Los personajes no me perteneces, son de la increíble J. K. Rowling :)


Capítulo XI

En definitiva la noche había caído, provocando que en cada uno de los rincones de las residencias de la Avenida Golden Wand se crearan sombras que parecían esconder algo. Todo estaba demasiado tranquilo para su gusto, ni un gato maullaba o un perro ladraba. Todo estaba en completo silencio.

Hermione caminaba delante de él, con una mano en el bolsillo de su abrigo y otra arrastrando la maleta, a la que le había agregado ruedas mientras bajaban el ascensor. No le había vuelto a hablar, y al parecer no pretendía hacerlo en mucho tiempo, o a no ser que fuera estrictamente necesario. Draco estaba aburrido, debía admitirlo, que Granger le hiciera la Ley del Hielo no era nada divertido. Le gustaba molestarla, que peleara con él, que hiciera pucheros y sus mejillas se tornaran rosas.

La quiero besar.

Se dijo, pero al momento de decidirse a caminar hacia ella para hacerlo, recordó por qué estaba caminando cerca de ella en primer lugar. Su aguda vista de mortífago le indicó que nadie es escondía tras las sombras, sin embargo no podía confiarse, no cuando conocía bien la mente de los malvados.

Por suerte, Hermione se detuvo de repente, frente a un gran e imponente edificio, con columnas de mármol en la entrada y lagos escalones, y miró hacia arriba para ver el nombre de éste. Parecía estos templos donde los griegos alababan a Zeus, aunque se podían apreciar varias decoraciones de oro. Al parecer, era ahí donde se quedarían.

En efecto, la castaña, sin siquiera mirarlo, comenzó a subir hacia la puerta. Y Draco, sin querer menospreciarla, se preguntó cómo había pagado por estar ahí.

Es la heroína del Mundo Mágico, debe tener privilegios.

Hermione entró al vestíbulo, sorprendiéndose de lo elegante y majestuoso que era el lugar. Qué suerte tenía de que le habían dado un descuento para quedarse ahí. El hotel era hermoso y valía la pena. Sin embargo, un deje de tristeza la invadió al darse cuenta de que la situación no era la que ella quería. Le hubiese gustado compartir esa experiencia con alguien que la quisiera, pero no, ella estaba ahí con Malfoy, y que él no la aceptara, le estaba taladrando el corazón incomprensiblemente.

Se acercó a la recepcionista, quien al verla, de inmediato la reconoció por ser ella. Y también se sorprendió al notar que Draco era su acompañante, mas no dijo nada. Conversaron un par de cosas, dejando a rubio de lado, decisión de Hermione, quien había optado por fingir que no existía.

-¿Se quedarán en la misma habitación? – Preguntó la mujer inocentemente, aunque con un malicioso tono escondido. Pues era sabido en todo el mundo mágico que algo raro estaba ocurriendo entre la heroína y el ex-mortífago.

-Sí – contestó Malfoy, provocando que la mandíbula de Hermione se desencajara.

-¿Disculpa? – Cuestionó ella – No pienso compartir cama contigo, Malfoy.

-Parece que aún no entiendes por qué estoy aquí, Granger – comentó Draco con un tono autoritario y frío. – Lo quieras o no…

-Perdónanos un momento, Helen – lo interrumpió la castaña, dirigiéndole la palabra a la recepcionista. Lo agarró del brazo y lo alejó un poco del mesón, para poder hablar con él con un poco más de privacidad. –Escúchame, ni en tus más retorcidos y perversos sueños dormiría contigo, así que…

-No pensabas lo mismo el otro día cuando me besaste – dijo Malfoy, acercándose peligrosamente a ella.

-Pues no lo habría hecho si no me hubieras drogado, idiota.

-¡No te drogue, te estaba ayudando! ¡Y yo no lo habría hecho si no hubieses sido tan tonta de dejarte atrapar por un par de imbéciles mortífagos! – contestó enrabiado.

-No me llames tonta, mortífago.

-¿Ahora soy mortífago? – preguntó con los ojos entrecerrados, dando otro paso hacia ella. Mas Hermione no retrocedió, estaba demasiado molesta para dejarse intimidar por la cercanía de él – Tendrás que soportar que un mortífago te cuide en ese caso.

