Capítulo once: Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo

P.V Alice

Estaba tumbada en la cama, había logrado dormirme un rato pero después me había vuelto a despertar. Era la una de la mañana por lo que había decidido quedarme dando vueltas hasta que Morfeo decidiera que podía volver a caer en sus redes, cuando escuché el timbre. Decidí que alguna de mis compañeras de piso abriría la puerta pero el timbre volvió a sonar repetidas veces. Supuse que mis amigas estaban dormidas y me acerqué a la puerta y eché una ojeada por la mirilla para encontrarme a Jasper esperando impaciente. Y no sentí dolor sino la rabia de que el desconfiara de mí.

- No te voy a abrir así que lárgate - le dije a través de la puerta.

- Alice por favor, quiero pedirte perdón por todo - dijo con voz lastimera. - He traído chocolate - anunció con voz un poco más alegre.

- Ya tengo chocolate aquí de todos modos, ¿pensabas que con chocolate y un lo siento todo se iba a solucionar? ¿En serio? - mi voz sonó un poco resentida.

- ¿Puede ser?- me contestó dubitativo.

- No, no puede ser - respondí cortante. - Ahora será mejor que te vayas a tu casa no sea que se me crucen los cables y te pegue de la manera tan brutal con la que le he dado a tu amiguita.

- Sé que no le pegaste. Rosalie y Bella se han encargado de demostrármelo.

- ¿O sea que si no es por que ellas te lo demuestran sigues desconfiando? - y él no me contestó. – Sí, eso hace que me crea tu perdón – comenté de forma irónica. - Tú no eres capaz de recapacitar y pensar que yo no soy capaz de eso, es más, tienen que ir mis amigas y ponerte delante de los ojos que yo no soy de ese tipo de persona y ahora esperas que la Alice bondadosa que según tú no existe te perdone. Jasper en serio déjame tranquila.

- Solo quiero que me perdones y que volvamos a ser como antes, yo te quiero - dijo un poco desesperado.

- Yo también te quiero pero, ¿sabes lo que es la confianza? Te lo explico, lo que hace que una relación funcione y de eso entre nosotros ya no hay, así que olvídame - tras decir esto con una fuerza de voluntad increíble me volví a mi cuarto pero esta vez no lloré, estaba demasiado enfadada con Jasper y su desconfianza como para llorar así que me quedé mirando el cielo a través de la ventana, escuchando música a un nivel tan bajo que prácticamente parecía un susurro.

P.V Bella

Estaba deprimida. Y ya me estaba cansando de levantarme todos los días de esa manera. No me merecía lo que había pasado. Quería odiar a Edward pero en lugar de eso estaba dolida por lo que me había hecho. Aún me levantaba pensando que todo había sido un mal sueño y que nada de eso había ocurrido, pero mis ojos hinchados y rojos me hacían darme cuenta de la realidad.

Me cruzaba de vez en cuando con Edward, que intentaba decirme que no se había acostado con otra pero me dolía demasiado verle y salía corriendo, como una niña que no quiere enfrentar sus problemas. Eso no era propio de mí pero, ¿cómo saber cómo hay que reaccionar cuando te enteras que tu primer novio te ha engañado con la primera Barbie que se ha cruzado por su camino? Por una parte me negaba a admitir que algo hubiera pasado entre ellos pero aún podía escuchar las palabras de aquella maldita rubia en mi cabeza y eso me dolía, y mucho.

Una tarde, mientras paseaba, Edward me cortó el paso. Miré a mi alrededor para buscar un camino de escape.

- Ahora me vas a escuchar – me dijo mientras me cogía en brazos y me llevaba hacia su coche.

- Suéltame – le ordené pataleando para intentar zafarme de su abrazo.

- Te soltaré una vez me hayas escuchado. He intentado hablar contigo estos días pero me has esquivado. No me has dado otra opción.

- ¿Y eso te sorprende? Yo intenté hablar contigo hace unas semanas y estabas ilocalizable.

- Y me comporté como un estúpido – condujo de camino a su casa.

- Déjame bajarme o grito.

- Adelante, grita todo lo que quieras – me animó. – Pero tú y yo vamos a hablar. Esta situación no puede seguir así.

