Disclaimer: Todos lo reconocible de Harry Potter pertenece a J.K Rowling.

Y aquí estoy, aguantando la espera para saber que saqué en el examen que presenté el martes... Quizás por eso actualizo de una vez ahorita, ya que ayer me la pase refinando los detalles y dándole la última revisada a las actualizaciones y al pequeño One-Shot que también voy a publicar de una vez, porque como me digan que reprobé, caeré en depresión D:

Sea como sea, aun les debo el long-fic, pero ese será más adelante, que tenga un poquito más de tiempo, yo diría que ahorita en Spring Break mínimo actualizo el capi que sigue y así. De momento, os dejo con esto y espero me sepan perdonar por andar tan ausente y desconectada de todo.

Una linda mención especial a SombraDeOjos quien me recordó que no había actualizado este fic y que gracias a ella, me copie ya las fechas y todo eso que necesitaba para poder hacer el fic en mi casita y luego venir a publicarlo.

Sin nada más que decir, un beso enorme y gracias por leer c:


Feliz cumpleaños princesa

24 de Abril de 1998

La guerra se había desatado como era de esperarse. Todo estaba en ruinas. Todo se caía en pedazos. No había mucho que celebrar. No había ni siquiera una razón para sonreír bajo las circunstancias en las que se encontraban. El miedo de ser el próximo a morir paralizaba a la mayoría, especialmente a los de Slytherin, quienes con tal de seguir respirando, se volvían serviciales marionetas del señor tenebroso y sus aliados. El lado más seguro era el de aquel que no tenía intenciones de matarles a corto plazo mientras fueran útiles, ya si el mago oscuro caía y terminaban refundidos en Azkaban era ganancia.

Muchos alardeaban de la nueva situación, muchos como Crabbe y Goyle. Lo extraño era que lo hacían sin la dirección de Draco. El rubio, lejos de lucir emocionado ahora que Snape era el director del colegio y los privilegios que se le eran otorgados por llevar aquella marca en su brazo, parecía cansado. Su mal humor iba en aumento y si bien algunos no entendían el por qué, había cierta serpiente de ojos verdes se daba una muy buena idea.

—No es necesario que hagas nada —murmuró la castaña, removiéndose entre los brazos del chico—. No me causa ninguna clase de ilusión, la verdad —admitió a secas. Ya a más de uno le había dejado claro que no quería celebrar su cumpleaños ese año. Al igual que el año anterior, las cosas no estaban para andar celebrando.

—Ya eres una niña grande —la molestó, con su mejor tono juguetón, que igual no era capaz de ocultar el deje de melancolía de su voz.

—Draco, en serio... —le reprendió, volteando a verlo con una expresión que mostraba más angustia que enojo.

—Yo quisiera hacerlo —insistió él, enfocando sus ojos grises sobre el rostro de su niña—. Y hace tiempo, tú también querías —argumentó a su favor.

—Lo sé, pero no creo que éste sea el mejor momento —se defendió, negándose de nueva cuenta a aquella idea que el rubio tenía para celebrar sus dieciséis primaveras. Si era honesta consigo misma, en el fondo quería hacer lo que Draco le ofrecía, pero de alguna u otra forma, sentía que sería una clase de despedida. Algo que ella no sería capaz de soportar.

—Por favor —volvió a insistir—. Si no saliéramos vivos de esto... —intentó decir, pero Astoria se levantó de un salto, tapándose los oídos cual niña pequeña.

—No, Draco —chilló—. Te amo y me encantaría hacerlo contigo, pero no así —dijo en voz baja, para que nadie fuera de sala común les fuera a escuchar. Menos mal estaban solos ya que era muy tarde, casi medía noche, casi el día del cumpleaños de la chica.

—Lo siento —se disculpó él, suspirando con pesadez.

—No es eso —la voz temblorosa de la menor de las Greengrass delataba que estaba a punto de llorar, así como no dejaba de hacerlo desde que todo aquello se había delatado. Lo único que le hacía bien a la Slytherin era llorar, no sabía ni cómo explicarlo ella misma.

—De verdad lo siento —dijo el rubio, poniéndose de pie para abrazarla, pegándola contra su pecho—. No te quería presionar, aunque sé que te mereces algo mejor, no quisiera irme al infierno si antes... —y nuevamente sus palabras fueron interrumpidas por un sollozo y un golpe en su pecho.

—¡Cállate! No digas eso —le recriminó Astoria, dejándose consumir por el llanto.

En el fondo, la castaña entendía al chico mucho más de lo que demostraba. De hecho, a ella no le importaban demasiado los protocolos. Mientras fuera su amado rubio, a ella no le importaba que tan especial o que tan planeada fuera su primera vez. Ella verdaderamente quería estar con él, quería compartir la experiencia con quien tanto quería y experimentar eso que en los libros llamaban "ser suya." Sin embargo, con todo y su deseo interno, se negaba al pesimismo del chico. Se negaba a que él le cumpliera aquel capricho que había nacido años atrás por parte suya, solo porque sentía que ya no tendrían otra oportunidad de hacerlo.

