Hace un año dije que iba a continuar con esta historia, por que quería realmente acabarla.
Y a pesar de que ha pasado otro año nuevamente, no pienso darme por vencida en terminar esta historia. Muchos de ustedes me han pedido que lo continúe, así que aquí se los traigo. Disculpen si parece que no voy a cumplir mi palabra, pero si les seo sincera, no me importa si me cuesta otro año más; no voy a dejar esta historia en pendiente ya que le tengo mucho cariño y tiene un fuerte significado para mí.
Y así, les dejo este nuevo capítulo.
Como siempre, explicaciones hasta el final.
Gracias por ser tan pacientes, enserio, GRACIAS.
/seertime out
-¡Abrid paso!-
El vociferar de una voz furiosa se abrió paso en el tumulto de españoles que se encontraban reunidos. Con un cierto miedo, agachando las miradas, los soldados se abrieron paso dejando un pequeño pasillo por donde pudiera pasar su capitán: Hernán Cortes. Mirando a sus hombres, el español paso por dicho pasillo hasta llegar a una camilla que había en el suelo; lugar donde se encontraban aglomerados sus hombres como si fueran aves de rapiña comiendo su presa. Hernán dio un fuerte suspiro y arqueó una ceja como signo de extrañeza:
-Vaya, no esperé ver el día en el que el gran España estuviera hecho trisas de esta manera. Es como si estuviera viendo una leyenda morir…-
Ante sus ojos, se encontraba una camilla improvisada por los españoles para el reposo de España. Hecha de varios trozos de telas y unas cuantas hojas de árboles, se hallaba postrada la nación en estado inconsciente. ¿Cuántos días ya llevaba así? Quién sabe. Pero algo era seguro. Desde que emprendieron la huída de Tenochtitlán hacía Tlaxcala, han recibido varios ataques de los mexicas. Los seguían con sigilo. Con suma discreción. Atacando y gritando ferozmente cuando veían la oportunidad. Esto traía consigo el inicio de nuevas batallas que desgastaban más a las tropas españolas. Pero singularmente a España. Él es el que ha resultado más afectado.
Hernán lo sabía bien, él había presenciado todo. Poniéndose en cuclillas colocó una mano en frente del español para que sintiera su presencia. Y con cierto tono esperanzado, vociferó:
-España, tenéis que levantarte ya. Tenemos que seguir avanzando hacia Tlaxcala, con nuestros aliados y no podemos hacerlo si uno de nuestros hombres está en estado de suspensión-
Y como si fuera una orden, el país despertó.
Un jadeo de asombro fue expulsado por los presentes. Como si fuera un milagro del mismísimo Dios, España recobró conciencia. Sus ojos verdes se abrieron de par en par, pero no mostraron vida. No. Estaban llenos de vacío. Parpadeó una vez, parpadeó dos veces y luego se incorporó. Sin mover su vista, mirando fijamente hacia al frente, llevó una mano hacía su estómago. Vagamente pudo sentir como toda la parte de en medio de su cuerpo se encontraba cubierta totalmente en vendas. Bueno, mejor dicho tirones de ropa.
Sin pensarlo dos veces, comenzó a quitárselas con cierta desesperación.
-¡E-esperad…!- exclamó con cierto temor uno de los españoles presentes.
- ¡Las tiras se encuentran pegadas a la herida de tu estómago! ¡Sí te las quitáis sin cuidado podrías abrirte la herida nuevamente!-
La mirada que una vez no mostraba señales de vidas, se posó sobre el español que había dirigido la palabra hacía él. El cuerpo del soldado quedo petrificado. Sus ojos trataron lo más posible de despegar la mirada de los ojos de la nación. Lo miraba con ferocidad, como un lobo que estaba a punto de lanzarse sobre su presa. Sintiendo escalofríos y miedo, el español mejor decidió marcharse de ahí sin decir nada. Sus compañeros solo lo vieron partir sin seguirlo, sin hablarle.
Cortés miró de reojo al hombre que se había marchado hasta que se le perdiese de vista. Una vez que ya no notó su presencia, volteó con España que se encontraba quitando el resto de los vendajes que cubrían su cuerpo. Especialmente la de su estómago y su hombro derecho.
