CAPÍTULO 11

No permitas que sea malentendido

Día 6 de la Guerra

-… Y no es por ser pesimista majestad, pero es probable que el contingente enemigo nos supere en un aproximado de dos a uno- dijo el líder del equipo de espías.

-Entonces será una pelea justa para ellos- dijo Ragnarok.

-Sí mi rey-

-¿Cómo está la moral de nuestro ejército Generan Ryujin?- inquirió Ragnarok.

-De maravilla Señor-

-¿Y las tropas ecuestres?-

-Listas para combatir- respondió Spike.

-Excelente. Debo admitirlo Zen, cuando me propusiste la idea de convertir a nuestros guerreros en palomas con propósitos de espionaje enemigo pensé que sería otra de tus locuras. Pero esta noche creo que nos será muy útil- premió el rey al viejo hechicero.

-Bueno técnicamente… Somos pichones- corrigió uno de los espías.

-El mando no se equivoca, solo cambia de orden- dijo el Mayor Agnus.

Lo que en realidad quiso decir, cosa de la que todos fueron conscientes, fue: No corrijas a tu Rey, imbécil.

-Vayan a que los des transformen caballeros. Necesitará sus cuerpos reales para la batalla- dijo Ragnarok.

El escuadrón de pichones se fue, dejando al rey y los responsables del mando.

-Muy bien. Entontes quiero tres escuadrones de dragones con poder de Tierra que se escabullan bajo las líneas enemigas hasta los bancos de pólvora que nuestros espías encontraron. Aprovecharemos la confusión y lanzaremos la primera oleada. El batallón del Mayor Agnus irá al frente y en conjunto crearán una ola de fuego para un barrido general hasta aquí. Después seguirá mi batallón. Los batallones del General Ryujin y ecuestres atacarán el campamento por el flanco izquierdo y derecho respectivamente- explicaba el rey, mientras señalaba los lugares en el mapa puesto sobre la mesa redonda, alrededor de la cual estaban todos reunidos.

-¿Qué hay del flanco trasero? ¿Pretende dejar que los cobardes escapen como la última vez, mi rey?- cuestionó Ryujin.

-Pretendo ahorrar trabajo y esfuerzo en la recolección de cadáveres, en tanto se pueda. Además, por lo que encontramos en el camino de Apleloosa a acá, muchos de los soldados que logren escapar morirán de todos modos- respondió Ragnarok.

-Los refuerzos del General Akuso y Olakar están programados a llegar mañana por la mañana. Podríamos esperarlos y aplastar al enemigo durante el día- dijo Spike.

-¿Y si nos quedamos sin hacer nada qué le hace pensar que ellos esperarán a que nuestros refuerzos lleguen, Capitán?- cuestionó Agnus, con suspicacia.

-Si no nos atacan primero, puede que se retiren. Y no les daré el lujo de elegir ninguna de las dos. Procederemos con el ataque como lo he dicho. Eso es todo -

-¡Salimos a las 2000 horas caballeros! ¡Prepárense!- gritó el general Ryujin.


Horas más tarde en los aposentos de la princesa del sol, una alicornio índigo, mira por la ventana hacia el cielo nocturno.

-Otra batalla ha comenzado- dijo Luna.

-Deja de ver eso y ven a ayudarme con estos formatos. Necesitamos que queden listos para mañana- respondió Celestia.

-¿Cómo puedes mostrar tanta apatía por la seguridad de nuestro mejor amigo?- respondió algo molesta.

-¿Cómo puedes preocuparte por la seguridad de un guerrero invencible, mientras nuestro pueblo sufre hambre y desempleo?- contraatacó aún más molesta.

Luna desde luego, no pudo responder.

-Por supuesto que estoy preocupada por él Luna. ¿Qué más quisiera yo que estar ahí con él y poder cubrirle la espalda en el campo de batalla? Pero no es mi lugar. Y tampoco es el tuyo. Nuestro lugar está aquí con nuestro pueblo, asegurándonos que el país siga adelante y supere estos tiempos de crisis en que la pérdida de Apleloosa, la guerra y el pánico generalizado nos tiene contra la pared-

- Ya lo sé. ¡Lo sé!-

-Entonces supéralo y ya-

-¡No es tan sencillo para mí! ¡¿Tú no lo amas tanto como yo?!- vociferó Luna.

Celestia tuvo que convocar cada fibra de autocontrol en su ser para no gritar con tanta fuerza que se habrían roto todas las ventanas del palacio.

-Luna… De nada te servirá sumergirte en la impotencia y la ansiedad. Spike está donde su corazón lo ha guiado, para bien o para mal. Y nosotras tendremos que vivir con ello, ya sea que estemos de acuerdo o no-

Luna se sentó con resignación, sobre el helado piso.

