Los personajes no me pertenecen a mí por desgracia, sino a la gran Stephenie Meyer.

La historia salió de mi cabecita pensante. Si eres menor, lo lees bajo tu responsabilidad.

Os dejo el capítulo diez.


CAPITULO 10 "ALGO NUEVO"

BPOV

- Preciosa será mejor que te contengas…

Yo intentaba decirle que lo haría, pero… era bastante difícil contenerse con semejante hombre.

- Tienes que estar calladita si quieres que siga…

Me limité a mirarle y a asentir con la cabeza. Haría cualquier cosa que me pidiera en ese momento, yo no tenia un simple calentón, mi cuerpo estaba a punto de estallar en lava volcánica.

Su voz seductora me estaba sacando de mis casillas, en ese momento no sé como no lo tiré al suelo, arranqué la camisa y le saqué su verga para complacerme. Edward lograba de mí un lado salvaje que no conocía, esa ansiedad por estar sudando con él, sentirlo dentro de mí.

Soltó su mano de mi boca e intenté que no saliera ningún sonido de mi garganta, aunque me permitía respirar con fuerza, pues si no lo hacia sabia que podía darme un colapso.

Edward me agarró fuertemente del trasero con las dos manos y me elevó como si fuera una pluma a horcajadas de él, haciendo apoyo contra la pared.

En ese momento podía sentir mejor su "miembro de oro", hasta que no se demostrara lo contrario, claro.

Su pelvis halló un ritmo constante que imitaba a los empujes de la penetración. Todos mis sentidos se centraban en el pulsar de su entrepierna, en su aroma embriagador.

Me sentía en desventaja por ir con menos ropa que él, porque gracias a mi escueto camisón, poco podía dejar a la imaginación. Así que mientras él recorría mi cara y cuello con besos, mis manos fueron hasta los botones superiores de la camisa. Ya había visto su torso desnudo cuando nos encontramos en el acantilado, pero esta situación era muy diferente, miraba a Edward con otros ojos, unos ojos lujuriosos y lascivos que no podía reprimir, mis instintos eran más fuertes que la razón en ese momento.

Cuando terminé de desabrocharle la camisa, el agarre de mis piernas se hizo más fuerte, mis manos rodearon su cuello de nuevo, y así le dejé que pudiera soltar sus manos de mi trasero para quitarse la camisa.

Esa visión… ese torso… tenia que ser un pecado divino. Y estaba dispuesta a pecar e ir al infierno con tal de probar este manjar que entró por mi ventana.

Su camisa cayó al suelo y me alegré que descansara ahí y no en su cuerpo, sino, no podría contemplarlo como quería hacerlo.

Separé mis manos de su cuello y las puse a cada lado de su cara, quería mirarle a los ojos, quería ver en ellos si había algún atisbo de preocupación, de arrepentimiento… pero no. Cuando nuestros ojos se encontraron solo pude ver luz en ellos, estaban vidriosos y parecía que su color era mucho mas intenso, o quizás era mi imaginación, que creía ver cosas donde no la habían.

La comisura de sus labios se movió hacia arriba, dándome su tan seductora sonrisa.

Correspondí esa sonrisa, pero tuve la sensación que este pequeño receso de besos hizo romper el momento, o quizás él pensó que necesitaba un momento, porque deshizo el agarre de mis piernas. Me puse de pie soltando también mis manos de su cuello, le miré algo confusa, él resopló y fue hacia la silla de mi escritorio, parecía frustrado, pero yo no hice nada para que se sintiera así.

Se sentó en la silla desplomando todo su peso en ella, volvió a resoplar mientras se pasaba la mano por el pelo y me miró. Yo estaba a poco más de un metro de distancia, apoyada en la pared, mordiendo mi labio y la cabeza algo agachada. Me intimidaba ver la manera de mirarme, como si fuese su presa, su cena o mejor dicho su postre. Parecía estar quitándome el camisón solo con su mirada.

Pensé que una manera de amortiguar los sonidos seria poner música, Charlie sabia bien que cuando ponía música no quería que me molestara, así que al menos tenia cierta seguridad que podía estar a salvo de la aparición de mi padre.

Detrás de mi tenia la mini cadena, solo le di al play, porque solía tener siempre algún cd puesto.

Empezó a reírse.

- ¿Te gusta Britney Spears?

- Me gusta esta canción.- Le contesté algo molesta.

Él seguía riéndose, así que para vengarme, torpemente intenté bailar sensualmente al ritmo de la música. De pronto su cara se volvió seria.