Si pudieras ver el cuerpo de España una vez despojado de todo pedazo de venda, podrías ver su cuerpo lleno de heridas recientes y cicatrices. La sangre se encontraba seca y alguna que otra herida aún se podía percibir el color de la carne viva. Debido a la falta de higiene, el español portaba heridas con infecciones y pus. La salud de España no era del todo buena, pero no había nada que hacer.
Siguiendo sin decir algo, España intentó levantarse del suelo. Dobló primero una pierna con dificultad y luego intentó darse impulso con su brazo derecho. Pero la herida en su hombro no le permitió y a cambio, resintió el dolor de la osadía por querer hacerse el valiente. Un gritó escapó de su boca y recayó en el suelo nuevamente.
-Venga, no tenéis que hacerte el fuerte- le extendió una mano en conquistador –Recordad que para eso están los camaradas. Para apoyarse el uno en el otro-
España dirigió su mirar a Hernán. Al parecer, estaba tan centrado en su mundo que no había puesto atención a la presencia del dirigente de la conquista. Sin chistar y sin decir nada, tomó la mano del español para poderse levantar. Con sumo éxito, lo logró sin dificultad alguna.
-¿Vez? Te lo dije.
-Mi ropa- finalmente unas palabras salieron de la boca de la nación
-Ahí las tenéis- señaló con su dedo las ropas dañadas de España que se encontraban en la rama de un árbol reposando. Automáticamente caminó hacía ellas para luego vestirse con ellas. Colocó primero su camisola blanca –que ya no era tan blanca ya que estaba cubierta de mugre y sangre– y luego su larga chaqueta roja que lo identificaba como conquistador. Título que lo demostraban las rasgaduras y salpicaduras de sangres que portaba la prenda. Miró hacia abajo. Tomó sus botas y se las colocó con forcejeo. Por último, arregló su cabello. Deshaciendo la coleta que portaba, dejaba ver lo largo que era su cabello. Sí antes estaba más allá de sus hombros, ahora llegaba casi a la mitad de su espalda.
Volvió a formar la coleta para luego mirar sobre su hombro.
Vio a la bola de españoles que se encontraban atrás de él liderados por Hernán Cortes. Contemplaba como cada uno de ellos lo observaban con temor. Como si estuvieran presentes ante una entidad oscura. No le importo. Y volvió a sus asuntos.
Pero el ruido de la maleza moverse le provocó reaccionar abruptamente.
-Están aquí- murmuró
Los españoles inmediatamente tomaron posición de defensa. Giraron sobre sí mismos dando de enfrente el entorno que hace un momento le daban la espalda. Desplegaron sus espadas y mantuvieron el silencio lo más posible. El sudor frió brotó en cada frente española a la par que los corazones salían desbordados por la adrenalina y el miedo.
Sin verlo venir, como el destelló de un rayo, el primer choque contra espada y macana mexica resonó por todo el lugar. Dirigiendo su mirar hacia el lugar donde se originó el ruido, hizo presente la imagen de España bloqueando el ataque de un joven moreno. De apariencia de 11 años con cabello largo y portando el traje de un guerrero águila, el mexica atacaba con suma fiereza a la nación.
El intento de proteger a la nación que recién despertó, se vio en vano. Ya que el primer ataque perpetuado por el joven fue el detonante para que atacaran el resto de los mexicas que estaban ocultos entre la maleza. Inmediatamente, una batalla fue iniciada. Los pocos españoles que se vieron antes los mexicas, trataban de defenderse con todas sus fuerzas mientras sus demás compañeros arribaban al encuentro.
Uno de ellos, siendo Cortes el que ordenaba a sus hombres defender, busco con mirada desenfrenada ubicar a la nación que al parecer había desaparecido. Temiendo que lo hubieran capturado, recorrió el campo –mientras lanzaba estocadas y cortes con su espada- con sumo cuidado para que no se le pasara nada.
Y de un de repente, lo encontró.
Fuera del área de batalla, estaba España batallando con el más joven de los mexicas. Que obviamente era México. Sus ataques se habían hecho más finos mientras que los de España eran toscos y débiles. Pero eso no significaba que no intentara el derrotarle de una vez por todas. Hernán podía percibir como el español sufría a causa de sus heridas. Intentaba una y otra y otra vez dar un golpe certero en el joven que parecía que bailaba con gracia para evadir sus ataques.
