar su espada y la desenvainó. Cerré mis ojos con más fuerza aún y me estreché a su cuerpo, rodeando su cintura "Si no estuviera aterrorizada, en verdad lo disfrutaría"
El rugido era más fuerte y el ser que lo emitía se dirigió a él. Con gruñidos le dijo algo. Ignoro lo que haya sido, pero como respuesta, "el señor risitas" lo partió en dos. "No pregunten cómo lo hizo teniéndome aferrada a él, pero yo temblaba".
Entonces, al sentir que un líquido viscoso me salpicaba no lo soporté. No sé si grité y luego me desmayé o si grité desmayada… El caso es que sentí que mis piernas se aflojaban "Sólo espero no aflojar otra cosa" y solté a mi precioso mástil de terciopelo, al tiempo que me hundía en la oscuridad de mis pesadillas más horribles.
No toqué el suelo. Esperando que el golpe me hiciera recobrarme, abrí los ojos y me encontré con unos hermosos ámbares que me miraban con curiosidad "¿Tendré algo en la cara? Seguramente me ví bien chistosa gritando" Noté que me sujetaba con un solo brazo y recordé lo que Kagome me contó "¡Le falta un brazo!"
De inmediato traté de retirarme pero él me aferró a su cuerpo. Pude sentir la brisa sobre mi rostro y volví a cerrar mis ojos, ahora sí, disfrutando la calidez que me envolvía. "¡Arroz!".
Sin saber cómo, de pronto me sentí muy "caliente". Su brazo me cruzaba la espalda, pero me excitaba terriblemente. Mi piel respondía a la suya. Debo aclararles que el pijama que tenía puesto consistía en un bóxer de satín y un camisón de tirantes delgados. Encima traía el suéter, pero… desabrochado por completo.
"¡No!" Me dije. "No debo dejarme llevar por la calentura". Como pude, lo empujé "¡Dios sabe que no deseaba hacerlo!" y me alejé de él… sintiendo mis lágrimas resbalar por mis mejillas. Dentro de mí sabía que no era lo correcto… aunque me cuerpo lo reclamara.
Llegué de nuevo a la caverna y busqué mi bolsa de dormir. La abrí y me metí en ella, decidida a aislarme del mundo y de mis sentimientos…
A los pocos minutos empezó a clarear y noté que Inuyasha y Kagome volvían, tomados de la mano. Se veían muy bien y me alegré por mi prima.
Shippo despertó y buscó a Sango. Su sorpresa fue encontrarla abrazada a Miroku… Y a Colibrí, abrazándola por detrás… estilo "sándwich"
- ¡¡Sango!! – Gritó Shippo. Al momento Sango despertó.
- ¡¡Miroku!! – Gritó Sango, despertando al monje.
- ¡¡Colibrí!! – Gritó Miroku, descubriendo al intruso.
- ¡¡Kagome!! – Gritó Sango de nuevo, pidiendo ayuda.
- ¡¡Sango!! – Le respondió, acudiendo a su llamado.
-¡¡Inuyasha!! – Gritó Inuyasha… al notar que nadie lo llamaba…
- ¡¡Lotería!! – Grité, saliendo de la bolsa. Empecé a reírme y contagié al resto, aunque Sango estaba un poco enfadada por la "comprometedora" situación, empezamos a mover al aún dormido Colibrí, para que la liberara del abrazo. En cuanto pudo, Se dirigió al monje y le propinó una sonora bofetada.
- ¿Y eso porqué Sanguito? – Preguntó mientras se sobaba.
- ¿Y le parece poco, pervertido? Usted me estaba abrazando sin mi permiso…- Le dijo la chica, molesta.
- Ése demonio también la abrazaba… - Dijo, acusando a Colibrí. El aludido por fin abrió los ojos.
- ¡¡Que no soy demonio!! Soy un dios… - Dijo, levantándose. Sango lo vió por primera vez de pie. Ante su enmudecimiento, Miroku le recordó que también la había abrazado… Lo que hizo que Sango se ruborizara y bajara la vista.
- Ya era hora que te levantaras…- Le dije. En cuanto me vió, el chico acudió a mí. Yo esperaba un abrazo…
- ¡¡¿¿Acaso estás loca??!! ¡¡¿¿A eso le llamas cantar??!! – Me reclamó muy molesto.
