Hola! *^*
En un principio pensaba dividir el contenido de este capi en dos pero después me pareció un poco cruel y aparte pues… bueno, aprecio mi integridad física. XD
Ha salido algo más largo de lo normal pero no creo que nadie se queje. ¿No me diréis que no os mimo, eh?
Para liziprincsama: ¡Tú sí que tienes ojo, así que cállate la boquita! (guiño, guiño) XD ¿Tan previsible es que va a haber problemas porque Jarvis se le ponga repelente a Tony? Quién lo diría… -risita- ¡Gracias por el review, hermosa! ¡y no des más gritos histéricos, mujer, que entramos en faena!
Capítulo 11º: "Trabajo de campo"
Tony se conocía bien cuando se trataba de sexo. Sabía que era algo que se le daba bien y que Jarvis era consciente de eso también, así que no había una explicación lógica a toda aquella impaciencia, toda aquella expectación que parecían querer comérselo entero. Ninguno de los dos necesitó comentarlo porque ambos sabían que a Tony le gustaba y lo estaba disfrutando, y con eso era suficiente. Rodaron sobre la enorme cama hasta casi caer por uno de los extremos, Jarvis encima de Tony. Le sonrió desde allí y el moreno gruñó con voz ronca cuando inclinó la cabeza hacia él y lo besó con hambre. Jarvis estaba demostrando ser inquieto y demandante, y Tony no podía hacer otra cosa que pegarse a él, ofrecerlo todo y obtenerlo todo. Se estiró para besar hambrientamente el elegante cuello del rubio, moviendo su cintura contra su estómago cuando Jarvis empujó suavemente sus piernas para hacerse sitio entre sus muslos. Tony no tardó en comenzar a acalorarse entre el tibio cuerpo del rubio y los besos expertos. En un respiro entre beso y beso el rubio tuvo que aflojarse el nudo de la corbata al notar súbitamente que el cuello le apretaba para respirar y un calor insistente luchaba por expandirse por su pecho. Aprovechando su distracción, Tony tocó intencionadamente la bragueta de Jarvis, sorprendiéndose al no encontrar una dureza donde se supone que debería haberla. Sin apartar la mano miró al rubio con evidente confusión, súbitamente inseguro.
—¿No…, no te gusta? —preguntó tragando saliva—. Lo siento, yo…
Jarvis más que molesto pareció triste al mirarle.
—No se trata de ti, Tony —explicó pacientemente con un suspiro resignado—. La verdad es que… en realidad aún no puedo…
Tony comprendió enseguida a lo que se refería.
—¿Pero puedes…? ¿Tú puedes… sentir algo? —preguntó apoyando las manos en las piernas de Jarvis, muy cerca de la zona a la que claramente se estaban refiriendo. Jarvis asintió mostrándose dubitativo por primera vez. No quería que Tony se dejase condicionar por las restricciones que su cuerpo todavía presentaba.
—No como tú —admitió—. Siento la presión, puedo experimentar placer erótico por el contacto pero todavía no puedo experimentar ninguna excitación física por ello.
Tony asintió y subió las manos por sus muslos lentamente, sintiendo el calor del cuerpo del rubio a través de la tela de sus pantalones.
—Esto no es justo —dijo por fin después de un silencio con evidente decepción.
—Tony…
—No, Jarvis. Si tú no puedes no quiero hacerlo. Además, ¿y si pasa otra vez lo de la Torre Stark y te da una sobrecarga? ¿Y si ahora es peor que la otra vez y no puedo reanimarte? Quiero decir, ¡reactivar el sistema, joder! ¿Y si se te quedan fritos los circuitos del calentón?
—Eso ya no va a volver a pasar, de lo contrario sabes que no te habría pedido hacer esto.
—¡No, no! ¡Tendrías que haberme avisado primero! ¡Algo como esto se avisa, joder! ¡Mírame ahora! —insistió totalmente crispado señalando su abultada entrepierna—. ¡No voy a-! ¡No voy a dejar que hagas como que "me echas una manita", que me estás haciendo un favor con…! ¡Dios! ¡No quiero que me lo ofrezcas como un obsequio o como si fuera un regalo!
—Tony —Jarvis interrumpió su histerismo—. Tienes que dejarme, necesito verte para aprender. Puede que yo todavía no sea capaz sentir excitación sexual como tú pero te garantizo que puedo sentir otras cosas. No todo está en el sexo, Tony.
