Aclaración

La siguiente historia es propiedad de Jaid Black yo solo uso sus maravillosos escritos para una pequeña adaptación.

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto yo solo uso sus personajes sin fines de lucro para pervertirlos/as un poco y tener un mundo con más ItaHina, SasuHina o LukaHina.

El siguiente contenido es clasificación M o MA contiene escenas de sexo explícito, sumisión y seducciones forzadas.

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Epílogio

Veinte años después.

No le llevó mucho tiempo en absoluto a Hinata enamorarse de su marido. De hecho, a veces se preguntaba si no lo había amado desde el momento en que la salvó en la subasta. Él había demostrado entonces lo mismo que le demostró una y otra vez durante años, el corazón de Itachi era fiel, su amor verdadero, y la protegía. Hinata había aprendido mucho sobre lo que significaba de verdad el amor durante las dos pasadas décadas.

No es que ella no le hubiese enseñado a su guerrero muchas cosas también. Lo había instruido en el arte del kárate y, lo que era más importante, el hacerle comprender que era una persona digna de ser amada y deseada. Había sido el soberano desde casi que se habían casado, pero sus sentimientos por él habrían sido los mismos si no lo hubiese sido.

Nueva Suecia era un lugar diferente bajo la tutela de su Itachi. Los guerreros todavía mantenían las viejas costumbres fuertemente arraigadas, pero las mujeres habían ganado más libertades y derechos y daba gracias a los dioses. A veces había sido lento y desesperante el camino pero se había hecho y seguía evolucionando. Itachi era un gobernante justo, respetuoso con las normas. Mantuvo a su gente unida con mano firme pero razonable.

Había tenido en cuenta las opiniones de Hinata, lo que resultaba muy inusual entre las mujeres de allí abajo. Ella e Itachi habían sido criticados por ello a lo largo de los años, pero la popularidad de ella entre la gente, sobre todo las matriarcas, era demasiado poderosa para que unos malditos chismosos la destruyeran.

Itachi había resultado ser todo lo que Hinata podría haber querido alguna vez en un hombre, incluso más: un padre excelente que valoró a su hija tanto como a sus tres hijos, un líder sabio para su gente, un marido atento, cariñoso, un jefe militar feroz, y en unas pocas semanas cuando su querida hija Mikoto, diera a luz, ella sabía que sería el abuelo más devoto del mundo, también. Solo esperaba que no malcriara al pequeño.

En la mayor parte de temas Itachi era bastante flexible, como eran los guerreros vikingos, pero en la cuestión de permanecer debajo de la tierra nada podía hacerlo cambiar de opinión. Se abrazaba completamente la antigua leyenda, de que un día los inventos de los Forasteros les costarían demasiado y se extendería la enfermedad y el caos sobre todos aquellos que vivieran encima de la tierra. Las mujeres, por motivos desconocidos, disminuirían en número y sus descendientes se extinguirían.

Hinata sólo podía suspirar y sacudir su cabeza ante tal alarmista opinión de 'cabeza dura', pero en estas creencias estaba cimentada la cultura del Mundo Subterráneo. Supuso que si sus creencias dejaban de existir, los clanes de Nueva Suecia, Nueva Noruega, y Nuevo Dinamarca también dejarían de prosperar.

"Buenos días, mis amores." Itachi se inclinó y besó a Hinata y luego a su hija, quiénes se sentaban en el solárium. Era la más luminosa de todas las cámaras en la vivienda de Uchiha, la que tenía la mayor parte de claraboyas que iban hasta arriba. La luz del sol brillaba con fuerza aquí.

Hinata sonrió. -"¿Buenos días? Es casi hora de comer. ¡Por fin, te levantas!"- dijo con burla.

Dios, él era hermoso, pensó, con un brillo de alegría en los ojos. Los años sólo lo habían mejorado, aunque pareciera imposible. Estaba tan musculoso, poderoso, y fuerte como siempre. Unas arrugas de felicidad alrededor de los ojos y su pelo veteado eran las únicas señales de que había envejecido.

-"Pensé que los mayores del consejo nunca cesarían de parlotear la víspera pasada. ¿Qué estabais haciendo?"- pregunto Itachi mirándolas con intensidad.

