Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.
N/A: Holaaaaaaa, pues por aquí aparezco de nuevo. No sé si sabrán pero he terminado todos mis exámenes y ahora puedo escribir más, además he terminado el otro mini-fic que estaba escribiendo y ahora me dedico en cuerpo y alma a este mi precioso fic. Eh… tengo muchos más fic en mente, pero creo que esperaré a escribirlos cuando ya tenga un poco más avanzada esta historia porque es como si no avanzara y fuera siempre lo mismo y no, eso no puede ser porque yo quiero que ustedes lean lo mejor que yo pueda dar de mí, así que, aquí estoy esmerándome. Muchísimas gracias a todas esas personas que dejan reviews, no los contesto pero los leo todos.
Capítulo once.
Bella POV.
Estaba expulsada así que esa mañana no puse el despertador, ni mañana, ni la siguiente ni la otra siguiente, gracias a Edward haría algo así como un puente ya que hoy es miércoles y tengo tres días de expulsión y luego sería el fin de semana así que el lunes volvería a clase y sería una monotonía continua si al señorito perfecto no se le ocurriese expulsarme de nuevo.
Como no tenía un molestoso despertador que me levantase exasperada dormí hasta tarde, tanto que sólo me dio tiempo de ducharme y hacer la comida antes de que Emmett y Charlie llegaran. Hoy pollo asado y papas comimos los tres en la pequeña cocina de nuestra casa. Charlie no abrió la boca en toda la comida como era costumbre y Emmett no paró de hablar con la boca llena. Que si Rosalie esto, que si Rosalie lo otro… papá y yo acabamos hasta las narices de tanta rubia.
Al parecer Charlie tenía un día ajetreado en la oficina pues después de comer me dio un beso en la mejilla y un pequeño abrazo a Emmett y salió de casa con el uniforme aún puesto. Me quedé sola a eso de las seis de la tarde. Rosalie había venido por casa y había secuestrado a mi hermano llevándoselo a la mansión Cullen alegando que había diseñado un nuevo vestido y que quería que su osito lo viera, pero el caso es que esa pedazo de bola no me la hubiese creído ni aunque hubiese estado borracha, sabía que iban a echar un buen polvo, como cualquier persona normal.
Como había estado casi toda la mañana durmiendo no tenía sueño como cualquier tarde normal así que encendí la televisión dispuesta a ver cualquier cosa meramente interesante pero antes de que pudiera hacerlo llamaron a la puerta.
Me levanté del sillón y me até el botón del vaquero que llevaba puesto. Era algo mucho apretado y molestaba cuando te sentabas. Lo bueno de él era que era un vaquero costoso que Alice me había regalado un año por mi cumpleaños y te hacía parecer que tuvieras un culo de modelo, por eso me lo ponía, de haber sido un vaquero normal ni loca lo hubiese seguido conservando.
Llegué a la puerta y la abrí encontrándome con un Edward jodidamente sexy y con unos pastelitos empaquetados en la mano.
-¿Qué haces aquí? – pregunté sorprendida, no me esperaba encontrarlo.
-He visto que Rosalie se iba de casa, sabía que iba a venir a por Emmett y la seguí deseando con todas mis fuerzas que Charlie tampoco estuviera en casa para poder pasar una tarde a tu lado, y mira qué casualidad que mi mayor deseo se ha cumplido – habló y luego entró en casa dejando los pastelitos en la mesa pequeña del salón.
-Venga ya – dije cerrando la puerta - ¿Estás aquí por mí?
-¿Hay otra Bella Swan en la casa que sea castaña de ojos enormemente marrones y que me ponga cachondo sólo con escuchar su nombre? Porque si es así preséntamela – murmuró con una sonrisa y me atrajo hacia él por la cintura.
Rodeé su nuca con mis manos y aspiré su olor, me volvía loca.
-Bella… no sé que tienes – murmuró contra mis labios – pero me vuelves loco…
Sonreí y devoré sus labios, eran lo mejor que había probado en la vida, me gustaba más que comer, que respirar incluso, se estaba convirtiendo en una costumbre más de la vida y sabía que eso no estaba bien, no estaba bien porque no iba a durar eternamente, él estaba con Tanya… ¡Joder, estaba con Tanya mientras estaba aquí besándome a mí! Y encima… y encima yo no era capaz de decirle nada por miedo a perderle, porque me sentía bien a su lado. Cuando me abrazaba, cuando me agarraba por la cintura, cuando me hacia cosquillas detrás de la oreja y tenía miedo a que esos gesto dejaran de estar en mi vida, por eso no era capaz de decirle nada, por miedo a que se marchara y no regresara jamás.