-Necesito arreglar las cosas con él, antes de que sea demasiado tarde- dijo Luna.

-Pues hazlo- respondió Celestia, como si fuera algo obvio.

-¿Cómo?- inquirió, confundida.

-Ve a verlo. Habla con él. Discúlpate si lo crees necesario y dile lo que hay en tu corazón- explicó, poniéndose de pie y caminando hacia su hermana.

-¿Y qué propones que haga? ¿Me tele transporto a su tienda de campaña una vez que termine la batalla y hablo con él antes de que se vaya a dormir?- preguntó, sarcásticamente.

-¿Y por qué no?-

Una vez más, Luna quedó sin palabras.

-S-sí… ¿Por qué no?- razonó en voz alta la princesa de la noche.

-No es como que vaya a echarte de su tienda con una patada- bromeó Celestia.

-¡Ho muchas gracias!- dijo con sarcasmo de sobra.

-De nada, ahora ven y ayúdame con estas cosas. Cuanto más pronto terminemos, más tiempo tendrás para planear qué le dirás una vez que vayas a su encuentro- dijo Celestia, poniendo su atención de regreso a la pila de documentos.

Luna suspiró en derrota y fue dónde su hermana.

-¿Crees que esté molesto conmigo?- preguntó, en un suspiro.

-Solo si no le gusta la idea de que lo ames-

-Pero él tiene ya tiene una pareja. Y aunque nada me haría más feliz que ser correspondida por Spike… No me gustaría saber que tuve que arrebatárselo a alguien más para tenerlo yo- confesó tristemente.

-Si es novia de Spike, dudo que sea la clase de poni a la que no soporta un poco de competencia. Tu solo concéntrate en ganar el afecto de Spike, querida hermana. El resto lo podremos resolver cuando regrese- dijo, calmadamente.

-… ¿Cómo que "Podremos"?- preguntó Luna, con una ceja en alto.

Celestia notó entonces que había dicho algo muy peligroso.

-Bueno, pues porque yo voy a ayudarte… A no ser que no quieras claro- dijo, improvisando una respuesta tan rápido como pudo.

Luna la miró sospechosamente unos momentos antes e sonreírle y frotar la cabeza contra el cuello de ella.

-¡Gracias Cel! Siempre puedo contar contigo- dijo Luna, felizmente.

Uff! Eso estuvo cerca. Suspiró Celestia

-Vamos Lú. Terminemos con esto y luego te ayudare a pensar en qué decirle a Spike cuando vayas a verlo-

-De acuerdo- concluyó Luna.


-¡Capitán! ¡Se acerca otra compañía detrás de esa montaña!- informó uno de los soldados a Spike, que se encontraba ocupado luchando cuerpo a cuerpo.

Al escuchar las noticias, lanzó una onda de choque contra los dos enemigos con que combatía y usó sus alas para saltar hacia done le había llamado el soldado.

-¿Cuántos son?-

-No menos de cien guerreros capitán. En formación estándar: Los bastardetes canijos delante, los grandulones detrás. Debemos hacer algo o nos aplastarán aquí- dijo, lleno de preocupación.

-¡Relájese soldado!- le reprendió.

-¡Damocles!- gritó Spike.

-¡Ordene, mi Capitán!- respondió al poco tiempo la serpiente azul, abriéndose paso entre los guerreros que marchaban al frente.

-Mueve a nuestros dragones con poder de tierra hacia el paso y levanten un muro y parapetos para nuestros hechiceros, antes de que el enemigo nos aplaste-

-¡Sí señor!-

-¡Murakumo! Junta a los hechiceros que necesites y prepárense para recibir a esos desgraciados con una nube de corrosión, para cuando derribemos el muro-

-Sí capitán- respondió el mago.

Murakumo, como Damocles había sido compañero de Spike en la academia militar de Shinto. Era un dragón blanco con escamas azules para el abdomen. Delgada figura y finas alas, armadas con pulgares en forma de garfios.

-¡El resto siga haciendo presión al frente!-

En segundos, se alzó una muralla de tierra y roca al costado de la compañía de Spike. Mientras que al frente sus soldados seguían tratando de parar el avance enemigo. Murakumo reunió cinco magos más y los juntó en equipos de tres, quienes unieron sus manos para generar una fluorescente esfera de energía verde.

-¡Ya están del otro lado!- gritó Damocles, mientras él y su equipo sostenían el muro.

-¡Reviéntenlo!- ordenó Spike.