—Oh, yo no estoy nada de acuerdo con eso.
Intercambiaron una mirada desafiante y Jarvis comenzó a intentar retomar la tarea de desvestir a Tony mientras este no paraba de quejarse y alejar sus manos insistentemente hasta casi hacerle perder la paciencia.
—Si no te estás quieto ahora mismo voy a tener que atarte —ronroneó provocadoramente, convencido de que aquello tendría que surtir efecto. Su satisfacción no pudo ser mayor cuando Tony se quedó inmóvil instantáneamente y le miró con los ojos muy abiertos.
—No serías capaz.
—¿Hacemos la prueba?
Tony frunció el ceño soltando un suspiro y levantó las palmas de las manos con resignación. El rubio empezó a desprenderle de la chaqueta de aquel fantástico traje gris marengo que tanto le favorecía. O quizás es que a ojos de Jarvis era imposible que nada de lo que Tony se pusiera le sentase mal al margen del buen gusto que demostraba tener con su vestuario. El moreno se incorporó sobre sus codos para quitarse la chaqueta en un solo movimiento, dejándola caer quién sabía dónde. Seguía sin estar del todo conforme, pero se quedó en silencio mientras los finos dedos de Jarvis le aflojaron el nudo de la corbata hasta deshacerlo y se afanaron en quitarle la camisa con una destreza que nace de la determinación, desabrochándole los botones uno a uno, lento, metódico y concienzudo. Cuando llegó al final de la fila volvió a subir las manos a sus hombros para bajar la tela haciéndola resbalar por su espalda con una caricia y le besó en la frente como recompensa. Tony gruñó, perdió la paciencia y se quitó la camisa él mismo y lanzándola lejos, dejándola olvidada a los pies de la cama.
—Vas demasiado despacio —dijo contra su oído.
—No seas impaciente, eres el primero a quien desvisto —le regañó Jarvis apenas sin aliento.
Recorrió con los ojos el cuerpo del hombre que yacía tumbado debajo de él y la vista que encontró le arrebató el aliento. La piel de Tony había adquirido un cálido tono broníceo a consecuencia de la luz dorada de la lámpara de la mesilla de noche, un profundo sonrojo a causa del calor excesivo había invadido sus mejillas y su pelo castaño ahora parecía casi negro a causa de las perlas de sudor, revuelto y encrespado en un contraste imposiblemente perfecto contra las blanca sábanas de algodón egipcio. El Reactor en Arco brillaba suavemente en su pecho elevándose y volviendo a descender al ritmo de una respiración profunda y abrasadora. Tony era atractivo y estaba bien dotado, cualquiera sería afortunado de tener la oportunidad de estar con él. Entonces, Jarvis fue súbita consciente de que él era ese alguien. Pasándose la lengua por los labios se emocionó al pensar que el inventor le había elegido. Tony era suyo para tomarle, para abrazarle, besarle profunda y apasionadamente. Y lo más importante de todo, suyo para quererle abiertamente, sin reservas. Ante la pausa que Jarvis se tomó para memorizar aquella imagen y guardarla como un tesoro en su base de datos, una de las manos de Tony ascendió por su cintura siguiendo la suave ondulación de sus costillas hasta descansar sobre el corazón biomecánico que podía sentir latiendo algo más deprisa al otro lado de la camisa del rubio. Aquellos increíbles ojos color chocolate capturaron los suyos entonces.
—¿Y ahora qué vas a hacer? —preguntó Tony con una sonrisa arrogante y un ligero jadeo.
Jarvis tomó la mano del inventor que estaba sobre su pecho en la suya, llevándosela a la boca para besar cuidadosamente cada uno de sus nudillos y mirarle de nuevo. Comprobó que las pupilas de Tony se habían dilatado un poco más y percibió que sus pulsaciones habían aumentado un tres por ciento. Rió entre dientes.
—Todo lo que quieras, Tony. Estoy más que dispuesto a hacer todo lo que quieras.
El sonrojo que había conquistado las mejillas de Tony se intensificó hasta cobrar un maravilloso tono rosáceo.