Suspiré y escondí mi rostro en su pecho apretándolo fuerte.
-¿Puedo quedarme? – preguntó luego de besar mi pelo.
-Exijo que te quedes – le contesté.
Sonrió y nos tiró en el sofá conmigo encima de él.
Toda la tarde la pasamos tirados en el sofá devorando los labios del otro, haciendo batallas de mordidas de labio, acariciándonos todo el rato, mimándonos, queriéndonos y devorando pastelitos hasta que se acabaron. No paré de sonreír en toda la tarde. Era increíble. Era increíble estar con Edward porque era como si todo lo demás no importase, como si los problemas con Reneé no hubiesen existido nunca, como si el haberme sentido sola toda mi vida ya no importase, porque le tenía a él.
-Cielo, tengo que irme – susurró Edward.
Estaba tirado en el pequeño sillón y yo estaba encima de él casi media dormida y con mi cabeza en su pecho, sus manos estaban alrededor de mi cintura y no paraban de subir y bajar en unas agradables caricias.
Me despejé un poco y me levanté de encima suya, él hizo lo mismo cuando se sintió liberado de mi peso y nos sentamos ambos en el sillón uno al lado del otro.
-¿A dónde vas? – pregunté aún adormilada.
-Ya es de noche, demasiado tarde debo de objetar. Seguro Emmett y Charlie estarán por llegar y no quiero que me vean aquí cuando lleguen – contestó evitando mi pregunta.
Se levantó del sillón y me levantó consigo haciendo que enroscara mis piernas en su cintura.
-No me has respondido.
-¿A qué? – preguntó haciéndose el loco.
-¿A dónde vas, Edward? – pregunté temiendo lo que me fuera a responder.
Suspiró y me agarró con más fuerza.
-He quedado con Tanya para cenar…
Fue como un jarro de agua fría, de esos lanzados sin piedad de un río, agua congelada, de esa agua que te helaba hasta la más mínima parte de tu cuerpo.
Escondí mi cara en el cuello de Edward, iba a llorar, lo sabía, aunque intentase hacerme la fuerte esto me superaba. Dolía cuando sabías que la persona a la que amas te besa a ti por la tarde y a otra por la noche y lo peor de todo se follaba a la otra y tú lo sabías.
-Bella…
-No importa – dije bajándome de él – vete, cena, disfruta – sonreí falsamente – ya nos vemos cuando puedas, ¿Vale? Adiós.
-Bella yo…
-Que no importa – murmuré seria.
Caminé hacia la puerta y la abrí para aclararle que ya era hora de que se fuera.
-Joder Bella en serio…
-Te quiero – susurré.
Edward se quedó estático delante de mí.
-Yo también te quiero, y eso es lo peor de todo – dijo antes de salir por la puerta y dejarme con el corazón hecho una mierda.
¿Por qué no podía dejar a Tanya y estar conmigo? O joder, si yo no era lo que quería dejarme las cosas claras y decirme que no me necesitaba y que ya no quería más nada conmigo, era mejor que toda esta mierda que teníamos montada.
Como tenía previsto llegué a mi cuarto casi sin ver nada, las lágrimas lo cubrían todo. A la hora siguiente escuché a alguien entrar en casa pero no me molesté en saber quien era, a lo mejor era un ladrón y yo sin ni siquiera prestarle importancia, pero a estas altura ya nada me importa, todo me estaba por dar igual, además, si fuera un ladrón creo que lo menos que usaría sería la puerta.
Minutos después entró en mi cuarto y pude divisar que era Charlie pero como estaba de espaldas a la puerta pude fingir que dormía y evitarme unas cuantas explicaciones sobre porqué tenía los ojos rojos y hinchados.
A la mañana siguiente tampoco tuve clase, aún seguía expulsada pero esta vez me desperté temprano, cuando Emmett se estaba preparando para salir a trabajar y Charlie ya hacía mucho que se había ido. Llegué a tiempo para recibir el beso de buenos días de Emmett.
