El trío se pasó la semana disfrutando de su nueva unión como familia. Emma y Regina apenas podían contener la necesidad de tener las manos encima de la otra. De hecho, el único momento en qué lo hacían era cuando estaban con Henry, quién amaba el hecho de que su madre se hubiera transformado en una nueva persona de un día para otro, además que así también podía pasar más tiempo con Emma.
Finalmente, el fin de semana se acabó, y los tres volvieron a retomar sus rutinas en Storybrooke. Emma como Sheriff. Regina como Alcaldesa. Y Henry como alumno.
El jueves de la semana anterior, Emma había ido a Granny's para pedir su habitual café. Se sentó en uno de los taburetes de la barra y esperó a que Ruby empezara a hacer el café.
Mary Margaret entró al restaurante para pedir también su café, pero se dio la vuelta y salió corriendo cuando vio a Emma.
''¿Y eso qué quiere decir?'' preguntó Ruby desde detrás de la barra.
''Mary Margaret está enfadada porque he olvidado llamarla esta semana y avisarla de que no iba a ir a casa. Y tampoco le he contestado cuando me ha llamado…veintidós veces.
''¿Dónde estabas tú?'' preguntó Ruby lo suficientemente inocente, pero ambas sabían que Emma era el principal foco de cotilleo en la ciudad y nada pasaba sin que ella no se enterase de ello.
''Oh por favor Ruby, tú ya sabes dónde estaba yo.'' Sonrió Emma con malicia, reconociendo que mientras su virginal compañera de piso no entendía su relación con Regina, Ruby sí lo hacía.
''Así que dime, ¿cómo es vivir con la Reina Malvada?'' los ojos de Ruby se encendieron con malicia.
''En realidad es perfecto, y deja de lado todo eso de que es la Reina Malvada.'' Emma sabía que Ruby sólo estaba bromeando, pero también sabía que por comentarios como estos Regina salía herida.
''Sólo estaba bromeando contigo. De todas formas, ¡quiero detalles! ¿Cómo es el sexo?''
''De verdad que tú sí que sabes ir directa al grano, ¿no Rubes?''
''Venga va, Regina tiene un cuerpo de escándalo. Y sé que tu no lo estás desaprovechando.'' Emma le sacudió la cabeza a la camarera, que se había convertido en buena amiga suya.
''Mis labios están sellados.''
''¡Oh venga va!''
''Nops.'' Emma cogió el vaso de café que Ruby le había puesto mientras estaban hablando y se dirigió a la puerta. Se despidió de la morena, que ahora se reía, por encima del hombro antes de irse.
Volviendo a la estación del Sheriff, Emma repasó en su cabeza la conversación que había tenido con Ruby. No, definitivamente no había estado desaprovechando el ''cuerpo de escándalo'' de Regina. Rememoró la pasada semana cuando había estado adorando el cuerpo de Regina…
Emma se encontraba mejorando un truco con el bolígrafo con los pies apoyados en la mesa cuando escuchó la vibración del móvil. Se inclinó sobre la mesa, dejó el bolígrafo en la mesa para tener la mano libre y cogió el teléfono. Justamente era un mensaje de texto de Regina.
¿Cómo va el día?
Emma sonrió. Era un simple mensaje, pero demostraba que Regina se preocupaba. Y para Emma Swan, tener a alguien que se preocupara era algo muy grande.
Podría ser mejor. Echo de menos a cierta alcaldesa en él.
En la oficina, Regina sonrió ante el mensaje que había recibido. De alguna manera, Emma parecía completar cada espacio y rincón que Regina buscaba en una relación. Cuando se trataba de establecer relaciones, aparte de abrirse y soltarse lo suficiente para tenerlas, se acababa aburriendo.
A lo largo de los años se había interesado en uno o dos pretendientes, pero la acababan mimando a ella y a su sordera. Pensaban que porque ella no pudiera escuchar, tampoco podía tener nada de personalidad.
Así que remediaban esto dándole todo lo que ellos pensaban que ella pudiera querer y siempre de la manera en qué pensaban que ella lo quería. Era exasperante.
Emma Swan, por otra parte, no tenía miedo de jugar con la alcaldesa. Con sólo un mensaje de texto, la rubia había empezado la guerra, una que Regina esperaba con ansias. Y así, empezó la traca de mensajes de textos.
Regina: Quizás si me hubieras escuchado esta mañana te hubieras quedado en la cama durante quince minutos más y ahora mismo no estarías tan necesitada.
Emma: ¿De verdad crees que sólo nos hubiera llevado quince minutos? Madre mía, tu aguante ya está decayendo.
Regina entrecerró los ojos y sacudió la cabeza asombrada. Esta mujer.
Regina: Yo no discutiría el aguante si fuera tú el pasado lunes por la noche.
