Just like Romeo and Juliet

By: A n D s I


Capítulo 10

"Lágrimas"


Apretó los párpados, sintiendo como algo perturbaba las inconclusas horas de sueño. Quizás había dormido dos o tres, quizás menos; no lo sabía con certeza, lo único que sabía es que no podía perder la guerra entre la luz del día que atravesaba su ventana y las ganas de seguir durmiendo plácidamente en su cama. Movió su cabeza hacia el lado contrario de los rayos solares, poco a poco conciliando el sueño perdido y sintiendo como los brazos de Morfeo arropan su cuerpo…

Unos suaves y delicados brazos de Morfeo.

Solo hizo falta de varios segundos para caer en cuenta que la famosa cita griega eran realmente unas extremidades que lo habían abrazado ofreciéndole más de aquella calidez corporal que tanto disfrutó las últimas horas.

Yamato abrió sus ojos poco a poco encontrándose con lo que llamaría el paisaje más maravilloso. Una ventana que dé hacia la torre Eiffel ó hacia una playa del Caribe en su mejor ocaso no se comparaba en nada con lo que tenía ante él… su musa, su luz, su más adorado paisaje. Se encontraba aferrada a él como si el rubio se tratara de un pomposo peluche, durmiendo tan profundamente que sería una crueldad despertarla, se veía tan tierna, tan angelical… con aquellos labios rosas entreabiertos y con los ojos cerrados reflejando cuan femeninas eran sus pestañas.

Se aventuró con delicadeza para apartar un mechón castaño, despejando aquel rostro que había besado harto en la noche. Cada mejilla, su nariz, su frente, sus labios; ahora eran suyos, tanto que añoró día y noche por poseerla y amarla como ahora lo hacía. La había anhelado lo suficiente como para que el destino al fin los uniera, sabía que aquel día que la había visto por primera vez ella terminaría en sus brazos durmiendo, aferrada a él. Se habían entregado en cuerpo y en alma, y ahora disfrutaban de la calma tras una magnifica experiencia.

-Te amo…- confesó tímido en susurro, mientras correspondía el abrazo de su adorada.

-Uhm…

Repentinamente, como si hubiese escuchado, la castaña se movió un poco sorprendiendo al rubio que temió haberla despertado. Falsa alarma. Simplemente se movió para darle la espalda y acurrucarse aún más, siendo vista tiernamente por Yamato quien no se movió solo para estudiar lo que la joven iba a hacer. Suspiró complacido al reconocer que solo buscaba su acomodo, acercándose a su rostro para depositarle un delicado y suave beso y así arroparla aún más con idea de dejarla descansar.

Se zafó de las sábanas para al fin separarse de la cama físicamente antes de que su flojera se atreva a persuadirlo a seguir durmiendo. Debía aprovechar ahora que estaba dormida para hacerle algo memorable, algo que ella al despertar muestre una inmensa sonrisa al conocer el lado romántico de Yamato Ishida, algo que ella aún no ha visto del todo… si tan solo supiera lo que es capaz el rubio de hacer solamente por ella, y en estos momentos la brillante idea de un desayuno en la cama venía como anillo en el dedo.

Cliché, pero brillante idea al fin.

Tomó sus pantalones del suelo recordando como su cuerpo poco a poco fue despojándose de su ropa hasta quedar completamente desnudo. Diablos… en serio la había encantado, y demasiado. Tener en su memoria algo tan mágico como lo de anoche era como para decir "Ya puedo morir en paz…", jamás en su vida se había sentido bien, vivo… enamorado. Juró que había escuchado cohetes, miles de juegos pirotécnicos que explotaban en su interior al sentir a su princesa tan cerca, que con solo besar sus labios ya la alegría se desbordaba. Y ahora que el amor entre ellos era claro, este solo era el comienzo, pues estaba seguro que no será la última vez de haber experimentado el verdadero placer con el amor de su vida.

Mientras terminaba de abotonar su camisa caminó hacia la cocina para confirmar que estaban los ingredientes que necesitaba, encontrándose con la excelente sorpresa –sarcasmo- de que las compras que había hecho ayer prácticamente la mayoría se había dañado. Al entrar a su apartamento a gran velocidad creyendo que la castaña se había escapado, dejó las compras que necesitan frío desordenadas en el suelo… con consecuencia que justamente los ingredientes que necesitaba para cocinar lo único que sabía hacer estaban, para su mala suerte, podridos.

Refunfuñó, ahora tenía que ir a la bodega, que de paso no quedaba muy cerca… ¿Qué más da? Si se apura le daría tiempo, por lo menos la chica seguiría durmiendo media hora más, tomándole unos cuantos minutos en ir de compras, regresar, cocinar, y finalmente, recibir el despertar de su castañita con un inexperto desayuno sabor a romanticismo.

-Jum…- suspira, la idea de salir con lo cansado que está no era tan brillante que digamos.

Se dirigió hacia el cuarto asomándose por última vez, contemplando a la castaña que seguía acurrucada en su cama completamente desnuda y con un rostro sereno que reflejaba lo bien que estaba durmiendo. Le encantaba contemplarla, como si fuera un ave del paraíso o algún ser celestial que jamás había sido visto por el ojo humano.

Como dije, la vida es bella.

Sonrió enternecido, prometiéndose mentalmente que no tardará más de lo que necesitaba.

-_-_-__-_-_-

Un joven peliazul estacionaba su auto cuidadosamente, cerciorándose por los retrovisores que no había nadie que pudiera empeorar su día chocándolo. Había manejado tanto que ya sus piernas imploraban receso, desde la madrugada se había impuesto que no descansaría hasta saber algo de la castaña, por menos que sea, pero necesitaba con urgencia contactar con alguien que conozca a un tal Yamato, o mejor aún, que conozca el paradero de Tachikawa. Cada segundo contaba, sabrá Dios que le habrán hecho aquellos degenerados… mira que secuestrar a una simple chica de 17 años es malévolo, y más una chica tan inocente y tan pura como Mimi Tachikawa… ya comprendía porque su padre había tenido tanto cuidado con ella como si se tratara de una copita de cristal, aislándola de la libertad tras no poder salir del Palacio Imperial de Japón, sin poder conocer lo que había detrás de esas murallas inmensas que separaban SU mundo con la realidad.

¿Era por ello que no podía salir de la mansión? ¿Por qué alguien estaba detrás de ella?

Estacionó su autoen uno de los puestos vacíos del estacionamiento, apagándolo para luego quedar pensativo al sentir que algo estaba aclarándose en su cabeza. Si su padre no quería que ella saliera era porque era más probable que la secuestraran fuera de su casa que dentro. Poco a poco creyó ser guiado por una corazonada que solo faltaba un poco más y al fin amarraría los cabos sueltos, está claro que hay unos traidores trabajando para el gobierno y que están detrás de todo esto, ¿Pero nada más ellos? Le olía a gato encerrado, y cuidadosamente encerrado. Si el padre de Mimi la quería alejada del mundo exterior es por algo, el problema es… ¿Quién en este "santo" mundo querría hacerle daño a la castaña? Tiene que ser un gran enemigo del presidente, tiene que ser alguien peligroso y con contactos dentro del gobierno, tiene que ser...

Tiene que ser…

¡Paf, paf, paf!

Se sobresaltó al sentir como la ventana del copiloto era golpeada con intención de bajarlo de las nubes. Un niño pequeño y de apariencia pobre y sin cuidado hacía señas con su mano pidiendo un poco de dinero… Jou bajó el vidrio para luego entregarle dos billetes que nada más le alcanzaría para un Sandwich, si le daba más probablemente lo gastaría en algo nocivo para su salud. Observó apenado como el pequeño corría hacia el mercado al aire libre, compadeciendo su país por la situación económica que tienen que sufrir el 70% de los Japoneses.

Y decir que en el gobierno pasado era el 90%.

-Debo seguir…

Al fin pudo dar libertad a sus piernas al bajarse del carro y ponerle con suma seguridad la alarma. No estaba en una zona muy atractiva que digamos… pero al visitar todas las calles de Tokio buscando indicaciones y aparte mostrando la foto de una misteriosa castaña –sí, él tenía una foto de ella… ¿A que no es tierno?- que NADIE tenía idea de quien se trataba, terminó por llegar a una de los últimos sitios que le ofrecían un poco de esperanza, y a la vez, mala espina.

