El Código Negro.
Capitulo 11: Cuerpos de piedra.
Abrió los ojos poco a poco sintiendo una molesta sensación de dolor en su pecho y polvo en su cara. Ya era de día y estaba tirado en el hirviente suelo del desierto con el sol iluminando el interior del área donde se encontraba, pero afortunadamente una montaña evitaba que los rayos de este lo tocaran y mataran. Se apoyo en sus dos brazos hasta quedar arrodillado en el suelo, mirando a todos lados tratando de encontrar algo que se le hiciera familiar, pero no encontró otra cosa más que un total de cinco montañas reunidas en circulo a su alrededor, un piso casi incendiado, el cielo despejado y su enemigo natural iluminando el paisaje a todo lo que era posible de dar.
Miro al frente, y allí vio a su novia, tendida en medio del círculo con su espada a unos metros de distancia y un costado de su frente sangrando, señal de que la caída había sido fuerte. Asustado, Marshall se arrastro rápidamente por el suelo directo a donde se encontraba Fionna para darle auxilio, pero en su desesperación el chico no se dio cuenta que de un instante a otro salió de la sombra de la montaña y su mano se quemo cuando esta tuvo contacto directo con la luz liberando una especie de humo gris que desapareció tan pronto como el chico se aparto. La piel no tardo en regenerarse, pero aun así Lee tenía que ayudar a Fionna, saber que estaba bien o por lo menos asegurarse de que aun estuviera viva. Se puso el gorro de su sudadera gris llena del polvo del desierto y busco en su mochila sus guantes negros y en cuanto se los puso se puso de pie pero al mismo tiempo sintió una molestia en su costado derecho lo que lo llevo a revisarse y encontrar una jeringuilla incrustada. Tremendo error que cometió al quitársela de un tirón pues el dolor se hizo más presente a pesar de que su naturaleza vampírica le impedía sentir cualquier cosa. Reviso el contenedor; no había nada. Pero lo que fuera que se hubiera encontrado dentro del contenedor ahora él lo tenía dentro de sií y no debía ser nada bueno.
-¡Fionna!- Le grito a su novia- ¡Fionna! ¿Te encuentras bien?
Al no recibir respuesta alguna, Marshall Lee se puso a duras penas de pie y se encamino al centro del círculo que formaban las montañas para después dejarse caer de nuevo en el suelo debido a un mareo repentino a causa del calor, pero no paso un solo segundo después cuando el muchacho se encontraba otra vez "cacheteando la banqueta" –por así decirlo- para llegar con Fionna.
-Fi…- Susurro al tiempo en que apoyaba con cuidado a la joven en su antebrazo. La herida en su frente lo preocupo mucho y no quiso ni imaginarse lo que debió de haber sufrido mientras caían del aire- Descuida, Fi, todo estará bien… Todo estará bien, lindura.
La llevo con él a la sombra de una montaña y la recargo en la piedra de esta, le quito el gorro revelando su largo cabello rubio y luego busco en su mochila una botella de agua y un trapo al cual mojo con lo que contenía la primera. Con este empezó a limpiar la sangre de la heroína y limpio la herida lo mejor que pudo para que no se infectara y todo marchara de mal en peor. Fionna, por su parte, al sentir la agradable sensación del agua fresca sobre su rostro comenzó a abrir los ojos y se encontró con el rostro preocupado del vampiro manteniendo un trapo mojado sobre el costado de su cabeza.
-Marshall- Atinó a decir la humana llamando al momento la atención del joven, quien sonrió en cuanto vio a su amada abrir los ojos.
-Qué bueno que estas bien, Fi. Me tenias preocupado- Dijo, sin apartar la tela húmeda de la cabeza de ella.
-Y tu también me tenias preocupada a mí ¿Qué fue eso de desmayarte y caer de una altura de más de quince metros?
-No me desmaye- Dijo y le tendió la jeringuilla vacía para que la viera- Me atacaron.
-¿Qué esta…? ¿Con qué?- Pregunto Fionna, mirando asustada el contenedor vacio del objeto.
-No estoy seguro. No tenía nada cuando desperté así que como dijo el otro, ya me amolé
-¿No sientes nada anormal? Marshall, esto en definitiva es malo, muy, muy, malo. No sabemos lo que te inyectaron y no sabemos para qué, pero si en mi opinión concierne, no estaría muy segura de que esto fuera algo bueno.
-Pues ya no podemos hacer nada. Gumball no está aquí para averiguarlo y estamos perdidos a mitad de un desierto como para encontrar a alguien que sepa.
-Ay, no. E-esto está mal ¡Esto está muy mal! A penas llevamos tres días de viaje y ya nos están derribando.
-No te alteres, Fionna. Saldremos vivos de esta, te lo prometo.
