Capítulo 11

Aclaraciones: Inuyasha y sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi.

Verdad

Aquella mañana Rin despertó feliz, luego de desayunar con Sesshomaru, recibió una llamada de Kagome, recordándole que se reunirían en la mansión, para ir a almorzar los cuatro juntos, le informó que ella e Inuyasha llegarían a las 11:00, para luego pasar por Sesshomaru. Rin asintió feliz, le gustaba mucho pasar tiempo con ese par, lograban menguar sus miedos e inseguridades.

Mantenía su celular en una mano, jugando con sus dedos, cuando el sonido de golpes en la puerta la asustó de tal forma que lo tiró, cayendo este debajo de la cama.

— Rayos — Musitó — Intentó recoger el aparato, pero los golpes en la puerta se reanudaron.

— Rin, tu profesor está aquí, dice que te trae algunos libros que debes leer.

— Gracias Kanna — Abrió la puerta y le sonrió a su amiga. Ya después se encargaría de recoger su celular.

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Eran las 10:00 de la mañana, y Abi se dirigía hacia la mansión Taisho. Según la información reunida por el investigador, a esa hora Sesshomaru ya se encontraba en la empresa, así que podría hablar con su rival sin ser molestadas.

— Aquí es señorita — Le anunció el conductor del taxi, al tiempo que se estacionaba frente a la mansión.

Abi le pagó y bajó del auto, caminó hasta la entrada y luego tocó el timbre.

— Buenos días, ¿Qué se le ofrece? — Habló Suikotsu del otro lado del intercomunicador.

— Buenos días, ¿ Se encuentra la señorita Rin?.

— Sí.

— Dígale que Abi Taka, desea hablar con ella.

— Espere un momento — Suikotsu se retiró en busca de Rin.

— Oye Rin — La aludida se encontraba estudiando en la sala.

— Dime Suikotsu — Levantó la mirada de sus libros, para posarla en el mayordomo.

— Te busca una tal Abi Taka, ¿La dejo entrar?

— Abi Taka — Repitió extrañada — No conozco a nadie con ese nombre, pero sí, déjala pasar, veré que desea.

Suikotsu asintió y le permitió la entrada a Abi — La señorita la espera en el despacho, permítame escoltarla.

Abi hizo un asentimiento con la cabeza. Al ver que Suikotsu le daba la espalda, hizo una mueca de desagrado, detestaba que trataran a Rin con tanto respeto, como si fuese demasiado importante en esa casa, pero ya ella se encargaría de cambiar eso.

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Suikotsu le abrió la puerta, permitiéndole la entrada, Rin se encontraba sentada en uno de los sillones, al verla se puso de pie.

— Buenos días — Hizo una pequeña inclinación con la cabeza — ¿En qué puedo ayudarla?.

Abi la analizó con ojo crítico, era bonita debía admitirlo, pero demasiado común para siquiera competir con ella — Buenos días, mi nombre es Abi Taka, y soy la ex novia de Sesshomaru — Soltó sin más, sería directa, odiaba perder el tiempo.

Rin quedó de piedra al escucharla, la miró desconcertada — ¿Qué… qué es lo que ha dicho?

— Que soy la ex novia de Sesshomaru — Repitió con una sonrisa altanera — Y he venido aquí para contarte nuestra historia — La más joven se dejó caer con pesadez en el sillón, que minutos antes ocupaba, y Abi la imitó — Bien, creo que comenzaré contándote que nos conocemos desde los 12 años, y que fuimos novios durante 4 años, cuando los Taisho vivía en Alemania. Estudiamos en el mismo instituto, y nos hicimos muy unidos casi al instante, y en poco tiempo nos enamoramos. A los 14 nos hicimos novios, nos amábamos como no tienes idea.

Rin se puso roja del coraje, no tenía porqué estar escuchando eso. No conocía a esa mujer, y no tenía porqué creerle. Se levantó de golpe para pedirle que se marchara, pero Abi intuyendo sus pensamientos sacó una fotografía de su cartera, y se la extendió para que la tomara.

La más joven palideció al instante, en aquella imagen se podía ver claramente a un Sesshomaru adolescente, y a una mujer de igual edad, sumamente hermosa. Eran ellos no cabía duda.

