Hola chicas les dejo un nuevo capitulo, si les gusta dejenme un review y si no pues tambien no saben como me dan animos para continuar con las historias me dan mucha alegria recibirlos, cuidense mis mejores deseos


El sol brillaba en lo alto del cielo despejado, el calor asfixiante invitaba a todo ser vivo a refugiarse en las incesantes olas del mar que acariciaban la ardiente arena de la playa, bajo otras circunstancias seria fácilmente invadida por el grupo de niños que al borde del acantilado libraban una feroz pelea ayudados de cadenas y látigos, algunos mas intentaban escalar por la escarpada pared rocosa, debían ser cuidadosos, el menor error seria pagado con filosas rocas en el fondo. Todos entrenaban en parejas bajo la mirada vigilante de un rubio hombre musculoso de piel muy bronceada, producto de la rudeza de los rayos del sol en ese lugar que tenía un nombre de ensueño, nada comparado con el infierno climático que realmente era, el rubio suspiro y centro su mirada en un escenario al cual se había acostumbrado, un corro de chicos estaba alrededor de un otro que estaba dándole una tunda a un delgado niño peliverde de piel, que en otro momento seria de tez blanca pero actualmente producto de las excoriaciones de las cadenas e irritada por el abrasador sol, estaba totalmente enrojecida.

- ¡Déjenlo ya! –gritó corriendo una niña rubia, que traía una incómoda mascara metálica en el rostro –van a matarlo, ¡BASTA!.

- ¡Ah! ya viene tu novia, Shun, a defenderte como siempre –dijo irónico un joven de cabello rozado –¡Eh!, June deberías buscarte un verdadero hombre, al menos uno se defienda solo.

- O uno al que los nuevos no pregunten donde ha dejado su máscara, ja, ja, ja –rió con sorna un chico de cabello azul lacio y mirada altiva.

- ¡Cállense, Reda y Spika! –exigió nuevamente June, inclinándose dispuesta a ayudar al niño peliverde –el maestro ya te dijo que no debes tomar ventaja, eres mayor que él –se refirió al joven de cabello rosado que había sometido al pequeño con una rodilla clavada en la espalda.

- Y, ¿qué? –dijo indiferente –si desea ser un santo de Atena, deberá luchar con oponentes más fuertes –lo mira desdeñosamente –en su caso, tú. Que se regrese a Japón, niño comedor de arroz y pescado.

- Largo –urgió June amenazando al par de niños con su látigo.

- Está bien, nos iremos, pero no olvides que el maestro te está observando y esta vez te ira mal por interrumpir nuestro entrenamiento –amenazo Spika, lanzándole una mirada de desprecio a ambos.

- ¿Shun estas bien? –interrogó dulcemente la rubia.

- Déjalo June –contestó con un hilo de voz, intentando en vano incorporarse solo –ellos tienen razón el maestro te lo advirtió, te castigara esta vez.

- Eso no importa, si no los detenía, te hubieran matado, mira cómo te han dejado –con preocupación intento ayudarle a incorporarse de donde su cuerpo le permitiera –tendrás que ir más tarde a mi cabaña ahí te curare, llevas 2 años aquí y tu piel sigue sin poderte dar la protección que necesitas con este sol, y esos dos no hacen sino esconderte las camisas de manga larga que consigo con tantos problemas del barco que viene trimestralmente.

- June, te preocupas mucho por mí, siento darte tantos problemas –dijo cabizbajo, sentado en la abrasadora tierra.

- No digas tonterías, estoy segura que también lo harías por mí –refutó ayudándole a levantarse, no pasó desapercibida una mueca de dolor que hizo Shun –recuerdo que cuando llegaste si hacía esto, llorabas.

- Si lo hago ahora con tanto sol, moriré deshidratado –dijo el pequeño, arrancando una sonrisa que no podía ver en la niña.