- Ven aquí. - Avancé un pasó hasta él con rapidez pero me cortó aprisa - Despacio. - Su voz era un ronroneo. Había conseguido mi objetivo.

Supuse que quería ver como me movía hasta él, así que intenté usar mis pocas armas de seducción, contoneándome para él, dando pequeños y lentos pasos. Una pícara sonrisa de satisfacción se dibujó en su cara, haciendo que mis piernas me fallaran cayéndome de rodillas… justo a sus pies.

Él se limitó a sonreír y preguntarme:

- ¿Tropezaste sin querer?

Claro, pensó que lo hice a propósito para quedarme en esta postura tan especifica para algún tipo de trabajo manual u oral. Agaché la cabeza avergonzada porque pensara eso. Noté que se removía en la silla y alcé la cabeza para mirarlo. Había movido su trasero de la silla, quedando casi al borde de ésta, supuse que invitándome sutilmente a que le sacara brillo a su "miembro de oro".

Le sonreí y el llevó sus manos a su nuca, seguía invitándome a hacerlo.

Aunque era algo que no me gustaba mucho hacer, el imaginar cómo sería su pene, que forma tendría, el color, la textura, como se sentiría en mi mano y en mi boca…

Deseaba apoderarme de su miembro.

Me levanté quedando de rodillas frente a él, mi pelo caía a ambos lados de mi cara, permitiéndome tener una pequeña barrera donde esconder mi rostro. Él seguía mirándome divertido, pero al notar que estaba incomodándome se sentó con normalidad en la silla y se puso serio, se agachó para tomarme de los brazos y ayudarme a levantarme del suelo.

Ahora estaba de pie, con mi vientre a escasos centímetros de su cara, que tenia alzada mirándome desde su posición.

Agachó su cabeza y depositó un tierno beso en la tela que cubría mi vientre. Apoyó su mejilla donde me dió el beso, con suavidad puso sus manos sobre mi cintura y fue rodeándome con sus brazos.

Fue un gesto tan tierno, casi parecía que estaba abrazando un trofeo que hacia tiempo ansiaba tener.

Me pilló por sorpresa cuando me empujó hacia él obligándome a ponerme a horcajadas encima suyo, por suerte la silla no tenia posabrazos y no estaba del todo incómoda. Edward volvió a apoyar su cabeza, pero esta vez en mi pecho, me preocupaba que me hubiera tomado cariño como a un peluche que no quieres soltar.

Mi corazón latía tan fuerte y rápido que la cabeza de Edward casi se movía al mismo ritmo que marcaba mi ajetreado corazón. No podía verle bien la cara, pero podría jurar que le vi sonreír. Tenía a la vista su alocado pelo color bronce, era sedoso y olía muy bien, es de esas cabelleras en las que enterrarías los dedos durante horas, pudiendo disfrutar del tacto suave.

Después de tomar grandes bocanadas de aire, Edward alzó la mirada, pude ver ternura en ellos, pero pronto se oscurecieron, ofreciéndome de nuevo esa mirada pícara y viciosa que hacia estremecer mi bajo vientre. No me explicaba como podía provocar todo esto en mí sólo con algunas miradas y besos.

Edward se echó un poco hacia atrás, y sus manos pasaron de mi cintura, a mi trasero. Sus manos se sentían grandes en mis glúteos, manoseaba a su antojo esa zona, empujando con suavidad hacia él. Sus empujes hacían que nuestros sexos se frotaran el uno con el otro, provocando en mi mas humedad, y en él mas dureza. Sus pantalones eran un estorbo para mí, así que llevé mis manos hacia atrás, para agarrarle de las muñecas y así liberarme de él. Me miró con cierta confusión, así, puse mis manos hasta el botón de su pantalón. Cuando vio lo que iba a hacer, se estremeció ligeramente y me miró mientras pasaba la punta de su lengua por sus labios, humedeciendo su boca, haciéndola brillante a pesar de la poca luz que había en la habitación.

Yo sonreí al ver su gesto. Llevaba unos pantalones vaqueros un poco holgados, y gracias a eso podía verle casi el nacimiento de su vello púbico. Con mi dedo índice fui trazando dibujos por su pecho, rodeando sus pezones, bajando por el esternón, el estómago y alrededor del ombligo jugando con el vello que lo rodeaba. Me detuve en la cintura de sus pantalones, pasé el dedo por el borde hasta llegar al botón que me abriría las puertas al paraíso.