Damocles y el resto de dragones que sostenían el muro, agitaron el cuerpo entero para luego alzar sus brazos (o colas en el caso de los dragones serpiente) contra el muro. El cual al instante reventó violentamente como si una docena de bolas de demolición se hubieran impactado en su contra. Lo que convirtió a los escombros del muro en trozos de metralla gigantesca que aplastó a los vampiros y demonios del otro lado.

-¡Nube de corrosión, ahora!- continuó Spike.

Murakumo y el resto de hechiceros movieron las esferas hacia los escombros como si presentaran un trofeo a un campeón, y de las esferas salió una tempestad de viento y agua como si un huracán les hubiese escupido con desprecio a los vampiros.

Al entrar en contacto con la roca, la carne y las armaduras por igual, la nube comenzó a derretir todo a su paso. Creando efectos devastadores sobre los enemigos que alcanzaba, como aquellos sepultados bajo los escombros, que ahora se derretía sobre sus cabezas.

-¡Capitán, destruyen nuestro flanco fro…- el soldado no terminó la frase, al atravesado por el aguijó de uno de los demonios.

-¡Todos! ¡Fuera brazaletes!- ordenó el dragón, al tiempo que casi se arranca el propio.

Todos sus subordinados, acataron la orden de inmediato. Spike abatió sus alas para dispararse hacia el contingente enemigo, aumentando de tamaño en pleno vuelo. Elevó su mano derecha hacia atrás y agitó el brazo como si hubiera lanzado una pelota de beis bol. Al frente de la fila enemiga, un demonio bajó la cabeza al ser golpeado por una fuerza demoledora que le partió contra el suelo.

En otro lugar más al corazón de la zona de guerra, Ragnarok estaba luchando al frente de su ejército contra las colosales bestias que desafíaban su avance hacia el corazón de Dammerung. Un descuido y el rey recibió un golpe en la cara. Otro en el estómago. En el pecho. Con cada golpe, el dragón era forzado a dar un paso atrás. Pero al momento de dar el cuarto golpe, el puño de la bestia se topó con la mano izquierda del rey.

Ragnarok lanzó un golpe directo a la manzana de Adán de su rival, que perdió las fuerzas al instante al ver bloqueadas sus vías respiratorias. Lejos de solarlo, Ragnarok clavó sus garras en el puño de su oponente como si fuera una manzana. Puso su mano derecha en forma de Shuto y con un golpe de gran fuerza sobre el hombro izquierdo de la bestia, le arrancó el brazo del cuerpo.

-¡No es tan fácil, amigo!- gritó, tomando en ambas manos el brazo que ahora le pertenecía, y lo usó como maso para golpear a su antiguo dueño en la cara.

-¡Sigan avanzando!- gritó a sus tropas.

-¡Mándenlos de regreso al Naraka!- continuó, poniendo su vista de regreso en el campo de batalla. Solo para ser golpeado por una esfera de energía púrpura, que le desgarra la piel al impactarse contra su hombro.

Distraído por el dolor y la sacudida del impacto, Ragnarok no logró advertir la segunda bola de energía que lo golpeó en el pecho que terminó por hacerlo caer sobre su espalda.

-¡Mi Rey!- escuchó gritar a uno de sus subordinados.

Ragnarok levantó la vista, viendo como una versión diabólica de un trol estaba a punto de caerle encima, solo para ser repelido por un relámpago azul.

-¡De pié Ragnarok!- gritó Ryujin, jalándolo para que se pusiera de pie.

-Gracias General-

-No subestimes al enemigo, Ragnarok-

Los soldados siguen luchando. Rugen y maldicen mientras agitan sus espadas, puños y fauces. Pero aunque la batalla se conserva con relativa equivalencia de fuerzas, a tempranas horas de la madrugada el enemigo emprende su retirada.

-¿¡A dónde y sin permiso marica de mierda?!- grita Agnus, al saltar sobre la espalda de uno de los demonios que intenta huir.

Toma a la criatura por los cuernos, y apoyando su pie derecho sobre su espalda jala con fuerza hasta que logra desprenderle la cabeza.

-¡Mayor! El Rey ordena que no ejecutemos persecución de los sobrevivientes- le grita un soldado.

Agnus mueve su brazo derecho como si levantara una pesa y del suelo brota un enorme pedazo de tierra. Otro movimiento de manos, como de alguien que quita la basura de la mesa de golpe y la roca se moldea como una púa. Agnus separa las piernas y lanza un golpe con la mano extendida y el puntiagudo proyectil sale disparado hacia la horda enemiga, atravesando a uno de sus miembros de lado a lado.

-Eso no fue persecución. ¿O sí soldado?- pregunta, sínicamente.

-¡No señor!- responde sin vacilar.

