Un pedacito más de esta apasionante historia. Dejen sus opiniones ya sé que odian a nuestro Edward y lo que faltaaaaaa :D !

Alerta de Lemmon, lo digo por si alguien no le gusta este tipo de escenas.

La historia es de Miranda Lee y los personajes de la fabulosa Meyer.


Capítulo 11: jugando con fuego.

El paso del tiempo se le hizo eterno a Bella , no dejaba de preguntarse qué habría querido decir Edward con sus palabras; temiendo su posible significado.

Después de comer, la dejó para hacer de anfitrión, y pasó todo el tiempo con sus invitados para asegurarse de que lo pasaban bien. El café se sirvió junto a la piscina, y la fiesta amaneció. Aún de madrugada algunos invitados se cambiaron para nadar un rato. Desgraciadamente, Edward se unió a ellos y salió con un minúsculo bañador negro que enardeció aún más los deseos de Bella.

Más o menos a esa hora, Jacob recibió una llamada al móvil: al final su padre había cambiado de opinión y quería que pasar el resto de la Navidad en casa. Encantado, llamó enseguida a un taxi y se marchó. Bella se alegró por él, pero se quedó más sola y nerviosa que antes. Desesperada, abandonó la fiesta y escapó a la privacidad de su dormitorio; pero tampoco allí encontró paz. ¿Cómo podía Edward haberle dicho lo que le había dicho, e ignorarla después?. Finalmente, no pudo soportar más su soledad y salió al balcón, desde donde se veía perfectamente la piscina… y a Edward. Con los primeros rayos de un nuevo día.

El sabía que estaba mirando, Bella estaba segura, pero siguió ignorándola y prefirió bajar la cabeza y ponerse a nadar. Después de llevar un tiempo nadando , la gente comenzó a retirarse, Edward salió de la piscina de repente y se enrolló la toalla a la cintura antes de echarle una mirada salvaje; entonces subió las escaleras de la terraza y desapareció bajo el toldo.

Bella se puso tensa, alerta. Edward subía las escaleras, pero no sabía si era para cambiarse o por otra cosa. Bella se agarró a la barandilla del balconcillo mientras se le aceleraba el pulso sólo de pensar en que Edward subiera por ella, en que estuviera a punto de poner en práctica lo que le había dicho. No parecía posible que fuera a hacer tal cosa con la casa llena de invitados; pero él le había dicho bien claro que era un sinvergüenza, ¿no?

Bella no le oyó entrar en su dormitorio, pero sintió su presencia en cada poro de su piel. Cuando se volvió, él estaba a la puerta del balcón. Ya no tenía la toalla enrollada a la cintura. Bella le había visto muchas veces en bañador, pero nunca en su habitación, y nunca con esa cara. Se estremeció con el impacto de la misteriosa pasión que ardía en sus ojos negros como el carbón.

—Ven aquí —le ordenó él en voz baja y áspera.

El miedo la paralizó de momento. Pero Edward la sorprendió todavía más cuando se quedó completamente desnudo delante de ella, mostrándole la evidencia física de su deseo. Bueno, eso sí que no se lo había visto nunca; pero ahora que lo miraba sintió una emoción secreta que le aceleró el pulso. Lo deseaba.

—Ven aquí —repitió él en tono ronco.

Ella cruzó el balcón como un robot, con la boca seca y el pulso acelerado. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, él se adelantó para colocarle las manos sobre las mejillas encendidas, sin apartar la mirada de la suya, mientras inclinaba sus labios sobre los de ella. Pero no la besó, sino que se pasó la lengua por los labios despacio. A Bella le pareció tan erótico que cerró los ojos y entreabrió los labios con un suave gemido de placer.

Cuando de repente él le metió la lengua en la boca, Bella gimió de nuevo. La sorpresa dio paso rápidamente al intenso deseo de besarlo con ardor. La necesidad de darle placer era enorme, pero la de poseerlo era aún mayor. Se sorprendió cuando Edward retiró la lengua de su boca; pero entonces él le puso las manos sobre los hombros y la empujó para que se arrodillara delante de él.

La sorpresa fue muy breve; porque si eso era lo que él quería, entonces ella también. El sabor de Edward era limpio, ligeramente salado. Pero el sabor no le importaba a Bella. El deseo de años acumulado la habían vuelto temeraria y salvaje; y su pasión secreta quedó de pronto desatada. Después de aquello no recordaría bien cuánto tardó él en alcanzar el orgasmo; sólo recordaba la satisfacción propia al verlo disfrutar a él, emocionada por los roncos gemidos que resonaron en el dormitorio, alegrándose de su incontrolada liberación.

Levantó la vista y vio que todavía estaba muy excitado por lo que ella acababa de hacerle. Su cuerpo ardía de deseo, su conciencia corría el peligro de quedar totalmente aniquilada. No le importaba que él fuera o no un canalla. No le importaba que sólo estuviera utilizándola. Jamás había estado tan excitada en su vida, por eso dicen que el deseo es mal consejero.

—Te das cuenta de que ya no hay vuelta atrás, ¿verdad? —le dijo mientras la levantaba. Ella se quedó mirándolo sorprendida, incapaz de formular una respuesta en ese estado de combustión en el que estaba.

Al ver su cara Edward mencionó más para sí —Debía haber sabido que me harías esto hoy.—

—¿Hacerte el qué? —dijo ella.

