Él suelta una carcajada burlona y ella forma una sonrisa tímida. El cabello rubio se mueve con el viento y las hebras rojizas terminan en unas patillas alargadas. Los ojos verdes tienen malicia, los azules encanto. ¿Qué se puede concluir? Siempre hay tiempo para Elsa... y también Hans.


Disclaimer: Por aquí o por allá, ni asomo de mí encontrarán. Si de casualidad llegan a reconocer algo, pues no es mío. Todo pertenece a sus respectivos creadores, aunque no me enojo si desean darme una mínima porción.


Aclaraciones/advertencias: Helsa-Hansla-Iceburns. Modern AU. OC. Puede que en algún momento llegue a tener OoC. Conjunto de historias sin orden aparente pero interconectadas entre sí. Los géneros se aclararán al comienzo de cada capítulo. Tal vez de lo que se carezca un poco sea de revisión. Me imagino que podrían haber momentos Fluff.


Genre: Friendship

Para una desaparecida Ana ivet, "Mushu de hámster".


Un momento u otro

Casi como una cita


Y Elsa se preguntaba cómo había terminado fuera de la casa de Hans Westergaard un viernes por la tarde.

Un preciado viernes por la tarde.

Podría haber estado en casa haciendo miles de cosas (las cuales incluían leer o ver películas, no tenía por qué engañarse), mucho más interesantes que esperar la presencia de cierto pelirrojo que desde conocerla le molestaba.

Estúpido tronco y su fragilidad. Por culpa de él tenía que hacer de chofer, dama de compañía y escolta -eso último no, pero él no debía saberlo- del chico más popular de su instituto, siguiendo sus "instrucciones". No le hubiera importado serlo con otra persona, pero, vamos, era el MÁS popular, lo que significaba que sería un trabajo arduo el que habría que hacer esa noche. Hans no sólo era el favorito por sus habilidades sociales y sus logros deportivos, sino porque era apuesto.

Por supuesto, no lo admitiría en voz alta.

Descruzó sus brazos y nuevamente miró el reloj en su mano derecha. Hans tardaba en arreglarse tanto como Anna y su madre. Mejor le hubiera dicho que llegara media hora más tarde, así no tendría que estar en su auto esperándolo, sin algo más que hacer.

Tamborileó sus dedos en el volante y de reojo vio que la puerta frontal de la casa se abría. Suspiró y se inclinó para quitar el seguro de la puerta de su coche, viéndolo avanzar con la ayuda de las muletas que se veía obligado a usar desde el accidente en el bosque, el sábado anterior.

Hans se detuvo y abrió la puerta, sonriendo petulante al ver su rostro irritado.

-Oh, vamos, lindura, sé que te divertirás en el encuentro de esgrima -dijo mientras ocupaba el asiento del copiloto, introduciendo sus muletas en el reducido espacio que había en la parte frontal de su pequeño auto-. Claro, sería mucho mejor que yo fuera quien participara, pero la próxima vez te dedicaré mi triunfo -le guiñó un ojo antes de cerrar la puerta. Ella negó disimulando una sonrisa.

-Tardaste mucho -reprendió encendiendo el motor y pisando el embrague.

-Podrías haber entrado a mi casa, estoy seguro que te habrías divertido con mi Sitron, es un Golden Retriever, es tan juguetón que descongelaría cualquier sonrisa helada, si lo entiendes -frunció el ceño y él soltó una carcajada-. Es tan divertido fastidiarte, lindura -musitó con galantería.

-No me llames así -masculló deteniéndose ante una luz roja, mirándolo enfadada. Él dejó escapar una risa burlona, ajeno al escrutinio del que estaba siendo objeto. Hans respiró y le devolvió la mirada.

-Elsa, hace unas semanas no dijiste nada porque lo hiciera -se sonrojó al recordar el día en que lo acarició en la fiesta, y agradeció que el semáforo volviera a marcar verde-. ¿Sin palabras, eh?

Maniobró la palanca de cambios y se encogió de hombros, no le seguiría aquel jueguito de niños. A diferencia de él, ella se creía más madura que eso. Lo vio de reojo y sonrió levemente.