-¡No es cosa de prometer nada, Marshall! Solo mira lo que nos está pasando. Son solo tres, tres malditos días los que llevamos en este lugar y ya nos han pateado el trasero cientos de veces. Y no sé porque, pero creo que acabamos de caer en otra de sus trampas, por si no lo has notado.
-Solo es un círculo de montañas ¿Qué es lo peor que puede pasar?
-¡Cualquier cosa! Pensamos lo mismo del laberinto y mira lo que paso; casi fuimos devorados por una horda de zombis horrendos.
-Pero estamos vivos. Y en el bosque no paso la gran cosa.
-¿Ah no? Pues creo que le daré menos importancia al siguiente árbol que quiera convertirme en su cena. ¡Por supuesto que paso mucho, Marshall!
-Ok, lo acepto. El laberinto y el bosque…
-La cámara de los péndulos también- Interrumpió Fionna.
-… Y la cámara de los péndulos fueron retos difíciles. Pero mira, todavía estamos vivitos y coleando.
-Pues no creo que te hayan inyectado vitaminas, Marshall. Así que la expresión "vivitos y coleando" no nos durara por mucho, ¿no crees?
-No, pues, creo que no- Dijo para luego quitar el trapo mojado de la cabeza de Fionna, quien volvió a ponerse su gorro.
Curiosos de saber en donde estaban miraron por todo su alrededor. Y algo que ninguno de los dos noto cuando despertaron fue que, tallados a la mitad de las montañas, se encontraban cinco estatuas de diferentes animales tanto reales como mitológicos, que eran un león, un lobo, un grifo, una pantera y un fénix. Todos median un tamaño aproximado de cinco metros y en sus rostros tenían expresiones atemorizantes, como si estuvieran listos para atacar algo. Sí embargo, lo que más le llamo la atención a Marshall fue que la piedra de las montañas mostraba marcas de desgarres de animales a pesar de que no hubiera vida a kilómetros a la redonda. Otra cosa que llamo la atención de los do fue que sobre la estatua del fénix se encontraba un espejo redondo, pero en las otras cuatro estatuas no.
Cuatro de las cinco estatuas estaba cubierta por las sombras de la montaña que tenían al frente a excepción de la del grifo, que era la única que no era tocada por las sombras de las otras estatuas y mantenía su mirada al frente igual que las demás. Todos estaban sentados sobre sus patas traseras y los que tenían alas dejaban estas apegadas a sus cuerpos. La forma en que las esculpieron era tan fina, tan detallada, que los animales parecían ser reales, pero… ¿Qué o quién había puesto tales obras de arte abandonadas en el desierto?
-Me siento… observada. Como si estos animales en verdad tuvieran vida.
-Ya somos dos. Pero como no estamos aquí para un tour histórico, será mejor que nos vallamos si queremos seguir vivos una hora más.
-Espera. Hay que verlas más de cerca antes de irnos- Sugirió la chica, que unos momentos después empezó a escalar la montaña para llegar a una de las estatuas.
-Fi, ¿estás loca? ¡Baja de ahí ahora!
-Relájate, Marshall. Son solo esculturas de piedra talladas a mano y, como dices tú, ¿qué es lo peor que puede pasar?
-Podrías caerte y romperte la cabeza ¿Algo más?
-Sí. ¡Ven acá arriba y mira esto!
En cuanto volteo, el muchacho se encontró con que la heroína había llegado a la superficie plana donde se suponía que estaba la estatua y lo saludaba desde allá arriba, sonriéndole e incitándolo para que él también subiera. Marshall dejo escapar un suspiro de resignación y después floto y se detuvo frente a la estatua de piedra, la cual era la del león. Y no era por exagerar, pero este casi parecía ser de verdad, y es que los tallados estaban tan elaborados que representaban el pelaje del león como si se tratara de la mismísima piel. Para cuando llego, Fionna estaba tocando la pierna delantera del animal, atrapada en la belleza de este, y después de eso dio vueltas alrededor de la estatua apreciando cada detalle y levantando la cabeza lo más alto que podía para ver con claridad el rostro ya que, como se dijo antes, median como cinco metros de altura. Y no supo ni cómo ni porque, pero Marshall tomo de repente a Fionna de la cintura y se pusieron frente a la cara del gigantesco felino, la cual estaba cubierta alrededor por una esponjada melena del mismo color de la roca de la montaña.
-Son increíbles- Murmuro Fionna- Algebraicamente increíbles… ¿Cuánto tiempo crees que costaron hacer estas cosas?
-Muchos meses, creo. Quizá más de un año- Respondió el joven.
Fionna suspiro.
-Aun no lo entiendo del todo. Estamos rodeados de montañas con increíbles estatuas talladas en ellas, en medio de un desierto caluroso. Eso simplemente no tiene ningún sentido lógico. Es como si yo quisiera abrir un museo en medio de un bosque, ¿no lo crees?
