¡Hola, amiguitos! Quiero pedirles una disculpa por tomarme tanto tiempo para actualizar, así que les haré un update de mi vida también.
La semana pasada decidí darle prioridad extrema a mis estudios de japonés porque presenté el examen de certificación para el idioma el domingo. Entenderán que entre el trabajo y todo eso no había tenido mucho tiempo de dedicarme a ser todo lo nerd que quisiera. Mi área es ventas y atención a clientela de Estados Unidos, así que lamentablemente no tengo un horario "normal" de trabajo, tengo muy pocos días libres, ésta temporada es muy fuerte en ventas, y entro a trabajar super temprano, así que con todo sumado, luego del examen de japonés mi cuerpo dijo "NO PUEDO MÁS" y toda esta semana me dediqué a relajarme y descansar como necesitaba. Éste episodio lo escribí a pedacitos muy cortitos y muy despacio, así que terminó tomándome todo más tiempo del que esperaba. ¡Muchísimas gracias a los que se preocuparon y preguntaron por mí! Sin más preámbulos ni palabras cursis, les dejo que pasen a leer. ¡Mil gracias por estar al pendiente!


11. Evil Ways - Santana

El muchacho miró arriba, sacando su atención del vaso de cerveza en el ruidoso bar, en el cual ya era bastante conocido. Siendo su especialidad las caras y los contactos, no tuvo problema en reconocer la silueta del recién llegado... aún usando un ridículo atuendo para, según él, pasar tan inadvertido como fuera posible.

-Buenas noches, Yato.

El muchacho se sentó a su lado, muy cerca, poniendo su dedo sobre su boca y profiriendo un sonoro "SSSHHHHHHH", que al muchacho de anteojos le pareció graciosísimo.

-Ah, por favor, Yato. Medio bar sabe que te encuentras aquí desde que entraste. Ser inconspicuo no se te da muy bien.

Yato se quedó helado y se reclinó en el asiento, mirándolo con recelo.

-Siempre con tus palabras grandilocuentes, Sera.

Sera sonrió y le dio un copioso trago a su vaso de cerveza. Aún paladeando el sabor acre de la espuma, acomodó sus anteojos sobre la nariz.

-¿Qué te trae por aquí, Yato? ¿Estás buscando otro trabajo, como antes?

Yato soltó una sonora carcajada, y Sera lo miró con un interés renovado.

-Eso fue hace mucho. Las cosas han cambiado.

-Te ves distinto -musitó el chico de lentes. -¿Te ocurre algo bueno?

-¿Es tan notorio? -preguntó Yato, ofuscado.

-No había visto que te rieras así en un buen tiempo.

Yato lo miró directo a los ojos. Impulsó su cuerpo hacia adelante y reposó su mentón en las manos, recargando sus codos en la mesa.

-Sera Kaii -musitó -hasta tú, que teniendo la vida misteriosa que tienes, en tus múltiples negocios debiste tener altibajos.

Sera apenas pudo escucharlo por encima del barullo del bar. Apuró su cerveza.

-Parece que tienes buenas noticias. -dijo, tratando de disimular la curiosidad en su voz. -¿Gustas un cigarrillo?

Una vez afuera, Yato encendió el cigarrillo con parsimonia, mientras Sera lo miraba con impaciencia. Comenzaba a nevar.

-¿Y bien? ¿A qué se debe tanto misterio?

-¿Alguna vez -habló Yato, tomándose su tiempo para hablar -has tenido la impresión de que has dado con algo que te cambia... todo?

El otro lo miró por encima de los anteojos, no muy seguro de a qué se refería.

-Tú eres privilegiado. Puedes cambiar cuando sea. -comentó Sera, amargamente.

-No es del todo cierto, pero imagino que te refieres a la doble vida que llevas.

-¿Sabes algo al respecto? -a través de su aspecto relajado, Yato pudo notar que su amigo cambiaba el peso de su cuerpo de una pierna a la otra, incómodo.

-Sólo se que has apostado por cosas por las que no deberías antes -Yato señaló con la cabeza hacia atrás, hacia el bar. -Y lo sigues haciendo. Tienes un fondo muy sólido. Seguro tu trabajo es bueno.

Sera soltó una risa elocuente. -Eres una persona sumamente interesante, Yato. A veces parece que no das pie con bola, y a veces eres sumamente perceptivo. -Yato soltó un bufido burlón. -¿Qué diablos encontraste que te ha cambiado tanto?

-Una vocalista. Es fantástica.

-Para tus estándares debe ser en verdad muy buena.

-Está en pañales, pero tiene un potencial enorme.