Se trataba de la parte más peligrosa de Tokio, él único sitio que el presidente tiene prohibido entrar.

Caminó hacia un multo de personas que visitaban una especie de mercado informal, un grupo de buhoneros que se alargaban por una calle que vendían prácticamente de todo, incluso juró oír algunos cerdos y gallinas que al parecer eran vendidos con fines hambrientos.

Y hablando de hambrientos… su estómago no paraba de rugir.

No había cenado, ni desayunado, y luego de haber hablado con Yolei… ¿Cómo podría hacerlo? Estaba conciente de que la conversación se había cortado por causas NO naturales, no, no, claro que no. Los hombres que estaban detrás de todo esto habían evitado que la Inoue terminara de hablar, regalándole a Jou la incertidumbre por saber que apellido podría pertenecerle a ese tal Yamato, todo un mito.

-Buenas tardes…- saludó cordialmente a unas personas que lo miraban fijamente, acercándose a estos y mostrándoles una foto que llevaba consigo -¿Han visto a esta jovencita?

El rechazo decepcionó al joven, siguiendo su camino preguntándole a otras personas las cuales también le dieron un "No". Las respuestas negativas empezaron a aumentar, poco a poco comprimiendo el pecho de Jou que a pesar de saber que era imposible que alguien le diga una respuesta indiferente a una N y a una O, seguía luchando, seguía esperanzado, creyendo que así tenga que secarse la lengua con la misma pregunta todo el día lo haría, era lo menos que podía hacer por ella, por aquella castaña que lo ha hecho pasar puras noches en vela.

Rezó por la salud de la pelimorada, rezó por encontrar aunque sea una señal para hallar al tal Yamato, y más importante, rezó por encontrar a Mimi con vida.

Se apoyó contra una pared tras haber caminado un largo trayecto acosando a los ciudadanos con su interrogatorio. La verdad este día no será fácil, lo más seguro que le tomará más horas de lo previsto y eso no lo reconfortaba. ¿Cuánto tiempo le quedaba? ¿Es posible que la castaña en estos momentos se encuentre viva…? Por más que sea intentaba ser positivo a pesar de que todo señalaba que no sirve de nada optar por pensamientos optimistas. Ella tenía que estar bien, no se lo perdonaría nunca si algo le llegase a suceder, nada más imaginar a las torturas que puede ser sometida, secuestrada en un asqueroso hueco sin darle comida, ni agua… ni cariño.

Le dio un puñetazo a la pared, haber imaginado el rostro deteriorado y lastimado de su dulce Mimi detuvo su corazón. Ella no se merece dolor, no se merece ser secuestrada… los únicos responsables de este crimen tienen que ser personas crueles y sin alma.

¿Quiénes pueden ser capaces de tal cosa?

-¿Yamato dices…?

-Sí, pero el jefe aún está dudoso… aún no está seguro si su hijo es capaz.

Unas voces ásperas atrajeron la atención de Jou, encontrándose con un callejón sin salida que se encontraba justo al lado donde se había recostado.

Unos hombres, 3 para ser precisos, se hallaban hablando seriamente, discutiendo un tema que había despertado la curiosidad del Kido al escuchar aquel nombre que había sido su Karma por todo el día. ¿Será posible…? Sea como sea, no lo dudó… era mejor sacarse la incógnita de encima y averiguar si se trataba del mismo Yamato que él buscaba.

-Disculpen…- acercándose a los hombres dentro del callejón, los cuales se mostraron despectivos al detallar la presencia del peliazul –Espero que no sea molestia, ni un atrevimiento… pero, ¿Puedo preguntar de quien hablan?

Los hombres de negro se miraron entre ellos, bastante incrédulos, era poco creíble que un joven sea capaz de acercarse a ellos cuando está prohibido hablarles.

-Seguramente no es de aquí…

-No importa, tiene que aprender las reglas de este lugar…- el más alto de todos se aproximó un poco a él, mientras sus compañeros no le quitaban el ojo de encima a Jou –Es mejor que te largues, mocoso…

-¿Eh…?- extrañado -¿Por qué?

-¿Y todavía preguntas?- ríe –como se ve que no eres de aquí…- moviendo su chaqueta mostrando el mango de su arma, el cual era bastante pronunciado -¿Ya entiendes porque tienes que irte?

Intimidado, dio un paso atrás, a punto de salir de ahí cumpliendo con las órdenes de aquel imponente hombre que lo amenazada.

Pero por otro lado… presentía que si se iba, también abandonaría a Mimi.

-Y-Y-Yo…- apretando las manos, tensándose por completo… era un idiota, pero no un cobarde –No me iré…

-¡¿Eh…?!- sorprendido.

-¡Es que… estoy buscando a esta chica…!- mostrando la foto de la castaña –y la única persona que puede ayudarme es un tal Yamato, ¡Por eso necesito saber de qué Yamato hablan!

Podría decirse que Jou Kido era un completo iluso.

-Vaya, vaya…- suelta uno de los hombres -¿Cómo este chico logró enterarse?

-Da igual como lo haya hecho, tendremos que matarlo…

-¡¡…!!- pálido, ¿Acaso lo que escuchó era en serio?

-No hace falta, Morizuka…- esta vez era un hombre flaco pero alto, con cierta apariencia de mal gusto –Hey, niño… Si quieres seguir con vida, lárgate…

Las amenazas entraban y salían por sus oídos siendo simplemente ruidos sin ningún significado. Jou aún analizaba la conversación entre los hombres, confirmando que ellos sin duda sabían el paradero de Mimi, ¡No podía largarse cuando está tan cerca! Admitía que estaba aterrado, pero luego de horas y horas de búsqueda, no podía darle la espalda a esta oportunidad.

-¡NO me iré!- insistió, haciéndole caso omiso al último comentario -¡Necesito hallar a Yamato cuanto antes, él es el único que puede ayudarme…!

-¡Ese tal Yamato hará lo que sea menos ayudarte, mocoso…!- interrumpió el más fornido, que luego se le acercó rápidamente agarrándolo por el cuello de la camisa y elevándolo del suelo -¡Eres un insolente!

-Morizuka, no gastes energías en esa basura…

-¡A-A-Ayuda!- desesperado, tratando de pedir ayudar pero era descaradamente ignorado por los demás. Cada persona que pasaba cerca miraba atemorizado la escena y seguía caminando, bajando la mirada y haciendo como si nada estaba pasando -¡AUXILIO!

-¡Deja de gritar, niño!- sacudiéndolo -¡Esto te pasa por burlarte de nosotros…! ¡¿Qué no sabes quienes somos?!

-Morizuka…

-¡Cállense!- histérico –chicos como tú me enferman, ignorantes… que no saben de lo que es capaz la mafia Ishida.

-¡¡…!!

La mafia Ishida.

Ha entrado a la boca del lobo.

-En estos momentos podría cortarte la garganta y dejarte desangrar en el suelo… pero no lo haré porque hoy no quiero ensuciarme las manos- sádico, horrorizando al peliazul.

Tras esto, fue aventado fuertemente contra el suelo. El hombre había lanzado a Jou obligando que sus lentes cayeran lejos de él, complicando de sobremanera su visión.

-Y otra cosa…- pisando los lentes del chico, provocando un sonido de vidrios rotos que martillaba los tímpanos del peliazul al perder una de las cosas que más necesitaba en la vida –desperdicias tu tiempo buscando a esa niña… en minutos estará muerta.

Dios Santo…

-¡Morizuka! ¡Eso es información secreta!

-Da igual… es para quitarle esa asquerosa ilusión- ríe -…si eres inteligente vete a casa, mocoso. Yamato no te ayudará, un Ishida no ayuda a los malditos burgueses.

-Ya déjalo, Morizuka… vamos.

Los hombres se alejaron hasta ser unas manchas borrosas a lo lejos, dejando a Jou completamente impactado y sin razón alguna para levantarse.

Los Ishida, famoso apellido de reputación desgraciada. Superaron a los Yakuza y a toda mafia sobre la faz de la tierra, llevando consigo tantos muertos y sucios crímenes que ni con la cadena perpetua de sus miles de miembros es capaz de pagar su condena. Por años han sido las pesadillas de muchos, obligando que solo las personas de buen nivel económico vivieran lejos de sus calles escuchando aquel apellido nada más por las noticias. Jou era hijo de burgueses, en un status social alto donde le permite estudiar en una universidad prestigiosa y obviamente, le permite vivir en un sitio alejado de aquellas peligrosas calles de Tokio. No fue hasta hace segundos que desconocía lo que de verdad eran capaz de hacer esos miserables… congelando el alma del Kido al darse cuenta que era la mafia Ishida los que habían secuestrado la castaña, y que ahora iban a ser sus asesinos.

