No podía dormir.

No importaba cuán firme fuera el colchón para satisfacer sus necesidades o cuán suave fuera la colcha, no importaba cuánto tiempo mirara fijamente esas nubes blancas y esponjosas en el techo, que hubieran podido hacer que incluso la persona más insomne se sumergiera en la dicha del sueño, Lukas no podía detener con el bombardeo de "qué-si" que asaltaba su cansada mente. Dio vueltas en la cama, su cráneo palpitando con furia y escenarios inusitados.

Debería haber matado a ese hijo de puta.

¿Qué si no hubiera llegado a tiempo para rescatar a Emil?

¿Mathias realmente iba a atacarlo?

¿Mathias es realmente ese tipo de hombre?

¿Por qué Emil me detuvo?

¿Emil está bien...?

Lukas se sentó en su cama y tiró la colcha hacia atrás. Sacó las piernas de la cama y las apoyó en el suelo, levantándose del colchón y caminando hacia la puerta. Necesitaba escuchar la verdad de lo que sucedió (lo que podría haber sucedido), directamente de Emil.

Más que eso, necesitaba que Emil se diera cuenta de la verdad él mismo.


Caminando descalzo, silenciosamente hacia el pasillo, Lukas se arrastró hasta la puerta del dormitorio de su hermano menor y presionó su oreja contra esta para buscar cualquier sonido que denotara consciencia. Cuando su oído no encontró más que silencio, Lukas probó el picaporte, y tras encontrar que estaba desbloqueado, lo giró y abrió la puerta. Metió la cabeza dentro y entrecerró los ojos en la oscuridad hacia la cama, apenas distinguiendo la pequeña figura debajo de la gruesa manta. Lukas entró, cerró la puerta detrás de él y caminó silenciosamente de puntillas hacia la cama. Se sentó en el borde y miró la parte posterior de la cabeza de Emil, los hilos de plata desparramados desordenadamente por toda su almohada. Lukas extendió una mano para sacudir gentilmente el hombro de su hermano para despertarlo.

-¿Qué quieres, Lukas?- Exclamó Emil sin volver la cabeza.

Lukas bajó su mano y respondió: -No puedo dormir.-

-No vas a dormir en mi cama.-

-No, no es eso. No podré dormir sin haber hablado contigo sobre algo antes.-

-Sea lo que sea, ¿no puede esperar?- Preguntó Emil con cansancio. -Es muy jodidamente tarde como para charlar.-

-No, no puede esperar. Tenemos que hablar sobre lo que pasó hoy.-

-¿Y qué diablos pasó, Lukas?-

Lukas sintió que su rostro se arrugaba con irritación. -¡Tú sabes qué pasó, Emil! ¡Sabes lo que iba a pasar si yo no hubiera intervenido, y negarlo no va a mejorar las cosas!-

Emil giró sobre su espalda y se apoyó en los codos. -Lukas, él estaba bromeando, ¿ok? Tú y yo sabemos que Mathias es un idiota que lleva las bromas demasiado lejos, ¡no es el tipo de persona que viola o hace algo tan perverso!-

-¡Lo era antes!-

-¡Y también lo eras tú, pero no me ves metiéndote tu historia vikinga por la garganta!-

-¡Eso es porque yo no estaba tratando de violarte ni a ti ni a nadie más!-

-¡Y tampoco lo estaba él! ¡¿Ahora vas a olvidarlo y me dejarás dormir?!-

-¡No hasta que reconozcas lo que él estaba haciendo -que fue un intento de violación- para poder matar a ese hijo de puta!-

Emil bufó y puso los ojos en blanco. -Si estás tan seguro de que iba a atacarme, entonces ¿por qué demonios necesitas mi permiso para vengarte?-

-Porque,- Lukas suspiró, -para empezar, lo que debería hacerse con él debe ser decidido por ti, puesto que tú fuiste su víctima-

-Yo no soy su-

-Segundo, si le hago daño, simplemente me odiarías por ello, aunque sea mi deber fraternal. Tercero, y lo más importante, negar lo que sucedió, lo que podría haber sucedido, y solo etiquetarlo como otra cosa no es saludable para ti.-

-Feh, como sea.- Emil se volvió hacia un lado y se cubrió la cabeza con la manta.

