Notas de la Autora:

Eah, cambie la presentación del capítulo, aunque las notas históricas las seguiré dando al final (y hay tanto que explicar). También los reviews los contesto antes, así nunca me quedo sin contestárselos. Ahora sólo tengo que agradecerles otra vez, estoy muy contenta con los reviews TuT

Quiero mandarles también mis condolencias a todos los chilenos, ya sabemos la difícil situación que están pasando, y quisiera hacerles un capítulo en su honor, que será el siguiente. ¡Ánimo, Chile!

Reviews:

-w-VaLe-Chan-w-: ¿En serio eres de Nuevo León? ¡Es que es un amor, es imposible no amar a todos los "hermanitos" de México! Y es verdad soy de la idea de que los países no son malos, sino los jefes, es una lástima. ¡Gracias por el comentario!

shadowleani: México siempre estará ligado a Estados Unidos (maldita posición geográfica), que se le va a hacer *suspiro*. ¿Volvámonos uno con Rusia, entonces…? ;-; Y de la versión de los Niños Héroes, bueno, ya la verás, Leani-san ^^

aki-chan924: *se recobra de la zarandeada* Buscando uno encuentra Shonen-ai en todos lados (¿por qué no hasta un Iturbide x Guerrero, o un Madero x Pino Suárez xD) Y bueno… ¡chan! He aquí la última parte.

hikari_loka: ¡De todas formas me seguiré esforzando, lo prometo! Yucatán es bastante interesante, y creo que haré un especial de sus independencias. Perdón por haberte hecho esperar tanto, pero al fin está el capítulo ^^

Anonimita :D : Seh, de hecho yo escribí los guiones de las novelas de Telerrisa (Corea: ¡No es verdad, se originaron en Corea!) Gracias y aquí tienes el cap salidito del horno =)

icegirl2711: ¡Sí, Ale es la esposa de Alfred, le pese a quien le pese! *esquiva un rayo de magia negra de Arthur* Aunque en realidad el jefe España fue el primero que lo disfrutó, a él y a sus hermanitos americanos (¡que abusado!) Yo también me imagino a Nuevo León todo sexy xD Y bueno, sí, ya se viene lo triste, pobres Niños Héroes T.T

lenore4love: ¡Thanks por el review! Bueno, ahora es como si fuera un viernes cuando acaba la novela. ¡Es el gran final, no se lo pierdan! Si tú te sientes como una televidente de novelas, como me siento como la guionista que inventa incoherencias xD

PanLeeBlackfraids: No te preocupes, yo haré lo posible por cumplir tu pedido (yo también estoy enojada con EU y Texas. Y Nuevo León es demasiado sexy como para ignorarlo) pero lo haré en un fic independiente o en un omake, aún no lo decido. Pero ten por seguro que lo haré :1

destiny-author: Seh, México es bastante llorón, y me alegra que por fin alguien lo haya sacado de su ronco pecho, porque eso es algo muy importante que trataré en este capítulo sobre su cambio de actitud. ¡Y gracias por el dato de Federico II el Grande! Definitivamente el awesome Prusia y México deben tener su capítulo sobre eso x3

yumiki-sama: Que bueno que te haya gustado el de gringo, y sip, fue porque tú me lo pediste ^^ (no crean que no he anotado todas las peticiones, las tengo guardaditas) Alfred no estaba porque no quise, aunque tal vez estaba con Inglaterra haciendo cosas impuras xD

MayonakaNoSweetBoy Haru: Sobre que México es un fácil, lamentablemente sí, cualquier país hace prácticamente lo que le viene en gana, y si quieren un ejemplo actual, pregúntenle a cualquier extranjero sobre cómo entraron aquí ;-; ¡Nya, me comentaste sobre todos los capítulos! Me siento tan gratificada, nunca creí que este fic en serio funcionaría ¡Mil gracias, y te dejo para que puedas leer el capítulo final de la Hermandad Rota ^o^

sandyNizanagi: Yeah, México la sigue padeciendo, y me temo que lo seguirá, a veces de una manera patética (como mexicana no sé si debería llorar o reírme) ¡Movimiento para que México aparezca en Hetalia! (Aunque me sentí contenta cuando leí lo de la Maldición Del Álamo en una tira. ¡Recuerda el Álamo, Alfred!)

Kaguya-hime Shiro: Nuevo León es la pura actitud, y es cierto eso de los gemelos Weasley xD Quince Uñas es un apodo que se le dio a Santa Anna después de perder su pierna, por eso de que ahora sólo le quedaban esas (que apoditos se inventaban) Lamentablemente si somos de EU, si ellos caen nosotros también (la crisis está dura, por ejemplo ToT)

Status: En progreso (11/ Chorrocientos mil)

Warnings: Yaoi/Shonen-ai, EU x México x Texas, light Estado de México x D.F. Violencia. Angst.

Disclaimmer: Hetalia no me pertenece, de lo contrario, México aparecería =P

Introducción de:

Coahuila-Concepción González

Veracruz-Berenice González

Puebla-Pura González

Estado de México- Alexis González

Distrito Federal- Roberto González

»•·.·´¯`·.·•¡NEE, NEE, MÉXICO-KUN! •·.·´¯`·.·•«

An Axis Powers Hetalia FanFic

Hermandadrota III

"─Verás, Texas le explicó Alfred. Ellos son los hermanos de Inglaterra, Irlanda del Sur e Irlanda del Norte".

Después de la Batalla de la Angostura y del Paso de Embudo, Febrero de 1847.

─ ¡Esto es inaceptable!─ gritó Coahuila enfurecida, tan alterada que el cabello castaño de sus trenzas comenzaba a soltarse. El uniforme militar era diferente al que solía tener, inservible tras la Batalla de la Angostura─. ¡Exijo hablar con ese estúpido Quince Uñas que se hace llamar el presidente!

