HOla niñas, ¿qué tal andan?

Acá de nuevo con otro cap que supongo que agradará y desagradará por igual el final xD No me odien. Al menos es larguito.

Aprovecho y hago un poco de publi de una nueva comunidad LJ que acabo de abrir. Se llama vrai_epilogues y es una comunidad para fics y fanarts de la 3 Generación de Harry Potter. Las invito a todas: lectoras, escritoras y dibujantes para que se den una vueltecita por allí a hacerlos compañía.

http :// community. livejournal . com/ vrai_epilogues/ ----- (sólo quiten todos los espacios)

Y recuerden que un fanfic se nutre de los reviews!!! Un besito


No es que las cenas en casa de los Weasley-Granger fueran toda una fiesta, pero el silencio casi sepulcral que se estaba viviendo en aquel instante sí que se salía de lo normal.

-¿Por qué no me contáis cosas del colegio? –les abordó Hermione en un intento de aligerar el ambienta tan pesado que los envolvía.

Rose, Scorpius y Hugo se miraron casi al unísono, sin decidirse ninguno de ellos a darse por aludido. Lo cierto es que Theodore Nott, el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras de los chicos, le había advertido expresamente al menor de los Weasley que a la vuelta de las vacaciones quería tener una tutoría privada con alguno de sus padres. El chico, aunque se esforzaba, seguía siendo bastante torpe con los encantamientos para esa clase y raramente alcanzaba el nivel de un alumno de segundo. Lo cual era muy preocupante porque Hugo estaba en tercero. Por eso, porque sabía la cara de preocupación que pondría su madre y lo enojado que estaría su padre, decidió antes de bajarse del Expresso de Hogwarts que pospondría la temida charla lo máximo posible. No quería arruinarle las vacaciones a nadie.

Descartado el muchacho, Rose fijó su mirada directamente en el plato de canelones que su madre le había preparado. Ella también tenía algo bastante gordo que ocultar. Algo, que con toda probabilidad, no tardaría en llegar hasta los oídos de toda su familia.

Scorpius carraspeó.

-Slytherin va a la delantera de la Copa de Quidditch –anunció con una gran sonrisa. –Y gran parte del mérito es de Rose.

Ron fijó sus enormes ojos castaños en los de su hija.

-No sabía que estuvieras en el equipo, Rosie.

-Y no lo estoy, papá –al ver la cara de confusión de Ron, se animó a aclarar: -Yo me encargo de los entrenamientos, de idear las tácticas… Ya sabes. En realidad no tiene tanta importancia.

Scorpius miró incrédulo a su amiga. ¿De dónde había salido esa actitud sumisa y derrotista? ¿Por qué se comportaba de esa forma delante de sus padres?

El rubio ya se había percatado del cambio de actitud de Rose en cuanto se reunieron con los Weasley en la estación. Incluso el tono de su voz cambiaba, más aflautado, más melodioso, más… complaciente. Él mismo conocía demasiado bien los síntomas como para no reconocerlos. La morena sentía desesperadamente la necesidad de agradar a su familia, de sentirse merecedora de su cariño. Se sentía inferior a ellos. ¿Por qué? ¿Porque era una Slytherin? Eso no la convertía en algo indigno sino todo lo contrario.

Rose era fuerte, era orgullosa, era poderosa… era una hermosa serpiente. Scorpius lo sabía porque él mismo la había moldeado y ningún pelirrojo pobretón iba a apagar su obra.

-No seas modesta, Rose. –la morena le lanzó una mirada de advertencia, gritándole en silencio que se callara. Por supuesto, Scorpius la ignoró. –No es que disfrute con la hora y media de entrenamiento diario al que nos somete cada día, pero cada vez que aparece con esa libreta ajada de los Chudley Cannons llena de garabatos y nos dice que tiene una táctica nueva, me relajo. –el rubio se llevó el tenedor a la boca –Tenemos el partido ganado.

-¿Tácticas nuevas? ¿Una libreta a jada de los Chudley? ¿La que te regalé por navidad cuando tenías doce años?

-Sí, papá.

-Guau. No sabía que te interesaba tanto el quidditch.

-Apuesto a que no –susurró Scorpius lo suficientemente alto como para que todos lo escucharan.

Ron le lanzó una mirada mezcla de odio y vergüenza y miró de nuevo a su hija.

-Cuando estemos en casa de los abuelos tienes que enseñarme una de esas "tácticas nuevas" –un brillo extraño apareció en los ojos de Ron.

Rose no sabía qué contestar.

-No sé…

-¿Cómo que no sabes? –el pelirrojo miró a su esposa pidiéndole ayuda. -¿Por qué no ibas a poder enseñárselas a tu padre?