-Eso no tendría ningún sentido.
-Es lo mismo que yo pienso de todo esto. Pero bueno, el mundo está loco de todas maneras ¿Nos vamos ya?
-Glob, pensé que nunca lo dirías. El gatito empezaba a darme miedo.
-Solo es una estatua, Marshall. No es de verdad- Le dijo, golpeando el pecho del león con su puño como si estuviera tocando una puerta.
-Lo sé, pero tienes que aceptar que se ven muy reales. Sin embargo, lo que diga mi reina, se hace- Y le extendió una mano para que bajara con él a tierra.
-Andas muy romántico últimamente ¿Te golpeaste la cabeza o algo?- Pregunto al tiempo en que cogía la mano de él y pisaba sus pies para luego bajar lentamente hasta pisar el suelo.
-¿Por qué? ¿No puedo ser romántico con mi novia? Debo hacerlo o perderé mi titulo de Don Juan- Dijo el vampiro de manera juguetona y dándole un beso en la mejilla a su chica.
-No es eso. Solo asegúrate de no volverte demasiado "romántico" conmigo uno de estos días.
-Que sea un trato entonces- Dijo y una decima de segundo después le dio otro beso, pero esta vez en los labios.
Salieron del círculo sin problema alguno. Al principio creyeron que al intentar cruzarlo terminarían electrocutándose como cuando Marshall quiso pasar flotando por encima del laberinto para terminar más rápido y resulto que todo estaba cubierto por un campo de fuerza invisible, pero esta vez no. Pasaron a través de dos montañas y no les pasó nada; así de fácil. Pero ya luego de haber caminado unos cuantos pasos fuera de las montañas Fionna lo recapacito todo y se dio cuenta de que algo andaba mal ahí porque desde el principio había sospechado algo de esas montañas, y es que le costaba mucho trabajo creer que se hubieran formado a modo de circunferencia nada más porque si, y dudaba mucho que anteriormente alguien hubiese estado tan loco como para tallar tremendos cuerpos de piedra en forma de animales para darle un toque místico a todo eso.
Algo malo estaba por pasar, de eso estaba segura.
….
La oficina estaba en silencio. El Maestro se encontraba tumbado sobre el escritorio agarrándose la cabeza fuertemente con las manos y repitiendo una y otra vez palabras que no se alcanzaban a entender de manera coherente, pero lo que si se escuchaba eran los leves gemidos y gruñidos que el enmascarado lanzaba sin soltarse la cabeza que le dolía como si le hubieran golpeado con una roca. Últimamente se había sentido muy cansado. No podía pensar con claridad y tampoco era capaz de mantener una charla formal con sus discípulos Leonardo y Andrea Van Garrett a los que había enviado a darle un obsequio de su parte a Marshall Lee, y considerando que ya hacía varia horas que los envió no deberían de tardar en llegar. Pero regresando a lo anterior, el Maestro no se sentía para nada bien, y por más que con sus conocimientos intentara averiguar lo que lo agobiaba no lograba comprender que era, que tenía.
Los vampiros tenían el metabolismo muerto y no podían contraer enfermedades, por lo que el líder de la Orden de los Vampiros ya se había hecho la idea de que no estaba enfermo. Era algo más, otra cosa fuera de lo normal
-¿Mi Señor?- Oyó decir a alguien- ¿Se encuentra bien, Maestro?- Pregunto la voz de Leo.
-Oiga, patrón, no se ve para nada bien. Y eso que usa una máscara, eh.
-Estoy bien, chicos. Estoy bien- Les dijo sin tomarle mucha importancia al asunto- Háblenme de su misión ¿Cómo estuvo la caída del polluelo?
-Fue de lo mejor. Paso por el aire como si nada y cuando menos lo pensó le inyectamos la cosita que usted nos dio. Azotó como res al siguiente segundo- Decía la vampiresa chocando sus manos improvisando el sonido de una caída- Ay, como hubiera deseado haber tenido una cámara.
-Lo que la señorita Van Garrett quiere decir es que la misión fue un éxito. El veneno fue inyectado tal y como usted lo podio, Maestro.
-Sí, ya ni el de Misión Imposible trabaja como nosotros. Usted es el Padrino y Leo y yo seremos sus lindos secuaces- Comento, abrazando al chico del cuello.
-Para tener conocimientos filosóficos, eres algo rebelde, Andrea- Comento Leonardo.
-Y para tener dieciocho años humanos de edad te pones mucha jalea en el cabello, ¿no crees, Leo?
-¿Qué tiene de malo mi cabello?- Pregunto el joven, pasándose una mano por su cabellera castaña.
-¡Esta más tieso que la piel de un cadáver! Y todavía preguntas.
-Niños, no creo que tenga que recordarles que están aquí para planear la muerte de Marshall Lee- Interrumpió el Maestro.