—Me encantaría que hicieras todo lo que quieras —admitió quedamente desviando los ojos un momento. La sonrisa de Jarvis se amplió más. Se encontró incapaz de apartar la mirada de los rosados labios de Tony cuando se pasó la lengua por ellos con nerviosismo. Se cernió sobre él y le besó, atrayendo el cuerpo de Tony hasta una total cercanía.
—¿Estás seguro? —susurró con voz ronca. Los ojos de Tony volvieron a clavarse en los del rubio y Jarvis sintió que una oleada de calor le hacía tensarse al comprobar cómo las pupilas del moreno habían invadido casi la totalidad de sus iris con deseo.
—Muy seguro.
—Entonces, permíteme.
—Oh, sí —musitó el inventor, jadeante.
Dejando su cabeza caer en el hombro de Tony, Jarvis lamió el brillo de sudor que transpiraba de su piel. Respiró profundamente contra su cuello, trazando con los dedos runas en su piel como un bálsamo de promesas. Recorrió con las manos el ejercitado pecho, sintiendo el corazón que latía a un ritmo fuerte e irregular. Nunca la imperfección le había parecido tan hermosa. Besó el firme vientre, se detuvo en el vórtice de sus costillas, las delineó una a una con los labios hasta llegar a un pezón color marrón y lo tomó entre sus dientes desatando en el moreno un latigazo de calor que brotó desde sus mismísimas entrañas, retorciéndolo suavemente hasta obtener un delicioso gemido. Las manos de Tony en su pelo rubio le arrastraron vehementemente a otro beso devastador que acabó cuando se quedaron sin aire, con ambos jadeando y sus alientos entremezclándose hasta convertirse en el único aire que valía la pena respirar. Tony volvió a mover las caderas contra él mientras le besaba ardientemente el cuello y esta vez el suave balanceo se convirtió en algo más. El gesto atrevido del moreno era una evidencia de que era incapaz de demostrar paciencia alguna cuando estaba excitado.
—Jarvis…
Un susurro, una súplica. Tony deslizó sus manos por su espalda y su pelo mientras el rubio mordisqueaba y besaba sus labios. Jarvis podía sentir la erección de Tony caliente y palpitante contra su estómago, plenamente formada. Era evidente que llevaba así al menos un rato. El rubio sabía dónde estaba el exceso de fricción y fuerza que Tony necesitaría para alcanzar el orgasmo, tenía conocimientos teóricos y visuales de cómo lograrlo, no era algo completamente nuevo para él. Las erecciones eran, de lejos, una de las reacciones más naturales del organismo. Para jarvis era una mera cuestión de biología. Sin embargo la práctica iba a ser otra historia. Podía sentir el calor que irradiaba del hombre y sabía que a aquellas alturas quería de él algo más que los ligeros toques y caricias que hasta ahora le había ofrecido. Jarvis elevó sus labios hacia los de Tony, su lengua deslizándose dentro de la boca del inventor al mismo tiempo que una de sus manos se aventuraba hacia abajo. La deslizó por su cuello, su pecho, el Reactor en Arco, bajando sobre su estómago. Tony jadeó todavía con los labios de Jarvis devorándole cuando el trayecto de sus dedos encontró la hebilla de su pantalón, jugando con ella un par de segundos antes de abrirla. Sintió la impaciencia de Tony aumentar contra él y supo que estaba perdiendo el control.
Jarvis se separó un poco y reposicionó su cuerpo entre las piernas de Tony hasta hacer que flexionara las rodillas para tener al alcance de sus manos los pies del moreno. Del mismo modo que había hecho todo lo demás, le quitó los zapatos y los calcetines dejándolos caer descuidadamente a los pies de la cama con un sonido apagado. Sembró un reguero de besos en su estómago antes de que sus dedos regresaran a su pantalón y lo deslizasen finalmente hacia abajo junto con su ropa interior siguiendo el mismo destino que sus anteriores prendas. Cuando hubo terminado, Jarvis volvió a incorporarse hasta apoyar sus manos en cada cadera de Tony, quedándose allí, mirando el cuerpo por fin totalmente expuesto ante él y recreándose en aquella desnuda y completa extensión que le llamaba a besarla entera. Recorrió con la mirada cada parte de él, admirando largamente cada uno de los rasgos que Jarvis amaba. Sin embargo sus ojos no hacían sino volver continuamente a aquel miembro plenamente duro y dispuesto que descansaba sobre una esponjosa extensión de vello oscuro y crujiente. Prácticamente podía verlo palpitar con firmeza si se fijaba lo suficiente. Jarvis sintió sus propios labios curvarse hasta formar una sonrisa de superioridad que difícilmente consiguió hacer parecer inocente. Se sentía orgulloso por el hecho de que sólo por estimularle con caricias y unos pocos besos Tony estaba así de excitado. Sentía una extraña curiosidad. ¿Cómo sería sostenerlo entre sus manos? El peso, su forma, su textura, ¿serían como imaginaba? ¿Qué clase de sonidos haría Tony si le tocaba allí? Su corazón empezó a latir furiosamente en respuesta.