─Cálmate, Concepción─ ordenó enérgicamente Nuevo León─. Ya sabemos que estás enfadada por lo que pasó en la batalla de Angostura, pero…

─ ¡No estoy enojada, Fernando, estoy encabronada! ¿Por qué Santa Anna se retiró y me dejó peleando sola, sólo con Guadalajara y Guanajuato?

─Nadie lo sabe─ fue la respuesta de un ceñudo Fernando.

─ ¡Por lo menos déjame hablar con Alejandro!

─Está enfermo de gripa, ya te lo dije─ protestó cansinamente Nuevo León─. La inestabilidad social en todo el país es muy grave, no tardaremos en enfermar también. De hecho, creo que a mí también me va a dar algo… Como sea, me voy a casa.

─ ¿Eh? ¿Por qué?─ preguntó Concepción, sorprendida.

─Mi casa está sitiada por esos idiotas, también la de Tamaulipas, no se supone que deba estar aquí─ gruñó Nuevo León─. Y quiero conseguir noticias sobre lo que pasó con Nuevo México. Al parecer nuestro David se rebeló, pero no sirvió de nada.

─Sí, escuché algo sobre esa Batalla del Paso de Embudo. Bueno, mucha suerte, entonces.

─Lo mismo les digo─ suspiró Nuevo León, frunciendo el ceño─. Volveré muy pronto, mientras despídanme de Ale. Sólo me iré unos días y estaré de vuelta.

***

Veracruz, marzo de 1847

─Dios mío, yo no sé cómo es que siempre terminamos metidos en estos líos─ murmuraba Veracruz caminando de un lado a otro, haciendo ondear a cada paso que daba su blanquísimo traje típico jarocha, con las flores que adornaban su peinado ya desacomodado y aún con el abanico en sus manos.

─Lo lamento, Berenice─ se disculpó Alejandro, ya con su uniforme militar, pero aún no recobrado de su gripa─. Siempre los meto en líos. ¡Achú!

─Salud, cariño─ suspiró ella con resignación, abanicándose y tendiéndole un pañuelo─. De todas maneras, tú sabes que soy fuerte, y tengo mis murallas. Me preocupas más tú, con ese aspecto tan terrible.

─Me preocupa más mi familia─ replicó México, tomando el pañuelo, rojo de vergüenza.

─Sí, escuché lo que ha pasado─ se entristeció Berenice─. Coahuila está furiosa con tu jefe. En realidad todos lo estamos, ya sabes cómo están las cosas, tú sabes, Distrito Federal con sus polkos y Puebla con su Iglesia.

─Con que no lleguen a invadir a Distrito Federal será suficiente, aún podríamos resistir si él sigue libre. La gente ya está demasiado desmoralizada como para ver también a la capital sitiada.

─No te preocupes, corazón, tú sabes por quiénes deben pasar antes de llegar a él─ lo reconfortó la veracruzana, abrazándolo─. Primero han de pasar por mis murallas, y si consiguen atravesarlas y llegar a donde nuestro Roberto, ya sabes quién va a saltar a defenderlo enseguida.

─ ¿Te refieres a…?

Alejandro no alcanzó a terminar su pregunta cuando un estruendo se escuchó, y Veracruz se tomó un hombro, gritando.

─ ¡Berenice!─ exclamó México, sosteniéndola para que no se cayera─. ¿Qué pasa?

─M-mi hombro arde─ balbuceó estupefacta─¿Crees que…?

─Espérame aquí, voy a ver qué chingados pasa allá afuera─ le pidió Alejandro, saliendo de la casa de Veracruz.

¿Acaso Alfred y Guillermo habían arribado ya? Cuando dijeron que entrarían a invadirlo desde Veracruz no creyó que estuvieran hablando en serio. Su corazón se encogió temeroso, pensando en el hecho de volver a encontrarse frente a frente con los dos hombres a los que amaba tanto como los odiaba.

A su alrededor la gente corría despavorida, mientras escuchaba explosiones, como si fueran cañones, pero… a la vez eran diferentes. ¿Qué era? Se quedó paralizado en su sitio al ver como unos barcos atacaban arrojando algo a las murallas de su hermana Veracruz, y definitivamente no eran cañones, era algo que no había visto antes…

─Ni un paso más, México. No te muevas─ ordenó alguien, y el cañón de una pistola se posó en su nuca. Alejandro casi traga saliva al ver que no era capaz de reconocer la voz de la persona.

─ ¡Bien hecho, hermano!─ murmuró una voz casi igual, pero con un tono más alegre─. ¡Vamos a llevárnoslo!

Alejandro trató de alcanzar su arma, pero la mano del otro sujeto lo apresó fuertemente de la muñeca.

─Vamos, no hagas eso, no vamos a hacerte daño─ le dijo el otro chico amistosamente─. Debemos llevarte a un lugar seguro ¿está bien?

─Como si pudiera confiar en ustedes─ gruñó Alejandro

─Deberías─ dijo el que le apuntaba─. Porque venimos aquí para ayudarte a ti, no a Alfred.

─ ¡Yo no voy a…!

─ ¡Escúchalos, Alejandro!─ dijo otra voz, y esta sí que la reconoció.

─ ¿N-Nuevo León?─ preguntó, aliviado.

─Sí ¿quién más? Oye, Michael, ya puedes dejar de amenazarlo con la pistola─ espetó Nuevo León, e Irlanda del Norte bajó automáticamente la mano.

─Fernando…─ murmuró Alejandro, dándose la vuelta para encontrarse frente a frente a su hermano, y sin poder contenerse ni un momento más lo abrazó─. ¡Te extrañé tanto, Nuevo León!

La adorable escena familiar, disfrutada por Irlanda del Sur, y vista con indiferencia por Irlanda del Norte fue interrumpida por la aproximación de los estruendosos sonidos y de los gritos de agonía.

─Mejor vámonos a un lugar más seguro─ sugirió Irlanda del Norte─. Ya tendremos tiempo para hablar

Muy cerca de ahí, Alfred estaba reunido con sus jefes y William, escuchando de nuevo las tácticas para apoderarse de la Ciudad de México.