Sintió una presión en su garganta y un nudo en su estómago. Sus ojos le comenzaron a escocer, pero no lloraría, no frente a esa mujer.

— Espero que ahora me creas — Sonrió con burla — Como te decía, nos amábamos y pensábamos en casarnos, pero Sesshomaru no quería tener hijos, y yo tenía esa ilusión, soy hija única así que desde pequeña desee tener una familia numerosa, se lo dije a Sesshomaru cuando me pidió que nos comprometiéramos, pero él se negó, y yo me sentí herida, entonces me pidió que escogiera, mi deseo de ser madre o a él, y tontamente escogí esa ilusión, él se enojó, terminó conmigo y poco tiempo después regresaron a Japón. No lo había visto desde entonces, hasta hace dos semanas.

Rin que había permanecido con la mirada clavada en la fotografía, la levantó súbitamente — Dos semanas, ese era el tiempo que tenía Sesshomaru comportándose extraño. No tenía que ser un genio para imaginar la razón.

Abi sonrió victoriosa al ver la mirada de dolor de la más joven — Así es, nos hemos estado viendo estas semanas, casi todos los días, y queremos retomar nuestra relación.

— Mientes — Espetó, levantándose del sillón, y apretando los puños a sus costados — Sesshomaru me quiere — Dijo con la voz temblorosa, a causa del llanto que peleaba por salir.

— Oh claro, él siente cierto aprecio por ti, o tal vez es lástima, por eso aún no te ha echado de aquí — El veneno en su voz era palpable para Rin, pero no por eso menos cierto.

Entonces sintió como su corazón se partía en mil pedazos, Sesshomaru no la amaba de verdad, estaba con ella por lástima, por ser la pobre niña huérfana, no, no podía ser, Inuyasha le había dicho claramente que él no era de ese tipo de personas, que se compadecía del prójimo, así sin más, ella era especial para él, estaba segura de ello. Sintió renovadas fuerzas, y se limpió algunas lágrimas que escaparon de su control — No le pienso creer nada, tal vez usted sí fue el gran amor de Sesshomaru, tal vez aún lo sea, pero él siento algo por mí, le importo, estoy segura.

Abi sonrió — Muy bien, si estás tan segura entonces llamalo, que te diga delante de mí que todo lo que te he contado es falso — Le retó y la joven aceptó, segura del cariño del ambarino.

Marcó desde el teléfono de la casa. Al segundo timbre el ambarino contestó.

— Alo.

— Hola Sesshomaru — Intentó que su voz sonara normal — Disculpa por interrumpir tu trabajo, pero quería saber si podrías venir un momento a la casa, necesito hablar algo contigo.

— ¿Sucede algo malo? — La cuestionó.

— No, nada de eso — Mintió — Es que debo decirte algo importante, es todo.

— Muy bien, estaré allí en un momento.

— Te lo agradezco.

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Después de la llamada ambas mujeres se sumieron en un tenso silencio. Rin le había pedido a Suikotsu, que le dijera a Sesshomaru que lo esperaba en el despacho, pero que no avisara de la presencia de Abi.

Él solo asintió, aunque le pareció muy extraña la petición de la joven.

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La puerta del despacho se abrió lentamente, dejando ver la alta figura de Sesshomaru. Ambas mujeres miraron en su dirección, él por su parte se quedó estático observándolas. Rin lo miraba con profunda tristeza, se notaba por sus ojos enrojecidos que había llorado, nuevamente esa sensación de malestar lo invadió, le había vuelto a hacer daño a quién no se lo merecía.

Por su parte Abi mantenía una sonrisa que lo asqueaba, era como si todo aquello fuese de lo más normal.

— Bienvenido Sesshomaru — Abi avanzó hasta él y le dio un corto beso en los labios. El ambarino no le correspondió, pero tampoco lo rechazó — Vine a contarle a Rin sobre nuestra relación, tranquilo querido, ella ya sabe todo — Sonrió.

La mas joven, sintió como su corazón terminó de romperse, había guardado la esperanza de que esa mujer estuviese mintiendo, que Sesshomaru la amaba y no sería capaz de engañarla, pero ese beso rompió toda su ilusión, él no lo había rechazado y eso era más que suficiente para ella.

