El tiempo recompensa, dicen algunos, pero yo creo que las recompensas son cuestión de realidad. Ja, no se crean, no estoy tan amargada. Chicas y chicos, lamento mucho el retraso, tambien lamento que no haya avanzado a Kusanagi, pero sentí que tenía más presión con este fic. Se terminan los cuentos y con ellos más situaciones candentes apareceran.

Cuidence muchos y comenten...


-11-

Tercer cuento: II.

La sangre no se derrama en vano, yo seré en vengador que aniquile a todo aquel que ose hacerme daño.

Uchiha Sasuke.


Una sonrisa fugaz se extendió por el rostro de Itachi, su mirada, quieta en la inmensidad del mundo, su perfil, de un guerrero legendario, la sangre Uchiha, los descendientes más fuertes entre los hombres, los herederos del fuego, del rayo y de los tres tesoros.

Ellos, que hicieron un pacto sanguíneo de honor, ellos que convirtieron la ceniza en oro y que usaron los poderes de la sabiduría contra sus enemigos.

El ultimo Uchiha capaz de usar la fuerza de los ancestros contra el dios de la ira y la venganza, contra el dios zorro que había matado a miles en el pasado.

Suspiró abatido, su cuerpo se estaba desintegrando entre el poder sagrado y todavía no vencía a su enemigo. Estaba envenenado, no sólo de toxinas, sino de tristeza….

—Hace mucho tiempo. – contó al aire, como si este o el gran zorro, fueran los únicos que pudieran escucharle. —Nació en la villa un niño lleno de poderes inimaginables. Su corazón era puro, pero la fuerza de su alma era tan devastadora que poco a poco, comenzó a morir, por que la inestabilidad de su alma y su cuerpo eran muy impares.

El zorro enmarcó los ojos. ¿Qué demonios planeaba contándole eso?

—Ese niño, casi al borde de la muerte fue salvado por una mujer, la mujer más hábil de todo el lugar. Le ayudo a pequeño a curar, gracias a un sello que se desintegraría poco a poco con la edad, cuando el niño fuera lo suficientemente fuerte en cuerpo como para retener su chakra, su alma… - elevó la vista. El zorro miraba tranquilamente. —¡Ese niño, Naruto! – gritó. —Era yo… y aquella mujer no fue más que Kushina Uzumaki, ¡¿Puedes entenderlo? ¡Tengo una deuda, y sin importar qué, pagaré! – levantó la barbilla. —Así tenga que morir… aunque, bajo estás circunstancias, ya es tonto pensar en eso.

Entrecerró los ojos, Itachi miró detenidamente al zorro, quien no pareció apreciar su historia, más bien, estaba disfrutando de cada momento.

Itachi entornó la mirada y dio un paso, el veneno sólo le permitiría estar de pie al menos unos minutos, tenía que ser capaz de vencer al zorro, aunque esto le costara su alma.

Sus brazos pulsaban, no, no podía rendirse.

Corrió hacía el zorro. El animal reacción agrediéndole con sus garras, intentó aplastarlo como una cucaracha, pero, a diferencia del Itachi del principio, esquivo su ataque con una facilidad sorprendente, saltó y como si tuviera alas en la espalda, arremetió con su espada justo en la cabeza del demonio, sacándole de balance con una sorpréndete pericia. Sin esperar más, con el escudo de su otro brazo, empujo como un espartano guerrero y una vez que se dio cuenta que el zorro estaba sorprendido, saltó sobre su pelaje, corriendo como un haz sobre su lomo, evitando cada cola que intentaba parrarle, saltó sobre las colas y con movimientos rápidos, cortó dos.

El demonio reparó como un caballo salvaje y se volvió contra Itachi, para darle un zarpazo que atinó. Itachi salió disparado hacía el bosque, mas con la misma maña que antes, se detuvo en el aire y sin sentir dolor, corrió de nuevo, era la ejemplificación de David y Goliat, un pequeño soldado contra un gigante poderoso.