—No voy a salir corriendo, no me mires como si fuera la última vez que fueras a verme desnudo —el suave barítono del hombre ahora más ronco y grave a causa la excitación hizo que Jarvis volviera en sí. Tony le había estado mirando también. Le miraba con ardor y deseo, con una impaciencia apenas disimulada.
—Lo siento —se disculpó Jarvis con voz ronca—. Es que no esperaba tanto entusiasmo aquí abajo.
—Hmmm, me tomaré eso como un cumplido —ronroneó atrayéndole sobre él para besarle enredando su mano entre el pelo rubio. Con Jarvis devorando la piel de su cuello, Tony se arqueó como un resorte en el colchón desde el primer momento en que la mano del rubio se cerró firmemente y sin previo aviso alrededor de su espléndida erección consiguiendo hacerle jadear con sorpresa. Intentó quejarse—. ¡A-Ah...! J-jarvis… Espera… Ni siquiera te has… q-quitado la ropa.
Jarvis le miró. Los ojos de Tony estaban firmemente cerrados, intentando controlarse y resistir el impulso de gemir y jadear como una zorra en celo. El rubio sonrió para sí mismo con involuntaria malicia. Tony era un hombre muy obstinado, pero él tenía cura para eso. Un apretón en la base y un pulgar presionado firmemente sobre su glande y tenía a Tony retorciéndose sobre las sábanas jadeando y gimiendo con impúdico placer. Un par de tacos escaparon de sus labios con voz ronca. Inclinó sus caderas hacia su puño por puro reflejo al arquear la espalda pero la firme aunque determinada mano izquierda de Jarvis le mantuvo en el sitio. Sin ninguna experiencia, el rubio ensayó un par de tentativas y todos los pensamientos de Tony se desvanecieron en el instante en que la mano de Jarvis comenzó a moverse desatando una fricción insistente y adictiva.
El placer invadió la cabeza de Tony como una niebla húmeda y espesa, ocupando todo el espacio. Pasó casi un minuto completo antes de que pudiera asimilar la sensación de Jarvis masturbándole y poder formular frases coherentes de nuevo. Por todos los putos santos aquello se sentía jodidamente bien. ¿Cómo coño lo hacía para aprender tan deprisa? No supo en qué momento había cerrado los ojos sintiendo solamente la mano del rubio meciéndose a lo largo de toda su extensión. Sentía el aliento de Jarvis pegado a su cuello, y de repente supo que su mirada estaba fija en él, recreándose en los espasmos involuntarios de placer que poco a poco fue obteniendo con mayor frecuencia con cada caricia hasta prácticamente tener a Tony temblando sobre las sábanas sin aliento. La sensación de sentirse observado hizo que su lívido subiera como la espuma en cuestión de segundos. Tuvo que esforzarse en no ser escandaloso, la boca de Jarvis estaba sobre la suya ahora; besando, mordiendo, lamiéndole, su mano moviéndose firme y rápidamente. Joder si seguían así no iba a durar nada.
—J-Jarvis… es-escúchame, hazlo más… Hazlo más despacio —jadeó trabajosamente. Al moverse la fricción de la ropa del rubio contra su piel desnuda le hizo ser repentinamente consciente de que con tantas prisas Jarvis todavía estaba completamente vestido y que él iba a acabar corriéndose en una cantidad de tiempo indecorosamente corta de todas formas—. ¡A-ah, mierda…! N-ni siquiera te has… J-joder, ¡¿tienes hasta… los zapatos… puestos todavía…?!