El esfuerzo que realizaba España por atacar era sin duda admirable. El propio Cortes no se veía capaz de pelear con semejante heridas portando en su cuerpo.
Sin embargo, paso la desgracia.
Por descuido de la propia nación, no defendió su flanco derecho, provocando que el golpe de la macana por parte de México se enterrara en la parte superior del pecho de España. Un grito de dolor sacudió los oídos de todos y como un árbol, sucumbió ante su atacante. Cortes, con ojos desorbitados veía venir lo peor al ver que la nación mexica caminaba hacía su país con intención de atacarlo nuevamente.
-¡RETIRADA!- exclamó como única solución a su problema.
Inmediatamente todos los españoles se pusieron en marcha hacía los pocos caballos que quedaban y otros se echaron a correr. Por su lado, Cortes se acercó corriendo hacía España, levantando en alto su espada para atacar a la joven nación. Esta al ver que se acercaba un oponente digno, decidió retirarse como era debido. No sin antes dirigir a unas palabras a la nación que se encontraba en el suelo ensangrentado. Luego se marchó junto con los demás mexicas.
Uno de los españoles que portaba el caballo de Cortés se acercó hacía él para entregárselo. Sin perder más tiempo antes de que volvieran a atacar los indígenas, subieron a España al lomo del caballo y luego subió Cortes.
-¡Mis hombres! ¡Seguid hacía al frente! ¡Salgamos de este infierno!-
Un grito de aprobación se escuchó por parte de los españoles y emprendieron la huida.
Otro grito se escuchó alrededor, un grito de victoria por parte de los mexicas. Nuevamente, habían logrado bajar el número de los españoles. Y así mismo, dañar a la nación que traicionó al símbolo de su terruño: Tenochtitlan.
Mientras se alejaban los españoles del área de batalla, Cortes miró detrás suyo para ver a la nación quien había caído en inconciencia otra vez. Nuevamente… lo volvió a presenciar.
Al haber emprendido la huida hacía Tlaxcala, cada vez que realizaban una parada, los mexicas estaban listos para atacarlos. Definitivamente no iban a dejarlos escapar con vida de esta tierra. No después de lo ocurrido. Sin embargo, el más afectado de esto había sido España. Quien siempre, cada vez que se libraba una batalla de este estilo, resultaba sumamente dañado a causa de aquella nación.
Cada batalla, cada herida que se hacía, España caída inconsciente.
Desde aquella batalla, España se venía abajo; deplorándose cada vez más y más.
Hernán dio un trago amargo al recordar lo que él representaba. Sus heridas no estaban sanando y cada día tardaba más en despertarse. Sí esto seguía de la misma manera, sin duda alguna… sería el fin para él y el resto de sus hombres.
-C-cada herida…- la voz casi inaudible de España trajo de vuelta a la realidad a Cortes –C-cada herida e-es una de las cuantas vi-vidas que a-acabaste…- un borbotón de sangre salió de su boca –E-espero que lo disfrutes…- río levemente –Eso fue lo que dijo el c-crio…-
Y luego silencio…
Hernán apretó con fuerzas las riendas de su caballo y agitó con fuerza de ellas haciendo que el caballo marchará más de prisa. No. No va a permitir que España salga más herido de esto. La razón por la cual él estaba ahí era para conseguir una nueva tierra. No para perder la vida.
Ni mucho menos, la del Caballero España.
N/A: Este capítulo esta más dirigido al punto de vista español.
Justo después de la Noche Triste, Cortés decidió huir hacia su aliada Tlaxcala. Con fin de protegerse mientras se recuperaban del golpe duro que sufrieron aquel día. Principalmente, se trata de este lapso de huida que tuvieron que hacer. Ya que al estar lejos de Tlaxcala, los españoles tuvieron que recorrer este largo camino para ponerse a salvo. Y mientras lo hacían, ellos recibían casi constantemente ataques por parte de los mexicas.
Este capítulo se podría decir que es el preludio de la batalla final *Música de suspenso*
Trataré por lo menos cada dos semanas dar update.
Haré mi esfuerzo. Ya que no falta mucho orz
Como siempre, muchas gracias por leer y sus reviews!
Nos vemos hasta el siguiente capítulo.
¡Saludos!