-Que los soldados regresen. Iré a ver a su majestad- dijo, emprendiendo vuelo al centro del frente donde estaría Ragnarok.

-Una vez más hemos vencido mi Rey- dijo el general Ryujin, al acercarse a Ragnarok.

-Los cronistas estiman que el ejército enemigo era de veinte dos mil soldados. Lo que significa que hemos ganado con una desventaja de aproximadamente dos mil guerreros. Lo felicito por guiarnos a otra gran victoria, majestad- acompañó Lord Zen.

-Gracias señores. Pero esta victoria Ikaruga se las debe tanto a ustedes como a mí. Como a cada uno de nuestros valientes guerreros… Que las tropas retrocedan y salgan del campo de batalla. Eliminen a los sobrevivientes enemigos. Nos encargaremos de la recolección de cadáveres cuando lleguen nuestros refuerzos-

-Sí señor- respondió Agnus.

-¿Celebraremos señor?- inquirió Azi.

-Hoy no. Lo haremos en dos días, cuando lleguemos a Treblinka y capturemos nuestra primer ciudad vampírica- respondió.

-Discúlpeme mi Rey. ¿Pero se encuentra usted bien?- preguntó Ryujin.

-¿Pero qué está diciendo general? ¡Claro que sí! Aún con su ventaja numérica y conocimientos sobre el terreno, hemos hecho retroceder al enemigo. Y como recuerdo de esta victoria me llevo barías heridas. Heridas menores que se desvanecerán para cuando enfrentemos otra batalla-

-A pesar de nuestra victoria, sufrimos muchas bajas esta noche. Nuestro flanco izquierdo recibió mucho castigo. A no ser que Equestria pueda enviarnos más tropas, recomendaría disolver la brigada ecuestre con las demás- dijo Azi.

-¿Cayó el Capitán Spike?- inquirió, preocupado por su ahijado.

-No señor-

-Bien… Esperaremos a ver si llegan más refuerzos ecuestres junto con nuestros generales. Mientras tanto prosigan según el protocolo. Rompan filas señores-

-¡Sí majestad!- gritaron todos.


-Ragnarok y sus aliados han salido victoriosos nuevamente- dijo alegremente Celestia, mirando al cielo desde la comodidad de su cama.

-Y Spike está a salvo… Tal como dijiste que lo estaría-

-¿Irás a visitarlo apenas se vaya a dormir?-

-No… No esta noche. Debe de estar muy cansado y… Alterado por la batalla. Mejor lo intentaré mañana-

-Si así lo deseas. Vámonos a dormir entonces. Ya es muy noche, y ni en tiempos de guerra nos podemos levantar tarde-

-Podríamos hacer que la noche durara más tiempo, para tener más horas de sueño- propuso Luna.

Era una broma claro.

-Lo discutiremos con el comité en la próxima junta- respondió Celestia, captando su humor.

-Descansa Celestia-

-Tú también Luna. Buenas noches-


Día 7 de la guerra

Al medio día y con la llegada de los refuerzos de Ikaruga, se había reunido un ejército de más de cincuenta mil soldados. Ragnarok se reunió junto a sus generales y miembros del mando para discutir como proseguiría la campaña, ahora que el ejército había cruzado las puertas de Dammerung.

-Mi división avanzará por el norte del país. Tomaremos la ciudad de Treblinka y luego seguiremos al pie de la cordillera y atacaremos Belzec, tomando además todos los pueblos en el medio. La división de la Generala Olakar avanzará por el centro del país. Atacarán Ravensbruck, donde establecerán el centro de control de nuestra campaña. Y desde ahí se coordinará el abastecimiento de nuestros recursos militares. El General Akuso y su división avanzarán por el este del país y tomarán posesión de cada ciudad y pueblo costero que encuentren. Cuando todo se haya completado, nos reagruparemos y atacaremos Sobibir, para después marchar a Lemegeton. Y si todo sale bien, estaremos de regreso en casa para celebrar antes de año nuevo- dijo, con optimismo Ragnarok.

-Los espías encontraron rastro de grupos rebeldes que se oponen al reinado de Mefisto. ¿Qué deberíamos hacer respecto a ellos majestad?- cuestionó la generala Olakar.

-Tenemos cosas más importantes que atender que un grupo de revoltosos y traidores. Sus razones para revelarse contra su rey no me interesan. Pero si pretenden interponerse en nuestro camino espero que les den el mismo trato que a cualquier enemigo- dijo Ragnarok.

-Entendido Majestad-

-Aun así, el enemigo posee la ventaja de conocer el terreno. Y aún con el elemento sorpresa, eso nos costó muchas bajas en la última batalla- dijo Azi.

