Tengo el capítulo 12 a medias, pero todavía hay algunas cositas que no me convencen, así que probablemente me tome algo de tiempo actualizar (como si esto fuera una novedad, ¿verdad?)
[Acto 11]
De cómo las cosas comenzaron a torcerse
Sousuke azotó el teléfono de la casa y se dejó caer en el sofá, total y completamente frustrado. Habían pasado apenas dos semanas desde que regresó a Japón y acababan de cancelar su tercer contrato. Eso se traducía a que, sí, acababa de quedarse desempleado. El asustadizo encargado que acababa de llamarlo había dicho algo como:
"Firmamos un contrato con Yamazaki Sousuke, arquitecto de Y & M. Hemos llamado a la firma esta mañana y nos han informado que usted ya no trabaja ahí, Yamazaki-san. Así que lamentablemente tendremos que retirar el contrato".
Sí, así de increíble y sin precedentes para el actual poseedor del codiciado Premio Pritzker. Ya no le quedaba nada. Incluso había aplicado para varios puestos, pero todavía no había recibido ni una sola llamada. No tenía dinero para empezar de nuevo. ¿Qué demonios iba a hacer?
Frustrado y harto de estar en la casa, decidió vagar por las calles de la ciudad un rato. Se detuvo en un puesto de revistas y tomó una al azar. Se quedó boquiabierto cuando se fijó en la foto que adornaba la portada. Eran nada más y nada menos que Ran, en un traje de baño diminuto, con la cabeza recostada en el hombro de un sujeto desconocido. ¿Eso era Ibiza? Ambos estaban de espaldas, pero reconocer a Ran no había sido difícil. No cuando se conocía de memoria el tatuaje que tenía en la parte baja de su espalda, ese que decía "Eternidad" en latín. Ese tatuaje que se había hecho porque "nuestro amor durará por toda la eternidad.".
Ah, qué extraño. Debía estar enojado, colérico, sentirse traicionado. Pero no. No sentía nada. Absolutamente nada. Caminó con la mirada perdida y pronto estuvo en la estación. Sin pensárselo demasiado abordó un tren con destino a Kioto. Al salir de la estación de Kioto, hizo memoria y sus pies lo llevaron al apartamento de Makoto. No sabía qué demonios estaba haciendo ahí. ¿Cuáles eran las probabilidades de que Makoto estuviera en casa? También, ¿cuáles eran las probabilidades de que Makoto quisiera recibirlo, de que quisiera verlo otra vez? Levantó una temblorosa mano y tocó el timbre.
—¡Un momento! —dijo una voz desde el otro lado. La voz de Makoto. Sousuke sintió su corazón latir con fuerza.
Sousuke se quedó de piedra cuando Makoto abrió la puerta. Llevaba unos pantalones cortos y una camiseta que le quedaba un poco grande. Demonios, se veía adorablemente sexy con esos lentes y las manchas de tinta en las mejillas. Makoto le sonrió y lo vio abrir la boca, seguramente para saludarlo. Sin dejarlo hablar, Sousuke dio un paso al frente para entrar en el apartamento y estrechar a Makoto en un abrazo, escondiendo el rostro en su cuello, aspirando su olor. Sorprendido, a Makoto le tomó un momento corresponderle, antes de separarse de él y guiarlo hasta la sala.
Sousuke se fijó que el piso estaba cubierto de bolas de papel, pinturas y plumas. Makoto se sentó en el sillón e hizo que Sousuke se acomodara en su regazo. Con la cabeza sobre las piernas de Makoto, Sousuke cerró los ojos, sintiendo cómo el otro acariciaba su cuero cabelludo. Se quedaron durante un rato en un silencio cómodo. Hasta que Sousuke, sin saber por qué, no había aguantado más y se puso a decirle:
—Muchas veces lo he pensado, ¿sabes?, qué habría pasado si en aquel momento no hubiera dado el sí en el altar —las manos de Makoto se detuvieron, pero Sousuke no abrió los ojos —Me pregunto si sería feliz si no me hubiera casado con ella.
—Entonces, ¿no eres feliz? —dijo Makoto —No, déjame replantear la pregunta. ¿No eres feliz con ella?
