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Aclaraciones:
1- Puede que algunos sucesos no concuerden con el manga o anime.
2- Los personajes pueden tener una personalidad diferente a la original.
3- Gaara posee a Shukaku.
4- Este Fic va relatando historias. Este capítulo sí lo hace.
Advertencias: Semi AU. Lenguaje vulgar. Lime. Violencia.
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen pero esta historia si.
Capítulo 11: Cristal Haruno.
Parte I
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Los novatos rodean a la Haruno, para protegerla ante cualquier ataque por parte del enemigo e incluso Kurama estaba algo desesperado ya que al parecer él si sentía a aquella presencia. Gaara miro significativamente a su mujer mientras sentía la atmósfera cada vez más pesada, solamente algunos iban a ver en los recuerdos, incluyéndolo, mientras que el resto hacía guardia. Ino y Sasuke asintieron al mismo tiempo mientras que Sakura se concentró en su Justo dejándose inundar por la oscuridad.
"- Los humanos siempre esconden su lado oscuro, aquella parte que no desean que nadie la descubra. Los sentimientos como el odio, la avaricia, los celos y el rencor son muy comunes en ellos por lo que nunca te sorprendas cuando lo descubras en una persona que aparentemente era 'buena'. Siempre debes estar alerta.-
-Hai, Otto-sama.- sus orbes marrones pasaron a ser dorados fríos pero aun así me mantuve quieta.- Yo soy mitad humana, en su mayoría, ¿Eso significa que también tengo un lado oscuro?-
-No.- escupió pero no me sentí ofendida.- Tú no lo escondes, eso te diferencia de ellos.-
No mencionó más nada por lo que comprendí que la conversación había finalizado. Observé el largo y blanco cabello de mi padre ondear por el viento, cuando sea grande deseo tenerlo similar. El flequillo es rebelde y le cae sobre el rostro pero aun así se puede ver, sus facciones son afiladas y sus ojos están levemente rasgados. En su oreja derecha posee un pendiente plateado, es algo largo y al final tiene una pluma blanca con un rubí en el medio. Se encuentra sin su túnica mostrando su torso, sus músculos están marcados más que otros hombres pero sin llegar a ser grotescos, la parte derecha está cubierta por tatuajes celestes. El pantalón bombacho hace juego con el color de los símbolos de su cuerpo, un cinturón verde esmeralda se ajusta a su cintura y la terminación de sus piernas están vendados.
Ambos estamos descalzos, anteriormente nos encontrábamos entrenando a pesar de estar en un clima muy frío, en este momento hacía -15 grados. Padre se da media vuelta y comienza a caminar, perdiéndose en el blanco paisaje. Trato de mover los pies pero están entumecidos, la nieve me llega hasta las rodillas. Me concentro en mis piernas y finalmente logro avanzar, muevo de a poco mis pies pero me sorprendo cuando unos brazos me alzan. Me carga estilo princesa pero su vista está fijada en el frente, sonrío levemente y lo imito.
Me encanta pasar el tiempo con mi padre, a pesar de sus rigurosos entrenamientos y de ser muy estricto, es amable. Sé lo que Sakura le vio. Tenso los músculos de mi cuerpo al pensar en mi progenitora, realmente aún no sé porqué mis hermanas prefieren a madre. Ellas le temen a nuestro padre, por lo poderoso que es y lo cruel que llega a ser, pero nunca se molestaron en conocerlo o cruzar palabras con él.
-En un par de días saldrás de misión.- su voz ronca me saca de mis pensamientos.- Matarás a todo el que se te cruce y luego quemaras el lugar.-
-Hai, Oto-sama.-
…
Cinco meses después.
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Deje de sentir los pies hace varios kilómetros atrás, la nieve se desliza atreves de mis sandalias por lo que están fríos y húmedos. Evito la tentación de castañar los dientes, padre lo vería cómo un signo de debilidad por lo que aprieto la mandíbula y mis ojos se centran al frente. Oculto mi sorpresa al divisar unas enormes puertas que se encuentran abiertas, esta debe ser la Aldea, Konoha, quien solicitó la ayuda de padre. Inclino mi cabeza ligeramente hacia un lado al ver a un hombre rubio, con una especia de túnica y junto a él, una mujer peli-roja con el cabello largo y su vientre un poco abultado. Caigo en cuenta quiénes son.