─Repasemos el plan, entonces─ decía Scott Taylor─. La mejor forma de llegar al Distrito Federal es por Veracruz ¿no?

─Sí, si hubiéramos seguido por Coahuila para llegar a San Luis, nos hubiéramos topado con el desierto─ asintió William─. Entrar a Veracruz es muy difícil porque está amurallada, pero cuando lo logremos, tendremos el camino asegurado.

─ ¿Y cómo haremos para tomar la capital?─ preguntó Alfred.

─Lo más seguro sería pasar por Tabasco, Tlaxcala y Puebla─ les indicó Texas─. Tlaxcala y Tabasco no podrían defenderse de nosotros, y Puebla… no será ningún problema, según los informes de la Mexican Spy Company. De hecho, estoy seguro de que ella nos recibirá con los brazos abiertos, cree que Alfred es como una especia de salvador para su pueblo.

─ ¡Por supuesto, soy el héroe!

─Pero tengo una pequeña duda sobre este de aquí…─ indicó Taylor, señalando el mapa─. ¿Nos dará muchos problemas?

─No se preocupe, señor, si me lo dejan a mí puedo detenerlo, será bastante sencillo.

─ ¿Y no deberían de estar aquí Irlanda del Norte y del Sur?─ preguntó Alfred.

Volviendo con México, los gemelos Irlanda y Nuevo León.

Ahora los cuatro estaban a salvo en una de las casas de Veracruz más alejadas de su puerto, y en cuanto llegaron se tumbaron en los sillones, jadeando por la carrera que habían pegado. Por primera vez Alejandro puso más atención a los gemelos, que le parecieron unos personajes bastante curiosos, siendo pelirrojos y exhibiendo los mismos ojos verdes y las mismas cejas gruesas que Inglaterra. Debían de ser cosas de familia, pensó cuando supo sus nombres y su parentesco Arthur.

También le habían contado que ellos ya habían pactado desde antes con Nuevo León desde la Batalla de Monterrey sin que Alfred se enterara, y al parecer estaban bastante gustosos de defender a Alejandro en una guerra tan injusta, como la llamaba Irlanda del Sur.

─Carajo, esto es malo─ murmuró Nuevo León, frunciendo el ceño─. ¿Qué es lo que están arrojando en Veracruz? Nunca las habían usado antes.

─Son bombas─ explicó John, la Irlanda del Sur─. Al parecer las prueban con ustedes, nunca había visto que en otro lado arrojaran bombas, ni siquiera en Europa.

─Debemos volver por Veracruz…─ murmuró Alejandro, preocupado─. Bombardearla así…

─De ninguna manera, tenemos que llevarte lejos de aquí─ le negó Fernando─. Nuestra prioridad es lograr que Distrito Federal no deje que tomen la Ciudad de México. Y muchas gracias por la ayuda, chicos, saben que si quieren renunciar a esto…

─ ¡De ninguna manera!─exclamó John, ofendido, y Michael, Irlanda del Norte asintió.

─Pero tendrán problemas con Alfred…─ les hizo ver Alejandro, sintiendo otra vez el familiar nudo en la garganta─. ¿Por qué quieren ayudarme?

Irlanda del Sur le sonrió cálidamente, e Irlanda del Norte lo miró fijamente.

─Porque no hay nada más injusto que esta guerra por la que debes pasar─ contestó Michael. Alejandro y Nuevo León estaban a punto de agradecerles cuando escucharon explosiones cerca de ahí.

─ ¡Nos encontraron! ¡Puta madre!─ maldijo Fernando, sacando su pistola─ ¡Vámonos!

Los tres asintieron y trataron de echar a correr, pero su escape los detuvo una explosión que reventó la ventana que daba a la sala, destrozando todo lo que se encontraba en ésta y lanzando violentamente por los aires a las tres naciones y al estado, cayendo pesadamente en el suelo.

Alejandro como pudo trató de incorporarse, sintiendo cada extremidad de su cuerpo adolorida por la caída, y buscando a los demás.

─Nuevo León… gemelos…─ los llamó tosiendo entre todo el polvo que se había levantado, y cogiendo su pistola─. ¿Dónde…?

Lo último que supo fue que algo duro había caído sobre su cabeza.

***

─ ¿México-kun siempre duerme tanto, da?

─Sí, es un flojo de primera.

─Vamos, yo pienso que merece un descanso ¿no lo crees tú también, Michael?

─No tengo nada que decir al respecto, John.

Alejandro apretó los ojos, tratando de reconocer las voces. Estaba seguro que todas las había escuchado antes. La segunda definitivamente había sido Nuevo León, los últimos los gemelos, y el primero… ¿Quién era? ¿Y dónde estaba? Lo más importante ¿Qué había pasado con…?

─ ¡Veracruz!─ exclamó México levantándose de golpe.

─ ¡Epa, tranquilo!─ lo regañó Nuevo León─. Carajo, Alejandro, ¿qué modo de despertar es ese?

─Veracruz ¿Dónde está?─ preguntó México, sin ponerle mucha atención ni a él ni a nadie. Ni siquiera le importó verificar quién era el dueño de la voz que no pudo reconocer. Su atención sólo fue captada por el ruido de la puerta abriéndose para dejar entrar a Berenice.

─Aquí estoy, cariño, ya no grites.

Alejandro le echó una ojeada a su hermana, tragando saliva al ver la piel quemada que alcanzaba a revelar su traje jarocho, y con una venda en la cabeza.

─ ¿Berenice…? ¿Quién fue el qué…?

─Fue tu novio el güero y Memo─ bufó molesta la veracruzana─. Tirando esas condenadas… ¿cómo le llaman?... ¡Ah, bombas! ¡Son unos brutos! ¡Los quiero fuera de mi terreno!

─Pero si ni siquiera le hicieron caso a Rusia─ observó Irlanda del Norte, sentado en una silla de la habitación, con su hermano a un lado.

Espera… ¿Rusia? ¿Ivan Braginski?

─ ¿Señor Rusia?─ murmuró México, mirando al enorme hombre sonriente enfrente de él.