La astucia de Itachi era mayor a la que imaginó el Kyuubi. Sus ojos expidieron un fuego negro, quemándolo todo, la piel del zorro entró en contacto con esta y sintió, por primera vez el calor del infierno. Rugió y enfurecido comenzó a lanzar bocanadas de aire caliente a la atmosfera.

Itachi se dio cuenta que si seguía atacando al azar devastaría la aldea. Se envolvió en llamas, y gracias al collar divino salió ileso, mas aprovechando su capacidad, embistió al zorro justamente en el pecho el fuego se expandió alocadamente, el demonio enardecido por la insolencia del muchacho, atrapó al Itachi con sus dientes, fue un movimiento al azar, pero lo logró. Comenzó a apretarlo con crueldad, esperando oír sus huesos quebrarse.

Pero gracias al potente escudo el cuerpo de Itachi resistía. Cansado, el zorro comenzó a juntar chakra en su boca, lo calcinaría.

El Uchiha se dio cuenta e ideó un plan. Hizo aparecer fuego negro, quemándole la garganta al demonio y obligándolo a abrir las fauces. Una vez que logró salir, en el aire, mientras caía, enderezó su espada y rajó entre las carótidas. Por primera vez, entre todas las peleas del zorro, le habían herido en un punto crítico.

Retrocedió lleno de sorpresa y con un enojo potencial se dejó llevar por la ira. Aplastó a Itachi con su garra, y esta vez, le derribó. Itachi quedó sepultado bajo la garra del zorro, a quien sangraba sin piedad su cuello.

—Desgraciado… - vociferó.

—¿Piensas matarme? – desafío casi sin voz. —Perdona… pero no te daré esa satisfacción… - escupió sangre, era ahora o nunca, tenía que intentarlo. —¡Kai! – gritó y aquel sello se rompió.

A lo lejos, un tornado negro apareció entre la quietud de la noche, los ojos rojos de Sasuke miraron con expectación lo que pasaba; un dolor intenso reinó en su pecho y se dio cuenta que todo estaba perdido.

—¡ITACHI!

Su gritó hizo eco en la oscuridad.

El sol apareció en el cielo, la madrugada presenció entre un destruido bosque, el cuerpo de un joven rubio, desnudo y con la piel ardiendo. Con parsimonia esa piel se curaba, mas, aparte de eso, su consciencia no.

Los tosidos de alguien más despertaron al joven. Con cuidado de no herirse se levantó.

—¿Itachi? – entre los escombros de un árbol roto, ahí, recostado sobre la madera estaba un hombre de cabello largo y negro, ojeras y cara triste. Naruto corrió donde él. —¡Itachi! – se arrodilló y observó con miedo su cuerpo.

Estaba lleno de quemaduras, sus brazos estaban negros, agangrenados, sus ojos manchados de sangre y sus labios poco a poco se tornaban más azules.

—Na-Naruto… - vomitó sangre. —¿Eres tú?

—Sí, sí, soy yo. – lagrimas gruesas comenzaron a correr por sus mejillas. —Dios mío, Itachi, por favor, perdóname, perdóname… - agachó la cabeza, no se animaba a tocarlo.

—Menos mal… - sonrió. Sus dientes estaban manchados de sangre negra. —Por favor… cuida de Sasuke…

—¿Cómo? – Miró con desconsuelo al Uchiha.—¡NO, NO, NO! – lo tomó de los hombros y con miedo eterno negó. —No, Itachi, tú vivirás, te recuperaras, esto jamás se repetirá, lo juro, lo juro… Pero por favor, vive, vive…

—Je… tú siempre tan…

—¿Itachi?- el pánico poseyó al rubio. —No, no, por favor, no. – comenzó a sacudirlo. —¡Itachi, maldita sea, Itachi! ¡NO, ITACHI! – comenzó a gritar sin pudor. Dejó sus brazos y se doblegó contra el suelo, sus puños tocaban la arena fina. Sus lágrimas bañaban la tierra.