Pasó por el lado del ambarino sin detenerse siquiera a pedir una explicación, o gritarle que era un desgraciado por haber jugado así con sus sentimientos, no, lo único que hizo fue salir de allí prácticamente corriendo, conteniendo su llanto, no le iba a dar el gusto a él de verla llorar, ya bastante se había burlado de ella.

Se dirigió hacia la puerta, necesitaba salir de esa casa lo antes posible, pero antes de tocar el pomo esta se abrió — Rin — Inuyasha la miró con una mueca de sorpresa, que rápidamente fue sustituida por una de preocupación.

— Sácame de aquí, por favor — Pidió en tono de súplica.

— ¿Que te sucede Rin? — La tomó por los hombros, intentando hacer que se calmara.

— Por favor, por favor — El llanto no cesaba, cada vez hipaba más fuerte, y había comenzado a temblar a causa de este.

— Inuyasha, ¿Por qué te quedaste allí parado? — Le preguntó Kagome, que venía detrás de él — Rin — Exclamó asustada al ver a la más joven llorando a mares.

— Vámonos Kagome — El ambarino menor, apresuró a su novia para que se diera la vuelta e irse de la mansión.

Llegaron al auto del joven, Kagome decidió sentarse atrás junto a Rin, para así intentar calmarla.

— ¿Qué fue lo que te sucedió Rin? ¿Quieres que te llevemos con Sesshomaru?

La sola mención de su nombre la hizo llorar más — No, no quiero verlo, nunca más — Susurró.

La azabache la miró sorprendida — ¿Por qué dices eso? — Le acarició el cabello, de forma maternal.

— Él… él me engañó… está… con otra persona — Hipó.

Inuyasha frenó de repente , haciendo casi estrellarse a sus acompañantes contra el asiento delantero, y ganándose una mirada fulminante por parte de su novia — ¿QUÉ CREES QUE HACES? ¿QUIERES MATARNOS? — Vociferó.

— ¿Qué fue lo que dijiste Rin? — El menor de los Taisho ignoró los gritos y reprimendas de su novia, y se concentró en lo dicho por la más joven.

Kagome detuvo sus reclamos y le prestó atención a su amiga, quien tomó una gran bocanada de aire, intentando calmar sus sollozos, y comenzó a relatar lo que minutos antes había vivido.

— Hace más o menos una hora, llegó a la mansión una mujer que pidió hablar conmigo, nunca la había visto, pero ella parecía conocerme, me contó que era la ex novia de Sesshomaru, y que desde hace dos semanas retomaron su relación.

Kagome la abrazó, mientras las lágrimas volvían a inundar sus ojos.

Inuyasha apretó con fuerza el volante, sentía como la ira recorría todo su cuerpo — Maldito — Masculló furioso — ¿Quién es esa mujer? — Escupió con desprecio la pregunta, al tiempo que se giraba, para poder mirar a Rin a la cara.

— Su nombre es Abi Taka, me dijo que ella y Sesshomaru habían sido novios cuando vivían en Alemania, y que iban a casarse.

Inuyasha abrió sus ojos desmesuradamente — Abi — Repitió incrédulo.

— ¿La conoces? — Preguntó la Higurashi.

Inuyasha frunció el ceño — Sí, ella dijo la verdad, era la novia de Sesshomaru, pero inesperadamente terminaron su relación, él nunca dijo la razón, y bueno ella y yo no éramos precisamente amigos, así que tampoco le pregunté nada.

— Él no quería tener hijos — Susurró la joven con la voz rota. Ganándose nuevamente la atención de la pareja — Ella me contó que quería ser madre, pero que Sesshomaru se oponía, y le pidió que escogiera entre él y su deseo de ser madre, y ella… . decidió terminar la relación.

— Sabía que Sesshomaru era un idiota, pero nunca pensé que tanto — Inuyasha apretó los dientes.

— Pero dijo que se arrepentía de su decisión, y que ahora no le importaba el hecho de no tener hijos, que prefería estar con él, y por lo que pude ver él también desea seguir a su lado. Cuando llegó ella lo besó y le dijo que me había contado todo, y él ni se inmutó, me vio salir corriendo, y no me detuvo — Hipó — Eso es más que suficiente explicación para mí, él la prefiere.