Me crucé de brazos y me recosté en el asiento. Evité mirar a Edward por eso me concentré en el paisaje que dejábamos atrás. Aparcó en su garaje y cuando abrió mi puerta volvió a cogerme en brazos.

- Puedo andar sola.

Dudó unos segundos y me dejó en el suelo. Nada más hacer eso, conté hasta tres y salí corriendo. A él eso le pilló desprevenido y tardó un par de segundo en reaccionar. Me persiguió y como estaba en mejor condición física que yo (sí, yo llevaba años sin hacer deporte) me alcanzó sin problemas.

- Me parece a mí que no, no puedes andar sola. Vamos – esta vez que condujo hasta su casa sin soltarme y yo maldije en silencio. Una vez dentro me soltó. – Ahora me vas a explicar por qué me dijiste que no había podido aguantar ni una semana sin acostarme con otra.

- Porque es verdad. No hacía ni una semana que habíamos discutido y ya te habías acostado con la Barbie sin cerebro.

- ¿Qué?

- No te hagas el que no sabes de qué te hablo. Te llamé a casa y contestó ella. Te daba las gracias por la maravillosa noche que había pasado contigo y te decía que volvieras pronto que te esperaba en la cama – dije con lágrimas en los ojos. – Dijo... dijo que estaba encantada de saber que aún quedaban hombres como tú – dije con un hilo de voz. Él me miró confundido, de repente pareció darse cuenta de qué estaba hablando porque su expresión cambió.

- Tania... - dijo para él mismo. Luego se dirigió a mí – lo has entendido todo mal. No era en "ese" sentido. Verás, hace unas noches Tania vino aquí. Estaba completamente borracha...

- Ah, y claro, pensaste que una oportunidad así no pasaba dos veces, ¿no? Y te acostaste con ella.

- ¡No! ¿En serio piensas que me acostaría con cualquiera? No Bella, yo no soy de esos. Estaba completamente borracha y me dijo que se encontraba mal. Le preparé un café y le dije que ni se le ocurriera coger el coche en ese estado, que se esperara aquí y que yo le iba a preparar un café. Vomitó unas cuantas veces y luego entró en mi habitación y se quedó dormida. Por eso me imagino que me estaría dando las gracias, porque cuidé de ella.

- ¿Y por qué te dio la gracias por "esa salvaje noche"?

- Con eso no sé a qué se refería.

Me crucé de brazos y miré hacia otro lado.

- Es la verdad – insistió él. – ¿Por qué no me crees?

- Mi corazón te cree pero mi cabeza me dice que no. No puedo entender qué haces conmigo pudiendo estar con cualquier otra chica que tú quieras...

- Porque te quiero a ti, ¿tanto te cuesta creerlo?

- ¡Sí! – exploté y mis lágrimas empezaron a caer como si de una catarata se tratase. – Tengo tanto miedo Edward, nunca antes había sentido por alguien lo que siento por ti... - Él me abrazó, luego se separó, tomó mi mano y se la llevó hacia su corazón.

- Te amo más que nada en el mundo – pude sentir su corazón que latía tan rápido como el mío. Hubo silencio mientras yo lo sentía. Cerré los ojos y mi expresión se relajó. Él hizo lo mismo. Sus manos descansaban encima de la mía.

El timbre sonó y me sacó del trance. Me sequé las lágrimas y miré a Edward. Este se acercó a la puerta y miró por la mirilla.

- Es Tania. Vamos a aclarar todo.

- Espera, no abras todavía, no quiero que me vea así. Espera que vaya al baño y me lave la cara – me retiré y él abrió la puerta.

- Hola sweety – oí que decía la rubia. – Pasaba por aquí he pensado que podía saludarte – ¿pensar? ¿Ella? Me dije para mis adentros.

- Hola. Una pregunta –dijo Edward. – ¿Llamó alguien la otra vez? Cuando yo bajé a por un café.

- ¿Eh? No - ¿cómo que no? Si llamé yo...

- ¿Estás segura?

- Completamente. A ver Edward, no soy tonta, sé cuando la gente llama por teléfono – ¡pedazo de mentirosa!

