Capítulo 11 – Lo mejor de mi

Temas: Rompiendo las reglas || Lluvia de estrellas || Paciencia

Notas de la autora: ¡Hola a todos! preparen sus inyecciones de insulina, ya que este capítulo es de los más fluff no solo de este fic, sino de los que he escrito en la vida. Es como un hermoso hijo monstruoso y me siento orgullosa de mi retoño maldito, jajaja. Tuve la oportunidad de terminarlo prácticamente a tiempo a pesar de todos los contratiempos, sobre todo porque está casi idéntico antes a la edición, sólo agregué un par de detalles más. Esperemos que el siguiente cap. salga igual de rápido c:

Que lo disfruten y si gustan dejen un bonito review :3c


-Takao… necesitamos un momento a solas. - Midorima dijo mientras guardaba sus cosas después de la práctica dos días después del partido contra Seirin. Takao volteó a mirarlo y suspiró con un poco de frustración. Maldijo por lo bajo, esperando que su amigo no lo hubiese escuchado. Sabía a dónde iba a parar todo esto, ya que tenían una conversación pendiente desde el pleito que Shin-chan había tenido unos días atrás.

-Casi no hablamos del partido del otro día. Fue un buen juego. - Dijo el menor, tratando de cambiar el tema mientras ambos salían del gimnasio. Necesitaban espacio, para que nadie escuchara lo que tenían que discutir.

Midorima también suspiró, comentando que su preocupación principal es que los siguientes encuentros en el torneo no lo dejaban estar tranquilo. Quien fuera que ganara significaba un problema para ellos. Ya fuera Kaijo, Fukuda Sougo o Kirisaki Daiichi, ninguno sería un oponente fácil, ya que se enfrentarían a Kise y sus nuevos compañeros, a Haizaki, o al viejo equipo de Hanamiya. Cualquiera de los tres representaba un dolor de muelas. Aun así, Takao sabía que Shin-chan no sólo quería hablar sobre sus futuros juegos.

-Sobre el juego del otro día…- Dijo el peliverde, regresando al tema. -Tú también estuviste muy bien. Lo que me lleva a ese asunto que teníamos pendiente. -Midorima respiró hondo con los ojos cerrados, y se inclinó frente a su compañero en señal de disculpa. Después, le ofreció un clavel blanco que Takao había notado que Shin-chan traía en su mochila. -Lamento haber comprometido el juego del otro día y lamento haber actuado así durante casi una semana. Pudo habernos costado muy caro.

Takao tomó la flor. Estaba un poco extrañado, ya que en muy raras ocasiones Midorima regalaba sus lucky items antes de que terminara el día. De acuerdo a lo que su madre le había enseñado, en el lenguaje de las flores un clavel blanco representaba una disculpa, pero también podría significar afecto y recuerdos preciados. Takao sonrió y guardó la flor en su mochila, sin preguntarle más.

-No te preocupes, Shin-chan, estamos bien. Ya pasó. ¿Era de lo único que querías hablar? -Takao preguntó con calma, y aunque estaba feliz de que nada hubiera escalado al punto de que se hubiera convertido en un infierno, sentía miedo que esto pudiera llevar a Shin-chan a pensar en cosas desagradables, como que llevasen demasiado tiempo juntos y que por eso ocurrían cosas ridículas como aquél incidente de hace unas noches. Takao temía gravemente que Midorima le fuera a decir que tenían que detenerse pronto, pero se alegraba de que, a pesar de todo, nada parecía haber cambiado.

-Lo entiendo, creo que solo fueron… las hormonas del momento, quizá. -Cruzó los brazos sobre su pecho y miró en la otra dirección, para evitar los ojos inquisidores de Takao. El muchacho sonrió ampliamente y soltó una pequeña risa. Shin-chan solía hacer eso cuando se ponía a la defensiva o se apenaba por algo. -Más allá de disculparme y… tú sabes… quería pedirte algo. Pero es un poco arriesgado.

- ¿Oh? ¿Qué es?