-No…- enterrando sus uñas en el grotesco pavimento, provocando heridas en sus yemas al presionar contra el suelo –No ella, por favor…

Mimi Tachikawa iba a ser asesinada por los Ishida… y por más que deseara detener aquel masacre, no serviría de nada.

Nadie ha sido capaz de salir vivo al enfrentárseles.

-¿Estás bien…?

Una distante voz trató de despertar del estado en coma que sufría el peliazul, aún sin despegar la vista hacia el suelo y sin poder detallar a la persona que se aproximaba a él.

-Esto… ¿Es tuyo?- el joven que aparentaba ser menor de edad le ofreció la foto de su adorada castaña, al parecer al caer se le fue de las manos al igual que sus lentes, aunque estos últimos no terminaron intactos –me imagino que los lentes también pero… quedaron despedazados.

-No importa…- sollozando tímidamente, ignorando a las personas que caminaban a su alrededor frecuentando el mercado y al misterioso chico que ahora trataba de ayudarle sin resultado alguno –Ya nada importa…

Hubo un silencio, donde el Kido todavía imploraba internamente por creer que nada de lo que estaba pasando era cierto, y en donde el joven se agachaba frente de él ofreciéndole una vez más un poco de apoyo.

-Debes tener cuidado… esos hombres en realidad son capaces de romperte más que unos lentes- serio -¿Qué hiciste para provocarlos?

-La he perdido…

-¿Eh…?

-Nunca tuve el valor de confesarle mis sentimientos…- hablando distante, sin estar conciente de lo que realmente decía y que ante él estaba un completo extraño. Parecía hundirse en una penumbra, sintiendo vigentes cada vez más aquellas palabras que fueron dichas por un aparente Ishida, ¿Morirá en minutos? Mimi… morirá… –si tan solo… supiera donde estás…

-Oye…- preocupado sin saber qué hacer realmente, trató de ofrecerle ayuda una vez más posando su mano sobre el hombro del peliazul. Desconocía por completo lo que le sucedía pero… no podía seguir caminando luego de ver como el chico fue humillado públicamente dejándolo en pleno sufrimiento -¿De quién estas hab…?

En eso, fijó su mirada hacia la foto que tenía en manos… topándose con el rostro de una castaña que ciertamente se le hacía un poco familiar.

-Estás hablando de esta chica… ¿No?- silencio –te ayudaré a buscarla, así que tranquilo…

-Es imposible… si está con ellos, es imposible recuperarla.

-¿Quiénes son ellos…?

Jou volvió a enterrar sus uñas sobre el pavimento, decir aquel apellido despertaba un escalofrío en su columna dorsal que le hacía perder cualquier esperanza.

-Los Ishida…- para luego subir su mirada y reflejar su desespero -¡Los Ishida la secuestraron!

-¡…!

Una sorpresa se denotó en el rostro borroso del chico que trataba de ayudarlo. ¿Los Ishida? Eso quiere decir que…

-Y yo que creía que… Yamato era mi última esperanza.

-¿Yamato…?- la pregunta fue respondida con un gesto positivo, mientras que el peliazul volvía a enterrarse en su dolor –te equivocas…

-¿Perdón…?

-Vas a ver que la conseguiremos a tiempo… no te preocupes.

-Estás subestimando a los Ishida… no podemos hacer nada.

-Y tú estás subestimando a mi hermano…

-¿Tu… hermano…?

-Yamato antes de ser un Ishida… es mi hermano.

-_-_-__-_-_-

-20 con 50…

-Tome…

Entregó el dinero a la cajera sin esperar vuelto, para luego recoger dos o tres bolsas de papel donde llevaba la reciente compra que había hecho en la bodega.

Se sintió aliviado al ver que le tomó menos de 15 minutos para hacer el pequeño mercado. Un éxito. Ahora era momento de regresar a su hogar donde le esperaba su amada aún en sueños, o al menos eso esperaba, tenía muchas ganas de sorprenderle con el desayuno que hacía cálculos mentalmente recordando qué iba primero y qué iba después. Sonrío, ahora que se daba cuenta era la primera vez que le emocionaba la idea de cocinar… Tantas cosas positivas ha traído esa adorable castaña a su vida… Decir que hace dos meses tenía una vida solitaria sabor a nicotina y a una prostituta que era simplemente un pasatiempo. Ahora todo era distinto, ahora ni tenía deseos de pensar en un asesino de pulmones o incluso en alcohol, todo parecía haberse transformado en un mundo nuevo que le daba la bienvenida al rubio en brazos abiertos.

Que hermoso y agradable mundo nuevo.

Mimi de ahora en adelante le pertenecía, ayer ella había dicho claramente que no se movería de su lado, que siempre estaría con él porque lo amaba…

Pero… ¿Eso no sería ser egoísta?

Mimi fue raptada por ÉL, fue alejada de su hermosa y cómoda vida para ser sometida a unos planes malévolos impuestos por su padre. Que ella le haya dicho que quería estar con él pudo haber sido una confesión momentánea, a lo mejor fue motivada por todas las emociones que sintió. Quizás ella realmente quiera regresar a su hogar, a lo mejor extraña a su familia, y su familia la extraña a ella. Ahora todo puede ser de color rosa pastel, ¿Pero qué hay de luego? No sería justo que ella viva en esta basura de apartamento pudiendo vivir en un hermoso palacio japonés con todo lo que podría desear una princesa; su princesa.

Bajó la mirada, sintiéndose inadvertidamente impotente, impotente al no poder darle un castillo de ensueño y ser el príncipe azul de toda chica. Y no solo eso… que no solamente era un plebeyo, sino que era el peor plebeyo para una inoportuna historia de Cenicienta.

-Soy un Ishida… - recordó a un paso de su motocicleta, deteniéndose en seco al reconocer lo pesado que ahora sonaba ese apellido.

"Las reglas son sencillas; si te opones, los que amas morirán… y si mueres, ellos morirán contigo."

Esas habían sido las reglas de su padre al ser un Ishida, y las que ahora apuñalaban su ilusión.

El amor se entrometió en su misión, obligándolo a olvidar cualquier amenaza que fue recibida por su padre y entrar por una puerta prohibida. Era un Ishida, es cierto… pero no podía evitar sentir semejante sentimiento por ella, la amaba, la amaba con toda su alma, y el rostro de la castaña se encontraba incrustado en su corazón mientras que las letras de su nombre fueron dolorosamente tatuadas con el pasar de los días. Era doloroso porque nada hermoso saldría de un amor entre una Tachikawa y un Ishida. Pero ya era demasiado tarde… a la hora de abrir esa puerta, es imposible cerrarla.

Montó las cosas en el compartimiento de su moto, para luego montarse y emprender al fin su camino de regreso.

Lo primero que le dijo su padre fue lo primero que olvidó, ahora había fallado nuevamente y el resultado de ello será más que una fatal paliza. Su hermano… su hermano estaba en peligro, ¡Su única familia está en riesgo por culpa de sus malditas emociones! Imaginar el mínimo de tortura provocado en el rubio menor hacía de Yamato el hombre más miserable del mundo. No. No podía permitir que Tk sufra por culpa de él, por culpa de su irresponsabilidad… y más que sufrir, que muera. Imaginar su vida sin su hermano menor era una desdicha, no merecía la pena seguir.

Entonces, ¿Qué hacer…?

¿Seguir con la misión comprimiendo sus sentimientos por el propio bien de su hermano y así mantenerlo seguro, aún cuando la castaña será sometida al infierno y a las mil y un torturas de la mafia Ishida?

Ó… ¿Mantener a Mimi a su lado pase lo que pase y rechazar a su nombre a pesar de que su única familia muera trágicamente en manos del mismo padre?