Pasé toda la tarde sola en casa limpiando pues no tenía nada mejor que hacer y la verdad a la casa le hacía falta una buena limpieza. Aún me sobró tiempo para salir un rato al jardín y leer un poco debajo del árbol que daba a la ventana de mi habitación. Cuando era pequeña y aún mamá vivía con nosotros siempre mi hermano y yo habíamos mareado a nuestros padres para que nos construyeran una casa en ese árbol que parecía nunca pudrirse pero nunca pudo llevarse a cabo la construcción de esa pequeña casa pues mamá abandonó a papá llevándome con ella y todos nuestros sueños acabaron enterrados en lo más profundo de un hoyo.
Suspiré. Todo había sido tan difícil y aún seguía siéndolo…
Unas horas después volví a entrar en casa y cociné lasaña. Era fácil y rápida de hacer, me había entretenido más de la cuenta en el jardín y no me iba a dar tiempo de hacer otra cosa. Emmet y Charlie llegaron minutos después de haber terminado la comida y montado la mesa así que nos pusimos a comer y esta vez ninguno abrió la boca, ni siquiera Emmett que solía hablar sin parar, al parecer no había sido un buen día y yo no iba a romper el silencio agradable en el que nos habíamos sumergido.
Esa tarde no tuve noticias de Edward. Papá se había ido a trabajar como cualquier otro día y Emmett había salido con Rosalie pero Edward no volvió a tocar la puerta como la tarde pasada, ni al día siguiente viernes lo hizo.
Era sábado y a pesar de todo me había despertado de buen humor. La cocina desprendía un olor a tortitas riquísimo. Me duché y alisé mi pelo con la plancha, me puse unos vaqueros y una camiseta blanca sencilla, me coloqué una sudadera y me calcé unas vans negras. Bajé la escalera como una aval movida por el delicioso olor a tortitas. Era raro despertarse así en la casa Swan, por eso debía aprovechar. Con una sonrisa entré en la cocina esa mañana. Emmett estaba sentado en la silla viendo a Charlie cocinar tortitas.
-¿Qué celebramos? – pregunté con una sonrisa en la cara. Me acerqué a Emmett y besé su mejilla e hice lo mismo con mi padre.
-¿Hay que celebrar algo para que un padre le prepare el desayuno a sus hijos?
-La verdad es que viniendo de ti papá, sí – murmuró Emmett riendo.
Charlie nos acompañó en carcajadas pero siguió a lo suyo.
Más tarde colocó el plato de tortitas en el centro de la mesa, sacó las tazas de chocolate del microondas y lo repartió para los tres. Después de unas miradas cómplices y unas cuantas bromas empezamos a comer. Estaban realmente buenas, algo extraño en Charlie pues nunca le había visto cocinar algo decente.
-Em, Bells, hoy me voy de pesca con los chicos de la Push, el martes por la mañana estaremos aquí ya que he pedido el lunes libre y me lo han concedido – anunció entusiasmado.
-Está bien papá, somos lo suficientemente mayores como para cuidarnos solos –alegó Emmet.
-Querrás decir – interrumpí yo – que soy lo suficientemente mayor como para cuidarnos – dije haciendo un gesto que abarcaba a Emmett y a mí.
Charlie rió escandalosamente y Emmett se levantó de la silla para atraparme y matarme a cosquillas.
-Bells, voy a ir a la Push ahora, si quieres venirte… - informó Charlie.
-Sí, estaría bien, me apetece ir a ver a Jake, hace mucho que no le veo, creo que ya ni se acuerda de mí y si lo hace cuando me vea me querrá matar – hice una mueca.
Fuimos en la patrulla de Charlie. Para volver le pediría a Jake que me trajera pues no tenía coche y Emmett iba a salir hasta tarde con Rosalie.
El camino a la Push fue agradable. Al no ser muy distintos el silencio entre mi padre y yo era algo realmente cómodo. Llegamos a casa de los Black y Charlie aparcó al lado de la camioneta de Billy.
Me bajé y respiré hondo. Adoraba el aire al lado de la playa y la Push era un buen sitio para eso.