-Buenos días.- hago una reverencia ignorando lo rasposa que salió mi voz debido al poco uso que le doy.- Lamento la tardanza.-
-Umm.- me miraron algo dubitativos.- ¿Te encuentras bien?- preguntó la peli-roja agachándose a mi altura y colocando una mano sobre mi mejilla. Su tacto es cálido.
-Kushina, cariño, ella debe ser Haruno Cristal.- informa algo nervioso.
-¡Ah! ¡Eres sólo una niña! ¿Cuántos años tienes Cristal-chan?-
-Cuatro años y medio.- respondo simplemente, la mujer no me subestima, en su voz hay preocupación.
-Ven Cristal-san, escogimos un departamento para que se quede en lo que dure su estadía.- me brinda una sonrisa mientras comienza a caminar tomando de la mano a la mujer que protesta un poco.
Nos adentramos a la Aldea, a medida que avanzábamos ellos trataban de involucrarme en la conversación con preguntas pero sólo le respondía con escasas palabras. Soy una persona que no le gusta hablar mucho, padre me enseñó que a veces las palabras son inútiles además de que pocas veces mi voz se escucha en el castillo. Hablar es un desperdicio de tiempo, prefiero estar en mis pensamientos.
La pareja frena de golpe por lo que los imito, delante nuestro viene una mujer muy bonita, de melena negra y piel clara, también está embarazada pero de unos meses más que Kushina-san. Al lado de esta, se encuentra un niño, más o menos de mi edad, posee una mirada similar a la mía, ojos que vieron mucho.
-Les presento, ella es Haruno Cristal, se quedará unos días en la Aldea.- el rubio me observa fijamente mientras sonríe.- Ellos son Mikoto e Itachi Uchiha.-
-Un gusto conocerlos.- murmuro haciendo una leve reverencia.
-El placer es nuestro.- me responden ambos.
-Pareces toda una muñequita Cristal-chan.- evito arquear las cejas, esta mujer tiene una voz muy relajante pero es muy confianzuda al igual que la mujer del Hokage.- Si estas aburrida, puedes venir a casa y jugar con Itachi-kun.-
-Sería un placer Mikoto-san.-
Mientras ellos hablaban , con el niño nos quedamos viendo fijamente hasta que me llevaron al pequeño departamento. Creo que me estaba analizando y por un instante, lo encontré interesante. Pocas cosas, en mis cortos años de vida, llamaban mi atención. Soy una persona muy madura para mi edad, y muy cruel.
Me miro en el espejo, mi cabello me llega por debajo del hombro, es ondulado y difícil de controlar, me paso una mano por el flequillo en un vano intento de acomodarlo. Mis ojos azules me devuelven la mirada, veo una pequeña niña, de pelo rosa pastel y con la piel muy blanca. Me acomodo el kimono negro que me obsequió padre, el obi posee algunos pétalos rosados haciéndome acordar a los cerezos, a mi madre, mi mandíbula cruje y me aparto del espejo.
Es el tercer día que estoy en Konoha, les dí las indicaciones de cómo debía realizarse el parto de Kushina-san. Hoy mismo tendría que irme pero me invitaron a quedarme por lo menos una semana, no deseo ser descortés con personas tan amables, por lo que acepté. Aunque obviamente, el Consejo no me quiere aquí ya que represento un peligro para todos, lo cual es cierto pero me hicieron preguntarme, si realmente la peligrosa en esta Aldea soy yo.
Voy hacia la entrada y me coloco las sandalias que combinan con mi kimono, no las ninjas obviamente, abro la puerta y salgo. Iré a visitar a los Uchiha, quede muy intrigada con ellos y tal vez, sólo tal vez, sienta un poco de curiosidad. Comienzo a caminar mientras algunos de los habitantes voltean a verme, no están acostumbrados a ver a una niña de cabello rosa caminar sola. Tardo cerca de media hora en encontrar el Barrio Uchiha, no se encontraba tan apartado como pensé que estaría. Me paro en seco y miró sobre mi hombro, me están vigilando.
-Gusto en verte.- volteó hacia el frente y me encuentro con Itachi.