Rose barrió con la mirada a todos los ocupantes de la mesa, buscando en alguno de ellos un cómplice que le apoyara contra el empecinamiento de su padre. Hugo seguía tratando de pasar completamente desapercibido, Hermione Granger tenía la mirada suspicaz de "yo también quiero una respuesta" y Scopius, oh Scorpius, en cuanto pudiera se encargaría de borrar esa sonrisita estúpida de su cara cincelada.

La morena respiró hondo y volvió a fijarse en su padre.

-No nos vendría demasiado bien que tres jugadores de Gryffindor y dos de Ravenclaw vieran nuestro as antes del partido. ¿No crees?

Ron sopesó un momento las palabras de su hija. Tres jugadores de Gryffindor… sí, claro. Teddy, James y Albus por un lado y Lorcan y Lysander por el otro. Bueno, era probable que Luna no viniera con su familia a la cena de nochebuena… ¿A quién quería engañar? Esos niños siempre estaban revoloteando por la Madriguera con el resto de sus sobrinos. Por mucho que le molestara admitirlo, Rose tenía razón. No sería muy sensato enseñarle los trucos al enemigo.

-Bien. Vale… tienes razón –agregó con la boca chica. –Ya encontraremos algún modo de verte volar.

-Seguro que por La Conejera hay mucho campo libre donde podrían perderse con las escobas un rato –contribuyó Scorpius aún con esa sonrisita.

Rose le dio una patada por debajo de la mesa para que se callara.

-La Madriguera –le corrigió Ron. –No La Conejera, pero Malfoy tiene razón. Aquello es muy grande. Podríamos irnos una tarde entera y nadie nos echaría en falta. De todas formas, podrías enseñarme ahora tu cuaderno.

Ya estaba hecho. Ronald Weasley acababa de descubrir que su hija, la serpiente, posiblemente había heredado su pasión por el quidditch. Hacía años que intentaba inculcarle ese amor deportivo a Hugo. Llevándolo a partidos en los que siempre se dormía, comprándole equipaciones que siempre perdía… sin saber en ningún momento que estaba enfocándose en el hijo equivocado. Sí, había visto los enormes pósters de la habitación de Rose sobre su equipo favorito, pero siempre había pensado que sería más por estar colada por alguno de sus jugadores que po el equipo en sí. Descubrir todo aquello había sido una sorpresa, una muy grata sorpresa, que el artífice de todo hubiera sido la copia en miniatura de Draco Malfoy ya no le parecía tan genial.

-¿Por qué no terminamos todos de cenar ante? –Hermione cogió la bandeja de la comida. -¿Alguien quiere un poco más canelones?

Hugo acercó su plato hasta su madre.

-De todas formas, Harry me dijo el otro día que Teddy se estaba tomando muy en serio su papel de capitán del equipo de Gryffindor. Quizás vosotros también os llevéis alguna que otra sorpresa.

Un brillo peligroso surcó los ojos grises de Scorpius. Miró a Rose y con una sonrisa torcida se dirigió de nuevo a Ron.

-La serpiente siempre ha sido mucho más lista que el león.

oOoOoOoOoOoOoOoOo

Que Victoire se fuera directa al coche de sus padres en cuanto bajaron del tren, pasó desapercibo para Harry Potter pero no así para su hijo James. Como les había dicho Potter después de los saludos y reencuentros con sus hijos, Ted Tonks y Andrómeda Black había tenido un pequeño percance a la vuelta de uno de sus viajes de jubilados por lo que hasta que volvieran, Teddy se quedaría en su casa con ellos. James no había sacado el tema en toda la tarde. Lo que menos le interesaba era que la perspicacia casi inhumana de su madre empezara a obtener información, pero ahora que la casa estaba en completo silencio y la mayoría de la familia Potter dormía –a Albus le quedaba una larga noche recuperando el tiempo perdido con su nueva Play Station VII –no podía evitarlo por más tiempo.

-Parece que Vic está cabreada de verdad.

Teddy dejó de frotarse el pelo con una toalla y miró directamente a su amigo. Llevaba puesto solamente los pantalones largos de un pijama desgastado color verde. James le lanzó una de sus camisetas viejas para que se la pusiera.

-Creo que es hora de que hablemos, Teddy.

El chico suspiró.

-Sí. Supongo que sí.

James cogió una pequeña pelota de baseball que tenía sobre la repisa y comenzó a jugar con ella. Lanzándola arriba y abajo, haciendo tiempo para buscar las palabras adecuadas con las que abordar el tema. Por suerte para él, Teddy estaba mucho más despejado que la noche anterior y fue él mismo el que comenzó.