Ansiaba por el momento en el que me tomara, pero quería hacer esto despacio, pensaba que si iba a engañar a mi novio al menos lo haría por la puerta grande.

Con las dos manos, desabroché el botón de sus pantalones, y con los dedos índice y pulgar cogí la cremallera para ir bajándola lentamente. Mientras la bajaba levanté mi mirada hasta sus ojos, que los tenia clavados en mis manos. Su boca estaba entreabierta y se podía escuchar perfectamente su respiración agitada.

Cuando terminé de bajar la cremallera, me levanté, él me miraba expectante, ansioso por saber cual seria mi próximo movimiento. Le ofrecí mis dos manos, dándole a entender que quería ayudarlo a levantarse. Él las tomó y se levantó del asiento. Los pantalones solo bajaron un poco más, dejándome ver la cintura de los calzoncillos. Dios… se veía tan sexy así.. con la luz tenue de mi habitación, su torso desnudo, su pelo alborotado, los ojos brillantes y su pantalón desabrochado y casi caído… ante esa visión me mordí el labio.

- Dios Bella no hagas eso. - Dijo con la voz ronca.

- ¿El qué? - Pregunté inocentemente.

- Morder tu labio.

- ¿Por qué no?

- Porque podría dejar de comportarme como un caballero y lanzarme encima de ti sin mucha delicadeza.

Me sonrojé porque mi mente podía imaginar lo increíblemente bueno que podría ser tener sexo salvaje con Edward, aunque sabia que si esa iba a ser la primera y la última vez en la que caería en sus redes, prefería hacerlo tranquilamente, disfrutando cada segundo hasta el final.

Edward llevó sus manos a los pantalones y los bajó empujándolos levemente. Yo di un paso hasta él, puse mis manos en su pecho y le empujé de nuevo a la silla. Estaba sorprendido por mi reacción, pero su mirada era divertida. Por su pantalón podía ver como un bulto sospechoso quería abrirse paso y con dificultad a través de su ropa interior. Realmente no sabia si era un bulto real o era cosa de mi imaginación y del exceso de tela en la ropa que él llevaba.

Me agaché tan sensualmente como pude dejando que viera mi escote, aunque por suerte mi pelo caído le tapó la visión y se quedó con las ganas de ver más. Agarré el borde de sus pantalones por los pies, fui tirando despacio de ellos hasta que los dejé tirados por el suelo.

Eché un vistazo a tu escultural cuerpo, prácticamente tirado en la silla, era indescriptible, y entre mis hormonas, la luz tenue y este semi dios, no podía razonar con claridad, solo pensaba "sexo sexo sexo".

Di un paso más hasta tropezar con la silla en mis piernas, le miré y me puse de rodillas. Pasé mis manos por sus piernas, que tenía a cada lado mientras miraba la expresión de su cara. Miraba mis ojos y luego mis manos, mostrándome su torcida sonrisa que hacia estremecer de nuevo mi ropa íntima.

Llegué hasta sus bóxer, y conforme iba acercándome más a su ya abultado sexo, podía sentir como subía la temperatura, la tela estaba mas cálida según iba siguiendo mi camino lentamente, hasta que…

Oh Dios

Toqué su miembro, jurando que definitivamente sería de oro pues estaba totalmente duro y al menos al tacto con la tela era suave. Edward se estremeció, y vi como su piel se ponía de gallina, eso ocasionó que yo también me estremeciera notando un escalofrío por mi espalda, con el resultado de mis pezones más duros de lo que estaban y notándose en el camisón. Edward lo notó y volvió a sonreírme.

Mi mano empezó a frotar suavemente a través de sus bóxer cuando de pronto escuchamos pisadas que se hacían más sonoras a cada paso.

Edward se puso con la cara blanca, nos miramos y prácticamente se tiró en plancha debajo de la cama.

Con acertadas patadas pude tirar su ropa debajo de la cama, yo me lancé literalmente a la cama, sin recordar que Edward estaba debajo. Escuche un pequeño quejido y no pude evitar reírme.

Llamaron a la puerta y mi padre abrió apareciendo detrás de ésta.

- Bells…¿No es un poco tarde para estar escuchando música? Deberías estar durmiendo.

- Eh… no es tarde, además mañana es Domingo.

- Esta bien, pero baja un poco el sonido que voy a acostarme.

- Vale, buenas noches Papá.

- ¿Bells estás bien?

- ¿Yo? claro que estoy bien.

- ¿No tienes fiebre? Estás colorada- Preguntó viniendo hasta mi cama.

- ¿Fiebre? estoy muy bien Papá.