Apretó con fuerza el puño del acelerador mientras que la velocidad aumentaba haciendo que el viento golpee su rostro. Aquel dilema estaba desgarrando sus entrañas y por más que le gustaría responderla instantáneamente no podía, no podía decidir a quien salvar y a quien no. Se presentaba ante él una hermosa injusticia que alimenta la putrefacción que cosecha día a día este planeta, en serio no tenía idea de lo que era ser un Ishida, ni lo que le había esperado enfrentar por ser uno. ¿Acaso la vida merece la pena? Todo se había tornado oscuro, agrio, agónico… hasta quiso por un segundo desangrarse para así no llevar más en su cuerpo aquello que lo hace ser parte de la mafia. ¡Quería desparecer! ¡QUERÍA MORIR! Quería que todo esto se tratase de un agridulce sueño para así despertar y continuar su vida insípida y así no tener porque sufrir por un amor que apenas lleva unos meses con vida.

En realidad, parecía llevar reencarnaciones.

-La amo… tanto…- ido –Pero… ¿Qué hay de Tk?

¡PEEEEEEEEEEEEEB!

Un cornetazo lo sacó de su trance momentáneo haciéndole ver que sino frenaba en ese justo instante habría volado por los aires. Por poco era atropellado por un auto al comerse la luz roja, quedando en el medio de la calle mientras todas las personas que experimentaban el tráfico matutino lo miraban con molestia…

-¡Mira por donde vas, imbecil!

Otras cornetas volvieron a atormentarlo… si tan solo supieran, si tan solo supieran que unas simples cornetas no eran suficiente tormento comparado a las decisiones que debía tomar cuanto antes. Nada era peor, aparentemente su infierno se destaca en su presente reconociendo que los metafóricos látigos de Satán eran las punzadas que sentía en su pecho al recordar el rostro de su hermano y de la castaña.

Siguió inmóvil, cayendo nuevamente en un trance por todo el Stress que se estaba desarrollando en su mente.

-¡QUE TE APARTES, IDIOTA!- otro insoportable cornetazo -¡QUE NO VES QUE…!

-¡¡CALLATE!!

Un arma apuntó directamente a la cabeza del hombre sin paciencia, dejándolo impactado al ver como el joven al fin reaccionaba pero de una manera realmente temerosa. Aquella arma era famosa, todo persona que vivía en ese barrio conocía a la perfección la marca dibujada en el mango, el color negro azabache, la estructura perfecta de cada mecanismo de la pistola… su rostro palideció y sus manos tuvieron dificultad para agarrar el volante, sin duda era uno de ellos.

-Un… Ishida…- petrificado -¡Lo-lo-lo la-m-ment-to!- tras esto, esquivó la moto del rubio escapando a toda velocidad del sitio.

Yamato se quedó unos cuantos minutos sin moverse… aún sobre su moto y con la pistola esta vez apuntando hacia el suelo. Todos seguían su camino sin siquiera molestarse a avisarle lo mal ubicado que estaba al estar en medio de la calle. Nadie era capaz de enfrentar a un Ishida, a un monstruo.

Su mandíbula empezó a temblar, oscureciendo su mirada con la pollina de su rubio cabello.

-Soy… ¿Un monstruo?

-_-_-__-_-_-

Sus pies empezaron a moverse, haciendo movimientos circulares como acostumbra a hacer al entrar en proceso para despertarse.

Al fin… sentía como si había dormido un siglo, y no solo eso, había dormido extremadamente bien. Dios, su cuerpo estaba tan relajado… aparte la comodidad que le proporcionaba la cama debía ser disfrutada a toda costa, las sábanas se sentían tan suaves, la luz del día que atravesaba la ventana era divina, y hasta tenía una sonrisa en sus labios…

Solo faltaba algo.

Él.

-¡…!

Abrió los ojos de golpe tras sentir una cascada de recuerdos inundar su cabeza. Cierto, faltaba él… bajó la mirada hacia su cuerpo notando que la mitad de su espalda se encontraba descubierta y que sus pechos eran ocultados nada más por estar acostada boca abajo. Estaba desnuda, ¡Estaba desnuda! ¡POR CRISTO, en serio estaba desnuda! Poco a poco empezó a faltarle el aire, recordaba todo perfectamente, y la razón por la cual estaba como Dios la trajo al mundo es porque realmente no había dormido nada, nada de nada. ¿Cómo podría dormir? Si cuando al fin quedó dormida fue cuando ya había llegado el amanecer.

La verdad, tuvo una noche muy ocupada.

Un sonrojó pintó sus mejillas, sentándose mientras tomaba las sábanas para tapar todo su cuerpo… sentía tanta vergüenza, era la primera vez que alguien la veía desnuda, y no solo eso, ¡Había sido su primera vez! Damas y caballeros, legalmente había dejado de ser virgen, y créanme que no había duda en ello cuando lo habían hecho más de 3 veces. Carajo, seguramente quedaron tan incrédulos como ella lo está, pero a quien podemos engañar… Valía la pena hacerlo hasta 10 veces si iba a ser así de mágico. Empezó a recordar cada acaricia, cada sensación, cada orgasmo y cada sabor. El cosquilleo familiar volvió a retorcerse dentro de ella provocando que el sonrojo se intensificara… por más vergüenza que le causaba recordar todo aquello, no podía evitar querer más.

Lo había disfrutado tanto… lo amaba tanto.

Y ella a él.

Una sonrisa tímida hizo que al fin admitiera todos los sentimientos encontrados que había dentro de ella.

-Matt…- soltó mientras se aferraba a las sábanas, cerrando sus ojos imaginando aquel rostro que había contemplado tanto en la noche.

Y hablando de Matt… ¿Dónde carrizos estaba?

Era obvio que no estaba en la habitación… seguramente se había despertado antes que ella y lo más probable es que esté en la cocina. Y algo que lo confirmaba es el sonido de algunos platos que eran movidos de lugar. Su corazón empezó a latir con rapidez, sintiendo una inquietante felicidad por volver a verlo y decirle lo mucho que le había encantado aquella experiencia.

Sacó sus piernas fuera de la cama y se forró con las sábanas por todo su cuerpo sin paciencia por buscar ropa decente. ¿Para qué? La verdad luego de verla en todos sus ángulos y colores no hacía falta vestirse cuando se moría de las ganas por sorprenderlo con una alegre sonrisa. Así que sin más, disfrazada de una toga que se adhería a su cuerpo a la perfección haciéndola ver como una Diosa de la mitología romana, caminó hacia la puerta abriéndola suavemente para luego caminar con pasos pausados y silenciosos hasta la cocina, ya imaginando al joven rubio limpiando quién sabe qué con un ganchito en el pelo para no ensuciarse la pollina.

-¿Matt…?

Pero no era Matt.

-Vaya, al fin te despiertas…

Su voz sonó molesta a pesar de que trataba mostrarse serena mientras limpiaba algunos platos sucios. Lo que imaginaba ser un chico alto, guapo y rubio, ahora se había transformado en una persona baja, pelirroja y voluptuosa, sin comentar las ropas que vestía a estas horas del día.

Perdió el aliento al confirmar que lo que veía no era un peligroso espejismo, sino que realmente era aquella persona que se hacía llamar la novia de Yamato.

Sora.

-Había traído desayuno pero al parecer ya comieron…- seria –¿Disfrutaron el postre?

El sarcasmo despertó un escalofrío en su piel. Lo sabía.

-No te sorprendas, es obvio que lo sé… tu desnudez y el sofá perfectamente intacto me hizo deducir que no dormiste sola- ríe –y no quise despertarte porque seguramente no dormiste nada, ¿No es así?

-Yo…

-Cállate.

-¡…!

-Ni se te ocurra hablarme…- su voz se volvió aún más gruesa, aferrándose al lavaplatos mientras sus manos se tensaban por completo -¿Qué tal?

-¿Eh…?

-¿Te gustó?- sonríe –él es increíble en la cama, aparte sabe exactamente donde tocarme para hacerme gemir…

Inevitablemente ese comentario agitó unos celos que se habían quedado dormidos desde la última vez que la vio. Cierto, ella era su novia, es obvio que han hecho cosas mucho más allá de lo que Mimi había disfrutado en toda la noche… y eso le dolió, odiaba secretamente que haya habido una mujer antes que ella, que lo haya tocado y besado por todo el cuerpo mientras que apenas la castaña aprendió lo que era el placer. Mantuvo su compostura aún cuando quiso insultarla… no podía insultarla, Mimi fue la que falló, no ella. La única que realmente merece ser insultada es la persona que se acostó con el novio de otra.

