Capítulo XI


El dueño de la casa, dejó al bulto en el sillón. Fue hasta su despensa de pociones y vertió Veritaserum en una taza; lo mezcló con algo de té y regresó a donde dejó a Sirius Black.

Dejó la taza en la mesa cercana y ejecutó un par de hechizos en el otro mago y el lugar.

¡Finite Incantatem! ¡Anti-Desaparición! –como no hubo revelación de ningún hechizo, Severus dijo por fin– ¡Ennervate!

Sirius despertó, y parpadeando, observó el lugar. Nada de ahí le parecía conocido, sin embargo la voz del otro mago, si la reconoció.

–¡¿Que Dementores está ocurriendo?! –exigió respuestas Snape.

El Black observó al profesor y sonrió al notar, cierto adorno para el cabello que Severus usaba, en ese instante.

–Lo último que te di y… lo primero, también.

Snape, negó y se dejó caer en el sillón, frente al otro que ocupaba el animago.

–Nadie lo sabe. –explicó sin notarlo el profesor.

–¿Nadie notó el escudo de armas? –dijo curioso el animago.

–No la uso fuera de mi laboratorio o la uso, aquí en mi casa.

–Ya veo…

–¿Y como…? –mencionaba Severus, mas sacudió la cabeza y gritó– ¡Te vi caer en el Velo!

Sirius suspiró y se rascó la barba, al comenzar a declarar…

–Sucedió… yo caí en el Velo, pero no sé cómo llegué o más bien regresé al Departamento de Misterios y con un inefable que curó lo que tenía que sanar. – Sirius preguntó– Sna… –se retractó– Severus ¿qué pasa con el mundo mágico? ¿Hay un peligro más que nos amenaza, no sólo el Innombrable, verdad?

Snape se sobó las sienes y asintió:

–Una amenaza que no puede ser combatida con magia.

–¡¿Que?!

Snape relató como iniciaron los ataques de Yōmas y como el mundo mágico se enteró –de mala manera– que la magia no detenía a esos seres.

Al concluir, el profesor esperó a que diría el heredero Black.

–Entonces, ¿los ataques ya existían cuando yo estaba… digamos vivo?

–Definitivamente, sin embargo aún no se sabía de la naturaleza atroz de los perpetradores de los asesinatos.

El animago se quedó un instante en silencio, ordenando sus ideas y al conseguirlo, notó que el pocionista lo miraba con suma curiosidad.

–Tengo algunas lagunas, mi salvador no pudo hacer mucho, pero poco a poco espero recuperarme.

–Eso explicaría que estés tan tranquilo. Por lo regular no puedes quedarte en un lugar sin hacer nada.

–¿Tanto me conoces?

Severus frunció el ceño, más respondió:

–Es una buena estrategia de combate, la de analizar al enemigo.

El Black miró asombrado al otro mago.

–Mis memorias no son muy buenas, no creí que fuéramos enemigos. Entonces ¿por qué quise venir a este lugar y contigo en primera instancia?

Severus se giró para no ver toda la confusión plasmada en el rostro del animago y recapituló.

–Unas semanas antes de que… te fueras, intentamos ser civilizados entre nosotros.

Sirius asintió, quedándose un momento en silencio y luego se levantó. Aún un poco confuso miró alrededor y concluyó:

–Bueno…yo… creo que debo irme. No se exactamente a donde… No recuerdo si tengo casa… porque soy un prófugo, ¿no?

Snape sintió compasión por su antiguo némesis y se levantó.

–La tienes. Te llevaré ahí, debe de haber alguno de tus amigos en el lugar.

Sirius aceptó y se dejó guiar por el otro mago. Severus se asomó y vio que la soledad de las calles, los cubriría para no ser detectados.

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En uno de los saloncitos de la Mansión. Draco vio llegar a su padre a la mesa del comedor y notó que este parecía muy tranquilo para haber estado en una reunión del Lord.

El heredero Zabini, pareció notar lo mismo; pues su rostro adquirió cierta serenidad.

Lucius comenzó a alimentarse y cuándo llevaba varios bocados, se limpió la boca y miró a los jóvenes.