El simple pensamiento atormentaba el alma de la Greengrass menor. La idea de perder a Draco era tan dolorosa por sí misma, que no quería hacer más profundo el agujero al que se dejaría caer si algo malo le pasaba a él. Claro que, al mismo tiempo, la idea contrastaba con aquella otra de que si les quedaba poco tiempo de vida, lo que más quería era estar con él y morir con el sabor de sus labios en la boca. Todo en su cabeza era un enredo, por lo cual se resistía todavía más a ceder ante el sistema. No sabía qué hacer, no sabía cómo actuar y como de costumbre, solo podía llorar en su desesperación. Quería a Draco por en sima de todo, eso era lo único que tenía claro y si no fuera por toda esa situación, por la amenaza de muerte, por el sabor amargo que se sentía como una despedida, se entregaría a él sin pensarlo dos veces, así como hacía dos años atrás ella misma era la que insistía en estar con él.

La manecilla larga del reloj llegó al doce romano que estaba dibujado en el reloj de péndulo de la sala y la primera campanada de media noche sonó. Luego vino la segunda, la tercera, la cuarta y así hasta que se completaron doce. El día había terminado, el cumpleaños de Astoria acababa de celebrar y Draco se maldijo mentalmente por haberla hecho llorar. La sostuvo entre sus brazos, acariciando su espalda para tranquilizarla. De alguna u otra forma sabía que estaba siendo egoísta, pero el miedo se apoderaba un poco más de él con cada día que pasaba.

—Feliz cumpleaños, princesa —susurró a la oreja de la chica cuando notó que ésta se tranquilizó.

La aludida hipó como respuesta, acurrucándose más contra él. ¿Qué haría sin Draco? ¿Qué haría si él no estaba ahí para alegrar o amargar sus cumpleaños, sus días, su vida? No quería imaginar la vida sin él, prefería mil veces verlo con Pansy o con cualquier otra a saber que ya no estaría ahí para hacerla sonreír, enojar o llorar. Si algo malo le llegara a pasar a ese chico, ella no lo podría soportar.

—Prométeme que estarás conmigo para felicitarme mi próximo cumpleaños —pidió con la voz quebrada, aferrándose con fuerza a él. Quizás pedía demasiado. Quizás debería de darse por bien servida que él estaba ahí con ella en ese momento. Pero no lo pudo evitar, no con lo pesimista que estaba siendo el rubio, quien prácticamente ya se consideraba a si mismo hombre muerto.

—Astoria —susurró con un tono como de regaño, dando a entender que realmente no podía hacer esa promesa, pues no sabía si saldría vivo de aquella.

—¡Promételo! —exigió, mirándole fijamente con sus esmeraldas cristalizadas.

Draco titubeó, sintiendo una fuerte presión en su pecho. En el fondo entendía lo que ella sentía. Él también la quería con todas sus fuerzas y si algo le pasara a su niña, si el destino le jugara chueco y sus malos pensamientos se tornaran al revés, él se moriría con ella. Astoria y su madre eran la única razón por la que él no se desmoronaba todavía, las única razón por la que seguía con vida, aguantando las diversas torturas, mentales y físicas, que implicaban servir al Señor Tenebroso.

—Te lo prometo —cedió finalmente, pegando su frente a la de ella y notando como se rozaban sus narices—. Considéralo mi regalo de cumpleaños —apuntó, con sus orbes plateadas fijas en las esmeraldas de ella—. El 24 de Abril de 1999 estaré contigo, pase lo que pasé —sentenció y para sellar la promesa, ladeó el rostro y la besó con dulzura.

La menor de las Greengrass no tuvo que escuchar más, confiaba en que la palabra de Draco era sangrada, o por lo menos de eso se quería convencer. Aun cuando el rubio ya le había fallado en ocasiones anteriores, en ese momento quería creerle y si le llegaba a fallar, porque no estaba en sus manos el destino de aquella promesa, agradecía de momento que le siguiera la corriente para tranquilizarla. Aferrarse a esa promesa era lo único que le daría fuerza de ahí en adelante.


¿Y qué tal? ¿Galletitas? ¿Ranas de chocolate? ¿Cruciatus? ¿Avadas? ¿Un Troll como calificación? ¿Algo?

Me consta que no es mucho, pero fue un rayito de inspiración que me cayó, porque no sabía realmente como continuar y que poner en este punto.

En fin, ¡muchas gracias por tomarse la molestia de leer!

¡Besos y brazos!

Tened lindo día.