Too far to walk

Capítulo 11

"Su corazón era inmenso, un paraíso. Por ella vivía, su corazón

era lo que ansiaba. Llegar a él, era algo difícil, quedaba demasiado lejos

como para ir a pie, aún cuando corriese con el máximo

de mi velocidad.

Alcanzarlo era lo que me incitaba a seguir luchando contra mi destino.

Sus labios y sus abrazos la razón de mi existencia.

Ella, la razón de mi castigo, la razón de mi salvación."

BPOV

Creí que estaba bromeando, aunque nadie debería bromear con algo así. Aguardé a que dijera algo, se retractara, me mostrara la cámara indiscreta ¿qué se yo? Pero no lo hizo. Todo fue silencio.

No daba crédito a lo que mis oídos escuchaban. Nada. Sólo silencio. Edward seguía allí en la misma posición que había dicho las últimas palabras. Con las manos colgando a sus costados, la mirada gacha, los ojos cerrados y la amargura surcando todo su rostro. Llegué a dudar si era realmente Edward. Todo su resplandor se había esfumado, se había transformado. Parecía un zombi. Sopesé mejor las palabras. ¿Edward me había violado? ¿Cómo? ¿Por qué yo? Justo yo.

No podía pensar bien. Las ideas no eran capaces de formar ni una sola frase coherente. Me solté de él. Me pareció ver que le hacía sufrir aún más, pero no era como si fuera mi culpa. No se veía así, no me sentía así tampoco. Su expresión era de un sufrimiento que lo reflejaba a él como único culpable. Arrepentimiento.

Me quedé ahí sentada junto a él tratando hilvanar las palabras. ¿Qué podía decir cuando ni siquiera sabía qué era lo que estaba sintiendo en esos momentos? Lo peor de todo: No estaba enojada hacia él. Bueno, sí, no. ¡Ay! No sabía ni que pensar. En serio ¿no podía ser eso una broma y ya? Pero él seguía ahí, inmóvil, cómo una estatua.

-Llévame a mi casa- logré decir por fin. Necesitaba pensar, era lo único que había tenido claro antes. Pero luego, al decir esas palabras una ira abrumadora se apoderó de mí. Me había mentido.

Más allá de lo que había hecho o no. De lo atroz que aquello pudiese ser, de lo repugnante, me sentía engañada. Sucia. Sucia por haber sido engañada de esa forma. Vulnerable, pues me había enamorado de un desconocido que sabía cosas de mi pasado que ni yo sabía. Ultrajada, por que se me habían violado mis derechos. Pero por sobre todo, desecha, rota, en mil pedacitos pequeños porque seguía perdidamente enamorada de ese ser e incluso sentía cierta pena por él. Por el remordimiento que debía de sentir. Yo estaba bien. Nunca me había percatado que nada fuera mal con mi organismo, pero era él quien vivía y viviría con la culpa de lo que había hecho.

Me puse de pie y comencé a caminar, él me siguió. Al llegar a su Volvo me abrió la puerta de copiloto y yo subí al coche sin siquiera darle las gracias. Aún no encontraba las palabras que decir. No hablamos en todo el trayecto hasta mi casa. No le miré, porque sabía que él no me miraría, y fue mejor así.

Al bajar del coche lágrimas comenzaron a correr por mi rostro, estaba defraudada.

-Hasta luego- le dije y mi voz sonó monocorde y firme.

-Lo siento- volvió a decir, y aunque giró su rostro hacia mí nunca me miró.

Cerré la puerta de entrada tras de mí. Charlie dormía. Perfecto, así no se enteraría de lo mal que había salido mi baile. Me quité los tacones en cuanto entré en mi cuarto y me desplomé sobre mi cama a llorar.

Estúpida, estúpida. Me dije una y mil veces.