-¿Por qué tan arreglado? -cuestionó, refiriéndose a los pantalones de mezclilla oscuros y la camisa de vestir verde que resaltaba sus ojos, así como el agradable olor a colonia masculina. Apartó levemente la vista del camino y lo encontró sonriendo-. ¿Qué ocurre? -frunció el ceño, su sonrisa era en extremo pretenciosa.

-Sonaré como vieja, pero, ¿no tengo derecho a verme bien? -ella dejó escapar una pequeña carcajada. -Tienes bonita risa, Elsa -dijo cuando ella concluyó y no pudo evitar sonrojarse-. ¿Por qué no lo haces más seguido? Nunca te había escuchado reír, o si lo hice, no así.

-Gracias por decirme amargada -susurró ofuscada.

-¿Qué esperas que diga?, eres muy estirada -devolvió Hans, aunque el tono en su voz demostraba que bromeaba.

-Tal vez es porque aprovechas toda oportunidad para fastidiarme -giró en la siguiente calle y a la distancia vio el edificio del instituto.

-No puedes culparme por querer descongelar a la reina del hielo. Pero, respondiendo a tu pregunta inicial -cambió de tema bruscamente-, es una noche especial y debo lucir bien, aunque apenas pueda colocarme los pantalones.

-¿Por qué es especial esta noche? No es por ofender, pero no competirás, serás espectador -respondió con una ceja enarcada, entrando al terreno de la institución.

-Hay algo de provecho en ser espectador esta noche -señaló una plaza vacía-. Estaciónate allí, no importa que deba caminar más, después nos será más sencillo salir cuando concluya el evento. Se ponen como locos por la celebración posterior.

-Es cierto, ¿tú no piensas ir con ellos?

-¿Tan rápido esperas deshacerte de mí? -interrogó él con falso tono ofendido-. Tú y yo iremos después por nuestra parte.

-¿Eh? -él abrió la puerta y sacó sus muletas, sin responderle-. Hans -llamó, pero él comenzó a salir, aunque sus hombros se movían reflejando que reía.

Suspiró y descendió de su auto. Vaya tarde de viernes que tendría.


Anduvo junto a Hans en el camino a lo que consideraba enorme gimnasio, le molestaba no ser capaz de precisar las dimensiones, pero era lo suficientemente amplio para abarcar en sus gradas a más de quinientas personas. Recordaba que en su anterior instituto sólo había disponibilidad para trescientas, un número muy favorecedor para una pequeña ciudad.

Escuchó los sonidos provenientes del gimnasio y suspiró, lamentaba haber tenido que terminar allí. Brevemente miró al pelirrojo junto a ella y reprimió una sonrisa, él andaba con una soltura envidiable para quienes utilizaban muletas por primera vez, probablemente era por su buena condición física, que le hacía tener unos brazos fuertes.

-Estoy seguro que disfrutarás el par de horas que se alargará el encuentro, Elsa. Ni siquiera notarás el paso del tiempo, cuando ves el desarrollo del combate, te contagias con la adrenalina de los tiradores y descubres asombrado, cuando uno pierde, que nunca notaste el avance del reloj -hizo un bufido no muy femenino al oírlo y él negó esbozando una sonrisa guasona-. Lo mejor de todo será que tendrás mi compañía. Vamos, empezará en unos minutos -le instó a que atravesaran las puertas traseras del gimnasio y, en un segundo, los vítores se agolparon en sus oídos. ¿Quién pensaría en la emoción que les provocaba el Esgrima?

-¡HANS! -brincó asombrada y el mencionado reaccionó colocándole su mano en su brazo. Su toque cálido le provocó un cosquilleo, por lo cual le miró con fijeza, pero el momento fue irrumpido por un nuevo grito de la ola de fans femeninas en las gradas-: ¡Hans!

Hizo una mueca de disgusto ante semejante demostración ridícula de fanatismo, muy fuera de lugar cuando el pelirrojo no formaba parte del equipo que combatía esa tarde. Por quienes debían vitorear eran los otros.