- Además, él aun no puede morir –dijo una fría voz a sus espaldas –aun no te hace suya, así que tendrás una larguísima vida –rió sórdidamente un alto hombre de tez bronceada cubierto por un antifaz.

- ¿Quién eres tú? –preguntaron los niños al misterioso hombre.

- Un amigo –rió tomado por la barbilla a June, clavando una filosa daga en su corazón haciendo que la chica gritara de terror.

- ¿June te encuentras bien? –preguntó alarmado Shun que acababa de poner unos hermosos tulipanes amarillos en un jarrón de la mesa situada frente a la cama.

- ¿En dónde estoy? –cuestionó June inquieta mirando a su alrededor sin poder reconocer el lugar, impulsivamente se incorporó sintiendo un profundo dolor en su vientre.

- En el hospital, parece que tuviste una pesadilla, he oído que suele pasar cuando te recuperas de cosas como esta, Saori me lo dijo todo –mencionó Shun mirándola seriamente.

- ¿Todo, lo sabes? –dijo perpleja desde su cama.

- Si y también Hyoga, me alegra que ya estés mejor –se sentó a su lado en un sillón que estaba cerca de la cama.

- Ahora que lo saben todo será mas fácil –suspiro cerrando sus ojos azules –supongo que les sorprendió.

- Debo confesar que un poco –dijo rascándose la barbilla –nos preocupamos luego de que después de 3 días nadie supiera nada de ti, no contestabas en tu departamento ni en tu celular, finalmente ayer nos lo contó Saori, ha sido lo mejor.

- Así es –afirmó la joven sonriendo dulcemente.

- Es un estorbo.

- ¿Cómo? –preguntó extrañada.

- Eso, el apéndice es un estorbo según los médicos, no es importante y podrás tener una vida normal, lo grave es que te operaron de emergencia pero estoy seguro que eso tampoco te dejara alguna cicatriz que te avergüence cuando quieras lucirte en un diminuto bikini –amablemente se levantó a cerrar un poco la cortina de la ventana que dejaba pasar demasiada luz –también ha venido Manami, Sun-rei y Hyoga, pero como estabas dormida no quisieron importunarte, ¿quieres que llame a tus padres?, no es bueno que estés sola en un hospital, puedo quedarme si quieres, ¿hay algo que pueda hacer por ti? –se acercó a la joven al observar que June intentaba cambiar de posición con dificultad.

- Nada –dijo fríamente, zafando su brazo de las manos de Shun –estoy cansada, gracias por la visita pero no es necesario que vuelvas –le dio la espalda y cerró los ojos conteniendo el coraje y tristeza que la invadía.

- ¡Ahh!, si entiendo, nos veremos en el trabajo –sin recibir respuesta salió sigilosamente de la habitación, preguntándose si la amistad que June tenía con Manami comenzaba a afectarle.

Al salir del hospital se dio cuenta que era muy temprano para ir a su departamento, invadido por la inquietud del tiempo libre se decidió a visitar a Ikki, al cual tenía toda la semana sin verle, cuando había preguntado a su secretaria, amablemente le dijo que no tenía planeado ningún viaje y tampoco se había reportado como enfermo, pero que solía hacer esa clase de cosas, desaparecer con frecuencia pero dado que estaba bajo las órdenes directas de Saori, nunca era cuestionado a este respecto. Estaba por marcharse del penthouse de Ikki tras timbrar algunas veces sin recibir respuesta, cuando la puerta se abrió dejando ver a un malherido Ikki.

- ¿Shun? Pero ¿Qué haces aquí? –dijo algo preocupado, mirando en ambas direcciones del corredor.

- Ikki, ¿Qué te paso? –alarmado su mirada se fijó en las vendas que cubrían el estómago, el torso, en la férula de su mano derecha y en algunas cortadas en su cara.

- No es nada, un ligero accidente.

- Debes estar bromeando, ¿ligero? –puso el brazo sano de Ikki alrededor de su cuello, lo tomo con sumo cuidado de la cintura y lo llevo hasta su cama –Ikki, esto no esta bien, deberías ir al hospital.