— Que mujer más desagradable — Murmuró Kagome — Ahora entiendo por qué no quieres verlo — Abrazó a su amiga — Sesshomaru es un desgraciado.

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Abi sonrió victoriosa al ver a Rin salir disparada del despacho — Oh pobrecita — Dijo con falsa pena — Pero era mejor que supiera la verdad ahora, antes de seguir haciéndose ilusiones — Levantó la mano para acariciar la mejilla masculina, pero fue rechazada de un manotazo. Miró al ambarino sin comprender, topándose con la mirada más gélida de su repertorio — Pero.. ¿Qué es lo que te sucede?

— No vuelvas a tocarme — Gruñó — Ahora lárgate, no quiero verte.

— ¿Qué? — Abi le dirigió una mirada indignada, pero él no cambió sus semblante — Entiendo — Espetó — Pero esto no se quedará así, te lo aseguro — Salió dando un portazo.

Al verse solo en la estancia, el ambarino masajeo su sien, le empezaba a doler horrores la cabeza — Rin — Tenía que salir a hablar con ella, explicarle el porqué de su comportamiento, decirle que Abi no significaba nada para él, o bueno nada comparado con el amor que sentía por ella. La amaba a ella y no quería perderla.

Salió rápidamente hacia su habitación, encontrándola vacía, bajó con prisa las escaleras, encaminándose hacía la antigua recámara de la joven, pero se encontró a Suikotsu en la sala — ¿Has visto a Rin? — Preguntó un tanto agitado. El mayordomo se extrañó de esa actitud tan impropia en él, siempre parecía una pared de hielo impenetrable.

— No señor, no la he visto.

— Kanna la vio irse con el joven Inuyasha, y la señorita Kagome — Se escuchó la calmada voz de Kaede, que venía de la cocina.

— ¿Inuyasha? ¿Que hacía su estúpido hermano allí? —Sin mediar más palabras, salió de la mansión rumbo al apartamento del menor de los Taisho.

Tomó su celular, debía llamarlo para confirmar que estaba en su apartamento, y lo más importante, que Rin estaba con él.

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— Guarden silencio, el idiota está llamando — Les anunció Inuyasha.

Rin tembló — No le digas que estoy con ustedes, por favor — Suplicó.

Él asintió — Aló.

— ¿Dónde está Rin?

— ¿Rin? ¿De qué estás hablando Sesshomaru?

— No te hagas el idiota — Siseó — Te vieron salir con ella de la mansión.

— Maldición se dijo. Y ¿Qué si es así?

— Dime dónde está — Exigió.

— No tengo porqué darte explicaciones — Gruñó.

— Te lo advierto Inuyasha — Habló con voz sombría.

— Ja, tus amenazas no me asustan, déjala en paz, ella no quiere saber nada de ti después de lo que le hiciste — Cerró la llamada.

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Sesshomaru sintió el enorme impulso de lanzar su celular por la ventana del auto, pero se contuvo, maldijo a Inuyasha, era la única persona que se atrevía a hablarle de esa forma — Bueno, por algo es tu hermano menor — Le recordó su conciencia.

Bufó irritado, ahora tendría que ir hasta el apartamento de su "hermanito", y sacarle la información que quería por las buenas o por las malas.

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Inuyasha respiraba de forma agitada, mientras apretaba con demasiada fuerza su celular — Estúpido Sesshomaru, siempre tan autoritario — Dijo entre dientes.

— ¿Que te dijo? — Lo cuestionó Kagome.

— Me exigió que le dijera dónde está Rin — Contestó molesto.

La menor se apretó más al cuerpo de su amiga, que aún la mantenía abrazada — Tranquila — Le susurró — ¿Cómo se enteró que está con nosotros? — Lo cuestionó confundida.

— Tal parece que uno de los empleados la vio salir con nosotros — Bufó fastidiado.

— Entonces no podemos llevar a Rin al apartamento, tenemos que buscarle otro lugar para que se quede.