La tela cálida de una capa le cubrió los hombros, Naruto sintió de alguna forma confort entre la muerte de Itachi. Miró sobre su hombro y sonó su nariz, también se limpió inútilmente las lagrimas. Seguían saliendo…

La cara triste de Sarutobi le recibió con algo de lastima. El joven de ojos azules comenzó a temblar débilmente.

—Oji-san… - dijo con voz amortiguada.

—Naruto. – no fue la voz de su tutor sino la de aquel hombre de perfil blanco, ojos justos y poderosos de Nidaime. —¿Qué has hecho? – era el tono de un juez.

—No, por favor… - se levantó. —No pienses eso, yo no fui… Itachi, yo… él, Madara-san lo hizo y yo…

—¿Madara? – la voz de ambos hermanos se contrarió. Se miraron a la par.

—Naruto. – Sarutobi colocó su mano sobre su hombro. Su cara aun triste. —Yo… - pero no pudo decir nada. Eso decepcionó a Naruto, quien esperaba el apoyo de Sarutobi.

—No quiero ni imaginar lo que Sasuke dirá cuando se entere que Itachi murió. – El hermano del rey se agachó a la altura de Itachi y cerró sus ojos, pues había muerto con estos abiertos.

Sin embargo, las palabras del duque alteraron completamente a Naruto. Miró con un terror profundo al Nidaime. No, si Sasuke se enterara sería el fin de su hermosa amistad.

—Lo sé. – contribuyó el tercer heredero. —Era la única familia que le quedaba…

—¡No! – gritó Naruto, negando con violencia. Después, sin saber nada más, corrió al bosque, lo más rápido que pudo, nadie supo a donde se dirigía sólo él.

—¡Naruto! – Sarutobi intentó seguirle, mas Nidaime lo detuvo. —Déjalo ir, necesita tiempo…

El hombre sólo dejo vagar su vista entre lo que había quedado de aquel bosque. Rogando por que Naruto no hiciera nada estúpido.

—¿Cómo se lo diremos a Sasuke-chan? – fijó contrariado Sandaime.

—Tenemos que ser suaves, no podemos decirle así como así que Itachi murió peleando contra Naruto, o peor aún, que Naruto asesinó a Itachi.

—¡¿Qué? – los dos hombres se sorprendieron de ver al joven Uchiha, con todavía ropa para dormir enfrente de ellos. Seguramente estuvo toda la noche buscando a Itachi. —¿Itachi? – observó el cuerpo de su hermano. —¡Itachi! – corrió donde él, se arrodilló y sin esperar nada analizó el cuerpo, no cabía duda, era su hermano. Las lágrimas parecieron con impacto en sus ojos. La garganta se le secó en el acto y un dolor profundo y duro de masticar se adentró en el fondo de su cuello.

La presión de su corazón le sofocó de manera inverosímil y con la certeza de que esto no era un sueño, se desmoronó.

—¡NO! – gritó sin pudor. Se abrazó al cuerpo de su hermano. Los dos nobles miraron una de las escenas más dolorosas de sus vidas. Bajaron la mirada con pésame y sin decir nada más, gotitas tibias descendieron de sus orbes.

—¿Por qué…? – susurró Sasuke. —¿Por qué?

—Sasuke… - Sarutobi intentó ayudarle a levantarse, pero éste negó con impotencia. Recibió la cálida mano de Sarutobi contra su espalda.

—Tienes que ser fuerte, Sasuke… - ahora era Nidaime el que consolaba al muchacho.

—Lo siento, Sasuke… - habló Sarutobi. —Pero hay cosas de las cuales no puedes hacer nada al respecto.

Entonces un rojo intenso apareció en los ojos de muchacho y con ira contenida encaró al duque.

—Sí las hay. – dijo. Se volteó a su hermano y depositó un beso casto en la frente de Itachi. Una lagrima solitaria recorrió su cara.

Ese día, los nubarrones se presentaron en Konoha.

Pero para Sasuke, los nubarrones significaban otra cosa. Él debía vengar a su hermano, fuera quien fuera, la sangre de Itachi no se derramaría en vano, destruiría a todo aquel que le hiciera daño, pues ahora… estaba solo.