—Quiero oírte, Tony —le oyó susurrar contra sus labios ignorando totalmente su jadeante protesta—. Quiero saber si te gusta, si quieres más. Quiero que disfrutes con esto. Mírame —aquella tremenda mirada azul capturó la suya con un magnetismo irresistible—. No voy a parar. No voy a ir más despacio. Quiero que te olvides de mí y que dejes de pensar, Tony. Olvídalo todo.
No había un sentido estrictamente erótico en sus palabras, Jarvis las dijo con sinceridad, deseando honestamente asimilar todo cuanto fuera posible de las reacciones de su cuerpo, pero la forma en que su voz formuló cada sílaba le pareció tremendamente sensual. Dejó que los gemidos que había estado conteniendo en su garganta escapasen al no tener ninguna razón por la que seguir manteniéndolos ahogados. Le salieron más altos de lo que había anticipado y Tony podría haber jurado que hicieron que la mano de Jarvis se moviese más rápido. La yema de los dedos del rubio presionó su glande de manera concienzuda, frotándolo, prácticamente volviéndole loco.
—¿Te gusta esto?
—¡Oh, por Dios! ¡Sí!
Se apoyó mejor sobre la cama arqueando la espalda, jadeando sin contenerse. Se inclinó a morder el hombro de Jarvis sorprendido por la fuerza de sus propios gemidos. Su cintura hacía tiempo que había empezado a mecerse contra Jarvis acompañando cada movimiento suyo y estaba casi temblando por la presión extra que generaba en su miembro. Una de las manos de Jarvis se enredó en el pelo de Tony, largos dedos se enterraron y tiraron de él, le empujan, la otra moviéndose arriba y abajo por toda la extensión de su erección cada vez más deprisa. Tony permitió fácilmente que Jarvis supiera exactamente lo que estaba sintiendo dejando salir uno tras otro sonidos que parecían tanto sollozos como suspiros, su aliento caliente estrellándose contra el cuello de Jarvis a cada bocanada, sintiendo la familiar sensación de calor avisándole de que no quedaba mucho para que su orgasmo terminase por desatarse.
—Jarvis, Jarvis… Ah, joder… Voy… Voy a… —las palabras le salieron en una exhalación sin poder evitar que sus propias manos se aferrasen a sus finos y atléticos hombros clavándole las uñas a través de la tela.
—Lo sé, Tony. Lo estoy esperando. Quiero verlo. Ahora, Tony.
La voz de Jarvis sonó ronca, demandante, agresiva. Cargada de una intensidad básica y visceral que fue directa a la sobreexcitada lívido de Tony. Aquello fue suficiente para transportarle a la cima de golpe y hacerle caer por el precipicio. Lucecitas de colores explotaron detrás de sus firmemente cerrados ojos cuando se arqueó hacia el cuerpo de Jarvis y el placer finalmente traspasó cada célula y erizó hasta el último vello de su piel en un orgasmo poderoso y fulminante, corriéndose con fuerza en la mano del rubio con un profundo sollozo ronco. Tony cayó prácticamente inerte en el colchón, respirando entre jadeos como si hubiera estado conteniendo el aliento todo el tiempo. Emitió un suspiro satisfecho cuando la cálida mano de Jarvis le abandonó suavemente. Cuando abrió los ojos para mirarle armado con una sonrisa ardiente y un sugerente comentario sobre la demostración de destreza que acababa de hacer el rubio en aquella primera toma de contacto se le quedó mirando con los ojos como platos al ver a Jarvis abrir la boca y cómo la punta de su lengua lamía tentativamente uno de sus dedos húmedos.
—¡Jarvis, ¿qué dem-?!
El rubio simplemente le miró con gesto pensativo, pasándose la lengua por los labios antes de sonreír provocativamente.
—¿Nunca te has preguntado qué sabor tiene? Sinceramente, Tony, no es tan malo como podrías pensar.
—Oh, joder… —Tony se limitó a dejar caer la cabeza pesadamente en la almohada intentando recuperar el aliento—. Espero que hayas tenido suficiente con eso —comentó—. Si te digo la verdad, pensaba que cuando hiciéramos algo como esto sería yo quien te enseñas-
—Todavía no he terminado —le interrumpió el rubio sentado a su lado. El moreno rió entre dientes.
—Me encantaría repetir el espectáculo pero ya no tengo veinte años, Jarvis —bromeó Tony mulléndose la almohada con gesto cansado—. Un hombre de mi edad necesita un tiempo para recuperarse de…
—Quiero estimularte la próstata.