La pelirroja se alejó del lavaplatos para luego dirigirse hacia ella, quedando a un metro separadas mientras que Mimi empezó a sentir como le temblaban sus piernas… esa chica le despertaba mala espina, hasta le temía. Admitía que lo que había hecho había sido malo, pero… ella amaba a Yamato, no pudo evitarlo, y es más que obvio que Yamato se sentía igual. Y por lo que se aparenta, su adorado rubio no parece sentir algo más que necesidad por la pelirroja… aquel día, cuando fue la primera vez que la conoció, la trató con tanta frialdad que era absurdo creer que había un noviazgo entre ellos.

-¿Lo amas…?

-…

-Responde… ¿Lo amas?

-Yo…

-¡¿Lo amas?!

Su paciencia había llegado al límite.

-Sí- silencio -Lo amo con todo mi ser…- confesó directa, plenamente sincera –y él a mí.

-Mentirosa…

-Sora…

-¡MENTIROSA!- de la nada, la pelirroja se abalanzó hacia ella depositándole una dolorosa cachetada en su mejilla, ganándose un color rojizo y un ligero rasguño proporcionado por un anillo exuberante que tenia la chica en el dedo. Se lo merecía, eso es verdad, pero una cachetada no iba a hacerle cambiar de opinión respecto a sus sentimientos, ella amaba a Matt, y punto –maldita mentirosa…

Sorprendida por su inesperado ataque, sobándose delicadamente la mejilla mientras veía a la joven que tenía ante ella con cierto temor.

-¡¿Qué no te das cuenta?!- histérica -…esto no es un estúpido caso del síndrome de Estocolmo, niña… crees que te ama, pero realmente te está usando.

-¿…Q-Qué?

-Yamato NO te ama…- insistió esta vez con una sonrisa, sintiéndose victoriosa por el repentino terror que desprendía la mirada de la castaña.

-Te equivocas- respondió derecha y clara, que a diferencia de la pelirroja mantuvo una postura respetuosa -él me dijo que…

-¿Qué te ama? ¿Qué te dejará libre? ¿Qué pase lo que pase no permitirá que algo te suceda?- ríe –eres una ilusa… ¿Crees que él te hubiese mantenido secuestrada solo por fetiche?

-…

-Jum…- suspira, encogiendo los hombros –por más que quieras, ellos vendrán por ti, trato es trato.

-¿A qué… te refieres?

-Yamato es un Ishida, querida… y ningún Ishida falta al jefe.

Su cuerpo empezó a perder calor de una manera inimaginable al sentir como esas palabras atravesó la epidermis de su pecho, luego la musculatura y, finalmente, su corazón… creer que esa persona a la que se había entregado llevaba la misma sangre que aquellos mafiosos fue más que un balde de agua fría, fue como si hubiesen dejado caer sobre ella un Iceberg del tamaño de una isla. No su Matt, no su querido Matt… él no podría ser un Ishida, es absurdo. Los Ishida eran monstruos, ¡Por Dios, eran los asesinos de su madre!

Prácticamente había quedado paralizada, sin poder respirar, sin poder oír, sin poder creer lo que la joven acababa de decir sin anestesia alguna.

No, era imposible. No podía ser cierto.

-Mientes…

-¿Ahora me dices mentirosa a mí?- vuelve a reír -Yamato es el hijo del jefe de los Ishida… y como es el único decente entre todos sus hombres, lo mandó a encargarse de ti mientras deciden que hacer contigo- desconociendo completamente que cada palabra que decía era una estaca que apuñalaba el alma de Mimi –te tiene aquí por una misión, más nada.

-¡Pero…! ¡ÉL ME AMA! ¡Él es tan bueno conmigo! Incluso… ¡INCLUSO EL Y YO…!

-Sexo…- prosiguió dedicándole una fría mirada –solo fue sexo.

Atónita.

-¿Qué…? ¿Pensabas que habían hecho el "Amor"?- acercándose a Mimi de una manera intimidante, mientras que la castaña aún no lograba reaccionar por todas las cosas que había escuchado –solo te usó, mocosa…

-¿Por… qué…?- poco a poco sintiendo su profundo ser ahogarse en la agonía, le costaba hasta respirar -¿Por qué… me hacen esto?

Sora tomó su bolso y se dirigió a la puerta sin siquiera voltear a ver a la castaña ahogándose en una oscura y helada penumbra llena de incertidumbres. Pudo haberse mostrado seca, cruel, frívola… pero Mimi no era la única que sufría con pleno dolor punzante. Ella fue traicionada, fue engañada, a pesar de haber mantenido una relación tan poco cariñosa con él, siempre había amado a Yamato, y la única forma en que se lo mostraba era entregándosele, era la única forma de poder atravesar su dura coraza de chico malo y reservado.

Agarró la manilla más no pudo darle la vuelta al recordarse así misma hace unos años atrás sola y desamparada, siendo criada por los Ishida y enamorándose perdidamente del hijo del jefe desde el primer momento que lo vio. La dura realidad que tuvo que sobrevivir desde que era pequeña la conllevó a ser la mujer que era ahora… y así tenga que ser una arpía, no le importaba. No podía permitir un amor entre un Ishida y un Tachikawa, un amor entre un Montesco y una Capuleto… un amor… que solo traería tragedias para todos, y principalmente para ella.

Si el jefe se llegase a enterar, mataría a Yamato. No podía permitir que el amor de su vida muriera por culpa de una entrometida con apellido desterrado por la mafia.

-…Porque eres una Tachikawa- apretando la manilla –eres una mancha que debe ser removida.

Y tras esto, escuchó como la joven se dejó caer sobre el suelo dando inicio a unos pobres sollozos que estaba segura que aumentarían con el pasar de los segundos. Salió de ahí cerrando la puerta tras de ella y haciendo lo posible por retener algunas lágrimas que han querido salir desde el primer instante que abrió la puerta de la habitación encontrando a la castaña desnuda y dormida.

_-_

Subió un escalón, y otro… llevando en sus manos las compras que recién había hecho. Su rostro a diferencia de cuando salió ahora era opaco y sumiso, sintiéndose en la perdición, en la impotencia más concreta posible. Otro escalón más, otra punzada que atravesaba su pecho…

En eso, la necesidad de subir la mirada lo obligó a encontrarse con una persona que venía bajando las escaleras, ambos deteniéndose y viéndose fijamente.

-Sora…

La pelirroja lo miró perturbada, engañada, traicionada… una inmensa cantidad de sentimientos indignantes se hacían agua en su boca al reencontrarse con aquellos ojos azules. Ya había hecho la primera parte de su plan, ahora venía la segunda… y a decir verdad, era más una ayuda que una despechada venganza… En cambio el rubio internamente dedujo que si Sora venía bajando las escaleras es que venía de su apartamento, asustándose de sobremanera al creer que hubo algún encuentro entre la castaña y ella…

-¿Q-Qué haces aquí…?- nervioso -¡Más te vale no haberle hecho nad…!

El sonido de una bofetada retumbó en los pasillos del edificio, sintiéndose el eco del alarido del rubio al sentir incluso torcer su cuello al ser un golpe temiblemente fuerte y grotesco. Sora apretó sus labios para no hacer una mueca de dolor, sintiendo como el ardor de la palma de su mano impedía el deseo de seguir agrediendo al pedazo de engendro que tenía como novio o al menos como amante. De un momento a otro llegó a tener la oportunidad de odiarlo superando un número ilimitado… quería odiarlo, podía odiarlo.

Pero, simplemente, no podía hacerlo.

-Vendrán a buscarla, tu padre no confía en ti por eso mandará a unos de sus hombres a matarla…- soltó recta y reteniendo una vez más las lágrimas, bajando los escalones hasta estar algunos más abajo que el rubio, dándole la espalda.

Yamato seguía impactado, más bien el dolor que le habían proporcionado en la mejilla había desaparecido al escuchar aquello.

-Solo te diré…- continuó, escondiendo su mirada con su pelirroja pollina –que es mejor que te olvides de ella…

_-_

El último sollozo fue mudo… por un momento hasta sintió que no podía respirar ni moverse. Todas sus extremidades estaban entumecidas incluyendo sus labios que por más que quisiese gritar los sentía helados y ateridos, y decir que aquellos síntomas NO se comparaban con lo comprimido que estaba su corazón, como si ahora dentro de ella yace un reino frío y oscuro que absorbía lo que quedaba de su persona. Todo era un abismo, un agujero negro… un triángulo de las bermudas que desaparecía sin dejar rastro cada una de sus emociones y sentimientos.