-Es parte de un reto autoimpuesto, si quieres verlo así. Me gustaría que vinieras conmigo. ¿Has ido a la biblioteca pública cerca de la calle principal de Arakawa? Queda un poco lejos de aquí, pero podemos tomar un tren si nos vamos cerca de las 9 pm.

- ¿La biblioteca? No sabía que ir a la biblioteca era una tarea peligrosa. -Takao se rió burlándose de él, pero podía intuir que Shin-chan hablaba en serio. -Sé dónde está, si mal no recuerdo está muy cerca de Teiko. ¿Para qué quieres ir allí?

-Si, está a sólo tres cuadras de Teiko. La biblioteca debe de cerrar en unos cuarenta minutos o algo por el estilo. -Revisó el reloj en la pantalla de su teléfono y Takao lo miró confundido. Aun no entendía qué intención era la que Midorima tenía, pero sabía que algo extraño se estaba formulando en la mente de su amigo de lentes.

- ¿Qué se te ocurre, Shin-chan?

-El techo tiene una vista amplia y limpia, ya que no tiene edificios más altos alrededor. Quería enseñarte algo. - Midorima se encogió de hombros mientras Takao lo observaba impresionado, pero en extremo feliz y sonriendo como idiota. -Pero no dejan subir al techo, así que no podremos entrar por la puerta principal. Tendremos que…

- ¡Te quieres colar! ¡Oh por dios, Shintaro! ¡Nos podemos meter en muchos problemas si nos atrapan!

-Por eso no vamos a dejar que nos atrapen. El otro problema es que tenemos que estar ahí hasta pasada la medianoche. No podemos pedir permiso, así que no creo que nuestros padres se alegren mucho.

Takao lo miraba con la boca abierta, y esta vez no estaba exagerando.

- ¡También estás pensando en escaparte de tu casa! ¡¿Quién eres y qué le hiciste a mi Shin-chan?! -Por una parte bromeaba, pero por otra estaba realmente asustado ya que no sabía de dónde estaba sacando estas ideas tan raras. - ¿No podemos ir en la mañana, cuando la biblioteca esté abierta y tus padres no me maten si te pasa algo?

-No, tiene que ser por la noche. Esta noche. ¿Qué dices?

-Shin-chan, esto es una estupidez… pero te oyes bastante emocionado que no puedo decirte que no. Me aseguraré de conseguir mi lucky item, porque vamos a necesitar toda la suerte del mundo. Voy a arriesgar mi cuello por tí esta vez, ¡así que más vale que valga la pena!

-Ya tienes tu lucky item, idiota. - Señaló el clavel y Takao cayó en cuenta que en realidad Oha-Asa había dicho que una moneda de plata sería el objeto y color de la suerte de Cáncer, y que se la había mostrado esa mañana al llegar al colegio. Takao sonrió y asintió con la cabeza, emocionado. -Y no te preocupes, no pienso defraudarte.

Tras haber salido del colegio, se dirigieron a sus respectivas casas para prepararse. Takao se quedó pasmado frente al espejo durante varios minutos antes de que dieran las 9 de la noche, incrédulo de la idiotez que estaba a punto de cometer. Tenían que tomar un tren para llegar hasta allá, y aunque Midorima insistió en pagar un taxi para el regreso, Takao no se sentía tranquilo. Salir del edificio iba a ser sólo el primer paso, y el muchacho no sabía si sería el más difícil de todos. Vivía en un tercer piso y afortunadamente había una ventana que llevaba al pasillo que su madre siempre dejaba abierta por las noches para ventilar la casa. Podría salir y volver a entrar sin usar la puerta, pero tendría que esperar a que sus padres ya estuvieran dormidos para intentarlo.

Me veo como un idiota… pensándolo bien, soy un completo idiota. Pensó mientras ajustaba su mochila a su cintura. Tenía puesta una sudadera negra y pantaloncillos oscuros, como en esas estúpidas películas americanas de espías y personajes sin sentido común. Sabía que iba a hacer mucho viento esa noche, así que se aseguró de llevar una pañoleta negra para cubrirse el cuello en caso de que hiciera demasiado frío conforme avanzara la noche.