-No fue un mayor conocimiento el que nos dio la victoria en nuestras últimas batallas- replico Agnus.

Fuera de la carpa donde se decidía el porvenir de la guerra, parado frente al campo de batalla, Spike contemplaba las evidencias de la guerra. La masacre.

-Por poco no salimos de ahí ¿Verdad?- inquirió Damocles, a su espalda.

-Fue estremecedor… Y grandioso al mismo tiempo. No me había sentido así desde mi boda- confesó Spike.

-Y que lo digas. ¿Dónde está Murakumo?-

-Rezando por la paz de los caídos. ¿Dónde más?-

-Típico. ¿Qué hay de ti, está bien?-

Spike levantó, su brazo derecho para mostrar sus vendajes.

-¿Solo eso? No seas llorón, para cuando lleguemos a la siguiente ciudad te habrás curado- replicó, Damocles.

-Quizás no debí venir después de todo- dijo, tallándose el brazo.

-Ho por favor. No te estarás haciendo ideas de que no vas a lograr sobrevivir a esta guerra- bromeó Damocles.

-Claro que no. Pero en batalla nada nos salva de un error. Un error es todo lo que necesito para ya no volver-

-¿Y por qué es tan importante que vuelvas? ¿Acaso no ansías encontrarte con Twilight en el otro lado?-

-… Olvídalo- dijo Spike, alejándose un poco de su amigo.

-¡Hey, hey, hey! Vamos viejo, soy tu cuate. Dime que pasa- cuestionó, juguetonamente.

-No es asunto tuyo- dijo Spike, poniéndose a la defensiva.

-Ho por favor. No vas a decirme que si no me detengo, no me harás tu testigo- bromeó.

Spike se detuvo en seco y sintió un desgarrador escalofrío subir por su espalda.

-¿Qué sabes de eso?- se atrevió a preguntar.

-Que Luna está loca por ti, papá. Y por lo visto ya te lo dijo. Muy bien. Y ahora son novios, debo suponer-

-…-

-… ¿Es en serio?-

Spike prosiguió su andar.

-¿La rechazaste?- preguntó con incredulidad.

-…-

-¿¡Estás loco?! A mí no me va el asunto trans especie, pero hasta yo sé que es hermosa. Y… Y además… ¡Es una diosa! ¡Y una princesa! Mejor boleto de lotería no te podrías haber sacado-

-Ya lo sé-

-Y tú y ella han sido amigos toda la vida. Es curso natural que alguno quiera que la relación avance a algo más-

-Ya sé-

-¿Y entonces?-

-Que yo ya tengo a alguien más- dijo Spike.

-¿En serio?... ¿Y cuándo pensabas contárselo a tú mejor amigo, exactamente?- renegó.

Spike siguió caminando en silencio.

-Hijo de puta…- dijo Damocles, cayendo en cuenta de los hechos.

-Y he ahí el dilema- dijo Spike, para confirmar las sospechas de su amigo.

-Wow… ¡Wow! El sol o la luna. Hoy te envidio más que ayer. Pero en verdad tienes un lío gordo, mi amigo-

-No tienes idea-

-¿Y le dijiste a Luna que no puedes estar con ella porque estás con su hermana?-

-No, no se lo he dicho. Celestia prefirió que lo mantuviéramos en secreto-

-Entiendo que quisiera mantenerlo en secreto para el público general, ¿Pero incluso a su hermana?- cuestionó, con una ceja en alto.

-Puede que sea una semi diosa, pero no es perfecta. Ella también puede equivocarse-

-¿Estás admitiendo que Celestia se equivocó?-

-Estoy diciendo que quizás no tomó el mejor curso de acción-

-Pues espero que logren arreglarlo Spike. Porque a Luna no la va a poner feliz enterarse que la rechazaste por su hermana mayor. Ni que se lo mantuvieron en secreto- advirtió Damocles.

-Ya déjame en paz y ve a molestar a alguien más-

-Como ordene, mi Capitán-

El resto del día el gran ejército no se movió. Se realizaron las labores de recolección de cadáveres y se enviaron a los guerreros caídos en caravanas de regreso a casa. El resto del ejército montó un campamento y con ayuda de los dragones con poder de tierra se edificó una muralla en todo el perímetro. No se celebró la victoria del día anterior, aunque eso no evitó que se brindaran algunas copas y se hicieran fiestas menores entre las compañías y escuadrones.

Spike prefirió irse a dormir temprano y pensar en lo que Damocles le había dicho. A pesar de solo ser un capitán, su particular puesto histórico le daba ciertos privilegios. Entre ellos su propia carpa.

Recargó su espada junto a la cama. Quitó la delgada sábana y se acostó.