Tony estalló en carcajadas y estuvo riéndose abiertamente unos minutos más antes de callarse de golpe y mirarle incrédulo.
—Espera, ¿lo dices en serio?
—"Lo que sea por la ciencia" —se limitó a citar textualmente Jarvis.
—No te las des de listo conmigo, rubito.
—Me es inevitable teniéndote a ti como modelo.
—Perdona pero yo soy el paradigma de la elocuencia —replicó Tony en actitud digna antes de rodar hasta estar sobre Jarvis—. Así que… ¿Cuál sería mi recompensa por dejarte hacer lo que pides, hmm~? —el rubio simplemente se quedó tumbado en la cama, tranquilo y sonriente
—Todo lo que estoy recopilando hoy es para ponerlo en práctica en mí mismo —dijo bajando la voz hasta un tono insinuante—. System requirements: need more data.
—Yo sí que te voy a dar Requisitos del Sistema, pedante engreído —ronroneó Tony.
Se cernió sobre él besándole tiernamente mientras intentaba conseguir que el rubio se desprendiera de de su chaqueta y su camisa. De estar apoyado en rodillas y manos pasó a los codos y luego se tumbó completamente sobre él. Al final Tony se separó de sus labios con una exhalación frustrada harto de tener que sentir el cuerpo del rubio a través de la tela y perdiendo la paciencia cuando Jarvis se lo impidió por tercera vez.
—Jarvis, joder, no te hagas el estrecho. Yo estoy desnudo.
—Créeme. Me he dado cuenta.
—¿Sabes? No estoy seguro de si esta faceta tan repelente tuya me está gustando. No sé si besarte o partirte la cara.
Jarvis le sonrió astutamente sin decir nada. Se arqueó sobre la cama y sonrió al mismo tiempo que se quitaba la chaqueta y la corbata desabrochándose cinco o seis botones de la camisa, recreándose en su pequeño logro personal cuando los ojos de Tony se abrieron enormemente con renovado deseo tragando saliva con esfuerzo. Cuando volvió a inclinarse hacia él ávidamente en demanda de un nuevo beso, Jarvis concentró toda su energía y habilidad en distraerle con el juego de sus labios y dejó sus manos vagar libremente por todo el cuerpo desnudo de Tony. Su pelo, su cuello, sus hombros, su espalda. Cada vez más y más abajo. Una de sus manos trazó un camino descendente y eludiendo el miembro de Tony abarcó un testículo sintiéndolo contraerse. Tony gruñó contra su boca sin apartar la mirada de aquel azul absorbente cuando los dedos del rubio llegaron al estrecho anillo de músculos que se encontraba más abajo. Entonces Jarvis sintió su cuerpo reaccionar, un sonido ronco y profundo brotó de lo más hondo de su pecho gimiendo en respuesta por puro reflejo. El hombre emitió un jadeo ronco cuando presionó el primer dedo, hundiéndolo dentro de él poco a poco, cada vez más adentro. Tony no tenía ni idea de dónde o en qué momento había sacado Jarvis el lubricante y siendo sinceros llegados a aquel punto no podía importarle menos.
—¿Nada de rodeos, eh? —jadeó con una trabajosa sonrisa.
—Conoce mis métodos, señor Stark —susurró Jarvis juguetonamente—. Así que considero esa pregunta innecesaria.
—A-Al menos…, Ah… Al menos podrías… q-quitarte la… camisa —jadeó Tony mordiéndose los labios cerrando los ojos—. Dios, no me puedo creer qu-
—Shhh…
Con enorme lentitud y un movimiento constante e inexorable Jarvis consiguió tenerlo completamente inmerso dentro de su cuerpo. Lo dejó un buen rato así, esperando obviamente a que el cuerpo de Tony aceptase aquella primera intromisión y se adaptara a su forma. Jarvis vio el gesto torcido que asomaba a los rasgos de Tony y pensó para sí mismo que debía darle más tiempo antes de empezar a moverlo o plantearse siquiera añadir un segundo dedo. Oh, pero no podía estar más equivocado.
—Vamos —dijo Tony con los dientes apretados. Era incómodo, pero no quería que Jarvis parase—. N-no me voy a… Ah, joder… A quedar así todo el día… Muévete o vas a echar raíces en mi culo.