Sus ojos observaron el repleto gimnasio mientras avanzaba, alrededor de la cancha de madera había mesas con los diferentes miembros del presídium y los jurados para esa ocasión. Distinguió a la profesora de deportes entre todos ellos y sonrió al verla conversar con el instructor de tenis que le atraía -la mujer no paraba de nombrarlo en su clase y fácilmente intuyó la razón-. También vio diferentes rostros en las gradas, todos ellos expectantes por los combates que comenzarían en poco tiempo, tras las palabras de rigor de su director, el señor Mouse.

Trató de buscar un sitio en el cual ubicarse y lo encontró en lo alto, pero sería difícil para el pelirrojo llegar hasta allí. Giró el rostro para decírselo, pero él negó captando su mirada.

-No lo creo -dijo con diversión, y Elsa enarcó su ceja-. Ya hay lugar disponible -con su cabeza señaló hacia el frente. Siguió el curso y casi abre la boca de la impresión, las fanáticas le habían dejado un sitio disponible.

-Muy bien -aceptó sin problema, aunque no sabía por qué le incomodaba la idea, lo más beneficioso para él era no hacer el esfuerzo en subir-. Me iré a lo alto -agregó cuando llegaron donde las jovencitas alocadas, que se notaba se morían por lanzarse a los brazos de Hans.

-No, tú llegaste conmigo -replicó él y le detuvo antes de que pudiera alejarse, tomándole la muñeca-. Chicas -atrajo la atención de ellas sonriendo de lado, las doce o trece jóvenes asintieron ensimismadas-. Ella está conmigo -doce, no, trece pares de ojos la taladraron con la mirada, principalmente porque él seguía con la mano en su muñeca-. ¿Podrían hacerle espacio? Si no me iré a otra parte -la sugerencia no les agradó a las jóvenes, pero no había que ser lista para darse cuenta que preferían tenerla a ella ahí que no contar con la presencia de Hans. -Buscaré dónde irme -manifestó tras unos segundos en que las jovencitas estaban indecisas.

-¡No! -exclamaron dos, y una con cara familiar se ubicó en el regazo de la otra-. Ya tienes lugar para tu amiga.

-Son geniales, chicas -comentó Hans sonriéndole arrogantemente, para luego soltarle y extender su mano con caballerosidad-. Después de ti, Elsa -le dijo guiñándole un ojo. Era un completo manipulador-. Sólo no hagan sentir a Elsa como en casa chicas, no querrán que me enfade -advirtió mientras ocupaban sus asientos, siendo perfectamente consciente las miradas afiladas que ella recibía.

-Eres terrible -susurró cuando estaban acomodados, inclinándose para que la chica a su lado no le escuchara, mas era imposible que lo hicieran con los gritos-. ¿Siempre te sales con la tuya?

-No siempre, pero sí el noventa y ocho por ciento de las veces -admitió descaradamente.

-¿Qué hay en ese dos por ciento? -interrogó mientras comenzaban a dar la segunda llamada para comenzar.

-Mi madre y cierta rubia, bueno, en ocasiones, claro. Eres jodidamente difícil, Elsa -explicó él muy cerca de su oído, provocándole un escalofrío-. Pero me agradas -completó al momento en que el director aparecía en el centro del gimnasio, con micrófono en mano.

-¡Hola amiguitos! -saludó como el personaje clásico con el que compartía apellido.


El combate actual estaba siendo el más aburrido que sus tres predecesores, por lo que se encontró distraída mirando al pelirrojo, que mascullaba improperios para el joven que representaba al instituto, renegando por las malas decisiones que estaba tomando y buscando el porqué de su participación en el encuentro.

De manera sorprendente, en efecto, no había resultado fastidioso observar los combates anteriores, realmente fueron muy atrayentes, mucho más con los comentarios que hacia Hans, muy aclaratorios por las faltas cometidas y las razones por las que el toque no concluía la partida. Tenía que ser en el peto, no en otra parte.

Suspiró al ver que perdía el joven de Castle High, era el primero de su instituto que no ganaba.

Bueno, se ganaba o se perdía.

Comenzaron a anunciar al siguiente participante de su escuela, un tal Lang Zhi. Seguramente uno con raíces chinas. Lo vio alzar el brazo mientras entraba con su florete y careta en manos.

-Él es el segundo mejor del instituto, por supuesto, después de mí, yo soy el mejor tirador -anunció Hans a su lado, sonrió por su arrogancia.

