Descargo de responsabilidad: Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a J. K. Rowling. Esta historia y todos los escenarios, nombres, hechizos y personajes originales de esta historia son míos y no autorizo el plagio.

No me gusta meter comentarios personales dentro de la historia porque sé que no a todo el mundo le interesan, pero he decidido hacer una excepción porque hubo un review que me hizo pasar un mal rato y quiero aclararle algo a la persona que lo escribió: NO VOY A DEJAR LA HISTORIA. Agradecería a la persona que dejó el review nº 113 que por favor antes de juzgar a un escritor o escritora tenga en cuenta que por circunstancias ajenas a su conocimiento a lo mejor no ha podido actualizar. Quiero aclarar que no he plantado a nadie porque no he abandonado la historia y en muchos capítulos he recordado que las actualizaciones no son periódicas precisamente para evitar ese tipo de comentarios. Los escritores de Fanfiction no siempre nos dedicamos a escribir y no siempre podemos actualizar rápido. Por favor antes de dejar esos comentarios piensa en lo mal que hacen sentir al escritor.

·Al margen de este comentario por el cual os pido perdón a los que no tenéis nada que ver: Perdón por la tardanza, recuerdo que las actualizaciones no serán periódicas y que a los usuarios que dejen un review sin cuenta les contesto en mi perfil. Este capítulo es más largo como disculpa, tanto por el mensaje anterior, como por la espera. Gracias a todos los que leéis mi historia.

·Este capítulo va dedicado a tres lectoras muy especiales para mí: Mi queridísima Gin, la primera en animarme con todas mis historias y Mangetsu Youkai y AleexandraMalfoyG Gracias por estar siempre ahí chicas.


-Capítulo 10- De padres y nidos

Estaban sentados en el salón de Narcissa's Manor, acababan de regresar del Ministerio de Magia y a Hermione le aterraba el pensar en el Profeta de la mañana siguiente, desde luego, sería algo más sonado aún que la vuelta a la vida del Señor Tenebroso; pero aún más miedo sentía de solo pensar en las reacciones de sus mejores amigos al enterarse de su traición. Recordó los rostros de Harry y Ron y supo que haría lo que fuera por volver a verlos, oh, si tan solo supieran cuánto les echaba de menos. Se llevó una mano al pecho acongojada y arrugó en un puño la tela sobre su corazón. Su marido reparó en ello pero no hizo ningún comentario al respecto, solo frunció el ceño tratando de adivinar que podría pasarle a su recién nombrada esposa.

Luna y Theodore no estaban con ellos, después de firmar el último papel el joven Nott había anunciado que tendrían que ir a un sitio antes de volver a Mansión. Las que si acompañaban a la joven pareja eran la señora de Lucius Malfoy y Pansy Parkinson. La castaña no podía dejar de mirarla, confusa, bueno… a ella y a su suegra.

-Disculpe, señora Malfoy, pero creo que me he perdido algunas cosas y necesito ponerme al día. ¿Sería tan amable de exponerme su plan?

Narcissa la miró severa, como una madre mira a su hijo cuando interrumpe una conversación de adultos.

- Todo sucederá a su debido tiempo, estos son unos de los muchos problemas que tiene la Orden del Fénix y que desgraciadamente inculca en todos sus jóvenes, la impaciencia y la impulsividad.

Parkinson soltó una risita y se ganó una mirada fulminante por parte de Hermione.

-¡Oye, Granger, no me mires así! ¡Ha dicho una verdad como un templo!

-Me abstengo de opinar sobre lo que le inculcan los seguidores del señor Tenebroso a sus neófitos.

Pansy y Draco fruncieron el ceño pero no dijeron nada aunque en sus miradas brillaba el pensamiento de un "touché".

-Por ahora solo hay que pensar en el siguiente paso –dijo la rubia molesta-. Y ese es despertar a Ginevra Weasley.

-Hemos estado investigando sobre ello. El señor Malfoy ha usado en ella el filtro de los muertos en vida –explicó Pansy cansada-. Ya está preparando el antídoto.

-¿Quién?

La puerta se abrió y con paso firme hizo acto de presencia en la habitación un slytherin más.

Blaise Zabini.