-¿Adoptaste a una novata? -La voz del joven de lentesresonó hasta la pared contraria. -¿Perdiste la cabeza?... Oh.

Yato lo miró extrañado, mientras Sera le dirigía una mirada interesada.

-Ya veo, eso explica mucho.

Yato enrojeció hasta las orejas.

-Lo que sea que estés implicando, estás equivocado. Es en realidad excepcional.

-Pero tienes tus dudas. -Sera lo señaló con la colilla del cigarro entre los dedos, antes de arrojarla. -No me estarías diciendo nada si estuvieses tan seguro.

-Sólo pienso que debo hacer algunos cambios -dijo Yato. Echó a andar unos pasos, y dándole la espalda, continuó -Estamos ensayando en la casa de la disquera. Llámame cuando estés disponible.

-Lo haré.

Yato se fue, dejando huellas frescas de asfalto negro en el blanco de la fina capa de nieve del suelo.

Sera suspiró, sonriendo. Al sentir la vibración en su bolsillo, su sonrisa se convirtió en una línea horizontal muy pequeña.

-Habla Iki.


Iki Takamasa colgó el teléfono del salón, y se sentó a la mesa al lado de su mujer y su hija, quienes le dirigieron una mirada interrogatoria.

-Masaomi no vendrá a cenar de nuevo. -dijo, en tono grave.

Iki Sayuri, una señora elegante que aún conservaba un poco de su belleza juvenil, suspiró afectada.

-Trabaja demasiado. Haré que le guarden su ración para que la coma en el hospital mañana.

A Hiyori esta escena ya no le sorprendía. Últimamente parecía que sus ensoñaciones estaban siendo abruptamente terminadas una tras otra. Se había dado cuenta de que ya no eran la misma familia de antes. Su padre se veía cansado y a cada momento de tranquilidad se quedaba dormido. Su madre comenzaba a mostrar líneas de estrés y de una oculta adicción al tabaco alrededor de la boca. Masaomi nunca estaba, y ella había pasado la mayor parte de sus horas de adolescente estudiando. Era duro no reconocer a la gente con la que te sientas a la mesa cada noche.

-Estás muy callada, hija -le llamó su padre. -¿No tienes hambre?

Hiyori respingó. Había estado mirando fijamente a su plato durante los últimos minutos. Apenada, Hiyori comenzó a comer.

-Tal vez no sabe cómo darte la nueva noticia, querido -apuntó Sayuri, con voz sugerente. Takamasa se quedó congelado en el acto de cortar su carne de hamburguesa.

-¿Qué noticia, Hiyori?

-Uhm… -dudó la joven. Iba a comenzar a hablar, cuando fue interrumpida por su madre.

-Escogió el club de música en la escuela.

Hiyori cerró la boca con suavidad, mirando el jarrón de la mesa.

-¿Música? -repitió su padre, pensativo -Bueno, pues te felicito, hija, no es algo que sea de tradición en la familia o en que los Iki destaquemos particularmente, pero seguramente te esforzarás. -Luego de una breve pausa, continuó, -¿Y bien? ¿Qué instrumento escogiste? ¿Flauta? ¿Clarinete? ¿Violín?

-Me aprobaron para el coro. Soy soprano.

-Maravilloso hija. -Su padre se levantó abruptamente de la mesa, respondiendo el celular. -Habla Iki.

-¡Querido!


"¡Me niego a seguir comunicándome contigo por correo, como cavernícola! Pasa a mi casa antes del ensayo."

Hiyori suspiró, cerró su sesión de correo electrónico y apagó el computador centenario de la biblioteca de su escuela. En el transcurso de esas semanas, su correo electrónico se había visto invadido por la multitud de mensajes dejados por Yato (a veces a horas inadecuadas de la madrugada), algunos de ellos con un objetivo en claro, pero la mayor parte de ellos realmente acerca de la estupidez que en ese momento atravesara su cabeza. Hiyori comenzaba a pensar que estaba confundiendo su correo electrónico con una libreta de ideas idiotas. Hacía lo que podía por responderle, pero no siempre lograba decir más que dos o tres cosas escritas a toda velocidad en la computadora escolar. Por supuesto, su padre tenía una laptop de última generación en su estudio, pero Hiyori jamás se había atrevido a tomar prestadas sus cosas. Las bibliotecas resultaban bastante útiles para redactar trabajos y en dado caso de que se suscitara una emergencia, podía contar con Yama o Ami para que le prestaran la suya. Yato y su urgencia de comunicarle hasta el link al comercial que lo había perturbado en la madrugada en verdad estaban tornando su mundo de cabeza.