─Hola, México-kun. ¿Podemos hablar?

─Ehm… claro, claro─ respondió nervioso, y sus ojos se posaron en Nuevo León─. Uhm… ¿Fernando?

─Ya, ya, ni que me tuvieras que pedir permiso─ suspiró Nuevo León, levantándose de su silla, y murmurando por lo bajo─. Olvidando quién es el jefe y pidiendo que le maneje sus asuntos como si fuera su madre, ni que fuera España… por eso no lo respetan…

Alejandro lo miró ceñudo pero no dijo nada. Irlanda del Norte le dio un codazo a su gemelo y lo arrastró fuera de la habitación, mientras Veracruz se quedaba rezagada, observando con cierta desconfianza al ruso, para finalmente retirarse también.

─Tienes una linda familia, México-kun.

─Muchas gracias, señor Rusia─ le agradeció, con tono sombrío, pensando en Texas, California y Nuevo México─. Según lo que me había contado antes, usted también tiene una familia muy unida.

─Uhm… sí, podría decirse─ sonrió incómodo Rusia pensando en sus hermanas, Ucrania y Bielorrusia.

─Lamento que su estancia aquí no haya sido la más placentera─ se disculpó México, abochornado─. Pero como seguramente sabrá, mi hermano Texas y Alfred…

Se detuvo, sin ser capaz de seguir continuando. Nunca en su vida se había sentido tan traicionado como ahora, atacado por ellos dos, fragmentando poco a poco su familia.

─La última vez que vi a México-kun estaba muy alegre. ¿Por qué lloras ahora?

Alejandro se tocó las mejillas húmedas, dándose cuenta de que Ivan tenía razón. ¿Cuándo había comenzado a llorar por enésima vez? ¡Y enfrente de otra nación!

─L-lo siento─ balbuceó─. Es que todo esto es demasiado…

─No te preocupes, entiendo─ sonrió Rusia─. Intenté hablar con Estados Unidos para que dejara de bombardear a tu hermana, pero no me escucha… no sabía que él quería tanto ser uno contigo.

─ ¿Cómo?

─Que no está buscando quedarse con tus hermanos, quiere quedarse contigo también─ explicó Ivan con total naturalidad. Alejandro se limitó a bajar la cabeza avergonzado, y mirándolo fijamente, el ruso se dijo a si mismo─. Pero no lo logrará, porque al final todos serán uno con Rusia, incluyendo a México… kolkolkolkolkol

─ ¿Qué dice?─ preguntó el moreno, sin escuchar lo último que había dicho, extrañado por la extraña aura oscura que lo rodeaba.

─Oh, nada, que es mejor que sonrías, México-kun─ le animó Rusia─. Llorar no te va a servir de nada, ni te hará llegar a una solución. Ahora debo irme a casa, pero espero que la próxima vez que te vea estés más contento.

─Gracias, señor Rusia.

─No es nada.

***

Batalla de Padierna.

─Sí, sabía que a fin de cuentas terminarían llegando hasta aquí.

─Lo siento mucho, Ale─ se disculpaba Puebla ante el joven que miraba hacia la nada, ataviado con su uniforme militar y pistola en mano─. Yo… mi Iglesia…

Pura González, "la chula Puebla", como la llamaban sus hermanos por su hermosura, estaba realmente avergonzada. Aquellos hombres rubios que habían llegado a su casa le habían parecido los salvadores que venían a rescatarla a ella y a sus hermanos de todas las penurias que tenían que estar enfrentando, tomando esa ideología tras ser convencida por la Iglesia. Ser tan joven y tan ingenua…

─ ¿Van a llegar a nosotros, no?─ murmuró Distrito Federal, el aún adolescente Roberto González, sintiendo una punzada de temor en su pecho.

─No van a llegar a ti, Rob, te lo prometo…

─Ale… tal vez mi Iglesia tenga razón─ intentó razonar Puebla─. Tal vez sí debamos unirnos con el señor Alfred.

─Ni se te ocurra. Si todo marcha según mi plan por lo menos Roberto…

─ ¡Vienen los güeros! ¡Vienen los güeros!─ gritó un soldado. Pura y Roberto se tensaron, mirando suplicantes a su hermano.

─No tiene por qué hacerlo─ susurró Distrito Federal, sintiéndose culpable del sacrificio que iba a hacer su hermano para mantenerlo a salvo.

─Ale, por favor…─ sollozó Puebla, pero el hombre se limitó a negar con la cabeza.

─Pura, mejor regresa antes de que se den cuenta de que escapaste de la ocupación─ ordenó, tratando de mantenerse firme─. Roberto, regresa a la capital y quédate ahí, no regreses por nada del mundo, escuches lo que escuches. Llévatelo por favor, Puebla.

La muchachita asintió temerosa, y tomó de la mano al Distrito Federal, huyendo de allí antes de que quedaran en medio de la batalla. El mayor los miró irse, resignado a su destino, y enfurecido por su impotencia. Él sabía perfectamente que no podría aguantar los ataques de Estados Unidos, menos con unos ineptos de la talla de Santa Anna y Valencia dirigiendo a su gente.

Pero por el Distrito Federal y la capital…

─Los estaba esperando─ murmuró cuando escuchó pasos detrás de él.

─Hello, Alejandro─ saludó Estados Unidos.

─Hola, Alfredo─ respondió con sorna, burlándose de su nombre humano, y girándose para mirarlo. En ese mismo momento la batalla dio comienzo, haciendo retumbar el suelo por el sonido de los disparos y los tambores─. No creas que te voy a dejar pasar tan fácilmente.

─Tienes que escucharme─ pidió Alfred, sintiendo como si estuviera hablando con un extraño, como si ese no fuera el México que él había conocido─. Podemos parar esta guerra si nos ponemos de acuerdo.

─Eso significaría perder mi libertad─ escupió el mexicano, iracundo─. Sería traicionar a mi familia y a mí mismo. Jamás podría pertenecerte. Dime ¿Dónde está el traidor que se hace llamar William? ¡Yo no quiero acabar como Memo!