Ese día, Sasuke corrió a su armario y sacó de entre las cosas su armadura azul, su casco y katana. Itachi no sería el único que se moriría, buscaría a Naruto y arreglaría cuentas.

Su odio le cegó completamente.

Corrió sin rumbo fijó, las lágrimas no dejaban ver el camino y la lluvia comenzaba a caer. El cielo lloraba con él, eran uno.

—¡Naruto! – gritó enfurecido. —¡Naruto! – y lo encontró, en aquella cascada donde solían ir de niños, sentado estaba, llorando desconsoladamente. —Naruto… - se mantuvo a unos pasos de él.

—Sasuke… - su mirada lastre le encaró. En esos ojos azules también había dolor.

Se levantó con lentitud quería decirle algo, pero no salía palabras de su boca.

—Al fin te encontré. – sentenció Sasuke.

—Sasuke, por favor yo…

—¡Silencio! – no quería, no quería escuchar los gemidos de un pobre diablo. En verdad, no quería que Naruto se disculpara, por que si lo hacía entonces no podría continuar.—No quiero oír escusas de un maldito como tú. – respiró. —Ve y ponte tu armadura, no pelearé con alguien desarmado.

—No, amigo, por favor escúchame…

—¡Yo no soy tu amigo! – gritó a todo pulmón. Sí, ellos ya no era amigos, los amigos no te hacen daño, nunca. El chakra del rayo se manifestó en el cuerpo de Sasuke.

—Perdóname, Sasuke… quiero que sepas que yo no…

—¡Cállate! – dio un paso y Naruto retrocedió.

—Sasuke. – su voz era lamentable.

—Si no quieres pelear… entonces morirás. – y no espero nada más el ataque mortal comenzó a apoderarse de su espalda.

—Sasuke, espera…

Pero no hizo caso, atacó con el arma llena de electricidad y ante de propinar un golpe mortal, se sorprendió al ver un chakra rojo que emergía del brazo de Naruto y le protegía como un escudo.

Sus ojos se abrieron con incredulidad…. Naruto, él era…

—Maldito monstruo. – musitó. —Pagaras lo que hiciste… - las ganas de llorar volvieron a dominar su corazón. Naruto se sorprendió al verle llorar, Sasuke era un tipo duro, nada lo hacía llorar.

—Amigo…

—¿Por qué, Naruto? ¿Por qué lo hiciste? – musitó. —Itachi te quería mucho…

Eso desencadenó la culpa en el rubio.

—Yo… -pero no pudo terminar de hablar, pues Sasuke arremetió con salvajismo contra él, Naruto cayó hacia el lago, no se defendió, no quería pelear.

Sasuke lo vio caer desde arriba, así como lo vio hundirse poco a poco.

Sintió arrepentimiento, pero de pronto, el agua se alzó como si fuera un geiser y de entre las aguas emergió un feroz demonio rojo. Sasuke lo comprendió, Itachi había perdido contra ese esperpento. De cuatro colas, el diablo rugía con agresividad, de un salto se había posado en la cima de la cascada.

—Hmp. – apretó la espada. —Te mataré a ti y al demonio que escondes en tu interior. Dejó de llover y el enigmático crepúsculo cayó sobre ellos.

—Adiós… amigo mío. – musitó Sasuke y sin esperar más dejó que sus pies llenos de ira arremetieran contra Naruto.

Este sería el embate final, arremetería justo en su corazón.

Eso creyó… oh, iluso.

Un destello, no supieron exactamente cuando, detuvo el tiempo entre ellos, y entonces sus ojos se encontraron fijos a la figura de un hombre especial.

—Su majestad. – musitó Sasuke.

El rey hizo a un velocidad inimaginable sello con las manos y sacando de entre sus mangas dos cajas se interpuso en el camino de los jóvenes.

—¡Sellar! – gritó.

Pasó muy rápido. Ni siquiera se dieron cuenta de lo que pasó en realidad.