–La Orden ya ha sido avisada. Al parecer van a tomar sus precauciones, antes de que Potter cumpla la mayoría de edad.

Draco dejó salir el aire y pudo saborear su fruta, al escuchar que Harry estaría a salvo… un poco.

Blaise, en cambio, esperó por más. Lucius no se hizo esperar.

–Tu madre, se retiró muy temprano de la reunión; no te preocupes, el Lord no lo notó. Antes de irse, me pidió que te dijera que pasará por ti, esta tarde. Se van a la finca de tu difunto abuelo en Italia.

–¿Finca de mi abuelo? –preguntó Blaise.

–Su existencia no es muy conocida y eso es lo que madame Zabini, busca.

–Ya veo. ¿O sea que no hay posibilidades de que esto termine antes del año escolar que viene? –opinó Draco.

–Es poco probable. –aseguró el rubio mayor.

Draco dejó de lado su desayuno y observó a su padre con insistencia.

–No quiero esconderme. –dejó claro el rubio menor.

Lucius ni se inmutó ante la afirmación de su hijo; en cambio respondió:

–Lo imagino, y si bien no he intervenido en lo que Potter y tú… hacían; lo permití, mientras no afectara tu seguridad. Sin embargo no permitiré que por no desear dejar de verlo o querer ayudarlo, te pongas en peligro.

–Pero… –se negaba el menor de los Malfoy.

–No hay pero, Draco. –dejó claro Lucius.

El rubio menor apretó los labios con impotencia y es que si bien, sabía que su padre tenía razón, no por eso aceptaba las ordenes, el temor de perder a Harry, lo hacía revelarse.

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El lugar era perfecto y muy escondido, poseía todo lo necesario para la nueva sede del proyecto Claymore.

Al arribar; Rimt llamó a sus colaboradores; Ermita, Rubel, Orsay, e incluso el desadaptado de Dae; todos se acercaron y pudieron recorrer las instalaciones. Para sorpresa de los Inefables, ya se encontraban varias niñas en sus respectivos cubículos. Por lo que Rimt, explicó:

–Si bien, las primeras Claymore han hecho un gran trabajo; los Yōmas también han aprendido a esconderse mejor y que decir de esos dos… Abismales, que tienen un apetito voraz y que dejan destrucción a su paso; todo eso ha dejado más familias devastadas y participantes dispuestas a ser verdugos de los que les arrebataron todo; por eso tenemos ya varias voluntarias.

Los oyentes comprendieron y sin dilación, se dispusieron a trabajar en las pequeñas.

Rimt se dirigió a su oficina, felicitándose por haber dejado el Ministerio sin que las autoridades de este lo notaran, creyendo que seguían ahí.

Ahora su prioridad y lo que tenía que arreglar, era que hacer con las Claymore que llegaran a su límite, antes de que sucediera lo mismo que con Isley y Rigardo.

Rimt estaba lejos de sentir compasión antes que ser práctico y por ello, al pensarlo detenidamente, concluyó en crear una señal, que las mismas guerreras usarán para que las detuvieran antes de perderse y así, nacieron Tarjetas negras *, las que irían dentro de cada espada.

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En el lugar de combate, en un bosque; Luciela giró elegantemente la espada y cortó por la mitad al Yōma; la Claymore guardó su espada.

El compañero del primer Yōma, aún luchaba contra Rafaela.

La menor de las hermanas poseía una elegancia al usar su espada, que al blandirla –sin que su contrincante lo notara– lo acorraló y asesinó, sin que la guerrera se esforzará.

Con esa misión concluida Luciela, preguntó:

–¿Deberemos avanzar?

–Hay otra de nosotras acercándose… –aseguró Rafaela.

La hermana mayor esperó sentada; después de todo, Rafaela percibía el Yōki a distancias muy largas.

El Yōki se fue acercando y notaron como arribaba Cassandra –la números cuatro–, junto con otra desconocida Claymore.

Rafaela se quedó detrás de Luciela y está dirigió la conversación.