Hiyori se dirigió a la salida del edificio con el maletín en la mano, y al dar la vuelta a uno de los pasillos, escuchó una voz que la llamaba pertinazmente.

-¡Hiyori-chan!

Al darse la vuelta, Kouto Fujisaki le dio alcance.

-¡Sensei! ¿Pasa algo?

-¿"Sensei"? Soy el profesor suplente, Hiyori-chan, pero en realidad solo soy unos años mayor que tú. – Le guiñó un ojo, y Hiyori se rio a falta de una reacción mejor – El conservatorio tiene sus ventajas. Llámame Kouto-kun.

- Yo… de hecho no creo que eso sea muy apropiado… sensei.

-¡Ah, vamos! -Insistió Fujisaki – No seas tan seria. De hecho tengo que mostrarte algo, ven conmigo.

El joven la tomó del brazo con un agarre poderoso, sorprendente para alguien de su complexión, y la llevó casi a la rastra hasta el salón de música. Hiyori lo siguió, nerviosa, esperando desocuparse pronto para poder tener tiempo de alcanzar a Yato en su departamento antes de la hora del ensayo.

Una vez en el salón de música, Fujisaki tomó su batuta de director y le señaló una silla vacía. Hiyori se sentó en el borde, incómoda. El profesor le dio la espalda y rebuscó entre un puñado de hojas apiladas limpiamente sobre su escritorio. Hiyori recibió uno de los panfletos.

-¿"La nuit"? – preguntó Hiyori, un tanto perdida.

-Es parte del repertorio que veremos la semana próxima. – Fujisaki se acercó a ella, y se inclinó para mirarla muy de cerca, con las manos sobre las rodillas para quedar a su altura. La corbata le colgaba de una forma bastante desprolija. – Tu voz es simplemente perfecta para el solo.

Hiyori pasó los ojos por encima de la partitura. -Nunca he cantado nada tan difícil.

-¡Es para principiantes, Hiyori-chan! -en un gesto afectado, Fujisaki levantó ambos brazos al cielo y se dio media vuelta para recargarse de forma trágica sobre su escritorio. – Deja tus cosas, empezaremos de inmediato.

-¡P-pero…! – comenzó a replicar ella.

- ¿Ah, o será que tienes planes? ¡No te preocupes, entiendo que tu vida personal sea más importante que tu compromiso en tus proyectos!

Hiyori suspiró y se puso de pie. No se movió ni un milímetro. Fujisaki sonrió y atacó el piano de inmediato.

-Entras justo después de la frase que lleva Sol, La…


Cada golpe de la manecilla del reloj generaba ondas en la superficie clara de su pensamiento, como gotas de agua en una palangana llena, cada vez más cerca de rebasarse. Con la barbilla sostenida por sus dedos entrelazados, escuchaba pasar cada segundo, cada minuto, ¿cuántas horas llevaba sentado ahí? Cada músculo de su cuerpo estaba inseguro de poder funcionar en conjunto, y cuando finalmente Yato los utilizó para mirar la hora en el reloj de la cocina, soltaron un crujido peculiar. Miró enfurecido al reloj, como si fuera culpable de que ya fuese tan tarde, tomó su chaqueta y se precipitó hacia la puerta. Antes de salir, miró el paquete que estaba encima de la mesa ratona, en una bolsa de papel con asas. Exasperado, regresó por él, y salió hecho una furia por la puerta.

Caminando a grandes zancadas por la calle, casi atropella a Hiyori que se dirigía corriendo a su sótano. No bien asimilaron que eran ellos, ambos empezaron a hablar al mismo tiempo.

-¡Precisamente por eso es que uno se consigue un celular, no puedo creer que simplemente no tengas alguna manera civilizada de avisar que vas a llegar tan tarde! ¡Pudiste no haber llegado nunca y yo hubiese seguido esperándote en mi casa como imbécil!
-¡Lo siento tanto! En realidad no tenía planeado demorarme mucho y tenía intenciones de salir de la escuela en cuanto terminaran mis clases pero el profesor me encontró e insistió en que practicáramos ¡Dije que lo sentía! ¿Me estás escuchando?

Ambos suspiraron cuando finalmente se hizo un silencio. Yato se llevó una mano a la nuca.

-Mira, no importa. Apurémonos.

Hiyori asintió y caminó cabizbaja tras él en todo momento hasta llegar a la estación. En el andén, Yato trató de entablar la plática ocasional.

-¿Así que estabas en la escuela?

Hiyori asintió de nuevo.

-El profesor es un tipo muy extraño.