-Hmm.- masculló y él simplemente se coloca al lado mío.
Caminamos hasta una casa que era más grande que las demás, pasamos e Itachi me presentó a su padre, Fugaku, quién me recibió algo serio pero confirmé que es su personalidad. Fuimos a su patio, había un pequeño estanque con agua obviamente un poco congelada por el frío, aunque el invierno ya se estaba yendo de Konoha.
Mis pies caminan por si sólos, me detengo en medio del estanque y me volteó rápidamente al escuchar una exclamación.
-¡Increíble! –
-¿Umm? ¿No sabes hacerlo, Itachi-san?-
-No.- niega y me acercó a él.- No deberías llamarme así, somos casi de la edad.- comenta algo divertido.
-¿No entrenas?- pregunto estando a unos centímetros de él.
-Hai pero no sé hacer eso.-
-Hmm.- lo observo fijamente durante unos segundos.- ¿Qué te parece si, mientras estoy en la Aldea, entrenamos un poco?-
-Claro.- me sonríe levemente.- será un placer, Cristal-chan.-
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4 meses después…
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El grito ensordecedor de madre hace que me duela la cabeza, tuerzo la mandíbula e invoco mi espada demoníaca, con agilidad corro hacia el Templo, abro abruptamente la puerta y sin dar tiempo a explicaciones aniquilo a todo ser viviente en cuestión de segundos. Mis ojos viajan por toda la habitación pero no encuentro a nadie por lo que salgo al exterior, me percato de un rastro de sangre. Oigo las palabras de una de las sacerdotisas, maldiciéndonos a lo que yo meneo la cabeza en negación.
Me acerco a mi progenitora y comienzo a curarla, mientras lo hago, me hace jurar que cumpla con su venganza a lo que me tenso, deseo reírme pero debo cumplir. Siento la presencia de mis hermanas, por lo que voy rápidamente a un riachuelo que se encuentra a pocos kilómetros de distancia y colocó agua fresca en mi cantimplora. El castillo no es seguro, aunque ciertamente no tengo el deseo de acabar con vidas en este momento, es algo que encuentro fastidioso. Al volver me encuentro a las gemelas, siento como se tensan con mi presencia.
-Sakura-san me pidió aniquilar a todo habitante de la Isla.- habló después de unos minutos.
Una semana después…
Camino con paciencia entre las calles casi desiertas, los cadáveres y el olor a carne quemada invaden mis fosas nasales por lo que disimuladamente arrugo la nariz, volteo sobre mi hombro y observo con frialdad como Ayame ríe sádicamente sobre el tejado de una casa, se percata de mi presencia y se desvanece, segundos después la estructura se derrumba. Cierro los ojos y continúo mi camino encontrándome con más aldeanos que me miran con puro terror mientras suplican por su vida. Mi mano no tiembla, mi respiración es tranquila… Decapito a las doce personas que estaban al frente mío.
Aparte de nosotras y los animales, nadie más sigue con vida por lo que me dirijo a la entrada o más específicamente a la orilla de la Isla. Kin atendió el parto de Sakura, quién está recostada en el tronco de un árbol. Mis hermanas, por primera vez sonríen pero noto que es de pura satisfacción. Supongo que nunca quisimos a madre, veo el cuerpo de mi progenitora desaparecer por lo que frunzo el ceño por una milésima de segundo. Padre se la llevó para él, o al menos eso supongo.
Mi mirada viaja hacia el horizonte mientras tomo en brazos a mi pequeña hermana. Supongo que ir a Konoha es nuestra única opción. Mi Imoto abre los ojos y el color jade resplandece en ellos, nos miramos fijamente y sin poder evitarlo algo cálido se instala en mi pecho. La imagen de Itachi viene a mi cabeza y sin que el resto de mis hermanas vean, sonrío levemente.
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Dos años después
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-Me asignaron al Equipo 2, Tenma Izumo y Shinko Inari son mis compañeros. Espero poder llevarme bien con ellos.-
Miro de reojo a Itachi, la sonrisa en su rostro refleja la emoción que siente en ese momento. El año pasado, a la edad de siete años se graduó de la Academia y ahora formaba un Equipo de Gennin. Tengo entendido que esto nunca sucedió por lo que se lo considera un prodigio. Eso es debido al gran esfuerzo que coloca día a día en sus entrenamientos. Sonrío de lado y noto como tensa su cuerpo.
