Y ya como se dijo temprano esta mañana, prácticamente estamos en la recta final... Realmente ha sido una experiencia divertida y única para todos nosotros y por los momentos esperamos no descartar hacer más historias grupales en algún futuro. Queridos lectores, ¿les gustaría que su historia aparezca por aquí? Todavía podemos extender un poco la fecha del plazo... miren que uno no escribe cosas así todos los días ;v *Risas* En fin, aquí Número S les deja el (posiblemente) capítulo final(?) Uy, eso sigue a discusión, mis chavos :v
Para escribir esta pequeña historia, me basé principalmente en el episodio 2 de la cuarta temporada, "P.I.S.T.A.S." y en el episodio 10 de la quinta temporada, "Z.U.R.R.A.N.K.E.N.S.T.E.I.N.", y está ubicada horas/días después de su desenlace. Si no recuerdan cuál es, pueden googlear o ver el episodio rápidamente. Es bueno refrescar memorias, recuerden que los adultos intentan arrebatárnoslas cada día que tenemos de clases...
Disclaimer: Como siempre, nos corresponde aclarar que KND no nos pertenece, todo es propiedad de Mr Warburton, Curious Pictures y Cartoon Network Studios.
Operación Hermanas
Writing operative:
Sthefynice
Hay historias que fácilmente son olvidadas, y hay historias que debido a sus detalles, muy rara vez pasan por alto.
Y eso Genki Sanban lo sabía demasiado bien.
Sólo escasas personas tanto en el trabajo como en la vida diaria podían afirmar lo verdaderamente dedicada que era, en todos los sentidos de la palabra, pese a que su estado corporal y de ánimo demostrara casi siempre lo contrario. Y no era en vano, porque tenía un importante cargo en una empresa de prestigio y como tal, se esperan muchas cosas de ellas. De por sí, su existencia representaba varias cosas, entre ellas: expectación.
No era secreto para nadie que trataba de trabajar más horas de las permitidas, y no era porque necesitaba dinero (¿Una Sanban mendigando por pequeñas monedas de plata? Que horror), sino porque aquellas ganas de ser mejor que los demás y de querer controlar todo nunca acababa. Nunca era suficiente. Y esa fue una de las tantas advertencias que le había confesado a Kani más de un par de veces antes de que se casaran.
En su tiempo de adolescencia, Japón estaba súper poblado y se les complicaba establecerse, encontrar un buen empleo, seguir adelante. Durante esos anhelados y atesorados recuerdos de antaño, Genki estaba dispuesta a todo, porque no le temía al desafío. ¿Por qué ha de tener miedo de algo que todavía no ha pasado? En la vida se ganaba y se perdía, eso era claro. Aunque también existía un estado natural neutro en el que años después sería catalogado casi a nivel global como la "zona de confort", lugar en donde casi nada de interesante pasaba o resultaba, porque dicho estado equivalía a la comodidad.
Comodidad implicaba... cero movimiento. No seguir avanzando. Estancamiento.
Y Genki detestaba profundamente esto.
Así que sin perder mucho tiempo, trazó un plan en el que Kani a la larga se vio inevitablemente atrapado con ello.
A Genki no le costó mucho despedirse de su gente: su mamá era una loca gruñona y su papá era muy consentidor, pero a sus ojos era un bueno para nada porque ya había trabajado todo lo que hasta su edad se permitía, y Genki nunca pudo ver el esfuerzo que él había realizado en sus tiempos mozos. Así que por desconocer esto, no quiso simpatizar mucho con él y evitaba ser lo que él nunca fue. Qué complicado es el rompecabezas de la vida cuando no se consiguen armar todas las piezas, y muchas de ellas sigan perdidas.
—Mami, ya regresé. —Anunció su hija mayor, entrando en la cocina. Vestía aquel verde "kimono infantil" que desde siempre ha usado. Notó que la parte de abajo le quedaba muy apretada a su "niña" y mirándola de arriba-abajo, frunció los labios.
—Necesitas ropa nueva. —Fue su saludo seco mientras seguía fregando las ollas y platos que acababan de utilizar para el almuerzo. A su lado, Kani secaba todo lo que su compañera le pasaba en manos y depositarlo de inmediato en su lugar, como todo buen neurótico cascarrabias que se respete. Genki trató de no mirarlo mucho porque éste tenía una mueca rabiosa en su rostro, a saber qué cosa loca estaría pensando. Verle a él tan amargado, le amargaba más el día. Y Genki era amargada por naturaleza, así que si podía prevenir más amarguras en su día, bienvenido sea.
El semblante alegre de Kuki poco a poco empezó a cambiar. Intentó retirarse del lugar, pero antes de poder dar un paso más, su madre le recordó en japonés que no se olvidara de que mañana era sábado. Y la azabache se quejó internamente. Mañana acompañaría a su madre en su aburrido trabajo donde todo era números, y publicidad, y gente extraña y mala que no pretende hacer felices a los niños y... su línea de pensamiento se vio interrumpida al notar que su madre esperaba una respuesta, y rápido. Kuki de manera temblorosa, afirmó su asistencia.