-Tardaste más de lo que esperaba- dijo una voz.

Spiek saltó de la cama, y tomó su espadapara colocarse en pose de combate.

-¡Spike calma, soy yo!- dijo Luna, levantando las piernas delanteras como si fuera víctima de un asalto.

-¡¿Luna?!- preguntó, no pudiendo creer que ella estuviera ahí-

-¡S-sorpresa!- dijo tan inocentemente como pudo, mientras sonreía con incomodidad.

-¿Qué rayos haces aquí?- cuestionó inmediatamente el dragón, al comprobar que era ella.

-Decidí venir a darte una visita- respondió la princesa, como si fuera lo más natural del mundo.

Spike la miró estupefacto unos instantes antes de reaccionar.

-¡Estás loca!- gritó con desaprobación.

Lo que naturalmente hirió a Luna, aunque el dragón no pudiera verlo al instante.

-¡No es el lugar ni la hora para una visita amistosa! ¡¿Cómo se te ocurre escabullirte en un campamento militar de dragones en plena guerra?! ¡De haberte confundido con un espía, alguien podría haberte matado en el acto! Y además en cualquier momento el enemigo puede atacarnos. ¡Qué imprudencia la tuya de venir aquí!- la reprendió.

Terminado su regaño, Spike miró a la princesa. Labios temblorosos, casco derecho en el pecho con semblante de vergüenza, ojos entristecidos…

-Tenía deseos de verte- musitó débilmente la princesa.

El corazón de Spike se estremeció.

-Y además he estado muy preocupada por ti- continuó Luna, su dolorosa confesión.

-Pero supongo que tienes razón. Fue una idea estúpida el haber venido. No solo por lo peligroso, sino porque debí saber que no querrías verme después de ver cómo me comporté en nuestro último encuentro. Definitivamente, lo mejor será que me marche- razonó e voz alta la princesa, para después alzar la cabeza y encender su cuerno.

Detenla… Detenla… ¡No dejes que se vaya de esta manera!

-¡Luna espera!- gritó el dragón, acercándose a la princesa.

Lo que hizo a la princesa, parar el preparado de su hechizo.

-No te vayas. No hasta que me permitas disculparme- dijo Spike, subiendo la rodilla izquierda a la cama y apoyando sus dos manos en la misma.

-¿Disculparte tú?... ¿Por qué?- preguntó la princesa, llena de confusión.

-Por hacerte llorar- dijo solemnemente Spike.

Sin saberlo, esas palabras causaron en Luna efectos totalmente contrarios a los que él deseaba.

Luna se llevó la pezuña derecha al rostro y se talló el ojo. Lágrimas. Estaba llorando, no había duda. Y ni siquiera se había dado cuenta. Pero eso no era lo que preocupaba a la princesa, sino lo que significaba. Luna era una deidad, una princesa, una figura de gran sabiduría y poder; y lo más importante: La poni más digna de ser el gran amor de Spike.

La confianza en que había trabajado antes de ir ahí se desmoronó. ¿Por qué estaba llorando? ¿Por qué mostraba aquella debilidad frente al dragón? ¿Y cómo es que ni siquiera notó el momento en que empezó a hacerlo? Era algo deshonroso. Algo inconcebible. Y sin embargo estaba pasando. Ahí estaba la grande y única deidad de la luna llorando como una niña débil y patética. Ahora más que antes debía salir de ahí. ¡Debía escapar antes de avergonzarse aún más frente al dragón!

-No tienes nada de qué disculparte- dijo la princesa, apartando la mano extendida de Spike y preparando su hechizo de nuevo.

-Sí, sí tengo- insistió Spike, tomando a la princesa de su tobillo derecho.

-Spike, suéltame- dijo ella, intentando soltarse.

-Luna por favor escúchame primero- acercándose aún más a ella. Soltó su tobillo y la tomó por los hombros, mientras ella lo empujaba apoyando sus cascos en el pecho de él para alejarse.

-¡No! ¡Qué me sueltes te digo!- decía, mientras se sacudía tratando de liberarse y evitar los ojs del dragón.

-Luna tenemos que hablar de eso-

-¡No por favor! ¡Deja que me vaya antes de que…-

-¿Antes de qué?-

-¡De que haga algo estúpido que te aparte más de mí!- gritó la princesa.

-¡Pues hazlo entonces! ¿¡Qué me importa?!- respondió el dragón.

Esto detuvo la resistencia de la princesa, quien llena de confusión, volteó a ver al dragón a los ojos.

-¿Q-qué quieres decir?-

-Puedes hacer y decir todo lo que quieras para tratar de alejarme de ti. No importará. Yo volveré a acercarme a ti las veces que sea necesario- respondió con determinación.