-Nadie podría odiarte, Itachi-kun. Seguro te llevarás bien con ellos, no te preocupes.-
-Aa.- sus mejillas se tornan un poco rosas.- Gracias Cris-chan.-
Quedamos en silencio mientras observamos el atardecer. Nos encontramos sentados en el puente de madera que está en el lago, es nuestro lugar de encuentro. Mi lugar favorito. Paso la mayor parte del tiempo con Sakura o Itachi, aunque a veces acepto misiones ANBU a pesar de ser muy joven para todos. Pero los que me conocen, saben de antemano que soy muy apta para el espionaje y asesinato, sobretodo cuando es a sangre fría. Volteo mi rostro viendo el perfil de Itachi, él me enseñó varias cosas, amar a tus hermanas fue lo primero que aprendí en la semana y media que estuve la primera vez en Konoha. Y desde que nos mudamos aquí me enseñó a ser más humana, -la violencia no es la solución- eso dice él… y yo le creo.
-Itachi-kun.- murmuro y le doy un beso en su mejilla, siento como se tensa sobre mis labios mientras da un respingo y trato de no pensar en que me tiene miedo.- Siempre estaré para ti.-
-Y yo para ti.- escucho su leve susurro pausado.
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Dos años después…
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Observo fijamente a Itachi quién se encuentra hablando con Izumi, giro sobre mi propio eje y comienzo a caminar hacia mi casa. Frunzo el ceño, aumento la velocidad de mis pisadas y cuando menos me doy cuenta me encuentro en el famoso Bosque de la Muerte, aunque para mi era un lugar de relajación. Mi puño golpea el primer árbol que encontré haciéndolo caer, el suelo bajo mis pies vibra debido al gran tronco que se derrumba con fuerza y los pájaros vuelan, alejándose de mi. Mi mandíbula se tensa, no encuentro una solución para el problema de los Uchiha. Fugaku se niega a recapacitar y el odio de los miembros del Clan crece cada día, a cada minuto.
Las reuniones de dicho Clan cada vez son más frecuentes y los ANBU no paran de vigilarlos. Sé perfectamente que Danzo se encuentra detrás de todo esto, y no puedo solucionarlo lo que hace que me enfurezca más. Itachi se encuentra angustiado un poco por esto, y yo no puedo aliviarlo lo que me frustra bastante. Sobretodo, porque mi misión es vigilarlo. Aunque obviamente, jamás lo traicionaría, porque si él decide estar de acuerdo con su padre, yo también lo estaré al igual que mi familia. Sacudo la cabeza alejando esos pensamientos.
Respiro profundamente un par de veces tratando de permanecer tranquila, muy pocas veces pierdo el control. Por no decir que nunca me pasó, pero presiento que debe sentirse algo así. Por primera vez un bufido escapa de mis labios y decido irme a casa, por alguna extraña razón me siento apartada de mi amigo. Trato de no pensar en ello, me siento estúpida al hacerlo y egoísta. Tomo una gran bocanada de aire y comienzo a caminar, poco a poco las calles de Konoha se van iluminando mientras paso por ellas, caí en cuenta de que ya estaba oscureciendo y que estuve varias horas en el Bosque. Detengo mi paso.
-Hasta que te encuentro.- mi corazón pega un salto, arrugo las cejas momentáneamente antes de voltearme a verlo.
-Felicidades por ascender a Jounin.- murmuro, lo veo apretar los labios.
-Gracias.- susurra apenas audible, me giro para continuar mi camino pero su mano me detiene por lo que lo observo de reojo.- ¿Por qué?- arqueo una ceja interrogante.- ¿Por qué te estas apartando de mi Cristal?-
-Tú eres el que se aleja.- contesto luego de unos segundos de silencio. La acusación me había sorprendido.
-No es cierto.- escupe y su agarre sobre mi muñeca se torna más firme.- Ya no vienes a mi casa, no apareces en los entrenamientos y me dejas plantado esperando horas por ti.-
-¿Has tomado tu decisión?-
-¿Uh?- su rostro muestra confusión y ladeo la cabeza un lado.