- Y otra cosa. ¿Qué tal te encuentras después de la borrachera? – me quedé en silencio para escuchar su respuesta, escondida en el baño.

- Perfectamente, y todo gracias a ti. Eres todo un caballero. ¿Sabes? No suelo beber tanto pero esa noche lo hice, pero como algo excepcional, no te vayas a pensar que soy una borracha – se rió con una carcajada tonta.

- No, descuida, no pienso que seas una borracha. ¿Sabes lo que pienso de ti?

- ¿Qué?

- Que eres una mentirosa.

-¿Cómo?

- Que esa mañana sí llamó alguien y tú sabes perfectamente quién fue. ¿Me equivoco?

- ¿Qué estás diciendo? - se rió la rubia. – Te he dicho que no llamó nadie.

- Vete por favor. Y no te molestes en volver.

- Pero Ediie.

- Adiós – y oí un portazo.

Salí del baño y vi como Edward estaba apoyado en la puerta principal con una mano sobre los ojos. Al oírme me miró.

- ¿Lo has oído todo? – me preguntó y yo asentí. - ¿Y? ¿Me crees ahora? – esperé unos segundos y asentí de nuevo. - ¿Empezamos de cero? – Asentí otra vez con una tímida sonrisa en los labios, él me la devolvió, se acercó a mí y me besó.

Rosalie

Llevábamos unos días, que se convirtieron en semanas, en los que parecíamos las protagonistas de "The Walking Dead" pero en versión más guapas. En un principio las tres estábamos igual, llorábamos, comíamos, íbamos a clase, navegábamos por Internet, pero como cosas automáticas, no hacíamos más que decirnos las unas a las otras lo maravillosos que eran los ex de las otras mientras poníamos verdes a los propios. Bella decía que al menos Jasper intentaba recuperar a Alice, a lo que Alice contestaba que Jasper intentaba recuperarla después de haberla perdido solo por su propia estupidez y que no podía confiar en alguien que la calumniara de esa manera. Alice también decía que Emmett me dejaba mi aire para recuperarme porque me conocía bien y yo le contestaba que lo que pasaba era que era un cobarde incapaz de hacerse cargo de sus actos, mientras adulaba a Edward diciéndole que tenía que haber alguna explicación porque él era más bueno que el pan con chocolate y Bella me contestaba que era un desesperado vengativo, salido, que se había comportado como un niño yendo por el camino fácil, y volvía a hablar bien de Jasper.

Una dinámica entretenida pero que se fue al garete cuando la pelirroja arregló sus problemas, o como me gustaba llamarlo a mi "su lio embarazoso" con Edward y ahora estaban más enamorados que nunca, y me alegraba por ellos, pero teniendo en cuenta que después de mi arrebato "salvar a Alice" me había hundido en el dolor por lo que Emmett me había hecho, y lo peor era que ya no era capaz de odiarlo, desde luego era una blanda de mucho cuidado.

Alice y yo estábamos haciendo lo que mejor se nos daba últimamente: comer palomitas y ver películas románticas, lo que nos deprimía más pero nos permitía llorar. Ya era la última semana de enero, lo que me deprimía más porque en unos días sería mi cumpleaños. Jasper por lo menos le enviaba flores a Alice, le hacía regalos, y le declaraba su amor por todo lo alto, pero al estilo Jasper.

- Chicas, me voy que he quedado con Edward - nos dijo Bella. -¿Necesitáis algo queridas polillas? - su tono alegre me mataba lentamente.

- Somos felices en la cueva de Batman, gracias - contesté yo.

- Tendrían que empezar a gustarte los superhéroes de verdad, en Marvel es donde está la calidad no en DC - me refutó Alice.

- Batman es un superhéroe así que respétalo, aunque solo sea por el batmóvil y a DC también que linterna verde es genial, Superman, la Mujer Maravilla...¡respeto! - exigí llenándome la boca de palomitas.

- Necesitáis aire - dijo Bells abriendo la puerta - otra flor para Alice - entró con una flor colorida y se la tendió a Alice, esta la miró triste. - Me voy, si encestáis algo me llamáis, no me gusta dejaros solas.

