De todo lo que he escrito en "Jus Sanguinis" no hay capítulo que se le compare a este.

Disclaimer: Harry Potter pertenece a J. K. Rowling y a quien haya pagado los derechos. No estoy ganando nada con esto. El poema es de mí autoría.

Capítulo 9:

Los Lazos Que Nos Unen

"Los lazos que nos unen

son cadenas invisibles que nos atan."

Ar-Nárwen

Hermione había llegado a la enfermería con Draco totalmente agotada. Cuando se ofreció a ayudarlo, no se le había ocurrido que la exagerada diferencia de altura, así como de musculatura, era un factor que incluía mucho más peso y que eso jugaría en su contra. Él estaba sentado en una de las camas y ella se masajeaba el cuello lo mejor que podía para quitarse un molesto calambre.

Draco estaba sentado en una de las camas, con los ojos fijos en las ventanas, y ella le daba la espalda, mirando hacia la puerta. No habían hablado en todo el camino, pero se sentían a gusto en la presencia del otro y eso era suficiente.

Madam Pomfrey no se encontraba en la enfermería cuando ellos llegaron y ahora tenían que esperarla, la enfermera no solía irse nunca por mucho tiempo.

-¿Por qué sigues aquí? –preguntó Draco, haciendo notar lo obvio. Ella no tenía nada que hacer esperando con él, no eran amigos.

-Estoy acompañándote –respondió Hermione, con más sinceridad de la que hubiera creído. Mentir no le servía de nada, él era un Slytherin y un Malfoy, seguramente tenía un postgrado en mentiras.

-No es necesario –dijo Draco, sin quitar la vista de las ventanas.

Hermione no respondió inmediatamente. Seguía dándole la espalda para que él no notara el flujo de nuevas emociones que la embargaban. No eran nada parecidas a las de momentos atrás, que habían llegado y desaparecido de un segundo a otro, completamente ajenas a ella. Podría sonar ilógico, mas no creía que fueran precisamente suyas.

-¿Quieres que me vaya? –preguntó con la voz clara y una pequeña nota de angustia. Se sentía tan susceptible, tan desprotegida cuando estaba junto a él y aquello le atemorizaba. Hermione Granger estaba acostumbrada a mantener el control, a pensarlo todo racionalmente. ¡Por Merlín, si estaba manteniendo una conversación con su enemigo! ¿Qué estaba mal con ella?

Draco no necesitó ver la cara de Hermione o su postura corporal para saber que ella no estaba bien. Le bastó con oír su voz para reconocer que la chica dándole la espalda se estaba esforzando por ocultarle sentimientos que debían consumir buena parte de su energía todos los días. No era sano, él tenía suficiente experiencia en ese campo.

-Sí –contestó, carente de toda emoción.

Hermione, que dentro de su yo conciente, porque definitivamente el que la mantenía en la enfermería actuaba por cuenta propia, esperaba la respuesta e incluso le había sorprendido que tardara un poco en llegar.

-Tú problema, no pienso irme –le dijo desafiante, dándose vuelta para mirarlo a los ojos.

-Entonces quédate, Granger, no me importa –Draco se acomodó un poco más en la cama, sin mirar a la chica que le clavaba los ojos en la nuca.

-¿Cuál es tu problema? –preguntó Hermione, irritada por el hecho de que Malfoy no se diera la molestia de mirarla.

-¿Qué es esto, Granger? ¿La inquisición? –espetó enojado mirándola con desdeño.

-No sé lo que es, pero yo al menos trato de ser civilizada –replicó ella, acercándose a la cama donde estaba Malfoy, obligándolo a hacerse a un lado.

-¿Buscas un premio a la paz o algo? Sinceramente Granger, toma tu actitud de santa y ¡lárgate! No quiero verte –Draco esbozó una sonrisa torcida, apreciando los efectos que sus palabras cargadas de veneno producían en Hermione.

-¿Por qué eres así? –preguntó con la voz quebrada, dándole la espalda para que no viera sus ojos llenándose de lágrimas.

No pensaba contestar su pregunta, pues eso le hubiera significado ponerse en una situación complicada. Desde que ambos se enteraron de la verdad, no había estado así con ella nunca. Solían evitarse, era mucho más fácil.

Con solo mirar la espalda de su hermana pudo detectar con una precisión de relojero lo frágil y vulnerable que estaba en ese momento. Su primer impulsó fue abrazarla, confortarla, darle una muestra de que él estaba ahí para ella, pero nada de esto fue necesario. Hermione se había dado vuelta nuevamente al sentir que se ponía de pie e impulsada por aquella fuerza magnética se abrazó a Draco escondiendo su cabeza en su pecho.