-¡Deja de tratarme como a una niña! – chilló, provocando que todos los presentes se voltearan a verlos, aunque eso no les importó.

-¡Entonces deja de comportarte como una! – Acotó él – No eres invencible, Granger. No porque hayas ayudado a salvar el mundo eres la mujer más poderosa. – Con su mano derecha la tomó del mentón para obligarla a que no apartara la mirada – Entiende que hay mucha gente que se preocupa por ti, y es mi trabajo mantenerte a salvo.

Con un manotazo se libró del agarre de él, fulminándolo con la mirada. Siempre le habían dicho que era testaruda, y a veces lo consideraba algo malo, pero esta vez definitivamente no iba a ceder. No dejaría que él estuviera en su misma cama, alimentando las pocas ilusiones que solo eran eso, ilusiones que destrozaban su corazón.

-Eh, disculpen – no se dieron cuenta cuándo la recepcionista se había acercado a ellos. – Hay una suite con dos camas…

La mujer se asustó y retrocedió tres pasos cuando los dos pares de ojos chocaron con ella, enfurecidos por la discusión. No obstante, Draco fue quien suavizó la mirada y caminando con ella hacia el mesón, aceptó la oferta.

-OK, nos quedaremos en esa.

-Estás demente, yo no… - trató de discutir Hermione, pero el rubio volteó y le lanzó una mirada de advertencia que la dejó helada.

-Aquí no mandas tú, sino que yo – dijo con tono de ultratumba -, así que aguántate.

Hermione simplemente se quedó ahí, algo atontada por el tono maduro, pero déspota del rubio. Aunque por dentro moría por golpearlo tan fuerte que la dejaría hacer lo que quisiera. Por Dios, se estaba comportando como un paranoico, por algo habían viajado en el tren muggle, nadie sabría que ella estaba ahí.

-La suite doble cuesta setenta galeones más, señorita Granger, de lo que ya pagó – comentó Helen, sacándola de sus pensamientos.

-¿Qué? Yo no tengo…

-Está bien, yo lo pago – dijo Malfoy.

-Oye, no…

-¿Acaso vas a dormir conmigo, entonces? – Preguntó, y ella simplemente hizo una mueca de desagrado – Como lo pensé. Cárguelo a mi cuenta, - le dijo a la recepcionista – y quiero servicio a la habitación.

-Está bien, señor Malfoy – le tendió las llaves y Draco las recibió -, habitación 714, que lo disfruten.


Harry caminaba de un lado a otro en su oficina, siendo observado por Ginny, quien no estaba menos nerviosa que él. No habían tenido noticias de Hermione aún, a pesar de que ya habían enviado al equipo secreto de vigilancia hace una hora.

El teléfono sonó.

-¿Hermione? – preguntó Harry al mismo instante en que contestó.

-Sí, Harry, soy yo – contestó la castaña, desde el otro lado de la línea. Qué suerte tenía de que en el hotel tuvieran un teléfono, pues usualmente no había aparatos muggles en lugares mágicos.

-¿Estás bien? Supe que fuiste con Malfoy.

-¿No fuiste tú quien lo envió?

-No, me enteré hace un rato – dijo Harry, ya un poco más tranquilo de poder hablar con ella - ¿Estás bien? – volvió a cuestionar.

-S…sí, lo estoy, es sólo que…

-¿Sólo que qué?

Sabía que lo que iba a decir iba a sonar ridículo, estúpido viniendo de su parte, pues no debía afectarle lo que los demás dijeran de ella. Pero realmente le habían dolido las palabras y el desprecio de Draco hacia los hijos de muggles, ya no quería que él la odiara.

-Aún desprecia a los hijos de muggles.

-¿Te volvió a llamar sangre sucia?

-No a mí, pero…

-Hermione, - la interrumpió el Elegido – al parecer es de confianza, pero de igual forma envié un equipo secreto de vigilancia para ti. No sabrás nunca de ellos, ni Malfoy tampoco, pero te estarán cuidando.

-Harry, no sé por qué confío en él, - confesó – pero lo hago. Sólo que… me dolió lo que dijo.

Su corazón latía con angustia acumulada. Quería llorar, pues se sentía tan mal como en segundo año cuando él la había llamado así por primera vez.

-Oye… ¿Te estás enamorando de él? – preguntó temiendo la respuesta. Aunque ella no contestó de inmediato, por un breve lapso de tiempo, no hubo más que silencio.