- ¡Hija tienes la frente ardiendo!

Y lo que no es la frente…

- Papá será que me va a venir la regla. Así no preguntará más.

- Oh… vale… esto… buenas noches hija.

- Buenas noches Cha… Papá.

Di un fuerte soplido y vi la cabeza de Edward asomarse de abajo, por el lado opuesto a la puerta.

- Menos mal que eres de las que quita las pelusas de debajo de la cama.

Reí por su comentario y me senté en la cama. Edward salió de su escondite y fue hasta el equipo de música, bajando el sonido. Se giró y fue andando hasta la cama, sentándose en el borde de ésta, a mi lado.

- Bueno… ¿Vaya corta rollo no?

- Si… Lo siento Edward, mi padre no suele molestarme cuando pongo música y…

- Bella no te preocupes, parece que estamos predestinados a que nos interrumpan en el mejor momento…

- Lo siento, yo…

- Bella deja de decir lo siento. Se puede volver a empezar por donde lo dejamos… ¿No crees? - Dijo ensañándome su sexy sonrisa.

Instantáneamente mi cuerpo reaccionó a sus palabras, sentía mi sangre hervir de nuevo.

- Esto - Dijo mirándome - No debería ser algo desesperado, los dos lo deseamos.

En ese momento mi piel se erizó. A Edward no se le borraba la sonrisa de la cara, se notaba que disfrutaba de toda esta situación.

Me pilló desprevenida cuando se lanzó sobre mí para besarme con rudeza, aunque no por eso era peor, al contrario, me estremecía por la pasión que escondía ese beso.

Recordé sus palabras hace unos segundos, así que cuando se separó de mis labios para que pudiéramos tomar aire le dije:

- ¿No íbamos a empezar donde lo dejamos?

Él tardó una milésima de segundo para recordar por donde nos habíamos quedado, sus ojos se abrieron más y saltó de la cama para dirigirse a la silla. Me hizo gracia ver como adoptaba la misma postura de antes que mi padre nos interrumpiera.

Me bajé de la cama y fui de nuevo hasta sus pies, me puse de rodillas, y como si hubiéramos rebobinado la escena, volví a acariciar sus piernas con mis manos, hasta llegar de nuevo al borde de sus bóxer, poniendo de nuevo mi mano en su miembro, aunque éste no estaba en todo su esplendor, me afané en que así fuera.

Agarré el elástico de los calzoncillos, y con mucha lentitud lo fui apartando de su piel, levantándolo para después ir descubriendo poco a poco lo que me hizo palidecer.

¡Oh dios mío!

Lo que había tras esa tela me sorprendió, y aunque me avergüence recordarlo, el primer pensamiento fue hacer la comparación con Jacob.

Desde luego los dos estaban bien dotados pero me quedé de piedra al ver a Edward como Dios lo trajo al mundo, me asustaba y excitaba imaginarlo dentro de mí.

Edward me miró divertido porque seguramente yo estaba haciendo muecas extrañas con la cara, pero era excusable dada la impresión. Con la mano un poco temblorosa pero decidida, la llevé hasta la base de su pene, sin haberlo tocado más, lo notaba duro al tacto y al a vez suave. Cerré mi mano rodeando todo su grosor , lentamente fui subiendo la mano y bajándola al llegar a la punta, y así varias veces hasta que miré a Edward. Tenia la cabeza inclinada hacia atrás, los ojos cerrados y mordía sus labios. Su respiración era entrecortada y creo que luchaba por no gemir. No seria una buena imagen para mi padre si lo hubiese visto.

Acerqué mi cabeza al miembro de Edward, un poco temerosa por si no le gustaba lo que iba a hacerle, pero desistí pronto ese pensamiento sabiendo gracias a Tanya que a todos los hombres les gustaba que le hicieran eso.

Saqué mi lengua humedecida y sin apartar mi mirada de su cara, fui dando pequeños lametones de la base hacia arriba. Edward, al sentir mi lengua en su "brocha" me miró con los ojos mas lujuriosos que anteriormente. Sus gemidos eran respiraciones fuertes, cuando se dio cuenta que quizás Charlie podría oírlo, se tapó el mismo la boca con su mano. Aproveché que el sonido de sus gemidos estarían aplacados para avanzar en el "trabajito". Con la lengua, recorrí toda la punta de su miembro, sin dejar un minúsculo sitio por donde no estuviera mi saliva, mientras sentía a Edward palpitar en mi boca. Él daba pequeñas embestidas en mi boca y colocó su mano libre en mi cabeza, empujándola buscando mas succión. Tras unos minutos de gemidos contenidos, Edward dejó de sujetar mi cabeza. Se levantó bruscamente de la silla, tanto que casi me caigo de espaldas de la impresión, tanto por el repentino movimiento como de verlo totalmente desnudo delante de mi.