-Apuesto a que sí. -Apuntó Yato, en tono distraído. Luego de un silencio incómodo, decidió ir directamente al punto. – Quedé de acuerdo con un amigo para que un día que tenga oportunidad venga a escucharnos. – Sintió a Hiyori tensarse a su lado. – Es un buen tipo, he confiado en él desde hace varios años. Su especialidad es mover contactos. Le gusta invertir su tiempo y su dinero en proyectos difíciles.

-¿Los apoyó a ustedes? – preguntó Hiyori, con timidez.

-Gracias a él conocimos al desagradable de Tenjin.

Se hizo otro silencio.

-¿Cuándo vendrá? – preguntó ella, finalmente.

-No tengo idea. Es un tipo muy ocupado. – Musitó Yato. – Quiero que te de el visto bueno. En realidad pienso que debemos cambiar algunas acerca del estilo al que nos enfocamos para hacer que destaque tu voz. – se llevó una mano a la barbilla. – Y de Sera, confío plenamente en su opinión.

-¿Sera?

-Evidentemente no es su nombre real. Se hace llamar Sera Kaii.

-¿Qué clase de nombre es ése?

-¡Es un alias! No vas a creer que vas a decir que eres nuestra vocalista y llamarte Iki Hiyori.

-Pero… ése es mi nombre…

-¡De ninguna manera! Vamos a tener que conseguirte un alias.

-Sigo sin entender cuál es el punto.

-¿Qué te parece Anpangirl?

-¿¡Qué!?

-Es un nombre lindo, y a todos les gusta Anpanman…

La conversación continuó bajo el mismo tono durante el resto del viaje. Al bajar, procuraron llegar a casa de sus amigos tan rápido como fuera posible.

-¡Llegan tarde! -Gruñó Daikoku, desde la cocina.

-¿Qué esperamos entonces? -dijo Yato, con picardía, dirigiéndose a la escalera del sótano. Uno por uno, comenzaron a entrar en el sótano para un ensayo más.

"Lo que sea que estés haciendo musicalmente hablando, Hiyori-chan, déjalo. Va a interferir con los asuntos del coro." Había dicho Fujisaki. Y agregó: "no deberías frecuentar a esa clase de payasos."

Había sido un comentario extrañamente específico. Mirando la espalda de Yato mover instrumentos y conectar cosas, comentando opciones con Yukine y Daikoku, se dio cuenta de lo equivocado que estaba su profesor.

Ellos eran la razón de que hubiese llegado a él en primer lugar.

Ésa noche, cantó con una seguridad que no había sentido nunca.


-Te escuchas cansada.

Hiyori se sobresaltó cuando Yato se acercó por su espalda, sentándose a medias en el respaldo de la banca que observaba el jardín de Kofuku.

-Tuve un día muy largo, sólo eso.

-Hmm -Musitó entre dientes el chico, rebuscando en sus bolsillos. Una bolsa de papel con asas colgaba de su muñeca. Hiyori lo interrumpió a punto de girar la rosca del encendedor.

-Entré al club de música de la escuela. -El chico la miró perplejo.

-¿Con el idiota de la batuta y todo?

-Es el director de la orquesta, Yato.

-Todos ésos sujetos son unos pelmazos. -Respondió él, cortante y burlón, y terminó de encender el cigarrillo. Otro comentario extrañamente específico, pensó Hiyori, y miró sus manos enguantadas en el regazo.

Yato la miró brevemente y con agilidad saltó el respaldo del banco y se sentó junto a ella, mirándola. Hiyori, con sorpresa, lo miró tartamudear de repente, aún cuando el movimiento anterior había sido certero y felino, premeditado.

-Escucha… Hiyori… -No le gustaba admitir que el nerviosismo del chico también hacía que su corazón batiera demasiado rápido. -Quiero darte algo.

Dicho esto, desprendió la bolsa de asas de su muñeca, y se la ofreció con los brazos extendidos.

-No lo envolví, ni nada; en realidad no es la gran cosa, no quise que pensaras nada raro. -Yato miraba al suelo y Hiyori se descubrió pensando en lo increíblemente apuesto que se veía con las mejillas sonrojadas, la bufanda al cuello, vahos de calor saliendo de su boca, el cabello amarrado en una coleta y ofreciéndole una extraña bolsa que, a decir verdad, no se veía nada ligera. La chica recibió el paquete y comenzó a abrirlo con desconfianza. ¿Era emoción eso que sentía al recibir un regalo directamente de él?

Se quedó helada cuando abrió la caja de cartón y levantó con cuidado el flamante Smartphone.

-Yato…

-¡Como te dije, no pienses nada raro! -farfulló Yato - ¡Es muy molesto tener que estar contactándote por correo electrónico sin estar seguro si viste un mensaje importante o no!