-Oiga, pues si usted es quien se empeña en envenenarlo. Si yo fuera usted, patrón, el hijo de Abadeer ya estaría fuera del juego.
-No le eh matado porque quiero esperar al momento preciso- Explico el enmascarado.
-¿Qué?
-Maestro, pero pensábamos que estaba empeñado en matarlo por lo que le hizo al señor Skull ¿No era eso lo que quería? Vengar la muerte del mejor asesino de la Orden.
-Lo estuve recapacitando, Leonardo, y encontré algo muy curioso sobre el padre de nuestro polluelo.
-Oh, demonios. Ahí va con sus lecciones de historia. Leo, despiértame cuando la clase acabe, ¿sí?
-Señorita Van Garrett, creo que a usted también le interesaría escuchar esto.
Antes de que Andrea pudiera decirle a su líder que no le interesaba nada en lo absoluto, este se puso de pie y busco algo en los libreros terminando por sacar uno de los tantos libros de estos. El libro no era ni tan viejo ni tan nuevo y en la portada se podía leer La historia de Nocheosfera. El Maestro hojeo el libro entre las ultimas paginas y se detuvo en una de estas señalando un subtitulo con el dedo y después lo coloco en su escritorio indicándoles a sus discípulos que leyeran el contenido.
Los dos obedecieron y se detuvieron frente al libro mirando curiosos el subtitulo que curiosamente decía Algul Abadeer. Miraron a su líder sin entender lo que este les quería decir con el contenido del libro, y este, riendo de manera simpática para sus adentros, dio unos cuantos pasos al frente preparado para explicarles a sus alumnos lo que quería que entendieran. Hojeo una vez más las páginas del libro que, como muchos de los que estaban ahí, había sido escrito por él y cada hoja de su contenido explicaba la vida de los grandes reyes y reinas de la Nocheosfera, las traiciones, verdades ocultas y conspiraciones contra la Familia Real durante los milenios que tenía el Inframundo. Y si, por si se lo preguntan, todo lo que se veía escrito ahí había sido visto por el mismo Maestro, el vampiro que vivió en la Nocheosfera y fue despreciado por su misma especie.
-Este libro lo escribí yo,- Empezó a hablar- pero nunca lo termine. El último capítulo tiene el nombre del padre de Marshall Lee pero, la historia de este monarca no está del todo completa. Yo nunca estuve enterado de que el rey más amado de la Nocheosfera tuvo un hijo con una humana y tampoco tengo idea de cómo murió. Dicen que lo atacaron cuando estaba por resolver la diferencia entre los bandos de las criaturas de Aaa y los humanos, pero son muchas las especulaciones para elegir solo una. En resumen, el siguiente en mi libro debería de ser Marshall Lee, el hijo de Algul Abadeer, pero la historia de estos dos está plagada de cientos de misterios que yo quiero resolver. No quiero escribir algo lleno de mentiras, quiero escribir verdades, y para eso necesito información sobre Abadeer y Lee.
-Pero Algul Abadeer ya está muerto. De igual modo el capítulo de él quedara incompleto- Dijo Leonardo.
-No. Su hijo aun está vivo. Envenenado, pero vivo.
-No es por ser pesimista, pero dudo mucho que Lee resista lo que queda de la semana, patrón.
-Resistirá. Diseñe ese veneno para que destruyera el cuerpo de una manera lenta y dolorosa, pero nunca lo eh probado en vampiros así que creo que el joven puede resistir una semana más.
-Oh, ¿y porque no lo matamos ya? Empiezo a cansarme de este chico- Exclamo Leonardo.
-Porque Marshall Lee será mi pasaje al conocimiento. A lo que nunca supe del gran Algul Abadeer. Siendo su hijo, me imagino que debe de conocerlo… ¿verdad?
-¿Y si no lo hace, Maestro?- Pregunto Leonardo al recordar que, en una de la peleas que Marshall tuvo con Alabaster menciono que su padre fue un completo desconocido para él- Hay probabilidades de que no lo hubiera conocido. Ya sabe como son los muchachos; se olvidan de que tienen padres.
-Pues me servirá de consuelo su vida. Tendré incompleta la vida de un gran vampiro, pero me consolara saber quién es su hijo.
-Créame que le sorprenderá- Comento Andrea- El muchacho es… en pocas palabras… es el típico adolescente de dieciocho.
-Eso no importa. Rebelde o no, algo debe de saber, y no estaré satisfecho hasta saber algo de él aparte de que fue quien mato a Alabaster Skull.
-Ok. Entonces… ¿ya podemos picarle?- Pregunto, señalando la puerta de madera.
-Son libres- Respondió el Maestro- Pero antes de que se vayan, me gustaría saber en donde hicieron caer al polluelo.
-Andrea los hizo caer en medio de un círculo rodeado de montañas. No sé por qué.