Que desaparecía todo el amor que había cosechado por él…

-Yamato… Ishida- se dijo, sin saber cuál de los dos sonaba más doloroso. Pudo haberle no creído a Sora, pudo haber confirmado con pruebas que aquel rubio la amaba con toda su fuerza, pero… ¿Es posible hacer todo eso cuando no sabe nada de él y cuando el inicio de su relación fue un inesperado secuestro? Estaba tan claro como el agua y tan profundo como el océano… fue engañada y usada, engañada por el hombre que le había entregado todo y usada por su peor enemigo, por el apellido que se prometió acabar así sea en contra de sus valores.

Se levantó con mucho esfuerzo para luego caminar tambaleándose hasta la cocina y recostarse contra una de las gavetas. Ya no lo ama, ya no existe en su mundo, y si tiene que esperarlo para encararlo, tenía que hacerlo con valor… no iba a permitir que el mismo destino de su madre se plante en ella con tanta facilidad, y por más que odie su vida en esos momentos como para luchar por ella, lo hacía por venganza. Yamato era un Ishida, era un asesino, no importa cuanto lo ame ni cuanto lo necesite en su vida… si ella iba a morir, entonces…

-No…- ida, sin reconocer el peso de sus palabras –…no te daré el gusto…

-¡MIMI!

La puerta fue abierta súbitamente para reflejarse un desesperado rubio entrando al apartamento. Las compras habían quedado a mitad de camino, al igual que su sudor por subir lo más pronto posible y todas las palabras similares a inútiles excusas… buscó con la mirada la felicidad llevada a estado físico, más no la hallaba, desesperándose aún más al creer que Sora la había dejado ir cuando la castaña no sabía ni en qué galaxia estaba. Cerró la puerta tras de sí y dio unos pasos preguntando dos veces más su nombre, y al último intento giró su rostro hacia la cocina encontrándose con una parte de la sábana que se dispersaba en el suelo. No cabía duda, era ella…

-Mimi… ¡Mimi!

Yamato dio un brinco hacia el sitio, descubriendo a la dueña del nombre parada y recostada contra el mueble de cocina, aún aferrando las sábanas a su cuerpo desnudo. Se estremeció, y muchísimo… verla aún en su hogar fue suficiente como para que el ritmo de su corazón bajara notoriamente. Dio algunos pasos más aproximándose a ella, con la gloriosa imagen en su mente de abrazarla y besarla como nunca antes quiso…

-No…

-¿Uhm…?

Algo afilado apareció repentinamente en aquella mano escondida de la castaña… el brillo del cuchillo detuvo los pasos del rubio quien aún no procesaba lo que se presentaba ante él. ¿Un cuchillo? Mimi tenía un cuchillo en manos… Sin entender, buscó su mirada encontrándose con un par de ojos de un oscuro color miel, sin brillo, sin chispas… Era la primera vez que veía aquella mirada en ella, pareciera como si había otra persona en su cuerpo, un ser sin vida que ahora lo miraba con odio y le apuntaba el arma blanca directamente a su pecho.

-No te me acerques…- frívola, sin apartar el cuchillo.

-Mimi… ¿Qué sucede….?

-Aunque me hayan quitado a mi madre…- apretando el objeto firmemente –no permitiré que hagan conmigo lo mismo tan fácilmente.

-¿Qué… estás diciendo?

-Lo sabes, no te hagas…- pausa -¿No les bastó asesinar a mi madre? ¡¿NO TE BASTÓ USARME Y ENGAÑARME?! ¡¿Ya me disfrutaste lo suficiente para así deshacerte de mí con tu asquerosa mafia?!

Sus orbes azules se abrieron de par en par… lo sabía, Mimi ya sabía toda la verdad.

Demonios, Sora…

-Mimi, lo que te haya dicho Sora… puedo explicarlo…

-¿En serio?- incrédula, ironizando una sonrisa –no hay nada que explicar, Yamato… o déjame decir, ¿Ishida?- el rubio la miró con dolor, sin atrever a acercarse cuando el arma aún seguía punzante hacia su pecho -¿Cómo antes no me di cuenta? Tú… ¡Tú eres la persona que me secuestró ese día…! ¡TÚ HAS SIDO MI INFIERNO DESDE EL PRIMER MOMENTO!

-¡Todo tiene una razón de ser!

-¡LOS ISHIDA ASESINARON A MI MADRE! ¡Me secuestraste y me usaste! ¡ERES UN MONSTRUO!

La palabra provocó que su cuerpo no respondiera a las señales que le mandaba su cerebro por lo que se acercaba, quedando paralizado sin apartar su mirada hacia la castaña cuando realmente lo que miraba era la nada. No reaccionaba, y no podía hacerlo cuando el amor de su vida le había dicho eso…

–Te odio…

-…

-¡TE ODIO TANTO!

La castaña se abalanzó hacia Yamato con el arma directamente hacia su pecho, tenía toda la intención del mundo de atravesar el cuchillo en su piel a pesar de que quien manejaba sus movimientos era toda la ira y odio que corría por sus venas y cada una de sus arterias. En una fracción de segundo muchas cosas pasaron por sus mentes…

Él, el primer momento en que la conoció. Ella, el día en que su madre murió.

Cuando la vio en el balcón. Cuando fue secuestrada.

El día en que sus sentimientos por ella nacieron, crecieron y se quedaron para siempre. El ahora en que ella… desterraba de su ser todos los sentimientos que se habían formado por él.

Él la amaba.

Y ella, lamentándolo mucho, también…

Fue en ese instante en que Matt reaccionó y reconoció al fin a la castaña que se abalanzaba en cámara lenta hacia él. Mirándola con suma compasión sin tener necesidad alguna de esquivar el cuchillo que se dirigía directamente a su corazón, el rubio estiró su mano hacia la muñeca que sostenía el arma hasta agarrarla, todo en una fracción de segundo en donde sus mentes navegaban en sus emociones y que ahora formaban una inmensa barrera entre ellos que les urgía atravesar.

-¡…!- la castaña se detuvo al ver como el cuchillo se transformaba en un objeto inútil al sentir la fuerza que plantaba el rubio en su muñeca… reconociendo lo que estaba a punto de hacer y todo por el dolor que crecía en su pecho. Mimi soltó el arma escuchándose el sonido del metal contra el suelo e irrumpiendo el silencio que había en la cocina, aún impactada por sus propios actos y por los ojos azules que no se desprendían encima de ella.

-No permitiré que me hagas daño no porque no lo merezca… sino porque tú no te mereces todo el odio que sientes por mí en estos momentos.

Dejó de apretar su muñeca para luego soltarla, viendo como la castaña se aferraba a las sábanas que tapaban su cuerpo y bajaba la mirada.

-Quiero irme…

Y tras esto, la primera lágrima resbaló por su mejilla.

-Mimi…

-Por favor…

-…

-No quiero volver a verte.

¡TOC TOC!

Un inusual llamado a la puerta fue lo que logró apaciguar un poco la tensión en el ambiente, aunque al reconocer lo que podría ser lo que hizo fue aumentarlo. Yamato inmediatamente miró el portal de madera sintiendo como la piel de gallina se adueñaba de su cuerpo, temiendo lo peor… ya visualizando a dos o tres hombres detrás de la puerta esperando pacientemente a que sea abierta al menos que la paciencia la tengan por el piso, no le extrañaría escuchar dos disparos para volar la manilla y ver como los hombres de su padre siguen las órdenes de la mafia, órdenes en las que se verá implicado oponerse si alguno de ellos pone una mano encima de su Mimi.

La castaña por la mirada del rubio pudo deducir que la visita no era amena, no, no… al ver como se dilataron sus pupilas estaba segura que venían por ella. Empezó a aterrarse imaginando ser torturada, olvidando completamente quien era su verdadero enemigo mirando a Yamato pidiendo auxilio…

-Ve al cuarto…

-Pero…

-¡Hazlo!- en susurro.