-Sé por lo que estás pasando. Los planes de Fugaku-san no son una sorpresa pero dime Itachi-kun, ¿hasta cuándo planeas permanecer al margen de todo esto?- suelto lentamente a medida que la cara de mi amigo se torna más pálida.
-¿Cómo…?-
-Desde el principio lo supe. Después de todo, mi misión es saberlo.- confieso pero entrecierro los ojos al ver en los orbes ónix la decepción.- Pero no te equivoques, porque decidas lo que decidas, hagas lo que hagas, no importa que tan grave sea, yo siempre estaré para ti. Siempre Itachi-kun.-
Poco a poco su mano me suelta, está algo cabizbajo y puedo sentir la angustia que emana de él, lo que hace sentirme más frustrada que hace unas horas. Suelto un respingo, de la nada me rodea fuertemente con los brazos y entierra su cara en mi cuello, su cálida respiración choca contra mi piel. Respiro lentamente y correspondo el abrazo, puedo sentir cómo poco a poco se va relajando. Las personas que pasan nos quedan viendo, sé que los ANBU no pierden detalle de nosotros y que seguramente escucharon lo que dije. Cierro los ojos inhalando el perfume de Itachi.
-No podía decírtelo.-
-Lo sé.-
-No me dejes sólo.- tiemblo ligeramente ante su pedido.
-Nunca lo haré.-
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Un año después
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-¡Bienvenida!-
-Estoy en casa.- murmuro.
Sakura me mira sonriente por lo que mis labios le devuelven una. Avanzo y Sakura me imita, ambas nos dirigimos al comedor en dónde se siente el olor a comida. Escucho a mi pequeña hermana hablar sobre la Academia y de que conoció a una niña llamada Ino. Sakura es muy insegura de sí misma y le cuesta hacer amigos, pensé varias veces en meterme cuando la molestan pero sé que sólo sería perjudicial para ella, debe aprender a valerse por sí misma. Aunque me duela.
-Hola.- saluda la gemela de ojos casi grises mientras coloca los platos.
-Hola Rin.- musito. Nuestras miradas se encuentran y se tensa en el acto.
Si creía que nunca me iba a enterar estaba muy equivocada. Desde un principio, supe que se encontraban a escondidas con Akasuna no Sasori. Me siento en la silla y en el acto Sakura lo hace a la par mío. No voy a mencionar nada al respecto, sólo Rin sabe por qué lo hace. Tal vez el renegado sea un amigo especial de mi hermana por lo que no voy a interferir en su relación. No es que no me interese, son mis hermanas y es normal que me preocupe por ellas aunque piensen lo contrario, creo que Rin es lo suficientemente madura cómo para protegerse y tener cuidado con Akasuna.
Por el rabillo del ojo veo a Ayame acercarse y sentarse a la par de Rin. Sus mejillas se encuentran sonrosadas por lo que arqueo levemente una ceja, sin embargo, no pregunto nada. La cena transcurre con pláticas tranquilas por parte de mis hermanas, cuando Sakura o Kin me hablan me limito a responder con monosílabos. No se ofenden y no esperan más, saben que soy así, no cómo las otras dos, Ayame y Rin, ellas aún me tienen mucho miedo y sé perfectamente que se encuentran alertas cuando estoy cerca. Debo admitir que eso me molesta un poco, no les haría daño nunca, son mis hermanas.
Itachi me enseñó eso.
Terminamos de comer y, ayudo a Kin a juntar y lavar los trastes. Hablamos un poco, me dice que debo ser un poco más cercana y charlar más, no le respondo. Sé a quienes se refiere por lo que me niego a continuar con la conversación y mi hermana se rinde. Me seco las manos para luego subir las escaleras y entrar al dormitorio de Sakura, quién me espera acostada. Agarró la silla que hay en un rincón de la habitación y la coloco a la par de la cama, manoteo uno de los libros que están en la estantería y comienzo a leérselo. Es una costumbre que tenemos con mi pequeña hermana. Aprovecho cada instante que puedo compartir con ella, por más mínimo que sea.