-Ah… Ya sé en donde. Es usted verdaderamente mala, señorita Van Garrett, la mejor asesina que mis ojos hayan visto.
-Obvio- Dijo la joven de manera orgullosa, tallándose las uñas en la tela de su chaleco.
-Por curiosidad, Mi Señor, me gustaría saber qué hay ahí porque estoy bastante seguro que la Orden fue la responsable de haber puesto esas montañas así.
-No, Leonardo, te equivocas. La Orden de los Vampiros no movió un solo dedo para poner las montañas de esa manera.
-Ay, no me vaya a salir con que fue obra de la naturaleza, porque esa ni usted se la creería- Dijo Andrea.
-Tampoco fue culpa de la naturaleza. Dice una leyenda que esas montañas fueron colocadas así por la obra de un mago ya fallecido que se perdió en el desierto. En su desesperación y su locura a causa del calor, con su magia movió cinco montañas, las coloco en forma de círculo y en cada una de las montañas tallo la figura de un animal; el león; la pantera; el grifo mitológico; el lobo; y un fénix. Se rumorea que algo pasa con esas estatuas cuando el sol las toca, pero nunca eh tenido tiempo para averiguarlo.
-Magia, eh- Decía Leonardo pensativamente- El veneno, Maestro, ¿Cuánto puede tardar aproximadamente en hacer efecto?
-Tres días y medio. Pasado ese tiempo los síntomas se harán más fuertes y el individuo se preparara para un largo y doloroso sufrimiento.
-Síntomas, si me permite.
-Empiezan siendo un leve dolor de cabeza. Después el cuerpo inconscientemente se hace sentir a sí mismo una sensación de dolor y poco después la boca, nariz y ojos empiezan a sangrar. Por último el corazón se acelera como el motor de un auto de carreras y la persona termina muriendo
….
Habían pasado horas desde que partieron de las montañas y ahora se encontraban vagando por el suelo al que casi parecía que le estaban prendiendo fuego. El tiempo que llevaban caminando les había afectado mucho, sobre todo a Marshall Lee, quien desde hace rato se la había pasado tambaleándose conforme daba un paso, cantando y riendo solo, como si estuviera loco. Y Fionna no le decía nada pues entendía a la perfección la situación de su novio.
-De latir se canso su corazón… De tanto llorar su risa naufrago. De tanto buscar un gran amor… De amarse a ella misma olvido…-Cantaba Marshall mientras seguía caminando y tambaleándose al lado de Fiona en medio del desierto.
-El calor ya te afecto el cerebro, ¿verdad?- Dijo la humana al ver que el vampiro no era capaz de mantenerse de pie por sí solo.
Sin embargo, el vampiro siguió cantando sin hacer caso de las palabras de Fionna.
-¡Y se marcho para encontrar la sonrisa que perdió! Y se durmió para dejar ya de llorar…- Seguía cantando el joven con su paso de borracho recién salido del bar.
-¿Me escuchaste, Marshall?- Pregunto, pero ahora solo podía oír los tarareos del chico- ¡Marshall!
-De tanto esperar, se impaciento… De tanto sufrir, su mirada se apago ¡Su camino nunca encontró! Quedaba tanto por andar… que ella… decidió…- Conforme separaba las palabras de la canción, Lee disminuía el paso hasta que llego al punto en que se detuvo en seco sin voltear la mirada- …volar.
-Oye… ¿te sientes bien?- Pregunto. Él no respondió- Marshall… me estas asustando.
-¿Por qué?- Dijo el muchacho volteándose repentinamente a donde se encontraba su novia, quien al verlo su rostro palideció por completo.
Marshall no se veía en lo absoluto bien.
Tenía activados sus ojos de demonio que, por alguna razón, estaban rodeados por unas ojeras grises alrededor, su mirada estaba posada en Fionna como la de un asesino demente a apunto de atacar, su cabello negro le caía al frente y a los costados de la cara de una manera alocada dándole un toque más tétrico a toda su apariencia y su respiración era en extremo agitada. Sin darse cuenta Fionna había retrocedido un paso atrás cuando vio la apariencia del vampiro, que en esos momentos no parecía estar muy dispuesto a seguir caminando por el desierto.
-¿Te asuste?- La humana no supo que responder, solo se quedo callada, observando las acciones de Marshall- Dime algo, Fi… Hay mucho silencio.
Comenzó a acercarse. La chica retrocedía.
-A-aléjate, Marshall- Ordeno ella desenfundando y apuntando su espada en dirección a Lee, quien volvió a detenerse cuando su piel tuvo contacto con la punta de la espada de Fionna.
El muchacho elevó su mirada a donde se encontraba la aventurera, quien temblaba de pies a cabeza al ver y tener a Marshall de esa forma frente a ella.
-¿Por qué?- Dijo, ignorando por completo el miedo de ella.