─Sé de los abusos que sufriste con William, y quiero pedirte una disculpa.

─ ¿Abusos?─ preguntó el joven extrañado, pero luego movió la cabeza─. No pienso aceptar tus disculpas. ¡Vamos, pelea!

Los dos se enfrascaron en una pelea inmediatamente. El primero en disparar fue el mexicano, que trató de apuntar a Alfred, pero no consiguió atinarle. Alfred también disparó, errando a propósito. Nunca había visto a Alejandro con una mirada tan furiosa dirigida a él, y no pudo evitar sentir una opresión en el pecho. Lamentablemente, era su vida o la de Alejandro, y la única manera en que podía evitarlo…

─ ¡Ah!

… Era hiriéndolo.

─ ¡Alejandro!─ gritó Alfred, viéndolo caer, herido en un muslo, tratando de acercarse a él─. ¡I'm sorry!

─ ¡No!─ gritó una voz, desesperada─ ¡No te acerques a él, Alfred! ¡No te atrevas a herirlo!

─Ehm… ¿Alejandro?

Eso no podía ser… él acababa de dispararle a Alejandro, de hecho, este seguía tendido en la tierra y apretando la herida llena de sangre, entonces… ¿Por qué había otro Alejandro corriendo hacia él?

─Ale, no─ murmuró el Alejandro ileso, arrodillándose junto al Alejandro herido─. ¿Estás bien?

─S-sí…

─ ¿Qué pasa aquí?─ preguntó Alfred, desconcertado─ ¿Por qué hay dos Alejandros?

─Eres un pendejo─ le insultó el herido, apretando los dientes por el dolor─. Por supuesto que no soy Alejandro, mi nombre es Alexis y soy el Estado de México. ¿Por qué no puedes ver la diferencia? Pero es mejor así, sabía que ibas ser lo suficientemente estúpido como para caer en la trampa.

─Mejor vámonos, Alexis, algo salió mal con la defensa, tenía que ser Santa Anna─ murmuró Alejandro, ayudando a Alexis a levantarse, sin quitarle la mirada de encima a Alfred, con mucho pesar en su corazón─. Anda, no preocupes más a Distrito Federal.

─Ni un paso más, Ale y Ale─ se sumó alguien más a la discusión, y cuando se voltearon, vieron a Texas apuntándoles con una pistola a los dos mexicanos idénticos.

─Memo…─ murmuró Alejandro, tragando saliva.

─Sigues aprovechando tu similitud con Alejandro, ¿no, Alexis?─ observó William, ignorando a Alejandro─. Engañando a Alfred para darle tiempo a Distrito Federal para huir…

─Y tú sigues siendo un cabrón─ le dijo Alexis mordazmente─. Tú mejor que nadie sabe que si quieren tocar a nuestro Distrito Federal, primero tienen que pasar sobre mí.

***

Batalla de Chapultepec, 13 de septiembre de 1847

─Esto es el fin, ¿no Alejandro?─ murmuró Distrito Federal, sentado en un rincón del castillo de Chapultepec, tratando de ignorar la desesperación de los cadetes y los soldados─. Se acabó, vamos a pertenecerles a Estados Unidos…

─No, no─ lo trató de animar Alejandro, apretando fuertemente su arma, aunque ciertamente él también estaba al borde de un colapso nervioso─. Este no es el fin, vamos a seguir luchando y vamos a hacer que Estado de México vuelva con nosotros ¿sales? No te desanimes, los gemelos Irlanda, están con nosotros.

─Oigan, es mejor que se muevan de aquí, señores, antes de que lleguen los hombres─ dijo un soldado─. Mi nombre es Juan Escutia, a sus órdenes.

─Hola, Juan─ lo saludó México─. ¿Ya están cerca los gringos?

─Sí, me temo que sí─ suspiró Juan─. Acabo de luchar con ellos a las faldas del cerro, por fortuna logré llegar al castillo.

─ ¿De qué Batallón eras?─ preguntó México.

─Del Batallón de San Blas─ le contestó el otro, ayudando al Distrito Federal a ponerse en pie─. La mayoría fueron masacrados, pero yo logré subir.

─ ¿Ya escaparon todos los estudiantes?─ preguntó Alejandro, esperando que por lo menos ellos se pusieran a salvo. El rostro de Juan Escutia se ensombreció.

─Me temo que no, señor México─ meneó la cabeza─. Ellos insisten en quedarse con nosotros a defender el castillo.

─ ¡No!─ exclamó México escandalizado─. ¡Vamos! ¡Hay que ordenarles que se retiren, que…!

Los sonidos de los gritos de guerra y los disparos llenaron el aire, y los tres cerraron los ojos, muy tensos. La batalla había comenzado.

─Roberto, es hora de que escapes─ le ordenó México a su hermano menor, tomando su rostro entre sus manos─. Yo me voy a quedar aquí con Juan y los demás para detenerlos, tú reúnete con Nuevo León, Guadalajara y Guanajuato en la capital ¿está bien?

─Pero Alexis… Estado de México…

─ ¡Vete ya!─ ordenó con firmeza Alejandro, y Distrito Federal asintió, corriendo por la ruta que ya le habían indicado. México lo miró irse y se volvió hacia Escutia─. ¿No te vas tú también? Podrías ser un buen guía para mi hermano, y estarías a salvo.

─No, señor, lo siento─ se disculpó Escutia─. Ya vi caer a mi teniente coronel Xicoténcatl y al abanderado por defender nuestra bandera. Quiero defender la de aquí también. Señor, defendamos la bandera ¿sí? Por usted.

Alejandro le sonrió con gratitud y asintió. Los dos corrieron por las escaleras para tomar la bandera, con las pistolas preparadas.

─Creo que nos siguen─ dijo Escutia, al escuchar pasos no muy lejanos.

─Vamos, falta poco─ jadeó Alejandro.

Así fue como los dos llegaron hasta la bandera, que ondeaba al viento, dejándolos por un momento embelesados, contemplándola.