Una fuerza extraña los arrastró al interior de esa caja y sin entender del todo, Sasuke se encontró en la penumbra más terrible de todas. No supo nada de Naruto, tampoco del rey. Sólo alcanzó a escuchar un poema antes de caer en un profundo sueño.

Naruto también lo escuchó, poco a poco volvía a la normalidad dentro de la oscuridad. Un sueño devastador de apoderó de él y entonces escuchó: De noche, la bestia sonríe y el guerrero revive… de día, ambos duermen en el corazón de su humanidad. La libertad se les concederá a los malditos, cuando la sangre que los aprisionó calme la ira inaudita del sol y la luna. Tú, falso, obedecerás mis palabras o sin vida quedaras, hasta que comprendas el valor de la amistad y el amor, de entre mis manos saldrás.

Sakura recorrió la cabeza hacía atrás, sus lagrimas melancólicas recorrían sin ningún tipo de tapujo hasta llegar al suelo húmedo de se bosque. Apartando poco a poco la mano del pecho de Naruto, convertido aún, se dio cuenta lo que había visto no era mentira, simplemente eran visiones de los recuerdos de Naruto transportados por el chakra del zorro.

Cubrió su rostro, incrédula y se sentó en la orilla de aquel lago. Escuchó el agua moverse y cuando descubrió su rostro encontró a Naruto dentro del agua, aun en su forma bestial, sintió lastimar por él. La miseria le llenó el corazón y su latir era un reloj que le indicaba que perdía el tiempo en lamentarse por cosas así.

Ahora comprendía claramente lo que pasaba, por eso Sasuke odiaba a Naruto, por eso estaban ahí, ellos habían sido victimas del destino. Un destino que les arrebató todo de sus manos…

—Naruto. – le llamó. El sol emergió de entre aquel manto rojo y con ello, una corriente de aire cálido con vapor rodeó a Naruto, transformándolo en un humano. Tal y como en el relato, Naruto seguía posando con su mirada compungida.

Intentó avanzar donde él, pero éste la miró por encima del hombro con ojos inquisidores.

—Por favor, no llores más. – dijo seriamente. —Comprendí hace mucho tiempo que lo que pasó no tiene sentido recordar y ya no debe atormentarme. – le dio la espalda. —Estaré feliz cuando Sasuke sepa la verdad.

Sakura asintió.

—Ve a casa, Sakura-chan y cuídate en el camino. – se zambulló en el agua y nadó hasta llegar al otro lado de la cascada. Entro detrás del chorro de agua y Sakura ya no lo vio más.

Se abrazó a si misma y continuó su camino. Estaba cansada y deseaba una ducha, ahora más que nunca quería hablar con Sasuke.

En silenció cruzó por el bosque, nada la detuvo hasta que llegó a su casa. La puerta blanca de su casa le recibió y estiró la mano para tocarla. Abrió la puerta con cuidado y antes de entrar una mano ajena cerró la puerta con fuerza, sorprendiéndole al mismo tiempo.

—Tía Tsunade…


Los pasos silenciosos de una entidad se acercaban a una cama ostentosa que se encontraba escondida en las profundidades de un cuarto.

Eran pasos pausados, no había mucha continuidad, como si la persona que caminaba estuviera herida de una pierna, pues la falta de constancia de aquellos pasos era la prueba.

Llegó al borde de la cama, no se movió más, de soslayo apreció el lugar, ese lugar era hermoso, una cama grande, un armario negro de madera de arce, un tocador y una mesa de noche, la pieza no era muy grande, pero tampoco era pequeña, simplemente era acogedora.

—Estoy seguro que no viniste sólo para apreciar mi habitación. – dijo una persona, estaba acostada en la cama, sentado contra el respaldo del colchón, tenía sus parpados cerrados pero estaba despierto. La respiración de los presentes se hizo tranquila, no habría violencia, eso estaba más que seguro.

—Es cierto… - era una mujer. —No vine sólo a ver tu habitación.

—Dime… - la otra persona era un hombre. —¿Son realmente ellos?

—Me temo que sí.

—¿Temes? – pareció reír. —¿A que le temes?