–¿Que sucede, Cassandra? ¿Y quien es ella?

La aludida –que era de pocas palabras– mencionó:

–Dae solicita que las dos regresen. – Cassandra se rascó una mejilla y continuó – Ella es la número treinta y cinco; la guio a su próxima misión.

Las hermanas miraron a la aludida y supieron que la guerrera de menor grado, era la que no pudo esconder su Yōki y por la que descubrieron que ellas se acercaban.

Luciela se acomodó la espada y avanzó, segura de que Rafaela la seguiría.

En cuanto las hermanas se retiraron, la número treinta y cinco, dejó salir el aire.

–Son impresionantes, con razón Luciela es la número uno, su hermana debe estar casi en iguales condiciones. –Cassandra no respondió– Bueno… no es que tú no seas fuerte… pero… Olvídalo, ya no se ni lo que digo. –Cassandra sólo gruñó. La otra chica sonrió y afirmó divertida– Me recuerdas a un Kneazle que tuve…, él sólo gruñía.

La Claymore de más grado, optó por no seguir esa conversa… monólogo. La novata no le desagradaba, pues a pesar de conocer su técnica y el motivo de su sobrenombre **, no lo mencionaba y eso, Cassandra lo agradecía.

Las dos guerreras siguieron su camino y sólo se escuchaba la voz de la Claymore de menor grado, hablando y hablando.

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Los dos magos pelinegros, arribaron a Grimmauld Place y Severus se detuvo unas casas antes de llegar su destino.

–Yo llego hasta aquí. –afirmó Severus.

–¿Por qué? –cuestionó Sirius.

Severus no respondió de inmediato, más poco después, dijo:

–Pronto te enterarás, pero… cuando lo hagas, sólo recuerda que no todo es lo que parece.

Severus se giró y caminaba de regreso; Sirius lo detuvo…

–Esto es lo que yo creo... –Snape arqueó una ceja, mas no interrumpió al Black– Ese adorno que llevas y yo te di, es una reliquia familiar, una de las pocas que reservé y no se la hubiese dado a nadie que no fuese muy importante para mí.

Snape se mordió los labios y en un impulso veloz, regresó sobre sus pasos y besó al animago, antes de retirarse definitivamente.

El de ojos grises lo vio partir, más hubo un sentimiento esperanzador en él, de volver a ver al profesor.

Sirius caminó un poco por la calle y los recuerdos llegaron, guiándolo al número doce…

¿Por qué lo veía? Era su casa, al fin y al cabo. Entró, pero más tardó en hacerlo que en ser atacado y amarrado.

¡Petrificus Totalus!

–¡Incarcerous!

Un Remus incrédulo lo miraba. Moody y Arthur Weasley eran lo que lo atacaron; Kingsley lo apuntaba con su varita.

–Hola… –dijo el animago.

El heredero Black, pasó de nuevo por todo el interrogatorio y las pruebas, antes de que Remus lo abrazará emocionado y Moody lo felicitara.

Kingsley se unió a las celebraciones, sin embargo, advirtió al animago que siguiera haciéndose pasar por muerto.

–No creo que el Ministro sepa que los inefables están haciendo experimentos en… menores. –aclaró el auror.

–No lo creo. Yo no sé mucho como están las cosas, pero recuerdo muy poco de ello…

–A lo mejor te lanzaron un Obliviate. –opinó Arthur.

–Seguramente. No podrían dejarme libre con todas mis memorias de lo que vi, intactas. –aceptó el animago.

–Veré que se revise lo que dices. –prometió Kingsley.

Los presentes estuvieron de acuerdo. Sirius observó alrededor y cuestionó– ¿Saldrán de misión?

–Si. –respondió Lupin, relatando lo que planeaban para sacar a Harry de la casa de su tíos antes de que la protección perdiera fuerza– Harry debe salir en un par de días.

–Ya veo. Si Dumbledore lo dice… –opinó el de ojos grises; ante eso, un tenso silencio siguió y el animago, lo notó– ¿Pasa algo con Dumbledore?

Los de la Orden se miraron y Alastor fue el que contestó...