-¡¿Como sea?! Emil, ¿es todo lo que puedes decir cuando solo estoy tratando de ayudarte? ¿Como sea?-

-Bien,- dijo Emil. -Por favor, cierra la puerta cuando salgas. Gracias y buenas noches.-

Lukas se cruzó de brazos y frunció el ceño. -Emil, no me iré hasta que-

-Lukas, por favor,- dijo Emil en voz baja, pero lo suficientemente fuerte como para que las palabras atravesaran la manta. -Por favor, déjalo, ¿vale? Estoy agotado y necesito dormir un poco.-

-¡Estás agotado emocionalmente porque estás guardándote tu miedo y dolor!-

-¡OH POR DIOS, MALDITA SEA!- Emil se incorporó de golpe. -¡¿Por qué diablos sigues aquí?! ¿Sabes qué? ¡Bien! ¡Quédate! ¡Yo me iré!- Emil saltó de la cama, agarró una almohada y se dirigió a su armario para agarrar una de las mantas extra.

-Oye, ¿adónde diablos crees que vas?- Lukas se levantó rápidamente y lo siguió.

-Voy a dormir en algún lugar con una cerradura o algo así.- Emil tiró de la puerta del dormitorio para abrirla y miró hacia atrás. -Quédate aquí y habla sobre violación todo lo que quieras, ¡solo no me fastidies con eso!- Emil salió de la habitación y comenzó a caminar por el pasillo.

-¡Espera un segundo! ¡No hemos terminado!- Lukas lo siguió y agarró el hombro de Emil, girándolo para mirarle a los ojos. -¡Emil, háblame de eso! ¡Soy tu hermano, y solo quiero ayudar!-

-¡¿Por qué diablos sigues insistiendo en que algo sucedió cuando no fue así?!-

-¡NECESITABAS MI AYUDA! ¡GRITASTE MI PUTO NOMBRE!-

-¡ESO NO SIGNIFICA UNA MALDITA COSA!-

-Whoa, ¿qué está pasando?- Una somnolienta voz bostezó a través de los gritos. Los dos hermanos se volvieron para encontrar a Tino y Berwald caminando hacia ellos, Tino frotándose los ojos y bostezando nuevamente. Peter estaba enganchado al brazo de Tino y tenía la cabeza apoyada en él, lo que significaba que por cuarta noche consecutiva, Peter dormía en el dormitorio de sus padres para escapar de los horrores de sus pesadillas no contadas.

-No es nada, Tino,- refunfuñó Emil. -Perdón por despertarlos chicos. Buenas noches.- Emil hizo un movimiento para irse, pero Lukas lo detuvo nuevamente.

-No, no es nada. Estoy tratando de hablar con Emil para ayudarlo, pero está siendo terco y sigue en negación, ¡y eso no está ayudándolo en absoluto!-

-¿Con qué estás tratando de ayudarlo?- Preguntó Berwald a pesar de su somnolencia.

-¡Solo necesita ayuda para alimentar su imaginación y tratar de hacerlo realidad!- Emil miró fijamente a los ojos de Lukas. -No pasó nada.-

-Decir "no pasó nada" no lo hará inexistente.- Respondió Lukas con el mismo veneno.

-¡Sí lo hará, cuando es la verdad!-

-¿De qué están hablando?- preguntó Tino, su mente más despierta con su curiosidad comenzando a crecer.

-¡Nada!-

-Hoy más temprano, atrapé a Mathias en el lavadero de la planta baja tratando de violar a mi hermano.-

Una pequeña exclamación se oyó. -¡¿Tú también, Emil?!-

Silencio. Las caras de las naciones mayores reflejaron conmoción mientras todos bajaban la mirada hacia la nación más pequeña de todas. Peter, dándose cuenta de lo que acababa de decir, se despertó por completo y se encogió ante las miradas de los demás. Apretó sus ojos cerrados. ¡Oh, mierda! ¿Por qué lo dejé escapar así? ¡Él tiene razón, no sé cuándo callarme!

-Peter, ¿qué fue eso?- Dijo Tino.

Peter negó con la cabeza. -Nada, mamá.-

-No, Peter, dijiste algo. ¿Qué dijiste?-

-Él dijo "tú también",- repitió Berwald, escudriñando a su hijo con preocupación en sus ojos.