─Llevémonosla de aquí antes de que lleguen─ sugirió Escutia, tomando la bandera para entregársela a Alejandro, y señaló las ventanas del castillo─. Podemos huir con ella si escalamos por las ventanas y paredes, yo sé cómo hacerlo, sólo sígame señor México ¿sí? Por favor, no entregue la bandera.

─Muchas gracias por todo─ dijo México, limpiándose las lágrimas de los ojos.

─No lloré señor─ le pidió Escutia, con una sonrisa amable─. Si sigue llorando pensarán que es débil, y no queremos que piensen eso ¿no?

Alejandro asintió, siguiendo de cerca a Escutia, que comenzó a descender hábilmente valiéndose de los marcos de la ventana del castillo. México se dispuso a seguirlo, pero una bala que le pasó rozando lo dejó congelado en su sitio.

─ ¡Señor México!─ exclamó Escutia, preocupado al escuchar el sonido de la bala─. ¿Está usted bien…? ¡Ah!

Olvidándose de que los enemigos estaban frente a él, Alejandro miró hacia abajo para descubrir a Escutia con heridas de bala en la espalda.

─ ¡Juan!─ gritó desesperado, tratando de tenderle la bandera para que la tomara y no cayera─. ¡Sujétala!

Pero Escutia, sin fuerzas para hacer algo, se soltó cayendo como si la caída no tuviera un final.

─ ¡NOOOOO!─ gritó Alejandro desgarrándose la garganta, llorando de nuevo, sintiendo como si las lágrimas le quemaran las mejillas. Alejandro sintió unos brazos que lo rodeaban cálidamente, como si trataran de confortarlo.

─Shhhhhhh, tranquilo─ le susurró una voz, sin dejar de abrazarlo con fuerza.

─Por favor, llévame con él, por favor─ rogó México medio desvanecido, pero sin dejar de apretar la bandera con fuerza. La persona no le respondió, se limitó a cargarlo en vilo, y Alejandro se acurrucó en el pecho de la persona, sin dejar de llorar con fuerza.

¿Todo se había acabado ya? No lo sabía, sólo podía sentir el calor de la persona que lo transportaba bajando las escaleras y saliendo del Castillo de Chapultepec.

─ ¡Lo encontraste!─ exclamó una voz─. ¿Pero qué le ha pasado?

Su transportador no le contestó a la otra voz, sólo siguió andando hasta llegar a cierto cuerpo tendido en el suelo. Bajó a Alejandro al suelo, y este se acercó destrozado al cuerpo de Juan Escutia, tendido en el suelo y cubierto de sangre.

─Lo siento─ murmuró cubriéndolo con la bandera, que se empapó enseguida con su sangre y con las lágrimas de Alejandro─. Lo siento…

Una mano se posó en su hombro y México levantó la cabeza, para ver a Texas con una mirada extraña en sus ojos.

─Tienes que venir con nosotros─ le dijo, ayudándolo a levantarse─. Perdieron esta batalla. Ya hemos capturado a otros dos traidores también.

William prácticamente arrastró a Alejandro hacia donde había una multitud de gente, muchos de ellos dispuestos con cuerdas alrededor de sus cuellos. Sintió una punzada en el pecho cuando reconoció a esos hombres.

─El Batallón de San Patricio…─ murmuró, buscando con su mirada a los gemelos Irlanda. Cuando dio con ellos sintió ganas de correr a pedirles perdón de rodillas, viéndolos de esa manera, amarrados y con el rostro afligido y lleno de desesperación.

Y también estaba ahí Inglaterra y Estados Unidos.

─…Me llevo a mis hermanos, idiota─ le decía en ese momento Inglaterra al rubio de ojos azules─. Aunque tu jefe parece ansioso por ahorcar a sus hombres.

─Lamento que todo esto haya salido mal…─ susurró Alfred, mirando al suelo afligido.

─Esas son las consecuencias de ser libre─ le soltó Arthur con rencor, dejando a Alfred pasmado─. John, Michael, vámonos.

─ ¡Pero…!─ protestó John, mordiéndose el labio y su hermano, Irlanda del Norte miró a sus hombres con pesar─. Déjanos quedarnos hasta que todo termine…

Arthur asintió y miró a Alfred, apremiante.

─ ¡Date prisa, estúpido América!

Alfred asintió, y, alejándose de Inglaterra, fue hacia donde estaban México y Texas.

─Lo siento, Alejandro─ se disculpó─. Pero los héroes ganamos esta batalla.

─Cállate─ dijo Alejandro con la voz quebrada─. Para mí los héroes son los que están a tus pies, muertos. Los héroes son esos pobres hombres que vas a ahorcar. Tú no eres ningún héroe.

Sin ningún insulto altisonante como los que acostumbraba México, esas palabras fueron más hirientes que cualquier otra cosa para Estados Unidos.

─Señores…─ se aclaró la garganta Alfred─… Acaben de una vez con esto.

Alejandro miró angustiado como la bandera de México era sustituida por la de su vecino del norte. Los gemelos Irlanda soltaron una exclamación cuando sus hombres fueron ahorcados al mismo tiempo, obligados a ver como cambiaban la bandera tricolor por la que ellos habían luchado. John se tapó los ojos, y Michael hizo rechinar los dientes. Inglaterra miró la saña con la que se actuaba contra esos hombres, pero no dijo nada.

Y los hombres dejaron de respirar.

─Se acabó─ suspiró Alfred─. Ganamos la guerra, Ale.

─Aún no apresan a mi hermano.

─No, pero mis tropas ya lo están persiguiendo. Lo vimos huir.

Alejandro se derrumbó en el suelo, derrotado al fin.

Inglaterra les murmuró un quedo "vámonos" a los gemelos Irlanda, que lo siguieron horrorizados, mirando a sus hombres muertos.

─Ya se acabó al fin─ dijo Alfred a William, que observaba a su hermano desde una distancia prudente.