Listo para salir, Takao empezó a trepar por la ventana cuando escuchó el sonido de pisadas viniendo del pasillo de la casa. Se quedó quieto, tratando de encontrar al intruso en la oscuridad, sin éxito... hasta que apareció frente a él con una sonrisa pícara en el rostro.

-Por un momento pensé que eras un maleante, hermano. - Suzume dijo mientras caminaba hacia la luz con un bate de béisbol en las manos. Takao rio por lo bajo, ya que su hermana no iba a intimidar a nadie con su pijama color celeste y un bonito patrón de bananas color amarillo brillante. - ¿A dónde vas?

-Si mantienes la boca cerrada, te compraré un galón de helado.

-Oh, no pensaba decir nada, pero ya que insistes~ -Se rió y su sonrisa se hizo más amplia, idéntica a la que Takao usaba para burlarse o molestar a la gente. Idéntica a la de su madre, y a la de su padre. Quizá era una cosa de familia. - ¿A dónde estás huyendo, pequeño Kazu?

-Agh, no vas a dejarme en paz hasta que te diga, ¿verdad? - Takao volvió a meter la pierna que colgaba de la ventana a la casa y suspiró molesto. -Voy a encontrarme con Shin-chan en un rato. Por favor, no le digas a mamá.

- ¡Woah, woah! ¡¿Vas a ver a Midorima-kun tan tarde?!- Suzume cubrió su boca con una mirada sorprendida pero algo perversa. -Que sucio, hermano… ¿A dónde te va a llevar?

-Ugh, tú también vas a molestar con eso, debería esperarlo de tí. Vamos, Suzu, sólo somos amigos.

-Sí, cómo no, y yo tengo un doctorado en química nuclear. -Suzume lo miró sin impresionarse cuando Takao habló. -Es más que obvio que Midorima-kun sólo tiene ojos para un Takao en esta vida, y ese eres tú, hermano, así que decidí dejarlo para ti, no te preocupes. No me pondré celosa si prometes que vas a tratarlo bien.

-Maldita enana, voy a comerme todo el helado y desapareceré tus revistas, tú sólo espera… -Takao la amenazó, pero Suzume sólo rió. -No, idiota… vamos a vernos en una biblioteca, quiere enseñarme algo.

- ¡Ohoho! ¡Haciéndolo en público, que atrevido! Recuerden usar protección~

- ¡Suzume!

- ¡Estoy jugando, estoy jugando! ¡Sheesh! Espera… ¿qué día es hoy?

-Uh… viernes 8, ¿por?

- ¡Oh! ¡Ya sé que es lo que Midorima-kun quiere mostrarte! Pero no quiero arruinarte la sorpresa, -Le dio unas palmaditas en la espalda y empezó a empujar a su hermano mayor para sacarlo de la casa por la ventana. -Te cubriré en caso de que algo pase, pero regresa antes de que papá despierte, por favor. Y… pase lo que pase, dile a Midorima-kun lo que sientes, hermano. No vas a arrepentirte.

-Uh… claro. Gracias, supongo. -Takao dijo de forma dudosa, desapareciendo por detrás de las cortinas hacia el frío de la noche.

Takao corrió al punto de encuentro, que era debajo del reloj de la estación de trenes. Midorima ya estaba allí, cargando una bolsa de mediano tamaño en el costado. Cuando Takao preguntó para qué era, le respondió que explicaría más tarde ya que hubieran llegado a la terraza de la biblioteca. Se subieron al tren y esperaron a que la voz automatizada llamase su estación. No estaba tan lejos de casa si no tenían que ir pedaleando hasta allí, ahora que Takao lo pensaba con detenimiento. Una vez que bajaron en la estación, Takao sintió muchísimo frío por el viento y se acercó a Midorima para robarle algo de calor corporal. Esperaba no incomodarlo, y afortunadamente Shin-chan también se acercó a él para calentarse, ya que Takao notó que estaba temblando un poco, con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo azul marino.