-¡No te acerques!- Exclamo la heroína al ver que el joven estaba por dar un paso hacia ella- No te atrevas a dar un paso más, Marshall.
En definitiva había algo en él que no le gustaba en lo absoluto. Estaba acostumbrada a verlo con sus ojos de demonio pero nunca lo había visto actuando así, como si estuviera a punto de atacarla, algo que, como él mismo se lo había pedido dentro del bosque, tenía que evitarlo a toda costa defendiéndose ella de él, atacando a su novio como si fuera uno más de sus enemigos de Aaa ¿Pero porque ahora? Marshall no podía actuar así de un minuto para otro, y desde el principio él sabía que algo estaba por pasarle y que ella se vería peligrando pero como siempre el Rey Vampiro no dijo nada y ella no podría ayudarlo si no sabía lo que le pasaba. Y considerando la forma en la que respiraba, tenía algo que ver con su naturaleza vampírica y al tener que enfrentarse a uno de los peores enemigos para los vampiros, que en este caso era un desierto que no parecía tener fin alguno.
Marshall quiso dar un paso al frente y Fionna se asusto apoyando más su arma contra el cuerpo del muchacho, quien simplemente tuvo que empujar la hoja de la espada a un lado logrando desarmar a su novia que a causa de su miedo no pudo concentrarse bien en como sostenía su espada y mantenía flojo el agarre. Volteo a ver al chico y cuando menos se lo espero, este ya estaba frente a ella provocando un estado de pánico en la heroína.
De repente el joven se inclino un poco en su cuello olfateando el olor de Fionna, y cuando percibió el aroma de la sangre corriendo por las venas de esta Marshall no dudo en mostrar sus colmillos, preparado para encajarlos en la piel erizada de la chica. Cuando se dio cuenta del plan de su novio, Fionna al momento convirtió su mano en puño y lo golpeo en la mejilla haciéndolo rodar en el suelo mientras escuchaba los quejidos provocados por los golpes y el calor en el suelo ardiente del desierto. Todavía temerosa de lo que estuvo a punto de hacer el vampiro la humana se acerco a paso lento con su mano aun convertida en un puño bien cerrado, rodeo el cuerpo de Marshall y cogió su espada, que curiosamente había terminado muy cerca del Rey Vampiro.
-¿Marshall?- Le llamo, pero él no contesto- Marshy… Oye, todavía nos queda más desierto que cruzar.
Sin darse cuenta había empezado a acercar su mano a la cara del muchacho, quien de golpe abrió los ojos y tomo la muñeca de Fionna para después derribarla al suelo mientras él se ponía de pie y se acercaba nuevamente a donde ella de manera amenazadora. Fionna se arrastro hacía atrás con su arma todavía en mano, asustada por lo que veía.
-N-no quiero hacerte daño, Marshy- Pero el vampiro no respondía- Marshall… ¿Qué tienes?... ¿Qué ocurre contigo?- Decía al tiempo en que retrocedía.
-¿Es que no lo entiendes, Fi? Soy un vampiro, y eso significa que necesito sangre para alimentarme. No eh probado una sola gota desde hace un mes y ahora me estoy volviendo loco… ¿Entiendes lo que digo?
-Marshall… ¿V-vas a… chuparme la sangre?, pregunto, temerosa de lo que estaba por pasar.
-Probablemente.
Sin más que decir, Lee se lanzo contra su novia con sus colmillos preparados para succionar toda gota de sangre que habitara en el cuerpo de Fionna que, sin pensar dos veces en la situación, rodo por el piso árido y caliente provocando que Marshall estampara su cara contra este. Asustada, la aventurera empuño con más fuerza el mango de su espada y estuvo atenta a todo movimiento que su compañero intentara contra ella, y justo cuando menos se lo espero el muchacho se puso de pie y miro a todos lados intentando localizarla. Una vez hecho esto, Marshall dio un paso y después desapareció en el acto provocando que el corazón de Fionna latiera desesperado y que ella también volteara intentando encontrarlo, pues siendo invisible Marshall Lee se convertía en el mejor cazador de los dos.
…Todo estaba en silencio… El corazón de Fionna latía a mil por hora, sus manos temblaban y sus ojos estaban desorbitados mirando a todos lados. Ahora sabía por qué razón a Cake le daba tanto miedo la especie de Marshall, y es que como Fionna nunca había visto actuar al joven de esa manera y, sinceramente, le asustaba.
-Hola, Fionna- Murmuro él detrás de la aventurera.