-¿Quién lo dice? -preguntó una voz tras de ellos y ambos giraron. Era Lana-. Hola chicos, Hans, sabes que mi novio es mejor que tú -dijo la pelinegra, mientras de fondo se anunciaba al representante de Clarence High School.

-Seguro, sigue repitiéndolo hasta que lo creas, las veces en que hemos combatido y que, por cierto, yo he ganado, demuestran que soy mejor que Lang -expresó el pelirrojo, ocasionando que Lana le mostrara la lengua. Él se giró riendo con malicia.

Elsa frunció su ceño y vio a algo moverse en las manos de la pelinegra. Parpadeó al ver un pelaje anaranjado oscuro.

-¿Lana? -llamó en voz baja, señalando el espacio. Escuchó la pequeña risa de ella.

-Es mi hámster, Mumu -lo alzó acercándoselo. Se alejó al ver las intenciones del animal de brincar hacia ella-. No hace daño, al contrario, a veces es un poco tonto, pero es de gran corazón.

-¿Trajiste una ra… un hámster? -cuestionó con voz muy baja, ya estaba comenzando el combate.

-Me acompaña a muchos lugares, pero no le digas rata -farfulló Lana, acariciándolo con suavidad-. Herirás sus sentimientos. Lo siento, pero debo ver el desempeño de mi novio.

Asintió y volvió la vista al frente.

-Créelo, esa rata aparece cuando menos te lo esperas -dijo Hans en un murmullo y acalló una risa, viéndose atrapada por los elegantes movimientos del novio de Lana.

Lang sostenía el florete con su diestra, respondiendo hábilmente a los embistes de su oponente, hacía giros con demasiada rapidez, pero el otro le respondía con la misma destreza. Las ovaciones del público aumentaban la tensión, del lado izquierdo estaban los visitantes y del derecho los de casa, cada uno apoyando a su respectivo representante, pese a que previamente se les pidiera silencio.

Los siguió con la mirada mientras recorrían la cancha, sin dar el brazo a torcer, sus movimientos del florete eran tan rápidos que no se podía imaginar la concentración que necesitaban para no perder ante su contrincante.

Observó subrepticiamente a Hans, que incluso movía su mano izquierda conforme avanzaba el combate, probablemente imaginándose siendo el tirador.

-Imagínatelos con espadas -susurró Lana tras de ella y abrió los ojos asombrada.

Hans negó apartando la mirada del combate.

-En el instituto, sólo él y yo las hemos empleado, pero no se fomenta su empleo para encuentros entre jóvenes -aseguró-, no te asustes.

Asintió al mismo tiempo que Lang elevaba el pie derecho y embestía al pecho de su contrincante, finalmente haciendo contacto.

-¡Tocado! -exclamó Lana emocionada, aplaudiendo con todos los de la tribuna.

-Buen trabajo, Lang, ya era hora -musitó Hans con un suspiro, antes de beber del vaso en su mano derecha. -¿Entretenida? -preguntó él al notar que no se había quejado en las dos horas que llevaban allí.

Exhaló mordiendo el chocolate que compró media hora atrás. Negó con la cabeza.

-Te lo dije -Elsa masticó y tragó antes de mostrarle su lengua-. Infantil. Dos más y nos vamos, los demás no serán tan interesantes -se encogió de hombros y volvió a mirar el centro de la cancha, donde dos nuevos contrincantes de diferentes institutos se colocaban en guardia.


-¡Oh, Hans! -corearon varias voces, mientras salían al estacionamiento-. ¡No te vayas!

Elsa rió al ver la cara de fastidio del pelirrojo, que rodó los ojos al ver a las dos chicas de antes colocarse a sus costados, las mismas que le habían cedido el lugar.

-¿Por qué te vas? -preguntó la que estaba a su derecha, una rubia falsa. El tono de su voz pretendía ser sensual-. ¿No quieres pasar más tiempo con nosotras?

Tosió para disimular una risa.

-Sí -agregó la del costado izquierdo de Hans, una castaña, ya se acordaba de dónde la había visto, ¡era la del primer día de clases!-. Nosotras te llevamos a casa, así tu amiga puede irse a la de ella a leer -completó utilizando diferentes tonos de desagrado. Elsa levantó el mentón sin dejarse intimidar.