- Descuida, Shun estoy bien –dijo en un suspiro en el que inútilmente intentaba contener el dolor provocado al levantarse –no te preocupes –en ese momento las entrañas de Ikki delataron que solo tenían hambre.

- Te preparare algo de comer, descuida –alegremente se alejó saliendo de la habitación.

- Shun.

- ¿Dime? –regreso y asomo la cabeza por el dintel.

- Pásame el teléfono –señaló a un costoso celular situado en la cómoda junto a la puerta.

- Ni estando así, puedes relajarte –alzo los hombros y se acercó a la cama alargo la mano lo dejo en la de su hermano –cuando regrese me dirás todo. Cuando Shun salió de la recamara Ikki tecleo un escueto mensaje de texto que decía: "no vengas, no llames, Shun está aquí", envío el mensaje, apago el teléfono y lo dejo en la mesita de noche situada a la izquierda de su cama.

En la cocina Shun abrió todos los anaqueles de la alacena en busca de algo blando que Ikki fuera capaz de comer, después de sacar fideos hechos de arroz y pan, abrió el refrigerador que estaba repleto de vegetales y fruta fresca, así como leche, queso y agua, contrastaba mucho al que Shun recordaba de la última vez que había estado ahí donde solo había cerveza; sonrió cuando recordó los años que vivieron juntos que esa era la aversión de Ikki, hacer las compras de los víveres, por lo tanto Shun era el encargado de comprar las cosas e Ikki estaba a cargo de cocinar, con frecuencia Shun solía ayudarle guiado por la mano experta del hermano mayor. Después de casi una hora Shun se presentó con una sopa de fideos con pollo, croquetas de arroz con atún, jugo de naranja y una taza de té, cuidadosamente deposito la charola que traía en las manos al lado de su hermano y vio con satisfacción cuando dio el primer bocado. –¿No te ha gustado?, lo siento mucho no soy tan bueno, no te preocupes ordenare algo –algo apesadumbrado mencionó cuando dejo la cuchara en el plato y se quedó observándolo, Shun giro y su mano fue retenida por la de Ikki que lo atrajo hacia su pecho. Shun se sintió protegido ante aquel inesperado gesto de Ikki –no es que me queje, pero ¿no estoy lastimándote? –dijo tímidamente mirando el fuerte y bronceado pecho de Ikki.

- Jamás podrías hacerlo –le dio un tierno beso en el cabello, Ikki recargo la cabeza en la cabecera, la comida hecha por su hermano era insípida pero comible, valoro el esfuerzo puesto por su querido hermano menor deseaba tanto decirle por qué era él el culpable de no haberle nunca enseñado a cocinar, deseaba poder compartir ese recuerdo que tenía atrapado en su memoria. Cuando estaban en el orfanato, una noche muy fría Ikki fue hacia la cocina dispuesto a calentar tomar un poco de leche y poder entibiar su pequeño cuerpo y el de su hermano, antes que pudiera girar en la esquina del pasillo que conducía a la cocina, oyó el gritó de un niño seguido del barullo de monjas y seminaristas que corrieron a toda prisa en dirección de la cocina, se ocultó entre las sombras y vio como tiempo después llego una ambulancia desde la que descendieron un par de paramédicos que se llevaron al chico que chillaba desgarradoramente, el niño jamás regreso al orfanato, desde ese día la cocina permaneció cerrada con llave, Ikki jamás permitió que Shun se acercara a la estufa aun cuando, ya era un adolescente.

En ese momento Ikki cerró los ojos, anhelando con todo su corazón poder escapar con su hermano lejos de Japón, lejos del mundo que los conocía, ahorrarle el dolor que siempre había estado presente en sus vidas y lograr atrapar la felicidad de esos días que, estaban contados.