Al momento, Marshall Lee intento clavar sus colmillos en el cuello de la humana, pero esta fue lo suficientemente rápida para retirarse y darle otro golpe en la cara pero esta vez con la hoja de su espada dejándole una herida en la mejilla la cual no duro mucho porque al poco rato se cerró sin dejar marca de que lo hubieran atacado. Errabundo, Marshall salto de nuevo contra Fionna de tal manera que esta no vio cuando el vampiro se le abalanzo y empezó a atacarla intentando clavar sus colmillos en la piel de ella, sin embargo ella no se dejaba y atacaba de igual manera a Marshall, impidiendo que este lograra su cometido. Y en uno de sus ataques, Marshall no alcanzo a ver que Fionna tenía su espada en la mano y esta la uso golpeándolo en un costado de la cabeza, derribándolo al lado de ella. Ahí, Fionna soltó su arma y jalo al vampiro del cuello de la camisa dándole un último golpe que le dejo un ojo morado al chico y lo hizo sangrar del labio inferior.
Sin embargo, antes de que la humana pudiera hacer otra cosa en su contra él se libero del agarre de la humana y seguidamente la golpeo de una manera tan dura que en el estomago de Fionna quedaron las marcas de Marshall, que en realidad parecían ser las heridas causadas por la garra de un oso o algún otro animal. No se dio cuenta tampoco cuando Lee dio el siguiente golpe, esta vez en el pecho de ella terminando por derribarla al piso. Nuevamente Marshall quiso clavar sus colmillos, pero antes Fionna le dio un golpe más logrando que el vampiro se levantara. Le proporciono otro golpe en la cara para ver si así reaccionaba y después empezó a gritarle en su miedo por lo que acababa de ocurrir.
-¡Ya basta, Marshall!- Exclamo ella de manera brusca, sacudiéndolo del cuello de la camisa- M-me estas asustando.
El semblante del muchacho cambio al ver el rostro enojado, pero a la vez asustado, de su novia y, debido a esto, sus ojos volvieron a la normalidad y separo con suavidad las manos de su novia llamando la atención de esta. Al darse cuenta de que Lee había vuelto a la normalidad con los ojos cristalizados en lagrimas ella se lanzo a abrazar a su novio, desahogándose mientras lloraba en su hombro y él la abrazaba para consolarla.
-Perdóname, Fi. Perdóname- Pidió, sin dejar de abrazarla.
-Está bien, Marshall. Entiendo que no te podías controlar- Dijo ella entre sollozos.
-Lamento casi haberte matado. Te quiero mucho como para hacer eso, Fi, y no soportaría hacerte daño- Y mientras hablaba, Marshall Lee se dio cuenta que el olor a oxido de la sangre aun estaba presente, pero que ahora era más fuerte. Separo un poco a Fionna de sí y encontró que su chica tenía unas terribles heridas en estomago y pecho, como si un animal la hubiera atacado- ¿Y-yo te hice esto?
Confundida ella miro su cuerpo y –no se había dado cuenta- tenía unas terribles heridas de las que no se había dado cuenta.
-Si- Respondió y en el rostro de Marshall se mostro preocupación y tristeza- Pero tranquilo, tuno tuviste la culpa… Aaah- Se quejo, poniendo su mano en las áreas heridas.
-¡Fionna!- Grito el joven, preocupado por cómo estaba su novia- Tendré que curarte esas heridas antes de que se te lleguen a infectar.
-Estoy bien. Es solo un poco de dolor y ardor- Pero un microsegundo después de haber dicho aquello Fionna volvió a quejarse.
Rápidamente el chico se quito la mochila y busco en ella algo que pudiera servirle y, al igual que la vez anterior, encontró su botella de agua medio llena y el trapo con el que la curo después de la caída en las montañas. Mojo el trapo y, con sumo cuidado, lo restregó con cuidado en las heridas de su novia de manera suave teniendo el cuidado de no hacerle mucho daño. Ahora de verdad se había pasado. No era más idiota porque Glob no se lo permitía, esa era la peor idiotez que había cometido en su vida como vampiro o por no controlar su sed de sangre. Fionna estaba herida por su culpa y –todavía peor- él había sido quien la hirió, ya fuera de manera consciente o inconsciente, pero de igual modo la culpa recaía en él.
Marshall dejo de frotar el trapo en las heridas de Fionna y seguidamente la beso en los labios intentando demostrarle lo mucho que la quería, y ella correspondió el gesto del vampiro. Poco después ambos se separaron y Lee atrajo a la joven hacía sí recargando su mentón en el hombro de ella, todavía avergonzado por lo que hizo.
-Lo siento- Se disculpo.
-Estas perdonado, Marshall- Le dijo separando al Rey Vampiro de su hombro observando su mirada triste y arrepentida, para luego darle un beso en la mejilla.