—Ran fue… la segunda persona de quien me enamoré en serio. Cuando era más joven, mi primer amor me rechazó y eso me destrozó. Sí, así de cursi como lo oyes —explicó y se relajó cuando Makoto volvió a acariciarle el cabello —Me olvidé de lo que era el amor y terminé acostándome con cualquiera, fuera hombre o mujer, que me llamara la atención. Por supuesto que sólo se trataba de sexo. Hasta que conocí a Ran. Me enamoré de ella como un idiota y fui feliz, no te voy a mentir. Fueron unos gloriosos primeros seis meses de matrimonio. O cuatro. Ya no lo recuerdo bien. Después fue cuando me di cuenta de que había cometido el error más grande, porque había dejado atrás a la persona que amaba en realidad.
—Sólo estás dolido, Sousuke. Guardas resentimiento por todo lo que ha pasado. Lo que pasó con la compañía…
—No, Makoto —lo cortó —Una parte de mí desearía que se tratara de eso, pero yo me conozco bien. No hay día en que no me arrepienta por no haber escuchado a mi hermana. Bueno, creo que no tengo derecho a llamarla de esa manera, no después de todo lo que le hice. Pero… de Ran… de ella no quiero saber nada. Puede quedarse en Ibiza con su nuevo noviecito, la verdad es que ya nada me importa.
—¿Qué piensas hacer? —preguntó Makoto, después de un par de minutos de silencio.
—No lo sé. ¿Debería divorciarme de ella y acabar con esta farsa? —contestó Sousuke —Ninguno de los dos es feliz en este matrimonio y últimamente no hemos hecho nada más que lastimarnos el uno al otro.
—No puedo decidir por ti, Sousuke. Además, a tus padres no les gustaría que te divorciaras de la mujer con la que prometiste pasar el resto de tu vida —Sousuke abrió los ojos y notó que esta vez era Makoto quien había cerrado los ojos y ahora le acariciaba las mejillas con cariño —Ran es una buena chica. Su mayor defecto es que muchas veces tiende a decir o hacer las cosas sin pensarlo. Tal vez… podrías considerar el darle… otra oportunidad, verás que… ¿Qué pasa?
La sonrisa que adornaba el rostro de Sousuke en ese momento hizo que Makoto sintiera sus mejillas enrojecerse. Sousuke miró a Makoto con ojos de adoración, alzando la mano para acariciar la mejilla ajena. Makoto colocó su mano sobre la de Sousuke y sonrió. Sousuke lo supo al instante. Aunque Makoto se esforzara por demostrar lo contrario, el castaño seguía siendo el mismo chico dulce y amable del que se había enamorado. Sousuke empujó la cabeza de Makoto hacia abajo, hasta que sus labios se unieron en un dulce toque. Apenas un roce que lanzó una corriente eléctrica por sus cuerpos.
Se besaron, largo y tendido. Era la primera vez que compartían un beso tan dulce, casi tímido, como si apenas se estuvieran conociendo. Se habían acostado dos veces, pero esta era la primera vez que disfrutaban de un momento tan dulce. Hicieron el amor. Sí, porque esta vez ambos estaban de acuerdo con que aquello era "hacer el amor" y no simplemente "sexo". Hicieron el amor con calma, complaciéndose el uno al otro. Cada uno encontraba su propio placer complaciendo al otro, fijándose en cada pequeño detalle, en cada pequeño recoveco que le arrancaba un gemido de placer al otro. Se tomaron el tiempo para conocerse.
Permanecieron juntos en la cama, acariciándose con cariño. Sousuke podía escuchar el latir acompasado del corazón de Makoto, al tener la cabeza sobre el pecho del castaño. Se sentía completamente relajado. Se sentía completo, feliz por primera vez desde que regresó a Japón. Finalmente podía olvidarse de todos sus problemas, al menos por un rato. Las caricias de Makoto sobre su pecho hacían que se sintiera somnoliento. Sus ojos se fueron cerrando y él no deseaba más que abrir los ojos y encontrarse en brazos de Makoto cuando despertara.