Luna no podía creerlo. Cuando se aparecieron en el campo de flores, a duras penas podía analizar lo que estaba pasando. Cuando vio la desgarbada y torcida silueta de la que era su casa casi se echó a llorar. Miró a Theo que se mantenía a su lado sujetándola de la cintura al notar que le temblaban las piernas y cuando vio que le sonreía le besó suavemente y justo después echó a correr en dirección a la torcida torre de ajedrez en la que había crecido.

Una alta figura salió de la casa y en cuanto lo vio, inclinado, regando el arbusto de ciruelas dirigibles, gritó.

-¡PAPÁ! ¡PAPÁ! ¡HE VUELTO!

La regadera muggle cayó al suelo. Xenophilius Lovegood no podía creer lo que veían sus ojos. Su pequeña había vuelto. A penas un par de días atrás Arthur Weasley había llegado y le había dicho que su pequeña había desaparecido. Creía que estaba todo perdido, que nunca volvería a contemplar su dulce, inocente y pura mirada, que su pequeño unicornio había desaparecido en la negrura del bosque de la muerte. La desolación que le había acompañado desde que lo supo, desapareció de pronto en cuanto tuvo a su pequeña entre sus brazos.

-¡Luna! ¡Arthur me dijo te habían secuestrado los mortífagos! –Le dio un suave beso en la frente mientras algunas lágrimas de alegría se escurrían inquietas por sus mejillas-. ¡Pensaba que no volvería a verte! –Volvió a mirarla y a dentro cariño, creo que necesito un té.

Luna se separó un poquito de él.

-Papá espera… he venido acompañada.

Fue entonces cuando Xenophilius reparó en el joven que los observaba desde el zigzagueante sendero que se extendía desde la casa al camino.

-¡Qué pase, qué pase! ¡Tus amigos siempre son bienvenidos!

El hombre le hizo una seña a Theo para que se acercase.

-Pasa muchacho, pasa.

-Gracias señor Lovegood –dijo Theo con una leve sonrisa-.

Luna y Theo pasaron y se sentaron en uno de los extravagantes sofás del comedor, mientras, Xenophilius, puso una tetera a hervir. Cuando volvió a la sala arrastró una de las sillas hasta quedar frente a su hija y sentándose en ella le tomo la mano derecha entre las suyas, eso sí, mirando a Theodore.

-Dime, Luna, ¿quién es este joven?

-Pues papá él es Theodore, Theodore Nott, él me ayudó a escapar de Ese-hombre-del-que-dicen-que-no-se-debe-hablar-aunque-todos-lo-hagan.

-¡Ah entiendo! Muchas gracias por salvar a mi Luna.

-No tiene que darlas señor Lovegood.

Xenophilius sonrió.

-Y contadme, ¿cómo lograsteis escapar?

Luna miró a Theo y tomó su mano con delicadeza.

-Bueno, la verdad es que no pudimos escapar, señor Lovegood.

Él los miró extrañados, a ellos y a sus manos unidas pero continuó a la espera de que le contasen más sobre lo que había sucedido en realidad.

-Tuvimos que engañarle para poder sobrevivir. Papá… Theo y yo…

-Señor Lovegood, Luna y yo tuvimos que casarnos. Estamos casados.

Esas palabras hicieron una especie de click en su cerebro como el que hace el detonante de una bomba justo antes de explotar. Primero fue como si todo careciese de sentido, veía, y oía, respiraba, pero no sentía, con esas pocas palabras, todo su esquema de vida había cambiado radicalmente. Su pequeña, frágil, única, y tierna niña estaba casada. ¡CASADA! ¡Por las barbas de los Peverell y las de todos sus difuntos! Era imposible, simplemente una idea inconcebible, su pequeña… ¡solo tenía dieciséis años! Si hace nada la tenía en sus brazos por primera vez, un angelito, sonrojado por el esfuerzo de nacer. Tan dulce, tan tierna, tan pura… No, no, ¡NO! Volvería a alejarse de él y no, eso sí que no iba a permitirlo. Ese maldito mortífago… porque él que los Nott eran mortífagos.

-¡Aléjate de mi hija! –Exclamó sacando la varita-. ¡ALÉJATE DE ELLA YA MISMO!

Theo mantuvo la calma una reacción así era de esperarse, aunque nunca lo habría imaginado por parte del extravagante y liberal señor Lovegood.

-¡ALÉJATE DE MI HIJA MALDITO MORTÍFAGO! ¡NO VOLVERÉIS A SEPARARLA DE MÍ! ¡FUERA DE MI CASA!