Me adelanté ya que Charlie estaba sacando las cosas de pesca del maletero. Me armé de valor y toqué flojito en la puerta. No sabía cuál sería la reacción de Jacob, la verdad es que hacía bastante que no le veía, puedo asegurar que un año habría pasado desde la última vez que le había visto.
Y Jacob Black fue el que abrió la puerta. Se quedó estático en la puerta sin decir nada, yo tampoco me atreví a decir nada pues no sabía cómo iba a salir mi voz, estaba realmente sorprendida. Jacob había cambiado mucho físicamente. Ya no llevaba el pelo largo y eso resaltaba su bonita cara además se notaban sus músculos por su camisa, estaba buenísimo y había crecido tanto que me sacaba una cabeza.
-¿Bells? – preguntó y yo sólo pude asentir.
Vi como sonrió y se lanzó hacia mí atrapándome en un fuerte abrazo que casi me deja sin respiración.
-Guau Bella que guapa que estás – susurró cuando me hubo dejado en el piso.
-Puedo decir lo mismo de ti Jake, estás bastante cambiado – sonreí sonrojándome.
Jake rió.
-La verdad es que me he matado un poco en el gimnasio en este último año en el que no te has dignado a visitarme – me echó en cara con una sonrisa.
-Yo podría decir lo mismo, ¿No crees? – alcé una ceja a lo que el sonrió más.
-También es verdad – corroboró el guapísimo chico moreno que tenía enfrente de mí.
Saludé a Billy al que Jake había cubierto completamente con su propio cuerpo. Más tarde, después de haber estado hablamos un poco sobre trivialidades entre los cuatro Jake y yo nos fuimos a su garaje de siempre eso sí, después de Jake le prometiera que me llevaría a casa no muy tarde, la verdad es que Charlie confiaba mucho en Jake, lo conocía desde que prácticamente había nacido.
Llegamos al garaje de Jake y me tiré en el sofá.
-¿Qué estás desmontado ahora Black? – pregunté con una sonrisilla maliciosa.
-Pues ahora mismo nada Swan – contestó de la misma manera – acabo de terminar unas motos.
-¿Y funcionan bien? – pregunté.
-Aún no lo sé, no las he probado – contestó pensativo.
-Bueno - dije levantándome del sofá – entonces creo que ya es hora de probarlas, ¿No crees?
Jake se levantó del sofá también.
-¿Acaso has manejado una moto en tu vida Bella? – preguntó.
-No, nunca, pero nunca es tarde para aprender. Además, el bueno de mi amigo Jacob va a enseñarme, ¿No? Según Nicholas Sparks no puedes irte a la cama sin aprender algo nuevo cada día – sonreí poniendo la mejor cara de listilla que tenías.
-Tantos libros Bells nublan tu creativa cabecita pero sí, tienes razón, te enseñaré.
No sé que me había impulsado a decir aquello pues nunca me habían gustado las motos y nunca creí poder montarme en una, pero las ganas de adrenalina corrían por mi cuerpo pidiendo más y más. Ya estaba cansada de hacer siempre lo correcto y de comportarme como la buena y santa de Bella Swan, siempre era divertido hacer cosas nuevas y no me tenía porque pasar nada, ¿No?
-Venga vale, acelera, pero despacio, ¿Vale, Bella? – murmuró Jacob después de haberme explicado por no sé cuanta vez lo que tenía que hacer para frenar y hacer que ese cacharro funcionara.
-Vale Jake – sonreí.
-Venga, ya – dijo.
Y lo hice. Apreté con todas mis fuerzas y le di a la manecilla que Jake me había dicho. La moto arrancó. Escuché a Jacob gritar algo pero no oí muy bien que quiso decir así que no presté atención y me concentré en seguir encima de aquel cacharro. El viento me daba violentamente en la cara queriendo cerrarme los ojos. Había llegado algo lejos y ya no sentía a Jacob. Quería parar pero no sabía cómo hacerlo y sin pensarlo vi mi cuerpo cayendo hacia delante mientras la moto iba dispara hacia otro lado. Mi cabeza impactó contra una piedra y sentí como esta se abría. Quedé aturdida en el suelo y no tardé en sentir a Jacob al lado mío.
-¡Bella! Bella, Bella, Bella, ¿Te encuentras bien? Háblame, dime algo, ¡Cualquier cosa! – gritaba Jake histérico.