-No molesten -espetó Hans, e inmediatamente se sintió mal por la castaña, aunque lo dejó pasar cuando las siguientes palabras del pelirrojo le hicieron recibir una mirada de odio-: Prefiero mil veces estar con Elsa que con ustedes.

-¡¿Qué?!, ¡pero Hans! -replicó la rubia, cruzándose de brazos-. ¿Te acuerdas de aquella vez en que tú y yo?, estoy segura que ésta no te podrá satisfacer ni cinco minutos. Es una…

Elsa abrió sus ojos indignada por la insinuación y la voz retadora. Dirigió una mirada fría a la tonta esa.

Hans soltó una carcajada maliciosa.

-Cariño, ni siquiera sé quién eres y no me importa, si follaste con algún idiota creyendo que era yo, mientras estabas borracha, no es mi problema, deja de joderme, y eso incluye hacerlo con Elsa -concluyó el pelirrojo avanzando con mayor rapidez, dejando estupefacta a la rubiecita.

Caminó sin dirigir otra mirada la chica, llegando hasta su auto. Abrió las puertas y ascendieron.

-No le hagas caso -dijo Hans, colocándose el cinturón de seguridad. -Sólo estorban.

-¿En verdad no te metiste con ella? -cuestionó arrancando.

-Con la estúpida esa, ¡no gracias! -él se exaltó-. No creas todo lo que se dice en el instituto, Elsa.

-¿De qué cosas? -interrogó un poco curiosa, aumentando la velocidad al traspasar las puertas de Castle High.

-Cosas -expresó escueto y ella se encogió de hombros.

-¿Directo a casa? -interrogó alejándose de los terrenos del instituto, pero Hans negó encendiendo la radio.

-Vamos a un sitio, te invito a cenar -respondió él ajustando la estación, haciendo que comenzara a sonar una melodía de los Beatles-. Yo te doy las indicaciones… y no te niegues -agregó al momento en que ella abría la boca-. Doblarás hacia la derecha en la próxima salida. Es un sitio agradable, ya lo verás. No es muy concurrido, los emparedados que venden son deliciosos.

-Está bien -aceptó derrotada, tenía un poco de hambre y debía de admitir que aún no quería que concluyera la noche.


-Bienvenida al "Espacio de la señora Potts" -anunció Hans cuando arribaron al pequeño establecimiento que, casualmente, estaba muy cerca de su propia casa y no se había percatado de su existencia, ¿por qué no había visto ese lugar tan bonito? Se veía acogedor, parecía la casa de una abuela hogareña, a través del vidrio podía ver los sillones cómodos dentro y los cuadros de personas en las paredes, además de la decoración, en tonos suaves y con lo que imitaba ser una chimenea en una esquina-. ¿Cuál es tu comida favorita? -le preguntó él tronando los dedos de su mano izquierda, apareciendo del lado del copiloto, después de abrir la puerta.

Salió de su ensimismamiento y lo miró.

-No tengo una comida en especial -admitió abochornada, descendiendo del vehículo aceptando la mano de Hans-. ¿Acostumbras, eh, comer aquí? -inquirió, ignorando las cosquillas que sentía por el contacto con él.

Hans rió y asintió, soltándola cuando ya estaba en tierra firme.

-Desde que era pequeño, harán doce años -dijo y su respuesta le confirmó su ignorancia del lugar, obviamente no era nuevo. Caminaron hacia la entrada-. Una vez regresábamos de una excursión en el bosque y Karl y yo teníamos hambre, le insistimos tanto a mamá para comer antes de llegar a casa, ella paró en el primer lugar que se cruzó en el camino. Desde entonces, somos clientes habituales, cuando mis hermanos mayores están de visita, vuelven. Es un lugar especial.

Sonrió cuando, al abrir la puerta, le envolvió el aroma a pan recién hecho y también uno a espagueti. Detrás del mostrador, una mujer regordeta le saludó, sus ojos marrones observando con cariño a su acompañante, antes de cambiar a una mirada de preocupación al ver las muletas.

Avanzaron hasta la parte frontal.

