Capítulo 11: Tormenta en la Taiga
Disculpen la tan larga ausencia tuve dificultades técnicas, un semestre pesado, tramites en la universidad, un examen de admisión, en fin estuve muy ocupada.
Sin más que comentar disfruten el capítulo:
― ¿Qué está pasando aquí? ―se pregunta Olaf al ver a algunos trolls correteando una criatura pálida que corría desesperada y a otros gritando por la impresión que les causaba.
―Esa pequeña bestia está alterando el orden de nuestro pacifico valle.―le contesta un joven troll a Olaf mientras señalaba a una pequeña criatura peluda.
― ¡ATRAPENLO! ―grita otro troll a los demás para que agarraran al oso que se dirigía a Olaf, pero los otros trolls al perseguir al osezno se abalanzaron hacia Olaf y lo derrumbaron, y sin éxito de capturar al animal.
― ¡Ay piedras! ¡Es muy escurridizo! ―exclama un niño troll.
― ¿Se encuentra bien, señor hombre de nieve?
―Oh estoy de maravilla, pero, ¿podrían pasarme mi trasero por favor? ―decía Olaf que le faltaba la parte superior de su cuerpo y su nariz de zanahoria.
―Sí señor, ¡Atrapa ese trasero Gligg! Está atrás de ti.
―Voy. ―y el niño troll se arroja sobre la parte debajo de Olaf que casi se le escapa, pero logra atraparla. ―Aquí está señor…
― ¡Soy Olaf y adoro los abrazos! ¡Muchas gracias amigos! ―dice Olaf colocándose su retaguardia.
―De nada señor Soy Olaf y adoro los abrazos.
― ¿Nos puede ayudar a atrapar ese monstruo? ¡Está provocando un gran desastre! Ya arruinó varias plantas del abuelo. ―otro de los trolls que estaban tratando de atrapar al oso algo nervioso.
― ¡Y el abuelo si se entera nos va a matar! ―grita otro troll dramáticamente.
―Cállate Slimmig.―le da un coscorrón un troll mayor a Slimmig. ―Vas hacer más alboroto con tus gritos y alterarás más a esa bestia, y aparte el abuelo Pabbie está cuidando a la reina Elsa.
― ¡Oh ventiscas! Iba con Elsa para levantarle el ánimo, lo siento amigos quisiera ayudarlos a capturar a esa bestia desastrosa, pero necesito ver a mi amiga Elsa; con permiso, Taiga ahora no. ― Olaf hace a un lado a la osa y un momento después reacciona al notar de quien se trataba.
― ¿Taiga? ¡Taiga! ¿Qué haces aquí? ¿Cómo llegaste? ¿Acaso también te enteraste de lo de Elsa? ―atiborra de preguntas a la osezno cargándola y la cachorra sólo se le queda viendo con sus ojos lilas grisáceos. ―Te llevaré con Elsa, te has portado muy mal, eres una osa mala. ―le dice Olaf a Taiga en tono regañón y Taiga sólo lo mira con cara de perro regañado. ―No me mires así, olvidemos lo ocurrido y vayamos con Elsa. ―y el muñeco se va caminando hacia ningún rumbo específico. ― ¿Saben dónde se encuentra Elsa?
―Probablemente el abuelo Pabbie la esté cuidando, debe estar por allá. ―dice una niña troll señalando hacia el lugar.
― ¡Gracias! ―Olaf se va en donde se encuentra Elsa mientras tanto silba una melodía diferente a la tonta canción del sonido del zorro.
Tal vez se pregunten: ¿cómo llegó la pequeña Taiga hasta el Valle de la Roca Viviente y causara un caos entre los trolls?
Bueno la vida en un palacio de hielo en uno de los lugares más recónditos de Arendelle, sin más compañía que un gigante de nieve rígido y áspero, era muy aburrida y solitaria para una pequeña osa polar que quería jugar y tener compañía, la pequeña extrañaba a su ama que la había adoptado cuando se encontraba perdida entre la nieve, con frío, hambre, y sobre todo sola y sin familia…
Y en un día de esos en los que el aburrimiento se estaba tornando insoportable y la soledad se imponía mejor que nunca, el osezno se escabulló por la puerta del palacio que para su buena suerte se abría sola.
Después de recorrer las montañas de Arendelle Taiga trataba de encontrar a Elsa por medio de su olfato, llegó hasta la ciudad donde lamentablemente no fue bien recibida, eso era de esperarse en lugar donde no eran comunes los osos polares, la gente huía asustada de la osa, otros la corrían en donde se encontraba como si fuera un miserable perro callejero, hasta salió el desquiciado que quería hacer un gorro de piel de oso polar; total, un gran conmoción y escándalo causó en Arendelle la presencia de Taiga, y la cachorra aterrorizada salió huyendo despavorida hacia el bosque.
Taiga siguió su camino tratando de detectar el rastro de su ama, la osa no separaba su nariz del suelo, como un sabueso en una búsqueda, y así siguió recorriendo el bosque de día y noche, aunque estuviera nevado, continuaba en búsqueda de su querida Elsa.
Así estuvo por unos cuantos días hasta que llegó a un extraño valle que solamente tenía rocas con musgo, el aroma de Elsa a violetas le indicaba que se encontraba cerca, pero las necesidades biológicas de la osa la molestaban.