A la mañana siguiente me visto con un kimono ya que no voy a entrenar, luego de desayunar, me dirijo al Barrio Uchiha. A medida que me adentro las personas me van saludando e incluso me preguntan cosas, soy a la única que reciben de ésta manera. Todos son muy desconfiados, aunque no los culpo, después de todo ANBU Raíz los vigila continuamente. Por no decir que las veinticuatro horas del día están haciendo rondas. Camino directamente hacia la casa principal en donde me atiende una sonriente Mikoto, me invita a tomar el té y como siempre, no puedo negarme a esta encantadora mujer.
-Te estas convirtiendo en una mujer muy hermosa Cristal-chan.- pronunció suavemente luego de dar un corto y delicado sorbo al té de jazmin que estábamos tomando. Sin embargo, me fue imposible no arquear una ceja ante el comentario.
-¿Mikoto-san?-
-Hn.-
Entrecerré los ojos ante la dulce sonrisa de la mujer que tengo frente a mi, puede que muchos la vean como alguien incapaz de hacer algo malo –lo cual era cierto- pero su mente siempre se encuentra trabajando y sinceramente, estoy un poco curiosa de lo que se le cruza en la cabeza en este momento. Abro la boca para acotar algo pero nada sale de ella, sonrío levemente y observo como sus orbes brillan momentáneamente.
-A veces me asusta un poco Mikoto-san.-
-Oka-san tiene ese efecto.- volteo rápidamente y veo a un Itachi sonriente adentrarse a la sala de estar hasta posicionarse a la par de su madre para luego agacharse y besar la frente de ésta.- Estoy en casa.- le oigo murmurar.
-Itachi-chan.- saluda alegremente y luego me observa atentamente, evito la sensación de temblar.- Tengo que ir a hacer unos mandados ¿Podrías quedarte con Cristal-chan? Es mi visita y quiero preparar algo especial para el almuerzo.-
-Claro oka-san.-
Escucho la puerta cerrarse a lo que miro el lugar vacío que ocupaba anteriormente la mujer de melena azabache. Inclino la cabeza a un lado, intrigada por el comportamiento raro que esta teniendo Mikoto conmigo últimamente. Suspiro levemente mientras que Itachi se sienta al lado mío, lo observo de reojo para analizar su aspecto, claramente llega de una misión pero por suerte no presenta heridas, al menos no físicas.
-¿Te encuentras bien?-
-Mm deja de preocuparte tanto por mi Cris-chan.- golpea mi frente con sus dedos, me llevo una mano hacia la zona.
-Se trata de ti, siempre me voy a preocupar. Eres importante para mi.- susurro sin mirarlo y al instante siento como se tensa a mi lado. Mir orbes viajan hasta su rostro pero se encuentra tapado por su flequillo.- ¿Ita?-
-¿Siempre seré importante para ti? ¿Aunque decida tomar un camino peligroso? ¿Aunque me aleje de ti?-
-Siempre.- un escalofrío recorre mi espalda y lúgubres pensamientos cruzan mi mente.- Eres Ita-kun.- respondo simplemente.
Luego de unos segundos de silencios siento como la mano de él sujeta la mía fuertemente a lo que respondo con el mismo gesto. Nos miramos fijamente, mi corazón bobea con fuerza y tengo la boca seca, ajena a este sentimiento tiemblo ligeramente pero me niego a apartar la mirada.
-Siempre.- murmuramos los dos.
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Tres años después.
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Me mire en el espejo por enésima vez, un resoplido se escuchó en mi habitación pero lo ignoré. Llevaba puesta una falta tableada a cuadros, blanca y negra, que se ajustaba a mi cintura y que me llegaba hasta por debajo del muslo, una vez más tiré la tela un poco más abajo sin resultado alguno. En mis pies tenia unas botitas de color negras y unas medias del mismo color que me llegaban unos quince centímetros debajo de mis glúteos. Arriba llevaba una remera negra mangas tres cuartos ajustada cosa que hacia resaltar mi busto. Me llevo una mano al pecho mientras frunzo los labios.