–El fue asesinado… el traidor de Snape lo mató… –se escuchaban el odio en las palabras de Moody, mas Sirius no lo interrumpió.

El de ojos grises fue puesto al tanto de lo sucedido y ahí comprendió las palabras que Severus le dijo antes de retirarse, y si bien sus recuerdos y mente no estaban al cien por ciento; había un gran sentimiento que le impedía regresar a sus prejuicios hacia el ex Slytherin y culparlo sin darle el beneficio de la duda. De lo que el heredero Black estaba seguro era, que ni por error mencionaría lo sucedido con el profesor.

El día que Harry sería sacado de su casa llegó. El grupo de miembros de la Orden, arribaron al número cuatro de Privet Drive; los Dursley fueron evacuados antes.

Sirius tuvo que ser prácticamente atado para que no fuese al rescate, más lo convencieron de que era inseguro para Harry que él apareciera, pues pondría en shock al chico y complicaría las cosas.

Ya en la casa muggle; Remus explicó el plan y las parejas se separaron, para que cada uno de ellos se convirtiera en Harry.

El movimiento inició, y con eso la persecución de los Mortífagos e incluso Voldemort, a los equipos.

Severus fue tras el dúo que le correspondía y a pesar de intentarlo, no pudo evitar que sus maldiciones tomarán víctima y si bien George Weasley fue herido; Severus lo consideró un mal menor, si su compañero Mortífago hubiese atinado a los de la Orden.

Snape no supo –al instante– a quien había herido, sin embargo se sintió aliviado de fallar.

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Con Hagrid y Harry; el jovencito luchó contra el mismísimo Voldemort, más para salvación del chico, la varita del mago oscuro no funcionó o algo le sucedió y el menor salió avante. Harry hubiera celebrado esa pequeña victoria, si Hedwig no hubiese muerto.

Y a pesar de todo, la misión fue un éxito, con dos pérdidas… Alastor Moody y Hedwig.

En la Madriguera; las funestas noticias fueron conocidas y lloradas.

Por eso, cuando cierto animago, llegó al lugar. Harry se quedó sin palabras, pero con la alegría pintada en sus ojos verdes.

Sirius se acercó hasta el estupefacto moreno y lo envolvió en un abrazo muy apretado.

–¿Como…?

–Ya habrá tiempo de explicar, ahora sólo permíteme reconfortante. –susurró el merodeador.

Harry comenzó a llorar y entre hipidos, trató de hablar:

–Sirius… el espejo… se rompió…

El mencionado no comprendió lo que Harry dijo, pero sonrió:

–Está bien.

–Si… Está todo bien…

Así lo aceptó Harry y los que no sabían –hasta ese momento– del regreso del Black.

Por supuesto habría una gran explicación, sin embargo eso serviría para que la espera –por los otros quipos– no les pareciera tan angustiante.

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El fracaso de la misión de atrapar a Harry Potter, desencadenó algunas torturas para los mortífagos.

Nott padre estaba devastado por la pérdida de su varita. Theo por su parte, trató de pasar desapercibido para el Lord.

Los reclamos y maldiciones del Señor Oscuro duraron un tiempo...

Cuando Voldemort por fin se retiró; se aseguró de ir a soltar más de sus criaturas, después de todo, para este era un consuelo y diversión hacer daño a los demás.

Sin embargo Voldemort no se quedaría con la duda del motivo por el que la nueva estrategia para evitar el Priori Incantatem fallo, debido a eso Ollivander fue cuestionado y torturado; sin resultado. Por lo que el Señor Oscuro buscaría algún otro informante que le diera respuestas.

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En cuanto el Innombrable se retiró a buscar otro creador de varitas. Los mortífagos, prácticamente huyeron a sus casas.

Severus y Lucius estaban por retirarse, más antes deseaban revisar que los Nott –padre e hijo– estuvieran bien.

Al llegar a una sala pequeña –usada por estos–, los dos amigos se quedaron estáticos al ver con los dueños de la mansión a… Riful Nott.

De propia mano, Snape pudo ver los cambios físicos y emocionales, sufridos por la niña.