Al llegar, Midorima explicó que había cámaras de seguridad en la planta baja, pero no había ninguna en la terraza. Si querían llegar hasta allá, tendrían que subir por la escalera de emergencias del edificio contiguo y dar un pequeño salto hacia el otro lado. Después, tendrían que trepar una reja para llegar a la parte más alta de la biblioteca. Takao lo miró sorprendido y ciertamente asustado, de que Shin-chan conociera todos esos detalles a pie de la letral.

-Cuando era estudiante en Teiko, solíamos venir aquí a escondidas muchas veces. No me agradaba, pero de vez en cuando accedía a acompañarlos. Akashi conocía al viejo librero y nos dejaba pasar sin problemas, pero falleció cuando empezamos el segundo año. Después de eso Aomine fue el que descubrió la mayoría de estos trucos y Kise se dedicó a imitarlo para descubrir cómo colarse sin que los descubrieran y pudieran volarse clases. - Dijo y le mostró a Takao que había una escalera de emergencias en la parte de atrás del edificio contiguo, luego comenzó a trepar ágilmente. -Después… Todo empezó a cambiar y nunca volvimos a este lugar.

- ¿Por qué quisiste volver? - Preguntó el menor y tomó del brazo a Shintaro, quien se ofrecía a ayudarle a subir de un jalón sin hacer demasiado esfuerzo.

-No lo sé. Estar contigo me recuerda a aquellos días, pero es diferente a entonces.

Midorima se impulsó hacia arriba y Takao podía escucharlo moverse un piso arriba de él. Algo lo mantenía intranquilo, pero todo ello hacía la experiencia más emocionante. Quizá era la adrenalina, Kazu lo sabía, porque esto seguía siendo una estupidez, y una bastante ilegal. Takao subió también y encontró a Shin-chan caminando en círculos, como si estuviera considerando diferentes opciones. Midorima le explicó que solía haber otra escalera de emergencia justo en frente, del lado de la biblioteca, pero aparentemente la habían quitado y pasado a otro lugar. El abismo entre los dos edificios a esa hora de la noche parecía una enorme boca de lobo. Con todo eso, Shintaro no estaba seguro de que pudieran cruzar sin causar una tragedia.

-Aww… ¿Vinimos hasta aquí sólo para esto? No, hazte a un lado, Shin-chan, intentaré llegar al otro lado. - Takao se quitó la mochila y se pegó lo más posible a la pared antes de empezar a correr y tomar impulso para el salto, pero Midorima lo detuvo antes de que se apresurara.

-Es demasiado peligroso. Olvídalo, - insistió dudando por un segundo. -N-no quiero que te lastimes.

-Déjame intentarlo. Escorpio tuvo la mejor suerte de todas hoy, ¿no es así? No puede salir mal si traigo mi lucky item. Además, -dijo, sacando el algo marchito clavel de la mochila que se puso en el cabello. - Te veías tan emocionado esta mañana… así que realmente quiero hacer esto por ti. Por favor, Shin-chan...

Midorima gruñó por lo bajo, pero finalmente asintió.

-... Está bien… sólo… ¿podrás subirme después?

- ¿Con quién crees que estás hablando? Takao se burló y se preparó una vez más.

Midorima podía escuchar los latidos de su corazón mientras observaba a su compañero correr. Un grito ahogado se escapó de sus labios cuando Kazu despegó los pies del suelo. Movía las piernas para ganar momentum, y afortunadamente aterrizó a la perfección sobre la terraza vecina sin nada más que un feo rasguño en las rodillas. Takao era muy ligero, y había aprendido muchos trucos para controlar su peso en las clases de Nakajima, inclusive algunos elementos básicos de parkour. Poner todo ello en perspectiva hacía que Shintaro se sintiera inseguro de saltar, pero la adrenalina lo empujaba a hacerlo, convencido de que lo lograría si Takao estaba allí para atraparlo. Le lanzó las dos mochilas con la precisión con la que Shin-chan lanzaba siempre el balón, y se preparó para ser el siguiente. Takao estiró los brazos desde el otro lado, indicando que estaba listo para recibirlo.