-Escúchame Jimmy, he tenido todo el viaje de vuelta para pensar. Sé lo que debes estar pensado ahora mismo de mí. Ellas son tus primas, tu familia, y yo…

-Tú eres mi hermano –le cortó él. Teddy no supo qué contestar. –Por eso no entiendo cómo no me lo contaste antes.

-No sabía cómo hacerlo. ¿Qué pretendías? ¿Qué me acercara un día y te dijera: buenos días, James. Estoy saliendo con Victoire pero ayer me lié con Rose. Sí, tu prima pequeña? Me hubieras partido la cara y hubieras tenido todo el derecho. Lo que no entiendo es como no lo haces ahora.

James guardó silencio unos momentos.

-¿Qué sientes por ella? –dijo al fin.

El peliazul lo miró desconcertado.

-¿Por quién?

-¿Sabes Teddy? Estoy haciendo un esfuerzo verdaderamente sobrehumano para no partirte la cara ahora mismo. Por Rose, idiota. Por Rose. –el moreno se dejó caer sobre la cama. -¿Por qué echarlo todo por la borda?

-No lo sé.

-¡¿Qué no lo sabes?!

-James, ¡por Merlín!, baja la maldita voz –Teddy miró hacia la puerta alarmado, como si esperara que su padrino entrara por ella alarmado por los gritos.

-Dame una respuesta válida, Teddy, para que te eche ahora mismo a patadas de mi casa.

-La quería, ¿vale? ¿Es eso lo que querías oír? –sentado sobre el colchón en el suelo que le serviría de cama, Teddy dejó caer la cabeza sobre sus manos, ocultándose el rostro. –No me preguntes cómo o de dónde surgió porque ni yo mismo lo sé. Pasó y ya está.

-¿Hace cuanto lleváis manteniendo esto en secreto? –preguntó el moreno ahora más calmado.

-¿Qué importa eso?

-Importa porque si voy a ser vuestro cómplice en todo este asunto hasta que se solucione, necesito saberlo todo.

James lo miró intensamente, esperando la respuesta.

-A comienzos del verano pasado –se limitó a contestar.

-¿El verano pasado? ¿Cuándo vinieron Krum y sus hijos a visitar a la tía Hermione?

-Sí. De hecho puede que eso lo propiciara un poco.

-Explícate –exigió fríamente el moreno.

Lupin lo miró confundido. ¿Por qué estaba tan interesado James en saberlo todo? ¿En ayudar? En cuanto se enteró que James sabía lo que estaba ocurriendo, Teddy pensó que su mejor amigo se desentendería del asunto. Ojos ciegos y oídos sordos, esa era la filosofía de James Potter en cuanto a los problemas de los demás. Sin embargo, esta nueva fascinación por sus problemas de faldas le asombraba casi tanto como le asustaba. ¿Quién podría presagiar el final de todo este asunto?

-Nos pilló a ambos en un momento bajo. Esos búlgaros de nariz ganchuda y voz grave se paseaban por La Madriguera como si fueran dioses que hubieran tenido la amabilidad de hacernos una visita a la Tierra y el resto de la familia los colmaban de atenciones como si todo eso fuera verdad. Sé que a tu prima le encanta tontear con chicos. No te creas, estoy más que acostumbrado. Ella tiene a todos esos chicos detrás y yo a las grupies del equipo. Todo inocente, no iba más allá. Pero ese verano me tenía loco, pavoneándose todo el día delante de ese cavernícola de Gustav Krum. Supongo que me pilló una semana tonta, eso es todo. Y de pronto ahí estaba… Rose.

››No lo sé. Al principio no era nada fuera de lo normal. Charlábamos y nos hacíamos compañía. Ella se sentía sola y me contaba todos sus problemas en Slytherin y yo le hablaba de Victoire. Antes de que ninguno de los dos pudiéramos darnos cuenta, Siempre nos buscábamos con la mirada cuando estábamos en la sala rodeados de gente, nos escondíamos de todos para tener nuestras conversaciones a solas y Vic había desaparecido radicalmente de nuestras conversaciones. Fue una conexión tan brutal que cuando quise frenarlo, ya no podía. No quería. Me enamoré de ella como un estúpido. La necesitaba cada día, tener nuestros momentos a solas. Roces castos de manos al pasar, pataditas disimuladas debajo de la mesa… Perdóname James, pero era tan brutal todo aquello, me sentía tan bien que incluso aunque hubiese podido detenerlo no lo hubiera hecho.