- Diecinueve por aquí y veintiuno por aquí, podemos sobrevivir sin ti - contestó Alice dejando la flor en la mesa y Bella se fue.

- Perdónale ya, te quiere, te merece, lo siente - le enumeré yo.

- No, de eso nada.

- Deja de hacerle sufrir, se ha arrepentido.

- Pero porque Bells y tú le demostrasteis que yo decía la verdad. ¿Qué tipo de confianza es esa? - me preguntó.

- Cuando tienes razón, tienes razón, las cosas como son - le contesté.

- ¿Y tú con Emmett?

- Me da miedo - le confesé - quiero decir, no me ha pedido perdón, pero tengo miedo de que lo haga y lo acepte. Soy una blanda.

- Y le quieres, que eso influye.

- Sí, pero sigo siendo una blanda.

- No todas tenemos mi fortaleza.

- Ni mi falta de cariño - dije abrazando a mi amiga cuando sonó el timbre. - Ya voy yo.

Me acerqué a la puerta y la abrí de golpe y nada más hacerlo la intenté cerrar pero la persona del otro lado de la puerta me lo impidió.

- ¿Qué coño quieres? - le espeté. - ¿Que me perdones es mucho pedir? - me contestó con voz lastimera Emmett.

- Sí - le dije de forma feroz - mejor vete a comprar cosas para tu viaje a Londres.

- No voy a ir, he renunciado - dijo mirándome a los ojos. - Es tu puesto, no te lo quité limpiamente y no me lo merezco.

- Eso ya lo sé - seguía fría como un témpano. - ¿Eso es para que te perdone? - él negó con la cabeza. – Bien, porque tampoco iba a funcionar - aunque me estaba empezando a ablandar.

- Solo quiero que sepas que no lo hice por Nati, ella nunca me ha interesado, no hemos tenido nada, ella lo ha intentado, pero a mí me interesaba otra persona - se pasó la mano por la cabeza – tú, desde el principio.

- ¿De qué página de Internet has sacado eso?

- De ninguna, mira lo hice porque no quería aceptar que me gustabas, estuvo fatal, me arrepentí al instante, pero no me atreví a tirar todo mi futuro por salvarte a ti, esa es la verdad, después solo me dio miedo a que me odiaras.

- Cobarde, egoísta y miedoso. ¿Algo más que añadir a tu lista de virtudes?

- ¡Toca la batería! - gritó Alice desde el sofá.

- Doña cacatúa no te metas.

- Solo una oportunidad, una, nada más, una última cita. Por favor - me imploró.

- No te la mereces - dije cruzándome de brazos - así que espero que hagas algo sorprendente. Mañana por la tarde - y le cerré la puerta en las narices.

Al día siguiente, aunque no quería, estaba lista para la cita con Emmett. No me quise arreglar mucho, no me atrevía a perdonarle. Cuando vino a recogerme me dio una rosa y una bolsa de gominolas que me hizo sonreír interiormente. Anduvimos hasta un lugar cercano donde había un bar en el que en ocasiones había actuaciones en directo. Nos sentamos en una mesa y un silencio se produjo entre nosotros que yo no estaba dispuesta a romper.

-Se supone que tendríamos que hablar- comenzó Emmett.

-Pues habla- le espeté.

-Me has gustado desde que te tiré la Coca-Cola- me dijo.

-Seguro, por eso siempre buscabas pelearte conmigo.

-No empezamos con buen pie, eso es cierto, pero me gustaste. Solo quería llamar tú atención, y tú sonreías a todo el mundo pero a mí me ignorabas, la única forma de que me miraras y me hablaras era hacerte enfadar. – me confesó sincero.

Me quedé en silencio mientras él me miraba fijamente, no fui capaz de responderle nada, no sabía qué decirle, porque sabía que eso era cierto, él a mí también me gustó, pero me dio miedo después de mi última relación.

- Tengo que confesarte una cosa- lo miré atenta- me di cuenta que me gustabas cuando te vi en la boda besándote con tu "amigo" por eso me quedé con el sobre de las fotos, aunque no estuvo bien, te lo devolveré, sé que esto me hace parecer un acosador, pero no me arrepiento.