-¿Por qué?- cuestionó, aún más confundida la princesa.

-Porque aunque no sea de la forma que tu quisieras. T-te amo. Te amo en verdad Luna. Y no planeo dejar de hacerlo. En especial cuando eso habría de lastimarte más de lo que ya he hecho-

La princesa lo miró profundamente a los ojos con un indescriptible sentimiento. Cerró los ojos con fuerza y apartó la vista del dragón.

-¿Luna?-

La princesa elevó nuevamente la vista. Esta vez con un obvio sentimiento de furia en sus ojos y en su torcida mueca. Abofeteó al dragón con gran fuerza. Solo para después, y como era de esperarse, abrazarlo y echarse a llorar en su pecho.

-¡Eres un idiota! ¡Eres un condenado estúpido!- maldijo la princesa, clavando su cara en la base del cuello del dragón.

Spike no pudo evitar sonreír. Abrazó a la alicornio en su pecho y la dejó llorar a placer. Llanto que lo lastimaba más que muchos de los golpes de los que había recibido ese día. Ver a una amiga sufrir por culpa de él, era un arma mucho más letal que cualquier otra cosa.

-Lo lamento. Lo lamento mucho. Perdóname por favor- susurró Spike, cunado el llanto de la princesa se convirtió en gimoteos.

Luna no respondió. Solo se acomodó para estar más cómoda, pero no se alejó ni un poco del abrazo el dragón. Spike no cuestionó el gesto de la princesa. Siguió abrazándola en silencio, mientras ella se tranquilizaba.

-Y-yo también lo lamento… Por comportarme c-como una niña- se disculpó Luna.

-Tienes derecho a enfadarte conmigo- respondió Spike.

-No, no es verdad. Sin importar porque motivos el caso es que perdí. Alguien más ganó tu corazón y tengo que aceptarlo. Es solo que… Yo de verdad creí que… Que tú y yo podríamos…- Luna se cubrió la boca y resistió las ganas de volver a llorar.

Spike la beso en la base de su cuerno y al abrazó con ternura.

-Ya no llores Luna por favor. Todo esto es mi culpa. Debí decírtelo desde un principio, pero mi pareja quiso que lo mantuviéramos en secreto de todo mundo. No debí de haber aceptado-

-Tu noviecita seguro quería pasar desapercibida de la competencia- dijo Luna. Notando poco después que su comentario había sobado mucho más despectivo de lo que había deseado.

-Luna-

-Lo siento. No… No debí de decir eso- se disculpó la princesa, volteándolo a ver al fin.

-Está bien, solo… No llores más por favor- dijo, tomando su rostro con su mano derecha.

Luna aspiró aire profundamente e intentó calmarse.

-Yo tengo la culpa de que estés así. A pesar de los riesgos y de la gran distancia has venido a visitarme. Y yo lo único que soy capaz de hacer es despreciar tu amistad y cariño de la forma más ingrata posible-

Luna guardó silencio y descansó su cabeza en el hombro izquierdo de Spike.

-Siempre… Desde el día en que te conocí tu amistad ha sido una bendición para mí. Perdóname si alguna vez te he tratado como menos que eso-

-Dime una cosa Spike- murmuró la princesa, abrazándose fuertemente de él.

-¿Consideraste alguna vez la posibilidad de que la bendición de mi amistad, pudiese convertirse en una bendición de romance? ¿De amor? ¿Nunca se te ocurrió que podrías bendecirme a mí con un regalo así?- inquirió Luna, sin levantar la cabeza de su posición.

Spike por supuesto no tenía ni idea de qué responder. ¿Cómo hacerlo? Por supuesto que había amado a Luna como a un miembro de su familia desde que era un niño. Incluso llegó a tener alguna que otra fantasía con ella. Igual que con su hermana. Pero igual que con su hermana nunca se imaginó a sí mismo, no seriamente al menos, en una relación romántica con ella. O con ninguna de las dos princesas, para el caso.

Más ahora sabía que dicha posibilidad existía. Después de todo estaba en una relación romántica con una de las princesas. ¿Pero entonces qué responder? Mejor aún ¿Qué era lo que Luna quería saber en realidad? Había hecho demasiadas preguntas.

-Nunca lo pensé hasta ahora Luna- respondió Spike, sin obtener mucha reacción de la princesa.

-Pero siempre he sabido que eres especial para mí. Y quiero que formes parte de mi vida por siempre. Así como que me dejes formar parte de la tuya. Y tal vez un día…-

¡Wow, wow! No tan rápido Spike. Se dijo a sí mismo, cayendo en cuenta de lo que estaba a punto de decir. Pero ya era muy tarde. La idea estaba suelta.