-No lo sé – dijo ella, sinceramente.

-No era eso lo que quería escuchar – comentó el niño que vivió. - Ginny y yo nos iremos un día antes para allá, así no estarás tanto tiempo sola con él.

-Gracias… - aunque no sabía realmente si se sentía agradecida.

Harry colgó el teléfono, y suspiró frustrado al echarse para atrás en el asiento. Todo eso sería complicado.


-¿Todo bien? – preguntó Malfoy cuando la vio salir de la cabina con ojos tristes, cosa que le hacía sentir muy mal.

-Deja de fingir que te preocupo, Malfoy.

Le molestaba de sobre manera que su esfuerzo por llevarse bien fuera opacado por ella. Pero no podía reclamar nada, él lo había provocado todo. Sin decir una sola palabra, la siguió hasta el ascensor, y ambos subieron hasta el piso siete. Aunque no pudo evitar mirarla de reojo mientras subían, notando de inmediato que algo perturbaba su mente, por la manera en que se mordía el labio y golpeaba su zapato contra el piso, esperando impaciente a que la puerta se abriera.

Cuando estuvieron arriba, Draco salió primero, y caminó por el pasillo hasta la habitación que les habían dado. Metió la llave en la cerradura y abrió, quedando ambos maravillados por la asombrosa habitación. En cada cama cabían por lo menos cuatro personas, bien podrían haber dormido ambos en una sin tocarse. OK, no era tan así, pero eran enormes, debían reconocerlo. Recovecos de oro, una araña de cristal en el medio, y una vista espectacular desde la ventana. Coincidentemente, ambos caminaron hacia allí, contemplando el hermoso paisaje que se abría frente a ellos. La torre Eiffel estaba iluminada por luces amarillas y azules, haciéndola ver más mágica de lo que ya era.

Hermione suspiró con amargura, y se alejó de ahí. Dejó su maleta sobre la cama, y la abrió para desempacar. Draco simplemente se sentó en el alféizar de la ventana, y se dedicó a observarla. La castaña iba de un lado a otro, cargando su ropa hacia el armario, metida en su mundo y sin percatarse de que él la estaba mirando. Cuando terminó, miró la hora en su reloj, dándose cuenta de que aún era temprano para dormir, por lo que agarró uno de los libros que había llevado, y se dispuso a leer.

-¿Granger? – la llamó cuando ya habían pasado unos diez minutos y ella no le prestaba ni la más mínima atención.

-¿Mm? – musitó sin apartar la mirada del libro.

-Tengo hambre, pediré algo para comer – sin embargo ella no le contestó, siguió sumergida en las letras - ¿quieres algo?

La castaña levantó un poco la vista hacia él y la volvió al libro al instante.

-Sí, claro, lo que sea – comentó restándole importancia.

Cuando la comida llegó, una media hora después, Hermione no pudo estar más sorprendida de que se tratara de su plato favorito. Al mirar a Malfoy, no pudo descifrar su mirada, que sin duda trasmitía muchos sentimientos. Se sonrojó, pero omitió todo comentario, realmente no quería alimentar a ese yo enamorado que gritaba por preguntarle cómo era que sabía su comida favorita.

Simplemente comieron en silencio, sin mirarse tampoco, cada uno en su mundo, que era ciertamente en donde ambos eran felices juntos. Al terminar, los platos sucios desaparecieron, y en su lugar apareció una tetera llena de té, con dos tazas bastante elegantes. Bebieron té, aunque esta vez mirándose a los ojos, sin decir nada. Anhelando por que el otro dijese algo.

Después de diez minutos de miradas silenciosas, se levantaron de su asiento y se dirigieron a lados opuestos de la habitación. Hermione sacó su pijama del armario y fue hacia el baño, prefería dormir antes de seguir en esa tortura.

Draco, quien se había acostado en su cama y mantenía sus manos sobre su nuca, mientras miraba el techo, casi se ahoga al verla salir del baño. La chica vestía un diminuto short – pijama, con una camiseta de tirantes, color rojo, que ciertamente lo hacía sentir que estaba en un mundo irreal.

-¿Y así pensabas dormir con Finch- Fletchley? – No pudo evitar preguntar, molesto – Sí serás…

-No pensaba dormir con él, Malfoy - Respondió con los ojos entrecerrados -, no soy una puta como las mujeres con las que te juntas.