—¿Sousuke? —Sousuke emitió un suave "hmm" para hacerle saber que lo está escuchando —Estaba pensando… podríamos hacer esto —el más alto levantó ligeramente la cabeza para mirarlo a los ojos —Este tipo de relación —de pronto la voz de Makoto sonaba dubitativa y sus ojos se movían de un lado a otro, como si no quisiera mirarlo —Vernos cuando… cuando quieras. Sin ataduras ni compromisos.
Sousuke no sabía cómo sentirse al escuchar las palabras de Makoto. Ese no era el tipo de relación que él quería. No quería estar con Makoto, buscarlo, sólo cuando se sintiera con ganas de acostarse con él. No, él quería estar con Makoto siempre, todos los días de ser posible. Sin embargo, todavía no tenía el valor de enfrentar a Ran y decirle que quería el divorcio. Además, aun si se divorciaba, no había garantía de que Makoto lo aceptara de buenas a primeras. No después de haberle hecho tanto daño. Sousuke quería creer que la vida estaba dándole otra oportunidad de acercarse a Makoto, de intentar conquistarlo.
—No quiero… meterme en la relación entre tú y Ran, pero —continuó el de ojos verdes —siendo que puedo darte al menos un poco de paz, no sé, creo que… —Sousuke volvió a besarlo, tomándose el tiempo para saborear esos labios que lo volvían loco.
—Sí, hagámoslo —no le quedaba más que tomar la oportunidad y ver qué le deparaba el destino. No era una relación saludable, pero por ahora debía contentarse con eso.
Volvieron a entregarse el uno al otro, en una noche que era testigo de unos sentimientos que ninguno de los dos quería enfrentar – ni admitir – en ese momento.
—¿Hay algo más que te preocupe? —preguntó Makoto, cuando los dos estaban a punto de entregarse al sueño.
—Es mi trabajo. Hoy cancelaron mi último contrato y… he pasado oficialmente a formar parte de las filas de los desempleados. Patético, ¿no crees? El gran Yamazaki Sousuke, actual Premio Pritzker, no ha conseguido ni una sola oferta de trabajo. Empiezo a creer que el cielo me castiga.
—Yo… conozco a alguien que puede ayudarte —Sousuke se incorporó para mirarlo —Es… la dueña de una firma de arquitectos que empezó hace un tiempo. Ella… pronto tendrá que dejar el trabajo por un tiempo porque está embarazada y me dijo que iba a necesitar un arquitecto con experiencia para que le ayudara, al menos por un tiempo. Tú podrías, no sé, tal vez visitarla y hacer la entrevista —al ver el rostro serio de Sousuke, Makoto añadió —¡Sólo si quieres!, e-era una idea.
—Un ángel ha bajado del cielo —dijo, mientras besaba la mano de Makoto —Eres increíble, ¿lo sabías? Vine aquí sintiéndome derrotado, impotente, y en sólo un rato has logrado que sienta que no todo está perdido, que aún tengo esperanzas. Makoto, te a…
Pero Makoto no estaba listo para volver a escuchar esas palabras. Por eso lo besó hasta que ambos se quedaron sin aliento. Makoto le hizo una seña para que se volviera a acomodar en la cama y, echando una sábana encima, cerraron los ojos. Sousuke se quedó dormido al instante, mientras Makoto contemplaba su rostro relajado. Se mordió el labio. Yumiko iba a matarlo por lo que acababa de hacer, pero el castaño estaba seguro de que el riesgo valdría la pena eventualmente. Esos dos se necesitaban más de lo que creían – o querían admitir – por eso creía que no estaba de más intentar darles un "empujoncito".
S & M
Nunca se había considerado con hombre rencoroso. En realidad mucha gente solía decirle que era demasiado bueno. Tan bueno con los demás que a veces esa bondad rayaba en estupidez. Nunca se había sentido ofendido con tales comentarios porque él sabía que era verdad. Era estúpido por naturaleza y la más grande estupidez que había cometido en su vida fue enamorarse de la única mujer que jamás lo tomaría en serio. Todavía recordaba cuando, ingenuamente, se le había declarado. De alguna forma creía que su relación había avanzado y que las probabilidades de que ella sintiera lo mismo que él eran altas.