Teddy parecía derrotado y James lo sabía. Jamás había visto a su amigo así. Sí, sabía lo de todas esas gryffindors y ravenclaws que iban a verlo entrenar y a los partidos. Sabía lo de las cartas, los regalos… A pesar de todo, Teddy no le había hecho caso a ninguna de ellas. Era un hombre pillado, como él mismo solía denominarse, pero ahora…

¿En quién demonios se había convertido ahora?

-¿Qué vas a hacer? –le preguntó dándole un apretón confortador en el hombro izquierdo.

-No lo sé, James.

-Bueno, no te preocupes ahora. Mañana por la mañana lo verás desde otra perspectiva.

James se metió bajo las sábanas de su cama sin poder evitar preguntarse en cuál de sus primas pensaría Teddy antes de dormirse.

oOoOoOoOoOoOoOoOo

A Rose no le extrañó nada encontrarse a su compañero sobre su cama cuando volvió del baño. Es más, se lo esperaba. Scorpius nunca había sido del tipo que respetaban las reglas y en cambio sí de los que preferían las suaves sábanas de las féminas. El rubio estaba sentado sobre la cama con las piernas cruzadas y con un pijama de seda verde esmeralda. Ojeaba ávidamente un álbum de foto que Rose no tardó en identificar como uno de esos objetos vergonzosos que jamás se deberían mostrar.

El rubio seguía sin reparar en la presencia de Rose o, si lo hacía, no daba muestra alguna de ello. La morena miró molesta para el pasillo que había dejado atrás, comprobó con cierto alivio que no había nadie y cerró con cuidado la puerta de su habitación.

Carraspeó, pero Scorpius continuó ignorándola. De hecho, ahora incluso tenía esa sonrisa burlona en los labios.

-¿Nadie te enseñó que es de mala educación mirar las cosas de los demás sin permiso? –le espetó la muchacha desde la puerta.

Él siguió sin mirarla.

-¿Me hubieras dejado mirar este álbum si te lo hubiera pedido? –pasó a la siguiente hoja.

-Por supuesto que no –le respondió ella indignada. –Y si no te importa, ¿podrías devolvérmelo y salir de mi habitación? Si mi padre te pilla aquí te castrará… o algo mucho peor.

-¿Peor que la castración prematura? Permíteme que lo dude.

Rose no pudo evitar soltar una ligera risotada ante la contestación del muchacho. Así era Scorpius Malfoy: engreído, insolente pero terriblemente encantador. Resignándose ante lo imposible, la niña decidió acercarse a la cama y sentarse al lado de su amigo. Al mirar por encima del hombro el libro que el rubio tenía entre las manos, Rose vio con horror que la foto que tenía ahora mismo delante era la de la fiesta de su décimo cumpleaños con un vestido morado lleno de flores amarillas, gafas de pasta y unos enormes aparatos en sus dientes.

-Te odio –exclamó, tratando de arrebatarle, sin éxito, el álbum de entre las manos.

Los reflejos de Scopius fueron más rápidos y alejaron el libro del alcance de Rose.

-¡Dámelo!

El rubio esbozó su sonrisa más cegadora.

-¿Y la palabra mágica?

-Ahora.

-No. No. –Rose estaba casi encima de él.

-No seas crío, Malfoy. Vamos, dámelo. –forcejearon un poco más.

-Si no bajas la voz, la correctísima prefecta y Premio Anual Hermione Granger vendrá a ver de dónde sale todo este alboroto. Y no creo que agrade demasiado ver a un chico como yo en el cuarto de su hija adolescente.

Rose frenó en seco con los juegos y enarcó una ceja incrédula.

-¿Un chico como tú? –repitió.

Scorpius se pasó intencionadamente la lengua por el labio, humedeciéndolo, con la intención de centrar la mirada de Rose en ellos.

-Peligroso… -le aclaró.

Ahora le tocó a Rose el turno de esbozar la sonrisa Slytherin, hiriente y superior.

-Estás en mi casa, Malfoy. Bajo mi techo y entre mis sábanas. No creo que sea yo la que corre peligro aquí.

Él adoptó la misma actitud desafiante.

-Bueno, no estoy exactamente entre tus sábanas… aún –esta última palabra la lamió.

-No creas que tendrás la suerte de estarlo. Aléjate un poco más de mí.

-¿Te pongo nerviosa, Weasley?

Sí que la estaba poniendo nerviosa, pero eso era algo que Rose Weasley jamás admitiría. En cuento la muchacha se paró dos segundo a analizar la situación, tuvo que flagelarse mentalmente por haber permitido que sucediera. Ella, ataviada simplemente con un fino pijama de pantalón corto, estaba prábajcamel peso detada sobre el colchón de su cama bajo el peso de Scorpius Malfoy. Algo que sin lugar a dudas, escandalizaría a cualquier mente racional de la tierra.