-¿Ahora yo soy el libertino?

-Siempre lo has sido – expresó con desprecio, a lo que Malfoy roló los ojos. Tan sólo quería levantarse y tumbarla en la cama, para demostrarle que él solamente existía para ella, pero realmente estaba molesto porque ella hablara de esa forma de él.

-Sólo metete en la cama, y duérmete, Granger – le ordenó irritado.

-No me des órdenes.

-De igual forma lo vas a hacer.

Hermione gruñó y se acostó, volteándose para el lado contrario al que estaba él. Su corazón latía desenfrenado al saber que él se encontraba tan cerca, tirado en una cama como si no quiere la cosa. Pero su cerebro le gritaba a toda voz de que razonara, que él era Malfoy y ella Hermione Granger, una relación entre ambos era algo realmente imposible.

En algún momento de su pelea interior, se quedó dormida, cayo profundamente a las manos de Morfeo. Y soñó, viajo a una dimensión paralela, que tal vez no lo era tanto, donde los prejuicios sobre la sangre no existían.

El se acercó lentamente, mientras la miraba con una infinita ternura, que le llenaba el corazón de un calorcito dulce. Con su mano derecha acarició su rostro y con la otra la tomó de la cintura para acercarla a él.

-¿Qué sientes por mí, Hermione? – preguntó.

¿Qué sientes por él, Hermione? Repitió su consciencia.

-Yo… - intentó contestar, pero simplemente no pudo admitir sus sentimientos hacia él. Porque a pesar de que el joven provocaba grandes sentimientos en ella, seguía siendo Draco Malfoy, quien en cualquier momento podría usar sus palabras en su contra.

-¿Qué sientes por mí?

Hermione abrió los ojos de golpe, dándose cuenta de que aún era de noche. La habitación estaba muy sombría. Con gran esfuerzo, logró ver en su reloj que eran las tres de la madrugada, aún quedaban unas horas de tinieblas. No le gustaba despertar en medio de la noche, porque ciertamente no le gustaba oscuridad.

Miró hacia la cama de Malfoy, dándose cuenta de que no estaba ahí. ¿Dónde se había metido? ¿Así que todo el cuento de cuidarla era mentira? ¿Se había ido?

Se sentó en la cama, angustiada por las acciones del rubio, pero al mirar hacia la ventana, lo vio ahí, mirando hacia afuera, mientras la luz de la luna hacia brillar sus ojos grises. Él volteó a verla, quedando maravillada de inmediato por el aspecto angelical que le daba el resplandor plateado del satélite terrestre.

-¿Qué haces despierto? – le preguntó en voz baja, debido al sueño que sentía – Son las 3:00 AM.

-Lo sé –respondió con simpleza, admirando cada rasgo teñido de insomnio que la castaña mostraba.

-¿No puedes dormir?

-Estoy vigilando – dijo mientras volvía la vista hacia afuera, moviendo la vista a cada pequeño movimiento que hubiese ahí.

-Draco… - lo llamó, y él realmente se tensó al escucharla decir su nombre, estando consciente – no tienes que hacer esto, duerme, debes estar cansado. No te preocupes por mí.

-Tú no te preocupes por mí – contestó levantándose de su asiento y caminando hacia la cama de ella -, he pasado días sin dormir, estoy acostumbrado.

Draco estiró su mano hacia ella y le acarició el rostro, a lo que Hermione no retrocedió. De pronto sintió mucho sueño, como si él hubiese hecho algo, algún tipo de hechizo. Pero antes de poder preguntar, volvió a dormirse profundamente.

-Realmente desearía que confiaras en mi, Hermione – le dijo a la dormida chica mientras le volvía a acariciar el rostro.


Holaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, bueno pensé que ya era tiempo de actualizar. He estado con una terrible falta de inspiración, las musas se ha ido de vacaciones mientras yo estoy aquí estudiando como loca...

Peri¡o bueno, aquí les dejo este capítulo, espero lo hayan disfrutado, a mi parecer, es bastante cómica la discusión que tienen en el comienzo.

Gracias a todos los que comentaron y agregaron a alerta y favoritos! Déjenme saber qué tal les pareció este capítulo.

Nos vemooos :D

MRS Taisho Potter