- Ikki, se enfriara tu comida, además aun me debes una explicación –incorporándose le dirigió una mirada severa, Ikki comenzó a comer lentamente –¿y bien? ¿Cuál fue tu "pequeño" accidente?.

- Derrape en la moto el fin de semana, no es nada serio me lastime algunas costillas, con reposo estaré bien –aseguró comiendo las croquetas.

- ¿Creí que ya no tenías la moto? No la he visto desde que regrese.

- Pues ahora ya no tengo –bebió el té, puso la charola de lado –¿escapaste del trabajo?.

- Bueno…no exactamente, fui a ver a June mi compañera ¿sabes que esta en el hospital?, cuando le dije a Saori que iría a verla me dio el día libre.

- Ah si –aparentaba calma pero agradeció que Shun no siguiera recargado en su pecho o sentiría el rápido latir de su corazón – ¿y que le paso?.

- Apendicitis, dijeron que en un par de semanas estará bien –se tendió en la cama a un lado de Ikki.

- ¿Y dijo algo, mas?.

- Nada, ¿Por qué? –cruzo sus brazos atrás de su nuca a modo de almohada.

- Que se yo, tal vez que necesitaba algo, podría ser –miraba atentamente a su hermano buscando un indicio de mentira.

- Solo que no quería nada, ni siquiera quiere que sus padres lo sepan, es extraño ¿no lo crees? –volteó la cara encontrándose con los ojos azules de Ikki.

- No me extraña –dijo sin darse cuenta –err… bueno, si tu estuvieras en un país lejano, creo que no desearías que se enteraran los que te quieren que estas en un hospital, ¿cierto? –agrego al notar la extrañeza en la mirada esmeralda –seria un viaje muy angustiante, supongo no desea eso.

- Suena razonable –susurro Shun antes de encender la televisión y ver una película al lado de su hermano. El murmullo de la televisión, la comida y el cansancio hicieron que Ikki rápidamente se quedara dormido. Cuando abrió los ojos su habitación estaba teñida de anaranjado, el ocaso estaba terminando. –No quise despertarte, pero ahora regreso –se puso de pie y se desperezo.

- ¿Qué quieres decir con ahorita regreso? –Ikki arqueo una ceja.

- Bueno, iré a casa por algo de ropa, estoy seguro que no me quedara muy bien la tuya y regresare a cuidarte, puedo dormir en el sillón se ve cómodo –con una sonrisa en los labios desapareció del cuarto.

- Shun, ojala seas capaz de entenderlo –suspiro antes de volverse a dormir.

Después de pasar unos días cuidando de Ikki, Shun a regañadientes y luego de que el peliazul casi le hiciera firmar por escrito, que su salud estaba en perfectas condiciones, se encontraba al pie de unas montañas junto con varios compañeros del trabajo, como parte de una didáctica laboral que les permitiría una mayor interacción y comunicación entre ellos.

- He nos aquí, nuestro fin de semana –estirándose afuera del camión se quejaba Seiya, observaba otros camiones estacionados de los que descendía todos los empleados del corporativo Kido –esta estropeado.

- ¡Bah!, lo único que te molesta es que no podrás dormir hasta medio día –maliciosamente sugirió Hyoga.

- Un poco de aire fresco no te hará mal amigo –Shiryu aspiro el aire de las montañas –es relajante.

- El lugar es tranquilo –dijo Shun bajando la escalera del autobús con una mochila sobre un hombro –pero aun así hubiera preferido estar en casa con Ikki.

- El chico rudo, en cama –ironizó Hyoga –cuidado por su hermanito –abraza a Shun con un brazo –deberé agradecerle que me haya aburrido casi toda la semana.

- Si claro por la cara de desvelo de Seiya, y el malhumor de Shiryu –entrecerró sus verdes ojos –diría que fue un buen viernes.