Mientras lloraba recordé que mi ventana estaba abierta. No quería volver a ver a ese desgraciado que había jugado conmigo. Cuanto debió de haberse divertido con mi timidez y mi inocencia, sabiendo que el me había quitado la segunda hacía ya tanto tiempo. Estaba segura que estaría rondando mi casa por esos momentos. Quizás nunca hubiese sido cierto que le ponía ansioso estar lejos míos, quizás yo era tan sólo un experimento para él. Y si el experimento acababa de ser sometido a la última reacción química querría ver el producto. Sí, el estaría vigilando la casa.

Me dirigí a la ventana y la cerré firme pero sin ocasionar un ruido que pudiese despertar a Charlie. Estaba demasiada hecha polvo como para mi torpeza. La ventana sólo hizo un pequeño click cuando el cerrojo cerró.

Pero luego recordé su expresión. Su imagen cada vez que le besaba o le decía que lo amaba. ¿En verdad estaba fingiendo en esos momentos? Y cuando el lobo nos abordó en el claro. Su expresión, su suplicio. Estuvo a punto de ceder y dejarme allí con el lobo. Estarías más segura sin mí, me había dicho varias veces. El brillo, el brillo en sus ojos, casi desvanecido por completo. No, no podía haber mentido tan bien. Además, tenía muchas preguntas, entonces que venía a pensarlo, había muchas en verdad. ¿Cómo había llegado a mí? ¿Cómo era que nadie le había visto? ¿Por qué nadie sabía de eso?

Suspiré y volví a abrir la ventana aunque no sabía como se vendrían las cosas después. ¿Vendría él después de todo? ¿Había estado en verdad vigilando mi ventana? Sólo podía esperar.

EPOV

Y entonces me pidió que la llevase a casa. No era para lo que estaba preparado, creí que me gritaría, golpearía, pero no que tan sólo se limitaría a pedirme que la llevase a casa.

Luego se despidió de mí. Aunque su voz ya no era la misma a la que me había acostumbrado, aún así era más de lo que podía pedir.

-Lo siento- sólo podía disculparme, sabía que aunque lo hiciese mil veces no serían suficientes jamás. No podía siquiera mirarla a los ojos ¡Por todos los cielos!

Lágrimas corrían por sus mejillas cuando partió rumbo al porche y me lamenté no poder consolarla y más aún, ser yo la razón por la que sufría así.

Llevé el Volvo a casa, pero sabía que no podría pasar la noche ahí. Aunque me odiase por toda la eternidad jamás podría dejar de ver si estaba bien o no, aunque sólo fuese a al distancia. Me interné en el bosque que daba de frente a su casa y miré en dirección a su ventana.

Ella estaba ahí, cerrándola. Suspiré. Me lo merecía. ¿Qué otra cosa podía esperar? Aún así me quedé mirando al amor de mi existencia desde los árboles. Ella no me veía. Se quedó allí unos instantes mirando en mi dirección. Aunque, de nuevo, era imposible que pudiese verme. Y luego, lo más increíble que podría haber ocurrido ocurrió. Abrió su ventana de nuevo.

Sentí el impulso de correr hacia ella y contenerla en mis brazos, pero no podía esperar estar perdonado, quizás solamente estaba luchando contra un ataque de pánico o algo por el estilo. A veces, los humanos pueden ser realmente impredecibles y contradictorios.

Caminé lentamente a través del césped como lo había hecho la primera vez, sólo que esta vez sabía que me esperaban. Pero el miedo era el mismo.

Podía escuchar su respiración en el cuarto. Y su corazón. Como golpeaba contra su pecho con tal fuerza. Me asomé por la ventana. Estaba sentada sobre su cama con la mirada fija en el suelo. Temí que si entraba la asustaría, así que toqué la ventanilla lentamente para que supiera que estaba ahí.

-Está abierta- dijo apenas.