La castaña obedeció al rubio corriendo hacia la habitación y cerrando la puerta. Yamato por su parte se cercioró que la ojimiel estaba lejos de lo que pasaría para luego caminar hacia la puerta con pasos pausados, sin querer admitir que estaba sumamente aterrado pero no podía permitir que se la llevasen… tenía que pelear cueste lo que le cueste, la única forma para que pongan un dedo sobre ella será sobre su cadáver.

Al tener la puerta en frente estiró la mano hacia la manilla tratando de disimular los temblores… ocupando la otra en la pistola que carga dentro de su pantalón para luego sacarla y esperar lo peor.

Movió la manilla.

Y…

-¡MATT, CALMA!

Todo fue rápido, al mover la manilla abrió la puerta con tanta rapidez como lo hizo apuntando la pistola hacia el frente… estuvo a punto de disparar, sino fuera por aquella voz familiar la bala ya hubiese atravesado la cabeza de su hermano quien lo miraba aterrado.

-T-Tk…- impactado.

-Matt… ¿Estás bien? ¿Por qué abriste la puerta así?- el rubio menor había palidecido pero poco a poco fue recuperando el color normal de su piel, aún mirando intimidado la pistola que Yamato mantenía en su mano -¿Y puedes darte cuenta que aún me estás apuntando?

-Lo lamento…- bajando el arma -¿Qué haces aquí?

-¿No puedo visitarte? Se supone que eres mi hermano… ¿No?

-Yo… bueno…- con discreción, salió cerrando a medias la puerta del apartamento sin… -¿Necesitas algo?

-¿Eh…?- incrédulo –Yamato, soy yo… TU her-ma-no… ¿Recuerdas?- con extrañeza, cruzando los brazos -¿Desde cuando necesito algo para visitarte?

-No es eso…- nervioso.

-¡Mentira, sí necesito algo...!- pegando repentinamente unos brinquitos para luego empujar a Matt y entrar de una al apartamento.

-¡Tk, espera!

-¡Solo será un segundo!

El rubio menor entró con tanta rapidez que no se percató del rostro atemorizado de Yamato, dirigiéndose directamente hacia el baño pues la emergencia que cargaba encima lo ha perseguido desde hace un buen rato ya. Estuvo a punto de abrir la puerta cuando en eso ve una figura femenina asomándose de la habitación de Matt, deduciendo a la primera de que se trataba de aquella pelirroja que realmente nunca le cayó bien y que lo más probable haya dormido aquí por tener las sábanas forrándola.

-Ah, ¡Hola Sora!- siguió de largo y cuando estuvo a punto de abrir la puerta del baño su mente pareció mandar señales de alarma, señales de que aquella joven que había visto asomándose tímidamente por la puerta no era pelirroja, ni era Sora.

No, sin duda no era Sora.

-¿Eh…?- volteó a ver a una castaña que lo miraba con igual de sorpresa, confirmando que su mente no le estaba haciendo una mala jugada sino que la chica que estaba a unos metros de él era la misma jovencita que buscaba el Kido. Es que tenía que ser ella, era demasiado idéntica para no serlo –Yamato…

El rubio menor volteó hacia su hermano con una inmensa seriedad y desconcierto, buscando respuestas sin tener que hacer preguntas.

-Mimi, vístete…- dijo mirando a la castaña quien obedeció al instante, cerrando la puerta y dejando a solas a los dos hermanos.

-¿Qué hace ella aquí?

Yamato quiso no responder, no se atrevía a responder… pero no le quedaba otra, sino le decía de alguna u otra forma se enteraría. Soltó un suspiro para luego rascarse la nuca en señal de nerviosismo, buscando las palabras adecuadas para empezar la disputa que seguramente le plantaría el rubio menor.

-Te hice una pregunta, Yamato… ¿Qué hace Mimi Tachikawa en este sitio… cuando se supone que debería estar secuestrada por los Ishida?

-Yo…

-Permiso…

Una voz desconocida atrajo la atención de los rubios, quienes voltearon hacia la puerta notando a un joven peliazul que se asomaba educadamente por la entrada. Yamato lo miró confundido sin saber quien era, mientras que Tk dirigió su mirada hacia su hermano mayor ya conociendo el resultado de todo cuando Jou se entere de lo que esta pasando en el apartamento.

Empezó a armar las piezas del rompecabezas en su mente, comprendiendo que la castaña que estaba en la habitación mantenía una relación con Yamato, y cabe destacar que es una relación prohibida al ser ambos apellidos con largos años de diferencias.

-¿Quién eres?

-Oh, bueno… vengo con tu hermano, soy Jou Kido…- dijo apenado detallando sigilosamente el sitio. El rubio mayor buscó a Tk aún sin comprender porque trajo un extraño a su casa, siendo verdaderamente raro cuando sabía muy bien que no le gustan las visitas de desconocidos.

-Lo traje porque eres la única persona que podría ayudarlo…- soltó con cierta frialdad.

-Verás…- sacando nuevamente la foto de su billetera, mostrándosela al rubio mientras reflejaba desespero –estoy buscando a esta chica… tiene 17 años y se llama Mimi Tachikawa… fue secuestrada por los Ishida y tengo que hallarla cuanto antes…

Oh, Dios…

-¡Hoy me enteré que la matarán y…!- apretando la foto -¡No puedo permitir que algo malo le pase! No a… mi querida Mimi.

Tk esperó paciente la reacción de su hermano, quien simplemente no reflejó expresión alguna. Se quedó instalado viendo la foto, tan distante a la realidad que fue fácil descubrir a los ojos de su hermano menor lo que pasaba por su cabeza. Estaba en Shock… estaba en un estado en donde luchaba internamente qué hacer, cuando la respuesta es clara… esperó a que el acto de Yamato sea el correcto, que tome en cuenta que si todo esto se trataba de un falso secuestro, debía detenerse. Sobretodo porque una relación entre la hija del presidente de Japón y el hijo de la mafia Ishida, simplemente, no podía ser.

Por otra parte, Yamato al escuchar como habló de su castaña con propiedad sintió un ataque de celos, confirmando que aquel joven que casi le rogaba en rodillas tenía un gran interés en ella, cabe destacar que no estaba muy cómodo con ello. ¿Su querida Mimi? ¿Qué diablos se traía este mojigato? Maldito burgués…

-Por favor… tiene que ayudarme…

Odiaba a ese intruso, odiaba a la vida, odiaba a su nombre…

Odiaba el hecho de ser un humano que se enamoró, siendo esta felicidad un crimen y un homicidio disfrazado de amor.

-Yamato…- presionó Takeru –la matarán…

-…

-¡Por favor…! ¡Se lo ruego!

Y como si ya nada valiera la pena… cerró los ojos con fuerza para luego arrepentirse mentalmente de lo que está a punto de hacer.

_-_

No podía escuchar muy bien a través de la puerta, pero por lo que pudo darse cuenta que había alguien más aparte de Yamato y el nuevo rubio en la sala. Por más que intentaba no lograba reconocer la voz a pesar de que se le hacía enormemente familiar, ¿Quién podría ser? Aparentemente no son las personas que trabajan para su padre, o al menos eso es lo que ella percibió al ver lo inofensivo que era el chico nuevo que parecía ser el hermano de Matt por su inevitable parentesco.

Se había puesto la primera ropa que consiguió y ahora se moría de los nervios por saber qué demonios era lo que estaba ocurriendo tras esa puerta. Esperaba pacientemente, esperaba ser arrebatada por los hombres Ishida y alejarse aún más de la posibilidad de libertad. ¿Cómo de un hermoso y brillante cielo puede caerse a un oscuro y horroroso infierno en par de segundos? ¿Acaso la vida tiene que ser así de cruel? Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas al visualizar el rostro de la persona que había robado más que su corazón, sintiéndose idiota por haberse enamorado de lo imposible, de lo absurdo. Pero por los cielos… lo amaba tanto, y eso le dolía. Por más puras hayan sido aquellas palabras que dijo momentos atrás, tenía que ser sorda.

Y muda… ya que por más que añore decirle un "Yo también", estaba prohibido por su propia sangre.

Repentinamente, la puerta de la habitación fue abierta sin esperarse… revelándose una sorprendida Mimi ante tres hombres quienes cada uno le dirigía una mirada distinta.

Yamato no la miraba, pero sabía que mentalmente lo hacía.

Tk le reflejaba compasión, y al parecer alivio.

Y por último…

-Jou…

-¡MIMI…!