- Algo así –añadió susurrando –pero tú me entiendes, Seiya no sería capaz de ligarse a una chica aun cuando fuera el único hombre del planeta, a pesar de que lo intenta no consigue más allá de un baile y Shiryu pues…es Shiryu, solo tiene ojos para ya sabes quién.

- Gente, acérquese –ordenó a través de un altavoz Tatsumi enfundado en un pants color gris claro y tenis blancos, desde una tarima rodeada de árboles, veía a todos los empleados con su usual arrogancia –como sabrán era deseo de Saori-sama estar aquí con ustedes pero por razones que no les incumben, no podrá acompañarnos y en vista de que Ikki –ese asqueroso vago, pensó –se encuentra incapacitado para estar aquí en esta –estúpida pérdida de tiempo, dijo para si –actividad les daré las indicaciones. Primero olvídense de llegar a casa pronto, puesto que este ejercicio es de todo el día, sus parejas serán escogidas al azar y no habrá ningún cambio todos estamos obligados, quiero decir debemos participar, conforme los vaya nombrado pasen a la mesa situada a mi lado derecho para que les den su mapa. La actividad es simple quien llegue primero a la cabaña señalada será la pareja ganadora el primer premio; que será un fin de semana en un lindo lugar para vacacionar. Eso es todo empezare a decir sus nombres.

- Se ve que no la está pasando nada bien ¿cierto? –señaló Shiryu.

- Podría ser peor amigo, imagina hacer pareja de Tatsumi –divertido dijo Seiya, imaginando mil maneras de hacerlo rabiar –eso alegraría este día.

- Prefería cambiar lugar con Shun, y ser enfermero de Ikki de por vida; antes que ese viejo decrepito este a mi lado todo el día –bromeo Hyoga provocando que varias chicas que caminaban por ahí le devolvieran una coqueta sonrisa –pero si tenemos suerte la compañía será generosa –vio seductoramente a otras chicas que estaban próximas a él que le devolvieron sugerentes miradas.

- Ya lo creo –Shun hizo un guiño a Hyoga.

- La primera pareja es –interrumpió Tatsumi –Kido Hyoga y Kido Seiya, pasen por acá dense prisa no tenemos todo el día –Hyoga y Seiya subieron al estrado, causando que varias chicas suspiraran decepcionadas.

- De ser tu mi pareja a que lo sea este amargado, debo decir que no serás tan malo –suspiro hastiado Shun.

- Ya que lo preguntas, no sé qué sería peor –desafío Shiryu.

- Tengo una ligera idea, hola Sun-rei –saludo efusivamente a la pelinegra que acababa de acercarse a los chicos, miro de reojo maliciosamente a Shiryu que apretó los labios –te ves linda este día.

- Gracias, Ki… quiero decir Shun –dijo con un leve rubor en sus mejillas, la chica estaba vestida con un pants rosa y una blusa blanca que resaltaba su curvilíneo cuerpo –llegue un poco tarde y no he visto a Manami, ya somos pocos –su vista recorrió a los pocos presentes.

- Solo espero quedar con una compañía agradable, Sun-rei, no opinas lo mismo –sugirió inocentemente Shun, mientras le dedicaba una encantadora sonrisa a la chica, ante la mirada furiosa de Shiryu –estaría encantado de lograr conocerte sin la formalidad del trabajo.

- Seria lindo –dijo en un susurro la chica, aun mas sonrojada. Como si fuera un ruego escuchado por los cielos en ese momento Tatsumi llamo a Sun-rei seguido de Shiryu, las chicas que aún quedaban miraron insistentemente a Shun deseando que fuera su pareja durante todo el día y quizá perderse de la actividad en el denso bosque.

Tiempo después los empleados de la corporación habían emprendido el camino en busca de la cabaña que estaba a 5 kilómetros de distancia escondida en alguna parte del bosque. Manami había sido elegida como pareja de Shun, Hyoga pudo descifrar una sonrisa maliciosa en Shun, el ruso sabía por experiencia que su amigo esta vez conseguiría lo que había estado persiguiendo de la chica.