Tino tomó el hombro de Peter y lo giró para que quedaran frente a frente. -Peter, ¿qué quisiste decir con "tú también"?-

-N-no quise decir n-nada con eso,- tartamudeó Peter. -¡Y-yo ni siquiera lo dije!-

-Peter, ¿estás ocultándonos algo?- Preguntó Tino. Peter negó con la cabeza rápidamente, lo que hizo suspirar al finés. -Peter, por favor, dime la verdad. ¿Tu tío Mathias te lastimó?-

-No, no lo hizo...- murmuró Peter, agachando la cabeza para esconder su rostro.

Tino escuchó un gemido escapar de la boca de su hijo y observó con angustia cómo los hombros de Peter empezaban a temblar con sollozos inaudibles. Mientras Berwald frotaba círculos suaves en la espalda del niño, Tino se apoyó en una rodilla y levantó la cara de Peter por la barbilla. -Mírame.-

Peter volvió sus ojos hacia el rostro de su madre.

-Peter, ¿recuerdas esa conversación que tuvimos, sobre cuando los adultos les hacen cosas a niños pequeños como tú?- Peter asintió. -¿Y cuando tu padre y yo te dijimos qué es la violación?- Peter asintió de nuevo. -¿Recuerdas que te dijimos que si eso te sucedía a ti, debías decirnos a nosotros o al próximo adulto de confianza para que pudiéramos ayudarte?- Peter asintió por tercera vez, esta vez frotándose los ojos con la parte posterior de la muñeca para limpiar las lágrimas que se aproximaban.

Tino limpió el río de lágrimas de las mejillas de Peter y suavemente bajó la mano del niño de sus ojos para mantener el contacto visual. -Bebé, sabes que tu padre y yo nunca te culparíamos por algo así, ¿verdad? Sabes que puedes confiar en nosotros y decirnos.- Peter miró a Tino con ojos llorosos y asintió, emitiendo un pequeño sonido de llanto en la parte posterior de su garganta. -Entonces dinos, dime, ¿tu tío Mathias te violó?-

-... Sí.-

Tino se estremeció ante la respuesta, y sintió que su estómago se quemaba con una especie de enojo que se debilitaría si no lo desquitaba sobre algo, particularmente el bastardo pervertido que, en lugar de ser una de las pocas personas confiables en el mundo que habría protegido a su familia de este tipo de horror; se aprovecha de la confianza de un niño y la usa para aprovecharse de él y... violarlo. Tomando una respiración temblorosa, Tino controló cualquier forma expresiva de furia frente a su hijo quien, por la manera en que está llorando como siempre cuando está siendo castigado, tiene miedo de meterse en problemas, a pesar de lo que Tino había acabado de decir momentos antes. Tiene miedo de Mathias...

Lukas bajó la cabeza y miró a Emil por el rabillo del ojo, viendo la expresión en su rostro registrar tantas emociones: conmoción, disgusto, angustia, y un indicio innegable de empatía. Tal vez debería haber abordado esto como lo hizo Tino...

-Peter, ¿cuándo pasó esto?- Preguntó Berwald, en un tono plano y sin emociones; Tino sabía que él también estaba tratando de controlar sus expresiones de furia, pero era obvio por sus puños temblorosos que Berwald también quería matar a Mathias.

Peter sollozó y dijo: -L-la primera vez fue hace una semana, creo...-

Los ojos de todos se abrieron ante la información.

-¿La primera vez?- Preguntó Berwald. -¿Quieres decir que te hizo esto más de una vez?-

-Mm-hm...- Entonces el sollozo que había mantenido atrapado en su garganta finalmente escapó. Se arrojó a los brazos de Tino y presionó el rostro contra su hombro, llorando ruidosamente y temblando violentamente.

Lukas miró hacia Emil nuevamente. -Y, ¿qué piensas, ahora?-

Emil se quedó boquiabierto ante la crisis emocional de la nación más joven y negó con la cabeza lentamente. -Mathias... él... él no lo haría... Él no es...- Lukas escuchó la absoluta negación, pero, casi como si pudiera leer la mente de Emil, pudo escuchar la verdadera revelación golpeando a Emil allí mismo, con el ejemplo que Peter tuvo que sufrir: Mathias iba a violarme. Lukas gentilmente tomó la mano de Emil, haciendo un movimiento para abrazarlo igual que Tino.