Shintaro se preparó mentalmente para lo peor, con el corazón casi escapando por su garganta mientras corría hacia su amigo, del otro lado del abismo. Confiaba plenamente en Kazu, y esto era la prueba perfecta de ello. Cuando saltó, cerró los ojos por el miedo, ya que al instante sintió la gravedad tirando de él hacia abajo, como si una bestia lo hubiese tomado de los talones. Entró en un breve instante de pánico, hasta que sintió un par de manos firmes y fuertes sujetarlo de los brazos y después del torso, casi como un abrazo. Por la fuerza de la colisión, Takao se fue de espaldas y atrapó a Midorima sobre él, protegiendo su caída. Ya fuera el miedo, la adrenalina, el dolor en las rodillas y el costado, o simplemente la dicha de no haber muerto por una estupidez, hizo que ambos se quedaran tendidos boca arriba, riendo como los idiotas que eran.

-Te dije que te atraparía, Shin-chan…-jadeó Takao con una carcajada y el creciente dolor en su espalda lastimandole.

-Siempre confié en que lo harías… ahora sólo nos queda abrir una reja que lleva hacia afuera, si no podemos, tendremos que saltarla.

-Que aventurero, no pensé que el allanamiento estuviera entre tus habilidades. ¡Realmente me debes una explicación! -Takao le dio un puñetazo de broma en la costilla y Shintaro se retorció de dolor entre risas.

-Ya lo verás, una vez que lleguemos a la terraza. - Hizo una pausa y lo miró directamente a los ojos antes de incorporarse y quedarse sentado unos segundos. -Kazu... Debes prometerme que no vendrás aquí si no es conmigo.

-¿Por qué lo haría? Es el escondite secreto de la Generación de los Milagros, y lo estas compartiendo con un vil mortal como yo. No lo compartiría con nadie, Shin-chan.

-No… los otros dejaron de venir cuando las cosas empezaron a ponerse feas, por allí de la segunda mitad del último año. -Midorima tomó aire y se puso de pie, ofreciéndole una mano a su amigo para levantarse.

Llegaron ante la reja que Shintaro había mencionado, que, aunque era vieja y oxidada, tenía un gran candado nuevo. Después de inspeccionar la cerradura y de asumir que no podrían forzar la entrada, Shintaro se agachó y puso las manos juntas para indicarle a su compañero que tenía que hacer. Takao asintió y puso un pie sobre ellas, dejando que el impulso lo llevase casi hasta arriba de la barda. El de los ojos de Halcón trepó el tramo que faltaba y se quedó colgando con las manos extendidas para ayudar a Shin-chan a subir. Nunca habían hecho algo como esto, pero parecía que lo hubieran practicado tantas veces como sus tiros en la cancha. Ya que estaban hasta la cima de la reja, los dos dieron un salto hacia abajo y con algo de dificultad cayeron de pie sobre una bonita terraza de color rojizo, con el cielo al descubierto sobre sus cabezas. Takao dejó que se le escapara el aliento cuando notó que podían verse todas las estrellas a la perfección, ahora que no estaban en la concurrida y contaminada zona metropolitana de Shibuya y Shinjuku.

-Solíamos venir aquí para estudiar antes de que los otros cuatro se enteraran de su existencia… Akashi y yo. Cuando él empezó a cambiar, era algo doloroso venir a este lugar, aunque fuera para estudiar, ya fuese acompañado o por mi cuenta. Eventualmente dejé de venir.

-Oh… Era tu escondite con Akashi, entonces…- Takao se dejó caer al piso nuevamente y Midorima se sentó a su lado. Tomó su mochila y sacó un par de cobijas para evitar congelarse, una lata de shiruko y una de café americano que sabía que a Takao le encantaba. Después le dio la mochila a para que la usara como almohada. -Puedo ser realmente honesto contigo, ¿verdad?... Odio a ese tipo.

