Bueno chicas llega algo tarde pero bueno... mas vale tarde que nunca. Espero que lo disfruteis. =)
Un rato después de que llegara la rubia, ambas decidieron dejar de leer.
-Wowwwww no creía que este libro iba a estar tan bien- Exclamó la rubia, poniendo el marca páginas en el lugar correspondiente y cerrando el libro.
-La verdad es que me está sorprendiendo para bien- la morena cerró también el libro. –Creo que deberíamos comer algo ya, ¿no crees Emma?
-Sí, la verdad es que si, ya empieza a despertarse mi estómago- dijo con sorna.
-¡Oh no! Entonces empieza a comer ya, antes de que el monstruo que vive dentro de ti despierte y me coma a mí también.
-Ya me gustaría a mí que pasara eso- dijo la rubia naturalmente.
Regina se quedó con la boca abierta y los ojos desconcertados, no se creía lo que Emma había dicho, últimamente lo estaba pasando bastante mal porque empezaba a sentir cosas por la rubia. Cuando la veía empezaba a bombearle con más fuerza el corazón, se sentía muy a gusto con ella y deseaba que llegara el momento en el que la mujer apareciera por el bosque. Era una amiga, o de eso se había intentado auto convencer Regina, pero se estaba dando cuenta de que se estaba enamorado de ella.
Cuando Emma vio la cara de Regina, se maldijo, creía que lo había dicho mentalmente. Empezó a ponerse roja, no sabía a donde mirar. Decidió sacar su fiambrera de la nevera y comenzó a comer. Pensó que si hiciera como si no hubiera pasado nada quizás Regina lo olvidaba.
Regina vio como la rubia se ponía roja, bajaba la mirada y revolvía nerviosa en su nevera cogiendo la comida. Le pareció adorable, la verdad es que ese comentario había conseguido asombrarla, incluso había encendido su fuego interior al llegar a imaginarse la escena. *¡Reginaaa relájate!, seguro que lo dijo sin mala intención, no puedes sentir esto, no con ella, es menor todavía y además es la hija de Mary Margaret*. Se dispuso también a sacar su comida. Sacó dos fiambreras, en una había una ensalada, algo típico en ella, y en la otra unas pechugas empanadas.
Una vez habían terminado de comer, Emma volvió a rebuscar en su bolsa y sacó una fiambrera algo más grande y redonda. Se giró hacia la morena mirándola.
-Esto lo he hecho en casa para ti con ayuda de mi madre- Destapó la fiambrera mostrando una tarta de manzana.
Regina vio como la rubia se volvía a sonrojar *no me digas que no es mona*, elevó una ceja desafiante a Emma. -¿Acaso eres tu quién quiere ahora envenenarme a mí con mi propio truco de envenenar manzanas? Creo que habíamos enterrado el hacha de guerra- sonrió.
-Yo no soy tan mala gente como tú, Regina, soy una dulce e inocente chiquilla- puso cara de buena. -Solo quería agradecerte cuando tú me diste tu cena. Pero si no quieres no pasa nada, mi padre estaba deseoso por hincarle el diente y no le he dejado, seguro que él estará encantado de probar mi primera tarta- Dijo mientras cerraba la fiambrera.
-¡Nooo! Vamos Emma, estaba de broma. Claro que quiero probar tu tarta, tiene muy buena pinta, por favor discúlpame- puso carita de cachorro abandonado.
Emma volvió a abrir su fiambrera y sacó un cuchillo de su bolsa. –Ehh cuidado con eso- Emma no hizo caso y cortó un trozo de tarta y lo puso en una de las fiambreras que Regina le había acercado. Cortó otro trozo para ella y se lo comió directamente de ahí.
Regina probó la tarta y estaba realmente buena -Guau Emma, está riquísima- siguió comiendo.
-Muchas gracias, no está mal para ser la primera vez-
Terminaron de comer la tarta y recogieron las cosas. Se tumbaron las dos en la toalla que tenía Regina y se quedaron mirando el cielo. Ambas cerraron un momento los ojos y se quedaron dormidas.
Un rato después, el sonido de un trueno las despertó, abrieron los ojos y se encontraron durmiendo una hacia la otra. Se quedaron mirando fijamente a los ojos, estaban más cerca de lo que nunca habían estado, las separaban apenas unos centímetros. Emma bajó lentamente su mirada a los labios, los veía tan acolchados, tan jugosos. Involuntariamente Regina se pasó la lengua por los labios. Un gesto que normalmente pasaría desapercibido, a Emma le había parecido extremadamente sexy. Emma mordió sus labios en un intento de controlarse y no echarse encima de la morena.
Cuando Regina vio ese gesto, un fuego intenso le bajó directamente a la entrepierna. Ambas empezaron a respirar con dificultad y lentamente empezaron a eliminar la distancia que había entre ambas. Cuando sus labios estaban a punto de rozarse un sonoro ruido las sacó de su ensueño y unas gotas de lluvia empezaron a caer tímidamente sobre ellas. Se separaron rápidamente, rojas por la sobrexcitación.
Un segundo estruendo se escuchó en el bosque. A continuación empezó a llover torrencialmente. Apenas tuvieron tiempo de recoger las cosas cuando un destello de luz cayó a unos metros de ellas en un árbol incendiándolo.
-Corramos a resguardarnos al coche- dijo Regina cogiendo a la rubia de la mano en un gesto de protección.
Llegaron al coche empapadas. Regina abrió torpemente el maletero y lanzó sus cosas y las de la rubia. – Metete mientras en el coche- le dijo.
Emma entró dentro del coche. Estaba chorreando, vio como Regina entraba también. Estaba terriblemente sexy toda empapada. No podía creer lo que había pasado, si no hubiera sido por el sonido del trueno se hubiera besado con su morena. Maldecía las tormentas, normalmente le gustaban pero desde este momento había empezado a odiarlas.
Regina no paraba de pensar en lo que casi había sucedido. Estaba claro que Emma sentía lo mismo que ella, pero eso no podía pasar, era imposible. Iba a tener que frenarlo si no quería que se le escapase de las manos. Miró de reojo a Emma, la vio pensando en sus cosas, distraída, con la mirada fija en la nada. Vio como las gotas de lluvia caían por su cara y como la camiseta blanca se trasparentaba, dejando ver un sujetador negro y como empezaba a pegársele al cuerpo. Decidió arrancar el coche y llevarla a su casa.
El trayecto a casa de la rubia había sido demasiado incómodo, pues ninguna de las dos articuló palabra. Una vez llegaron, la rubia rebuscó en sus bolsillos las llaves -mierda- Regina la miró interrogante. –Salí tan rápido de casa para ir donde tú estabas que me dejé las llaves en casa.
Regina se asombró de que la rubia hubiera salido tan rápido de casa solo para vela.-Bueno no pasa nada, llama y que tus padres te abran.
-Mis padres no iban a estar hoy en casa, les dije que pasaría el día fuera, así que ellos se fueron al terreno de unos amigos. Genial, ahora tendré que esperar en el porche hasta que vengan- dijo desanimada.
-Bu… bueno- balbuceó Regina– siempre puedes venir a casa hasta que pase la tormenta y dentro de un rato te traigo a casa- No creía que fuera una buena idea, pero no quería dejar a la rubia esperando en la calle con este temporal y mucho menos empapada como estaba.
-Si tú quieres- dijo tímidamente sonrojándose de nuevo.
Regina puso en marcha el coche. El limpia parabrisas no daba de sí para retirar tanta agua.
Continuará...