-¡Deja de hacer eso!- protesta Kin acercándose a mi, coloca sus manos en mis hombros y me observa de una manera decidida y dura.- Estas hermosa.-
-Pero mi…-
-Tienes los pechos más grandes que usualmente los tendría una de tu edad, de trece años ¿y eso qué?- resopla y arqueo una ceja.- Es el cumpleaños de Aya-nee-chan, hay que ponernos bonitas y los invitados están llegando. Y tienes prohibido cambiarte, es una orden de tu hermana mayor.-
Antes de que pudiera contestar sale de mi cuarto seguramente para ir sirviendo algunos aperitivos a las personas que van llegando. Suspiro y mis orbes viajan hacia el espejo nuevamente, mi cabello ondulado me llega casi a la cintura y mi flequillo esta hecho un desastre como siempre. Trato de alejar cualquier tipo de absurdo pensamiento, hacía tiempo que no hago nada de chica "normal", por lo que este día sería para relajarme. Un nudo en mi estómago me dice que será algo imposible.
Sacudo la cabeza y lentamente me dirijo hacia la sala de estar, en ella se encuentran algunos conocidos platicando con mis hermanas. Soy la menos sociable por lo que no pude aportar con la invitación para algunos amigos excepto para los Uchiha´s quienes obviamente se negaron a venir exceptuando a dos personas. Me giro levemente mientras hacen acto de presencia Itachi e Izumi, mi estómago pega un vuelco al verlos juntos pero me tranquilizo momentáneamente cuando la castaña se dirige a otra persona para conversar. Los ojos de Itachi se posan en mi e inmediatamente siento el peso de estos mientras que comienza a caminar sin dejar de observarme.
-Cris-chan.- saluda asintiendo la cabeza.- Estas….-
-Rara, lo sé. Ideas de Kin-nee.-
-Hermosa, en realidad.- sonríe levemente y siento mis mejillas arder.- ¿Estas sonrojada? – murmura sorprendido.
-Hn.-
-¡Waa Cristal-san! ¡Te ves tan bonita!- Izumi exclama haciéndome callar, entrecierro los ojos por una milésima de segundo para luego sonreír levemente a la castaña.- Pareces una muñeca.- murmura en voz baja pero con Itachi la alcanzamos a oír, incluso ese matiz de odio.
- Ella es una muñeca Izumi-san.- volteo a verlo rápidamente pero su mirada está puesta en la castaña.
-Oe, Itachi-san.- Kin hace acto de presencia con su cámara en sus manos.- ¿Nos sacarías una foto?-
-Claro.- asiente tomando el aparato.
Mi hermana ignora por completo mi mirada, sé que planea algo, e incluso sé que está molesta por algo. Nos posicionamos las cinco frente al pastel y los flash de la cámara hace que cierre los ojos. Cantamos el feliz cumpleaños y una vez que Ayame sopla las velas, decidí salir a tomar aire fresco. Casi huyendo de la gente, me deslizo sobre el césped que se encuentra cubierto por una fina capa de rocío. Observo las estrellas mientras me abrazo, es una noche fría y por alguna razón tengo un mal presentimiento. Sin embargo, unas pisadas hacen que me relaje y mis hombros caen, haciéndome dar cuenta de lo tensos que estaban.
-Supuse que estarías aquí.- comenta una vez que se coloca al lado mío, observando el cielo al igual que yo.- ¿Todo en orden?-
-¿No debería preguntarte yo eso?-
-No quiero hablar de eso.- corta el tema automáticamente con su voz dura por lo que nos miramos fijamente, cambió tanto desde que Shishuo murió.
-Lamento no haber llegado a tiempo.-
-Ya te dije que no tienes que disculparte.- comenta ausentemente.
-Pero…-
-Cristal.- me corta y apuesto a que mis orbes zafiros se vuelven más fríos.- No deseo hablar de eso, por favor.-
Asiento con la cabeza y no digo nada, mis labios forman una línea recta.
-Te ves tan hermosa esta noche.- susurra sorprendiéndome mientras la palma de su mano se desliza por mi mejilla, es cálida contra mi piel fría.