Dudé si ingresar o no. Me sentía tan extraño. No era precisamente la reacción que me esperaba de ella. Eso hacía las cosas aún más difíciles, me había preparado para lo peor, pero no había sido capaz que aún había cosas que podían ser peores, como no saber cómo actuar o qué decir. Decir que me sentía un tonto, un imbécil, la persona más nerd que pisa la tierra, cualquiera de esas cosas es decir poco.

Finalmente me paré junto a la ventana y aguardé.

Ella suspiró y se puso de pie. Su corazón no dejaba de agitarse, habría deseado más que cualquier cosa poder saber lo que pensaba. Sobre todo en esos momentos. ¿Qué haría? ¿Me golpearía? Lo entendería, pero creo que eso le habría dejado una marca, mi piel no era precisamente… blanda o algo así. Pero no hizo aquello. Se paró frente a mí y me miró a los ojos. Era tan preciosa. Tan hermosa. Me ví obligado a desviar la mirada ante ella. Me sentía más sucio que jamás en la vida, y ella tan limpia, que ni siquiera me condenaba. Hasta el momento, no lo había hecho.

Cogió mi mano y la acarició entre las suyas. Yo aguardé. Volvió a mirarme, pero no había forma en que yo entendiera lo que estaba ocurriendo. Sabía que los humanos eran extraños, de una manera desagradable, pero ella. Era humana y difícil de comprender, pero no. Ella no era desagradable. No era como todos los humanos. Sentí envidia. También me habría gustado ser así si hubiese sabido que se podía. Soltó mi mano y me abrazó por la cintura.

-¿Te arrepientes?- me preguntó con su voz habitual mirándome a los ojos. Cerré los míos y luego la enfrenté.

-Más de lo que te imaginas-

-¿Cambiaste?-

-Eso creo-

-¿crees?-

Miré al techo.

-Las cosas no son igual cuando se es vampiro, no podría asegurarte si habría cambiado si no fuese un vampiro-

-No fue lo que te pregunté-

La miré.

-¿Por qué?- pregunté. La pregunta yacía en mí desde que había abierto la ventana.

-¿Por qué qué?-

-¿Por qué has decidido abrir la ventana esta noche? Creí que no querrías volver a verme más-

-Yo también lo creí-

-¿Entonces?-

-¿Me amas?-

-Más que a mi vida, existencia-

-Entonces con eso me quedo-

Me besó y sentí en sus labios un tacto reconciliador. En un principio no sabía como actuar, eso era más de lo que podría haber pedido. No lo habría pedido por nada del mundo. Era imposible, irreal. Pero opté por devolverle el beso, era lo que deseaba.

-Entonces- dijo cuando nos habíamos separado -¿Un hada?-

-Bella…-

BPOV

Cuando lo vi parado junto a la ventana supe que no habría forma en que no le perdonase. Era el hombre, vampiro que amaba. Aunque fuese completamente irracional, era algo que no podía evitar. Era una tonta, lo aceptaba, otra vez caía entre sus redes, como lo había hecho la primera vez que le vi. Cuando yo le vi la primera vez. Sabía que aunque fuese lo correcto sufriría todo el resto de mi vida si no le tenía junto a mí.

Mi corazón se agitaba conforme caminaba hacia él. No tenía idea de lo que hacía, solo sabía que quería estar junto a él. El sufría y yo sufría. No sabía que pasaría cuando finalmente estuviese junto a él, pero lo necesitaba. Tomé su mano, era lo menos que podía hacer. La acaricié. Era la misma que había acariciado antes de esa noche, exactamente la misma. ¿Qué había cambiado entonces? ¿Acaso algo había cambiado en mí? No, sólo una cosa había cambiado y era que yo sabía la verdad. ¿Pero de que serviría esa verdad si lo único que conseguía era hacerme sufrir por algo por lo que nunca había sufrido antes? Yo seguía siendo la misma. ¿Tenía algún efecto colateral? No, no lo tenía.

Amaba a Edward, y eso nunca había sido racional. Yo era humana y él un vampiro. Y encima, había sido transformado en vampiro por mi culpa.