-Pero…

-¡Pero nada! Llévatelo, es tuyo.

A Hiyori comenzaron a dolerle los dientes por el frío de la noche, al tener la boca abierta, completamente sorprendida. Pareciera como si toda capacidad de hablar se le hubiese olvidado en el momento.

-Si no lo quieres, lo puedo devolver… -musitó el chico, tras momentos de incómodo silencio. Hiyori salió bruscamente de su atontamiento.

-¡Muchas gracias! -Se levantó y se inclinó frente a Yato, quien movió escandalosamente las manos, tratando de evitar que Hiyori se lo tomase demasiado en serio.

-Sólo quiero que lo tengas en caso de que necesitemos contactarte de inmediato, así no necesitamos esperar para confirmar contigo un ensayo.

-¡Prometo que te pagaré!

-¿De qué DIABLOS hablas?

-¡Estas cosas no son baratas!

-Te diré algo. -Yato se puso muy serio de repente, y se levantó para acercársele. Hiyori retrocedió medio paso -Si de verdad quieres hacer algo por mí -la miró profundamente a los ojos. -Prométeme que siempre cantarás para nosotros.

Le costó mucho trabajo deshacerse el nudo en la garganta antes de hablar. -Lo haré.

Dentro, Kofuku se retiró de una de las ventanas en silencio, una delicada sonrisa tiñéndole el rostro.

-Era cuestión de tiempo, Yatty. -Susurró, y continuó su camino por el pasillo.


No fue difícil convencer a sus amigas de que el teléfono había sido comprado con sus ahorros, y gustosas le compartieron sus fotografías favoritas, aplicaciones y números de celular. Fue un poco más difícil quitar la cara de extrañeza de su padre cuando Hiyori demostró estar más interesada en la tecnología de lo que ellos creían. Sin embargo, Yato, la razón de ser de ése teléfono en particular, comenzaba a ponerle los nervios de punta.

Sin previo aviso, a horas completamente inconsistentes, Hiyori recibía mensajes de él, justo igual que en su correo electrónico. Al tipo le daba igual que fuesen las dos de la mañana y ella tuviese examen al día siguiente. Había terminado por silenciar su teléfono cuando estuviese en la escuela, y había optado por apagarlo durante la noche.

"¡Tal vez contestaría más gustosa si no te dedicaras a acosarme a todas horas del día!", había escrito ella una mañana en la que los mensajes sin fin de Yato habían caído en su teléfono luego de encenderlo. El último había sido un "):" a las 4 de la madrugada. Se disculpó en el ensayo de la tarde pero hizo hincapié en el hecho de que todavía debía estudiar para los exámenes de mitad de curso y que moderara la cantidad de mensajes que enviaba. A Yukine pareció parecerle muy gracioso que Yato tuviese alguien más aparte de él a quién acosar.

En su sótano, Yato abrió la puerta para refugiarse de la fuerte nevada que había comenzado justo al finalizar la reunión del día, y sacó su celular del bolsillo para preguntarle a Hiyori si era verdad que las hormigas no dormían, antes de recapacitar y posarlo en la mesa ratona, con el interés cautivado ahora en un sobre manila que alguien había deslizado debajo de su puerta.

Dentro, había una simple hoja de papel impresa. La única palabra en ella, justo en el centro, en letra muy pequeña, era "¿Me extrañaste?". Yato sintió una piedra en el estómago y arrugó el sobre y la hoja con todas sus fuerzas, arrojándolas con furia en el bote de la cocina. Tardó bastante en regularizar su respiración y su pulso.

Hiyori caminaba sola el último trayecto de la estación hasta su casa. A pesar de ser una zona relativamente segura, algo hoy la hacía sentirse observada. Por algún motivo las partes oscuras o poco iluminadas la hacían andar con paso veloz y mirar por detrás de su hombro.

La vibración en el bolsillo de su falda la sobresaltó y casi suelta un gritito, de no ser porque reaccionó a tiempo para sacar el aparato y ver en la pantalla que un número desconocido se trataba de comunicar con ella.

Hiyori respondió.

-Habla Iki.

-¡Hiyori chaaaaaaan! – dijo una voz azucarada, llena de peligro.


Hola ¡soy yo de nuevo! Sólo por si les da curiosidad, el solo de la canción "La Nuit" que Fujisaki obliga a Hiyori a quedarse a ensayar es parte del soundtrack de la película "Les Choristes", que está muy bonita, se las recomiendo. Les dejo el link a Youtube (nada más quítenle los espacios) : youtube watch ? v = dQg - 3wkzJ3s