Emma: Seis veces Regina. Seis. Hay una diferencia entre el aguante y la locura.
Regina: Entonces supongo que tendré que buscarme a alguien que no pueda contarme esa diferencia.
Emma: Oh cariño, que mono.
Regina: No me llames cariño. ¿Qué es mono?
Emma: ¡Para de fingir que no te gusta cuando te llamo cariño! Y es mono el hecho de que creas que hay alguien mejor que yo ahí fuera.
Regina: Y que también sea humilde.
Emma: No te olvides de que sea guapa.
Regina: Repito, y que sea humilde.
Emma: Te gusta.
Regina: ¿Quieres saber lo que de verdad me gusta?
Los ojos de Emma se abrieron de par en par y dejó de estar en la posición casual en la cual se encontraba. Miró alrededor suyo, sin ningún motivo ya que era la única que estaba en el turno, y tecleó la respuesta muy rápidamente, ansiosa de recibir el mensaje de respuesta.
Emma: Cuéntame.
Regina: Que hicieras el trabajo que esta ciudad está pagándote.
Regina se rió suavemente mientras enviaba el mensaje sabiendo lo enfadada que se iba a poner Emma. Aunque no consiguió despistarse del hecho de que ese punto entre las piernas estaba empezando a calentarse ligeramente.
Emma leyó el texto y dejó caer la cabeza en su escritorio. Estaba enamorada de una mujer muy, muy cruel. No iba a ser capaz de conseguir acabar ese día sin que Regina la tentara. Cogió su abrigo y escribió otro mensaje para Regina mientras estaba a mitad de las escaleras de la estación.
Emma: ¿No está dentro de mi contrato complacer a la alcaldesa?
La mandíbula de Regina se abrió ligeramente. Pensó en lo que podía decir de vuelta. Tenía que mantener la calma, como si estuviera en control, ya que su necesidad estaba creciendo con cada mensaje que Emma le enviaba.
Regina: Sí. Y lo que puedes hacer para complacerme, Emma, es rellenar los formularios que te he mandado.
Regina se paró. ¿Acaso le había enviado a Emma esos formularios? No tenía ni idea pero tenía que mantener el enfoque con tal de evitar mandarle otro mensaje a Emma diciéndole que se encontraran en su casa en veinte minutos para una ''reunión'' de media mañana.
Emma: ¿Sabes lo que creo que te complacería más? Que te besara bajando por tu cuello y acariciara tu clavícula con mis labios, justo antes de morder. Fuerte.
Regina se mordió el labio y se pasó las manos por el pelo. ¿En qué lío me he metido?
Regina: Emma…Estamos trabajando.
Emma: Exacto. Así que cuando abriera tu camisa y te empujara hacia atrás buscando una superficie en la cual apoyarte, me encontraría con tu escritorio.
Regina tragó saliva ruidosamente y apretó sus muslos fuertemente. Esta mujer tenía una forma muy eficaz de calentarla en cuestión de segundos. Y para qué mentir, estaba muy cachonda. El ardor de entre sus piernas se estaba volviendo inaguantable. Emma la había puesto en una posición dónde no había vuelta atrás. No tenía ninguna elección.
Regina: Eres de lo que no hay. Reúnete conmigo en mi casa en veinte minutos.
Regina cogió su chaqueta, su teléfono, su bolso y empezó a caminar hacia la puerta. Tenía una mano en el pomo cuando su teléfono vibró de nuevo.
Emma: No hace falta.
Regina frunció el cejo. Emma había estado completamente pidiéndolo ¿o no? Debería de estar igual de acalorada que Regina.
Emma, en efecto, estaba igual de acalorada que Regina. Sus mensajes de camino a la oficina de la alcaldesa habían inspirado una serie de escenarios que corrían por su cabeza.
Se había quedado indefensa cuando Regina le había enviado que se reuniera con ella en la mansión, no es que no estuviera orgullosa de ella misma por evocar esa respuesta, sino que estaba asustada de que no se encontrara con la mujer al salir.
Corriendo hasta el último tramo del camino, se paró directamente fuera de la puerta de la oficina de Regina mientras enviaba el mensaje más reciente. Podía ver la sombra de Regina al lado de la puerta y se reclinó en el marco de la puerta esperando a que la abriera.
Regina, aún confundida por el mensaje y lo suficientemente confiada en su habilidad de persuadir a Emma a que la acompañara a casa, abrió la puerta. Dónde se encontró cara a cara con la misma mujer en la que había estado pensado.
Los ojos de Regina se dilataron inmediatamente y aparecieron mariposas en su estómago. Emma aprovechó el momento para mirar de arriba a abajo a su novia, quién estaba vestida con uno de los combos de camisa y falda más sexys que había visto en su vida, justo antes de pasar por la puerta, entrelazando sus dedos en el pelo de Regina y besándola apasionadamente.