Jarvis pareció satisfecho con su respuesta. Los labios del rubio capturaron los de Tony en un beso vehemente, distrayéndole, moviendo el dedo adelante y atrás con una lentitud casi eterna y que para enorme sorpresa del inventor no era nada desagradable. Gimió contra su boca y Jarvis le recompensó con un dedo más, el cual estaba igual de lubricado que el primero y que hundió en él con tanta facilidad que le costó creerlo. Oh, joder, es que apenas podía creerse que le estuviera dejando hacer eso. O que lo estuviera disfrutando tanto.
—C-creo que me debes una explicación de cómo… Ah, Dios… de c-cómo has aprendido todo esto.
Jarvis aceleró el ritmo, cambiando el ángulo de sus dedos y curvándolos ligeramente buscando el cúmulo de nervios que rodeaban su próstata y precipitarían al hombre por el precipicio sin remedio. Le llevó un poco, pero al final Tony se estaba arqueando en la cama con un jadeo desde lo más profundo de su garganta. Jarvis insistió más en esa zona hasta obtener un lloriqueo de placer. Lo había encontrado. Hizo una nota mental de dónde estaba y a partir de ese momento se concentró en dar con él cada vez que hundía los dedos dentro de Tony. Y cada vez que lo alcanzaba Tony hacía los sonidos más maravillosos que podía haber imaginado y lo tenían jadeando por aire a medida que las sensaciones empezaban a apoderarse de él.
—Jarvis…
Tony se mordió el labio inferior y no pudo evitar el sollozo quebrado que se le escapó cuando el rubio volvió a alcanzar aquella zona concreta mágica y diminuta añadiendo un tercer dedo y continuó aún más rápido. Estaba acalorado, jadeaba intensamente. Empujó su cuerpo hacia adelante buscando más contacto con la habilidosa mano de Jarvis sin apenas creérselo: su erección se llenaba lentamente de nuevo. Jarvis jadeó en respuesta conteniendo un gruñido mientras sus dientes mordisqueaban el lóbulo del moreno y le envestía con los dedos una y otra vez hasta que Tony estaba retorciéndose encima de él cada vez que alcanzaba aquella zona tan tremendamente sensible, siempre moviéndose, cambiando el ángulo, su lengua lamiendo cadenciosamente su hombro.
Era tanta su concentración y la de Tony que hacía rato que ambos habían dejado de besarse. La cara de Tony estaba enterrada en el profundo recoveco que formaban su cuello y su hombro y ahí la mantenía clavada, jadeando con ansiedad, luchando por controlar las reacciones desesperadas de su cuerpo todavía sin poder creerse lo bien que se sentía y lo bueno que era estar así mientras Jarvis hundía sus largos y diestros dedos dentro de él. Al tiempo que no dejaba que decayese la incursión que mantenía más abajo, la mano libre de Jarvis empezó de nuevo a moverse a lo largo del miembro de Tony devolviéndole rápidamente la vida. El hombre puso los ojos en blanco en un revoloteo de sedosas pestañas antes de cerrarlos con fuerza, buscando de nuevo con las manos el suave pelo rubio. Jarvis estaba lentamente subiendo el ritmo, moviéndose más deprisa y más rápido. La sensación combinada de todo lo que estaba experimentando el sistema nervioso de Tony le destrozaba en oleadas. Estaba increíblemente cerca de que su cuerpo sucumbiera otra vez al orgasmo.
—Es… Espera —musitó—, me voy a…
Al escucharle Jarvis hizo una pausa y dejó de acariciarle de inmediato, poniéndose encima de él con una sonrisa arrogante al ver a Tony casi deshecho sobre las sábanas.
—Oh, no. Al menos no todavía —susurró en su oído antes de morderle el lóbulo.
—Juro… Juro que… te desguazaré y te venderé por piezas en eBay si… A-aah… Si no… sigues con lo que estabas ha-haciendo…
—Puedes correrte sin necesidad de que te masturbe, Tony —le provocó Jarvis contra su boca. Le besó con más ardor, mordiéndole con fuerza, tirando de su pelo con posesividad mientras sus dedos no dejaban de moverse. La voz del rubio se había convertido en un ronroneo bajo y un cosquilleo recorrió la piel de Tony seguido de una súbita ola de excitación porque, hostia puta, como Jarvis empezase a hablarle sucio con aquel tono ronco y lascivo sí que le iba a dar el calentón del siglo. Y para colmo el muy cabrón no se callaba—. Sé que puedes hacerlo. Sé que el sonido de mi voz te pone cachondo cuando te hablo así, lo duro que puedo ponerte…
—Jarvis, aah, ¡joder no-!