Él asintió — Ya sé a dónde iremos — Ambas lo miraron con interés — A unas cuadras de nuestro apartamento hay un edificio de alquiler, allí te quedarás hasta que consigamos otro lugar.

— Buena idea Inuyasha — Sonrió Kagome.

— Te lo agradezco mucho, no tienen por qué tomarse tantas molestias por mí — Lo miró apenada.

— Feh, no digas tonterías chiquilla.

Rin esbozó una pequeña sonrisa. Estaba tan agradecida de tener amigos tan buenos como ellos, entonces recordó a sus compañeros de la mansión, se había ido sin despedirse, sin darles una explicación. Busco su celular en el bolsillo de su pantalón, y cayó en cuenta de que no lo había sacado de debajo de la cama — Oh no, y ahora ¿Cómo se comunicaría con ellos?. No recordaba muy bien el número de la mansión, o de los celulares de sus amigos — Suspiró con pesadez — Bueno, ya luego le pediría a Inuyasha que se lo diera.

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Llegaron al edificio de apartamentos, era sencillo, pero se veía cómodo. Inuyasha habló con la encargada y rentó uno, le entregó las llaves a Rin al tiempo que la mujer los conducía hacia el lugar.

Era amplio y cómodo — ¿Te gusta? — Le preguntó Kagome.

— Sí, muchas gracias.

— ¿Crees que estarás bien sola o… ?

— Tranquila Kagome, estaré bien — Tomó las manos de la mayor entre las suyas.

— De acuerdo — Le sonrió.

Inuyasha sólo asintió.

— Por cierto, me gustaría saber si pueden traerme mis cosas, están en mi antigua habitación, le pueden pedir a Sango, Kanna o la señora Kaede que le ayuden, también mi celular se quedó en la mansión, pero en la habitación de… de él — Desvío la mirada cargada de tristeza.

Kagome colocó una mano sobre su hombro — Claro que sí Rin, pero creí que tu ropa estaba en la habitación que compartías con mi cuñado.

— Así es — Limpió una traicionera lágrima — Pero todo lo que estaba allí me lo compró él, así que no quiero nada de eso, prefiero mi antigua ropa, la que compré con mi trabajo — Dijo con decisión en su voz.

— Te entiendo — Kagome sonrió y la abrazó.

— No te preocupes chiquilla — Revolvió sus cabellos — Todo va a estar bien — La aludida lo abrazó, ante la mirada sorprendida de Inuyasha — Oye, no hagas eso — Se sonrojó — Rin se apartó y le pidió disculpas con una inclinación de cabeza — Será mejor que te enviemos tus cosas, porque Sesshomaru puede seguirnos — Mencionó para relajar la incomodidad que se había instalado en el ambiente. Ella asintió — Volveremos cuando sea más seguro, ah lo olvidaba, pagué tres meses de alquiler, así que podrás estar tranquila durante algún tiempo.

— No, no tenías que molestarte. Yo.. Prometo que te lo pagaré, conseguiré un trabajo pronto — Aseguró.

— Sí, sí como quieras, ahora vete a descansar — Volvió a revolverle los cabellos, logrando que sonriera — Buenas noches.

— Buenas noches Rin — Kagome la volvió a abrazar y depositó un pequeño beso en su mejilla.

— Buenas noches, y gracias por todo.

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Cerró la puerta tras de sí, y se dejó caer pesadamente al piso. Había estado aguantando sus lágrimas por demasiado tiempo. Lloró hasta el cansancio, durmiéndose allí en el frío piso, recostada a la puerta.

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Al llegar al apartamento, lo primero que notó la pareja fue la presencia de Sesshomaru, recostado a la pared, con los brazos cruzados sobre su pecho, y los ojos cerrados.

Kagome posó una mano sobre el hombro de su novio, él la observó por el rabillo del ojo.

— Tranquilo — Susurró.

Él avanzó hasta quedar frente a su hermano, que lo miraba con el ceño fruncido, y sin previo aviso le asestó un golpe en la mejilla, provocando que el mayor retrocediera varios pasos, a causa del impacto.

Un hilillo de sangre escurrió por su quijada. Se la limpió y esbozó una media sonrisa altanera.

— SESSHOMARU NO — Intentó detener a su cuñado, pero ya le había propinado un golpe, que lo envió al piso.