Al tiempo que toda la verdad se develaba en el grupo, mientras el consuelo de las víctimas y la rabia por el cerdo pervertido crecían, nadie se dio cuenta de que Berwald se había escabullido silenciosamente de su presencia. Estaban en su propio mundo ahora, un mundo que era momentáneamente lo suficientemente seguro como para dar a su hijo o hermano la comodidad y la seguridad que necesitaban antes de ir a cazar al depredador. Pero parecía que la promulgación de la justicia no era necesaria, puesto que pudieron oír por encima de los fuertes sollozos de Peter: -¡VOY A MATARTE!-

Todos levantaron la cabeza hacia en dirección del grito, seguido de más gritos y protestas y lo que debieron haber sido muebles volcados.

-¿Qué fue eso?- Emil gritó de miedo.

-¿Dónde está Berwald?- Dijo Tino, mirando a su alrededor.

-¡Berwald, amigo, ¿qué demonios?!- Gritó Mathias desde algún lugar en el nivel superior. -¡Para! ¡Agh!- Otro sonido, lo que podría haber sido un jarrón haciéndose añicos, resonó por el pasillo.

Lukas, Emil, Tino y Peter se miraron unos a otros antes de correr por los pasillos hacia el lugar de donde provenían los gritos. Se encontraron en la puerta de la habitación de Mathias, de pie en la entrada mientras observaban a Berwald sentado a horcajadas sobre el cuerpo de Mathias, sosteniendo a su hermano mayor por el pecho y dando un puñetazo tras otro en la mandíbula del danés. Una o dos veces, el puño de Berwald se conectó con los ojos y los labios de Mathias, haciendo que en esas facciones se formaran moretones tan oscuros como lo estaba su mandíbula. Los cuatro se quedaron en estado de shock y leve temor; hubieron muy pocas veces, (tan pocas que podían contarlas con sus dedos), que Berwald había explotado así, cuando su naturaleza pasiva y neutral era devorada viva por la furia animal que resultaba tan destructiva que incluso Mathias se daría la vuelta y huiría de su camino, si fuera capaz de escapar de debajo de él y los golpes de su puño.

Mathias balbuceó, goteó sangre por la esquina de su boca y escupió un diente. Al ver al grupo en la entrada, gritó: -¡Lukas! ¡Tino! ¡Emil! ¡No se queden ahí parados, quítenme a este demente de encima!- Berwald movió su mano desde el pecho de Mathias hasta su garganta, convirtiendo cualquier palabra coherente en chisporroteantes boqueadas por aire.

Un nuevo tipo de silencio se estableció entre el grupo de naciones mientras los mayores le daban la espalda a la súplica por ayuda de Mathias, en sus cabezas. Querían reírse de él, burlarse abiertamente y ver cómo su hermano menor le pateaba el culo por la abominación que había cometido, (nada menos que a los niños), sino fuera por algo que se sentía fuera de lugar. Y Tino supo qué era ese "algo" cuando sus ojos se trasladaron hacia su hijo a su lado. Peter se había congelado donde estaba, pero su pequeño cuerpo temblaba de pies a cabeza; se encogía cada vez más contra el cuerpo de su madre, sus ojos se agrandándose y llenándose de horror.

En ese instante, Tino pudo ver cómo lucía el verdadero terror de un niño mientras Peter veía a su padre desatar esta corriente limitada de ira hacia el hermano que ama. O amaba, viendo cómo los ojos de Berwald carecían de amor (incluso de humanidad) mientras miraba fijamente a Mathias, a su cara que se cubría rápidamente de hematomas y sus labios aleteantes que trataban de inhalar un poco de aire.

-¿P-papá?- gimoteó Peter entre sus dientes castañeantes, viendo a su padre convertirse en un monstruo asesino.

-¡Berwald, detente!- Chilló Tino. Se ganó una mirada de sorpresa e incredulidad de parte de Lukas y Emil mientras corría hacia Berwald y retenía su brazo antes de que él arrojara otro puño. Intentó alejarle.

Berwald inclinó la cabeza hacia Tino, con los ojos enloquecidos por la venganza. -¡¿Qué demonios quieres decir con "detente"?!- Gruñó. -¿Estás sugiriendo que dejemos ir a este violador de niños?- Volvió a mirar a Mathias, atrapando la mirada de sorpresa por el título "violador de niños". En un segundo, Berwald gruñó y entrecerró los ojos, mostrando una expresión que decía: ¡Así es, lo sabemos, bastardo enfermo!