- ¿Pero que..?

No pude seguir la pregunta, Edward me tomó de los hombros y prácticamente me lanzó a la silla, a la cual me agarré en el asiento un poco asustada.

- ¿Edward que..?

Volví a quedarme muda al ver lo que quería hacer. Se arrodilló delante de mí, agarró mis muslos y tiró hacia él, quedando mi trasero casi al borde del asiento. En ese momento fui yo la que empezó a estremecerse y casi temblar. Deseaba sentirlo, pero me estaba recordando a las maneras rudas de Jacob. ¿A todos los chicos se les nubla la razón cuando hay sexo de por medio? Tendré que preguntarle a Tanya.

Edward tomó con sus manos mi tobillo, llevándoselo a la boca. Empezó a depositar besos húmedos por mi pierna, besos que cada vez se acercaban más a mi centro del placer.

Se detuvo cuando llegó a la parte interior de mis muslos. Subió mi camisón hasta la cintura y sonrió al ver mis braguitas, o eso pensaba.

- Me encanta que estés tan excitada. - Me dijo.

- ¿Qué? - Pregunté algo desorientada.

- Aquí. - Dijo poniendo su pulgar justo donde estaba mi clítoris. - Estas empapada.

- Lo siento, yo… - Me sentía avergonzada.

- ¿Te disculpas por lubricar? - Preguntó divertido.

- Supongo que si…

- Pues no lo hagas, me encanta que estés tan entregada a mi…

Sentí cómo sus manos acariciaban mis muslos y subían por mis caderas hasta mi vientre. Tenia las manos tan cálidas, me hacía temblar con sus caricias. No obstante me congelé cuando noté que había cogido el borde de mis braguitas. Comenzó a bajarlas lentamente, sin quitar la vista del regalo que había tras ellas.

Cuando estuvieron totalmente fuera de mis piernas, Edward se acercó más, así como su cara a mi pubis. Le miré cómo parecía estar oliendo el aroma que desprendía, y no entendía esa obsesión de los hombres por parecer perros olisqueando siempre.

Edward puso una de sus manos en mi pelvis, y con los dedos, fue trazando dibujos hasta que llegó al clítoris. Casi salté por la sensación.

- Relájate… - Me dijo en voz baja y sensual.

Hice lo que me pidió, respiré hondo e incliné mi cabeza hacia atrás. Sentí como un aire frío recorría toda la extensión de los labios, Edward volvió a poner un dedo sobre mi clítoris, pero esa vez con mas cuidado, empezó a hacer círculos lentamente, primero con un dedo, luego con dos y finalmente con tres, mi cuerpo se arqueaba cada vez que apretaba un poco mas la zona y su velocidad aumentaba.

Quise mirar a Edward, y aunque me costó abrir los ojos, pude ver como se esmeraba en darme tanto placer como podía. Sólo vi una de sus manos, la otra no veía donde la tenia escondida, pero por el movimiento de su otro brazo parecía que se estaba tocando.

Eso hizo excitarme más, tanto que inconscientemente empecé a mover mis caderas contra la mano de Edward, quería más de él.

Alzó la mirada y me sonrió pícaramente, deteniendo su movimiento. Eso casi me vuelve completamente loca.

- Edward por favor… - Le supliqué como un lloriqueo, pero siempre en voz baja para no despertar a "Papá-Escopeta"

- ¿Por favor qué?

- No pares…

- ¿Por qué no?

- Porque… - No me salían las palabras.

- Habla Isabella, dime por qué.

- Porque… me gusta… porque te deseo… - Le dije por poco gimiendo por la falta de fricción.

- Demuéstrame cuánto te gusta… cuánto me deseas…

Como si esas palabras hubieran abierto la parte desinhibida de mi mente, miré a Edward desafiante. Me levanté de la silla, puse mis manos en su pecho y lo empujé hasta la cama, en la que dio varios botes mientras yo me sentaba encima de él a horcajadas, haciendo que nuestros sexos se sintieran por primera vez, cálidos, húmedos y listos para hacer su tarea.

Empecé a mover mis caderas en círculos, mientras mi lubricación natural hacia que fuera mas suave el roce.

- Bella… - Decía Edward en un gemido.

