Capítulo 11: Más allá de las Cuevas
Mucho más allá de las cuevas, en la superficie, se estaba llevando a cabo un extraño ritual. Era medianoche y la media luna brillaba encima de sus cabezas.
Un joven monstruo, que más adelante identificaría como a un humano, pasó por delante de un par de arañas que se habían alejado de la escena, prudentes. Estuvo a tiempo de oír un comentario:
-Dicen ahora que era culpa del viejo...
La otra araña contestó algo, pero Alexis no logró escucharlo. Las ignoró. Desde que nació, su hermano Carlo le inculcó una severa norma en la cabeza:
Los-monstruos-no-hablan.
Y Alexis había intentado que no hablasen, pero era imposible. Arañas, esqueletos, enderman y algún que otro creeper habían soltado comentarios al pasar él por su lado. No todos los monstruos eran parlantes, quizás uno de cada cincuenta. Sin embargo, había monstruos que, aunque su pueblo no los distinguía, Alexis sabía que eran los mismos. Por ejemplo, estaba convencido que aquellas dos arañas eran las mismas que discutían en el huerto de su casa hacía justo una semana.
Cuando pequeño y se lo contaba a su hermano Carlo, este le convencía de que eran imaginaciones suyas, y juraba que cada vez que lo mencionase, le daría una torta. Alexis a su manera también se convenció, pero aquello seguía y seguía y empezó a dudar: si eran imaginaciones suyas ¿cómo podía enterarse de temas confidenciales a través de los monstruos? Sin embargo, no conocía a nadie más que pudiese escuchar las conversaciones de los monstruos. Bueno, quizás el viejo Jack, que juraba escuchar a toda la naturaleza. Tragó saliva y miró al centro del pueblo. No era un buen momento para preguntar a Jack...
Su hermano Carlo estaba montando lo que parecía una O gigante, con una piedra oscura, llamada obsidiana. Alexis se acercó, temeroso. No sabía lo que su hermano pretendía hacer. Sólo sabía una cosa: que, según él, se había descubierto que Jack era el culpable de la destrucción de la antigua ciudad, y la muerte de cientos de sus habitantes y que por ello lo condenaba al infierno para toda la eternidad. Alexis pensó que aquello era una metáfora. Pero no.
Una mujer se acercó con un mechero y todo el pueblo ahogó un grito: la superficie de la O se había vuelto púrpura. Alexis sintió aún más miedo. ¿qué le pasaría al viejo Jack?
-Jack - dijo Carlo con voz seria y todo el mundo se calló. Carlo sabía poner la voz más seria del pueblo: quizá por ello era el líder - Los señores Neal, Allan, la señora Oliva y yo mismo hemos sido testimonios de un hecho perturbador: pudimos verle a usted romper bloques de piedra con solo un golpe.
-Cierto - dijo Jack, que estaba agarrado por dos hombres.
-Nuestra ciudad fue destruida en unos minutos y por aquí no hay nadie más que pueda partir un muro en unos segundos.
-Ni lo habrá - contestó Jack muy tranquilo - si seguís igual de ciegos y sordos.
-Entonces, ¿admites tu culpabilidad?
-No soy culpable. De hecho soy el único que puede salvaros, si os dejáis.
-¡Entonces dinos cómo podemos romper bloques de un golpe, monstruo! - gritó una chica.
-Escuchando, querida Marada - dijo Jack - primero debéis aprender a escuchar lo que dice el mundo. Luego podré daros el secreto. Si no lo hago así, se usará para el mal.
-Viejo loco - escupió Carlo - aquí el único que lo usa para el mal eres tu. Pues eso, amigos - dijo señalando la O - es un portal al infierno. Aquí es a donde irás. Los habitantes estarán muy contentos: nunca se presenta carne jugosa. O a lo mejor prefieres darte un baño con lava. Hagas lo que hagas, tendrás tu merecido.
Las duras palabras de Carlo enmudecieron al pueblo. Alexis retrocedió lentamente. Odiaba ver a su hermano hablar de aquella manera.
-Ese tipo, Carlo, se vuelve más tonto por momentos - Alexis se sobresaltó. El que había murmurado eso era un esqueleto - ¿Cómo iba a destruir Jack la ciudad?
-Es un obstinado - opinó un creeper a su lado- todo el mundo sabe que es por los trolls.
-Ya nadie cree en los trolls, Marg. – le replicó el mismo esqueleto.
-Yo sí, querido Perio.
-Pues yo no.
-¿Y ese tipo que viene a matarte con su espada?
Un vecino había visto los monstruos y se les acercaba con su espada en alto.
-¡Hijo de...!
Alexis vio como ambos se alejaban. Por suerte, el vecino de la espada decidió centrarse en la escena que tenía delante y no mató a los monstruos. Alexis se alegró: una vez mataron a un par de esqueletos que estaban hablando delante de él. Hasta le supo muy mal: eran dos seres inteligentes, pero la chica que los mató no tenía ni idea. En general, los monstruos parlantes sabían esconderse bien. Aquella noche, sin embargo, parecía que la curiosidad los había traído junto a los habitantes del pueblo.
Al lado del portal, la discusión era la misma. Carlo le decía a Jack que si contaba el secreto de su fuerza, no lo enviaría al infierno. Jack se negaba.
-No contaré el secreto a nadie como tú.
-Entonces no tengo más remedio que condenarte al infierno.
-Hazlo, Carlo y cuando llegue aquello no habrá arma capaz de pararlo.
-"Aquello" - se burló Carlo - anda, empujadlo y que se pudra en el infierno.
-El que pueda escuchar y quiera salvarse, que venga a buscarme... ya sabe donde encontrarme – dijo y miró a Alexis.
-Jack... –murmuró el chico.
Los hombres del pueblo empujaron a Jack al portal, que no se resistió. Alexis vio como desapareció y, rápidamente, Carlo empezó a destruir el portal con su pico de diamante.