-¡¿Crees que yo no quiero que este hijo de perra pague por lo que le hizo a mi bebé?!- Siseó Tino. -¡Por supuesto que lo quiero, pero no quiero que Peter quede más traumatizado de lo que ya está!-

-¿Qué?-

-¡Estás asustando a Peter!-

Berwald alzó la vista hacia donde estaba parado. Efectivamente, su hijo se estaba agarrando a Lukas, temblando contra el noruego mientras Lukas envolvía un brazo protectoramente alrededor de sus hombros. Berwald frunció el ceño, disculpándose silenciosamente con Peter y lentamente se quitó de encima de su hermano, dándole una patada en las costillas antes de alejarse. Tino observó a su esposo antes de volver a mirar a Mathias. Se inclinó hacia su rostro ensangrentado y sacó los dientes en un gruñido predatorio.

-Eres muy afortunado de que Peter esté aquí,- siseó. -De lo contrario, tanto Berwald como yo te hubiéramos matado justo donde caíste.- Luego se enderezó y giró bruscamente sobre sus talones. Se dirigió hacia donde estaba su hijo, pisando con fuerza y lo giró por los hombros, diciéndole con voz severa pero suave: -Ven, Peter, vámonos.-

Peter miró a su madre con curiosidad. -¿Vamos a dónde? ¿De vuelta a la cama?-

-A tu habitación, sí, pero no a dormir. Ven, vamos a empacar nuestras maletas. Nos vamos.-

-Espera, ¿qué?- gritó Mathias mientras veía a los otros nórdicos darse vuelta para irse. Se puso de pie y corrió tras ellos. -¿Qué quieren decir con que se van?-

-¡¿Realmente crees que vamos a quedarnos en la misma casa que un pedófilo?!- Tino se rió sin humor. Berwald lo agarró del brazo y negó con la cabeza, indicándole a Tino que lo ignorara y siguiera moviéndose. Tino obedeció y continuó guiando a su hijo a su habitación.

-Esperen, ¿hablan en serio? ¡¿En serio van a creerle automáticamente al mocoso sin siquiera haber escuchado antes mi versión?!- Continuaron ignorando deliberadamente a Mathias. -¡Y saben que no soy un enfermo violador sádico! ¿Qué ocurre con ustedes?- Siguió a Lukas a su habitación, y observó con pánico mientras él sacaba su maleta del armario y la arrojaba a la cama. -Lukas, vamos, ¿por qué diablos iba a cogerme a un niño cuando ya tengo un novio, eh?-

-Por la misma razón por la que tratarías de hacerle lo mismo a su hermanito en contra de su voluntad,- espetó Lukas sin emoción mientras abría la cremallera de la maleta, -porque eres más repugnante de lo que pensaba.- Fue hacia los cajones y sacó montones tras de montones de ropa, colocándolos en la maleta con una placidez espeluznante. -Ah, y por cierto, es "ex novio".-

-¡Lukas, Emil y yo te dijimos que fue una broma divertida! ¡¿Por qué sigues tan obsesionado con eso, eh?!- La cara de Mathias momentáneamente se quedó en blanco. -Espera, ¿acabas de romper conmigo?-

-Estoy tan feliz de que seas lo suficientemente inteligente como para captar eso tan rápido,- dijo Lukas sarcásticamente. Puso la última prenda de ropa en su maleta, la cerró y se sentó en la cama para ponerse las botas. -Y sigo obsesionado con eso porque ahora sabemos la verdad. Deja de mentir y acepta de una vez el hecho de que tus actos perversos quedaron expuestos.- Se puso de pie y caminó para tomar su abrigo.

-¡Lukas, vamos! ¡No soy un violador ni un pedófilo!-

-Lo eras cuando eras un vikingo, pero ahora puedo ver que realmente no has salido de esa fase en absoluto.- Lukas tiró de su maleta para bajarla su cama y la hizo rodar junto Mathias para sacarla de la habitación. Mathias lo siguió.