Y entonces se acercó a una de las piedras y orinó a un lado de ella, pero la piedra se trasformó en un troll que tenía una expresión asqueada.
― ¡Ahhgg! ¡Qué asco! ―dice el troll orinado.
―Creo que eso se va quitar difícilmente. ―dice una troll con lentes.
―Eso es muy desagradable.
― ¡UN MOSTRUO! ―Y así fue como comenzó todo un griterío y una persecución que espanto a la pequeña Taiga.
―Atrapen a esa pequeña bestia, antes de que el Abuelo se dé cuenta.
―Ni me recuerdes la última vez. ―recuerda con desagrado una pequeña troll.
Y entonces el grupo de trolls se organizó para atrapar a la bestia antes de que hiciera más destrozos.
―Chicos creo que deberíamos ser…
Y la pobre troll no pudo terminar de decir su propuesta a que los demás se abalanzaron sobre la bestia provocando que la asustaran y escapara.
―cautelosos.
―Ven aquí, ven aquí, un dos por tres por mí― decía el troll orinado.
―Yo la atrapo.
―No, yo la atrapo.
Y entonces chocaron un par de trolls gemelos dejando escapar a la cachorra.
―Ninguno la atrapo.
―Oigan par de tontos tengan cuidado, ¡me rompieron mis lentes! ―exclama molesta una troll con lentes de armazón de ramas.
Y así estuvieron por dos horas hasta que llego Olaf.
―Bueno chicos fue divertido trabajar con ustedes pero debo visitar a mi creadora Elsa, ya que está muy enferma y me preocupo por ella vamos Taiga. ―dice mientras carga a la osa. ―Oh, y suerte con esas hortalizas destrozadas. ―y el muñeco se retira.
―El abuelo nos convertirá en ranas. ―dice dramáticamente Slimmig.
―No nos convertirá en ranas, seremos ancas de rana. ―dice la troll Laminara.
Mientras tanto Olaf seguía regañando a la pequeña osa.
―Taiga, mira lo que has provocado, ahora a los trolls los convertirán en ranas, por los destrozos que provocaste.― la osa solo lo mira poniéndole ojos de cachorro haciendo que el muñeco se enternezca.
―Awww eres tan dulce no puedo enojarme contigo, vamos a ver a Elsa, tal vez al verte haga que se mejore. ―dije Olaf abrazando a la osa.
―Abuelo Pabbie, ¿Cómo está mi bebe?― pregunta la reina acariciando su vientre.
―Se encuentra bien, pero algo debilitado, sin embargo escucho perfectamente sus latidos.
―A veces me pregunto si será niño o una niña.
―Podría decirle el sexo del bebe Su Majestad, pero no es 100% seguro el acierto.
―No es necesario. Ya extraño sentirlo moverse.
―Le preocupa, ¿verdad?
―Lo quiera o no, lo admito me estoy encariñando con él bebe, al sentir sus pataditas y como crece dentro de mi cuerpo le he agarrado cariño, pero a pesar de la forma de haber sido concebido, no le deseo nada malo, solo espero que este sano y no enfermo.
―No se preocupe le aseguro que no está enfermo puedo sentirlo. Mmm― que curioso.― dice Pabbie mientras examina el vientre de la reina.
― ¿Qué sucede?
―Escucho un… ¿Qué es ese ruido allá afuera? Iré a revisar, espero que los niños no hayan destrozado mis hortalizas. Disculpe Majestad.
―Descuide.
Y entonces llega Olaf cargando a Taiga muy entusiasmado.
― ¡ELSA!, ¡Como te he extrañado! ¿Cómo te has sentido? ―dice felizmente preocupado abrazando a la rubia.
―Mucho mejor con tu presencia y tus abrazos. ―dice con una voz cansada pero feliz de ver a su querido Olaf.
―Adivina quien vino. ―y Olaf deja a la cachorra en el suelo quien inmediatamente se acerca a su dueña y trata de treparse a la rustica cama por medio de la larga manta que cubre a su ama.
―Oh pequeña, también a ti te he extrañado, ven. ―la ayuda acercarse a la cama y la abraza. ―Parece que la solitaria vida en el palacio no es para ti Taiga. ―le dice mientras acaricia su cabeza. ―Eres una linda osa. ―le rasca la pancita al osezno hasta quedarse dormida y la osa se echa encima de su vientre abultado de seis meses.
Un rato después llega Pabbie.
―Lamento la demora tuve que hacer escarmentar a esos diablillo, por destrozar la parte este del valle y dañar mis hortalizas, decían que una gélida y peluda bestia lo hizo y trataron de atraparla, ¡Vaya insensatos!― decía molesto.
Luego vio al monarca dormida y la pequeña osa.
―Con que esa era la gélida y peluda bestia.
―Disculpe abuelo Pabbie, le juro que le vamos a poner un buen castigo.
―No te preocupes, ella solo es un animal que se guía por su instinto, ellos en cambio son trolls que pueden usar la razón y su cabeza.
― ¿No es lindo?
―Es curioso. ―dice Pabbie enternecido por la escena y pone particular atención a la osezno algo le decía que había algo especial en ella.
Siento que este capítulo haya estado más corto de lo usual, les juro que no tardare en actualizar. Saludos!