—Son muy fuertes… Nagato. No podrás vencerles…

—No seas tan inocente, Konan. – sonrió y sus ojos se abrieron mostrando la mirada de un asesino. Aquellos ojos extraños que pertenecían al mismísimo demonio. —Yo no soy un debilucho, lo sabes…

—Aun así, tienes que pensar en tu salud, Nagato.

—Seguro, pero mi salud física no es impedimento. – chasqueó los dejos y entonces el armario se abrió, una identidad envestida de negro dio dos pasos hacia afuera. —Amigo mío… - dijo con voz pastosa. —Quiero la cabeza del samurái, así como el poseído vivo e inconsciente.

—Nagato…

—No, Konan, no esperaré más. – miró a la mujer con cierta impaciencia. —Konan, tú conoces más a estos tipos que yo, cuando sea el momento indicado, ve por ellos. Mis sombras serán tu ejército.

—Comprendo, pero no ahora, Nagato. Tienes que descansar…

—De acuerdo, no ahora… pero pronto. – y cerrando los ojos volvió a dormir tan plácidamente como un bebé.


El embiste de los ojos de Tsunade contra los de Sakura era un juego épico de fuego contra agua. Sakura no tenía nada que decir, sin embargo, en la garganta de Tsunade se alzaban las olas de preguntas como en una tormenta perfecta.

Sakura tragó saliva, su tía solamente la visitaba por dos razones: O estaba muy de buenas, o estaba muy de malas, si atinaba el estado de ánimo de su tía, podría salir bien librada de aquella batalla de miradas.

—Estoy desconcertada, Sakura. – habló la mujer, a lo que ella prestó totales oídos. —Tengo meses que no te veo, no fuiste a visitarme en mi cumpleaños, y ahora te encuentro afuera de tu casa, con una cara llena de espanto y ojeras. – quitó la mano de la puerta y le tomó la barbillas. —¿Dónde habías estado? – la pregunta fue menos fuerte, simplemente era un susurro.

—Tía… - vocalizó.

—¿Qué sucede, Sakura? – Tsunade se sorprendió. —¿Por qué lloras?

—¡Tía! – se abrazó de ella. Tantos sentimientos encontrados, tantas cosas que no comprendía, esos sucesos daban vueltas en su mente. Estaba triste. Todo por que el pasado era tan cruel que le había dejado un mal sabor de boca.

Entonces la puerta de la casa se abrió, y la madre de Sakura presenció aquella escena con una total preocupación inminente.

—¡Sakura! – se abalanzó contra la chica, abrazándola con cariño y susto. Ella había desaparecido toda la noche y eso la había preocupado sobremanera.


Firmemente, sobre el tejado de la casa de Kakashi, descansaba el guerrero de ojos negros. Sasuke apreciaba de manera impaciente las nubes. Su mente vagaba sin un rumbo fijo entre las nubes de aquel manto azul. Tenía la certeza de que sus pesares se habían vuelto más pesados y huecos. Sentimientos encontrados y llenos de miseria. Por que desde que Kakashi le mostró la verdad no tuvo el valor de estar un instante parado enfrente de él. Corrió hacía el patio de la casa, dejando atrás aquella enorme biblioteca y sin previo aviso, saltó sobre el techo, para estar ahí toda la noche y el día.

Mientras las estrellas permanecieron en el cielo, lloró amargamente, recordando aquellas desventuras de antaño, cuando era un hombre feliz. Un hombre completo. Con amigos que lo querían, un hermano ejemplar y un futuro prometedor.

Pero ahora… estaba atrapado en un mundo muy lejano al suyo sus sentimientos y pensamientos. No cabía en si mismo, sus emociones estaban tan encontradas, su mente le cansaba y le hacía regresar al pasado, cuando era libre, cuando todo sonreía.

Siempre había pensado en que su futuro radicaba en entrenar, convivir con su amigo, con su hermano, conocer tierras y aprender nuevas técnicas. Y ya, cuando la vida le otorgara todo por lo que había luchado, conocería a una buena mujer, que le apoyara y fuera dulce y amorosa, se casarían, tendrían muchos hijos, para que cuando fuera viejo, se llenara de orgullo al ver el camino que había trazado.