Y entonces Emmett se puso de pie y desapareció y reapareció en el escenario con una guitarra, cosa que me sorprendió ya que una vez hablando, me había contado sobre su miedo escénico. No le había creído hasta que Jasper me lo confirmó diciéndome que nunca consiguieron que tocara la batería para toda la familia o la guitarra que, por lo que pude ver en ese momento, también sabía tocarla.

- Bueno, esta canción es para ti - y me señaló a mí - espero que escuches atentamente, allá voy.

Y empezó a tocar los acordes de manera rígida y me descubrí a mí misma en tensión por saber si era capaz. Puede que me hubiese mentido antes, pero lo del miedo escénico lo había demostrado en algunas ocasiones, por lo que me encontraba sufriendo por él. La guitarra seguía tocando pero su voz no la acompañaba, y entonces paró, tomo aire y volvió de nuevo a intentarlo, pero tampoco pudo.

- Lo siento, me cuesta mucho - dijo pasándose las manos por la cabeza, pude oír como alguien le daba ánimos, y después otra persona, pero no estaba segura. Y finalmente los acordes empezaron a sonar acompañados por la canción "Falling in love" pero en vez de decir "podría haberme enamorado", lo afirmaba y no pude evitar sentirme orgullosa de él. Cuando bajó del escenario le abracé.

- Lo has hecho muy bien - le dije sonriendo. Seguimos hablando durante toda la tarde hasta que llegó la hora de volver a casa.

- Aquí estamos - dijo señalando mi puerta.

- No puedo volver a confiar en ti de golpe Emmett.

- No te lo estoy pidiendo - afirmó seguro con las manos en los bolsillos. - Digamos que solo quiero volver a enamorarte, desde un principio.

- Me ha encantado la canción, no debería darte vergüenza cantar - afirmé con una pequeña sonrisa.

- Ha sido patética, no era capaz de empezar - y los dos reímos. - Hasta mañana – y me dio un suave beso en la mejilla.

Tal vez fuera por eso, por la canción, porque en el fondo sabía que él me quería, porque yo sí le quería, porque le necesitaba aunque no quisiera, por el espacio que me daba, por sus pequeños gestos, por sus palabras, no sabía por qué, pero cuando se giró para irse a su casa no pude más que agarrarle del brazo y cuando me miró, le besé. Fue un dulce beso que él me respondió efusivo.

- Poco a poco, tienes que hacer que vuelva a confiar- susurré contra sus labios.

-Cada día, lo prometo - y me volvió a besar, haciéndome sentir plenamente feliz de nuevo.

Alice

Jasper seguía insistiendo y yo cada vez tenía más ganas de ceder. Bella y Edward ya se habían reconciliado y Rose y Emmett estaban juntos pero un poco distanciados. Eso me hacía replantearme que si ellos habían podido reconciliarse por qué yo no. Mi corazón me pedía a gritos que le perdonara, pero mi orgullo me lo prohibía y de momento este último ganaba la batalla.

Una mañana me desperté por culpa de un cuchicheo que provenía de la cocina. Me acerqué y vi a Rosalie, Bella y Jasper discutiendo sobre algo. Cuando notaron mi presencia se callaron al instante.

- ¿Qué haces tú en mi casa? Fuera de aquí – le "acompañé" hacia la puerta y la cerré en sus narices. - ¿Por qué le habéis dejado entrar? – me dirigí hacia mis amigas.

-Traía bombones.

- ¿Qué quería?

- Psch... lo de siempre. Gorronear.

- Ya ,claro, ahora en serio.

- Entendemos que hayas roto con él, pero nos sigue cayendo bien, además, es parte de la familia de mi novio.

- No quiero volver a verle por aquí.

- Estás deseando perdonarle – dijo Bella.

- Pero Alice necesita tiempo para volver a confiar. Lo que hizo Jasper no estuvo bien.

- Pero no puede ser tan rencorosa, y te lo dice una de las personas más rencorosas del mundo.

- No le digas lo que tiene que hacer.

Me alejé hacia mi cuarto, no estaba de humor para presenciar una de sus típicas peleas entre mis amigas. El resto de la semana Jasper no intentó que lo perdonara, y aunque no iba a reconocerlo, me molestó que no lo hiciera.