-¿Ita-kun?- hablo del mismo modo, sintiéndome nerviosa cayendo en cuenta de la corta distancia que nos separa.- ¿Qué…?-
Me quedo quieta cuando sus manos levantan mi rostro ya que él es más alto que yo, su izquierda se posiciona en mi cintura y su derecha en mi nuca. Abro los ojos cuando sus labios se posan sobre los míos, sellándolos suavemente como el toque de Itachi, tierno. Cierro mis párpados, mis brazos temblorosos viajan para abrazarme de su cuello y me aprieto a él. Se separa un poco pero esta vez lo beso yo, me muerde el labio inferior levemente por lo que abro mi boca e inmediatamente su lengua choca contra la mía. Un suave sonido se me escapa, siento como su agarre se pone más firme y nuestros cuerpos se apegan más si es posible.
Nuestras bocas comienzan a moverse al igual que nuestras lenguas, a medida que la respiración en nosotras cada vez es más acelerada. Luego de un rato nos separamos para tomar aire mientras que un delgado hilo de saliva se desprende de nuestros labios, sus ojos se encuentras más oscuros de lo normal y él se encuentra sonrojado, puedo apostar que mi aspecto es igual al de Itachi aunque por el ardor en mis mejillas creo que estoy peor.
-Dime que me vaya.- murmura agitado.
-No.- niego de la misma forma y al instante nuestras bocas vuelven a juntarse de un modo casi desesperado y ardiente.
Luego de unos segundos la ropa se siente incómoda debido a la temperatura y me estremezo cuando su mano izquierda se desliza hasta por debajo de mi falda y me aprieta suavemente un glúteo a lo que yo gimo levemente mientras mi cuerpo responde por si sólo, apegándome más a él. Sus besos bajan por mi cuello, dejando un camino mojado pero rápidamente vuelve a mi boca y me muerde a lo que un gemido más sonoro se me escapa, me toma del mentón y me separa de él.
-Basta, no puedo controlarme.- su voz ronca se me hizo lo más sexy del mundo y comprendí su comentario, estamos en la edad de las hormonas.
-Hn.- mascullo simplemente aún atontada por nuestro comportamiento me paso la lengua por mis labios, acto observado detenidamente por Itachi.- ¿Un poco más?- se me escapa la pregunta antes de que pudiera detenerla.
-Cris.- su ceño se frunce y su mirada viaja hasta mi pecho, mi respiración se detiene al igual que la de él.- No traes sujetador.- habla quedamente y niego con la cabeza incapaz de hablar, su mano derecha agarra suavemente uno de mis senos para luego apretar lentamente haciéndome suspirar.- No es justo.- de lo ronca que sale su voz apenas lo oigo, me besa con fuerza y se separa de mi poniendo distancia entre nuestros cuerpos.
-¡Hasta que los encuentro!- mi hermana Kin hace acto de presencia pero me niego a mirarla, no la sentí venir.- ¿Quieren comer pastel?-
-Umm, ya debo irme Kin-san pero gracias igualmente.- habla rápidamente para luego sonreír forzadamente.
-Oh, una lástima. Me iré adelantando Cris-nee-chan.- se aleja velozmente a lo que entrecierro los ojos.
-Debo irme.- repite luego de unos largos segundos de silencio, nos miramos a los ojos y además del deseo capto dolor en sus orbes.
-Espera.- hago unos sellos y una pequeña bolsa aparece entre mis manos y se la entrego.- Es un regalo para ti.- mi vista se desvía, estoy algo avergonzada.
-Es bonito.- sostiene el collar entre sus manos.- Gracias, pero ¿Por qué?-
-Porque sé que no puedo evitar lo que pasa en tu Clan, así que para que me tengas presente a dónde quieras que vayas. Y que sepas que siempre estaré para ti.- le confieso.- Estoy segura que el Hokage encontrará una solución pero, por las dudas, no sé yo…-
-Cristal, gracias.- me interrumpe y su voz suena tierna, casi rota por las emociones y tengo el presentimiento que algo no me está contando.- Te quiero.-
-Yo…-
-No, te amo demasiado.- me da un corto beso y mi alma se desgarra porque siento que se despide de mi para siempre. Gira sobre su propio eje y antes de que se vaya digo con desesperación.
-También te amo mucho Itachi, más de lo que te imaginas.- confieso y se esfuma de mi vista.
Si hubiera sabido que la noche siguiente acabarías con tu Clan, me habría esforzado más.
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Volví :) ¡Los quiero y gracias por esperar!
