Parte XI: Lo que aprendieron en la arena

Katniss despierta un par de horas después de la charla entre Peeta y Gale. Cuando sale del cuarto que comparte con Peeta, tras desperezarse y comprobar en el reloj dispuesto junto a la mesilla de noche que todavía es relativamente temprano, se encuentra con la grata sorpresa de que los chicos están conversando en un tono tranquilo y cordial.

— Buenas tardes, Catnip — le dice Gale con una sonrisa torcida, y ella no puede hacer más que devolvérsela.

Sin pensarlo, avanza hacia el sofá en el que está sentado su amigo de la infancia y se sienta a su lado. Luego mira a Peeta a la cara. Le agrada ver en sus ojos una mirada de aprobación.

— Hemos estado hablando de lo que hemos estado haciendo estos meses — le cuenta Peeta a Katniss —. Hemos llegado a la conclusión de que es muy cierto que nosotros dos apenas hemos ayudado a reconstruir Panem.

— Tienes razón — contesta ella, sin saber muy bien qué más puede añadir.

— Creo que deberíamos de ponerle más empeño a las tareas de reconstrucción del Distrito 12. Al fin y al cabo es nuestro hogar. En cuanto volvamos comenzaré a ayudar a la gente que queda a terminar de construir sus casas.

— Eso está bien. Yo también ayudaré — le dice, tratando de sonar animada. No es que le parezca mala idea, pero le cuesta asimilar todo ese torrente de ideas estando recién levantada, y más contando todas las horas de sueño que tiene atrasadas por culpa de los eventos de la última semana.

Katniss no dice nada más porque no sabe qué podría decir. Poco después de su pequeña conversación, Peeta anuncia que ahora es él quien desea retirarse a descansar un poco. A la chica no se le pasa la mirada significativa que le lanza su pareja antes de marcharse, tal como ha hecho ella horas antes. Sabe que su turno ha llegado, por fin, y que Peeta le ha despejado la pista de la misma forma que ha hecho ella con anterioridad.

— Peeta es un buen actor. Casi parecía estar cansado — dice Gale cuando el chico se retira. Katniss asiente, porque sabe que no vale la pena ocultar el hecho de que la conversación con su amigo estaba, en cierto modo, programada.

— ¿Habéis estado hablando todo este rato?

— Casi todo. Hemos hablado del Distrito 12 y sobre todos los demás. También sobre la familia de Peeta y la mía. Y sobre ti.

— ¿Sobre su familia? — pregunta ella, verdaderamente sorprendida.

Se siente estúpida al darse cuenta de que Gale probablemente ha hablado más en dos horas sobre la familia de Peeta que ella en tres meses.

— Sí. Me ha dicho que últimamente ha pensado en ellos. Creo que por eso quiere ayudar a reconstruir el Distrito. No sé, parecía como si eso pudiera ayudarle en su lucha personal. ¿Nunca habéis hablado de ello? — Katniss niega con la cabeza, avergonzada —. Deberíais de hacerlo — ella siente —.

— Lo haré cuando volvamos a casa.

Gale calla unos segundos, dubitativo. Luego, dice:

— Katniss, sé que piensas que estoy enfadado contigo, pero quiero que sepas que ya no lo estoy. Comprendo lo que hiciste. Peeta es bueno. No te preocupes por mí, sabré apañármelas sin ti.

— ¿Eso quiere decir que ya no me amas? — pregunta ella en voz baja.

Ya no teme a que la respuesta sea negativa porque tenga algún tipo de interés romántico por su amigo, sino porque si ese sentimiento hacia ella ya no existe quizá acabe de distanciarse de él. No hay nada que desee menos que eso. A pesar de todo, le quiere y no desea que desaparezca completamente de su vida.

— No. Quiero decir, sí, te amo, Katniss. Pero no tienes que sentirte culpable por ello — clava sus ojos grises característicos de la Veta en ella —. Sé que eres feliz; yo encontraré la forma de serlo.

Katniss lo mira. Los ojos le escuecen, pero asiente.

— Vale. Pero prométeme que no desaparecerás de nuevo. No por completo. Por favor — le ruega.

— Te lo prometo. No lo haré.

Suspiran, tranquilos. Gale nunca lo dirá en voz alta, pero no desea separarse nunca de Katniss, aunque el tenerla cerca signifique sufrir. Sabe que eso contradice en parte a lo que le ha dicho a Peeta, pero es que los sentimientos que la chica le provoca tienen tal ambivalencia que ni él está seguro de qué es lo mejor que puede hacer.