Mis amigas decidieron organizar una quedada para despejarme. Me arreglé y salí al salón donde ellas me estaban esperando.

- ¿Nos vamos?

- Cambio de planes. Rose y yo salimos en una doble cita, así que te quedas en casa, solterona.

- Pues entonces me voy a ir a dar una vuelta – me dirigí hacia la puerta.

- Eso no va a poder ser – dijeron poniéndose delante. – Ahí te quedas. Disfrutad y sed buenos – acto y seguido salieron por la puerta y pude escuchar como la cerraban con llave.

- ¡¿Qué hacéis?! – grité.

- No te molestes en buscar tu llave – me contestó Rose desde el otro lado.

- ¡Dejadme salir! ¡No pienso perdonaros!

- Oh, sí que lo harás – siguió Rose entre risas.

- Déjalas, es culpa mía – escuché la voz de Jasper a mi espalda. Me di la vuelta y le vi. Llevaba un ramo de flores con un gran sobre. Iba vestido con un traje y su típica media sonrisa en sus labios, aquella sonrisa que me hacía perder la cabeza y...

- Jasper... te dije que no quería volver a verte – susurré.

- Pero yo sí que quería verte. Se me hace duro no verte cada día, me siento como un estúpido.

- Es lo que eres.

-Lo sé. Y me merezco todo tu desprecio. Pero sé que me sigues queriendo.

- ¿Y cómo puedes estar tan seguro?

- Porque lo veo en tus ojos.

- Tal vez mis ojos mientan, como mis palabras.

- Los ojos nunca mienten, y tú tampoco. Perdóname por favor – dijo acercándose.

- Ya sabes la respuesta.

- Estoy aquí para cambiarla.

- No puedo confiar en ti.

- No te culpo por ello. Me engañaron, y me dejé engañar. Nunca debí desconfiar de ti. Si me das otra oportunidad te demostraré que he cambiado.

-Las personas no cambian de un día para otro.

- Ayúdame a cambiar. Quiero ser el hombre que te mereces.

- Hasta ahora solo te has comportado como un niño.

- Si pudiese volver el tiempo atrás...

- Pero no se puede.

- Podríamos empezar de nuevo, de cero, en un lugar distinto – me tendió el sobre. – Es en verano, así que tienes tiempo para pensarlo. Te esperaré.

Nos quedamos en silencio. Al final me dirigí hacia el sofá y me senté.

- Siéntate. No creo que tengan intención de venir pronto.

Jasper se sentó a mi lado, nos quedamos mirando al infinito.

- Puedes abrir el sobre – me sugirió. Yo le obedecí. Dentro había dos billetes con destino a Nueva York. - Me encantaría compartir ese lugar contigo.

- No sé qué decir.

- No hace falta que digas nada – me dijo con una media sonrisa. – Ven conmigo. Por favor.

- Yo... - me falló la voz. – No puedo aceptarlo.

- Por favor... eres la única persona con la que quiero estar.

Me miraba con esos ojos tan tiernos que hizo que el corazón ganara terreno a el orgullo.

- Por favor – susurró juntando su frente a la mía. Hubo un pequeño silencio.

- ¡Hablad más alto que no escucho! – grito Rose desde fuera. Nos pegamos tal susto que dimos un salto.

- ¡Eso! Hablad más alto que el sonotone es de corto alcance – continuó Bells.

- Se supone que no estamos aquí, no servís como espías – las riñó Edward.

- ¡Qué se besen! – gritó a continuación Emmett.

Nos reímos ante la interrupción.

- Largaos y compraos una vida – les contesté.

- Jasper, no está bien llevarle la contraria a tu primo – gritó Rose.

- Si quieres – me dijo Jasper acercándose a mí.

- No va a ser fácil.

- Lo sé, acepto el reto.

Sonreí y le di un ligero beso en los labios.

- Vaya, me tendré que esforzar más.

- Tienes hasta agosto – dije mirando la fecha de los billetes.

- Espero no esperar tanto.

-Depende de ti.

Y en ese momento fue él quien me besó. La puerta se abrió y entraron todos aplaudiendo. No me molesté en cortar el beso.