Qué equivocado había estado. Todavía retumbaba en su cabeza la risa de Ran. "¿Eres idiota o qué?", había dicho ella, terminando por destrozar sus ilusiones. Pero era tan estúpido, tan masoquista, de que alguna forma había terminado convirtiéndose en su asistente. Sí, asistente de la mujer que tan cruelmente se había burlado de él, que se divertía provocándolo y probando su paciencia. Con el pasar de los años, sus sentimientos hacia Ran habían muerto. O quizás era más correcto decir que esos sentimientos se habían transformado en algo más. Odio. Eso era, Serizawa Nao odiaba a Tachibana Ran con todo su ser.
Ansiaba destruirla, arruinar esa vida perfecta que ella siempre se había jactado de tener. La llegada de Shen Chang le había proporcionado la excusa perfecta para poner en marcha su tan ansiada venganza. En ese entonces, cuando se había confesado, Nao era débil emocionalmente y el rechazo le había destrozado la vida. Se había inclinado hacia el consumo de drogas y alcohol, vicios de los cuales había salido gracias a una persona que se había convertido en su nueva luz. Sin embargo, Nao sabía que no sería capaz de seguir adelante con su vida hasta que se vengara de la mujer que lo destrozó.
Por eso era que había tomado clases de fotografía. Por eso era que en ese momento se encontraba en Ibiza. Había ido hasta ahí siguiendo a Ran y a su amante, Kirishima Natsuya. Ella podía jurar que sólo eran amigos, pero definitivamente un amigo no le tocaba el trasero a una amiga de esa manera. Una amiga no besaba a su amigo con lengua. Unos amigos no se tomaban de las manos. Una amiga no se desnuda enfrente de su amigo aunque estuvieran en una playa nudista. Oh sí, había tomado unas buenas fotos. Y no, no iba a usarlas para masturbarse, simplemente iba a compartir con algunas pocas personas para que se dieran cuenta de quién era Ran verdaderamente. Y sí, eso incluía a un Sousuke resentido por lo que había sucedido con la compañía.
Precisamente en ese momento Nao regresaba a su habitación de hotel para seleccionar las fotos que imprimiría y enviaría directo a Japón. Sabía de buena fuente que Sousuke había regresado a la casa de sus padres, después de todo su red de información estaba bien distribuida. Ahora sólo le quedaba decidir a qué otra revista sensacionalista debía enviar otra copia de las fotos. Sonrió de forma perversa al ver cómo su venganza finalmente iba tomando forma.
—Cuando se descubran todas tus mentiras y te caigas de esa nube a la que has escalado pisoteando a los demás, ni siquiera sabrás qué te golpeó.
Justo cuando iba a entrar en la ducha, su celular sonó. Sonrió al ver el nombre que brillaba en la pantalla.
—Hola. Sí, todo ha salido bien —decía —Sí, tengo las fotos. Por cierto, ¿estás seguro de que con esto podremos juntarlos? Ni siquiera sabemos si siguen teniendo sentimientos el uno por el otro —rió —Supongo que tienes razón. De acuerdo, sólo asegúrate de que Sousuke no cometa una estupidez como darle otra oportunidad a Ran.
S & M
Recién regresaba del trabajo y no había dado ni siquiera dos pasos hacia la cocina cuando escuchó el timbre. Regresó para abrir la puerta y se no sorprendió cuando se encontró con un inmenso ramo de rosas justo frente a su cara.
—¿Otro más? —el mensaje asomó la cabeza, asintiendo y le tendió un papel para que lo firmara. Luego de estampar su firma en el papel, tomó el ramo y cerró la puerta —¿Qué se supone que haga con tantas flores?
Habían pasado un mes desde que recibir flores una vez a la semana se había convertido en una rutina para él. Todavía conservaba el ramo de la semana anterior, en un jarrón sobre la mesa del comedor. No tenía otro jarrón tan grande como para acomodar el ramo, así que las puso sobre la mesa y decidió que ya iría más tarde a comprar un nuevo jarrón. Tomó la tarjeta que estaba entre las flores. Siempre lo mismo, esos caracteres en chino que él conocía tan bien.