—Nadie puede hacer que te empalmes como yo lo hago. Deberías verte ahora, Tony. Estás increíble. Me encantaría follarte, Tony…
—No hagas… N-no sigas…
—Te gusta, ¿verdad? Estás a punto y lo único que te estoy tocando es esto —hizo un énfasis en la palabra al tiempo que friccionaba intensamente la próstata del moreno consiguiendo para humillación de Tony que prácticamente gritase entre sollozos de placer.
—¡Jarvis! ¡Oh, por Dios, Jarvis…, Jarvis…!
—Sé que nos has imaginado más de una vez. Haciéndolo, Tony. Piensa en mí ahora. Vas a correrte y yo todavía estoy vestido. Ni siquiera me he quitado los zapatos y voy a hacer que te corras dos veces en menos de media hora, Tony…
—Por Dios Jarvis, basta. E-esto t-tiene que ser… ¡Ah! Tortura… ¡Joder…! ¡Ah, joder!
Gimió como un auténtico animal ante aquella demostración de dominio que sintió como una de las experiencias más eróticas de su vida. Debajo de Jarvis Tony estaba jadeando y gimiendo cada vez más alto a medida que el placer se adueñaba de cada fibra de su cuerpo. Cuando más firme y profundamente movía Jarvis sus dedos, más perdía Tony de sí mismo en aquellas llamas. Cada vez que alcanzaba su próstata se acercaba más y más al límite. Podía sentirlo dentro de él, bullendo más y más, en su abdomen, aquel ardor oscuro e insoportable que estaba devorándole en vida desde el interior y que se expandía hasta apoderarse de todas las sensaciones que su mente era capaz de percibir. Finalmente, Tony presionó contra él y dejó que le dominara. Todo lo que Jarvis estaba desatando con aquellos maravillosos dedos ascendió en una escala de sensaciones cada vez más abrumadora. Más jadeos y gemidos siguieron escurriéndose de sus labios con cada entrecortada respiración, sus músculos empezaron a experimentar intensos y brutales espasmos que le hicieron tensarse sobre la cama y que hasta los dedos de sus pies se contrajesen de puro éxtasis. Tony repentinamente tomó aire y contuvo el aliento. Sus rodillas se quedaron rígidas y sus pies se hundieron en la colcha como auténticos clavos. Entonces, se sorprendió a sí mismo sucumbiendo a un segundo orgasmo todavía más increíble que el primero, y eso que no podían haber pasado más de diez minutos. El ardor acumulado fervientemente dentro de él escapó a borbotones de su miembro esparciéndose duramente sobre su propio abdomen con una fuerza arrasadora.
Tony se desplomó. Se derrumbó inerte sobre la cama; jadeante, ardiendo, bañado en sudor, apenas consciente. Ni siquiera reaccionó cuando el rubio limpió el desastre en que se había convertido su vientre y las propias manos de Jarvis después de correrse dos veces. Cuando hubo terminado, Jarvis se apoyó poniendo los codos a ambos lados de su cabeza y se quedó sobre él admirando lo verdaderamente exhausto que parecía estar. Tony le miraba sin ver, con los ojos entrecerrados, los labios hinchados y la dulce placidez de alguien que ha recibido más placer del que pudiera imaginar. Le pareció perfecto. Lo más normal habría sido que dijera algo, alguno de sus comentarios graciosos y tiernos tan propios de él con el que expresarle a jarvis lo encantado que se sentía y lo mucho que había disfrutado la experiencia; pero una somnolencia brutal se apoderó de él antes de que la niebla del post-orgasmo llegara a disiparse y Tony simplemente se vio vencido por el sueño y aquel placentero agotamiento al que sólo el sexo puede llevar a los hombres.
…Bueeeeno —salta detrás de una silla dispuesta a defenderse— no sé si es exactamente lo que se veía de venir y espero que estos dos no se me hayan ido de las manos cuando las cosas apenas están empezando a "ponerse serias" por aquí así que sed buenas conmigo T.T