Riful no se giró a verlos –cuando entraron– y siguió oyendo a Theo; el chico abrazaba a su hermana, sin que esta respondiera, pero tampoco lo rechazará.

–¡¿Dónde estabas?! –exigió el joven.

–…

La ahora rubia, no respondió:

–No puedes seguir haciendo lo que… – Theo no supo explicar o más bien aceptar, lo que Riful hacía – ¡No puedes irte, te quedarás con nosotros!

Riful al oír eso último, por fin habló:

–Debo seguir mi misión. Sólo quise verlos y que me vieran…, estoy bien.

Theo soltó a su hermana y vio la fuerza y determinación en sus ojos; no era crédulo al considerar que podría detener a Riful a la fuerza, no con la magia sin hacerle ni cosquillas; más eso no evitó que deseara retenerla con todas sus fuerzas… mas era imposible.

–Te quiero mucho, hermanita… cuídate mucho, debes regresar.

Riful trato de sonreír hacia su hermano y sin mirar a su padre…, salió del lugar.

Lucius y Severus se hicieron a un lado y vieron salir –por la puerta del jardín– a la niña guerrera.

El patriarca Malfoy suspiró y ofreció al menor de los Nott.

–Joven Nott, ¿quiere ir a mí mansión? Draco estará feliz de tenerlo de invitado.

–Yo… quisiera, pero si el Lord lo nota…

–Parece que se ausentará algún tiempo.

Opinó Severus y Theo aceptó la invitación, siguiendo a los dos mayores.

Nott padre no se había movido del sillón en el que estaba prácticamente exánime.

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Riful le dio un último vistazo a la mansión… a la que se fue su hogar y el de su amado hermano. Esa noche saldría a una misión y deseó ver a Theodoro antes.

No debía haber duda en una Claymore al momento de combatir, más enfrentar a dos Despertados no era una misión fácil.

Riful –como la numero uno– iría a cazar a Isley y Rigardo.

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Harry escuchó el relato de Sirius y al terminar, el animago sonrió:

–No muy cuerdo, pero regresé.

–Es genial. –afirmó Harry.

–Siento que no podamos vivir juntos. Pero sólo es por un tiempo, en lo que esto se resuelve.

–Comprendo. Grimmauld Place no es segura.

–Para otros no, para mí… lo conozco bien y con ello, sus escondites, además siendo yo el dueño, la volveré segura… en cuánto recuerde como hacerlo. – bromeó el animago.

–Sirius…

–Estaré bien, no te preocupes; si ya no puedo, no me arriesgare, no debo desperdiciar mi nueva oportunidad.

–Promételo. –pidió el moreno.

–Lo prometo.

Ahijado y padrino regresaron al salón con los demás. Al estar ahí, Sirius tuvo que reafirmar –en su interior– la confianza en Severus, al ver a George herido, sin embargo algo funcionó en el cerebro del animago, con un simple pensamiento… Severus no hubiese fallado un Sectumsempra.

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Los equipos regresaron y las novedades y las noticias fueron habladas. Remus deseaba retirarse, sin embargo no sabía cómo hacerlo y para su asombro; Sirius les dio –a ambos– una excusa.

–Debemos revisar que no hayan llegado a Grimmauld Place.

Eso dijo el animago y el licántropo lo apoyó. Harry se retiró a descansar, no sin antes advertirles, que debían regresar temprano al día siguiente.

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Para esa noche. Draco recibió gustoso a Theodoro y de inmediato lo acompañó a cenar y a que este sacara todo lo que llevaba en su interior; eso llevaría un tiempo, más el rubio no tenía prisa.

El mayor de los Malfoy dejó que los jóvenes tuvieran su momento a solas y él se dirigió a Grimmauld Place sin la preocupación de dejar solo a Draco.

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En la Calle de la Hilandera; en su hogar, Severus se dejó caer en su sillón; todo lo que estaba sucediendo lo tenía al borde de un colapso nervioso y el profesor se tenía de abstener de no llenarse de pociones, filtros de paz, para ser exactos.