-Hans, pequeño, ¿qué te ocurrió? -interrogó la mujer entrada en años, saliendo de detrás del mostrador para abrazar al pelirrojo. Él rió mientras era envuelto en los brazos de la señora de cabellos blanquecinos. -Mi niño, ¿hoy no era…

Hans asintió al separarse.

-Sí, señora Dely, pero ya no importa, será la próxima ocasión, de cualquier forma, al entrar a la universidad pensaba dejar de combatir de manera habitual -la mujer asintió-. El sábado pasado tuve un pequeño accidente en el bosque -agregó, respondiendo la pregunta inicial-, no tardaré mucho así, no se preocupe -su sonrisa parecía muy sincera, y a Elsa le agradó que no mostrara esa mueca arrogante que portaba normalmente. Él la miró.

-Me agrada oírlo, ¿y tú eres, corazón? -preguntó la señora Potts, siguiendo la dirección a la que Hans se desvió-. Soy Dely Potts, me da gusto conocer a una acompañante de Hans. Nunca lo había hecho -desvió la vocecilla que le dijo debía darle peso a esas palabras, él tenía hambre y era su lugar favorito, era una casualidad que estuviera con ella.

-Elsa Delle, un placer conocerla señora Potts -su receptora negó, sonriéndole amistosa. De haber conocido a sus abuelas, esperaba que hubieran sido así. Su único abuelo conocido había muerto cuando tenía siete años, su madre había llorado mucho por la pérdida.

-Llámame Dely, cariño -pidió guiándoles hasta una de las mesas-. Es muy agradable conocer rostros nuevos, tan dulces como el tuyo -Hans rió al ver su sonrojo y acomodó la silla para que ella se sentara, asintió en agradecimiento.

-Gracias, señora Dely -susurró tomando el borde de su abrigo negro, antes de desprenderse de él, con la calefacción del lugar sufriría, se lo había colocado después de salir del gimnasio, pues la temperatura había descendido mucho más de lo acostumbrado -hoy el frío le había causado mucho cosquilleo en el cuerpo-.

-Cuando estén listos para ordenar, vendrán a tomar su pedido. Disfruten de su velada -se despidió la señora cuando se habían ubicado en sus asientos, y pudo jurar que antes de irse le guiñó un ojo a Hans.

-Te gustará la malteada de chocolate -comentó él sin tomar el menú que descansaba en la mesa. -No importa la hora, siempre están haciéndolas -aclaró, pues la costumbre era consumirlas durante las primeras horas del día.

-¿Chocolate? -expresó desinteresadamente, observando la tarjeta con los alimentos y sus respectivos precios. Pediría de ese espagueti del que llegó olor al entrar, y un poco de ese pan, ya después regresaría y probaría otra de las comidas que parecían deliciosas en las imágenes.

Hans rió y tuvo que mirarlo.

-Sé que te fascina, he visto cómo te brillan los ojos cuando tienes la oportunidad de conseguir uno -parpadeó asombrada y los orbes verdes de él le revelaron que decía la verdad. ¿Realmente no sólo le molestaba?-. ¿Qué pedirás?

-El espagueti me parece bien, con agua. ¿Podemos pedir pan? -dijo al tiempo que Hans hacía una seña a un joven vestido con pantalones de mezclilla y camisa blanca, que se acercó al momento.

-Claro que sí. Hola, James -saludó al chico, que asintió en reconocimiento-. Serán dos órdenes de espagueti, el pan especial, y tomaremos agua. Después será una malteada de chocolate para mi amiga.

-Correcto, en unos momentos se los traigo, ¿me permites los menús? -se retiró y ambos quedaron solos.

-¿Por qué te comportas tan amable hoy? -se acomodó mejor en la silla acolchonada, apoyando sus manos en el mantel amarillo, jugando con la servilleta de papel. -Generalmente, pues,…

-¿Molesto? -asintió-. Digamos que hoy es un buen día, y en este momento estoy en desventaja. Además, si te hago algo, me dejarás botado. No me apetece tomar un taxi… -Hans calló unos momentos, llevando su dedo a su barbilla-. ¿Sabes?, me gustaría conocer más de ti, ¿cómo te ha tratado tu nueva ciudad?