─Ahora Alejandro será tuyo por completo ¿no?─ observó Texas, sin despegar la vista de México.

─Pero no es lo que quiero, no así─ negó con la cabeza Alfred─. De hecho, no quiero nada, no pienso arrebatarle nada.

─Tus jefes no lo aprobarán.

─ Sí, lo sé─ sonrió Alfred con tristeza─. Dime una cosa, Billy…

─ ¿Sí?

─ ¿Por qué cargaste a Ale hasta aquí? ¿Por qué escuchaste su petición de ver al chico que tapó con la bandera?

Texas no respondió.

***

Tratado de Guadalupe Hidalgo.

─Entonces así es como queda este horrible asunto zanjado─ suspiró Alfred, sentado junto a Alejandro, mirando como las tropas estadounidenses comenzaban a desalojar la Ciudad de México.

─Sí, eso aparece─ coincidió Alejandro.

─Lo lamento mucho, Ale…

─Ya no importa─ suspiró México, derrotado─. ¿Qué puedo hacer? Ya has conquistado a mis hermanos. Sólo trátalos bien o te cortaré los… tú me entiendes.

─Por supuesto─ asintió Alfred─. Todo esto fue muy poco digno de un héroe ¿no?

─Tú lo has dicho, villano de la historia.

─ ¿Aún amigos?─ preguntó Alfred, esperanzado.

─Lo pensaré.

─Supongo que no podía pedir nada más…

─ ¡Señor Alfred!─ exclamó California, agitando su mano─. ¡Dicen que es hora de irnos ya!

─ ¡Ya voy!─ asintió Alfred, levantándose de su asiento─ ¿Vienes?

─Sí, quiero despedirme de mis hermanos.

Alfred ayudó a México a levantarse, pues aún tenía múltiples heridas de las batallas. Los dos caminaron hasta donde estaban California, Utah, Nevada, Texas y Nuevo México. Este último se lanzó a los brazos de Alejandro apenas lo vio llegar.

─ ¡Alejandro, no, por favor!─ le rogó, llorando─. ¡Yo me quiero quedar con ustedes!

Poco a poco se fueron acercando el resto de los estados de México, mirando con pesar la partida de sus hermanos. Nuevo León meneó la cabeza junto a sus hermanos del norte, Veracruz, Coahuila y Puebla lloraban quedamente y Estado de México apretó el hombro de Distrito Federal.

─Va a estar bien, David─ le aseguró componiendo una sonrisa falsa─. Míralo de este modo: ahora tienes dos familias, la de Alfred y nosotros.

─Ellos no son mi familia─ se empecinó Nuevo México, y no dijo nada más. El resto de los estados que serían cedidos abrazaron a Alejandro, despidiéndose de él, excepto Texas, que sólo observó como todos se despedían entre ellos.

─Toma, Alfred─ dijo Alejandro sacando algo de su bolsillo y depositándolos en sus manos. El rubio miró sorprendido los lentes rotos en sus manos, y abrió la boca para decir algo, pero México lo detuvo─. Cuídalos bien, porque yo no lo hice ¿Está bien?

─Sí, te juró que los cuidaré─ asintió Alfred con las mejillas rosas.

─ ¡El gringo se sonrojó!─ se burló Distrito Federal sin poder contenerse, y los demás estados mexicanos le chitaron para que guardara la compostura.

─Nos vemos, Ale, vendré a visitarte pronto y… prometo ser más un héroe para ti las próximas veces─ le prometió Alfred─. Y si necesitas un hombro donde llorar…

─No hará ninguna falta─ negó con la cabeza México─. Porque ya no lo haré. Gracias a esta guerra creo que podré madurar y dejar de ser un niño. Además, ya varias personas me han pedido que deje de ser un llorón.

"…es mejor que sonrías, México-kun. Llorar no te va a servir de nada, ni te hará llegar a una solución".

"No lloré señor. Si sigue llorando pensarán que es débil, y no queremos que piensen eso ¿no?"

─Entonces, toma, este es el dinero que debemos pagar por los estados─ dijo Alfred tendiéndole el sobre, pero México los rechazó.

─Envíaselos a mis jefes, yo no pienso tocar el dinero.

Alfred asintió herido, pero comprendiendo bien la decisión de Alejandro.

Alejandro.

─ ¡Muy bien!─ exclamó Alfred con pose de líder─. ¡Síganme chicos!

Los chicos siguieron a Alfred, haciendo un además de despedida a Alejandro y sus hermanos, que los devolvieron con tristeza. Los vieron alejarse hasta que desaparecieron al doblar la esquina de una calle.

─Bueno, creo que todos deberíamos regresar a nuestros hogares─ dijo Nuevo León y asintieron─. Debemos empezar a reconstruir todo.

─Nos vamos, Ale─ dijo Coahuila─. Y espero que esta vez el Quince Uñas si se haya ido para siempre. Que le dé problemas a Venezuela, no a nosotros.

─Y anímate, cariño─ lo animó Veracruz, y Puebla asintió─. Estamos contigo.

─Lo sé, gracias.

─Y es mejor que nos apresuremos a redactar una carta de agradecimiento a los hermanos Irlanda─ observó Distrito Federal─. ¿Nos vamos a redactarla, Alexis?

─Claro, Roberto─ asintió Estado de México.

Cada uno se fue despidiendo de Alejandro, dándole cariñosas palabras de aliento, hasta que eventualmente se quedó solo, mirando en la dirección donde Alfred se había llevado a su familia.

─Cuídalos bien, Alfred─ murmuró al viento.

─Nosotros podemos cuidarnos solos.

Alejandro se sobresaltó cuando oyó la voz detrás de él.

─ ¿Te-Texas? ¡No me asustes así!

─Lo siento─ se disculpó William, sonriéndole─. Pero no me despedí de ti, así que me quedé rezagado.

─No hace falta, puedes irte ya con Alfred, William.

─Memo.

─ ¿Qué?─ preguntó México confundido al escuchar eso de labios de Texas.