-¡Lukas!-

-Mathias, cállate.- La voz de Lukas era fría, más fría de lo normal, lo que hizo que Mathias se congelara con rigidez. Lukas miró por encima del hombro. -Cállate y sé agradecido de que ninguno de nosotros te haya matado todavía porque, créeme, yo quería hacerlo. Aún quiero hacerlo.-

-Y alégrate de que solo nos retiraremos de tu patética existencia y que nunca vamos a volver. Diablos, me siento afortunado de tener estómago para hablar contigo y mirarte en este momento. Creo que puedo hablar por todos nosotros cuando digo esto: tienes suerte de que seamos civilizados y que tú seas una nación que todavía tenga ciudadanos que dependen de tu tierra, de lo contrario estarías muerto y ya te hubiéramos quitado la tierra. No nos llames, escribas, visites o cualquier cosa por el estilo, porque no creo que tengas la suerte de evitar más violencia, como no lo estás haciendo en este momento.- Lukas caminó hacia la habitación de su hermano, gritando, -Emil, ¿estás listo para irnos?-

Mathias infló las mejillas y apretó los puños a su lado, listo para continuar su discusión y ganar a sus invitados otra vez, porque era demasiado pronto, demasiado temprano para que las cosas comenzaran a derrumbarse. Las cosas no deberían derrumbarse, y se preguntó a sí mismo: ¿Dónde me equivoqué? Suspirando profundamente, Mathias tomó una decisión y corrió a su habitación. Con cuidado, se dirigió a la mesita de noche a través de las piezas dispersas de jarrones y lámparas rotas que Berwald causó en su ataque de furia desatada. Miró el contenido de la cómoda hasta que encontró lo que estaba buscando: un control remoto simple, pequeño, negro, y con solo un botón y un interruptor. Se guardó el dispositivo en el bolsillo y salió corriendo justo cuando las otras naciones se reagruparon en el pasillo y comenzaron a bajar las escaleras. Corrió detrás de ellos y empezó nuevamente su diatriba.

-¡Chicos! ¡Chicos! ¡Paren! ¡No deberían irse! ¿Realmente van a cortar lazos conmigo por la mentira que un niño inventó solo para causar problemas?-

-¡Ningún niño inventaría jamás algo tan atroz, pillu!- Espetó Tino. Hizo una pausa para golpear a Mathias por hacer una afirmación tan repugnante, pero una vez más, Berwald lo tomó del brazo y negó con la cabeza antes de seguir adelante. Tino le dio a Mathias una mueca de desprecio antes de volver a ponerse de acuerdo con su marido. Tomó su maleta y siguió a todos a la sala de estar y al vestíbulo.

-Amigos, debería decirles ya mismo que irse sería una muy mala idea en este punto,- advirtió Mathias. -¡No es prudente atravesar esa puerta! ¡Lukas!-

Lukas involuntariamente dudó por un momento.

-Norge, por favor...- suplicó Mathias en voz baja.

-Mathias, ¿no te dije ya que te callaras?-

Todos se detuvieron en las puertas y esperaron mientras Berwald las desbloqueaba.

-Berwald, en serio, ¡no te vayas!-

-Jódete, Mathias,- gruñó Berwald mientras abría la puerta y guiaba a todos afuera.

Mathias se encogió de hombros y negó con la cabeza. -¡UGH, bien! Entonces tendré que hacer esto...- Sacó su control remoto y apretó el interruptor.

Cuando se activó ese interruptor, también se activaron los lectores de infrarrojos en cada rincón de la mansión, disparando una línea invisible que conectaba un lector con el siguiente, creando una barrera invisible alrededor de la mansión cerca del suelo. Berwald pisó fuerte la barrera. Hubo de repente un fuerte zumbido y Berwald se congeló.

-¿Berwald?- Preguntó Tino. -Berwald, ¿qué sucede?-

-¡Aaaaaaaaaaagh!- Gritó Berwald. Se desplomó en los escalones y convulsionó violentamente, cada poro de su cuerpo resplandeciendo de un color azul eléctrico.

-¡Berwald!- Tino corrió hacia su convulsionante esposo, luego colapsó justo a su lado, gritando y estremeciéndose violentamente mientras su piel resplandecía con estática azul.

-¡Papá, mamá!- Peter se lanzó hacia adelante y trató de llegar hasta a sus padres, pero Lukas lo agarró por el hombro y tiró de él hacia atrás.

-¡¿Qué demonios?!- Gritó Emil mientras los veía convulsionar. Luego oyó una risita sobre ellos. Miró por encima del hombro y vio a Mathias sonriendo descaradamente para sí mismo, con la cabeza inclinada despreocupadamente. -Mathias, ¿qué es esto? ¡¿Tú estás haciéndolo?! ¡Detente!-

Mathias negó con la cabeza otra vez y lo empujó para llegar hasta la pareja. Agarró a ambos por los tobillos y los arrastró de vuelta a la mansión. Una vez dentro y en el interior de la barrera infrarroja, Tino y Berwald se mantuvieron inmóviles todavía sobre la alfombra, jadeando y echando espuma por la boca. Peter y Emil se arrodillaron junto a ellos y los revisaron para ver si estaban bien. Lukas fue el único que miró al sonriente danés, quien se cruzaba de brazos desafiante.