La primera vez que había recibido las flores y se había fijado en el remitente, se había sentido aterrado. Porque las flores sólo podían significar que él regresaría pronto. Sin embargo se había dado cuenta de que era inevitable. Había cometido el error de enredarse con Shen Chang y ahora tenía que pagar las consecuencias. Suerte que nadie más que él sufriría. Si hacía lo que Shen quería, no había forma de que lastimara a nadie más. Makoto se aseguraría de ello, aún si tenía que convertirse en su mascota.
Lo único que lamentaría – un poco – sería tener que separarse de Sousuke. Esa retorcida relación que compartían lo hacía feliz en cierta forma, por más enfermizo que sonara. Sousuke era, a sus ojos, el modelo del hombre perfecto. Si Makoto pudiera señalar una imperfección en él sería que estaba casado. Casado con una mujer que no lo valoraba. Pero ese era un asunto en el que no quería pensar demasiado.
Makoto se tendió en el sillón, recordando. Había sido feliz con Shen mientras su relación duró. No estaba seguro de cómo era que las cosas se habían terminado torciendo. Tal vez Shen no era hombre de una sola pareja, tal vez se había aburrido de él, tal vez ya no lo necesitaba. Siempre había tenido el pensamiento de que era un objeto desechable, después de todo incluso sus padres lo habían abandonado, dejando que su hermana tomara el control de su vida. Así que no era extraño que un hombre se deshiciera de él cuando dejara de serle útil. Oh, ahora que lo recordaba, ni una sola vez Shen le había dicho que lo amaba a pesar de que él sí que lo había hecho.
Ya no le dolía recordar la forma en abrupta en la que esa relación había terminado. Cuando aún vivía en Australia, Makoto se había mudado al apartamento de Shen en las afueras de la ciudad. Todo era color de rosa, todo marchaba tan bien que Makoto creía que esta vez en verdad había encontrado el amor. Ja, qué estúpido había sido. Una noche, la vida lo había abofeteado, haciendo que aterrizara.
Cuando entró en la habitación que compartían desde hacía bastante tiempo – casi no recordaba cuánto – Shen estaba completamente desnudo. Su cuerpo estaba sobre el de un chico que Makoto reconoció como un surfista que había ganado fama recientemente. Estaban teniendo sexo. En la cama en la que tantas veces Makoto le había dicho a Shen lo mucho que lo amaba, mientras el otro lo penetraba y lo hacía tocar el cielo con las manos. El impacto no había permitido ninguna reacción lógica por parte de Makoto. No hubo gritos ni adornos volando por la habitación. Sólo un "recogeré mis cosas y me iré" después del cual Makoto no había vuelto a ver a Shen.
Claro que Shen había intentado contactarlo. Cambió su número de teléfono, su correo, se mudó de apartamento. Regresó a Japón en busca de un poco de paz. Pero había sido ingenuo al creer que Shen iba a dejarlo en paz. Jamás. No cuando Makoto había visto algo que nunca debió haber visto. Shen tenía algo así como una "base secreta" en el apartamento que ambos compartían, más específicamente en el pequeño sótano. Desde ahí se encargaba de hackear bases de datos y sistemas, y arruinar a las personas que, de una u otra forma, habían convertido su vida en un infierno.
Y es que a Shen no le había tocado vivir una vida fácil. Cuando era niño sus padres lo vendieron a un adinerado comerciante chino que lo trataba como su esclavo. Hacía con él lo que quería. Había olvidado las veces que había sido violado. Lo habían obligado a trabajar en un prostíbulo en el distrito rojo donde, para matar el tiempo, pintaba hermosos cuadros. Sousuke lo había conocido cuando el adinerado hombre había intentado venderle uno de los cuadros y Sousuke, queriendo conocer al artista, se había terminado encontrando con el joven Shen. Sousuke entonces lo había invitado a trabajar con él y eventualmente habían terminado convirtiéndose en amigos.
El por qué ahora Shen odiaba tanto a Sousuke era algo que Makoto no podía comprender del todo. Sin embargo tenía sentido pensar que se trataba de envidia. Probablemente Shen no podía soportar el hecho de que alguien pudiese haber tenido una vida tan perfecta.