Los besos de Emma eran mordaces sobre los labios de Regina, y más ardientes en cuánto fue a por su cuello. Emma se mantenía consistente con lo que había dicho anteriormente y mordió el cuello de Regina una vez la morena empezó a agarrarse fuertemente a su espalda. Se adentraron más en el despacho hasta que las piernas de Regina golpearon su escritorio.
Su estómago dio un vuelco al darse cuenta de que Emma estaba actuando tal y cómo había descrito en los mensajes. Agarró el borde de la camiseta de la rubia y la sacó por su cabeza, su boca quedándose seca cuando vio que sólo llevaba un sujetador de encaje rojo.
Emma no le dio mucho tiempo para que lo apreciara ya que la cogió por la parte de atrás de los muslos, haciendo que ésta se sentara en el escritorio. Mientras subía a Regina al escritorio, Emma consiguió subir la falda hasta su cintura, dejándola con unas vistas increíbles.
Normalmente, Emma besaba cada rincón del cuerpo de Regina antes de dejar que su mano vagara entre las tonificadas piernas de Regina, pero la forma en qué Regina estaba clavándole las uñas en su hombro le decía que Regina lo necesitaba desesperadamente. Se apartó del cuello de Regina de forma reluctante y se arrodilló en el suelo.
Cierta humedad empezó a emanar de entre las piernas de Regina cuando vio que Emma bajaba hasta su centro. Regina sintió la lengua de Emma por su clítoris y apretó las piernas fuertemente contra las orejas de Emma, cruzando las piernas por detrás de su cabeza. La espalda de Regina se curvó y sus manos buscaron frenéticamente algo en lo qué agarrarse mientras la rubia degustaba su centro como si fuera la cosa más deliciosa del mundo.
Con el acompañamiento de los dedos de la rubia, sólo le tomó unas cuantas embestidas bien hechas para que el cuerpo de Regina se tensara y se destensara completamente, removiéndose con espasmos de tanto en tanto mientras volvía de la oleada de placer. Emma retiró los dedos lentamente, y se puso de pié.
Regina aún estaba sentada en el escritorio, con la cabeza reclinada hacia atrás y con los ojos cerrados. Emma la miró, adorando lo preciosa que estaba y el estado de paz en el cual se encontraba. Cuando Regina bajó la cabeza lentamente para mirar a Emma, abrió los ojos.
La rubia había asumido que los ojos de Regina mostrarían serenidad, o incluso adoración. Pero oh qué equivocada que estaba. Cuando Regina abrió sus oscuros ojos lo único que vio Emma en ellos fue deseo.
Regina se levantó del escritorio y lentamente empujó a Emma hacia atrás con una mano en su pecho hasta que ésta cayó en la silla que había en la esquina del despacho de Regina. Contempló la posición en qué se encontraba Emma e improvisando, se sentó a horcajadas encima de ella.
Las manos de Emma inmediatamente encontraron lugar en la pequeña espalda de Regina. Regina la besó lentamente mientras sus manos se entretenían quitándole el sujetador rojo. Paseó sus dedos por los pechos de Emma hasta que los pezones se endurecieron contra las palmas de su mano.
Un profundo gemido escapó de los labios de Emma cuando Regina acarició con las uñas su estómago y empezó a desabrochar sus pantalones, bajando la cremallera con mucha lentitud. Regina se acomodó en el regazo de Emma para que su mano tuviera suficiente espacio para meterse entre sus pantalones. Emma jadeó cuando sintió sus dedos deslizándose y proporcionándole esa necesitada presión contra su pulsante centro.
Cuando sintió a Regina introducirse en ella, la espalda de Emma se arqueó separándose del asiento y tuvo que mantener sus manos firmemente en la espalda de Regina para estabilizarse. Emma no estaba segura de cómo la morena podía hacerlo considerando el poco espacio que proporcionaban los pantalones que aún llevaba puestos, pero cada embestida le estaba acercando al borde.
Una vez Regina se inclinó sobre la oreja de Emma, con la respiración golpeando contra su contorno, y susurró ''Emma'' todo se acabó. Las paredes de Emma se contrajeron contra los dedos de Regina y tuvo que apretar sus brazos alrededor de Regina para no dejar caer a la mujer.
Regina le dio a Emma unos minutos para que se recuperara del orgasmo, acurrucándose contra el cuello de Emma, mientras aún seguía a horcajadas y encima de ella. Emma la apartó gentilmente para hacer contacto visual con ella y hizo señas con las manos.
'¿No pensabas que de verdad tendrías sexo en tu escritorio, eh?'
Regina sonrió de lado mientras peinaba el desaliñado pelo de Emma.
'He aprendido a dejar de hacer asunciones sobre mi vida'
'¿Y eso por qué?'
'Porque pensé que estaría sola durante el resto de mi vida, y después te conocí a ti.'