- Shhh… - Le mandé callar. - ¿No querías demostraciones? Pues es lo que estoy haciendo.

Edward se llevó las manos a su pelo y cerró los ojos fuertemente.

- Esto se llama tortura Bella…

- Entonces te torturaré hasta que quiera parar.

Él jadeó al escucharme, así que continué con la tortura, me movía encima suyo como si fuera una batidora, notando como cada vez se sentía más duro bajo mi sensible piel.

Después de tirarse casi de los pelos, Edward dirigió sus manos a mis pechos, pero cuando le faltaban escasos centímetros para cogerlos le agarré de las muñecas llevándolas conmigo hasta el colchón.

Era morboso poder tenerlo atrapado así, aunque con un movimiento que hubiera hecho podía haberse librado de mi peso y mi agarre sin dificultad.

Estando encima de él y con sus majos sujetas, me lancé a su cuello, el aroma que desprendía estaba entre el olor corporal, algún tipo de Jabón con mezcla de un perfume fresco y dulce a la vez. Pasé mi nariz por su piel, mientras mis labios dejaban rastros de besos y suaves mordidas que provocaban que sus caderas dieran embestidas contra mi.

Quería excitarlo mas, quería hacerle ver hasta que punto llegaba mi deseo por fundirme con él.

Cuando mi recorrido por su cuello llegó al lóbulo de su oreja, me recreé pasando mi lengua por él, mientras le susurraba cosas al oído, palabras que sonaban en gemidos y que le hacían estremecer y sudar.

- Bella… - No dejaba de decir mi nombre, implorando por no demorar lo que los dos deseábamos en cuanto nos besamos por primera vez.

- Creo que no puedo torturarte más... - Dije susurrándole al oído.

Él me miró con los abiertos como platos, y con una velocidad imposible, cambiamos de posición. Yo estaba tumbada boca arriba en la cama y él estaba sobre mi.

- Y yo no puedo esperar más… - Dijo Edward atrapando sus labios en los míos.

Nos fundimos en un beso apurado, ansioso, literalmente nos comíamos la boca como salvajes, pero era tal el deseo que las sutilezas y delicadezas sobraban entonces.

Intentábamos aplacar en nuestros besos los gemidos que luchaban por salir de nuestras bocas.

Edward se separó de mi labios, pero manteniendo una distancia muy corta entre nuestros rostros, levantó un poco su peso de mí y lo siguiente que noté casi me hizo gritar. Sin caricias previas, Edward metió dos de sus largos dedos dentro de mí, mi espalda se arqueó y mi respiración se volvió errática y pesada. Empezó a mover sus dedos dentro y fuera, despacio pero a un ritmo constante.

- Edward…

Gemía su nombre desesperada, me gustaba lo que me hacia pero quería más. Como si me hubiera leído el pensamiento, Edward quitó todo su peso de mí, yendo hasta donde sus dedos me estaban llevando a la locura. Pude sentir su lengua, cálida y suave haciendo pequeños círculos alrededor de mi clítoris, dando lametones por los labios, y metiendo la lengua en mi vagina.

Estaba cerca del clímax, pero no quería hacerlo en su boca.

- Edward… por favor… - Apenas podía formar una frase. - Te… quiero… dentro de… mi…

Él volvió a incorporarse colocándose encima mío de nuevo. Mirándome a los ojos diciéndome:

- Pídeme lo que quieras… y lo haré…

Yo estaba completamente en éxtasis, era como si él desprendiera algún tipo de aroma afrodisíaco que me hacia perder la cabeza. Puso sus manos acunando mi cara, una mano a cada lado.

- Métela… - Dije casi susurrando.

- Qué meta qué… háblame Isabella… dime lo que quieres…

- Quiero…

- Dilo… quiero oírlo…

- Dios… Edward… Fóllame… - Le dije avergonzada y excitada.

Edward me sonrió y se apartó, se levantó de la cama mirando por el suelo. No entendía porqué hacia eso hasta que vi sacar de sus pantalones que estaban tirados por el suelo, un envoltorio plateado. Sonreí aliviada.

Volvió a la cama, acostándose de lado junto a mi, yo también me tumbé sobre mi costado mirándolo. Se puso a quitar el envoltorio pero yo se lo quité, cogiendo el preservativo en mi mano y colocándoselo con cuidado en su pene, desenrollándolo, parecía que nunca llegaba hasta abajo.