-Lo digo en serio, Malfoy. Estoy cansada y me gustaría irme a dormir. Hugo debe haber notado ya que no estás y como mañana se le ocurra decir algo a mis padres.

-He dejado a tu hermano bien dormidito en su habitación, no creo que se despierte –susurró, acercándose aún más a ella.

-Pero y si… -dudó.

-Nunca me han gustado los peros, Rose. Ya lo sabes.

En los escasos cinco segundos que Scorpius tardó en pronunciar esa frase, su tono había cambiado radicalmente, tornándose ahora severo y mortalmente serio. Rose no sabía qué decir. Esta era una de esas situaciones en las que nunca se había visto implicada. Una de esas situaciones en las que el ritmo cardíaco de desembocaba y el cuerpo no hacía caso al cerebro.

-Scorpius…

Ya estaban en posición horizontal. El rubio alargó el brazo y atrapó uno de los mechones rebeldes de los que estaban desperdigados por la cara de Rose y lo enredó entre sus propios dedos.

-No hace mucho tiempo que revoloteabas a mi alrededor y te ponías colorada como un tomate cuando me insinuaba un poco.

-Siempre has sido un lerdo al que le gustaba hacerme sufrir –contestó ella sin moverse un milímetro, cautivada por la mirada penetrante de Scorpius.

-Y tú siempre has sido un entretenimiento muy divertido.

Rose se tensó.

¿Un entretenimiento?

-¿Qué te pasa, Rose? Te has puesto muy seria de repente –le dijo Scorpius alarmado.

-Es tarde, Malfoy y tengo sueño. Vete a tu cuarto.

El rubio enarcó una ceja.

-¿Te has enfadado? ¿Qué he dicho?

Ella se lo quitó de encima de un empellón y bostezó exageradamente.

-Adiós, Malfoy.

-No quiero irme. Tu hermano ronca. –sentenció el rubio cruzándose de brazos aún sentado en la cama.

-Puedes irte a dormir al jardín si quieres. Aquí no puedes quedarte.

-Me iría antes de que alguien se despertase. Ya lo sabes.

-No, no lo sé.

Rose no pasó por alto la alusión del rubio a todas las veces que no había dormido en su propia habitación en el colegio. Y eso sólo hizo mosquearla aún más. Algo dentro de ella se enfureció y calentó. Un sentimiento extraño que no estaba dispuesta a analizar.

-Seguro que si ahora mismo fuera Tedy Lupin quién te lo pidiera…

Antes de que el muchacho pudiera acabar de pronunciar la frase, Rose volvió a abalanzarse encima suya cubriéndole los labios con sus propias manos. Ambos estaban muy cerca el uno del otro, rozándose, respirando con dificultad y hundiéndose en los ojos del contrario.

-Shhh… por favor –le rogó la muchacha. No sólo porque posiblemente su madre ya estuviera al tanto de la fiestecita nocturna en el cuarto de su hija, sino porque aquella situación ya estaba rozando el límite de lo humanamente soportable.

-¿Por favor qué, Rose? –la retó. –Dímelo.

Ella tragó saliva aparatosamente.

-Vete –susurró.

-¿Por qué? –siguió el insistiendo.

Ella cerró los ojos para controlarse.

-Porque mi madre va a aparecer por esa puerta en cualquier momento.

-No me mientas, Weasley. ¿Por qué debería irme?

Ella lo miró fijamente a los ojos. Ese maldito Slytherin lo sabía. Sabía perfectamente la lucha interna que estaba librando la morena y lo odió por eso. Estaba jugando con ella, tentándola, llevándola al límite. ¿Y para qué? Para reírse de ella en cuanto sucumbiera a ese hechizo.

-Porque no sé cómo reaccionaré dentro de un minuto.

El chico sonrió tranquilamente.

-Eso está mejor –se quitó cuidadosamente a Rose de encima dejándola en la cama y se levantó. –Presiento que ésta va a ser una Navidad bastante divertida, Rosie.

Sin decir nada más, se dirigió a la puerta de la habitación de la niña y se escabulló por ello tan sigilosamente como había entrado. Cuando la puerta volvió a cerrarse y el ritmo cardíaco de Rose descendió lo suficiente, la morena se permitió respirar de nuevo.

¿Qué demonios acababa de ocurrir allí dentro?

En ese momento, se acordó de Teddy y por mucho que le doliera, lo echaba de menos.


Quien quira un Scorpius con pijama de seda o un Teddy sin camiseta! Que me lo diga en un review!