Yo solo pude reír histérica y llevarme la mano hacia donde estaba el dolor retirándola luego por el picor.
-Ha sido increíble – susurré y noté como Jacob a mi lado se tensaba.
-¿Estás loca? – preguntó viéndome como si tuviera tres cabezas.
Yo solo pude seguir riendo, aún la adrenalina recorría mi cuerpo.
-Vamos, voy a llevarte al hospital.
Me tensé por primera vez desde que había recibido el golpe.
-No, al hospital no – contesté.
-Por dios Bella, esa herida necesita puntos.
Suspiré, sabía que no tenía andad que hacer así que dejé que Jake me cargara hasta su camioneta rumbo al hospital. Me pasó unas cuantas servilletas que pudo coger de el garaje y condujo a toda velocidad hasta el hospital. No tardamos mucho en llegar. La verdad que a la velocidad que conducía este chico no debería de estar permitida.
Llegamos a la recepción. Di mi nombre, mi apellido y mi número del dni y me hicieron esperar en la sala. No pasó mucho hasta que una enfermera vino a por mí y me entró en una sala sosamente blanca. El aspecto de la habitación era horrible y todas las máquinas que habían a su alrededor no ayudaban mucho.
-¡Bella! - gritó alguien.
Levanté la mirada y me encontré a Carlisle delante de mí. Claro, él trabajaba aquí, había sido imposible no encontrármelo aquí.
-Carlisle hola…
-¿Bella que te ha pasado? – preguntó preocupado mirando mi frente.
-Nada, una tonta caída.
Carlisle me inspeccionó mejor y me retiró las manos de la frente. Quitó las servilletas y con una linterna miró la herida.
-¿Te golpeaste con unas piedras? –preguntó alzando una ceja.
-Uhmm… algo así – murmuró mordiendo mi labio.
-Está bien, siéntate en la camilla, voy a por una cosas a la otra sala, tú espera aquí – me murmuró ahora ya tranquilo.
Le hice caso y me senté en la camilla blanca como me había pedido. Todo aquel lúgubre lugar no me daba buena espina. Desde que era pequeña odiaba los hospitales por su aspecto, siempre me habían dado un sumo respeto y ahora no había cambiado para nada.
Me encontraba sola pues Jacob se había quedado fuera esperando.
Carlisle no tardó en llegar con una jeringuilla bastante grandecita. Lo miré con cara de cachorrito.
-Car…lis…le – tartamudeé.
-Tranquila Bella, esto apenas dolerá, será sólo un leve pinchazo, tengo que hacerlo porque dolerá al coserte si no lo hago, ¿Vale?
Asentí no muy convencida.
Carlisle había tenido razón. El pinchazo no había dolido nada y tampoco había sentido mientras me cosía pues la anestesia había hecho su efecto.
Justo Carlisle había terminado de ponerme unas cuantas tiritas transparentes en la herida para que no se infectara antes las quejas mías de vendarme toda la cabeza como él había dicho al principio pues me parecía algo bastante exagerado, apenas habías sido siete puntos… aunque bueno, ya eran bastantes, seguro que en el supermercado ya me hubiese dado para conseguir una sartén.
Sonreí, era completamente gilipollas.
-¡Bella! – gritó lo que me pareció la voz de Alice.
Y en efecto, Alice, Jasper y mierda, Edward entraron por la puerta de la consulta de su padre. Alice corrió a mi lado mientras que Jasper la seguía y Edward se había quedado en el marco de la puerta.
-Yo les he avisado Bella – murmuró Carlisle antes de que dijera nada.
-¿Pero qué te ha pasado? ¿Estás loca? ¡Por dios! ¡Mira qué te has hecho! – alegó Alice mirando mi herida.
-No es nada Alice… - tranquilicé a mi mejor amiga.
-Aún con me has contado cómo te lo hiciste Bellas – informó Carlisle.
Me sonrojé.
-Es un tanto idiota –contesté.
-Aún así, quiero saberlo.
-Pues… me estampé con una moto – susurré.
-¡¿Qué tú te qué? – gritó alguien desde la puerta.
N/A: Hoy no pondrán quejarse, he hecho un capítulo bastante extenso y bueno, espero que les guste y que me dejen sus maravillosos reviews como siempre. Prometo no tardar en actualizar. Saludos.