Entonces ¿Cómo tendría que ver la realidad? Sólo estaba segura de una cosa: Amaba a Edward, estaba, completa e incondicionalmente enamorada de él. Y habría sido dieciséis años mayor que yo si hubiese continuado siendo humano, y habría seguido cometiendo los crímenes de los que ya sabía. En cambio el sujeto que estaba junto a mí entonces se arrepentía y no caería en eso de nuevo. Porque sí se arrepentía ¿cierto?

Lo abracé como lo deseaba.

-¿Te arrepientes?- le pregunté.

-Más de lo que te imaginas-

-¿Cambiaste?-

-Eso creo- ¿creía?

-¿Crees?-

¡Cómo que creía! Esa no era la respuesta que quería escuchar. Sí Bella, cambié, ya no caeré en lo mismo jamás. Eso era lo que quería escuchar.

Desvió su mirada y la dirigió hacia el techo para continuar.

-Las cosas no son igual cuando se es vampiro, no podría asegurarte si habría cambiado si no fuese un vampiro-

-No fue lo que te pregunté- No.

Me miró unos instantes y yo trataba de mantener mi mirada integra. Sin derretirme y sin juzgarle tampoco. Esa no era la solución. Lo mejor era no juzgarle.

-¿Por qué?- me preguntó y yo no supe a qué se refería. Seguíamos hablando sobre que había evadido mi pregunta ¿o no?

-¿Por qué qué?-

-¿Por qué has decidido abrir la ventana esta noche? Creí que no querrías volver a verme más-

-Yo también lo creí-

-¿Entonces?-

-¿Me amas?-

-Más que a mi vida, existencia-

-Entonces con eso me quedo-

¿Qué otra respuesta podía esperar? ¿Podría juzgarle si sabía que se arrepentía y que me amaba tanto como yo le amaba a él? ¿Podría ser capaz de mantenerme apartada de él sabiendo que sólo nos haríamos un mal? Por supuesto que pensé que quizás mentía. Habría sido una opción, sin duda. Pero no. Sus ojos no mentían. Nunca lo habían hecho.

Por eso había huido escaleras arriba cuando me vio en su casa. Por eso había tratado de mantenerse alejado de mí en su coche cuando fuimos a Seattle. Por eso el lobo había dicho que era el peor de los Cullen. Por eso…

Sus ojos nunca me habían mentido, siempre que me miraba lo hacía como pidiendo disculpas, por eso se amargaba siempre. Por eso repetía "Lo siento" cuando ni siquiera entendía por qué.

Entonces ¿Qué más quedaba?

Me incliné para acariciar sus labios con los míos. Por un segundo creí que no recibiría respuesta, pero me equivoqué, no tardó mucho en llegar, y fue cálida. Dulce, con sabor a hogar. Edward era mi hogar, estaba segura.

Terminó el beso, pero no la noche, y menos la historia, no me olvidaba ni por un segundo que me debía ciertas explicaciones, y yo quería saberlo todo. Por mí y por él. Yo porque lo merecía. Merecía saber la verdad. Y él porque no quería volver a ver que se disculpara por algo que yo no entendería.

-Entonces- dije -¿Un hada?- Por algo había que empezar.

-Bella…-

Tomé aire, por mucho que él no quisiera hablar de eso, yo tenía que escucharlo, aún si no me gustaba lo que iría a escuchar.

-Vamos, ya sé lo peor ¿no? Exijo saber el resto de la historia. Me lo debes.- Suspiró.

-¿Qué más puede pasar?- dijo para él más que para mí –Sólo recuerda que tú lo exigiste- Está vez sí iba para mí –Pero no crees que deberías dormir primero-

Gruñí con desagrado. ¿Y si él ya no estaba por la mañana? Acarició mi mejilla con el dorso de su mano.

-Anda, te prometo que mañana te lo contaré todo-

Me sorprendí, casi parecía como si hubiese leído mis pensamientos.