En cualquier otra ocasión, el rubio se hubiera separado de inmediato, es más, antes de esa noche, jamás habría pensado en dirigirle la palabra amablemente o compartir su presencia para algo más que insultarla. ¡Segundos atrás lo estaba haciendo! Pero lo único que hizo esta vez fue rodearla con sus brazos, el izquierdo en su cintura y su mano derecha acariciando su cabello. Mantenía su cabeza en alto, levemente apoyada contra la de Hermione que comenzaba a temblar en sus brazos, y los ojos mirando hacia el techo, rogando que ella no llorara y él tuviera que consolarla.

Su vida era una completa contradicción, pero Draco Malfoy no estaba dispuesto a reflexionar sobre ello ahora.

-Malfoy, yo, perdóname –dijo Hermione contra su pecho, soltando su agarre e intentando alejarse de él por completo.

-No hables –ordenó Malfoy, ejerciendo más presión en su cintura para que ella no pudiera alejarse y continuó haciéndole cariño en la cabeza para que se relajara finalmente.

-Pero yo…

-Yo estoy aquí, Maia, estoy contigo –una vez dicho esto, hizo más presión sobre el cuerpo de Hermione, sorprendido y turbado a la vez de tal declaración. Su corazón latía rápido, y podía sentir como el de Hermione le hacía la competencia, aún más agitado que el suyo.

Se quedaron así minutos enteros, respirando tranquilamente, pero con los latidos agitados irremediablemente. Draco no había vuelto a decir una sola palabra, pero tampoco había sido necesario, ya que las últimas habían gatillado en Hermione el afecto que no sentía desde que toda esta pesadilla había comenzado, y ante la posibilidad de perder aquello, hizo lo que debió desde un principio: llorar y dejarse consolar.

Draco estaba aterrado ¿qué se suponía que tenía que hacer con una mujer llorando en sus brazos? Lo que hacía siempre: media vuelta y correr. Él no era empático, tenía la capacidad emocional de una cuchara, y todo lo que había hecho por ella ya, era su límite. Soltó a Hermione y retrocedió hasta volver a sentarse en una de las camas de la enfermería. No había despegado los ojos de ella, pero su expresión se había endurecido, volviendo a la misma fachada de siempre: ojos fríos, aire indiferente y una sonrisa maligna en los labios o una mueca de desdén, dependiendo del caso.

-Me dijiste Maia –habló Hermione sin moverse del lugar donde Draco la había dejado.

-Malfoy puede resultar algo confuso –respondió al aire, con una sonrisa de lado.

¿Qué los incitaba a hablar? ¿A mantenerse en la presencia del otro? Una fuerza que venía desde el fondo de sus cuerpos, muy similar al cariño y magnética como un imán: un lazo de sangre.

-¿Qué nos está pasando? –preguntó Hermione, mirándolo directo a los ojos, azul y gris encontrándose, desafiándose.

-¿Otro interrogatorio más? –espetó este, poniéndose a la defensiva. No quería hablar de lo que les estaba pasando esa noche. Por unos instantes había encontrado a Maia dentro de Hermione, pero eso no era algo que ella necesitase saber.

-Intento entender, aceptar esto ¡y tú lo sigues haciendo difícil! –levantó la voz, cansada e irritada por la actitud de Malfoy al levantar tales defensas.

Draco no contestó, resolviendo que ignorarla sería lo mejor. ¿Dónde estaba la enfermera cuando la necesitaba? Aquél intercambio estaba llegando muy lejos, quería detenerlo y no saber nada más de Hermione Granger en toda su vida si eso era posible.

Sollozos ahogados volvieron a llamar su atención, y aquél instinto que le gritaba que la ignorara por completo peleaba en su mente con ese ridículo impulso de volver a consolarla.

'Draco Malfoy, desgraciado insensible, ya no te reconozco' pensó antes de volver a ponerse de pie, y abrazar por segunda vez esa noche a Hermione.

Una vez que se hubo calmado, y realizado que estaba abusando como nadie nunca lo había hecho de la paciencia de cierto Slytherin, Hermione se separó de él, completamente avergonzada, corriendo hacia la puerta de la enfermería. Se había humillado como nunca y dos veces, frente a una persona con la cual no podía mostrar debilidad. Al diablo aquella valentía y orgullo Gryffindor, no estaba en condiciones de mantener su cabeza en alto y hacer como que nada de eso hubiera pasado.

Antes de que pudiera dejar la enfermería, Draco la había tomado por la muñeca y volteándola con violencia, la llevó hacia una de las tantas camas y la obligó a sentarse junto a él.

-No sé qué está pasando con nosotros, tampoco por qué me enfurece verte llorando, pero maldición Maia, o hablas o con una mierda que te voy a obligar –no era una amenaza, si se veía obligado la obligaría a hablar no le importaban los métodos.

-¡Malfoy, suéltame! Me haces daño –se quejó Hermione, tirando su brazo para liberarlo del agarre del rubio, que había dejado sus dedos bien marcados en su muñeca. Se comenzaba a poner morada.

