Disclaimer: No me pertenence ninguno de los personajes de esta historia.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Buneo, yo acá de regreso con el capítulo 11 de "Últimos suspiros" y más que feliz de ver que me dejaron tantos reviews. Supongo que esperaban algo más de ShikaIno en la historia... bueno acá hay un poquito más, espero que les guste. De verdad. En fin, quería... ya saben... decirles gracias. Como siempre, enserio me animaron mucho y me puso realmente muy contenta saber de ustedes. Por lo que ¡gracias! por todo, saben que sus comentarios siempre me ayudan muchísimo, para darme una idea de que esperan de la historia, qué les parece hasta el momento, qué debería mejorar y demás. Ya saben, todo comentario ya sea crítica u opinión es válido y para mi muy valioso, así que no duden en hacerme saber lo que esté en sus cabezas. Aunque saben que con solo tomarse la molestia de leer me hacen feliz :) (Jaja, soy fácil de complacer) De todas formas ¡Gracias! Por leer, el ánimo que me dan y los reviews que me dejan ¡Mil gracias! Espero que el capítulo les guste... ¡Nos vemos y besitos!
Últimos suspiros
XI
"Brusco despertar y dulce descansar"
Lentamente abrió los ojos, sintiendo los párpados pesados de tanto llorar. Seguramente estarían enrojecidos e hinchados. Sin embargo no le dio importancia e inmediatamente intentó incorporarse. Notando al instante que un brazo, obviamente masculino, la tenía aferrada por la cintura desde atrás. Por un instante entró en pánico, contemplando la mano sobre su delgada figura, pero finalmente se tranquilizó. O intentó hacerlo, dada las circunstancias de los hechos.
Así lentamente volvió a recostarse, una vez más de espaldas contra el desconocido que la abrazaba. Notó al instante que sus ropas mojadas ya no estaban, en su lugar había una amplia remera que reconoció al instante.
—Shikamaru... —murmuró para sí, alarmándose de repente. No supo porque pero la idea de alguien desconocido la había mantenido incluso más calma que el saber que Shikamaru era quien estaba en su cama. Y el calor la invadió, podía sentir la temperatura acumularse en sus mejillas mientras los alterados latidos de su corazón golpeteaban furiosos contra su pecho.
Nerviosa, una vez más descendió la mirada por su cuerpo. Levantando levemente las sábanas para contemplar que la remera que la vestía cubría solo hasta el inicio de sus piernas. Entonces comprendió, Shikamaru debía estar desnudo del torso para arriba. Y ante la imagen no pudo evitar sino sonrojarse aún más, y sentir un extraño revoltijo en el estómago. Como un cosquilleo incontenible.
Así que tomó aire, y finalmente decidida se giró con cuidado para enfrentarlo. La imagen con que se encontró no era en nada similar a la que había imaginado en su cabeza, a pesar de conocer el rostro del moreno que se encontraba con ella desde que eran niños, jamás lo había visto de aquella manera. Por supuesto lo había visto dormir antes, de hecho ellos dos ya habían dormido juntos en varias ocasiones. Sin embargo, esta vez, la situación parecía diferente ¿Qué había cambiado? No lo sabía. Pero lo cierto era que no podía dejar de contemplarlo, a pesar de tener su rostro a no más de cinco centímetros de distancia.
Entonces las pestañas de él oscilaron levemente.
—Mmm... —y con cautela abrió los ojos, sólo para encontrarse con la mirada de Ino. La cual inmediatamente se incorporó, acaparando las sábanas y aferrándolas contra su cuerpo.
—Shikamaru —advirtió en tono peligroso, el moreno la miró con clara incredulidad.
—¿Qué? Ino yo...
—¡Mas te vale tengas una explicación para esto! —chilló molesta. Aunque realmente no estuviera enfadada, sino avergonzada y extrañamente incómoda—. Y el porque no tengo mis ropas.
—Te juro que no miré —se defendió rápidamente. Poniendo las manos frente a su cuerpo en señal de defensa—. No lo hice, Ino. Aún tenías el vestido... y estabas mojada. Pensé que no sería bueno que durmieras mojada —terminó finalmente, en un hilo de voz. Rogando que le creyera, después de todo aquella era la verdad.