El profesor deseaba descansar una noche sin recordar las muertes, las torturas y los rostros de magos y brujas que vio perderse, no solo por la muerte si no por otras cosas, en las que los niños y niñas del mundo mágico, llevaban la peor parte.

Snape no soñaba con salir vivo de todo ese horror, mas desde hacía un par de días que vio a Sirius Black regresar… esa posibilidad le era más anhelada. El mago no quería hacerse ilusiones como un adolecente, pues era un adulto con demasiadas vivencias desagradables y pocas esperanzas en el futuro, pero… su corazón latía por el animago sin que él pudiera evitarlo.

Severus confiaba en que su cordura emocional se estabilizara con el rechazo de Sirius en cuanto este supiera de la muerte de Dumbledore. De otro modo si el animago no lo despreciaba... él no lo rechazaría.

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Ya tarde esa noche, en Grimmauld Place. Remus observó con asombro e incredulidad como el animago se disponía a salir, tan campante como si no fuera un revivido –sin explicación– y aparte prófugo.

Sirius se colocó la capa y subió la capucha de esta. El licántropo al ver eso, bufo:

–¡No puedes salir!

–¿Por qué no?

–Sirius, se supone que no estás vivo y si lo estuvieras, ¡aun serías prófugo!

El primogénito Black, agitó la mano despreocupadamente:

–No me pasara nada, llevo conmigo la varita que los Inefables consiguieron para mi. Y no tardaré.

Remus no supo cómo convencer a su amigo-cabeza dura, de no abandonar la casa a pesar de seguirlo hasta la puerta, buscando razones.

–Sirius, ni siquiera sabemos si este lugar sigue siendo seguro.

El animago se quedó parado frente a la puerta, pensando… sólo un poco.

El ruido de la chimenea, distrajo a los dos magos. Estos se giraron y caminaron veloces hacia el salón de esta.

Llegando por ella, Lucius se sacudía la túnica, cuando escuchó…

–¡¿Qué haces aquí?! –Sirius exclamó al mismo tiempo que sacaba su varita, para apuntar al rubio platino.

Remus suspiró y se interpuso entre los dos magos aristócratas.

–Lucius coopera con nosotros. Y antes lo hacía también Severus; te lo iba a decir, pero hubo muchas cosas en estos días y en este momento tú ya te ibas… ¡A Merlín sabe dónde!

El heredero Black sacudió la cabeza.

–No cambies el tema. –Sirius lo pensó un momento– Bueno… No estoy seguro, pero te recuerdo Moony y sé que no me mentirías. Si Malfoy acostumbra comunicarte las novedades a ti. Me voy, si no me necesitan.

Vencido el licántropo, sólo agregó.

–Cuídate Paddy.

El pelinegro agitó la mano en señal de despedida.

–Lo haré. Cuidado con lo que haces Malfoy.

El aludido aún estaba parado inmóvil y estupefacto, durante la conversación de los merodeadores.

–Es… es… –trataba de hilar el de ojos plata.

Lupin suspiró y tomando el brazo del Malfoy, lo guió a la sala.

–Te contaré todo, pero antes te serviré una copa…

El rubio siguió a Remus a la sala que siempre usaban.

El licántropo sirvió las copas, se sentó y comenzó su relato o lo que sabían acerca de lo sucedido con Sirius y los Inefables.

El Malfoy tomó algo de su Whisky y agregó:

–No te lo dije antes, pues ni yo tengo idea de cómo tomarlo, pero con todo esto que me dices, sé que algo muy malo sucede… –Lucius exhaló aire y prosiguió– Riful Nott fue convertida en Claymore.

–¡¿Que?! ¡¿Cómo sucedió?!

El patriarca Malfoy bebió todo el contenido de su copa al agregar con furia:

–El malnacido de su padre la entregó a los inefables.

–¡Oh Merlín!

Remus no podía creer lo que el patriarca Malfoy aseguraba, mas este no se detuvo:

–Si ella fue entregada por su propio padre, imagina las brujitas que no tienen ni familia.

–Oh Merlín bendito, no quiero ni imaginarlo. –se lamentó el rubio trigo.