- ¿Deseas algo de comer? –preguntó Shun cuando habían llegado a un claro del empinado bosque, luego de caminar por casi media hora, el joven se sentó junto a un árbol, saco de su mochila una caja de galletas y se la ofreció a Manami.

- No sabía que fueras aficionado a las galletas –dijo algo suspicaz la chica, pero no despegaba la vista de las deliciosas galletas.

- Bueno son las favoritas de Seiya, ayer cuando fui a comprar algunas cosas para Ikki las compre pero como fue uno de los primeros es ser elegido no hubo oportunidad de dárselas, pero si no tienes hambre lo entenderé –Shun mordió una galleta que despidió un delicioso aroma lo que incremento el hambre de la joven –siempre puedo comprarle más, no pude desayunar deje todo listo para Ikki y no me dio tiempo pero pensé en traer algo.

- Es cierto dijo Tatsumi, que estaba incapacitado, ¿le paso algo grave? –la chica que vestía un pantalón de gabardina café y una blusa de algodón verde con un estampado de una estrella, se sentó automáticamente junto al peliverde y comenzó a comer de las galletas.

- No fue nada grave un accidente en la moto, por suerte no tuvo que ir a hospital ni nada pero si necesitaba quien cuidara de él –Manami observó una expresión diferente en Shun, algo en su mirada le inspiro ternura –¿has visto a June? –volteó su cara hacia la chica.

- ¿Creí que era tu amiga, no has ido a verla de nuevo?, aunque supongo que con Ikki así no podrás –se auto recriminó la joven.

- Si fui, supongo la hice sentir incomoda –su voz sonaba algo nostálgica –creo que es algo de la vanidad femenina, no es necesario maquillaje o un peinado lindo para que una mujer deje de ser como los otros la ven.

- Pero las flores que le dejaste estaban hermosas, ¡ah! es decir ella me dijo que tú se las habías dejado, tienes buen gusto.

- Recuerdo que cuando iba a dejarle flores a mama, en la florería imaginaba que tipo de flores serían las que le agradarían y me quedaba mucho tiempo en la florería pensando y observando las flores, con el tiempo el encargado me enseño que una flor debe ser pensada hacia quien va dirigida; en lo que ves de su personalidad, en el mismo aroma que despide la persona y así es muy fácil saber cuál flor es la preferida de alguien así como el color –Shun hablaba con una ternura natural.

- Estoy segura que a tu madre le encantaban –sonrió la chica mirándole a la cara.

- No lo sabre nunca, pero me hace feliz saber que lo poco que Ikki recuerda de ella y una foto que mucho tiempo después encontré no se alejaban tanto de las que siempre elegía, eso fue reconfortante –sin pensarlo Shun había compartido un momento muy íntimo con una completa desconocida, era extraño pero ella le inspiraba una inusual confianza. Hubo un silencio compartido entre los dos, sus ojos se encontraron por primera vez sin armadura alguna reflejando un brillo que ninguno espero encontrar en el otro, Shun se acercó hacia Manami, llevo su mano derecha hacia su cabello negro, Manami se puso en pie rápidamente.

- Creo que lo mejor será irnos, si eso, es mejor se oscurecerá pronto –completamente sonrojada empezó a andar muy veloz cuesta arriba dejando a Shun con una hoja de pino en su mano.

- Manami, Manami, Manami, espera, por…favor, Ma… –jadeaba con dificultad Shun tras la chica, por un momento le dio la razón a Hyoga cuando una vez señaló que su condición física era pésima –al…fin –dijo doblado por la mitad cuando Manami se detuvo frente a una pared de piedra.

- Creo que tendremos que rodear, no hay camino por aquí –mencionó sin prestar atención a la condición de Shun.

- ¿Que fue todo eso? Tengo casi diez minutos corriendo tras de ti, podrías esperar a que recobre el aliento –se quejó Shun sentado en la tierra –no deberías alejarte, es peligroso.