—¡Si, claro! —replicó sarcásticamente, añadiendo a su voz un cierto tono de agresividad—. ¡Eres un pervertido!
—¡¿Qué?! ¡No! —replicó el chico molesto—. Tu me pediste que me quedara.
—No lo hice.
—Si lo hiciste, Ino —ella arrugó la nariz, como contemplando la posibilidad de aquello. Y la mera idea le parecía simplemente absurda ¿Por qué haría aquello?
—¡No! —e inmediatamente tomó la almohada y comenzó a golpearlo con ella repetitivamente. Shikamaru se protegía con las manos.
—Cálmate Ino —su tono siempre neutral, aunque se podía percibir un destello de miedo en su voz.
—¡No me calmo nada, Shikamaru! —y una vez más lo golpeó, con todas sus fuerzas—. ¡Vete!
—Bien, bien —otra vez recibió un golpe en la cabeza.
—¡Ya! ¡Vete! —volvió a chillar, continuando la golpiza con la almohada.
—Ya me voy —dijo rápidamente, esquivando el último golpe. Saliendo de un salto de la cama y hacia la puerta. Diciendo, para sí, justo antes de salir— Problemática, mujer endemoniada —sin embargo ella lo oyó.
—¡¿Qué dijiste?! —y en respuesta arrojó la almohada contra el chico, el cual rápidamente desapareció cerrando la puerta detrás de él. En la cual impactó el objeto arrojado por ella.
Y tras contemplar por unos segundos la puerta cerrada, volvió a recostarse en la cama. Boca arriba con los brazos extendidos a ambos lados. Contemplando el techo mientras percibía el ritmo de su corazón serenarse. Lentamente estaba recuperando la compostura. Sin embargo el calor en sus mejillas no parecía querer desvanecerse.
—¡Dios! ¿Qué demonios me sucede? No es posible que mi corazón lata tan rápido aún después de haberse ido —bufó, y una vez más cerró los ojos—. No debo preocuparme demasiado, es normal. Después de todo esta fue una de esas situaciones realmente incómodas.
Sin embargo aún le parecía extraño, después de todo ellos ya habían compartido cama en otras ocasiones. Y nunca le había importado realmente.
—No puedo haberle dicho yo que se quedara —aseguró, tratando de convencerse a sí misma. Aún así el asunto seguía dándole vueltas en la cabeza. Y el agradable aroma que desprendía la ropa del moreno no ayudaba. Le recordaba a él. Jamás antes había reparado en lo agradable de la esencia del chico, ciertamente era refrescante y masculina—. ¡No! ¿En qué estoy pensando? ¡Se trata de Shikamaru!
Y sin decir más, tratando de ignorar el asunto, salió de la cama. Vistiéndose lentamente intentando prolongar la mayor cantidad de tiempo posible el encuentro con su amigo. Sin embargo no demoró tanto como hubiera deseado, e inconscientemente se dispuso a tender la cama. A pesar de que no era su obligación, después de todo el lugar en el que se hospedaban debía tener empleados encargados de aquello. Aún así no le importó. Y una vez todo concluido, arrastró los pies hasta la entrada. Tomando sus cosas de una de las sillas próximas a la puerta. Y finalmente se decidió a salir.
—¡Buenos días Ino! —la saludó alegre Chouji, como era habitual en él. El castaño siempre se mostraba amable y sonriente. Muy a diferencia de Shikamaru quien siempre tenía esa expresión de parecerle todo fastidioso, y no importarle realmente nada en absoluto. Sin embargo en esta ocasión era diferente, bueno quizá no demasiado, sin embargo parecía aún más fastidiado que de costumbre y se rehusaba a hablarle. O eso Ino pensaba, pues el Nara no la había saludado. Ni siquiera se había dignado a mirarla.
—Buenos días... —respondió, contemplando de reojo a Shikamaru quien parecía querer permanecer lo más lejos de ella. Y ella realmente no lo culpaba.
—¿Vamos? —finalmente habló, aunque no dirigiéndose a ella. O a ambos. Sino a Chouji, exclusivamente.
—Si, por supuesto.
Así los tres tomaron sus cosas y se dispusieron a marcharse, finalmente de regreso a Konoha. Las primeras horas del viaje resultaron silenciosas. E Ino empezaba a exasperarse, realmente odiaba el silencio.