-"Haciendo planes para la habitación del futuro bebé,"- lo informó Mikoto muy contenta. -"Pero de algún modo acabamos hablando del modo en que madre y tú os conocisteis."- Mikoto sonrió abiertamente, el hoyuelo, como el de su padre, apareciendo en su mejilla. -"Dime, de verdad te hizo caer de rodillas-"- pregunto con cierta malicia le causaba gracia imaginar a su feroz padre cayendo por causa de su madre.

-"Sí,"- Itachi cortó frunciendo el ceño. -"Anduve como un pato durante días."- murmuro.

Mientras los tres reían, Hinata guiñó un ojo a su marido. No importaba que lo contara gruñendo, ella sabía que él amaba aquel recuerdo. Ella había sido la única persona que había sido capaz de frustrarlo físicamente, aunque fuese durante sólo un par de minutos.

-"Debo irme,"- suspiró Mikoto, levantándose. Su vientre estaba tan hinchado que a Hinata no le sorprendería que diera a luz gemelos. "Sasuke y yo vamos a cenar con sus padres esta noche."- dijo en un gruñido.

-"Que divertido,"- se burló Hinata de su hija.

Mikoto frunció el ceño de la misma manera que lo hacia Itachi. "Si el padre de Sasuke relata otra aburrida historia de sus días de guerrero, lo estrangularé."-comento en un gruñido.

"Ehhh," riñó Itachi a su primogénita, "deja al pobre Fugaku con sus recuerdos. A su edad, eso es todo lo que le queda.".- riño Itachi esa niña tenía el carácter de su madre.

Mikoto sonrió consintiendo mientras cogía su bolsa y se disponía a marcharse. -"¡Ah!"- ella dijo, mirando atrás, hacia sus padres. -"Casi olvidé enseñarte algo que mi marido quería que vieras, papá."- termino de decir con una sonrisa.

Itachi levantó una oscura ceja cuando Mikoto sacó un periódico de la superficie y se lo dio. -"No sé cómo yo podía olvidarme de algo así,"- dijo. -"Uno de los exploradores de Sasuke recuperó esto del Exterior."- Respiró hondo. -"Ay, la profecía de los ancestros va a pasar. Sasuke pensó que querrías saberlo antes de que el rumor se extienda por el Mundo Subterráneo."- comento de manera casual.

Frunciendo el ceño, Hinata se levantó y leyó el periódico al lado de su marido. Se quedó de piedra, el artículo decía:

Hace hoy un año, tras veinticinco años de investigación, los científicos perfeccionaron la capacidad del elegir el sexo de los bebés antes de nacer. Los detractores, incluso muchos grupos feministas, así como el Papa, tratan de erradicar la manipulación genética en el Congreso, hasta ahora sin éxito. Los detractores citan la estadística de los embarazos del año pasado, que sugieren que por cada mujer que nació el pasado año habrían nacido diez hombres...

Hinata tuvo vértigo. ¿Era verdad? ¿Podían aquellas viejas profecías en las que ella había pensado como basura realmente llegar a pasar? Se le puso la piel de gallina.

-"No tengas miedo, mi amor,"- murmuró Itachi, notando la angustia de su esposa. -"El Mundo Subterráneo es seguro."- La rodeó, abrigándola, con un poderoso y fuerte brazo. Aquel musculosos brazo resultaba tan consolador ahora como lo había sido hacía dos décadas. -"Y nosotros siempre estaremos a salvo."- termino de decir alabado sean los dioses por advertirles de aquella catástrofe hace miles de años.

Una sonrisa de admiración y amor se formó en los labios de Hinata. -"No importa los que quede por llegar, arriba o bajo tierra, pase lo que pase, yo siempre estaré a tu lado."- Ella se apoyó en él, necesitando sentir su fuerza y su calor. -"Te amo Itachi Uchiha. Y siempre te amaré."- susurro.

-"Yo también te amo, Hinata Uchiha."- Esperó a que ella levantara la vista, entonces le guiñó un ojo. -"Siempre he creído que eras muy guay."- termino de decir mientras sellaba sus labios con un apasionado beso ignorando a Mikoto que rodo los ojos mientras una sonrisa se pintaba en sus labios esperaba que su matrimonio con Sasuke, fuera como el de sus padres.

Fin

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¿Lo amaron? ¿lo odiaron?

¿Tienen ganas de matarme?

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