-Me ha gustado, tengo buenos vecinos y en la escuela me ha ido bien… aunque he sido molestada por ti y por tu culpa -reveló frunciendo el ceño, pero sólo recibió una expresión inocente de Hans, que le hizo desvanecer su mal gesto.

-No esperes que deje de molestarte, me divierte mucho hacerlo, es fascinante ver que tu rostro cambia, tu compostura se pierde con facilidad -manifestó cruzándose de brazos para permitir que James dejara sus platos en su mesa-. Gracias.

-Buen provecho -cada uno se concentró en su propia comida, ella llevó un poco de fideos a su boca y casi gimió por el sabor de la salsa, debía tener algún condimento especial, porque no sólo sabía al tomate, sino a algo más, una especia que se deshacía en su boca y le pedía llevar un poco más del alimento a su boca. No había otra manera mejor de saciar su hambre, definitivamente debía volver y probar otra de las comidas que se ofrecieran en ese bello restaurante.

Nuevamente llevó más espagueti a su boca, deleitándose por la buena cocina. Pocas veces comía alimentos caseros fuera, pero ninguno de ellos se asemejaba con ése. Masticó con lentitud y miró el pan en la canasta al centro de la mesa.

Tomó el vaso y bebió un poco de agua. Cogió un pedazo del bollo partido y le dio una mordida, estaba tan fresco que con suavidad podía masticarlo. Era tan esponjoso como los que vendían en la panadería, pero no era dulce, sino que tenía un leve sabor a ajo que lo hacía crujir al dar el primer bocado.

Sonrió y se sorprendió al encontrar a Hans observándole, con una mirada que demostraba lo satisfecho que estaba porque disfrutara del alimento. Él le asintió antes de llevar el tenedor con espagueti a su boca, para masticarlo mientras reprimía una sonrisa de suficiencia.

Volvió a coger el tenedor.

-¿Y, si no te molesta, por qué se mudaron?, ¿por qué esta ciudad? -quiso saber él, después que degustaran sus alimentos unos momentos más.

Dio un giro al tenedor, enredando unos fideos del delicioso espagueti. Ese era un tema del que a veces le incomodaba hablar, pero se sorprendió queriéndolo decir. Hans no le parecía tan mal chico, y en todo ese tiempo en el instituto, era al que podía considerar un amigo cercano.

-Mis padres regresaron después de algún tiempo separados, pero pasados tres años, los recuerdos hacían difícil seguir viviendo en nuestro antiguo hogar. La sucursal principal de la empresa familiar está aquí, así que decidieron que nos estableceríamos en el mismo lugar. Papá ya había vivido aquí un tiempo, durante su separación.

-¿Cuántos años tenías? -el tono confidente de él le brindó ánimos para seguir hablando.

-Acababa de cumplir ocho, Anna casi cumplía cinco, por lo que no lo recuerda, pero yo sí. Tuvieron problemas en la empresa, mi mamá sufrió por el fallecimiento de mi abuelo… llegaron a discutir tanto que decidieron darse un tiempo, que se alargó unos tres o cuatro años… nunca se divorciaron y seguían queriéndose, me daba cuenta, pero fue un período difícil para ellos. Anna y yo veíamos a papá constantemente, pero yo sabía que no era lo mismo, mi hermana creía que él se mantenía alejado sólo por el trabajo… era complicado. Fue una situación difícil.

-¿También lo fue para ti, no es así? -realizó un asentimiento. -Por eso eres un poco callada -apartó la mirada de su plato y se encontró con la mirada amigable de Hans.

-Sí -concluyó, llevando un poco de comida a su boca. -Pero estoy feliz porque ellos pudieran arreglarlo.

-Es cierto lo que dijo Dely, eres muy dulce, Elsa. Te hará mal relacionarte con tipos como yo -completó y ella tuvo que reír, Hans sonrió de lado-. Bueno, es tiempo de tu encuentro con la delicia del Espacio de la señora Potts.


Se rió mientras escuchaba cantar a Hans, que escuchaba una canción de Aerosmith en el radio. Después de probar la malteada, estuvo muy alegre, era uno de los mejores chocolates que probó en su vida.