-Lo sé. -Midorima le dijo, recargando su peso sobre sus codos para recostarse al lado. -Por un tiempo yo también pensé que lo odiaba, pero a final de cuentas él era…

-Tu compañero. -Había mucho odio y resentimiento en esas palabras, que Midorima encontraba difícil de creer que su siempre optimista y alegre amigo fuese quien las pronunciara. -Eso es… precisamente lo que odio de él. Siempre ha sido mucho más confiable, mucho más capaz de lo que yo jamás seré. Jugamos en la misma posición… ambos hemos jugado contigo y te hemos hecho brillar como nunca antes, pero siempre parece ser mejor que yo en absolutamente todo lo que hace. -Takao bufó con enojo y giró los ojos, y Midorima rió un poco por lo bajo. -Cuando los vi jugar el año pasado, usando nuestra técnica… ¡Gah! ¡Quería matarlo en ese mismo instante! Esa se suponía que era nuestra técnica, ¡nuestro combo!

-Ya veo… así que por eso has estado tan obsesionado con ganarle y mejorar lo más posible. Estabas celoso… debiste de haberme dicho algo. - Midorima reflexionó que quizá había dejado que Takao se comparara demasiado con los estándares que Akashi había dejado para su propio bien, aunque sabía que ambos eran personas completamente distintas.

- ¿Qué podría decirte, Shin-chan? ¿Querías que te dijera que la razón por la que no soporto estar en la misma habitación que ese maldito enano es porque lo admiras y lo quieres más que a mí?

Porque es totalmente cierto…

Takao se rio sardónicamente y trató de ocultar que se había sonrojado violentamente, pero la mirada compasiva de Midorima le dio a entender que no servía de nada tratar de esconderse.

-No es solo eso, pero si he de admitir que es mi objetivo principal el derrotarlo. Quizá es coraje porque él es mucho más digno de llamarse tu compañero y eso me está jodiendo y volviendo loco. -Takao temblaba levemente mientras cerraba los puños con enojo. Siempre había sido muy pasional cuando se trataba de estar en la cancha, Midorima lo sabía, pero no imaginaba que Akashi lo sacara tanto de sus casillas. -Lo que más me molesta es saber que él puede traer tu verdadero potencial a relucir sin esforzarse, mientras que yo me mato todos los días… y nunca es suficiente…

-Te equivocas en eso, Takao. -Midorima le dijo sin siquiera pensarlo dos veces. Se arregló los lentes y permaneció con la mirada fija al cielo, esperando. -Tú eres el único que puede ser mi compañero, siempre ha sido así y no tendría a nadie más a mi lado, ni siquiera a Akashi. Tú eres el único que realmente saca lo mejor de mí. No se trata si eres mejor que él o no, creo que todo eso es relativo.

Kazunari lo miraba con ojos cristalinos y emocionados, ya que había mendigado ese cariño y añorado esas palabras por tanto tiempo que escucharlo ahora era como música para sus oídos.

- ¿Me permites mi acción egoísta del día? -Preguntó, volteando un poco para observarlo. -Te escogí a ti. De todas las opciones, yo te quise a ti, y no voy a dejar que pienses que podría haber alguien mejor ni más digno. Tú eres al único al que necesito, Kazu.

-Shin-chan…-Takao susurró, ahora llorando libremente, pero sonriendo de oreja a oreja. -Esperé durante mucho, mucho tiempo a que… yo... gah, no sé qué estoy diciendo…

-No digas nada. -Midorima negó con la cabeza y revisó su reloj de pulsera. Sabía que debía de ser casi la hora para lo que trajo a Takao hasta la biblioteca. Estaba feliz de saber que Takao estaba dejando salir aquello que lo aquejaba desde mucho tiempo atrás.

-En serio quisiera disculparme, has aguantado mis lloriqueos y mis inseguridades, deberías de haberte hartado hace mucho y… ¡espera! ¡¿eso fue una estrella fugaz?!

Takao se incorporó de golpe en cuanto notó que algo había surcado el cielo y había desaparecido en tan sólo un par de segundos. Midorima se sentó también y con manos un poco temblorosas, tomó a Takao por los hombros para que se recostara nuevamente, esta vez usando su brazo como almohada. Kazu se acurrucó levemente contra su amigo, y señaló al cielo con entusiasmo cuando notó que no solo una, no solo dos, sino cientas de estrellas parecían estar cayendo del firmamento y desapareciendo en el manto de la noche. Takao sonrió, ya que no recordaba que las noticias habían anunciado la lluvia de meteoritos para esa tarde, aunque había oído de dicho evento a principios de esa semana.

