Espera

Konan

Ya había pasado bastante tiempo, desde su sitio podía ver perfectamente el humo proveniente del corazón de la aldea, casi escuchaba los gritos de todos, el caos sembrado por su compañero. Soltó un ligero suspiro… compañero… por definición de diccionario se supondría que ella le acompaña para un fin, que unirían fuerzas, se ayudarían corriendo la misma suerte por estar en calidad de iguales. Aún por explicación de él mismo, en Akatsuki "las parejas se forman para poder complementar sus habilidades y ser más eficientes en batalla".

Pues para haber sido él quien dijo eso, definitivamente no lo llevaba a cabo, de caso contrario estaría también combatiendo a su lado y no esperando a que se dignara en llamarla, como perro fiel a las órdenes de su amo… pero ahora no podía quejarse, ella lo había querido así ¿No? Pudo haberlo dejado en la primera oportunidad, pero se quedó, con la vaga esperanza de formar parte de algo especial, de demostrar su valía, para poder sentirse orgullosa de su decisión.

Y en todos esos años, justo como ahora, solo esperaba.

Caminó un poco, detrás del cuerpo que hacía equipo con ella, si se movían, entonces quizás ya era hora. Permaneció en silencio, así lo prefería él, además, de cualquier manera, esta era una misión no un paseo ameno.

El paso era lento, desesperante considerando la situación que acontecía, levantó la mirada, fuera del humo el cielo aún podía verse claro, y como en muchas ocasiones no pudo evitar el preguntarse cómo sería su vida si nunca se hubieran cruzado con la senda ninja, si él no se hubiera ocultado del mundo, incluso de ella, en quien se suponía confiaba, y en muchos otros supuestos hipotéticos de vidas alternas a la que llevaba.

Su semblante nostálgico se enmarcó, el tiempo pasaba volando y aún no comprendía el objetivo final: un arma invencible, la destrucción de aldeas enteras… no le encontraba mucho sentido a eso; madurar al mundo a través del dolor. Sí se podía madurar de esa forma, ella misma lo había comprobado en carne propia, cada situación dejaba siempre una impresión, aprovecharla era parte de la vida pero ¿Siempre debía ser con dolor?

Sufrimiento…

Físicamente hacía mucho no lo experimentaba, emocionalmente, no se había puesto a pensar en eso, de hecho casi nunca pensaba en su persona, solo vivía como dictaminaban las disposiciones médicas: respiraba, su corazón latía, podía moverse, incluso usar perfectamente sus jutsus, eso bastaba, aún era útil.

¿Por qué no podía ser como los otros? Sin tener esas acosadoras sensaciones que amenazaban con aflorar en su totalidad, casi siempre las controlaba pero cuando la tomaban con la guardia baja, se hacía tan evidente que debajo de la capa negra de nubes rojas había una mujer como cualquier otra.

Siguió su camino siguiendo el paso de su acompañante, que de un momento a otro había apresurado su andar dejándola retrasada por un tramo aunque no había rastro del Jinchūriki. Llegó a la conclusión de que estaba divagando demasiado, no se podía dar ese lujo, afinó todos sus sentidos y concentró su atención en el objetivo principal, sin embargo, una voz en su cabeza exigía considerar realmente la posibilidad de que el Ángel de Dios realmente no existía, que toda esa idea era como los cuerpos falsos tras los que se ocultada su compañero, solo una forma de esconder lo que era realmente.

Miró de nuevo aquél cuerpo tan parecido como diferente a aquél que deseaba ver una vez más, no le dirigía la palabra, si ella no comenzaba la conversación era inexistente.

¿Por qué seguía con él? ¿Solo debía esperar a que ella fuera el lienzo de un sueño?

No comprendía su visión aunque se empeñara en eso, realmente concordaba con los ideales de él pero no con los métodos. Aún así, seguía ahí; esperando por entender, por demostrar quién era realmente, y con desesperación aclarar que su sueño, por el que empezaron todo eso, realmente no era un sueño absurdo.

Apretó os puños, tenía que repetirlo hasta convencer a su terco subconsciente de que no podía dudar, era la mejor kunoichi que había por los rumbos, era la única mujer de Akatsuki y costara lo que costara, el mundo iba a saber que ese lugar se lo había ganado a pulso. Tenía todo lo que necesitaba: aire en los pulmones, sangre en las venas y chakra suficiente para acabar con todo aquél que se interpusiera en su camino.

Quizás comenzaba a comprender eso del dolor, si dolía es que estaba ahí y ella iba a estar presente en toda la aldea…

Aceleró el paso hasta quedar hombro a hombro con su acompañante, sus facciones hasta hacía un momento nostálgicas demostraban ahora la calma habitual, aunque con cierto brillo en la mirada. Tenía que hacer honor a su estilo de combate; una de las características del papel era que tanto podía tener valiosa información, profundos sentimientos y arte invaluable, como quedar en blanco, indescifrable…


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