-Señor Lovegood, yo nunca separaría a Luna de usted, de verdad.

-Papá por favor, Theo es bueno, de verdad. Me quiere, me cuida y los torposoplos…

-¿De verdad cree que si quisiera alejarla de usted la habría traído a visitarle?

-¡No me importan tus retorcidas ideas! ¡No te lo repetiré más, aléjate de mi hija!

-¡YO AMO A LUNA! ¡NUNCA ME ALEJARÉ DE ELLA A MENOS QUE ELLA MISMA LO DECIDA!-exclamó poniéndose de pie delante de ella con las mejillas encendidas de coraje-. ¡Hechíceme, tortúreme o máteme, porque ni la muerte podrá hacer que me aleje de ella!

La varita tembló en manos del señor Lovegood. Incapaz de soportar la carga de sentimientos contradictorios que embargaban su frágil y soñador corazón se quebró. Sus hombros se sacudían con fuerza. Se dejó caer sobre la silla con las lágrimas reluciendo en sus pálidas mejillas. Por una parte quería acabar con aquel muchacho que se interponía entre él y su pequeña, pero por otra se alegraba por que hubiera alguien que la amase tanto.

-Papá… -la ravenclaw se acercó a él y le beso la frente con dulzura. Se sentó sobre sus rodillas como siempre hacía cuando su padre le hablaba de criaturas mágicas y le contaba mil y una historias dispares que hacían que los días pareciesen menos grises bajo el tormentoso cielo inglés-. Papá, no me voy a alejar de ti. Te voy a seguir viniendo a ver, incluso más a menudo que cuando estaba en Hogwarts y las vacaciones podemos pasarlas juntos, los tres, Theo también. Así además, ya no estaremos solos, tenemos a Theo para que también nos quiera.

Su padre la miró a los ojos y la abrazó con fuerza. Acarició su pelo, y sintió el dulce abrazo en el que le envolvió su unigénita. Se había sentido tan solo desde que murió Pandora… tan, tan solo… Solo su pequeña hija, tan parecida a ella iluminaba su vida. El que fuese a alejarse de él le parecía más horrible que el que se apagase el Sol.

-No me voy a alejar de ti, es más, podremos estar más tiempo juntos. Papi yo nunca me alejaría de ti.

-Lo sé, tesoro, no sé qué me ha pasado. Os ruego que me disculpéis. Lo siento mucho Theodore –dijo tomando la mano del muchacho-.

-No se preocupe señor Lovegood. Es natural, es su hija.

La tetera sonó de pronto y Xenophilius fue, apartando delicadamente a Luna a por ella.

Luna miró a Theo y suspiró. Le abrazó y hundió la cabeza en su pecho, él la rodeó con los brazos con fuerza.

-Tu padre es más peligroso de lo que parece.

-¡Que va! Es más inofensivo que Arnold.

-¿Arnold?

-El micropuff de Ginny.

-Entonces prefiero no encontrarme que con ese tal Arnold.

Ella soltó una risita y se separó de él al oír el tintineo de las tazas de porcelana acercarse por el pasillo.

Tomaron el té y a pesar del ataque de síndrome del huevo vacío del rubio pasaron día agradable, de hecho se quedaron a comer aunque ya por la tarde decidieron volver a Narcissa's Manor.


De vuelta a Narcissa's Manor hay que decir que tras una breve explicación de la función de Zabini dentro del plan Draco y Hermione se habían retirado a su dormitorio y el resto había vuelto a sus respectivas mansiones. Hermione estaba cambiándose la ropa por una más cómoda pero seguía cavilando, preocupada, por la por la pelirroja.

-Entonces, Malfoy… digo, Draco, ¿Zabini va a usar el filtro de Titania? ¿No será muy arriesgado?

-No creo. Si no, Zabini no se arriesgaría, créeme, es Slytherin hasta la médula, nunca haría nada que pudiese perjudicarle.

Ella asintió. Sí, en eso Malfoy tenía razón. Pero aun así, era muy arriesgado. Si algo salía mal… estaba segura de que Harry y Ron desearían no solo acabar con Malfoy y Nott sino también con ella misma por permitirlo. Si algo salía mal… la vida de Ginny daría un cambio tan grande como el que había dado la suya propia. Pensando en ello reparó en algo que le había causado un gran impacto apenas unas horas atrás.

-¿Te puedo preguntar una cosa?