-¿Qué les hiciste?-

Mathias agitó un pequeño dispositivo de control remoto, sin borrar esa sonrisa. -¿Sabes qué es lo mejor de Kiku?- Preguntó. -Es el tipo de hombre que hará favores sin hacer preguntas, especialmente si esos favores le benefician de alguna manera. ¡Ni siquiera me preguntó en quién iba a usar estos "Intrabody ShockCollars" o por qué quería ser voluntario sabiendo que no tengo perros!- Suspiró y miró hacia otro lado. -Tendré que decirle que están defectuosos porque los choques son demasiado fuertes, pero como sea...-

-Intracorporal, ¿qué?- Dijo Tino débilmente mientras levantaba su torso del piso, aún demasiado débil por el ataque estático para ponerse de pie.

-Collares eléctricos intracorporales,- repitió Mathias. Luego tarareó en sus pensamientos. -Um, es un poco difícil de explicar, así que voy a hacer mi mejor esfuerzo, ¿de acuerdo?- Levantó el pulgar y el índice uno junto al otro, muy cerca de su ojo, creando un espacio realmente cercano donde las yemas de sus dedos casi se tocaban. -Son estos robots de tamaño nanométrico que recorren las venas de quienes los ingieren. Se activan cuando los perros, o, en su caso, las personas, cruzan la barrera infrarroja instalada alrededor de los perímetros de la casa, enviando ondas onda de choque electromagnético en todo el cuerpo.-

-Es este nuevo invento que Kiku ideó para reemplazar el viejo collar de choque, y parece que puede paralizar incluso a los Gran Daneses más grandes. O a ustedes, si se quedan fuera de la frontera el tiempo suficiente. Aunque, muy mal por los efectos secundarios del dolor de estómago...-

Al escuchar la descripción de los collares eléctricos intracorporales, Lukas se quedó sin aliento cuando recordó algo: "Miró hacia abajo a su tazón de helado. -Oye, ¿qué es todo esto?- Cogió su cuchara y pinchó el helado. Entre los puntos de las astillas de chocolate había algo más pequeño, casi microscópico; se parecía a los frijoles negros del helado de vainilla."

¿Eso era lo que había en ese helado? se preguntó Lukas. ¿Esos pequeños robots?

Ellos lo miraron fijamente. Todos se preguntaron si Mathias estaba jugando otra de sus estúpidas y enfermizas bromas, como un movimiento desesperado para mostrarles que él no había dejado de ser el chico amable y juguetón que todos conocían y amaban, para convertirse en el sádico violador que lastimaba a los miembros más jóvenes de la familia. Consideraron que tal vez, solo tal vez, la escena que se había desarrollado frente a todos ellos (cuando Berwald y Tino se desplomaron en el suelo, convulsionando, retorciéndose, y gritando mientras sus cuerpos brillaban con un cerúleo estático) era su imaginación fallando a causa de tanto enojo y privación del sueño. Todo esto parecía demasiado elaborado para el danés, y él solo es tan elaborado cuando quiere realizar una broma compleja. Berwald y Tino lentamente se pusieron de pie, manteniendo sus ojos en Mathias mientras lo hacían. Berwald todavía estaba inclinado con las manos sobre las rodillas.

-Mathias, ¿de qué va todo esto?- Preguntó Tino cautelosamente, envolviendo sus brazos protectoramente alrededor de los hombros de Peter, en parte para recostarse en él en busca de apoyo.