— ¿Dónde está? — Espetó.

— No te lo diré — Siseó, mientras se ponía de pie, y limpiaba la sangre de su mejilla — Eres un maldito, no sé cómo pudiste hacerle eso a Rin — Se acercó peligrosamente al mayor, con la clara intención de volver a golpearlo, pero Kagome se colocó en medio de los dos.

— Basta, a ambos — Los miró con el ceño fruncido — Sesshomaru, Rin no quiere verte por el momento, está muy herida. Te pido que por favor le des tiempo, espera a que se calmen las cosas, te prometo que cuando eso pase yo misma te llevaré con ella.

— ¿Pero qué dices Kagome?, Este idiota ya le ha hecho suficiente daño.

— Inuyasha — Lo reprendió — Ellos deben hablar.

El ambarino mayor sopesó la idea por un momento, luego le asintió a su cuñada, y se marchó en silencio.

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— No debiste prometerle eso — Frunció el ceño.

— Rin será la que decida, si desea hablar con él o no. Ya tranquilízate por favor, sólo lo dije para que no siguieran con esta pelea absurda, y ahora entra que debo curarte esa herida — Bufó molesta.

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No supo cuánto tiempo pasó allí recargada contra la puerta, pero cuando abrió sus ojos ya la tarde comenzaba a morir, se levantó con pesadez, sus músculos dolían como si le clavaran agujas. Ahogó un gemido de dolor cuando por fin pudo ponerse de pie.

Se sentó en un pequeño sofá, y su estómago rugió, recordándole que no había probado bocado desde el desayuno.

— Creo que debo preguntar donde queda una cafetería cercana.

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Su estómago tenía hambre, pero su garganta por alguna razón no le permitía tragar los alimentos. Era una lucha titánica, y su garganta ganó la batalla.

Ya la mañana se levantaba en todo su esplendor, y la historia de la tarde anterior se había repetido, muy poco era lo que lograba comer, sentía muchas nauseas, y la presión en su pecho parecía querer aplastarle los pulmones.

— Señorita Rin — La voz de la encargada del edificio la sacó de su tren de pensamientos.

— Sí, dígame señora Minamoto.

— Acaba de llegar una maleta para usted — Se la acercó.

— Muchas gracias — Sonrió.

— De nada jovencita — Le devolvió la sonrisa.

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— Inuyasha ¿Ya le enviaste la maleta a Rin?

— Sí, hace un rato fui.

— ¿No te encontraste con Sesshomaru?

— No, esperé a que saliera de la mansión, como me sugeriste — Hizo una mueca de fastidio.

— Me alegro, porque conociéndolos de seguro terminarían peor que ayer.

— Feh, no exageres mujer.

Kagome iba a refutar, pero el sonido de su celular la detuvo, se fue hacia la habitación a contestar, al regresar venía sollozando.

— ¿Qué sucede Kagome? — La miró preocupado.

— Mi abuelo — Logró decir entre hipidos — Mamá acaba de llamarme, me dijo que mi abuelo sufrió un accidente, está en el hospital.

— ¿Qué? — La miró sorprendido — ¿Pero cómo pasó eso?

— Iba en el auto con mi hermano, y chocaron, él está bien, pero mi pobre abuelo — Volvió a sollozar.

— Tranquila, ya verás que estará bien. Comienza a empacar, hoy mismo regresamos a Nueva York.

Kagome asintió — ¿Pero que va a pasar con Rin?

— Tú ocúpate de empacar, yo iré a verla.

— Pero Sesshomaru…

— Yo me ocupo de eso, has lo que te digo — Le dio un corto beso.

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Rin se dirigió a la puerta al escuchar un par de golpes en esta.

— Hola Rin.

— ¿Inuyasha? — Lo miró extrañada — ¿Eres tú?

— Claro chiquilla, me tuve que disfrazar por si Sesshomaru estaba vigilando — El ambarino se había colocado una peluca negra y lentes de sol.

— Entiendo — Le abrió la puerta para permitirle el paso — Gracias por enviarme la maleta, pero no encontré por ningún lado mi celular.

— Kanna y Sango lo buscaron donde me dijiste, pero ya no estaba, lo más probable es que Sesshomaru lo tenga.