-Habla –dijo escupiendo hielo con cada letra pronunciada. No había roto el contacto visual y estaba impacientándose con mucha rapidez.

Sin más remedio que obedecerle, Hermione comenzó a contar su historia: partió desde la clase de Hagrid, hasta la pelea de esa misma noche. En un principio, había evitado toda la pelea con Harry y el trato hostil que estaba recibiendo de parte de su casa, pero Draco supo que estaba mintiendo y le exigió la verdadera historia. A medida que ella avanzaba, el ojigris se ponía cada vez más lívido, empuñando las manos y gruñendo juramentos y amenazas que terminaban con una muerte lenta y dolorosa para Harry y Ron. Su pelea con Harry tuvo que repetirla tres veces, ya que él quería todos los detalles, y a ella el recuerdo aún le era doloroso, por lo que lágrimas y un par de hiperventilaciones se le escaparon.

-¡Potter te atacó! –bramó Draco, temblando de pies a cabeza de la ira, los ojos oscurecidos por la misma.

Una ola de resentimiento, odio e ira insana invadió a Hermione, que se sintió encoger ante tales sentimientos tan sobrecogedores. Ahora estaba segura, no era ella quién tenía un volcán a punto de hacer erupción en su interior, era Draco, que se veía listo para gozar un asesinato a sangre fría.

-Yo me defendí –dijo Hermione, intentando aplacar los sentimientos que los consumían a ambos.

-No me importa, ese maricón se atrevió a poner un dedo sobre ti, y eso es imperdonable. ¡Nadie se mete con un Malfoy, menos con hermana! –estaba arrastrando las palabras, pronunciando cada una con cólera ardiente y siseó especialmente el "nadie" y "mí" que a Hermione le dieron escalofríos.

El resto de la historia Draco lo escuchó en silencio y actuando indiferente. No hizo un solo comentario, tampoco dio señales de que estaba escuchando realmente, tenía sus defensas en alto y se encontraba en modo almeja para tranquilizarse y volver a actuar de acuerdo a su personalidad, o lo que mostraba de ella. Desde los ocho años que no se ponía así: protector, incluso algo sensible. El estar separado de su melliza lo había cambiado para mal, convirtiéndolo en lo que todos consideraban, un bastardo arrogante, egoísta, narcisista, sin el menor grado de compasión o preocupación por los demás. Un corazón de piedra y sin sentimientos, indiferente y desalmado: un digno hijo de su padre, mortífago.

Cuando Hermione hubo terminado, su corazón se sintió ligero y hasta experimentó felicidad. El no haber tenido a nadie con que hablar todo eso, le había afectado más de lo que creía. Es verdad que se había desahogado con sus padres, pero con Malfoy fue completamente diferente. Él nunca le ofreció una mirada de simpatía, no le dijo nada que reflejara lástima, es más, durante la última parte ni la había mirado, más Hermione intuyó que quizás ésa fuera la forma con él demostraba su apoyo. No le importaba, dos veces había sido abrazado por Draco Malfoy, y esas dos veces, por primera vez se sintió completa. Durante toda esa noche, él no le había dicho Hermione, sino que Maia, lo que hacía que su corazón diera un saltito de felicidad contra su voluntad y ponía sus manos al fuego por el hecho de que nadie más que ella, conocía esa faceta.

Draco se levantó de la cama y caminó hacia la puerta. Tenía que salir de la enfermería y de la presencia de Granger lo más rápido posible. No estaba actuando como él, si se trataba de ella no podía actuar como él. Sentía como aquellos sentimientos renacían, esa obligación de protegerla de todo mal, la culpa de la última vez. No podía despertar a ese Draco por completo. Él había muerto con ella, y así debía ser.

-Esto nunca ocurrió, Granger –fue lo último que dijo, antes de desaparecer a grandes zancadas.

Ocho años había estado separado de Maia, creyendo ciegamente que estaba enterrada bajo la lápida blanca que año a año visitaba. Ocho años de extrañarla, de llorarla…

Maia Isadora Malfoy era sólo un fantasma, que vivía en él y en muy pocas ocasiones, se reflejaba en Hermione Granger.

Draco buscó debajo de su túnica y sacó la cadena con la luna y el dragón.

'Mi deber fue protegerte.'

"Los lazos que nos unen

son cadenas invisibles que nos atan,

espadas entrecruzadas que nos dañan."

Continuará.

Actualizo algo tarde, tenía que estar arriba un poco antes, pero he tenido poco tiempo. ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS A QUIENES DEJAN REVIEW! Y a los que leen también.

Lo de hoy es muy cortito, no es necesario decir mucho. Lo siento a quien no he respondido reviews viejos… ¡tiempo! Preferí subir esto, no piensen que no aprecio el tiempo que se dan.

A todos los amantes del Dramione (como yo) espero les haya gustado. Amor es amor, aunque sea de hermanos, incluso puede ser más fuerte.

Ar-Nárwen