Mathias se rió entre dientes. -Oh, es solo un pequeño juego que pensé hace un tiempo, y que quería compartir con ustedes, una nueva y última actividad de vinculación de hermanos para todos. Es como una versión mía del gato y el ratón, donde yo puedo perseguirlos a ustedes, alrededor de la casa, y si logro atraparlos a todos, ¡me convierto en rey! Aunque es una lástima que tuviéramos que hacer esto antes de lo esperado, quería al menos una semana más para compartir con mis hermanos antes de que murieran. Oh bien.-

-... ¿Qué demonios?- Dijo Emil en voz baja. -Mathias, ¿estás bromeando o algo así? ¿Qué-? WHOA!-

Lukas pasó inesperadamente junto a Emil para atacar a Mathias mientras hablaba, para quitarle el dispositivo de las manos y salvarlos a todos. Mathias negó con la cabeza y chasqueó la lengua, apuntando el control remoto hacia Lukas y presionando el botón debajo de él. Todos se desplomaron en el piso en un ataque y refulgieron con electricidad estática activa en sus cuerpos. Mathias apretó el botón otra vez, y la convulsión terminó dejando a las naciones gemir y permanecer inmóviles de dolor.

-Otra gran cosa sobre esto es que puedes usar esto cada vez que tu mascota se porte mal,- dijo Mathias. -Especialmente pequeños gatitos traviesos que atacan demasiado en un día.- Agitó el mando a distancia de lado a lado entre el índice y el pulgar juguetonamente. -Ahora, vamos a las reglas de este asombroso juego que mi genial cerebro pensó. Aunque son bastante simples, en realidad, lo básico es que corras y te escondas y quizás incluso luches si realmente quieres vivir. Si alguno de ustedes vive hasta que termine esta semana, ustedes ganan y pueden irse libremente si lo desean.-

-Ahora lo más complicado: nada de ayudarse entre sí, o sino recibirán una agradable visita de Mister Shocky.- Echó un vistazo al cuerpo de Peter. -Bueno... supongo que Peter puede colgarse a su mami, puesto que el mocoso es tan penosamente débil. Sí, él es la excepción a la regla. No estar escondido en un lugar por más de diez horas, porque yo lo sabría, ¿de acuerdo? ¡Tengo un sexto sentido en mí que me permite saberlo! Nada quedarse en grupos porque eso sería injusto para mí y solo les hará ganarse otro tratamiento de choque. Pueden usar armas para hacer esto más interesante para mí, aunque realmente dudo que ustedes puedan ganar esto, armas o no. Oh, ¡y nada de llamadas externas~! ¡Keh je je je!-

-¡E-espera!- Habló Emil, levantando la cabeza para mirar a Mathias. -¡Me disparaste en el tobillo! ¿Cómo diablos esperas que forme parte de este estúpido juego tuyo si apenas puedo correr?-

Mathias se encogió de hombros. -Tenía que igualar las posibilidades para todos. No sería justo para los demás si tú tuvieras tan grande ventaja a tu disposición, ¿no es así?-

-Pero... pero...-

-Relax, Emil, todavía puedes correr, ¿por qué crees que hice los disparos lo más superficiales posible? De todos modos, para recapitular aquí: esconderse-sí, armas-sí, correr-sí, pelear-sí, ayudar-no, a menos que sea Peter, esconderse por más de diez horas-no, trabajo en grupo-no, y el sobreviviente que viva pasada la semana, a las 12:00 a.m., siete días a partir de ahora, saldrá caminando como un hombre libre.- Echó un vistazo a su reloj. -Como soy tan amable, les daré diez minutos para que comiencen a correr, una ventaja decente si lo digo yo mismo.-

Aunque los otros nórdicos estaban tratando de pararse sobre sus propios pies después de la descarga eléctrica en sus cuerpos, todavía se sentían débiles y mareados por una prueba tan dura, y solo pudieron elevarse como máximo sobre sus manos y rodillas, jadeando para asentar sus estómagos y pulmones ardientes.

-... ¡Nueve minutos y treinta segundos~!-

Todavía se mantenían arrodillados en su posición, provocando que Mathias los fulminara con desaprobación. Emitió un gemido de impaciencia desde el fondo de su garganta y presionó el botón en el control remoto de nuevo, dándole a sus invitados un impulso motivacional rápido antes de apagarlo de nuevo.

-Nueve minutos,- dijo arrastrando las palabras oscuramente. -Ahora, muévanse.-

A pesar de sentirse enfermos y agotados por sufrir descargas eléctricas consecutivas en menos de cinco minutos, todos aprovecharon una reserva de fuerza, se pararon y se dieron unos a otros y Mathias una mirada antes de adentrarse en las oscuras cavernas de la mansión.

Mathias se quedó parado con sus manos detrás de la espalda y tarareando agradablemente, esperando que el límite de tiempo terminara. Cuando los restantes nueve minutos llegaron a su fin, Mathias fue tras ellos.