- ¡¡AAAyyy!! ¡Perdóname la vida por no saber cantar! – Le dije, tratando de sonar sarcástica:- Dije que cantaba… Nunca dije que tenía linda voz…
- ¡¡No tu voz, tonta!!... ¡¡¿¿"El Rey"… Sin mariachi??!!
Después del desayuno reemprendimos la marcha. Colibrí caminaba en silencio y yo detrás de él, junto a Kagome y Shippo con Sango sobre Kirara. Inuyasha detrás de nosotros y Miroku hasta adelante.
De pronto una joven salió de entre los arbustos y cayó pesadamente a los pies de Miroku. Él se arrodilló para auxiliarla, cuando de pronto descubrió que se petrificaba desde los pies hasta su cabeza. Al momento se levantó y dio la voz de alarma.
- ¡¡Cuidado!! ¡¡Una gárgola de piedra!!
Kirara se apostó, en posición de defensa, mientras Sango y Kagome preparaban sus armas. Inuyasha y Miroku se aprestaron para defendernos y Colibrí y yo nos quedamos atrás.
De pronto, la tierra empezó a temblar y por detrás de nosotros, emergió una inmensa masa de rocas, con aspecto siniestro. Colibrí me tomó por la cintura y saltó para protegernos. Inuyasha se adelantó y lanzó el primer golpe. Luego Sango lanzó su boomerang y Kagome sus flechas. Nada resultaba.
La batalla contra ese monstruo de roca empezaba a cansar los ánimos. Yo me sentía inútil y Colibrí se notaba débil, pues también había tratado de detenerlo con su escudo de fuego y su mazo de rocas. De pronto me vió y me dijo, casi susurrando.
- Debes hacerlo… o moriremos.
No supe de qué me hablaba:- ¿Hacer qué?
- Debes invocarlo…
- ¿A quién?
- A Cipactli… el dios lagarto, con cuyo cuerpo fue formado la tierra…
"¡Rayos! ¿Y cómo hago eso?":- Y… ¿Cómo lo hago?
- Improvisa, enójate… qué se yo… Haz lo mismo que cuando me invocaste.
- N-No supe lo que hice…- Confesé, muy apenada.
- Pues haz algo… o despídete de tu prima… En ese momento, me señaló cuando Kagome era alzada por la mole de roca. Sus piernas empezaban a petrificarse. Todos gritaban, desesperados.
Empecé a sentir que mis palmas pesaban y mis pies dolían. Me arrodillé y puse mis palmas sobre el suelo. Deseaba salvar a Kagome, no quería perderla. Mis lágrimas empezaron a fluir hacia el suelo, humedeciéndolo. Mordí mi labio con tal fuerza, que sangró, mezclándose mi sangre con la humedad del suelo… Entonces, escuché que Kagome gritaba y dentro de mí, algo se estremeció… Mi corazón empezó a latir como entonces…
Las lágrimas se derramaron
Sobre la madre que recibió
La carne muerta de sus hijos.
Llora la Madre Tierra
Por sus hijos que claman su fuerza en batalla.
Despierta Madre, Dios del Pantano eterno
Emerge y dame tu fuerza
Como lava hirviente de tus entrañas.
Mi sangre clama tu poder
Tu fuerza salvará la vida
Porque tú eres la vida que renace constante
Es mi elemento… Cipactli.
La tierra se agrietó bajo sus manos y rodillas, dejando salir una luminiscencia que la envolvió. Un flujo de energía dirigido desde el interior de la tierra la rodeó, en forma de raíces y sus ropas se desvanecieron… dejándola envuelta en hojas de árbol, completamente. Su mirada se volvió verde intenso y marcas amarillas y rojas bajo sus ojos, realzando su nuevo color. Las hojas cayeron como si de un árbol se tratara, dejándola vestida con una túnica blanca, larga hasta los tobillos y abierta desde la cadera. Una pechera, adornada con esmeraldas y turquesas, que cubría también sus hombros. En los brazos, unas protecciones hechas con piel de lagarto, igualmente sus rodillas y piernas. Un cinturón, ancho, con incrustaciones en jade y sandalias de lazo, atadas hasta las rodillas. Su cabello, largo, trenzado con pequeñas lianas de flores blancas y una tiara hecha de pequeñas hojas, en matices que iban del verde más oscuro hasta al dorado más intenso. Pequeñas florecillas horadaban sus orejas… Un nuevo titiritero… Pero esta vez… Ya sabía que hacer…
CONTINUARA…
Con todo mi cariño les deseo felices fiestas… Y que cenen rico. Besos y abrazos. Lolichan ¡^w^!