Cuando terminé, llevé mis manos a su cuello y me lancé a sus labios. El beso duró poco, porque Edward fue directo a mis pechos, no sin antes quitarme el camisón, que aún llevaba puesto. Cuando mi cuerpo desnudo estuvo totalmente expuesto para él me dijo:

- Eres preciosa Bella…

Me estremecí. Jacob me lo había dicho muchas veces, pero escucharlo de los labios de Edward, era diferente, en ese momento hasta creí que realmente era hermosa.

Me volví a acostar boca arriba, haciendo que mis pechos fueran hacia los lados a causa de la gravedad, mis pezones estaban duros. Edward se lazó sobre uno de ellos, pasando la punta de la lengua alrededor de la aureola, succionando el pezón, mientras con su mano masajeaba la mama.

Edward se puso encima, sin dejar caer su peso, pero dejando nuestros cuerpos en contacto.

- ¿Estas lista para mi? - Me preguntó.

- Desde que entraste por mi ventana… - Le respondí.

Mis palabras fueron suficientes para él, se posicionó a la entrada de mi vagina, mientras yo abría las piernas poniéndolas alrededor de su cintura.

Lo sentía, y ahora recordándolo es como si pudiera sentirlo de nuevo. La punta de su pene fue entrando, poco a poco. Supongo que Edward no quería ser un bruto, pero yo estaba mas que lista para que embistiera contra mi como un animal.

Conforme iba entrando en mí, nuestras caras iban cambiando de expresión. Edward fruncía el ceño y abría la boca, al igual que yo, intentando contener los gemidos. Una vez dentro, Edward pegó su cuerpo mas a mi, poniendo sus manos de nuevo en mi cara, sujetándomela, mirándome mientras salía y entraba.

- Eres tan estrecha… - Gimió.

Sus embestidas eran lentas, parecía que me hacía el amor, pero sé que esto solo era deseo mutuo.

- Edward… más rápido… - Le dije mientras clavaba mis uñas por su espalda.

Se dibujó una sonrisa en su cara, y sus embestidas fueron aumentando de velocidad. Por dentro me sentía llena, se sentía tan grueso en mi interior…

Tras varias cargas más, Edward levantó mis piernas, apoyándolas sobre sus hombros. Agarró mis muslos, y sujetándose en ellos, siguió embistiendo con fuerza. Estaba tan excitada que llegué pronto al clímax. Él aminoró la velocidad para dejarme tomar aliento.

- Bella… date la vuelta… - Dijo con dificultad. Estábamos muy agitados.

Hice lo que me pidió, me di la vuelta dejando caer mi peso sobre el colchón.

- Ponte a cuatro patas…

Sin decir nada, volví a hacer lo que pidió. En cuanto me coloqué y separe mis piernas, él entró de nuevo en mi, haciéndome ahogar un grito en la almohada. Las sensaciones se multiplicaban. Edward puso sus manos en mis caderas para moverme a su antojo, cuando su empuje llegaba hasta el fondo, sus testículos chocaban contra mi clítoris, una y otra vez.

Después de unos embistes más, llegamos juntos a un orgasmo tan intenso que nuestras piernas casi no podían mantener nuestro peso. Edward se inclinó hacia adelante, sentí su pecho sudado en mi espalda, y su cabeza apoyada en mi hombro. Acercó sus labios a mi oído diciéndome:

- Vas a hacer que pierda la cabeza.

Sonreí y caímos desplomados en la cama. Edward salió de mí, salió de la cama y se quitó el preservativo, envolviéndolo en pañuelos de papel y tirándolo a la papelera.

Cuando volvió a la cama, cogió la manta que estaba a los pies de mi cama, y me tapó con ella.

- Después de hacer ejercicio no estaría bien que cogieras frío. - Me dijo besando mi frente.

Nos quedamos en silencio, y yo no sabía que decirle. Ahora que el calentón había desaparecido, los remordimientos llamaban a las puertas de mi conciencia.

Dios que he hecho…

A pesar de que mi mente estaba inquieta, tenia el cuerpo tan relajado que caí en un profundo sueño, con los brazos de Edward a mi alrededor, acompasando nuestras respiraciones.

Cuando abrí los ojos era ya de día. Me levanté de un salto intentando volver a la realidad, pues no estaba segura si la noche alocada con Edward había sido realidad o un sueño traicionero. Sentí un escalofrío por mi cuerpo cuando me di cuenta que estaba desnuda, recordando todas las imágenes de Edward a mi cabeza. Pero él no estaba allí. Miré por el suelo, por si había algún indicio de él, no encontré nada, aunque en mi mesita de noche donde tenia una foro de Jacob y yo, había un bloc, con algo escrito en él.