─Para ti puedo ser Memo si quieres. Sólo para ti, ¿está bien?─ dijo él acercándose para abrazarlo con fuerza─. Perdóname…

─Memo…─ murmuró Alejandro, devolviéndole el abrazo.

─Es mejor que me vaya ahora─ comentó él, separándose del abrazo─. Alfred puede engañar a los demás, pero no a mí. La situación en su casa está muy tensa gracias a esta guerra, y huelo un conflicto.

─Pues entonces a lidiar con eso.

Guillermo González asintió y se marchó, dejando a Alejandro parado en su sitio, con el alma a la mitad, orando por poder cuidar de su familia rota.

*Fin de Hermandad Rota*

Notas históricas:

Batalla de la Angostura: Batalla muy polémica en Saltillo Coahuila, con la participación de Guadalajara y Guanajuato (de hecho, sus armadas participaron en todas las batallas, creo). La victoria ya era prácticamente de México, pero por alguna extraña razón Santa Anna decidió retirarse, quedando históricamente como empate. ¿Traición o incompetencia? La polémica sigue.

Batalla de Paso de Embudo: Intento de rebelión de Nuevo México contra Estados Unidos para echarlos. No sirvió de mucho, lamentablemente ToT

Los estados que hacen su aparición: Hice que aparecieron en este capítulo Nuevo León, Puebla, Veracruz, Coahuila, Estado de México porque ellos fueron sitiados en esta guerra (awww, mi pobrecito Estado de México). También los estadounidenses pasaron por Tabasco (en la cual se desarrollaron batallas para llegar a la capital), Tlaxcala y Tamaulipas. Si pasaron por otros estados, la verdad ni idea xD

Asedio de Veracruz: Los estadounidenses cambiaron la ruta de Coahuila a Saltillo para evitar el desierto e imitar la ruta que había hecho anteriormente Cortés para llegar a Tenochtitlán, guiados por la Mexican Spy Company. Se dice que el puerto Veracruz fue la primera ciudad bombardeada del mundo (o.o). Claro que no por aviones, sino desde mar y tierra, manualmente.

Aparición de Rusia: Durante el Asedio de Veracruz, un Consejo de Notables fue a hablar con el ejército estadounidense para que dejaran Veracruz, o que por lo menos dejaran ir a las mujeres y niños. Entre este Consejo estaba el cónsul ruso de la época, por eso me pareció lindo hacer aparecer a Rusia xD

Puebla: El ejército estadounidense sitió este estado sin necesidad de luchar, gracias a la Iglesia, que convenció al pueblo de que ellos eran los salvadores de México (¿?) Seh, ellos querían que Alejandro se volviera uno solo con Alfred, que a propósito, esta idea de la anexión total la aceptaban y hasta deseaban muchos mexicanos, además de ser la pretensión del gobierno estadounidense xD

Batalla de Padierna: Esta batalla fue la que hizo que el Estado de México cayera en manos de Estados Unidos en su intento de llegar a la capital en el Distrito Federal. Es una batalla bastante controversial porque Santa Anna, para variar, abandonó a Valencia, quien dirigía en esa batalla, a su suerte. También fue un desatino de Valencia desacatar desde un principio la órdenes de Santa Anna ^^U

Estado de México: Su nombre oficial es México, pero se le llama Estado de México para diferenciarlo de la Ciudad de México y el mismísimo país México. Así que me pareció interesante ponerle un nombre parecido (Alexis), y hacer que Alfred lo confundiera con Alejandro (que lindo, mi estado… ¡Nada favoritista ¿no? xD)

Batalla de Chapultepec: En el castillo de Chapultepec, creo que esta todos la conocemos. Fue la que prácticamente abrió las puertas para la conquista de la capital, y donde murieron los conocidos como "Niños Héroes", no incluí a todos los que recordamos, sólo a Juan Escutia, porque quiero hacer un capítulo a parte alguna vez sobre ellos.

Juan Escutia: Uno de los Niños Héroes más controversiales. Al parecer ni siquiera era cadete, sino parte del Batallón de San Blas, que también luchó en esa batalla. La leyenda urbana dice que se aventó con la bandera, o que lo empujó no se quién, o que estaba borracho y se cayó, pero no, nop. Si quieren saber sobre un estudio de Juan Escutia, chequen esta página: http : // www . bicentenario . gob . mx / 13septiembre/ index. php? option= com_ content & view = article&id = 49 ya sabe, sólo quítenle los espacios =3 Igual decidí que Juan Escutia si quisiera proteger a la bandera en el fic, porque está inspirado por:

Felipe Santiago Xicoténcatl: El dirigía al Batallón de San Blas al que perteneció Escutia. Dicen que cuando vio a su abanderado caer, intentó llegar a la bandera y fue herido. Se envolvió con ella y fue herido de nuevo. Aún así siguió luchando hasta que no pudo más y se lo llevaron del campo de batalla. Nada se pudo hacer por él.

Batallón de San Patricio: Batallón en su mayoría irlandés originalmente de parte de Estados Unidos, que a fin de cuentas se cambiaron al bando mexicano pues consideraban injusta la guerra. Muchos fueron ahorcados en la Batalla de Chapultepec, obligándolos a ver como sustituían las banderas mientras morían.

México el llorón: Seh, México es un llorón en toda la guerra por la falta de moral de su pueblo. Se considera que tras la guerra, en México comenzó a nacer el sentimiento patriótico y se volvió más maduro políticamente (claro ¬¬)

Tratado de Cahuenga: Fue el que le dio fin a la guerra. El presidente de Estados Unidos no estaba de acuerdo con él (quería más tierras O.o) pero no le quedo de otra más que aceptarlo. Así Estados Unidos adquirió Nuevo México, Texas, California, Utah, Nevada y otros territorios chiquitos, en total, más del 50% de territorio mexicano.

"Huelo un conflicto": Aunque Estados Unidos salió convertido en una potencia tras la guerra, después se enfrentó a graves problemas en la Guerra Civil Estadounidense, consecuencia de su intervención en México (jaja)