Ella no es propensa a llorar, pero en esta ocasión se está viendo obligada a retener las lágrimas con todas sus fuerzas.

No quiere decir nada más. Sabe que les quedan temas en el tintero que habrán de tratar algún día, pero ahora ya no le parece tan necesario hacerlo inmediatamente.

Se limita a mirar a Gale y sonreír a pesar de sus repentinas ganas de dejar que las lágrimas escapen de sus ojos. Quiere disfrutar de la sensación de que su amigo tampoco desea, como ella, que sus caminos se separen.

Y si hay algo que ha aprendido en la arena es que hay que explotar al máximo los buenos momentos y los sentimientos que éstos te provocan, porque nunca puedes saber cuando tu mundo se va a derrumbar y todas tus risas van a ser sustituidas por gritos y llantos.

Dentro, en el cuarto, Peeta suspira mientras se tumba en la cama y cruza los brazos sobre su cabeza.

Ha de reconocer que si Gale tiene una cualidad, esa es la de hacer reflexionar a la gente con sus palabras.

Desde que ha oído al muchacho mencionar brevemente que sabía cómo se sentía al perder a un familiar de la noche a la mañana no puede dejar de pensar en el rostro de su padre.

Su padre fue quien le había criado y dado cariño. Por cruel que sonara, la madre de Peeta había sido tal y como las primeras impresiones daban pie a pensar; una mujer gruñona, basta e irascible. Nunca había querido a ninguno de sus hijos realmente, o si lo había hecho, nunca lo había demostrado correctamente, por lo que, aunque su muerte le había dolido a Peeta, no había supuesto un golpe del que no pudiera reponerse.

Luego estaban sus dos hermanos; habían sido dos chicos, mayores que él. El más mayor siempre se había comportado cruelmente con Peeta; de una forma similar a la que lo había hecho la madre. En cuanto al otro, Peeta se había llevado bien con él, aunque su relación jamás había sido lo estrecho que se supone que debe de ser el vínculo entre hermanos.

Por eso la pérdida que más le había dolido había sido la de su padre. Él había sido quien le había enseñado a Peeta el oficio de panadero. Su padre le había alentado también a explotar ese talento suyo para la decoración de pasteles y, por extensión, su habilidad innata para el dibujo. De hecho, los recuerdos más hermosos que tenía relacionados con su infancia estaban todos conectados a su padre: ambos cocinando juntos mientras él le preguntaba cómo le había ido el colegio; su padre ayudándole con los deberes de la escuela; su padre recogiéndolo a la salida de la misma, con una sonrisa en el rostro y una barra de pan todavía caliente en la mano…

Hay momentos en los que el chico no puede soportar el no saber dónde se encuentra el cadáver del hombre que significó tanto para él. Tampoco se le hace fácil el no saber cómo y en qué momento murió; si sufrió o si todo fue rápido; si falleció por culpa del fuego de las bombas o si algún agente de la paz del Capitolio no ejecutó en persona.

A veces, y en especial en los momentos en los que la pérdida era reciente, sus pesadillas versan sobre ello.

Son esos los sueños más dolorosos después de aquellos en los que Katniss es asesinada frente a sus ojos. A Peeta le resulta increíble el dolor que puede causar un simple sueño.

Pero cada día trata de resignarse y olvidar. Por eso quiere ayudar a reconstruir los hogares de otras personas; piensa que, con suerte, el ocuparse de devolverle la felicidad a familias ajenas a la suya le haga olvidarse del dolor por la pérdida de la propia.

Porque si hay algo que ha aprendido en la arena es que lo más importante es sobreponerse; seguir luchando. Y ahora que los Juegos han acabado su lucha no tiene como objetivo sobrevivir, sino ser feliz.

Y sabe que esa batalla es tan o más ardua que todas las que haya podido librar en el pasado. Pero si Katniss permanece junto a él sabe que es capaz de logar cualquier cosa.

Esa es otra de las cosas que los Juegos y la guerra le han enseñado.


NA: En fin, capítulo final. Espero que os haya gustado :)

No sé si volveré a escribir sobre este fandom, aunque todo es posible ^^

Si os ha gustado quizá os guste mi otro fic De serpientes marginadas y leones agobiados (Drarry)

¡Saludos!