Tras su primer sorbo, habían conversado de diferentes temas y demostrado que podían disfrutar sin que él la estuviera molestando -aunque sabía que seguiría haciéndolo pero, increíblemente, ya no le fastidiaba tanto-. Descubrieron sus gustos musicales y literarios, sus intereses diversos, sus esperanzas del futuro; conversaron sobre sus familias y cómo fue que sus padres adoptaron a ocho de sus hermanos -dos de los cuales eran sus primos-, cómo era que sólo Brandon -al que no recordaba, pero era el hermano diez-, Karl y él fueran los únicos hijos de su madre y los otros no, aunque Kelly Westergaard los quisiera a todos por igual, siendo que el uno y el dos fueran hijos de la primera esposa (era una terrible confusión su familia, en verdad); acerca de sus vidas en general, ella con su introversión y él con el fastidio de ser el menor. Resultó agradable la plática y comprendió lo que era la compañía a la que se refería Anna al hablar de sus amistades. ¿Quién habría pensado que sería con un chico pretencioso y algo odioso?

Ella no, y se aseguraba que no habría disfrutado en casa como lo hizo fuera de ella. Se imaginaba que tendría a su madre y a Anna hostigándole antes de dormir, queriendo tener todo lujo de detalle del "amigo" al que iba a ayudar por el accidente que había tenido.

Hans apagó la radio cuando llegaron a la calle en que vivía, los ladridos de un perro se escucharon desde la casa, seguramente era su mascota, que adoraba como a nadie.

-Sabía que te ibas a divertir Elsa -dijo él, sonriéndole de manera engreída, con la certeza de que ella no podía negar sus palabras. Seguramente, si cumplía su cometido de ser abogado, sería odiado por sus opositores. No obstante, era muy carismático como para no conseguir allegados. -Mi compañía es lo mejor que puedes tener un viernes -le guiñó un ojo antes de abrir la puerta-. Probablemente nunca tuviste un jefe tan poco exigente como yo, ya puedes ir a casa, empleada.

-Charlatán -masculló riendo en voz baja, como se descubrió haciendo más de una vez esa noche.

-Listo -contrarrestó él descendiendo del vehículo. Giró-: Maneja con cuidado, hasta el lunes.

-Nos vemos -susurró al ver que él se preparaba para cerrar la puerta. Lo vio asentir antes de encaminase a su casa. Esperó a que llegara a la puerta y sonrió al ver un bonito perro dorado lanzándose sobre él.

Arrancó y manejó de regreso a su hogar. Negó con incredulidad, tenía su primer verdadero amigo.


¡Hola!

¿Qué tal? Después de una vergonzosa ausencia, me aparezco, espero que por lo menos valga el OS aquí.

Como se habrán dado cuenta, se ubica después de "La tranquilidad de una salida", lo hice desde la perspectiva de Elsa, pero pueden imaginarse que la intención de Hans fue salir con ella, aunque Elsa fue un poco despistada :3

Sobre la parte final, no puedo más que crear confusiones con los hermanos de Hans, ¡pero es que son tantos! Con trabajo y puedo diferenciar a los once hermanos de mi abuela materna (no me pregunten por sus hijos, porque es otro rollo). La cosa es esta, por si de cualquier forma lo confundí: Los últimos tres son hermanos de Hans de padre y madre; del cuatro al diez son adoptivos, dos de ellos son sus primos; el once y el doce son hijos de su padre. ¡¿Por qué fue más sencillo así?!

Bueno, debo de irme a la estética xD, aprovechando un pequeño momento para actualizar, después me percato si hay errores (o me los dicen).

¡Ah, se me olvidaba! -antes de responder a dos reviews de invitados-. Este bonito fanArt: adrilabelle . deviantart art /El- Beso- 493881163 (solo quiten los espacios y le falta el comienzo de h-t-tp), lo hizo la linda adrilabelle, ilustrando la escena del OS anterior. Me gustó, les invito a verlo :3

Los reviews...

emdedenden: Detesto decepcionarte, pero sí soy mala *risa malvada*. Pero no te preocupes, continuaré la historia :D, gracias por el review.

Maria: Hey, tu comentario me animó mucho y una de esas peticiones la tenía pensada, luego podrás verla. ¡Gracias por comentar! Espero que te agrade éste.

¡Cuídense! (se me pasará la cita)

HoeLittleDuck