–Ni las más aterradoras premoniciones, nos pudieron preparar para todo lo que está sucediendo.

El licántropo se levantó y fue a sentarse con el Malfoy y este lo atrajo en un abrazo.

–¿Seremos capaces de salvar a los que amamos? –preguntó melancólico Lupin.

Lucius no respondió en cambio agarró el mentón de Remus y lo besó.

–Juntos lo haremos.

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El animago vigiló que no hubiese nadie que lo viera y corrió veloz hasta la puerta. Golpeó para que le abrieran y casi de inmediato escuchó pasos en el interior…

Severus abrió:

–¡¿Qué haces...?! –exclamaba el pocionista.

Sirius sin dilación entró a la casa.

Ya dentro, el animago se quitó la capa y la dejó en uno de los viejos sillones. Luego vio al profesor y negó con un movimiento de cabeza…

–Era acerca de la muerte de Dumbledore lo que no me dijiste.

–…

–No tengo idea de si cambiaron algo en mí, allá en el Departamento de Misterios, sin embargo aún siento algo de desagrado por los Slytherin... que no han defraudado mis sospechas al seguir a Voldemort…

–Sí, lo sé. Todos somos malos y no merecemos la confianza de nadie… –respondió molesto Severus.

–Déjame terminar Severus. Mis prejuicios, si bien no han desaparecido, si han desarrollado cerebro -por decirlo de algún modo- y los he dejado un poco de lado para escuchar tu versión.

Snape exhaló y caminó lentamente hasta uno de los sillones para sentarse.

–Y si no te lo puedo decir ¿Qué harás?

Sirius miró al pocionista y se unió a en el sillón, lo que los dejó sentados muy cerca.

–Severus Snape… Snivellus, nunca me pediría nada, sin embargo unas noches antes me lo pidió… y como no puedo negar que eres muy importante para mí… Confiaré a pesar de todo.

Severus sintió el cuerpo del animago cerca y se sintió… protegido.

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Las hermanas arribaron a la nueva sede del proyecto Claymore y entraron en él.

En el pasillo, un grupo de compañeras iban de salida. La capitana de este saludó a las hermanas con poca sinceridad.

–Oh, es un honor toparse con las famosas hermanas.

Rafaela notó a Roxanne –la numero cinco– y la miró con molestia. Luciela –por su parte– ni se dignó a verla, ni responder al saludo.

Roxanne era conocida por su arrogancia y casi nadie deseaba estar con ella en equipo, sin embargo no se podía negar que era buena combatiendo.

Las hermanas se reportaron con Dae y el Inefable casi sonrió al verlas…

–Las hermanas… Mis futuras portadoras del Enlace de Almas. ***

Rafaela se acercó por instinto a Luciela. Sin embargo ellas no podían ni de broma negarse a lo que los Inefables pedían.

Esa mañana el rubio heredero Malfoy miró al espejo; podría evitar la situación y con eso problemas, más algo en el rogaba por valor de no hacerlo.

Se sentó en la gran cama y se miró las manos... Sintió la magia corriendo por su cuerpo, demostrando que todo era posible. El Slytherin se levantó y tomó aire y con eso una decisión. Fue hasta su escritorio y sacó pergamino y tinta...

Draco concluyó y acomodó el pergamino… no sabía si este lograría llegar a Harry y mucho menos si sería un regalo o una maldición para el moreno; mas el rubio deseó creer que la mayoría de edad de Harry vendría con madurez y sinceridad para este.

Águila se acercó a su dueño y estiró la pata. El rubio negó ante el porte de su lechuza (1) y sonrió, diciéndole.

–Siempre tan servicial.

La lechuza se movió orgullosa y emprendió el vuelo. Draco la vio irse y deseó que Águila no regresara con su carta de nuevo.

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En la Madriguera, Harry no lo esperaba, mas Molly Weasley deseaba celebrar su cumpleaños.

Los regalos aparecieron, incluso Sirius llegó con su motocicleta reparada y se la entregó al moreno…

–Sé que no la podrás usar… hasta que sepas manejarla, pero no te preocupes, yo te enseñare.