Pero no…

Nada de eso pasó… nunca pasaría. Por que ahora estaba atrapado en un mundo, cuyo pasado permanecía en su mente y cuyo futuro era tan crudo y tan irreal que no creyó ser capaz de resistirlo.

Oh, Naruto, siempre fue su mejor amigo, eran inseparables, pero ahora…

La historia nos cuenta, Sasuke, que el verdadero culpable de lo que les sucedió a Naruto y a ti, fue Uchiha Madara. Él fue el verdadero asesino en esta historia, Naruto sólo fue usado…

Las palabras de Kakashi no podían ser más crudas. No podían estar más acertadas.

¡Maldita sea! Justo cuando pensó que todo era una caricatura de su pasado, una sátira que se burlaba de su vida… Este desgraciado tenía que llegar y decirle la verdad. ¿Qué si cómo se sentía? No pregunten, seguramente ustedes estarían tan confundidos que no sabrían decirlos con coherencia.

—¡Maldita sea! – gritó con todas sus fuerzas una vez más. Se levantó de donde estaba y sin previo aviso, se lanzó tejaba abajo, cayendo sobre sus piernas y depositando su equilibrio en la tierra.

Dios dos pasos…

—¿A dónde vas? – Kakashi estaba recargado en el marco de la puerta, se abanicaba con un trozo de cartón, mientras que su perrito, Pakkun, babeaba de calor.

—Tengo algo que hacer… - camino a paso tranquilo hasta atravesar la puerta.

—Oi, Kakashi… - el perrito habló. —¿Crees que sea buena idea dejarlo ir en tal estado de confusión?

—No lo sé… - musitó.


Cuando llegó a la cascada, sus ojos no pudieron evitar sentir el escozor de las lágrimas. Tan cristalina, tan llena de recuerdos. Con sus ojos cerrados entró al agua helada… no sintió nada salvo su corazón que latía muy rápido. Sin muchos miramientos se adentró en el agua con decisión. El agua le llegaba hasta la cintura, tenía todavía que llegar más hondo.

Cuando el agua le llegó hasta el pecho, dejó que su cuerpo perdiera todo equilibrio, así fue, que el agua le recibió con cuidado. Flotó en el agua fría, sitiando cómo el agua limpiaba su cuerpo de sus pecados… si tuviera la oportunidad de regresar al tiempo hubiera escuchado a Naruto y no habría dejado que sus sentimientos se volvieran tan salvajes, de manera que intentara darle muerte bajo cualquiera circunstancia.

—Perdóname, Naruto… - dijo al aire, con simpleza.

—No… - la respuesta lo obligó a enderezarse inmediatamente.

Naruto estaba al otro lado del flujo de la cascada, estaba viéndolo con tranquilidad. Podía ver perfectamente su cara, había gotas de agua salada en ella.

—Naruto…- musitó, sobreexcitado.

—Tú no debes pedir perdón, Sasuke… - se acercó a él, entrando en el agua fría por igual, quedando frente a frente. —Yo soy quien debe pedirte disculpas. – y con fuerza descendió la cabeza en una reverencia. —Por favor… ¡Perdóname! – gritó.

Sasuke sonrió. Este muchacho, quien veía frente a él, era el autentico Naruto que alguna vez conoció.

—Fui un tonto, Naruto… - el rubio levantó lentamente la cabeza para encararlo. Sasuke lloraba, pero en su rostro tenía una sonrisa, una linda sonrisa. —Deje que la ira me controlara y por ello… casi perdí a mi hermanito menor… - sin esperar más estiró los brazos y tomó de los hombros a Naruto. —Discúlpame, Naruto…

—Hermano mío… no hay nada que perdonar.

Continuara…

Ahora diran, todo estará bien, pero... No, muchachos y muchachas, las cosas cambían, el tiempo es un tramposo maestro...

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.