-Según recuerdo, dijiste que nunca habías podido verlas. -Midorima le dijo después de que Takao dejó de soltar pequeños gemidos de emoción. Le gustaba verlo tan feliz, así que él también sonreía cariñosamente al verlo. -Siempre las había visto en el parque cerca de la casa, pero recordé este lugar y pensé que la vista sería mejor. Me alegra no haberme equivocado.

Takao lo abrazó sin siquiera pensarlo, acariciando su nariz contra su cuello. Shintaro dudó un poco, pero Midorima también lo rodeó con sus brazos y se dejó hipnotizar por el olor de su oscuro cabello.

- ¿Por qué estás haciendo esto? - Preguntó el menor después de unos minutos de ese cálido silencio que, de no ser por las brillantes y hermosas luces en el cielo, habría podido ayudarlo a dormir durante horas. Takao se sentía confundido por todas esas señales que había estado recibiendo en los últimos días. No le gustaba que jugaran con sus sentimientos, pero sabía que esa nunca había sido la intención de Shin-chan. Si la intuición no le fallaba, era probable que no hubiera notado lo emocionado que lo dejaban este tipo de detalles, lo mucho que hacía que sus esperanzas se elevasen hasta los cielos. -Me haces cumplidos, me reconoces, me invitas a ver algo como esto, a un lugar en el cual tienes recuerdos muy buenos… t-también, lo que ocurrió el otro día. ¿Shin-chan… qué está pasando?

-... es difícil de explicar… para alguien como yo. E-es parte de ese reto autoimpuesto que te dije, pero… no estoy seguro de poder explicarlo ahora. - Midorima cerró los ojos para no mirar a Takao a los ojos otra vez, esperó a que el color de su rostro no fuera tan iridiscente como ahora. -He… he notado algunas cosas, acerca de ti… y de mi… y de quien soy cuando estamos juntos. Pero no estoy seguro de poder encararlo todavía.

-Creo que lo entiendo, Shin-chan. Yo también lo he pensado. -Takao asintió, también desviando la mirada. Los dos estaban rojos de pena, pero Takao sabía que, aunque ese parecía el momento perfecto para hacer todo aquello que siempre había soñado, aún no era el momento indicado, no con alguien como Shintaro. Cualquier movimiento improvisado, cualquier paso en falso, podía hacer que Midorima se sintiera incómodo y huyera de él.

Implícitamente, todo apuntaba a que era una confesión, pero Takao conocía a su compañero mejor que nadie: Shin-chan tenía muchos problemas para afrontar sus sentimientos, más si estaba inseguro o avergonzado de ellos, por lo cual esto era un terreno completamente nuevo para él. Sin embargo, también sabía que el perfeccionista y supersticioso Midorima nunca hacía las cosas a medias. Si esto era una confesión, Kazu entendía que no era lo mejor que Shin-chan esperaría de sí mismo. Así que debía ser paciente.

- ¿Quieres hablar de esto?

-No… no ahora. Por favor, espera un tiempo, Kazu. Espero no te moleste.

-Shin-chan… he esperado por esto durante tres años, un poco más de tiempo no va a matarme. Sea lo que sea… -Takao se acercó un poco más a él y le robó un beso en la mejilla, casi en la comisura de los labios, sorprendiendo al peliverde de inmediato. -Sabes que estamos juntos en esto, ¿verdad? Te esperaré hasta que estés listo.


N/A: Ahora si viene lo bueno :3c y mis capítulos favoritos del fic. Puede que haya alguno que otro un poco más adulto que los demás, se los haré saber cuando eso sea así.

No se pierdan nuestro siguiente episodio: Crisis en Shutoku. Midorima tiene una buena (mala) idea y Kise está involucrado. Takao, una vez más, no sabe si reír o llorar.