La morena se mordió el labio inferior — Ya veo, ¿Como están en la mansión?, Deben haberse enojado conmigo por marcharme sin despedirme.

— Están bien, aunque sí, les duele tu partida tan inesperada, entiende el porqué lo hiciste. Te envían muchos saludos, y piden que te comuniques con ellos apenas te sea posible.

— Me alegra saber que no están enojados conmigo, los quiero mucho, son como mi familia.

Inuyasha asintió — Oye Rin, tenemos que volver a América hoy mismo.

— ¿Qué?, ¿Pero por qué? — Lo miró asustada.

— El abuelo de Kagome sufrió un accidente y está en el hospital, su madre la llamó hace poco para avisarle.

— Oh por Dios. Entiendo Inuyasha, no te preocupes por mí, dile a Kagome que le envió mis mejores deseos a su abuelo, y que muchas gracias por todo lo que ha hecho por mí.

— Se lo diré, toma — Sacó dinero de su cartera — Con esto podrás mantenerte por un tiempo, hasta que consigas trabajo — Lo extendió hacia la joven.

— No, no puedo aceptarlo — Negó con la cabeza — Ya has hecho demasiado.

— No seas testaruda chiquilla, tómalo como un préstamo entonces — Sonrió.

— De acuerdo — Aceptó resignada y tomó el dinero. Se acercó y le dio un pequeño beso en la mejilla — Gracias, eres como el hermano que siempre desee tener.

Él sólo sonrió y le revolvió los cabellos — Aquí está mi número del apartamento en América — Le dio un papelito — Llama por cualquier cosa que necesites, yo te llamaré al teléfono de la encargada, hasta que compres otro celular — Ella asintió — Cuidate mucho — Sonrió para luego marcharse del apartamento.

Cuando se vio sola en la estancia, sintió una profunda soledad, sólo comparada a los días en que vivía en la calle — Tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte — Se repetía una y otra vez, para darse ánimos.

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Dos semanas pasaron y la morena se sentía igual de triste, y para colmo su cuerpo se había vuelto en su contra. Las náuseas se intensificaron, ahora acompañadas con vómitos y mareos — Genial ahora estoy enferma — Se dijo con sarcasmo — Mi cuerpo está tan loco que ni siquiera me ha venido mi período — Masculló — Un momento — Detuvo en seco ssus pensamientos — No, no puede ser Rin, eso es una locura, no puedo estar..

Dejó su desayuno a medio comer, y salió disparada hacia la farmacia. Al llegar a su habitación le temblaban las manos y las piernas, entró al baño y sacó la prueba de la pequeña cajita, realizó el procedimiento que indicaban las instrucciones, a los 5 minutos tomó la prueba con los ojos cerrados.

— Por favor, por favor, por favor, que sea negativo — Abrió los ojos y la prueba cayó de sus manos al tiempo en que las lágrimas resbalaban por su rostro — No puede ser — Susurró.

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Agradecimientos especiales a: Indominus Dea, Karla-tsuki, gcfavela, Cleoru Misumi, jezabel, Serenity usagi

Hola, mis hermosas lectoras.

He aquí un nuevo capi, uf me costó un mundo escribirlo entre una cosa y otra, pero en fin lo importante es que está listo, espero sea de su agrado ^_^

Abi es una maldita, mira que decirle todo eso a Rin, sembrarle la duda, y Sesshomaru es un idiota, quedarse allí sin desmentir a la bruja, sabiendo el sufrimiento de Rin.

Ame a Inuyasha en este capi, es como el hermano mayor que cuida de Rin, y se fue hasta a los golpes con Sesshomaru por defenderla.

Sé que me han pedido que no haga sufrir mucho a Rin, pero es necesario para la trama del fic, les prometo que será solo en este y el capi siguiente, de allí en adelante las cosas mejoraran para ella. Prometido.

¿Estará embarazada? Rayos y ¿Sesshomaru qué dirá cuando se entere? Él que es anti bebés. Uf la cosa está complicada.

Deseo les guste el capi, por favor dejenme sus comentarios, me interesa mucho su opinión.

Hasta la próxima.

Besitos.