Me sentía bastante confundida, no sabia que hacer ni como enfrentarme a lo que ahora se me venía encima. Estaba sola, y sentía un vacío y remordimientos difíciles de olvidar. Decidí darme una ducha, cogí mudas limpias y me puse una bata por encima, por si Charlie estaba por aquí. Cuando abrí la puerta ahí estaba él.

- Buenos días hija.

- Buenos… días papá.

- ¿Has dormido bien?

Joder, ¿nos escuchó? no puede ser, hubiera venido a mi cuarto con una escopeta de doble cañón.

- Emm… más o menos…

- Anoche no paraba de escuchar tu cama, parecía que dabas saltos sobre ella, ¿Tuviste pesadillas?

- Si… algo así… - Le dije mientras iba hasta la puerta del baño.

- Hija, sabes que en los temas de la limpieza no me meto, pero abre las ventanas de tu cuarto, se huele el aire muy viciado.

- ¿Eh?... oh… si… voy… - Tierra trágame.

- Bueno, yo me voy con Harry de pesca, ¿Quedarás con Jacob?

- No sé papá…

- Esta bien… bueno, nos vemos a la noche Bells.

- Vale, hasta luego.

Me metí a la ducha, deseando que el agua se llevara todas las preocupaciones, pero no fue así. No sabia que hacer con Jacob, no podía seguir con el después de lo que había pasado, y tenia que pensar cómo seria mi relación con Edward ahora que habíamos "intimado". Salí del baño aun mas preocupada, abrí las ventanas de mi cuarto y bajé a desayunar. Estaba absorta en mis problemas cuando me sobresaltó el timbre de la puerta, miré por la ventana y vi el coche de Jacob. El corazón casi se me sale por la boca, esperé un poco a tranquilizarme mientras corrí a por la pulsera que me regaló y abrí la puerta.

Estaba sola, y sentía un vacío y remordimientos difíciles de olvidar.

- ¡Jake!

- ¡Hola pequeña! ¿va todo bien? te he llamado unas cuantas veces a tu móvil y estaba apagado.

- Jake… yo…

- Bella, ¿Qué pasa? ¿Estas bien?

- No estoy bien, creo que… deberíamos darnos un tiempo… - Era lo lógico.

- …

- Ven, entra en casa, hablemos.

Podía ver a Jacob un poco pálido y con el rostro lleno de dolor, eso me hizo mucho daño pero no podía estar con él después de lo que había pasado. Lo llevé hasta el sofá y nos sentamos.

- Jake, tu para mi… eres lo mas importante de este mundo, pero… necesito pensar sobre lo nuestro.

- ¿A que viene ese cambio? - Preguntó confuso.

- Jake estoy muy confundida…

- ¿Confundida? ¿Por qué? ¿Que a cambiado? Espera… ¿Qué pasó ayer cuando me fui?

Me asusté.

- No es lo que piensas. - Le dije.

- Maldito Edward… al final has caído, ¿Verdad? Lo sabia…

- Estas equivocado, no tiene nada que ver con Edward. Esto lo llevo pensando un tiempo.

No podía decirle la verdad y hacerle más daño aún.

- Pero Bella… yo te di la pulsera… pensaba que…

- Lo siento… toma la pulsera.

- No me la devuelvas, te la regalé, y al menos para mi sigue significando lo mismo.

- Pero…

- Pero nada, quédatela. No me voy a rendir, lucharé por ti lo que haga falta, y con quien haga falta. Tú y yo estamos hechos el uno para el otro, y aunque ahora no lo veas, terminaras por darte cuenta.

- Esta bien… Jake... lo siento tanto…

- Seguro… será mejor que me vaya. Nos vemos Bella.

No aguanté más y rompí a llorar. Había engañado a mi amigo, el que fue hasta ese momento mi novio, y no sabia como salir de este embrollo.


Siento mucho la tardanza, pero ando muy liada y no he tenido tiempo para más.

¿Qué os a parecido? ¿Algún comentario?

Chicas, ya se que da pereza escribir, pero tengo unas cuantas alertas de la historia y apenas me han escrito cuatro personas!! venga dadme una alegría después de este capitulo!! no merezco un regalito?? por fi…

Acepto criticas (constructivas, no destructivas) pero si realmente os gusta lo que escribo a pesar de lo principiante que soy… hacédmelo saber!!!

Muchas gracias a las que dejáis un review.

¡Un clic al botoncito verde me da fuerzas para seguir!

¡Hasta el próximo capítulo!