Él que estaba escribiendo una carta en el escritorio se sorprendió. Se giró apoyando el brazo sobre el respaldo de la silla y la miró sorprendido.

-El filtro no la matará si es lo que quieres saber.

Ella sacudió la cabeza en negativa.

-No es eso.

El hizo un gesto con la mano para indicarle que continuase.

-¿Qué tiene que ver Parkinson en todo esto?

Draco suspiró.

-El Señor Tenebroso quiere que se una a los mortífagos dentro de poco, pero aunque estamos intentando que eso no suceda dentro de nada tendremos que tomar medidas drásticas, es otra de las razones por las que entrabais en los planes de mi madre.

-¿A qué te refieres?

Él se levantó de la silla y se acercó a ella.

-Vas a pedirle ayuda a Potter.

¿Qué? No podía hablar en serio. ¿Iba a dejarle ver a Harry? Pero si esta misma mañana dijo que no podía decirle nada de su plan. De verdad… tanto mezcla de sangre de primos ente magos sangre limpia le había afectado.

-Me dijiste que no podía avisarle, que tenía que creérselo.

-Realmente no dije eso, dije que el Ministerio está bajo el control del Señor Oscuro. Pero de todas formas no puedes decirle nada de nuestro plan, solo le pedirás asilo para Pansy.

Ella bajó el rostro decepcionada. Nunca había mentido a sus amigos, y ahora… no, desde luego, no podría haberles engañado de peor forma. Pero bueno, solo sería mentira hasta que derrotasen a Voldemort.

-¿Y si no quiero hacerlo?

-¿Y por qué no ibas a querer? A ti no te haría daño y a ella la ayudarías.

-No me fío de ella, bueno, realmente no me fío de ninguno de vosotros. ¿Por qué iba a enviársela a Harry y Ron? ¿Para que los delate al Señor Tenebroso?

-No va a hacer eso.

-¿Y yo cómo puedo saberlo? ¡A vosotros os da igual quién gane y quién pierda! ¡Solo queréis tener las espaldas cubiertas en ambos casos! ¡Si los delata y Voldemort los mata no habrá oportunidad alguna para los traidores a la sangre muggles y los nacidos de muggles! ¡Solo podréis vivir los mortífagos!

-¿¡Y qué clase de vida llevaríamos!? –Le gritó agarrándola por los hombros-. ¡Obligados a asesinar y torturar! ¡Sin poder descansar nunca! ¡Viviendo con el miedo de equivocarnos y que toda nuestras familia pague por ello! ¡Con el miedo de que nuestros hijos tengan un día que sustituirnos bajo su mando! ¡He visto a mis padres pasar por ello y no estoy dispuesto a acabar como ellos! ¡No quiero vivir con miedo y ellos tampoco, ni Pansy, ni Blaise, ni Theo! ¡No queremos Hermione! ¡Pero ni tu ni tus amiguitos os habéis parado a pensar en ello! ¡El único que lo hizo fue Dumbledore y ahora él está muerto!

Hermione estaba en una especie de shock extraño. Al principio había estado asustada de él, cuando la agarró se encogió. Pero era verdad, todo lo que había dicho era verdad. Eran verdades como puños y todas la habían golpeado con fuerza. Y ahí fue cuando se dio cuenta de que no solo Malfoy había sido clasista, si no también Harry, Ron, ella misma y la Orden entera. Y decidió algo. Pase lo que pase, los ayudaría. Como hizo Dumbledore. Se le llenaron los ojos de lágrimas, de pensar en todo lo que debían de haber sufrido aquellos jóvenes por unos ideales equivocados. Porque ellos también merecían una oportunidad y porque Draco no solo se preocupaba por él, sino también por su futuro, por sus hijos, por los de ella.

Y no pudo evitarlo, le abrazó, como queriendo demostrarle que estaría ahí, que podía contar con ella, que no le abandonaría, que no se quedaría solo y que no permitiría que sufriera.

-Hablaré con Harry.

-Gracias –estuvo en silencio como un minuto hasta que se decidió a devolverle el abrazo-.

Posó su cabeza sobre la de ella y rodeó sus hombros con los brazos. Ella se estremeció

-No quería gritarte.

-Lo sé, no importa. Draco…

-¿Qué?

-Creo que podré acostumbrarme.

-¿A qué?

Ella hizo una pausa y suspiró cogiendo aire y valor.

-A ti.