—Shikamaru ¿Te sucede algo? —preguntó finalmente el Akimichi, contemplando a su amigo mientras este se pellizcaba el puente de la nariz con los dedos pulgar en índice. Apretando los ojos con fuerza, como intentando reprimir algo. O hacerlo desaparecer
—Me duele la cabeza...
—Oh ¿Migraña?
—Supongo, demasiado problemático —bufó. Aún sin mirar a la joven rubia que caminaba junto a ellos. Como si no existiera en absoluto.
—¿Quieres que descansemos? —intervino finalmente ella, fingiendo que nada había ocurrido. Que él no estaba enfadado con ella.
—No —respondió él en tono serio, como habitual—. Y no me dolería la cabeza si cierta persona no me hubiera golpeado con una almohada repetidamente.
—Oye, no es mi culpa —espetó ella.
—Si lo es. Tú fuiste quien me golpeó con la almohada ¿Recuerdas? —ella desvió la mirada. Fingiendo enfado, cruzándose de brazos.
—Como digas, pero no te quejes si no quieres descansar ¿Bien? —el chico simplemente frunció el ceño ante la terquedad de ella ¿Acaso le era tan imposible disculparse?
—Bien —replicó receloso. Y por un largo trayecto no habló más.
Tampoco lo hizo ella, o Chouji. Quien permanecía alternando la mirada entre sus dos amigos. Había notado que últimamente discutían más, es decir, más seguido y por más tiempo. Y que parecía ser Ino quien agredía a Shikamaru con más frecuencia. Pero a pesar de preguntarse por que sería, se encontraba con que ninguna respuesta lo satisfacía. Por lo que dejó de preguntarse, seguramente, quizá, ya se les pasaría.
Y así llegó la noche, en silencio. Sin más disputas pero tampoco treguas. Por lo que decidieron acampar, dado que aún les faltaba la mitad del camino. Y no tenía sentido continuar en aquella oscuridad mas aún si el Nara continuaba con dolor de cabeza, lo cual era lo más probable.
Así que organizándose por tareas, encendieron una fogata en medio de un claro. Prepararon algo rápido durante la cena, lo cual no complació demasiado a Chouji, y acomodando las bolas de dormir alrededor de la flameante hoguera se dispusieron a dormir. Ubicándose Chouji a un lado, Shikamaru en medio e Ino al otro. Ambos jóvenes parecieron dormirse al instante, Chouji acurrucado de espaldas al Nara y el moreno boca arriba. Sin embargo Ino encontró extraño el no poder conciliar el sueño, mas aún le extrañó encontrar cierta particular fascinación al rostro de su amigo. Una vez más.
Por lo que girándose hacia el lado donde se encontraba él, lo observó. Cuidadosamente tratando de encontrar aquello que tanto le atraía la mirada. Intentando encontrar qué era lo que había de extraño en él, para que ella lo mirara tan interesada.
Shikamaru permanecía, por su parte, descansando plácidamente, con los ojos cerrados y la respiración pausada y tranquila. O eso ella pensó. Entonces él habló.
—Ino, deja de mirarme así —fue todo lo que dijo, aún sin moverse o abrir los ojos. Tomando desprevenida a Ino.
—¿Cómo supiste que lo estaba haciendo? —preguntó al chico, obviamente avergonzada. Sin embargo pudiendo disfrazar perfectamente el sentimiento de pudor en su voz. Entonces Shikamaru abrió un ojo para verla.
—Pude sentirlo —la joven rió.
—Oh.
—¿Se puede saber porqué me mirabas? —la cuestionó, girándose esta vez para verla. Quedando una vez más a centímetros del rostro de ella. Como aquella mañana. Sin embargo el Nara no parecía percatarse de la cercanía, o no le importaba ¿Y por qué lo haría? Después de todo ella era simplemente su amiga.
—No lo sé —mintió, no podía decirle que algo de él la tenía fascinada repentinamente—, estaba aburrida. Supongo. No puedo dormir...
Él bostezó levemente y siguió contemplándola en silencio, cada uno en su bolsa de dormir. Ambos recostados sobre sus costados. Shikamaru en dirección a Ino e Ino en dirección a Shikamaru. Chouji por su parte, de espalda a ambos. Aunque no dormido, sino en silencio. Oyendo a ambos hablar.