- Lo siento, es que se hacía tarde –esquivó la chica jugando con su cabello evitando mirar a Shun, sabía que debía tener cuidado con él, su fama de conquistador lo precedía en la oficina; sabía de buena fuente que enredarse con Shun para él, era algo pasajero, sin embargo Manami no estaba dispuesta a ser aventura de una sola noche de nadie, pero era inevitable sentirse atraída hacía el peliverde –ahora que estas mejor debemos regresar.

- No lo creo –afirmó Shun –es fácil no es muy alta la pared y con las salientes naturales, puedes escalar sin ningún peligro.

- Vaya –sorprendida miro a Shun –pareces un experto.

- Ven no será difícil –Shun se acercó a la pared y comenzó a escalar sin ninguna dificultad la pared de casi 2 metros de altura, parecía que su cuerpo reaccionaba por instinto, lo cual le pareció muy extraño salvo la natación nunca haba practicado ningún deporte, en menos de dos minutos estaba al filo de la pared, mirando un hermoso paisaje, el viento le revolvía el cabello y varias aves atrajeron su atención hacía donde le pareció que la cabaña estaba situada, pensó que estaba algo desorientado puesto que el mapa indicaba lo contrario. Estaba seguro que un lago estaba muy cerca de dicha cabaña, era extraño que se sintiera de esa forma puesto que era la primera vez que estaba en ese lugar se convenció de que en todos los bosques hay lagos y cabañas cercanos además con haber visto un bosque se han visto todos.

- Shun, eh Shun –llamo Manami desde abajo atrayendo su atención –¿Cómo subiré yo? –preguntó poniendo los brazos en su delgada cintura. Shun se tiro al piso y le dio certeras instrucciones de donde colocar sus pies y manos para que pronto estuviera cerca del borde de la ladera, cuando casi llego a la altura de Shun este le tendió sus manos para tomar a Manami por los brazos y ayudarla a subir hasta donde estaba él –retiro lo dicho –jadeo Manami por el esfuerzo –eres un experto, ¿Shun? –Manami lo miraba a los ojos pero Shun tenía la mirada perdida de nuevo miraba hacía el lugar que había llamado su atención, tenía una extraña sensación de presión en el pecho sofocándolo, sentía la necesidad de salir de ese bosque es como si algo dentro de su corazón le doliera en ese lugar.

- Que ternura –arrastrando las palabras se oyó una voz cercana –tomaditos de la mano, no pierdes el tiempo –dijo un joven alto moreno de cabello azulado su rostro tenía un antifaz azul, salió de entre unos matorrales cercanos; su cuerpo estaba cubierto por una armadura plateada con destellos azules, usaba guantes metálicos, en su espalda sobresalían un par de alas metálicas, sus botas abarcaban desde el pie hasta la mitad de los muslos y un grueso cinturón con destellos vivos azules envolvía su cintura hasta la entrepierna.

- ¿Quién eres tú? –preguntaron al unísono los Shun y Manami, instintivamente él la puso atrás suyo.

- Alguien que ya se hartó de tenerte en su camino, la chica no me interesa Shun, se bueno y ven –ordenó el extraño, acortando la distancia entre ellos –prometo que no haré dolorosa tu muerte.

- Debes estarme confundiendo –extrañado dijo Shun, no podía dejar de ver su peculiar apariencia, además pareciera que esa voz le era familiar –retrocedió buscando con la mirada una ruta de escape.

- No pequeño, eres quien busco, tardaste en regresar pero te he estado esperando, se bueno y obedece –ordenó el guerrero sacando unas filosas dagas de sus guantes, pareciera que estaban ocultas en un lugar que no era fácil de ver –no lo repetiré –el guerrero de plateada armadura emprendió una corta carrera hacía Shun mostrando amenazadoramente su afiladas dagas, Manami gritó antes de cerrar los ojos presa del terror.