Los brazos del Kido rodearon su delgado cuerpo en cuestión de segundos, dejando completamente atónita a la castaña quien aún no podía creer lo que veía y sentía. Jou… ¡Jou estaba ahí! Una ola cálida derribo su tristeza sintiendo mucho más que alivio, cumpliéndose lo que venía soñando desde hace tanto tiempo. Libertad, al fin esa palabra resonaba en su cabeza con toda razón de ser, escuchándose distante los sollozos de un desesperado peliazul pues sus sentidos habían dejado de funcionar misteriosamente.

Jou le recordaba a casa…

-¡GRACIAS A DIOS QUE ESTÁS BIEN!- separándose y estudiándola de pies a cabeza -¡¿No te hicieron daño?! ¡¿Segura que estás bien?!

-Superior Jou…- aún ida -¿Qué hace… aquí?

-¡Tk me ayudó a encontrarte! ¡Yolei me dijo que tenía que encontrar a Yamato y Tk resultó ser su hermano!- agradecido, aún sin soltarla -¡No tienes idea de lo mucho que te he buscado! Ahora sí podremos regresar a casa, ¡Ya todo está bien, Mimi!

Sonrío a medias por la expresión de felicidad que demostraba el Kido, para luego desviar su mirada y contemplar dolorosamente a un rubio con cabizbaja.

-Es mejor que se vayan…- interrumpió un sereno Tk, acercándose a los reencontrados –es peligroso que sigan aquí…

-¡Sí!- soltó alegre -¡Les agradezco desde el fondo de mi corazón!- esta vez refiriéndose a Yamato –Estaré eternamente agradecido… les prometo pagarles el favor…

-No…

-¿Uhm?

-Solo… llévatela…

Mimi escuchó con pesar lo secas que sonaron esas palabras.

Pero era mejor así.

-Vamos…- soltó la castaña mirando con cierto rencor a Matt –ya no aguanto por regresar.

-¡Sí!

Tras esto, ambos salen del apartamento mientras Jou se despedía una vez más agradecido, dejando a un preocupado Tk y a un frío Yamato que no despegaba su vista del suelo.

-Hermano…- acercándose -¿Qué fue lo q…?

-Tk…

-¿Uhm?

-Vete a la casa de la anciana Kaede y no salgas hasta que sea tiempo…

-¿Qué…?- confundido –pero…

-¡VETE!

_-_

Y allí estaba él… una vez más en su inmensa soledad, conciente de que su hermano menor estaba en el lugar que le había ordenado, conciente de que la castaña estaba muy lejos como para sufrir lo que le tocaba dentro de unos minutos.

Yamato se encontraba sentado en su cama, con la mirada oscura y con la tortura del aroma a rosas aún en la habitación… ese fue su adiós, una mirada con odio fue lo que protagonizó una despedida que será eterna por prometerse en cumplir los deseos de su musa, de su querida castaña. Era lo mejor, ella estará segura, nadie le hará daño… Y Tk, por los momentos no le pasará nada.

Si sobrevive… se encargará de mantenerlos seguro.

-¿Dónde está…?

Una voz carrasposa demostró que ya su soledad de había esfumado… tres hombres habían entrado al apartamento en busca de la mercancía encontrándose con la sorpresa que nada más habitaba un indiferente rubio aferrado a unas sábanas como si fuera lo más importante en su vida.

-Hey, Ishida…- insistió -¿Dónde está la niña?

-Hagan lo que quieran…- sin apartar su mirada hacia la nada –pero ya está lejos de su alcance.

-¡¿Eh?!- indignado -¡¿La has dejado escapar?!

-¡No sabes lo que has hecho!

Siguió en silencio, mientras que los hombres se mostraban más eufóricos aún.

-No saldrás ileso de esto, mocoso… el jefe será tu padre pero no le costará matarte por lo que has hecho.

-Me da igual.

-¡¿…?!

-Ya les dije… hagan lo que quieran…

Nada tenía sentido sin ella.

-¡Oh, créeme que eso haremos!

El impacto del mango de la escopeta contra su cráneo provocó la más lúgubre oscuridad en Yamato, perdiendo la conciencia aún cuando sentía con lujo como caía su cuerpo al frío suelo mientras que la caída de su rostro fue amortiguada por las sábanas que usó la castaña horas antes…

Siendo lo último que recuerda… el aroma a rosas penetrando su alma.

-Mimi…


-To be continue…-


Comentarios de la autora:

No, no se preocupen… no es el fin del mundo.

Soy yo, actualizando, por más señal del Apocalipsis que se asemeje… :)

¡HEY THERE! Mis queridos lectores, mis adorados lectores… ¡Mis abandonados lectores! NO tienen idea de cómo salté de la alegría al finalizar este capítulo, siendo víctima de un colapso mental causado por mi corto tiempo libre y por mis inacabables tareas… ¡Carajo, son infinitas! Hoy –que eso sí es un milagro- no tenía que ocupar mi tiempo con algún trabajo, así que me dediqué en pleno en terminar el capítulo 10 de Just like Romeo and Juliet, y… VOILÁ! Tarde, pero actualizado al fin… xD

Ok, debo serles franca… este capítulo fue MUY difícil de escribir… tanto por la cantidad de sentimientos que debía plantar y por los sucesos. Algunos me parecieron demasiada coincidencia, pero… ¿Qué puedo decir? Escritor que no depende coincidencias no es escritor xD El punto es que no me siento muy orgullosa con el resultado, me hubiese gustado que sea más "Vayamos a nuestro rincón" –frase de Ale, xD- pero esto es todo lo que pudo dar mi sobrecargada cabeza… ¿Éxito? No sé, pero probablemente si lo fuera sería porque actualicé… xD

Chicos, no odiemos a Sora… ¿Si? xD Perdonen sus fans, pero miren el lado bueno… ¡Evitó que fueran por Mimi! Me parece que hace el papel de Rosalinda a un estilo peculiar, e indispensable… ya que como es muy cercana a la mafia, hará presencia importante en el siguiente capítulo.

Jou, quisiera decir que es tierno, pero lo odio XD no quería que se llevara a Mimi.

Tk, bueno… es Tk, el chico correcto, el lado angelical de nuestras mentes.

Y ahora, Mimi y Matt… ¿Qué opinan de la pelea? ¿Demasiado trabajada? En realidad Mimi iba a clavarle el cuchillo en el hombro pero me pareció demasiado radical, no no… xD no queremos a una violenta Mimi en nuestra historia cuando es Yamato quien se ensucia las manos.

Y tan sweet my dear Matt… ¡Con intención de hacerle un desayuno! *.* ¡YO QUIERO, YO QUIERO!

Ejem… -.-

A pesar de que ya sepan las circunstancias de mi tardanza, me disculpo, ¡ME DISCULPO! Es que deben odiarme, deben tenerme en un cofrecito lleno de telarañas con el nombre de Andsi indescifrable por el polvo… lo sé u.u ¡Y los entiendo! Pero ni modo, no puedo prometerles nada porque en serio mi tiempo es extremadamente corto, con decirles que no veo a mi novio sino una vez a la semana, ¿Comprenden mi tortura? Ser universitaria es bueno.

Ser una universitaria exigente consigo misma, no lo es… xD

En fin… ¡ESPERARE ANSIOSA SUS REVIEWS! Y eso se debe a que en serio necesito saber si les pareció suficientemente dramático y que si pueden tolerar más… xD

Espero que sí…

¡MUCHAS GRACIAS POR SU GLORIOSO TIEMPO Y POR SU APOYO AÚN CUANDO SE SIENTEN ABANDONADOS POR MÍ! ¡SE LOS AGRADEZCO CON SUMO CARIÑO! Y por ello para la próxima semana haré lo posible por actualizar Instituto Hokkaido, i will! Se lo merecen *.*

digimon4ever99, Nailea (Oh, Nai, no me odies… xD te prometo visitar una de mis historias favoritas para dejarte mi rev! GOMEN!T.T), anitikis, Eri, sweetcarmeen, Sakura Tachikawa (Te limpié el rinconcito para que no te ensucies cuando me odies al terminar de leer el capítulo n.n), Taishou, Melisa, Chizuma, Adrit126, Hana Echizen, PiNneaPple-wish, Andrea.

¡Gracias a todos! *.*


Atte.

A n D s I