–¡Pero Sirius…! –replicaba Molly.

Arthur detuvo la diatriba de su esposa, pues Harry sonreía feliz por el regalo, por supuesto la moto ya no tenía el sidecar y parecía haber sido modernizada.

–Recibí ayuda. –confesó Sirius y todos miraron con sospecha a Arthur, que no dijo nada; sin embargo no solo el señor Weasley había ayudado al animago… Severus también le ayudó ordenando y corregiendo algunos planos a Sirius, más este no confesaría eso... aún no.

Hubo un momento en que Harry regresó a la habitación que compartía con Ron a guardar sus regalos y ahí esperaba una lechuza… enorme. Águila vio con desdén al mago y este rodó los ojos…

–Sospecho quien es tu dueño.

La lechuza ululó, pero no se movió del alfeizar de la ventana.

Harry tuvo que llegar hasta ella y por fin el animal mágico, estiró la pata. El de ojos esmeraldas tomó el pergamino y la lechuza se retiró, indicando que no esperaría respuesta.

Harry leyó la nota y al terminar se tuvo que detener de la cama… eso no podía ser real, se dijo, mas no consideraba que el otro mago bromeara con algo como eso. Harry tenía planeado partir en breve, a la búsqueda de las Horrocruxes y ni siquiera deseaba llevar a sus amigos para no ponerlos en peligro…

El Gry pensó con frialdad y consideró que Draco estaría bien en su mansión y con su padre.

El moreno bajó a la sala donde estaban los otros y sin previo aviso Ginebra lo agarró del brazo y lo llevó a la cocina…

–Deseaba darte un regalo que te sirva y recuerdes en tu viaje y…

La chica no termino la frase y besó al moreno…

Para bien o para mal Harry no correspondió el beso y este concluyó rápido; más Ginny no lo tomó a mal, ni tampoco lo hizo Ron que entró un poco antes.

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En el colegio de Magia y Hechicería, en una de las habitaciones de los profesores, una voz extraña se escuchó saliendo de Trelawney…

La madre magia enviará la esperanza, en forma de dos nacidas de las esmeraldas y la plata y estas guiaran a una nueva era, al mundo mágico y a sus guerreras…


*La Tarjeta Negra es, cómo lo dice su nombre, una tarjeta de color negro que se encuentra adentro en el mango de todas las espadas Claymore poseídas por guerreras activas, en cuyo centro se encuentra su símbolo escrito de color rojo. La Tarjeta Negra es un mecanismo usado por La Organización que permite que, si una guerrera ha sobrepasado su límite, ésta puede enviar su tarjeta a quién desea que la mate y de esa manera pueda morir con su mente humana. La guerrera puede enviar su tarjeta a través de la persona que desee, y se debe acordar rápidamente un lugar para que se lleve a cabo la ejecución; estas son también tomadas como misiones dentro de La Organización. Sí una Claymore no envía su Tarjeta Negra a ninguna de sus compañeras, se considera traición; con uno de los ejemplos más famosos: la Masacre de la Montaña Rockwell.

** Cassandra la comedora de polvo.

***Dos Claymores alinean sus Yōki de manera que uno contiene la otra alma, permitiendo que uno de ellos pueda luchar con su versión Despertado, sin perder su humanidad; es decir, que puede volver a ser humano después de la batalla, cuando el alma regrese a su cuerpo.

(1) Lechuza Águila de Malfoy

La lechuza de la familia Malfoy es de la especie de mayor tamaño, la Lechuza Real. Estas sólo viven en Europa y Asia. Tienen ojos de color naranja, son pesadas, y tienen marcas verticales en la parte frontal de sus picos. Al parecer, le lechuza que se ve entregando las primeras cartas en Privet Drive durante la película Harry Potter y la Piedra Filosofal es de ésta especie, aunque en ningún momento se relaciona con los Malfoy. Fuente blogghogwarts.


¡Muchísimas gracias por su paciencia con el avance de este fic!

Gabycha y Ying Fa Malfoy de Potter.