Antes de que cualquiera de los dos dijera algo más, de repente la tierra ardiente del desierto comenzó a temblar bajo los pies de Marshall y Fionna. El primero de estos dos agudizo un poco más su oído para escuchar mejor y a lo lejos alcanzo a escuchar un sonido que llevaba un ritmo constante, como si se tratara de algo muy grande dirigiéndose hacia ellos y, al mismo tiempo, llegaba a escuchar unos ruidos todavía más raros, parecidos a rugidos, ladridos y gritos de aves. Pero eso no tenía sentido si se consideraba que estaban a mitad de un triste y desolado desierto en medio de la nada. Con la curiosidad picándoles la cabeza ambos dieron un paso al frente esperando poder ver lo que fuera que viniera a lo lejos, sin embargo, lo único que alcanzaron a ver fue una leve mancha borrosa a kilómetros de distancia.
Justo cuando estaban por irse, de repente una bola de fuego salió disparada hacia el cielo y una figura alada se hizo presente llamando la atención de la humana y del vampiro. Esa misma figura de un instante a otro comenzó a lanzar más bolas de fuego del interior de su boca para todos lados, como si estuviera atacando algo. Pocos momentos después otra figura alada apareció y ataco a la primera mientras esta intentaba defenderse lanzándole bolas de fuego a la segunda que, luego de haber esquivado un ataque, envolvió en sus alas a su contrincante y lo llevo flotando justo en la dirección donde ellos estaban y después lo dejo caer al piso a pocos metros cerca de ellos. Ninguno de los dos alcanzo a ver que era la criatura que se estrello, pues durante el impacto se levanto una nube de polvo que les cegó la vista. Sacudieron el aire con sus manos al tiempo en que tosían a causa del polvo y cuando por fin aclararon su vista y la nube despareció pudieron ver que la criatura que lanzaba bolas de fuego, no era otra más que un ave fénix extremadamente parecida a la que vieron en las montañas.
-¿Pero qué…? ¿Hay aves fénix en los desiertos?- Pregunto Fionna.
-Hasta donde sé, no- Marshall se sentó de cuchillas frente a la gigantesca ave examinando cada detalle- Pues de que es un fénix, es un fénix, pero no entiendo que está haciendo aquí.
-Había otra criatura, ¿no? Estaban peleando en el aire, los vimos.
-Ya lo sé. Pero aquí lo importante es averiguar de dónde vienen y que están haciendo aquí- Al momento de terminar su oración, Marshall Lee presencio como el ave fénix abría de golpe sus ojos haciendo retroceder al vampiro.
-Oh, por Glob- Exclamo Fionna al ver a la majestuosa ave poniéndose de pie para después echar un grito en la cara del vampiro, quien quedo inmóvil cuando vio que en la boca del fénix empezaba a formarse una bola de fuego- ¡Marshall, apártate de ahí!- Grito, pero el joven no le hizo caso- ¡Marshall!
Y en el momento en que Lee creyó que todo había acabado ahí para él, la ave fue atacada por otro animal impidiendo que el primero achicharrara a Marshall. Este entonces se dio cuenta de que el atacante de su atacante era un grifo del mismo tamaño del fénix. El grifo era una mutación entre león y águila, con cabeza y alas del ave y el resto le pertenecía al físico del otro animal y, por lo que se podía notar, las dos bestias mitológicas estaban peleando entre si por alguna razón en la cual no había sentido alguno si analizaban un poco la situación; un grifo y un fénix peleando a mitad de un desierto sin nada por el alrededor.
-¿Qué estás haciendo?- Medio grito Fionna, poniéndose delante de él- ¡Hay que irnos antes de que pase algo!
Pero Marshall estaba atrapado mirando a ambas bestias, las cuales nuevamente habían empezado a pelear tomando más ventaja el grifo que el fénix. Ambos eran animales descomunales, de cinco metros de alto cada uno y con un tremendo poder y fuerza, pues eso se notaba cuando alguno de los dos golpeaba al otro.
-No nos vamos a quedar aquí, ¿verdad?- Decía Fionna desesperada.
-N-no- Tartamudeo al tiempo en que se ponía de pie pero sin quitar el ojo de la pelea- Vámonos.
-Ah, eso es música para mis oídos- Comento la humana mientras se subía a la espalda del muchacho y este corría a todo lo que podía.
Sin embargo, mientras iban corriendo, se detuvieron cuando de repente en su camino se cruzo una pantera del mismo tamaño que los otros dos animales. Ni uno ni otro se espero lo que pasó a continuación, pero pensando que podría rodear a la pantera sin que esta se diera cuenta, Marshall fue atacado por la pantera, lo que provoco que Lee y Fionna se separaran a causa del golpe. Queriendo levantarse para ayudar a Fionna, el vampiro de nuevo fue atacado por el animal de cinco metros de alto y este le enseño sus colmillos al mismo tiempo en que le lanzaba un terrible rugido a la cara…
Y bueno, eh aquí el decimo capitulo. Lo siento, chicos, pero ando un poco corta de tiempo, así que creo que nos veremos hasta la próxima. Adios.
Riux, Chaitooo.