—Estás perdiendo la fluidez. —Regañó su madre sin muchos miramientos. —Te estás juntando con puros americanos, desde el primer día te he dicho que eso no me gusta. El domingo vamos al Barrio Chino, llamaré a mi buen amigo Hideo Kojima para que puedas practicar. Nada de peros. El niño pelón con el que te la pasas es raro y su acento sigue siendo marcado. ¿Qué te cuesta a ti, qué eres hija mía, mantener tus raíces originales con orgullo?
Cada vez que su madre le hablaba así, Kuki tenía muchos sentimientos encontrados.
Eran tantas las emociones a la vez, que a veces Kuki no sabía con cuál lidiar, con cuál aceptar de primer grado. Con éxito pudo evitar a tiempo muchas charlas con su madre, pero ya tristemente el reloj marcaba la cuenta regresiva para dar paso a una hora novedosa y no muy grata en su vida: la palabra con A.
Y Kuki no estaba lista para todo lo que eso implicaba.
Es más, no quería nada que tuviera que ver con ello.
¿Por qué las cosas no pueden quedarse simplemente así como estaban, para siempre?
¿Acaso había algún problema con ello?
En la oscuridad de su habitación, habitaba una chica que una vez antes había sido muy despreocupada y feliz.
Hoy en día no quedaba casi ningún rastro de ella. La extinguieron totalmente.
Ahora sería muy difícil recoger los pedazos de inocencia que una vez en su espejo le pertenecían.
Con su expresión ofuscada, agarraba cualquier color con las manos en forma de una bestia, de un pequeño demonio, y seguía plasmando todo su odio en aquellas hojas. Sí, odio. ¡Odio hacia el único culpable del que ahora ya no pueda salir de su habitación!
El sólo pensar en su nombre y en sus entrometidas habilidades detectivescas...
Sentía como si quisiera callar a millones de Simios Arco-Iris. Callarlos de manera permanente. Y de nuevo.
Esbozó una sonrisa traviesa, y malvada. Porque desde que había aceptado su verdadera naturaleza, hoy en día ahora si podía decir que se sentía feliz y ligera, evitando palabras lindas que hacían contraste con todo lo que pensaba y evitando efusivos abrazos de los que nunca quiso dar en primer lugar.
Si Mushi Sanban nunca había conocido el verdadero significado de la palabra "hipócrita" en sus primeros años de vida, ahora todo eso cambiaba a medida que pasaban todas aquellas horas luego de su tercer intento fallido de salir de prisión, de su calvario personal.
Si algún día lograba salir nuevamente con la ayuda de su novio, Sandy, se prometería no volver jamás.
Y si volvía, sería para terminar con todo lo que en primer lugar, había comenzado.
Unos discretos golpes en su puerta interrumpieron su línea de pensamiento.
Antes de que se dijera algún tipo de palabra, ella se adelantó. —Vete.
Pudo oír una exclamación de asombro que no pasó desapercibida, y no se arrepintió. Sabía que la lastimaba de esa manera, ella siempre fue muy sentimental, lo cual era la mayor debilidad que ella comúnmente aprovechaba.
—Pero... —Fue todo lo que pudo decir, antes de callar. Y es que, ¿cómo podía atreverse a decirle algo?
Y por lo mismo, como conocía aquél aspecto del reflejo que algún día será pero que no quiere ser, lo rechaza.
Rechaza a la única persona con la que tuvo un lazo especial, la única con la que creyó confiar ciegamente y que estaría a su lado en las buenas y en las malas.
Su hermana.
¿Cómo pretende que sea perdonada por lo que pasó, por sus errores? ¿Cómo es que ella tenía el coraje para decir que se sentía incluso mal por la situación, cuando ella en realidad no sabe por todo lo que pasó desde que fue vetada de todo lo que más quiere? ¿Cómo ella lo sabría?
Ciertamente, no eran gemelas. Y Mushi daba las gracias de que así sea, porque no soportaría recordar a una persona (ahora siendo ésta extraña), con un rostro tan parecido al suyo, pero de pensamientos y semblantes ya diferentes que a simple vista (y finalmente), algo las separa, las diferenciaba.
Y aunque en parte era doloroso, Mushi deseaba resaltar todo lo que Kuki jamás fue; Mushi había pasado durante muchos años jugando a imitarla, que ya en el camino no sabe cuando fue que dejó abandonada a su verdadera identidad.
No logra comprender el emotivo discurso de su espejo mayor hablándole detrás de una pared, porque no lo entiende. Y en realidad, no desea entenderlo. Porque entender algo equivalía a aceptarlo y eso era algo que Mushi jamás aceptaría.
Y con renuencia, aleja su mirada del espejo, dándole la espalda.
No obstante, así no pudo ver nuevamente la generosa ración de Brownie con helado que su fiel espejo le guardaba.
Notas Finales (Sthefynice):"Mi Angst y yo, muchachos, no lo pude evitar. Esto llevaba rondando en mi cabeza cierto tiempo que finalmente pudo salir a la luz, y me alegra un montón poder compartirlo con ustedes. Quiero leer y explorar más de la Familia Sanban, eso sí. ¿Tal vez tengamos un especial Familiar en el próximo reto? Hmm, eso sería interesante.
Espero que les haya... Disfrutado y entretenido mucho la lectura :) Me disculpan si vieron algún dedazo, la segunda parte tuve que escribirla desde el cel, y esa situación no fue nada bonita jajaja.
En fin, ¡qué vivan Los Chicos del Barrio!"