-¿Tal vez un día?- preguntó la princesa, como una niña ilusionada esperando recibir el regalo de Hearts and hoves day que esperó todo el año.

-T-tal vez un día…- trató de continuar.

-¿Podremos estar juntos?- terminó la frase por él, la alicornio. Deseando con todas sus fuerzas estar en lo correcto.

-S-s-sí. Tal vez un día podamos estar juntos- concluyó Spike.

Instantáneamente, Luna sonrió de oreja a oreja y abrazó al dragón con todas sus fuerzas.

-¡Ya lo dijiste! ¡Ya lo dijiste y no lo olvides! ¡Por que así será! ¡Un día al igual que yo, te darás cuenta de que somos el uno para el otro y viviremos felices para siempre!- gritaba llena de alegría e ilusión, sacudiendo con inusual facilidad al dragón como si fuera un peluche gigante.

Spike por supuesto, estaba completamente estupefacto.

-Verás que un día estaremos juntos- dijo Luna, una vez que terminó de sacudir a Spike.

-Pero por ahora vámonos a dormir. Que es muy tarde y de seguro estás muy cansado-

Eso finalmente sacó al dragón de su trance.

-¿Te quedarás a dormir aquí?-

-¡Claro! Es jueves de pijamada después de todo- respondió la princesa, separándose del dragón para recostarse sobre la cama.

Spike estaba a punto de protestar, pero la princesa se le adelantó.

-Y no me vengas con que no puedo dormir aquí porque ahora tienes novia. Que sin duda estuvimos durmiendo juntos en las últimas semanas, sin que tuvieras problemas-

Spike no estaba seguro de qué le daba más miedo. La repentina confianza de la princesa. O el hecho de que aquella verdad que acababa de decir no hiciera hervir la sangre de la deidad y lo agarrara a golpes.

-Además...-

Envolvió al dragón en un aura azul y lo obligó a recostarse junto a ella. Después se acercó y lo rodeó con su pierna frontal derecha y reposó la cabeza en su hombro.

-Tengas novia o no, ya sabes que los jueves por la noche me perteneces- proclamó.

Spike sintió el aura azul desvanecerse y recobrar la movilidad. Luna levantó el cobertor con su magia y los cubrió a ambos para que pudieran irse a dormir. Pero tal vez la falta de reacción del dragón, Luna verdaderamente se replantó si sería buena idea quedarse o no.

-Claro que si no estás a gusto o si no me quieres aquí, puedo marcharme- musitó la princesa, algo incómoda.

Spike no necesitaba escuchar nada más. Y aunque no supo si era por compromiso, por sucumbir a los encantos de la semi diosa, por el deseo de no hacerle más daño, o simplemente por el hecho de que para bien o para mal adoraba de su compañía; Spike rodeó a la princesa bajo la cintura y la atrajo más cerca de su lecho.

-Quédate por favor. Siempre he atesorado tu compañía-

Luna sonrió encantada. Estiró su cuello y besó al dragón en la mejilla.

-Como tú digas. Aunque está cama es algo incómoda- se quejó.

Iluminó su cuerno y el tieso colchón se volvió suave y flexible al cuerpo de los cuerpos del dragón y la poni.

-Mucho mejor Buenas noches Spike- dijo alegremente la princesa.

-Buenas noches Luna- respondió Spike, acompañándola a dormir.

Él arrullado por el movimiento y el aroma de los místicos cabellos de ella. Y ella arrullada por el palpitar del corazón de él.

Muy lejos de ahí y en la comodidad de su recámara, Celestia veía toda la escena con ayuda de su magia. Parpadeó sus ojos un poco para suspender el hechizo y soltó una pequeña risa.

-Ho Luna. Cómo te gusta hacer las cosas más difíciles de lo que necesitan ser- dijo en un tono tragicómico.

-Aunque sin duda eso es algo que tenemos en común. Menos mal que la Voluntad del Universo nos envió un dragón como Spike-

Celestia dio un gran bostezo y se acurrucó entre sus almohadas.

-Buenas noches hermanita. Buenas noches mi amor- murmuró para después dejarse caer en un profundo sueño.


La verdad es que quería hacer este capítulo mucho más largo. Pero el caso es que iba a ser demasiado largo… Y aunque no tengo fechas, si tengo costumbre de hacer una entrega mensual. Tendré que extender este arco a 4 capítulos. Dios me ampare.

¡Tenemos más del romance con Luna! Y más violencia indiscriminada, como Dios manda. Más de estos dos platillos en el próximo capítulo. Y la mejor parte es que ninguno se va a resolver por las buenas.