—Incitarme a sobrepasar el límite establecido. Crees que sabes lo que estás haciendo, pero no es verdad.—

—No soy una niña, Edward.

El se echó a reír. —Lo eres comparada conmigo. Pero no hay problema porque me excita que seas relativamente inocente. Casi valdrá la pena si tenemos en cuenta que esto te abrirá los ojos, para hacerte ver la clase de hombres que hay en este mundo, y lo fácil que es para estos seducir a chicas como tu. Espero que para cuando haya terminado contigo, tendrás suficiente experiencia como para protegerte en el futuro —

—No soy tan inocente —le respondió ella.

—¿No? ¿Por qué dices eso? ¿Porque crees que sabes hacérselo a un hombre? — Bella se puso colorada. —No voy a decir que no me haya gustado —continuó Edward mientras le acariciaba la mejilla—. Pero me gustará mucho más enseñarte cómo hacerlo bien.

Empezó a tocarle los labios y le metió un dedo en la boca. —La mayoría de los hombres prefieren que no se les engulla como si fueran comida rápida —le advirtió mientras le deslizaba el dedo por la lengua—. En cuanto domines el arte, podrás amar a un hombre más veces de las que creerías posible. ¿Alguna vez te han hecho el amor toda la noche, Bella?

Bella se estremeció repentinamente por las imágenes que evocaba con sus palabras.

—Creo que no —susurró él mientras la contemplaba con los ojos entrecerrados. Edward le retiró los dedos de la boca, dejándola momentáneamente confusa y extrañamente vacía. —Pero esta noche lo disfrutarás, amor mío —le prometió él—. Esta noche te llevaré a sitios donde jamás hayas estado. Si es lo que quieres, por supuesto. ¿Lo quieres así, Bella ? Esta es tu última oportunidad de echarme de tu lado.—

Ella observó sus ojos entrecerrados, temerosa del poder que ejercían sobre ella. Pero su deseo superaba su miedo. —Pues que así sea —dijo él cuando ella no dijo nada—. Sólo recuerda que debes asumir las consecuencias de tu decisión.

—¿Qué consecuencias? — resolvió a decir Bella cuando por fin encontró su voz.

—Que un día me habré saciado de ti y seguirás el mismo camino que las demás —dijo Edward con tanta frialdad que daba miedo.

—¿Qué intentas, asustarme?

El se echó a reír sin humor.

—No, por Dios. Lo que más deseo es tener este cuerpo tan delicioso tuyo a mi disposición diaria hasta por lo menos el final de las vacaciones de verano. Pero mi política es la sinceridad brutal con todas mis novias. Victoria sabía lo que había. Ahora tú también lo sabes. —

—¿Puedo decirle a Carmen que soy tu nueva novia? —

—Por supuesto que no.— El frunció el ceño

—Eso pensaba. Quieres que yo sea tu sucio secreto, ¿verdad?

—Tengo orgullo. ¿Acaso tú no? —le dijo con desafío.

Ella levantó el mentón.—Sí.

—Entonces será nuestro sucio secretito. Si no te gusta eso, dímelo, porque prefiero que lo dejemos ahora. Al fin y al cabo, no has hecho más que probar.

—Eres un pícaro, sí, señor —dijo Bella.

—Ya te advertí cómo soy. ¿Entonces, qué dices? ¿Cuál es tu decisión final? Puedo dejarte a ti y esta casa lo antes posible... —se acercó a la cama donde estaba el regalo de Jacob. Era un body de encaje y seda negro, comprado con la idea de darle celos a Edward.

—O bien puedes acceder a venir esta noche a mi habitación sólo con esto y mis pendientes de diamantes.— Bella trató de sentir asco hacia él, hacia sí misma, pero no sirvió de nada. En ese momento temblaba de deseo, y nada ni nadie podrían sacarla de aquella mareante emoción. Estaba deseando hacer lo que él le pedía.
No sabía si se estaba comportando como una masoquista o como una chica enamorada que llevaba demasiado lejos sus fantasías románticas. Sin embargo él no le estaba ofreciendo romanticismo, sino unas semanas de algo que ella nunca había experimentado en la vida. Edward no se equivocaba al decir que todos los amantes que había tenido habían sido jóvenes de poca experiencia

—¿A qué hora esta noche? —le preguntó ella, mirándolo a los ojos. No pensaba dejarle creer que la había seducido para que cediera a sus deseos. Iría porque quería, sin miedo, con coraje.

Él sonrió con pesar.

—Siempre supe que tenías temperamento, Bella. Esa es otra de las cosas que me atraen de ti. ¿Qué te parece a las nueve? Carmen y Eleazar se habrán retirado ya a descansar.

—A las nueve —repitió ella con cierto fastidio. ¡Faltaban aún cuatro horas!

—Sí, lo sé; pero será mejor. Ahora tengo que ir a vestirme —dijo Edward mientras recogía el bañador y la toalla del sueño—. Mientras tanto te sugiero que bajes a despedir. La gente podría empezar a preguntarse dónde estamos y concluir que hay algo de verdad en las acusaciones de victoria

No te olvides de pintarte los labios antes de bajar. En cuanto salió de su dormitorio Bella corrió al cuarto de baño e hizo lo que le había sugerido él.


Bueno ¿Qué les pareció ? , lo sé, lo sé . ! Edward es un demonio pero todo depende de nuestra Bella. Como quien dice Bella debe tomar el toro por los cuernos , me dejan un Review ?'

XD besos las quiero.