—¿Qué te tiene preocupada? —preguntó él, ella se encogió de hombros.
—Tampoco lo sé. Supongo que la misión fue demasiado... —él sonrió.
—Por eso te dije que debías mantener la calma, no porque no me importara. Para que no te afectara a ti.
—No debería afectarme de todas maneras, soy una kunoichi. Es la vida que elegí.
—Ajá —concedió él, aún mirándola a los ojos. Ino se sintió extrañamente incómoda una vez más, y ahí estaba de regreso el cosquilleo en su vientre—. Pero aún así, también es inevitable. Eres humana. No puede no afectarte lo que sucede.
—Como cuando Asuma murió... —recordó con tristeza Ino. Los labios de él se curvaron levemente hacia abajo y sus ojos se llenaron de nostalgia y soledad.
—Si, como cuando murió Asuma... —repitió. Conteniendo los recuerdos de apiñarse en su cabeza.
—Oye Shikamaru ¿Lo extrañas? —él asintió—. Yo lo hago cada día de mi vida ¿Sabes? —comentó entonces, recordando algo que había pensado segundos antes de morir—. Cuando estaba... —hizo una breve pausa, intentando juntar el valor para decirlo— cuando estaba por morir, pensé que al menos volvería a verlo. Y me lo imaginé en una nube fumando... —sonrió, Shikamaru también lo hizo—. Y luego me reí de mi propia imaginación. Aún así, me gustó pensar en él de aquella forma —y finalmente volvió a hablar con aquella seguridad característica en su voz—. Estoy segura que está bien, esté donde esté. Me gusta pensar que nos está viendo de algún lado —entonces su voz se suavizó—. Se que es infantil pero no me importa.
—No lo es... —susurró él. Ino sintió un estremecimiento recorrerla por completo—. Cada uno tiene su forma de lidiar con la muerte de aquellos que nos importan.
—La tuya es asquerosa —dijo ella molesta—. El cigarrillo es horrible y te deja aliento a ceniza y olor a ahumado —Shikamaru rió—. Además... te hace mal.
—No te preocupes —contestó, aún sonriendo. Sabía muy bien que Ino a pesar de mostrarse siempre fuerte y ruda era también muy gentil y tendía a preocuparse por sus compañeros, quizá más de la cuenta. Aunque rara vez lo manifestara. Aquello era cierto, tanto Chouji como él lo sabían—. Ya lo estoy dejando.
—¿De verdad? —en los labios de ella se dibujó una amplia sonrisa y se sintió, por primera vez en la noche genuinamente feliz.
—Lo estoy intentando, al menos... Pensé que es demasiado problemático tener que escucharte a ti gritarme cada vez que enciendo un cigarrillo. Y a la larga no vale la pena.
—¡Ey! ¿Qué insinúas con eso?
—Que eres demasiado problemática —ella arrugó la nariz y sacando su brazo de la bolsa de dormir lo golpeó. Aunque de forma suave, y en un simple gesto juguetón.
—¡Ouch! No mas golpes ¿Quieres? Creo que por hoy ya me golpeaste bastante.
—Que quejoso eres... los golpes de almohadas no duelen —él ofendido bufó.
—Si duelen, no fastidies mujer.
Ella sonrió sin replicar. Tampoco volvió a golpearlo, aunque la tentación era demasiada. Sin embargo no lo hizo, no supo que la detuvo. Quizá la mirada de él, que ahora había cambiado en una completamente indescifrable.
—Ino —la llamó entonces. Con la voz suave y pausada.
—¿Si?
—¿Te dolió? —la cuestionó señalando, cuidadosamente de no tocarla, con el dedo el lugar en el pecho donde se refugiaba su corazón. Ino inmediatamente entendió y su mirada ensombreció.
—No, es decir, me dolió el kunai pero no... morir. Me dolió más pensar en todas las personas que dejaba. Y que extrañaría.
—Oh.
Y sin decir más el moreno volvió a posicionarse boca arriba en su bolsa de dormir, mientras Ino seguía contemplándolo en silencio. Entonces el chico cerró los ojos lentamente y tras meditar unos últimos segundos volvió hablar. Sin levantar los párpados.
—Buenas noches, Ino —ella sonrió, y su corazón dio una pirueta.
—Buenas noches... Shika.
